Otra recuperación más. Llevamos una racha que al final a las series de animación le va a pasar como a los cómics y su público objetivo van a acabar siendo cuarentones. Pero bueno, vamos a centrarnos, que lo que tenemos por delante es Adventure Time: Side Quests (USA) que vuelve con un estilo de diseño y animación un-poco-distinto-pero-no-mucho. Y con una historia que recuerda a las del pasado (de hecho diría que si conoces la serie original le ves más gracia) pero también con una suerte de reflexión sobre… ¿las masculinidades? A saber. Pero bueno, que esto está aquí. Exisitiendo.

Se supone que esta Elle (USA) es una precuela de Legally Blonde. Y, sin embargo, no lo parece. Ni tiene mucho sentido. No tiene mucho sentido porque la Elle original ya vivía su viaje original en aquella primera película -que, añado, era tanto una comedia romántica como un misterio judicial- así que esto no tiene mucho sentido. Menos aún es el sentido que tiene convertir la historia en un ‘pez fuera de agua’. Pero bueno, que más que una precuela es una versión de ‘universo alternativo’, casi una especie de ucronía juvenil, y en esos parámetros… pues bueno. Es una serie juvenil agradable. Poco más. Pero tal y como estamos, tampoco es poco menos.

No sé yo si habrá tanta gente que recuerde Verano de 36, la mini en dos capítulos de los ochenta. Contando la llegada de unos obreros (como referencia de un genérico de Los Obreros, supongo) mezclándose con la gente bien de la Costa Azul. En fin, que en Francia sí que debieron tenerlo en mente y ahora llega este L’Été 36 (O)(FR) que nos cuenta lo mismo pero en largo. Entiendo que hay una intención de ir algo más allá de la serie tradicional de época, pero lo cierto es que casi parece que es para meterse en la telenovela que parar ir al drama de costumbres. Porque, ¿cómo alargas una película a serie? Pues, en este caso, metiendo un ‘misterioso asesinato’ más propio -como decía- de una telenovela que de una obra de misterio. Lo que, supongo, hace que esta serie sirva más como ejemplo de cómo han cambiado las cosas que como obra en sí. En fin, yo qué sé. Tendrá su público, pero no soy yo.

A veces uno se encuentra con una adaptación y no tiene muy claro por qué la llaman adaptación pero sí que agradece la obra nueva tanto como la original. Eso es lo que me ha pasado con Gasu Ningen (O)(JP) o ガス人間 o Human Vapor o El Hombre Vapor o…, que toma una película de los sesenta del gran Ishirô Honda para darle un giro. Tampoco voy a decir ‘un giro moderno’ -ahora hablamos de eso- pero sí un giro. Para quienes no recuerden la película original les diré 1) que la busquen y 2) que en ella Honda presentaba a un tipo inmoral que daba golpes para pagar la carrera como bailarina de su novia, por supuesto el conflicto central llegaría con/tra un investigador que le perseguiría, acompañado de una periodista. Esa historia, propia de la época y que  de alguna manera anticipa, aunque sea espiritualmente, lo que poco después sería Der Hexer en Alemania o Fantômas en Francia, con un villano superlativo -que aquí, además, tiene poderes inimaginables- y un grupo de bienhechores puestos en jaque corriendo arriba y abajo… con algún valle en el centro. Con eso en mente es fácil ver que aquí han tomado nota del punto de partida pero han optado por otro rango para convertirlo en serie. Si en aquella había atracos aquí hay asesinatos, ajustes de cuenta que dan a toda la producción -que se mueve con un tono entre un tebeo de la Fleetway y un manga de Tezuka– un mínimo esqueleto central, con algún punto más propio de… vamos a decir el Doctor Phibes, aunque aquí la venganza -que también parece bien justificada, y con un minimísimo ‘gore’ por si a alguien le preocupa aquello- busca menos una ‘temática’ que encontrar una manera de hacerlo. El villano aquí es menos operístico y más antiheróico -pero no por ello menos peligroso, claro- y entre los héroes se apuntan historias propias, que junto a esas venganzas anunciadas dejan clara -creo yo- la manera en la que se irán produciendo los distintos episodios. Así que la esencia de la película queda reflejada y, a la vez, se nos justifica una mayor duración con elementos propios de la época. Así que sí, me ha gustado el piloto de esta actualización, quién lo iba a decir.

Parece que las series de Organización Criminal nunca se terminan. En este caso, Isakapatnam (O)(IN), con un extra de hija-enfrentada-a-su-padre y al menos un par más de señores por medio. Por suerte hay algún momento algo más inspirado, al estilo indio, pero… en general no es mucho más que la enésima historia de crimen, esta vez en su variante ‘en los muelles’. Supongo que a su público le valdrá.

¿Se avergüenzan en Paramount del trabajo que hacen? Entiendo que desde que una panda de ultraderechistas se hizo con el canal empezaran los recortes y las persecuciones, y que pocos canales lo han tenido peor que BET por motivos propios y lógicos -aparentemente a los supremacistas blancos no les gusta un canal llamado Black Entertainment Television, quién podría haberlo esperado- así que este Lot Patrol (USA) se ha encontrado con un problema doble: Existir y que se pueda demostrar que lo hace. La verdad es que el punto de partida es, digamos, moderadamente sencillo. Una especie de falsumental centrado en la figura de la seguridad de unos grandes estudios, de los vigilantes -y más- del espacio propiamente dicho del estudio: Control de accesos, seguridad para cuando hay algún problema o altercado, cosas que no parecen tan complicadas pero aquí estamos. Lo hace con un estilo entre una comedia de Lugar de Trabajo y otra de Policías Polis, digamos como aproximación que es un Reno 911: Hollywood, y lo hace con lo que tiene y puede. Porque tiene un presupuesto que parece sacado de las vueltas del pan. En fi, a mí en concreto no me ha dicho gran cosa, aunque es cierto que no soy el público de casi ninguna de esas cosas. Pero los actores tratan de llevarlo adelante y el espíritu general es más el de un estival de improv con un grupo de estudiantes reaccionando que el de una serie estructurada y aburrida… Así que bueno… Espero que encuentro a su público objetivo, porque sospecho que es limitado pero lo va a disfrutar mucho.

Curiosa esta The Loyalty Game (O)(FI), hecha una vez más con el dinero que encuentras entre los almohadones del sofá, pero claramente con algo en mente. En primer lugar y centrando la idea está, sin duda, el negocio de las ‘fidelity testers’ que son ‘examinadoras de fidelidad’, mujeres en su amplísima mayoría que hacen acercamientos a hombres a ver cómo se comportan, no solo como ‘tentadoras’, también con preguntas inocentes en apariencia como ‘¿tienes pareja?’ cuya respuesta puede dibujar igual de bien el problema por delante. Y una vez que tenemos claro lo que son y cómo funcionan ya pueden establecer dos cosas, por un lado la trama general con una mujer que duda de su pareja tanto como de ella misma, está segura de que hay algo raro sucediendo… y de entrada piensa que es una infidelidad. El contexto general de la serie, cercano a las películas de Lifetime, hace suponer que puede ser desde un robo de joyas a una incapacitación para controlar una herencia, pasando por cualquier cosa. Pero está claro que algo hay. Y, detrás, recuperamos a esas examinadoras de fidelidad para ver de dónde y de cómo salen, cuáles son sus distintas motivaciones para realizar el trabajo. Así que es una lástima que no tengan unos medios mayores o una mayor confianza en lo que están haciendo, porque la vertiente camp del asunto pasa del melodrama a lo telenovelesco y de ahí a puntos casi paródicos, que no es lo peor que le puede pasar a una serie, pero que demuestra que hay una serie mejor ahí dentro, pero a la que los medios disponibles impide brillas como una pulida podría haber hecho que brillara.

No muy original, me temo, pero sí sólida. Esta Ms. X (NZ) nos mete en terrenos más que transitados. Una mujer empieza a notar cosas extrañas en su marido, acaba contratando a un antiguo conocido con el que se ha reencontrando para que investigue lo que pasa, lo que sigue es una muerte incluso más sospechosa y todo un obvio entramado que, por supuesto, se mezclan con los problemas habituales de una persona de clase media: las asociaciones de vecinos, los hijos, el dinero… esas cosas. Por supuesto con cierto tono de comedia. Pero, como decía, tiene suficiente solidez, y gracia, como para que la historia tenga un cierto interés. Que no es mala cosa, la verdad.

Hay cosas que no deberían de funcionar y, sin embargo, lo hacen. Eso es lo que me ha sucedido con Pritam and Pedro (O)(IN), una comedia policial sin mucho sentido pero con mucha coherencia, que tiene toda la pinta de que debería de haber sido algo como una película y ha acabado en una serie bastante peculiar. Y eso que contada no podría parecer más ramplona: Un policía experimentado cruza su camino con un joven (bueno, en la parte alta de sus veintes) con conocimientos informáticos. A partir de ahí, entre temas serios y cómicos, la extraña pareja se va encontrando con distintas historias que resolver mientras, de fondo, vamos conociendo más sus contextos. Como digo, bastante ramplón de entrada. También hace desconfiar el saber que es una producción que Rajkumar Hirani ha puesto en marcha para que protagonice su hijo Vir, incluso aunque hayan buscado a Arshad Warsi como el compañero maduro para darle algo más de empaque. Pero resulta que funciona. Y lo hace porque aunque la relación funciona de manera más o menos sencilla entre ellos… no es una relación típica. Se llevan razonablemente bien, sin más, y el resto tienen que ir creándolo, tanto el respeto como el afecto. Pero lo importante aquí no es tanto esa relación central sino la forma de contar… todo, tanto por las ideas como por las maneras. Es decir, se nos presentan asuntos criminales de maneras muy variadas, con ese punto de humor pero también de drama, y con una cierta querencia porque sean chocantes. Igual que chocantes son las maneras en las que se nos va presentando a estos personajes centrales y sus contextos, y también a varios segundarios. O la decisión de que la acción transcurra en Goa, con multitud de nombres y apellidos que muestran la colonización portuguesa de la zona -incluyendo el catolicismo más o menos adaptado- y le permiten apartarse por tanto del nacionalismo hindú imperante ahora mismo en el país. Además de eso la forma de contarlo hace que no se presenten principios y finales cerrados. Como si estuviéramos en Canción triste de Hill Street, un capítulo puede acabar no en un cliffhanger sino a mitad de una acción. En medio de un caso y dejando con ganas de saber cómo continúa el asunto. Una decisión en el mejor de los casos arriesgada, que reconozco que me sorprendió durante el piloto. Pero que siendo capítulos de -menos mal- alrededor de media hora sirven para que tires a por el siguiente. Y que, si te paras a pensar, hayas visto resoluciones y eventos durante el mismo. Simplemente llega ese final de la media hora y, como si fuera una película troceada por la publicidad, cortan ahí. Todo en su conjunto me lleva no solo a alabar una obra que es capaz de buscarle las vueltas a sus problemas obvios, incluso a esos momentos que parecen salir de rutinas cómicas ya con una cierta edad -sobre todo los relacionados con poner a un poli de la vieja escuela al mando de la sección de delitos informáticos- y que acaban sirviendo menos de chiste que de caracterización. No esperaba yo nada de esta serie, y aquí me tiene esperando que la renueven.

No tengo yo muy claro qué pretendían con Super Subbu (O)(IN), porque todo lo que presenta es propio de comedieta setentera. Es cierto que la situación en India es propia de los años de Reagan en USA, con un nacionalismo religioso y represivo permeando toda al cultura. Así que entiendo que una serie como esta, protagonizada por un tipo dominado por su padre hasta el punto de que a sus 32 años sigue el camino que él le ha marcado y no ha llegado ni a tener pareja o relaciones de cualquier tipo, en clara colisión con el tema central de la serie -cómo la enseñanza de la educación sexual es necesaria pese a lo que los más retrógrados piensen- van a intentar si no chocar sí al menos mitigar ese malestar. No creo que lo logre. En parte porque cuando esto se hacía en los años setenta era en gran parte desde un intento de comedieta sexual que poco o mal aportaba fuera de la demostración de que ‘los tiempos estaban cambiando’. Y en India están cambiando para mal, no para bien. Por otro lado, porque todo el episodio, cuan largo es, se centra en establecer esa premisa de que ese pobre desgraciado va a ser enviado a un pueblo retrógrado a dar esa clase pese a no ser ni su área de conocimientos académicos ni, desde luego, vitales. Incluso los chistes recurrentes casi bruguerianos, con el profesor de turno siendo linchado y atado a un árbol por la muchedumbre furiosa, demuestran una cierta pesadez al contarse que, sinceramente, debería de ser lo último. Así que, como veis, me temo que estamos lejos no ya de Sex Education sino, desde luego, incluso de Gram Chikitsalay y todas esas comedias cercanas que han ido aflorando en India en los últimos años.