Communitcando

¿Cómo explicar que lo mejor de una comedia no es su estructura narrativa / cómica ni sus chistes? Es decir: ¿Cómo explicar que no es una serie sencilla de ver e interpretar? Tomemos a otra de las joyas de la nueva temporada, Modern Family. Usa uno de los formatos más famosos de los últimos tiempos y tiene una base tan clásica que casi podrías escribir un fanfic antes de ver la serie. Luego los guionistas se encargan de mejorar la premisa básica y lograr un triunfo más allá de lo trillado.

El problema, y la piedra de toque, de Community está precisamente en esa diferencia radical. Las series estudiantiles tienden a ser tinajeras, un reparto joven y aceptablemente guapo en el que no parece haber habido tanta evolución desde Freaks & Geeks hasta Glee. O desde Popular, si prefieren ser más autoconscientes. Y aquí tenemos toda una variedad de cambios con la que entretenernos, desde la localización en un Community College, que sería el equivalente de una Universidad Pública si las nuestras fueran el equivalente a un Colegio Público. La serie deja claro desde el mismo principio que a los Communitys sólo van los perdedores. Gente que no tiene los recursos, la capacidad o las ganas de ir a una Universidad Privada. Y que está más pendiente de sacar créditos de cualquier manera y conseguir un título carente de valor en el mercado laboral —algún punto en común tenía que tener con las Universidades españolas— que por formarse.

La tropa que integra la serie tiene todo tipo de edades, procedencias y trasfondo cultural. Diría que no se veía una variedad mayor desde SeaQuest pero tampoco quiero exagerar. El caso es que este extraño grupo de tirados me recuerda poderosamente al más glorioso grupo de tirados de la historia de las series: M*A*S*H.

Como en la gran comedia clásica tenemos la sensación de que los personajes están allí esperando a un futuro mejor. Defendiendo el pabellón mientras tiran de sus sueños y que son lo suficientemente maduros o están tan inevitablemente hastiados que no es tanto que no respeten la autoridad como que les da bastante igual. Ellos cumplen con lo que les dicen, circunnavegan los problemas y se dedican a los suyo. Incluso las correspondencias entre Hawkeye y Jeff o Radar y Amed podrían dar para profundos y sesudos análisis. No tengo tiempo, lo siento. Otra vez será.

Otro de los puntos fuertes de la serie es el componente lingüístico, las diferencias profundas de los personajes permiten que las frases no sean intercambiables —salvo que nos pongamos puntillosos citando algo del estilo «Pásame la sal» * — no sólo en la manera de afrontarla [algo que se puede ejemplificar con Friends: la misma frase pronunciada por Ross, Joey o Chandler sería distinta] también en las palabras elegidas o en la forma de expresarse. Britta siempre usará frases claras, cortas habitualmente, políticamente correctas y comprometidas; Jeff tirará de su labia para enredar —algo que queda claro desde el primer capítulo y a lo que dan un giro ejemplificante del clásico Gorgias / Protagoras cuando las clásicas artimañas sentimentales apoyadas en el carisma tienen que ser cambiadas a toda marcha por datos y lógica— y adaptará su forma de al vocabulario del oyente para lograr la mejor comprensión posible, está encantado de seducir casi tanto como de haberse conocido. Desgranemos rápidamente: Troy es un clásico deportista de instituto, lo suyo es el léxico sencillo y las metáforas; Shirley es marujienta y algo estereotipada, recurrirá a frases hechas y a giros y expresiones populares; Annie es la cerebrín así que será la que tenga las frases más elaboradas en su elección de palabras y la que más subordinadas —muchas veces para apoyar los rodeos propios de la inseguridad del personaje— usará de todo el reparto.

Quedan dos personajes. Pero en ellos hay que detenerse. En el primero porque el actor es más grande que su personaje; Pierce. Ya dije que eran perdedores, este es el único actor conocido y se trata de? Chevy Chase. En un registro que une sus actuaciones en el SNL con la imagen de tipo irritante, agresivo y despreciable que lleva unos cuantos años arrastrando —¿Quizá desde que logró su Banneo permanente del SNL?— su Pierce parece tener carta blanca para ser ofensivo con todo el mundo siempre presuponiendo que es incapaz de entender qué el lo que está mal. Difícil de justificar más allá del teórico tirón que Chase haciendo autoescarnio pueda tener.

El otro es, claro, Abed. Dentro de los personajes extraños que pueblan últimamente nuestra pantalla a Abed le ha tocado competir con Sheldon de una manera que sólo se puede señalar como arbitraria. Sí, los dos son raros pero Amed entiende el comportamiento humano. Quizá no todos sus formas de expresión pero si sus relaciones sociales; su interés por las artes visuales y las indagaciones hacen de él tres cosas a la vez: La Voz de los Subculturales —tremendas las citas y refenrecias con las que se mueven que van de las comedias de Hughes al poster de Cortocircuito 2 que tiene en su habitación—, El Ojo del Creador — que le permite establecer una relación con la información tipo Radar, juzga lo que va a pasar y muchas veces sabe cómo se van a mover las situaciones antes que el resto empiece a ver las jugadas—, El Señor del Cuarto MuroAbed tiene cierta tendencia a considerar su vida como una sitcom y a usar unos recursos tan meta (lingüísticos, visuales, lo que os dé la gana) que parece ser autoconsciente— lo que, todo sea dicho, le convierte en el más habitualmente apreciado de los personajes.

Así que tenemos una serie protagonizada por actores desconocidos sobre unos perdedores con que no tienen nada en común, que no cree en la bondad humana aunque suelen practicarla, con unos secundarios preparados para robar la escena a la mínima oportunidad —mención especial para el profesor de español, interpretado por Ken Jeong— y sin demasiado interés en seguir el típico hilo de trama cómica. ¿Y esperan que esto funcione? Una vez más una serie me gusta tanto que no creo que llegue a ver la tercera temporada.

* Atribuida originalmente a Mozart, otras fuentes indican que pudo haberla pronunciado Napoleón o Julio César. Lo de César no está tan claro, pero es por su manía de decir frases lapidarias en latín.


Sangritas

Si Barnabás Collins fue el prime vampiro personaje central de una serie de televisión —al fin y al cabo como excusa para series antológicas fantásticas llevaban años y como secundario? el año anterior a Dark Shadows se estrenaba La Familia Munster con ese abuelo que repetía los esquemas de un envejecido Lugosi—no fue, desde luego, el último.

Desde 1971, año del final de Dark Shadows, hasta la actual ola vampírica sólo hubo un lugar en el que el vampirismo fue preparándose para el renacer de los años ?90. En el género infantil/juvenil permaneció vivo por distintas series a partir de 1980, año en el que surgió la sorprendente idea de la división australiana de Hanna Barbera de crear Drak Pack. Devolviendo el protagonismo a quienes venían teniendo importantes papeles secundarios en programas como La Familia Munster (1966) o Barrio Sésamo (1969), manteniendo vivo el mito a través de océanos de tiempo.

La idea del Drak Pack era? curiosa. El adolescente —es un decir, claro— Drac Jr. junto con Frankie, descendiente del Monstruo de Frankestein, y Howler, un hombre lobo, deciden impartir el bien y la justicia contra las maquinaciones del Dr. Dred y su organización criminal OGRE. Una temporada duró el invento que, todo sea dicho, parecía el resultado de intentar llevar a una premisa de acción heróica al reparto de la cantarina Groovie Goolies centrando el protagonismo en un Drácula juvenil y tomando —ejem— prestadas ideas de Monster Squad.

En el 85 llega la primera adaptación de los libros de El Pequeño Vampiro. Será la primera vez que se cree a un vampiro como figura central de una serie juvenil no-animada. Pero no la última.

Lo siguiente, eso sí, será en 1988 la serie de dibujos Conde Duckula. Que, por cierto, tiene el honor de ser, además, uno de los pocos Spin-off televisivos al surgir el personaje como villano de varios episodios de Danger Mouse. Esta nueva creación del brillante estudio de animación británico Cosgrove Hall tenía la particularidad de ser, además, vegetariano. Durante cuatro temporadas, del 88 al 93, pudimos seguir sus desventuras, en las cuales el auténtico cerebro maligno era el mayordomo Igor que trataba de llevar a su señor a la dieta sanguínea y apartarlo de sus intereses: Ser una famosa estrella televisiva y comer verduritas.

Antes de su cierre en el 93 tuvimos a otro chupasangre infantil, del 91 al 92 existió una serie francoalemana o británicousaca (vovleremos a ello) llamada —atentos al título original— Draculito, Mon Saigneur. Con abierta intención subversiva —o humorística para niños, que viene a ser lo mismo— se nos contaba el día a día de Draculito, Little Drac, o Draculín que por esos nombres trató de ser aceptado el pobre chaval cabezón verde. Su enemigo, el Hombre Ajo siempre trataba de acabar con él pero el punto y final lo puso la audiencia.

Por suerte para nosotros —suponemos— el cierre en el 93 de Duckula vino acompañada de la segunda serie basada en los libros de El Pequeño Vampiro. En realidad la serie —del mismo modo que la primera, que contaba con el exotismo del capital canadiense apoyando al alemán— adaptaban en 13 episodios dos libros de la autora, los dos primeros en los ochenta, los dos segundos en los noventa y ninguno en la película de los años 2000, que para eso había dinero USAca en la bolsa. Como la buena de Angela Sommer- Bodenburg lleva diecinueve novelas y sólo 61 años es de suponer que para los próximas décadas seguiremos teniendo series «minis».

Dejemos constancia de que entre ambas series, en 1990, existió otra producción con actores reales, una serie inglesa rodada en Luxemburgo llamada —redoble— Dracula: La Serie. Lamentablemente aquí Drácula sólo era el malo. Un malvado millonario llamado Alexander Lucard ? A. LucardGuiño, guiño. Codazo, codazo. La cosa iba, en realidad, de un descendiente de Van Helsing y dos jovencitos que combaten los malvados planes del Conde mientras buscan la cura para el vampirizado hijo del primero —claro—.

En el 99 la FOX decide revivir Little Dracula, una serie de animación cuya primera temporada habían emitido a principios de los noventa. La serie se canceló antes de emitir todos los episodios de esta segunda hornada. Mientras, eso sí, crearon un problema. Little Dracula ? ¿No se parece demasiado a la francesa Draculito? Pues en principio no deberían, pero pese a que los franceses den como creadores a Bruno René Huchez y Bahram Rohani y los americanos aseguren que están basados en unos libros ingleses de Martin Waddell adaptados a serie por Joe Pearson y producción de Walker Hahn lo cierto es que… es la misma serie en ambos casos. —Ya os dije que volveríamos a ella—. Aparentemente rodada en régimen de co-producción, emitidos los veintiseis episodios originales en Europa en USA se emitieron sólo 13 y en 1999 el principio de una segunda temporada con los 13 que quedaban. Pero en ningún lado se acredita esto pese a lo obvio de la maquinación… Un lío bastante gordo, vaya.

En cuanto a los ánimes. Pues haberlos haylos. Si alguien quiere aportar información que lo haga en los comments que suficiente mierd? series me he tragado ya creadas por el hombre blanco.

Y hasta aquí el fondo de ataúd de las juveniles, en dos semanas el otro grupo imprescindible: Las Adultas, que vienen a ser de Detectives. ¡¡¡Kindred!!! ¡¡¡Angel!!!¡¡¡Y Rick Springfield como Nick Knight!!! ¡¡¡No podrás esperar a hincarle el diente!!!


Buenovedades

Siempre sale algo que merece la pena. Cada temporada. Aunque sea por pura potra. Ya sé que sería más divertido desprotricar de las malas pero entre lo poco que aguanto viéndolas —Yo, el público es otra cosa: ¿Cómo coño ha durado ?Till Dead CUATRO temporadas si Arrested Development fue cancelado a mitad de la tercera?— así que no esperéis largas diatribas contra The Forgotten o Hank. Como mucho puedo reflexionar sobre alguna de esas series imposibles que echan por la tele, como FlashForward, ridículamente pro-determinista, con actores que están cada uno en una serie distinta y un malo malísimo que podría —¡debería!— encabezar un listado de misscastings siendo la única posibilidad de elegir a alguien menos adecuado haber puesto a Screech.

Pero a lo que vamos. Tres nuevas series para ver: Empezando por el final vamos con la única serie Dramática de mi lista, The Good Wife. Tras varios años en los que las series de abogados parecían ser inevitablemente Kellyescas, con Ally McBeal como ejemplo a seguir, tenemos aquí una recuperación de las series de abogados clásicas en el sentido no tanto de Perry Mason como de La Ley de los Ángeles. Algo curioso teniendo de protagonista a la Margulies que el año pasado presentó Canterbury?s Law, otra serie de abogados nada Kellyesca pero tan aburrida y tan profundamente buenista que no había quien la resistiera ni ofreciéndoselo a San Ken Loach. Así que en seis episodios fuera. Gracias a unos cambios efectivos no es ya la abnegada madre que lucha porque se haga justicia entre los inocentes. Bueno, la verdad es que casi. Sigue haciendo justicia entre clientes básicamente inocentes **cof** y sigue siendo una madre abnegada. Aunque ahora lo sea de un político ?perdón, de un cargo electo, no es lo mismo- pillado in fraganti en lo que será una de las tramas largas de la serie. —El marido, por cierto, es Chris Noth, el Mike Logan de Ley y Orden o el Mr. Big de Sexo en Nueva York— Porque eso significa que a ella le toca empezar de cero, que tendrá que aceptar la ayuda de su suegra y volver a su antiguo trabajo, pero sin concesiones. Esto es, entrará en un bufete a prueba contra otro abogado. Precisamente entre los puntos fuertes están los asociados, interpretados por Josh Charles —que era el otro presentador en Sports Night o, más recientemente, uno de los pacientes de En Tratamiento— y Christine Baranski —ganadora del Emmy por su magnífico papel en Cybill aunque más conocida por ser la alta en la peli de Mamma Mía o por su reciente cameo haciendo de madre de Leonard en Big Bang Theory— que junto a unos guiones cuidados para darle un cierto aire clásico convierten la serie en una construcción ejemplar. ¿Serán los actores o es que ya nos hemos aburrido de locuras?

Mejor aún que la anterior es la comedia Modern Family en la que, lo reconozco, no tenía ninguna esperanza puesta. ¿Hay algo más tópico que una comedia familiar? ¿No estamos ya cansados de remedos de mockumentaryM tipo _The Office? Pues no. Pese a todos sus defectos han sabido ensamblar unos guiones explosivos que van acumulando situaciones problemáticas hacia el final de capítulo. Las tres familias son una reflejan diversos aspectos pretendidamente realistas —algo que siempre me hace desconfiar— de manera que hay una familia tradicional con una madre que trata de controlar todo tras una juventud? disipada, unos hijos prototípicos: el pequeño es un salvaje poco menos, la mediana es la inteligente, la mayor es una bimbo. Y el marido. ¿Os imagináis a Michael Scott tratando de ser el mejor padre, yerno, cuñado tanto como intenta ser el mejor jefe. Con resultados similares. Pues eso. Las dos familias distintas son las de la pareja de gays que acaban de adoptar a una niña asiática y que está compuesta por el típico urbanita snob escuchimizado y una especie de versión pasada de kilos del Albert Goldman de Una Jaula de Grillos. Sí, otro personaje que produce vergüenza ajena. Finalmente la pareja de un señor mayor y una ardiente hispana que aporta un hijo de su anterior matrimonio. Sorprendentemente ninguno de vergüenza ajena aquí, ni el madura y retraído chaval, ni la magnífica, pasional y sensata colombiana ni el experimentado y algo cansado ya Ed O?Neill —eso es, el siempre magnífico Al Bundy— que como de costumbre, de Dragnet a John de Cincinatti —esa serie— es lo mejor de todo, [Inciso: Katey Sagal, Peg Bundy, es también de lo mejor de su serie, Sons of Anarchy, a ver si vuelve pronto a ponerle voz a Leela en Futurama] conectando a las otras dos —si no has visto el primer episodio avanza rápido— ejerciendo de padre de la madre de pasado disipado y del gay neurótico. Casi parece un argumento para Casado con Hijos: Veinte años más tarde. Salvo, claro, que aquí la relación familiar está tratada de manera más positiva. Quizá sea esta imagen más agradable, más propia de una sitcom clásica la que haga perder algo de fuerza a una comedia que se propone como una máquina de humor bien engrasada pero cuyos referentes quedan al aire con facilidad.

En cuanto a la primera, Community ? mejor lo dejo para otro día. Uno con más espacio. Aunqeu no la semana próxima, que tocan vampiros, de nuevo. Hasta entonces echadle un ojo a estas series, aunque sea sólo para quejaros con base de mi pésimo gusto.


Barnabasadas

Willie Loomis, antiguo recluso, dolor de cabeza para gran parte de la población de Collinsport y no digamos ya para los habitantes de la señorial mansión de Collinwood, tenía el rastro de las largamente perdidas joyas de los Collins, había localizado un plano y resuelto las instrucciones con tal pericia que sólo unos candados y cadenas le separaban del ansiado tesoro. Hasta que un brazo salió del sepulcro, agarrándole por el cuello y haciéndole perder el conocimiento. Suave destino para el culpable de haber traído de nuevo a la vida a Barnabas Collins. Al vampiro Barnabas Collins.

Es normal que no acabéis de situar la anterior escena. Ocurrió en uno de mis fetiches, el culebrón sesentero Dark Shadows, con revamp a principios de los noventa en una serie semanal de vampiros que no acabó de alzar el vuelo. Pero ya estaba exteriorizada la idea. Regresando a la serie, Dark Shadows pretendía ofrecer algo distinto al espectador de telenovelas viendo la popularidad que las novelas románticas de corte gótico tenían. Victoria Winters era una gobernanta que llegaba a Collinwood, la mansión familiar de los Collins, para encargarse de demasiados problemas domésticos. El primero de los cuales fue un cadáver. Un chantaje que termina en asesinato y cuyos sospechosos son en su mayoría miembros de la familia pasa de ser uno de tantos asesinatos en la tele —especialmente en los culebrones, Desperate Housewives debería tener su propio reloj de Body Count— lo que permite a los guionistas a meter fantasmas para darle un poco más de vidilla a la serie, pero los espectadores no se enganchan. Tampoco cuando la ex-mujer del señor de la casa regresa? como seguidora de un culto de Ra decidida a inmolarse junto a su hijo en nombre del Fénix para renacer. Y, como última oportunidad, metieron a Barnabas. A partir de ahí tendrían más fantasmas, hombres lobos, criaturas devueltas a la vida, viajes en el tiempo y tantas otras ideas locas que sus resúmenes parecen más cercanos a Dr. Who que a Los días de nuestras vidas. Por poner un ejemplo de la importancia, la serie —el serial— fue emitido en sindicación durante años por el canal SciFi —ahora SyFy— del 92 al 03. Empezando, siempre, por el capítulo 210, el que culmina con la mano de Barnabas agarrando al pobre Loomis.

Pero a nosotros nos interesa Barnabas como arquetipo del que surgirá el Paranormal romance —o, al menos, culpable de popularizarlo— porque, claro, según se despertó se dio de bruces con una muchacha, Maggie Evans, que era la viva imagen de su difunto amor eterno. Pero no se parará ahí, tendrá sus más con la teórica protagonista, Victoria Winters, haciendo de tercero en el triángulo central de la serie. Dejará con las ganas, aunque convertida en su mejor aliada, a la Doctora Julia Hoffman; se encontrará con antiguos amores y coqueteará con las nueva generaciones de los Collins. Un caso este Barbanbas.

Lamentándose de cuando en cuando por su condición pero capaz de matar a sangre fría, de rechazar sin planteárselo y siendo desvelado en los viajes temporales que antes de su transformación no era mucho más humano.

A partir de ahí tendríamos un arquetipo montado que pasaba Drácula por el filtro de los culebrones. El vampiro que lleva años aislado del mundo exterior y que a su vuelta se redime por el amor de una mujer ?o de varias- y que, por pura lógica publicitaria, no es tanto el malo como una víctima de su maldición. Posición que tradicionalmente ocupaba el Hombre Lobo pero que frente a su animalidad resultaba menos glamourosa. Barnabas, eso sí, estaba lejos de ser uno de esos pochos personajes de la Rice, su huella está más clara en dos de los más importantes personajes masculinos de Buffy; notablemente en Angel pero más cercano aún en la transformación de Spike, ambos presentados como ambiguos seres del mal que se van dulcificando sin perder la ferocidad que permite a nuestro Barnabás a asesinar a sangre fría cuando considera que es lo más adecuado para sus intereses. Pese a lo cual en la peli que parece que se prepara el elegido ha sido otro blandito, Johnny Depp.

De momento tenemos el punto de partida de los vampiros superestrella televisivos, ya iremos viendo qué es lo que salieron de estas cenizas. Drácula Yeyé no incluido.


Hallowilkommen

Era la semana antes de Halloween y algo había que hacer. Una vez compradas las velas para las calabazas y vaciados los cuerpos quedaba por echarle un vistazo a la tele. Y, admitámoslo, las series y especiales no le llegan a los talones a la telerealidad. Pero como mencionar a Belén Esteban en una columna del tema me parece tan cliché mejor vamos a ver qué hay en la caja de los Trucos y Tratos para nosotros.

Justifiquemos la presencia de un post así esta semana comentando uno de los estrenos de la temporada: Vampire Diaries. Historia de vampiros que no hacen el vampiro, amantes que no follan y pésimos actores actuando con desgana. No es de extrañar que la acusen de plagiar Crepujculo. Lamentablemente —porque esto es lamentable por fuerza— la fuente de inspiración, los libros, son anteriores a los de la Meyers así que estamos ante una extraña recurrencia exploit. Algo así como poner al Roberto Patiño a interp? a salir en una adaptación de Anne Rice.

En VD tenemos a uno adolescentes especialmente molestos escribiendo con total teen angst sus reflexiones profusas. En serio, que los libros sean de principios de los ?90 no significa que sigas teniendo que hacerlo igual; ponles blog, por ROB!. VampiresBlog suena mucho mejor y te acerca aún más a Gossip Girl. Quizá un Vampire Facebook o Vampire Twitter fuera excesivo pero, ¿quién sigue escribiendo a día de hoy un Querido Diario? Pues los ñoños de esta serie que no tienen más cosas que hacer que aburrirse y dar vueltas por el pueblo. No digo que se les quitaría la tontería follando porque ahí está Tetas y Vampiros, perdón, True Blood, para quitarme la razón.

Dejemos a los vampiros televisivos para otro momento más calmado y echemos un vistazo al resto de la oferta paranormal televisiva. No, no hablo de Friker, no para anormal, sino todo junto: paranormal, como Supernatural.Bueno, en España es Sobrenatural porque Supernatural sólo puede serlo Marta Sánchez. Así que ahí tenemos a los Hermanos Winchester, ejerciendo desde una de las series más interesantes de la actualidad que logra mantenerse pese a la sensación de molar por los motivos erróneos que empapa a la serie. De una primera temporada centrada en las leyendas urbanas y en la búsqueda del padre hemos pasado al Apocalipsis. No al famoso apocalipsis que Buffy ?otro clásico de los Halloween- evitaba un par de veces por temporada, al Apocalipsis bíblico que tiene enmerdados a nuestros protagonistas, aunque no en exclusiva. Como una de las series más recreativas de la tele actual se permiten continuas digresiones, cambios de tema y de sujeto y bastante humor. Sin llegar ?de momento- a los niveles de la cuarta, la capacidad para reinventarse a cada momento, renovar a la vez que se reintegra a los antiguos personajes una y otra vez, distanciarse irónicamente de la propia serie lanzando un gancho de compadreo a los fans que les ha permitido llamar pervertidos a los que escriben fanfics slash sobre los hermanos a la vez que les integran en la trama. El mejor caos controlado de la televisión actual.

Lo que nos lleva a las matronas. Medium y Entre Berzas, las dos presentas mujeres con poderes cognitivos, precognitivos y un algo cognazos. Medium es un drama social que se disfraza de serie policiaca de asesoramiento policial, esa cuyo más visto —que no más representativo y, desde luego, no mejor— exponente es El Mentalista y que parece haber desatado una fiebre por los ?istas que convertiría esta serie en La Mediumista. O La Fantasmista. Casi mejor este último.

Por el contrario Entre Berzas, perdón, Entre Fantasmas, es la Barbie Pepona de las investigadoras de lo paranormal, una Mary Sue que entendería el gótico como una excusa para usar canesú. No es lo más recomendable para Halloween salvo para alguien decida centrar la fiesta en? Pero volvamos al tema.

Dos de los clásicos de la televisión son, en primer lugar las series antológicas temáticas, aquellos Dimensión Desconocida o Galería Nocturna que tanto hacen disfrutar siempre. Aún hoy continúa la tradición, aunque en estos momentos no haya ninguno en activo, pero ahí estuvieron hace poco los Masters of the Horror, o la bastante mediocre Fear Itself que emitió el año pasado la NBC. La verdad es que esta columna parece ir más sobre ideas para otras ?vampirismo, Supernatural, los ?istas, marysues, antologías, explicar los Nombres Familiares? – que sobre Halloween. Así que quizá tendría que haber empezado por el segundo clásico, los Especiales.

De Blossom a Yo y el Mundo, de ER a Castle y, por supuesto, Buffy. ?-Pensabais que diría Los Simpsons, eh— Muchas son las series con capítulos especiales . Tantas que creo que yo creo que mejor lo dejo como tema para el año próximo. Id preparando vuestra lista, yo preparo la mía.

Y no olvidéis lo que siempre decía Michael Myers: Yo por Halloween mato? ¡¡¡MA-TO!!!


Recanto

Así que ahí teníamos toda esa música. Habíamos visto como en décadas anteriores funcionaba la mezcla de grupos con series a su alrededor —antecedente, por cierto, de lo que hoy llamaríamos Reality salvo porque siendo igual de falso y guionizado no se molestaban en darle ese aire de biomockumental que se busca ahora, claro— y cómo en los noventa los intentos estadounidenses por lograr una variación en la fórmula acercándose más al modelo clásico de musical, acabaron en todo tipo de desastres. Sólo las extravagancias británicas de Dennis Potter tuvieron suerte —si bien más con la crítica que con el público— facilitando que las televisiones inglesas apostaran por la idea de nuevo.

Hemos llegado por fin a Blackpool. Si el éxito —por lo menos entre un tipo de público— de On Connaît la Chanson había hecho replantearse las posibilidades del musical allá por 1997 a la que vez que creaba una notable innovación para el uso de lo que los americanos llaman Lip Sync y cuya palabra definitoria española desconozco. ¿Labiear? Para los que no conozcan la película, mientras esperan a verla on line o a que se termine de descargar, les cuento un poco no el de qué va que viene poco al caso sino el oye cómo va que es lo revolucionario. En cualquier momento de la trama y con pasmosa naturalidad se insertan canciones en la banda sonora para demostrar, reforzar o explicar sentimientos y acciones de personajes. Hasta ahí, lo de siempre. Pero resulta que los actores las cantan. Mejor dicho, las interpretan, fingen cantarlas moviendo los labios aunque se la canción original —independientemente de si hay concordancia en el género entre cantante y actor— la que suena en ese momento. Digamos que es una especie de Millie Vanillie, la Película.

Esta fórmula fue la elegida para dar la nota diferenciadora en Blackpool. Imaginad la sorpresa que causaba dentro de una serie que tenía como trama principal la resolución de un asesinato en un pueblo lleno —como siempre— de secretos. La historia se centraba en la familia Holden, orgullosos propietarios de un casino a punto de abrir al público en la localidad que daba nombre a la serie. EL día de la inauguración, entre una fuerte presión popular negativa, aparece un cadáver causando la llegada de un policía que parece tan decidido a desentrañar el embrollo como a convertirse en la némesis del dueño. La serie, de seis episodios, protagonizada por David Morrissey como Ripley Holden y David Tennant como el Detective Carlisle [pareja que, por cierto, volvería a verse las caras en la televisión en un capítulo especial de navidad de Doctor Who en el que el aún Doctor Tennant se encontraba con el presunto Doctor Morrissey] y que se convirtió en otra serie de culto por su extraña capacidad para ponerse a cantar éxitos pop en los puntos álgidos del capítulo. Inenarrable es poco:

Así que los americanos decidieron copiarlo, claro. Entre el estreno inglés de *Blackpool* en 2004 y el de su versión americana habían sucedido algunas cosas. La principal era, por supuesto, el estreno en 2006 de *High School Musical*. No era ?-ni de lejos— la primera ocasión en que desde Disney se unía música y actuación pero sí fue la más exitosa. Es difícil entender qué convirtió *HSM* en un éxito tal que su tercera pare fue estrenada en cine ?-con excelentes recaudaciones— teniendo en cuenta que ni los actores ni la dirección ni la música eran gran cosa. El punto de partida era bueno, convertir una película tinajera en un musical. No muy original, claro, porque en 2006 hacía ya 16 años de la cancelación de *Hull High*, pero sí lo suficientemente bueno como para darle una segunda oportunidad. Así que, tuvimos HSM y para el año siguiente ya estaba preparada su segunda parte y, además, la adaptación de esta serie inglesa de la que hacía tres años. La serie duró un capítulo y a mitad del siguiente ya se sabía que estaba condenada a convertirse en el primer fracaso de esa temporada. Antes de eso habían cambiado a *Viva Laughlin* el nombre. Con la huelga de guionistas en el horizonte y todo decidieron librarse de ella. Sorprendente fracaso teniendo a Hugh Jackman de recurrente y a Melaie Griffith en nómina. O quizá no tanto.

A partir de ahí lo único que tendríamos sería Eli Stone, serie que empezó en 2008, y que podría definirse como un Ally McBeal que cambia la rareza de los protagonistas por canciones. Una tierra de nadie que nos fue acercando a Glee, la serie tinajeromusical que va ganando entidad poco a poco y que, espero, sirva esta vez para permitir que la mezcla Musical + X funcione. O quizá es que las series tinajeras son la cepa más resistente de la televisión. Pero ya iremos hablando de todo eso.