Cuando la CNN se decidió a tratar de separar sus programas de lo que podríamos llamar las noticias o la actualidad, para tratar de llegar a más audiencia y subir un poco sus lamentables cifras de espectadores, era cuestión de tiempo que se llegara a algo como Chicagoland. Documental en el estilo de los docurealities que, a su vez, juega a tratar de explicar y comprender una ciudad como Chicago -claro- desde sus habitantes hasta los políticos. De manera que el resultado acaba siendo una extraña mezcolanza que uno no sabe si tenía vocación de House of Cards realista y acabó convertido en un segmento de un noticiario local de Barrio Sésamo, o viceversa. De manera que, si no otra cosa, al menos ofrece cierta malsana fascinación.

La NBC lo ha llamado Crisis porque Después del desastre de Hostages vamos a unirlo con un Scandal para blancos de edad avanzada era demasiado largo. En cualquier caso lo que añade a Hostages -ese desastre, que cambia la casa por un avión y a Dylan McDermott por Dermot Mulroney porque, total, ¿quién va a diferenciarlos?- esta serie parece la gentrificación de Scandal, sustituyendo a minorías y conductas conflictivas por blanquitos jóvenes más propensos a crear sus propios dramas no espinosos. Y si eso me lo ha parecido a mí, que no soy un fan de la serie de Rhimes precisamente, no quiero ni saber lo que opinarán el resto. Eso sí, sale Gillian Anderson que hace lo que puede con este desastre.

Admitiendo que The Life of Rock with Brian Pern (UK) es el tipo de cosa que necesitamos habrá que explicar un poco más de qué estamos hablando. La BBC, que está para estas cosas, ha realizado una Historia del Rock en tres partes solo que… Rhys Thomas es la mente tras todo esto, el cómico inglés es también un enamorado de la música rock así que parecía lógica esta idea para la que ha contado con el también conocido cómico Simon Day para ayudar con los guiones y protagonizar este recorrido… cómico… Day da vida a Brian Pern, poco disimulada parodia de Peter Gabriel que ya había protagonizado una serie de vídeos para la web de la BBC hace unos 4 años, que va mostrando SU visión de la historia y evolución del rock. La sátira de este último, más ocupado salvando al mundo que haciendo música, más la parte… histórica… lo convierte en una parodia de documental que merece al menos un visionado.

Hace seis años el cómico australiano Phil Lloyd creó Review with Myles Barlow, serie llena de humor negro que ahora adaptan en el Comedy Central usaca con el mucho más corto título de Review y Andy Daly tomando el lugar de Lloyd. La versión americana es buena, siguiendo con la premisa original aunque quizá un poco menos negra en sus desarrollos, y el resultado es de los que justifican que se hable de televisión de culto. -Pero echadle un ojo a la Australiana-

Cuando supe que detrás de The Walshes estaba Graham Linehan -sí, el de Father Ted– albergué algunas esperanzas por esta comedia familiar. Pero me temo que es demasiado comedia familiar para mí. Al fin y al cabo todo sale de la webserie The Taste of Home que el grupo Diet of Worms creó y que aquí es adaptado a televisión por ellos mismos y la ayuda de Linehan. Dentro de su género no está mal, pero más te vale que te gusten mucho las comedias familiares.

Reece Shearsmith terminó con Inside Nº9 la semana pasada y ya le tenemos de vuelta esta en The Widower, aunque ambas series no tengan nada que ver. Salvo la muerte violenta. Estamos ante uno de esos Basado en hechos reales que suelen gustar a las televisiones, un caso célebre de un viudo negro que es revisado aquí con no mucha gracia a o imaginación, Shearsmith ofrece una interpretación limitada para lo que le hemos visto en otras ocasiones y tampoco el resto del reparto, con una Sheridan Smith haciendo alarde de encanto en su interpretación de la primera mujer, logran que supere algo más que la simple corrección.


Una historia de antología y carrusel

Los cambios en la televisión americana -que ya venían haciendo falta- y su acercamiento a otras variedades como la inglesa han servido para que poco a poco se recuperen viejos trucos. Trucos que habían sido dados de lado por el motivo superior de la audiencia.

Las miniseries que compartían personajes centrales pero iban variando cada temporada es algo tan antiguo que existía en los seriales cinematográficos previos a la televisión y en la adaptación de estos mismos con personajes como Bernard Quatermass. La posterior evolución de las series permitía evitar la fatiga de los espectadores ofreciendo mezclas de tramas para todo el año y episodios autonclusivos. Esto servía también por el otro lado.

Ideas como la Obra del Día, que tuvieron múltiples versiones en su vertiente teatral, pasaron a ofrecer episodios más o menos cercanos al telefilme, que en muchos casos buscaban una unidad temática para estas obras a imagen y semejanza de las que se habían estado realizando durante años en la ficción radiofónica y que solían girar sobre los géneros negro y fantástico -sin descartar otros, por supuesto, como el romántico- con títulos tan destacados como la Mystery House de la entonces sólo emisora de radio NBC que empezó en 1929.

La aparición de los presentadores recurrentes en estas historias fue solo un paso hacia lograr un mayor interés ofreciendo personajes recurrentes como ocurría ya en cómic o literatura con novelas en las que el caso variaba pero el detective era siempre el mismo. De ahí a los detectives de lo oculto para las de fantástico había solo un paso. De esta manera las antologías pasaban a mantener a un personaje con el que el espectador podía empatizar, naciendo así el tropo conocido como «de la semana». El asesinato de la semana, el monstruo de la semana, etc…

La importancia, que podría parecer mínima, se mostró pronto a los programadores televisivos: Un personaje regular hacía que siguieran con ellos más allá del interés de la historia en cuestión y sufriendo menos el desgaste de las tramas largas. Las temporadas largas siguen esta misma idea. Y así nos hemos encontrado donde ahora estamos. Hasta el punto de que muchas series habían llegado a ser tan abiertas -evitando el desgaste de la trama larga simplemente eliminándola- que los finales de temporada no importaban en absoluto. No había un cierre para la serie, como mucho algo más de dinero que gastar. O algo menos, según las economías seguidas.

Con el tiempo, y para lograr que la gente regresara tras el final de la temporada, se iría probando la idea de cliffhanger gracias a ideas brillantes como pegarle un tiro a JR. De modo que las series parecían no parar nunca, si acaso tomarse pequeñas vacaciones que el sistema de medición de audiencias acabó convirtiendo en pequeños parones y reemisiones que daban la sensación que durante al menos 9 de los 12 meses del año estaban en emisión. Y si el éxito era grande y en verano seguían las reposiciones podía parecer que, simplemente, estaban siempre allí. Las mismas caras con distintos casos.

-A estas alturas habréis notado que la televisión española en estas cosas es parecida e incluso peor porque aquí a partir de los ’90 un grupo de directivos se preguntaron por qué no extender la duración de las series y así tener solo una en vez de dos y, ya puestos, por qué no tratar de agradar a todos los públicos. Por suerte no todas las series seguirían estas ideas pero vaya-

Como todo tiene que ir variando la popularización de la ficción en las cadenas de cable y la globalización de lo que se hacía en otros países demostró que otros modelos eran posibles y, en ocasiones, incluso más vendibles como suceso limitado.

De momento parece que las miniseries están regresando, aunque las networks aún tengan más miedo que vergüenza para apostar por ellas. De ahí que veamos como algunas se retrasan, otras se reconvierten a serie antes de estrenarse, alguna incluso después, y en general tengamos más afirmaciones de que se va a regresar a ellas que hechos que lo demuestren.

Pero una vez están en la mesa va siendo hora de recuperar otros dos conceptos olvidados: Las antologías y los carruseles.

En el primer caso el éxito de Black Mirror y ahora de Inside Nº 9 esté haciendo posiblemente que algún ejecutivo estadounidense piense en descubrir dónde estuvo su error. ¿Pudo ser al ver los más que discretos datos de audiencia de Masters of Horror? ¿Por qué ya no parece querer arriesgarse nadie por un formato que estuvo al inicio de todo y que incluso podríamos considerar de actualidad en el cine gracias a las películas -muchas de ellas de género- de episodios? Más aún pensando en las grandes series que han tenido este formato incluyendo dos tan conocidas, parecidas y diferentes como Alfred Hitchcock Presenta o Twilight Zone que han pasado a limitarse a dos cabeceras para el público infantil y juvenil –R.L. Stine’s The Haunting Hour y Deadtime Histories – y una serie que se emite por internet o en sindicación: Lee Martin’s The Midnight Hour.

Y si mal lo han tenido las series antológicas no os digo ya las de carrusel, también conocidas como wheel series o umbrella programs, es decir, esos que sirven como contenedor semanal parar un número de personajes fijos -sobre todo policíacos- con una duración que suele estar más en el telefilme de 90 que en la serie de 40 minutos y en la que los personajes principales se van turnando. De entre las cuales posiblemente la más conocida sea la NBC Mystery Movie en la que entraban ColomboBanacek, McCloud o El comisario McMillan y esposa. Programa que se programó en miércoles y también en domingos, para después pasar a la ABC que aprovecharía para incluir telefilmes de Kojak, acabarían de fracasar dando una idea de que era un modelo ya arcaico lejano al éxito de Name of the game o The Bold Ones del que ya se ocuparían solo canales como Hallmark que tendría en marcha una Hallmark Channel Mystery Wheel entre 2003 y 2008 con programas generalmente ligados a actores conocidos –John Larroquette como McBride, Lea Thompson en Jane Doe, Dick Van Dyke e hijo en Murder 101– junto con un fallo como Dear Prudence y quizá el mayor acierto del canal, Mistery Woman.

No es que quiera yo pedir que regresen por que sí estos dos modelos tan desterrados de emitir series sino porque considero que entre los pros de ambos están ofrecer una mayor variedad en el caso de las antologías, con actores que pueden permitirse aparecer en solo un capítulo, y un mayor control en el de los carruseles, con menos episodios por temporada y un mayor tiempo para desarrollar tramas.

No hace falta que os recuerde lo que ocurrió en España con Películas para no dormir y Tele 5 o con Cuéntame un cuento en Antena 3 -que ganó el mes pasado el premio del Festival de Creaciones Televisivas de Luchon aunque tras dos años no haya llegado a estrenarse- así que no pediré locuras por nuestra parte.

Pero… ¿Y en los USA?

La variedad siempre es interesante. Seguro que no soy el único al que le encantaría ver más series antológicas, más carruseles y, ya puestos, que The CW emitiera de cuando en cuando un telefilme de, digamos, Veronica Mars.

Y si cuela…



Libros que llegan: Chang, Americanah, Flynn y más

Pasan las semanas y seguimos recibiendo libros, todo ello con la amenaza de tormenta que es el Día del Libro de fondo. Esta semana no hay un gran destacado como hemos tenido antes, pero sí que seguimos teniendo mucha variedad, así que ya sabéis:

¡Que entre la pila! 

Cixí, la emperatriz de Jung Chang, ed. Taurus

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Jung Chang es conocida, sobre todo, como autora de Cisnes Salvajes, una historia familiar de mujeres en China. Así que lo que tenemos ahora -la historia de una famosa concubina que acabó teniendo tanto poder como una emperatriz- mantiene algunos rasgos comunes. El personaje biografiado es, en cualquier caso, interesante de manera que todo se alía para que Chang realice otro gran libro.

Americanah de Chimamanda Ngozi Adichie, ed. Literatura Random House

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La nigeriana Adichie es una de las grandes narradoras africanas de la actualidad, aunque su estilo esté más cerca de los escritores postcoloniales británicos de finales del siglo XX. Ese es, precisamente, el tema principal de esta novela en la que la emigración a los Estados Unidos y las diferencias culturales que eso produce tanto en los que van como en el choque al regresar entre los que ven una transformación y la persona que no nota los cambios que ha operado el viaje.

– Heridas abiertas de Gillian Flynn, ed. Literatura Random House

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Recuperación en España de la primera novela de Flynn, publicada aquí hace más de un lustro por la ya desaparecida El Andén, que supuso su primer acercamiento al thriller mucho antes de Perdida. Una reportera regresa a su pueblo natal forzada por su periódico para cubrir una desaparición y en contra de sus deseos. Es una primera novela, más sencilla pero no por ello menos efectiva.

El libro (de los 50 años) de Forges, ed. Espasa 

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Recorrido por los 50 años que lleva Forges ofreciendo viñetas, antología con sus mejores momentos y textos estableciendo la cronología del propio autor. ¿Qué más hay que explicar?

El enigma Flatey de Viktor Arnar Ingólfsson, ed. Alfaguara

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Habrá quien piense que el Nordic Noir ya es cosa del pasado pero el camino recorrido por Per y Maj o Nesbo y popularizado por Larsson sigue aún siendo recorrido por autores como este islandés, Viktor Ingólfsson, que reúne una trama histórica con códices con una investigación moderna. Y es que no hay como los géneros populares.

– Avenida de los gigantes de Marc Dugain, ed. Anagrama

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Una aproximación diferente dentro del género negro. La mente criminal con un personaje irredimible como centro de una investigación, no como perseguido sino como ayudante y perseguidor. Aunque tener a alguien tan peligroso del lado de la ley tampoco es que sea lo más sencillo.

– Apaches de Oakley Hall, ed. Galaxia Gutenberg

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Tercer título del maestro del western Oakley Hall, que completa la trilogía magna de Warlock y Bad Lands, y esperemos que no sea lo último que Galaxia se anima a publicar. Ineludible para los aficionados al Oeste más clásico.

– Mi abuela rusa y su aspiradora americana de Meir Shalev, ed. Ático de los Libros

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Una historia familiar de humor y cariño, con el autor israelí creando un retrato magnífico de su abuela, siempre preocupada por la limpieza del hogar en el que la inclusión de un elemento modernizador como era esa aspiradora del título -americana, nada menos- acaba de desatar el caos en la familia.

Las astillas de Yavé de Rodolfo Martínez, ed. Fantascy

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Uno de los más conocidos autores españoles de novela fantástica, Rodolfo Martínez se aleja aquí de la ciencia ficción y los pastiches para entrar en un thriller con dimensiones fantásticas en el que la religión funciona como centro y motor de las tradiciones sobrenaturales.

– Historia mínima de la literatura en España de José-Carlos Mainer, ed. Turner

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Siguiendo con la colección de historias mínimas de la editorial Turner le toca su turno a la de la literatura, de la mano de José-Carlos Mainer, el historiador de la literatura y crítico con una amplia trayectoria que hace un resumen en este volumen de los momentos más importantes por los que ha atravesado nuestra literatura.

El futuro de nuestra mente de Michio Kaku, ed. Debate

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El divulgador estadounidense Michio Kaku se centra en esta ocasión en el cerebro y su desarrollo para ofrecer otra de sus visiones sobre las posibilidades futuras para la evolución científica relacionada con la mente.

– Discurso sobre el hijo-de-puta de Alberto Pimenta, ed. Pepitas de Calabaza

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Completa historia y repaso del hijo-de-puta como concepto, personaje y casi institución.

Ingenieros de la victoria de Paul Kennedy, ed. Debate

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El autor de Auge y caída de las grandes potencias examina aquí la importancia de la cadena completa de responsables humanos en la victoria de la Segunda Guerra Mundial, no solo los altos mandos sino también los militares y civiles que en todos los campos intervinieron en los planes más allá de los altos mandos.

– La guerra moderna en España edición de James W. Cortada, ed. RBA

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La Guerra Civil española fue muchas cosas, también un campo de pruebas para lo que vendría después y para los cambios que se habían estado preparando. A través de los informes del agregado de la embajada Stephen O. Fuqua a los responsables de su país se puede ver una forma completamente diferente y muy ilustrativa de comprender el conflicto.

– Bodas de arte e ingenio de Aurora Egido, ed. Acantilado

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Tan completo como complejo ensayo sobre Baltasar Gracián y su obra, desmenuzada hasta el tope.

El Jilgero de Dona Tartt, ed. Lumen 

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Una de las novelas más importantes de año pasado en USA. Un tocho más que notable que hay, al menos, que marcar como recibido.

No hay lugar seguro de Tana French, ed. RBA

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La autora escocesa saca nueva novela, y aunque sigue descontrolada en cuanto al número de páginas que es razonable rellenar este misterio enraizado con la crisis esconómica demuestra ser un buen terreno en el que perderse.

La mujer loca de Juan José Millás, ed. Seix Barral

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Novela de Millás, con Millás como uno de los personajes, intento de mezclar el género periodístico con el novelero y ambos en un juego de espejos, algunos deformantes, sobre la vida, la ficción y las relaciones humanas.

Mujeres de John Updike, ed. Tusquets

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Editado en Estados Unidos en 2004, esta novela muestra a un Updike ya como preocupado por el tema del recuerdo, centrado en el de las personas -mujeres en este caso- que habían pasado e influido en el personaje principal del relato.

La nube rasgada de Sergio Vega, ed. Quaterni

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Segunda entrega de esta trilogía que mezcla la novela histórica con toques fantásticos realizado sorprendentemente por un español. Una pieza inesperada.

– Toledo Ilustrado de Rainer Maria Rilke con ilustraciones de Eva Vázquez, ed. Nordica

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Los apuntes y poemas que Rilke compuso visitando Toledo son traducidos a imágenes por Eva Vázquez en este pequeño libro que sirve tanto por la visión de España que en él se da como por lo que se nos muestra desde un punto de vista turístico.

Vida y opiniones de Tristram Shandy, caballero de Laurence Sterne adaptado a cómic por Martin Rowson, ed. Impedimenta

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La grandísima -y rupturista- obra de Sterne convertida en un cómic -bastante más lineal- que trata de adaptar en la medida de lo inadaptable el grandísimo clásico de la literatura al cómic.

Como veis, un poco de cada, y justo a tiempo antes de una semana tan movida como se promete la próxima.


Hay cosas en Believe que dejan con ganas de ver la evolución de la serie, pero ninguna que produzca entusiasmo. La trama parece más antigua que comer con las manos y formada por un popurrí visto miles de veces, una chica con poderes que no sabemos si será elegida o qué, grupos que luchan por usarla, protegerla, encerrarla, gente injústamente acusada que sale en su defensa y blablabla. Entre Ojos de fuego y Héroes -y claro- con la ventaja de dar de comer a Kyle McLahan y que el piloto lo dirija Alfonso Cuarón, que para eso es cocreador junto a Mark Friedman de la cosa esta. J.J. Abrams aparece como productor ejecutivo pero, en fin, démosle un par de capítulos de duda.

Ganas me dan de no hablar de Cosmos porque su piloto puede ser muchas cosas pero no parece precisamente un piloto. En lugar de realizar una introducción didáctica al tema a tratar se centra en hablar de lo chachi que es la ciencia haciendo alarde de los nuevos medios técnicos de los que va a disponer la serie entre los que destacan animaciones y efectos especiales por todas partes -¡ese patinete espacial!- a la vez que se hace un ejercicio de reivindicación de Carl Sagan que pasa rápidamente de lo emotivo a lo nostálgico. Así que más allá de humo, espejos, lágrimas y autopalmaditas en la espalda poco se nos muestra. Dedicar a esto un capítulo entero… Pues será que les sobra tiempo. A ver el siguiente si logra contar algo.

Hablando de decisiones inexplicables. ¿Qué sentido tiene From dusk till dawn? No me refiero a la película -ni a la saga- sino a este piloto. Hay cosas de la película y cosas que se apartan por completo, no llegan ni a acercarse al Titty Twister y lo sobrenatural parece importar menos que lo violento. Imagino que las pretensiones del director de montar escenas y jugar con ellas como si fuera cine han hecho elegir este extraño resultado que no deja claro si estamos ante una miniserie o si es un experimento autoral. En fin, paciencia.

La que puede agotar a los más pacientes es Resurrection, espantodísima, estirada, sosa e insoportable -no necesariamente en ese orden, más bien todo a la vez- serie de la ABC americana sobre unos muertos que reaparecen en la vida de los vivos para demostrar… no sé… ¿que Les Revenants o In the flesh son magníficas series de televisión que no es tan sencillo replicar?

¡Y ahora Canadá! Empezando por Spun out, una comedia de las de toda la vida hasta el punto de que es difícil saber si se la encontraron tirada en un almacén cerrado desde los noventa. Que yo entiendo que haya quien crea que Newsradio o Just shoot me! son ejemplos a imitar, por supuesto, pero es que por mucho Dave Foley que trate de sacar esto adelante estamos más cerca de Suddenly Susan, y así no hay quien termine sin esfuerzo un episodio.

En cuanto a interpretaciones estelares, Andrea Martin está espléndida en Working the engels, serie canadiense -que por lo visto tiene pasta americana de la NBC así que ya se encargarán de joderla- que pretende ser su Arrested Development -y si no lo está intentando el creador debería descubrir de donde sale su inspiración- aunque a menor tamaño y siendo imposible de replicar. Eso sí, Martin es una excelente actriz cómica, como siempre, de manera que solo por verla a ella hace que merezca la pena.


Cuando alguien me pregunta qué libro de ensayo sobre cine de terror creo que sería más interesante ver publicado lo primero que pienso es en este Nightmare USA: The Untold Story of the Exploitation Independents o Nightmare USA para abreviar. Lo segundo que pienso es que jamás lo veré en español y ya veremos si en inglés sigue saliendo. Porque lo más divertido de todo es que este grueso, pesado y completísimo volumen es solo el primero -que cubre de 1970 a 1985 masomenos– de la proyectada magna obra de un hombre: Stephen Thrower.

Músico y entusiasta del terror, este inglés, antiguo miembro del grupo Coil y actual de Cyclobe, ha estado trabajando en la parte ensayística del género desde muy pronto, ya fuera en fanzines de todo tipo o en publicaciones más o menos independientes. De ahí salió el -magnífico- recopilatorio de textos del fanzine Eyeball o un libro sobre la figura del nunca suficientemente reivindicado Lucio Fulcci. Todo lo cuál acabó llevando a este magno propósito: Una completa recolección -pues excede en logros y propósitos a la mera enciclopedia- de las películas independientes de género que, se suponía, abarcaría distintos años y continentes. Y bien es cierto que hace solo 7 años de su publicación en inglés y 5 de su aparición en una más económica edición rústica pero la personalidad del autor y el hecho de que en FAB Press-una editorial a la que ponerle un estanco, sea dicho de paso- estén agotadas ambas ediciones no hace tener muchas esperanzas en que podamos seguir disfrutando.

El libro en sí muestra esta ambición en ir más allá dividiéndose en tres partes: La primera es un magnífico ensayo histórico sobre la creación y evolución de películas y corrientes del cine de género en el fantástico fundamentalmente -aunque no solo- de terror. Un estudio que justifica por si solo la compra del libro por su detalle y atención en el repaso de lo sucedido sin saltarse los puntos altos ni bajos del mismo. La segunda parte se centra en alguna de esas películas incluyendo entrevistas con productores, actores, directores, guionistas, y explorándolas todo lo a fondo que es posible. En la tercera se complementan las dos anteriores con una enorme batería de reseñas más cortas de más de cien películas. Todo ello con enorme profesionalidad, conocimiento y amor por el género incluso -pero no debido a ello- en las producciones más bajas. Desconozco si alguna vez veremos el segundo volumen, sea centrado en Europa o en continuar las peripecias americanas; desconozco también si alguna vez algún loco se atreverá a traducirlo al español; lo que sí puedo decir es que siempre lo consideraré uno de los grandes libros del género.

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