Si ya Juegos Sagrados pasó con más pena que gloria es difícil saber qué esperaba Netflix con Ghoul (O) (IN). ¿En qué cabeza cabe mandar a Jason Blum y su equipo a montar una serie / miniserie de terror? La industria india -en sus múltiples secciones y niveles- lleva produciendo ficción durante décadas, que decidan que de su segunda serie se ocupe Patrick Graham de dirigir y guionizar dice más de lo poco que se fían de ellos antes que de lo que puedan aportar el Equipo Blumhouse. Que, por cierto, tampoco es demasiado. Dicen que “I wanted to take a monster from mythology that hasn’t been seen before» que es una forma enternecedora de demostrar ignorancia en el tema. Sobre todo si lo que después vas a hacer es una suerte de La Cosa en una prisión India en un futuro distópico en el que hay una especie de Ley Islámica Loca. Loca porque parece que el responsable no sabe dónde está La India o cuales son las diferencias entre esta y Paquistán. O mil cosas más, la ambientación es otro de los fallos de la serie. Así que al final sólo que da una suerte de drama carcelario sin muchos pies o cabeza, un melodrama familiar más forzado que en un capítulo de 24 y la parte de terror que, no siendo muy original, es donde demuestran tablas. En fin. Otra oportunidad perdida. A ver si para la próxima.

La otra novedad de Netflix es incluso más psé aún. The Innocents (USA) puede sonar a un Paranormal Romance adolescente de Changeling pero lo cierto es que logra ser bastante rutinario, aburrido incluso. Pero supongo que si lo que apetece ver es una colección de clichés… Psé.

Seguimos con las cosas reguleras en esta Rob Riggle’s Ski Master Academy (USA). Una serie que promete más aprovechar los contactos del cómico que ofrecer algo distinto. De hecho, lo más notable de esta obra es que la esté emitiendo Crackle en lugar de CC. Supongo que será porque así nos acordamos de cuando en cuando de que existen.

El acuerdo entre los productores de Barrio Sésamo y la HBO va dando sus frutos poco a poco, en este caso con Esme & Roy (USA/ CA), una serie de animación en la que una niña y un monstruo tienen montado un servicio de canguros de monstruos. A partir de ahí aventuras, conocimiento y divulgación. Lo de siempre, vaya. Pero bien hecho, que es lo que importa.


La idea de Bite Club (AU) no era mala. O no del todo. Bueno, un poco sí. En fin. Un par de detectives que sobrevivieron al ataque de un tiburón y eran pareja y ahora ya no y vuelven a trabajar y hay un asesino en serie que puedes deducir a los tres minutos y… en fin, no sé qué es lo que quieren. Es decir, sí. Una serie de detectives con algo especial entre ellos y un arco de asesino en serie. Bueno, si no quieres algo más puede servir. Supongo.

Hablando de cosas que no acaban de funcionar. Disenchantment (USA) es una serie que llega tarde. Es decir, parece la versión actualizada de Futurama pero con el Medieval Inventado. Esto no tendría por qué ser malo -antes al contrario- de no ser porque parece hecho -sobre todo los primeros capítulos- con el automático, incluyendo la creación, definición y establecimiento de personajes que llevan Lo Cliché hasta extremos locos. Y porque en los últimos años hemos tenido series que han hecho esa reformulación más o menos cómica del Medieval Inventado, de Galavant a buena parte de la trama principal de Star vs. the Forces of Evil, por poner dos. Pero no es que la serie sea mala, no hay más que compararla con ese espanto de The Hollows, es que está en ese espacio gris de algo que podría ser mejor y que, por fama, debería de serlo. El mar de la mediocridad que es precisamente lo que ofrecen los primeros episodios. Podría ser peor, o mejor, pero es lo que tenemos.

No deja de sorprenderme la de vidas que tiene Web Therapy. La última en una versión inglesa, Hang Ups (UK), protagonizada por Stephen Mangan y con un buen reparto de secundarios -como Katherine Parkinson o Charles Dance– que unir a, como siempre, los invitados especiales que aparecen como pacientes. No hay ninguna mejora respecto al formato – es decir, habla mucho más de la vida privada, y mete más secundarios, pero eso no significa que la serie mejore por ello- y, en general, depende más de las ganas que tengas de ver a esos actores ingleses. Porque la serie en sí… bueno, eso, lo de siempre.

Las iniciativas formativas -por llamarlas de alguna manera- de la televisión inglesa son siempre curiosas de ver. Por ejemplo, esta serie de tres historias organizadas de manera más o menos independiente -lo de siempre, con una unidad temática y blablabla – con el título de On The Edge (UK) pensadas para darle una oportunidad a jóvenes guionistas (Georgia ChristouJanice Okoh y Rose Lewenstein) y directores (Anwar Boulifa, Stella Corradi y Dionne Edwards) en historias cortas que cuentan también en este formato ‘breve’ las historias de gente igualmente joven. Hay, por supuesto, momentos en los que se nota esa falta de experiencia, pero se suplen con la fuerza que ofrecen. Y es que, a veces, son estas iniciativas las que hacen interesante seguir viendo pilotos.


Supongo que sería fácil meterse con All about the Washingtons (USA), es una comedieta facilona que sigue los básicos de la sitcom y se apoya en que su protagonista -o protagonistas- venían de hacer un reality sobre su vida doméstica. Porque son famosos, aunque aquí interpreten versiones ‘ficticias’ de su persona. Joey Simmon es (¿era?) el Rev Run de Run-D.M.C. aunque aquí se suponga que su ‘persona’ era DJ Joey Speed. Su mujer Justine sigue siendo su mujer Justine, aunque aquí sea la mujer de alguien distinto. O algo así. Pero, mira, para la semana que han tenido esto es casi lo de menos, la verdad. Un genérico, vale, pero podría haber sido peor.

Sobre todo porque muchas veces no se dan cuenta de lo que hacen, no se han dado cuenta en la nueva temporada de Voltron, no se lo dieron en La Casa de las Flores (O) (M) con el papel de Paco León. E incluso dejando de lado eso, la creación telenovelera a mayor gloria de Verónica Castro lo mejor que puede decir a su favor es, precisamente, que está Verónica Castro en ella. Quizá sea parte de la intención de la compañía de recuperar ahora los noventas, porque lo que más tiene esta serie es un aspecto de antiguo queriendo ser nuevo, de tratar cosas como si fuera revolucionario de esa manera que se hacía hace un par de décadas. Cecilia Suárez se merecía algo mejor, la verdad.

Oportunidad perdida en The Lodge 49 (USA), la única de las novedades de esta semana que no es de Netflix, sino de AMC, por cierto. La intención se supone que es la de hacer una serie en un universo Pynchoniano pero lo cierto es que hay casi más de El Nota. O, al menos, de la forma en la que los Coen crearon su particular universo. No descarto que porque la historia de The Crying of Lot 49 puede parecer caótica cuando en realidad está bastante cohesionada, o porque la protagonista de la misma es una mujer de menos de treinta años, y si bien el showrunner de turno -el desconocido Jim Gavin, que tiene que agradecer a Paul Giamatti que haya servido como productor y valedor de la misma- ha dicho que era sobre todo una inspiración para ellos parece que no tenían muy claro cómo reflejarlo. El irregular resultado, demasiado genérico como para parece bien o mal, acaba siendo lo peor que se puede decir de él, un producto que parece más un reflejo de algo conocido que una creación con entidad propia.

En cuanto a Insatiable (USA), supongo que habréis escuchado todos historias de lo horrorosa que es. Bues bien: sí. Es una historia fallida en fondo y forma, puede tener buena intención -cosas más raras se han visto- tanto como lo pueden tener esas señoras enjoyadas que pretenden hacer la caridad. Es decir, puede tener tan buenas intenciones como la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera pero los resultados, ¡oh, los resultados! Para el minuto 7 tenemos a un pobre señor destruido por las falsas acusaciones de las mujeres -en general las mujeres son las villanas de esta serie, qué vamos a hacerle- y toda la historia de la protagonista es un error tas otro, especialmente tras haberse emitido este mismo año series como Dietland o, si retrocedemos un lustro, My Mad Fat Diary, así que escuchar a la creadora quejándose de las críticas y los ataques sirve solo para entender a quién le pudo parecer una buena idea la adaptación televisiva de Heathers. Lástima que esta tenga un canal de difusión tan importante que probablemente les importe menos estar haciendo una serie espantosa a varios niveles que los visionados que tanta bronca les vaya a traer. ¡Es el capitalismo!

Por suerte no todo lo que Netflix ha sacado estos días es flojo. O espantoso. También hay creaciones como On Children (O) (Tw), antología que yo diría de horror o, cuanto menos, de congoja, que quizá pueda ser categorizada en fantástico -y que seguro que habrá quien meta en el blackmirrorismo porque ahora toca eso como antes era el dimensióndesconocidismo- , desde la parte scifi o el horror usando las relaciones entre padres e hijos -o la vida de estos últimos, muchas veces estudiantes o, mejor dicho, usando un cierto horror estudiantil más que comprensible- para construir esa tensión. Son sólo unos pocos episodios y, como siempre, hay ideas conocidas y mejoras posibles en la producción… ¡Pero al menos esta se puede recomendar sin problemas!


Los británicos han aprovechado agosto para poner un melodrama, Age Before Beauty (UK), y no me extraña. Porque la idea detrás no es mala, y el reparto hace lo que puede por sacarla adelante. Pero el guión hace poco por ayudarles. Con una colección de tópicos a la que no se da una vuelta, y en la que es difícil saber hasta que punto se está intentando la sátira, hasta que el giro final del piloto nos lleva a sospechar que posiblemente ellos tampoco tienen muy claro qué quieren hacer. Y es extraño, porque Debbie Horsfield no suele ser tan laxa con sus series. Le echaré la culpa a Poldark. Pero comparar esta con Cutting It señala más el tiempo pasado -y, quizá, las ganas de regresar a un territorio conocido, como su protagonista- y la falta de una dirección. Por suerte, contar con un reparto como este, con Kelly Harrison pasándoselo en grande, Polly Walker ejerciendo de algo así como protagonista, Sue Johnston está brillante como la matriarca (y su ‘novio’ torero, al que llaman Hector pese a estar interpretada por Richard Calkin) y, en fin, el buen reparto es lo que hace que no naufrague. Podemos seguir viéndolo a ver cómo evoluciona, porque quizá todo esto sea un asunto de rodaje.

Es tan obvio que los creadores de Making It (USA) han visto The Great British Bake Off que no puede más que sorprenderme que, además, no se hayan fijado. La idea de hacer un concurso buenrollero y creativo metiendo a la gente en una ‘tienda’ en mitad del campo es un buen incio, los presentadores haciendo observaciones humorísticas es otro, y está claro que Poehler y Offerman tienen química. A partir de aquí todo son peros. Los jueces trasmiten muy poco saber lo que están haciendo, más que gente capaz de competir y ganar parecen críticos que opinan desde fuera, incluida una estúpida decisión porque lo importante es que se hagan cosas ‘originales’ en lugar del clásico acercamiento: Si haces algo original estás corriendo un riesgo así que si es un clásico/sencillo más vale que salga bien. ¡Si sale bien da lo mismo que no sea muy ‘original’! De hecho, Offerman es el único que se comporta como debería hacerlo un juez. Eso incluye la incapacidad para hacer una crítica constructiva y, sobre todo, hacerlo a tiempo. Pero eso tiene que ver con uno de los grandes problemas: Es un programa concurso de manualidades en las que lo único que tienen en común los concursantes es el tema central. Unos hacen madera, otros fieltro.. y, claro, eso hace imposible que exista esa prueba central técnica niveladora del GBBO. En su lugar han montado una segunda prueba doble que se queda muy lejos de la espectacularidad de cualquier showstopper y, de nuevo, demuestra cómo Offerman se preocupa más de aconsejar -¡Poehler no puede, no sabe!-  Y está bien que sea así, pero lo lógico sería que LOS JUECES opinaran en aquella parte. Sobre todo cuando llegan con alguna opinión rozando lo estúpido (No me gusta el color que has elegido) que se podría haber evitado si hubieran pasado por la zona de construcción en algún momento. Porque el resultado final que se ofrece es que hay gente que ha estado trabajando durante muchísimo tiempo para hacer algo que da igual cómo le haya salido, estaba condenado de entrada. ¿Alguien se imagina que en un concurso de cocina se quejaran de que no les gusta un alimento y, por tanto, el resultado es malo? Pues algo así es lo que pasa. En fin, una oportunidad perdida y una auténtica lástima que lo único que demuestra es que el formato de GBBO estaba muy bien pensando.

Es difícil hablar de Random Acts of Flyness (USA) de Terence Nance porque lo más importante de su título es lo random. Hay cierta… si no aleatoriedad sí que intención de hacer algo extraño… que por un lado lo hace más interesante pero por el otro desconecta las distintas secciones. No creo que de este piloto tenga mucho problema en hacerse conocido el segmento con Jon Hamm. Pero el resto, habiéndolos mejores y peores, veo más difícil que encuentren un público teniendo en cuenta que no se ajustan igual de bien -o de fácil- a una categoría. Y eso, francamente, me parece un elogio al programa tanto como una temeridad. Confío en que sigan produciendo obras más o menos humorísticas, sociales, raciales y todos esos etcétera… pero creo que el simple hecho de que se haya llegado a estrenar el piloto -no digamos ya que lo hayan puesto en abierto- es un triunfo.

Cuando se publicó el manga en España se llamó El patito feo que surcó los cielos, ahora que Netflix estrena la adaptación que han realizado a mini ha pasado a llamarse Switched (O) (J). El resultado es similar, por supuesto, aunque aquí parece que la maldad intrínseca en la ‘fea’ que tras ese cambio ha acabado en el cuerpo de la ‘guapa’ es mayor aún. Supongo que habrá vueltas, tramas y redenciones, pero lo cierto es que la historia parece básica -la belleza está en el bliblibli- y maniquea hasta la locura. Pero, en fin, supongo que es lo que Netflix buscaba.


¡Libros que Llegan! Chmakova, «Las puertas de la nada», Dima y más

¡Y aquí estamos de nuevo! A punto de terminar el mes porque, lento pero seguro, han ido llegando las novedades del post-Celsius. Ahora sí que sí que se ha acabado esto -hasta finales de Agosto, supongo- vamos con una especie de cierre de la temporada con esos últimos libros llegados. Es decir:

¡Que entre la pila!

Raritos de Svetlana Chmakova, ed. Montena

Que gran época de cómic para chavales estamos viviendo. Cierto es que quizá este formato libro no sea el mejor para reproducir cómic, o que el estilo de la autora parece muy sencillo, pero eso y todo es poco comparado con la historia de personas, pertenencias, grupos, relaciones y el complejo y alambicado estado del colegio y sus clubes. Un gran cómic sobre la amistad, la integración y la divulgación. Comprar.

Micosis de Enerio Dima, ed. Cerbero

Últimamente la colección de terror de Cerbero está mostrando por dónde se puede tirar con toda la fuerza reciente que está consiguiendo el género. Por ejemplo, con esta obra en la que se mezclan varias posibilidades angustiosas empezando por la más real, la vida de una mujer que sufre el mundo actual por su situación y posición. A partir de ahí todo se complica, pero es esa primera angustia la que cimenta todas las demás que vienen. Y la que hace que la obra impacte más. Comprar.

Las puertas de la nada de Corinne Duyvis, ed. La Estrella Azul

Es curioso cómo funcionan las cosas. Un colectivo que apoya y difunde información sobre el autismo se pone a publicar cosas. Acaba editando también ficción. Y gracias a ellos acaba llegando esta obra. Una novela sobre opciones ante el apocalipsis, sobre la validación interna y externa y sobre la familia. Parece difícil explicar esta obra al lector que llegue a ella por casualidad y, sin embargo, es uno de los grandes descubrimientos de este Celsius. Comprar.

Árboles de Piotr Socha, ed. Maeva

Si os gustó el álbum ilustrado del autor que dedicó a las abejas ya sabéis lo que podéis encontrar en este de árboles. Y si no lo conocéis pero os apetece conocer más sobre los árboles, sus tipos, su crecimiento, su importancia histórica, etc… ¡Ni lo dudéis! Pocas veces la divulgación se entremezcla tan bien con la ilustración. Comprar.

Chicas como nosotras de Dana Mele, ed. Puck

Adolescentes, asesinatos, gente popular con secretos en el armario y lo que la popularidad crea y destruye en un instituto. Mi tipo de thriller juvenil, así que hay que aprovechar mientras sigan saliendo. Comprar.

Porno Religioso Improvisado de Laura Lee Bahr, ed. Orciny Press

Orciny ha traído novedades como la antología Monstruos Bizarros, pero posiblemente lo más destacado de sus última apariciones fue esta obra peculiar de Laura Lee Bahr, la autora a la que ya conocimos en Fantasma, que ahora se acerca a una obra con sectas, criaturas de la noche y, peor aún, producción de cine independiente en Hollywood. ¡El tipo de cosa que le ha convertido en un nombre a seguir! Comprar.

Bestias de la noche de Tochi Onyebuchi, ed. Gran Travesía

Muchas son las posibilidades de la fantasía épica. Por ejemplo, la gestión de la culpa. Culpa encarnada en bestias nacidas del pecado y la magia que sólo unos pocos pueden destruir asumiéndolas tanto en su piel como en su cabeza. Y, a partir de ahí, intrigas cortesanas, enfrentamientos, magia y todo el resto del pack. Comprar.

La compañía amable de Rocío Vega, ed. Cerbero

Probablemente el mayor éxito de este Celsius, tanto en ventas como en hype, fuera esta obra de fantasía épica y, sobre todo, amistad entre mujeres. La sororidad es lo que lo hace distinto. Y eso ha logrado convertirla en una obra tan reclamada como difundida al llegar ahora a su versión impresa. Comprar.

Una verdad oculta de Ann Cleeves, ed. Maeva

¡Ha vuelto Vera! Le ha costado, le ha costado por lo menos que la emitan en televisión y, quizá, el público preste algo más de atención a esta extraña policía, tan poco convencional como efectiva, que resuelve los delitos en pueblecitos británicos y nos permite recrearnos en una gran misterio de campo británico. Comprar.

La gloria de Egipto de Lily Adams Beck, ed. Razas Perdidas 

Siguen apareciendo editoriales como de la nada, la última de ellas estas Razas Perdidas que parecen tan ignotas como sus libros seleccionados para el inicio: El Dios Amarillo de H. R. Haggard, la próxima aparición de La fuente del fin del mundo de William Morris y esta que nos ocupa. Elizabeth Louisa Moresby fue una autora especializada en distintas versiones de lo oculto, incluyendo la teosofía o las aventuras de detectives de lo sobrenatural. Aquí tenemos espirutalismo, personas con extraños talentos y aventuras más o menos remotas. Un día completo, vaya. Comprar.

Todos los pájaros del cielo de Charlie Jane Anders, ed. Insólita

La magia y la ciencia como dos opciones distintas de una misma fuente, la idea de ser dejado de nado y de ser reencontrado y la posibilidad de intentar que las cosas -incluso a gran escala- vayan a mejor. Todo eso, y alguna cosa más, espera a los que se animen con la última de las novedades del fantástico que traemos hoy. Comprar.

¿Quién cree qué? de Anna Wills y Nora Tomm, ed. Maeva

Puestos a enseñar religión a los pequeños mejor hacerlo desde una perspectiva histórica y comparada que resuma e ilustre -muy bien ilustrado, como es habitual en la colección- las distintas posibilidades de, al menos en este volumen, algunas de las más importantes y populares de occidente. Comprar.

Look! Dr. Buenavista de Enric Jardí Soler, ed. Combel

¡Ilusiones ópticas! Variadas, originales y, sobre todo, explicadas. Para que cualquier lector por joven que sea pueda acercarse a estas páginas, comprobarlo en directo y discutirlo con adultos o amigos o amigos adultos. Comprar.

El dragón Albert de Rosemary Weir con ilustraciones de Quentin Blake, ed. Maeva

Un cuento de corte clásico con uno de los ilustradores más clásicos que pudiera encontrarse, todo perfecto para una historia agradable y divertida que casi parece de otra época. Comprar.

Todo lo que sé de la caca de Jaume Copons y Mercè Galí, ed. Combel

¿Y qué mejor manera de terminar que por el final? Un álbum sobre la caca, con todas esas historias a su alrededor que tanto han hecho siempre por el periodo más escatológico de los más pequeños. Y por dos autores de solvencia, además. Comprar.

Ahora sí que sí, hasta aquí hemos llegado en esta parte del año. Ya podemos ir haciendo acopio de fuerzas para todo lo que llegará con la famosa rentrée de Septiembre. Hasta entonces y mientras tanto, aprovechad para leer todo esto que ha ido saliendo esta semana -y las anteriores- que yo os voy diciendo lo de siempre: ¡Nos leemos!


No me ha convencido demasiado este Castle Rock (USA). No tengo muy claro que es lo que quieren contar y, la verdad, tampoco me da la sensación de que ellos lo quieran. Hay muchas referencias y guiños a los habituales de King, sin duda, pero en una trama tan desdibujada como la que se presenta en sus primeros capítulos hacen más por distraer esperando algún giro al respecto que por lograr ofrecer una trama. No quiero saber los que lleguen de nuevas. Sobre todo porque la presentación de personajes y situaciones en el piloto resulta especialmente difusa. más interesada en establecer un tono que en contar una historia llega un momento en el que te planteas si merece la pena seguir adelante. Quiero creer que sí, que es simplemente un problema de decisiones que una vez haya puesto a los actores -que hacen lo que pueden con lo que tienen, sobre todo algunos como Bill Skarsgård, que no queda claro si está ligado a su personaje de IT o si, simplemente, no le han dado indicación alguna sobre su personaje más allá de que procure mostrarse tan comunicativo como una berenjena- a funcionar acabará saliendo algo decente. Quizá incluso bueno. Pero, la verdad, la voy a continuar ‘por ser vos quien sois’ porque esto tiene bastante peor pinta que Dead of Summer. Ya veremos.

No diré que Cupcake & Dino: General Services (USA) me haya gustado, pero sí puedo aseguraros que para los desastres que suelen ser las series de Netflix para chavales esta es aceptable. Se me ocurren, por supuesto, muchas cosas que decir de ella que no son exactamente buenas, pero supongo que si alguien busca un híbrido entre Historias corrientes y Gumball pero no quiere que sea mejor que ninguna de ellas, entonces es la serie que estaba buscando.

Más que curiosa la australiana Dead Lucky (AU), un policíaco al estilo inglés que lleva una línea principal y otras secundarias. Por supuesto parte del éxito corresponderá a si sus actores principales Rachel Griffiths -que está estupenda en el habitual papel británico de inspectora abrasiva con problemas pero dedicada a su trabajo- y Yoson An desarrollan algún tipo de química. La historia está bien, sin más, como la producción, pero estas cosas las mueven los personajes, y ya pueden ir dándose prisa, porque los secundarios pueden ir cambiando pero los policías… no.

Algo parecido ocurre con Rise of the Teenage Mutant Ninja Turtles (USA), hay buenas ideas junto a malas realizaciones, momentos que parecen muy forzados, ideas interesantes que parecen estar ahí para dar un ejemplo de lo que seguirá. En general, una obra que quizá cuando lleve una temporada estará más pulida pero que, de salida, más que un piloto tiene un batiburrillo de elecciones buenas y malas. Con un poco de suerte irá a mejor, pero de momento lo que hay es caos. Que, dentro de lo malo, es algo aceptable. A ver cómo sigue.