¡Libros que Salen! Blackmon, «Lo mejor de Pafman», Kingsolver y más

¡Que entre la pila!

Lo mejor de Pafman de Cera, ed. Bruguera

No esperaba yo ver publicado un Lo mejor de Pafman, pero aquí estamos. Se supone que con una selección de historietas antiguas recoloreadas, en un tomo que ya veremos por un precio que en fin. Pero supongo que con que exista nos tenemos que conformar.

Un mystery clásico que nos presenta a Adelaide Adams, una investigadora diferente, entre Doña Urraca y Miss Marple, que se encontrará metida en medio de una serie de asesinatos bastante a su pesar. Gracias a lo cual nos ofrece un libro que logra manejar la trama misteriosa y el humor de su protagonista.

Demon Copperhead de Barbara Kingsolver, ed. Navona

Ganadora del Pulitzer y del Women’s Prize, estaba claro que antes o después veríamos esta particular versión -o recreación o a saber- de la obra de Dickens en el profundo sur de Estados Unidos, en el que la pobreza sistémica parece tan inevitable como en la Inglaterra victoriana, y como aquella usando a la vez el humor y el drama para ir contando una historia que podría ser real y que muchas veces demuestra que no usa David Copperfield para tener una estructura o unos personajes sino para demostrar que por más que los años pasen hay muchas cosas que permanecen igual.

Tras el éxito de Un reflejo velado en el cristal en Hoja de Lata apuestan de nuevo por McCloy, esta vez con la primera de sus novelas del detective barra psiquiatra Basil Willing, en el que la muerte de una joven en su presentación en sociedad, con unas píldoras adelgazantes que publicitaba y un elegante cóctel como aparentes armas del crimen. Todo ello estando rodeado de un círculo de sospechosos reducido en un espacio privilegiado del Nueva York de los años 30.
Es bueno tener aquí a Harlan, con sus historias que van de lo fantástico al gótico, mundos llenos de deseo y búsqueda, en el que la magia ‘florece’ entre la decadencia. Relatos que juegan con las expectativas tanto como sobre los cambios. Porque, a veces, la literatura de género puede ser retorcida también en sus propias definiciones.

Un capuchino mortal de Cleo Coyle, ed. Alma

Alma prosigue con su colección de Cozy Crime dándole segundas novelas a las de la anterior tanda – Navidad, dulce Navidad para las de las galletas de Joanne Fluke, Mentiras encubiertas para la de los libros de Kate Carlisle, Una muerte de libro para la del gato de James Miranda– a la que se le añade ahora esta en, claro, una cafetería. Acogedora y todas esas cosas, con un matrimonio detrás del pseudónimo -formado para Alice Alfonsi y Marc Cerasini– buscando que sea lo más agradable posible. Para eso están las cafeterías, AU o no.

Arquitectura del disenso de Colin Ward, ed. Gallo Nero

El historiador social y pensador anarquista británico hace un recorrido aquí por las ciudades, por su forma de construirse y funcionar y por cómo podrían usarse para favorecer la comunidad en lugar de parar separarla. Una vuelta tanto por la historia social del urbanismo como por sus posibilidades a futuros.

T’zée de Apollo y Brüno Thielleux, ed. Nuevo Nueve

Ya conocemos a Brüno Thielleux por Atar Gull o Tyler Cross, así que encontrarle aquí, en compañía del guionista Apollo, para hablar de un viejo director asesinado, de la guerra civil acechando y los miembros del clan presidencial tomando decisiones, de los problemas del África postcolonial incluyendo el neocolonialismo, para componer una obra compleja.

Un libro sobre los excesos del mundo de la música, de una manera distinta. Porque esta no es una obra sobre anécdotas o divertidas historias, sino un estudio sobre los problemas de salud, física pero sobre todo mental, de qué lleva a esas adicciones y esos consumos y cómo la propia forma de ser y hacer lleva a retroalimentarlo. Y lo hace a partir de lo que el propio autor había visto, y sufrido, de una manera franca pero no exenta de un cierto humor para sobrellevar todo lo que va descubriendo o desempolvando por el camino.
Relatos y reflexiones editados por Meg-John Barker, Kat Gupta, Jos Twist y Ben Vicent sobre lo que significa ser una persona no biniaria, desde experiencias de sus años de crecimiento a el atravesado de asuntos como la neurodivergencia o el embarazo, ofreciendo perspectivas y reflexiones tanto para que podamos comprenderlo mejor como para verlo reflejado.
Escrita en el S XIX y dentro de lo que podríamos llamar la tradición de las heroínas de la antigüedad, aquí tenemos a una heroína consciente de vivir en un mundo patriarcal y, por tanto, de tener que disfrazarse de hombre para poder participar con poder en la esfera pública: ir a la guerra, gobernar o… casarse.
Una historia no muy extensa que sabe jugar con las expectativas, una obra dura y hasta cierto punto violenta, con el acoso escolar en su centro, con un joven acostumbrado a mudarse de ciudad por el oficio de su padre se encuentra con un nuevo grupo de compañeros, intentando ser aceptado acaba participando en lo que parecen pequeñas tropelías, hasta que se da cuenta de que el objetivo siempre es el mismo. A partir de ahí debe decidir si seguir en silencio o intentar hacer algo. Porque, además, se acerca el Okuribi, el festival de los muertos que los japoneses celebran en verano y en el que pueden pasar muchas cosas.
En esta obra que podríamos considerar que continúa con los temas de El condominio Stanley Elkin nos trae a un agente de fianzas sin escrúpulos que ejemplifica los males y poderes del capitalista que se enrosca en los necesitados de dinero aliado con un sistema que no solo lo permite sino que lo facilita.

Bruja Luna, Rey Araña de Marlon James, ed. Seix Barral

Pues parece que el contrato de James daba para seguir con el segundo libro de esta saga. Ya veremos cómo va el asunto.

El asesino ciego de Margaret Atwood, ed. Salamandra

Tras no sé ni el tiempo recupera Salamandra mi libro favorito de Atwood, una novela con elementos meta, góticos, de saga familiar e, incluso, dentro del fantástico. Esperemos que resista la lectura desde la actualidad.

Verdad o reto de Camilla Läckberg, ed. Planeta

Pues sí, Läckberg tiene nuevo libro en Planeta y aquí estoy yo para dejar constancia.

Todo sobre los Bundt de Bea Roque, ed. Libros Cúpula

Pues sí, Bea Roque tiene nuevo libro de postres y esta vez le toca a los Bundt, que vendrían a ser los bizcochos redondos de siempre, pero en esos moldes que les dan un cierto aspecto de… no sé… ¿montaña, mansión? Sea como sea, recetas de bizcochos siempre bien.

Nos leemos.


No tengo yo muy claro qué es lo que pretendían con After The Party (NZ), supongo que hacer una historia de Abnegada Madre o algo así, a mayor gloria de Robyn Malcolm. El resultado… en fin. Supongo que el tema de los abusos y cómo se gestionan es lo suficientemente candente, que la idea de la ruptura interna y externa, la decisión de investigar y blablabla. Pero lo cierto es que parece buscada más por conveniencia que por pasión o compasión.

No sé en qué puto momento pensó alguien que All the Light We Cannot See (USA) era buena idea. Una historia de la Segunda Guerra Mundial con una joven adolescente francesa ciega que se enamora de un joven recluta nazi. Sí. Exacto. No solo es una monstruosidad ética y moral, y un claro error de momento de sacarlo, pero no solo eso. Está hecho con desgana, editado de cualquier manera, tan aburrido que parece hecho a propósito, como si alguien la odiara y decidiera convertir el verla en una forma de tortura. Algo que, por otro lado, puedo comprender tanto como compartir.

Supongo que esta Black Cake (USA) está pensada para verla como un bloque, porque está claro que el piloto solo deja las cosas a medias. De hecho parece que nos están contando una historia -la del pasado- mientras que la del presente está por ahí porque en algún momento supongo que algo tendrá que hacer. Se nos dejan caer muchas cosas, pero parecen más para que las presupongamos que para que lo veamos en realidad. Pues bueno. Supongo que a quien le llame esta historia, o estas historias, le parecerá bien. A mí me ha dado un bastante lo mismo, la verdad.

Para mi enormísima sorpresa resulta que Netflix puede hacer también un anime que me guste. Se trata de Blue Eye Samurai (USA), con una animación propia y un tanto particular, y una historia que logra ser a la vez clásica y con un par de vueltas que lo hagan diferente.  El mayor pero que se me ocurre es que en algunos momentos se nota la mano extranjera y que usa la violencia -y hasta cierto punto el sexo- como para realizar una puntuación de que no es ‘para todos los públicos’. E incluso eso lo hacen con una cierta gracia que va más allá de lo típico. Ciertamente no esperaba que me fuera a gustar, más aún con la duración del piloto, pero aquí estoy, decidido a vérmela entera.

Parece mentira que en un año en el que hemos visto en In Our Blood una manera tan fenomenal de contar algo histórico que ya conocemos para que no parezca que lo hemos visto mil veces nos vengan con Fellow Travelers (USA) que no es solo un más de lo mismo -en formato alargado hasta el aburrimiento-, es que lo único que pueden apuntar son unas escenas de sexo más cerca de una Serie S setentera que de querer llevar el asunto a algún tipo de desarrollo. Como si a estas alturas eso no lo hubiéramos visto también mil veces. Y con una producción que intenta parecer con dinero detrás pero queda tan falsa como una función amateur de una obra de los años ’50. O más, que hay amateurs capaces de hacer de la necesidad virtud, y no es ese el caso aquí.

Idas y venidas, primero tuvimos Undercover -tres temporadas-, luego la película-precuela Ferry y ahora la serie derivada de aquella Ferry: The Series (O) (BE). Y me parece una mejora el piloto de este frente a la de aquella. Sigue siendo una obra de Organización Criminal, pero con el tiempo ha ido desarrollando un cierto afectuoso humor de criminales desastrosos. Cierto es que resultaba más sencillo cuando se trataban de entrañables ladrones como el Olsen Gang o los enjaulados de Porridge en lugar de traficantes de droga. En fin. En cualquier caso, se benefician sobre todo de que Frank Lammers ha ido creciendo con el personaje, y si ya podía ser de lo mejor en la serie original, ahora mismo logra que la humanidad y el humor que desprenden le conviertan en alguien mucho más que capaz de llevar la serie en hombros.

Supongo que la indonesia Gadis Kretek (O) (ID) o Cigarette Girl tiene un interés especial para ellos por mezclar una línea histórica del pasado -hablando de los cigarrillos de clavo nada menos- con una del presente. Tratado con ese estilo quizá más cercano a los Grandes Relatos continentales que a la idea de serie de época británica, creo que para el público al que guste estas cosas será muy interesante. A mí me pilla un poco lejos, aunque al menos me demuestra una vez más que aunque las historias y tratamientos puedan ser más o menos locales hay muchos fondos y formatos internacionales.

Es curioso cómo puede desaprovecharse un punto de partida, pero en Mu-indoui diba (O) (CS) o 무인도의 디바 o Castaway Diva parten del clásico ‘persona en una isla desierta’ para ir justo a continuación. Una joven ha pasado 15 años en una isla desierta -confinamiento incluido- desde que se fugó de casa siendo adolescente para ir a ver a una cantante y convertirse ella en una Diva. Ya, supongo que es un uso de Diva bastante liberal. En fin. El asunto es que acabó en la isla y ahora, tantos años después, se encuentra por un lado con dos hermanos ‘periodistas’ e intentando perseguir ese sueño. Sí, no suena especialmente bien pero al menos parecía algo distinto. No lo es. Es la clásica historia romántica en la que se han embutido varios traumas por el trauma y una protagonista obstinada y blablabla. Todo demasiado pausado, demasiado recreante, demasiado dramático, demasiado tiempo. Ninguna de las historias parecen creíbles pese a que avanzan por los raíles de la cotidianidad, los actores hacen lo que se espera de ellos, sin más, y así todo el rato. Un piloto de algo más de una hora para lo que podría haber sido, como máximo, 15/20 minutos. En fin. No soy su público. Por mucho.

Por lo visto esto era un videojuego antes de ser un anime, y aunque Onimusha (O) (JP) sea de Netflix parece que tanto traqueteo con Castelvania ha servido para que aunque el estilo de la animación sea… peculiar, y la historia de para lo que da, no sea el espanto que les hemos tenido que soportar durante tanto tiempo.

Hmmm… Supongo que he visto tantas veces el centro de series como esta P.I. Meena (O) (IN) o P.I. मीना que casi ni lo registro ya. El problema es que La parte más típica -una investigadora privada se mezcla (o es mezclada) en un caso más grande que ella- no hace menos para La parte más típica pero menos -hay una conspiración con un virus por medio- y desde el inicio de la pandemia esta última me hace levantar una ceja porque me parece dar pábulo a cosas que mejor no. Total, que es efectiva como son las cosas que se han hecho mil veces, pero ni en lo primero, ni en lo segundo, ni en montar todo el caso para la temporada entera, logra gran cosa. Al menos para mí. (Y no os digo nada si la comparamos con, por ejemplo, Mai)


No esperaba yo estar escribiendo esto pero se ve que es lo que toca: Krysten Ritter es buena actriz -muy buena actriz, de hecho- pero no es Tatiana Maslany. Supongo que la parte buena es que esta Orphan Black: Echoes (USA) parece haber aprendido, al menos en su piloto, que la titanada que Maslany hacía en la serie original no era lo habitual. Es decir, no tienen más que ver lo que pasaba en su propia serie con Ari Millen. Por suerte, decía, tampoco parece que vayan a jugar a eso, y han comprendido la necesidad de un buen reparto, como tenía la original: Keeley Hawes o Avan Jogia lo hacen bastante bien. Y si bien la serie se deja bien está claramente lejos de la original. Aunque es cierto que el piloto de aquella poco tenía que ver con lo que vino detrás. Quizá también pase aquí. Supongo que le daré algunos capítulos más para ver por donde sale. Pero, de momento, es una normalita serie de acción con ecos sci-fi, que podría ser canadiense, y que ha buscado un punto de contacto mínimo -al menos, como digo, en este piloto- para todo lo que podría ser. En fin, ya veremos.

No esperaba yo que este Sinbyeongdong-edo achim-i wayo (O) (CS) o 정신병동에도 아침이 와요 o Daily Dose of Sunshine fue una serie de médicos pero, sobre todo, que estuviera centrado en la sección de psicología/psiquiatría/como-sea. Una enfermera optimista y blablabla es enviada allí desde medicina general y, a partir de ahí, tenemos una mezcla de tramas serias y cómicas -una idea muy estadounidense ejecutada con unos estilos muy surcoreanos, por cierto- en los que tenemos a una colección de médicos y pacientes, con lo que parece ese clásico de ‘caso de la jornada’ mientras otros tienen pinta de que estarán más tiempo. Supongo que a lo que más me ha recordado es a New Amsterdam, por encima de Good Doctor o Grey. Y si bien sospecho que habrá quien considere que es el equivalente a la ‘copaganda‘ de la psiquiatrización, lo cierto es que están intentando -muy claramente- convertirlo en una serie con una mirada positiva sobre el asunto, incluso aunque no dejen por ello fuera la parte dramática. De nuevo, no soy su público pero puedo ver con facilidad quién podría serlo.

Este Spooky Files (AU) es exactamente lo que parece. Una obra infantil, con muñegotes para los antagonistas, que son molestos personajes como podrían haber sido yokais o pokèmons, y lo unen con una trama ‘larga’. Se nota que el dinero es limitado, pero también que hay una intención de hacer de la necesidad virtud para convertirlo en algo solo un punto terrorífico -a ratos incluso algo powerrangersco– pero que creo que al chavalerío puede encantarle.

Es difícil hablar de esta Unicorn Academy (USA) porque tiene MUCHAS cosas que parecen relleno de garrafón, genérico de serie para chicas a las que les gustan los ponys, pero, de improviso, sueltan algo un poco más interesante, o muestran una patita de queeridad que luego esconden de nuevo. Es una pena porque esos momentos, en los que parecen inspirados por WITCH o por Mi Pequeño Pony se pierden entre los claros intentos de veces algo que permita vender unos muñequitos que no creo ni que existan.