Lo iZombie

Terminada la semana pasada la primera temporada de iZombie, parece el momento adecuado para considerarla como un todo. No solo la parte que se nos ofrecía en sus inicios o ese final estupendo del otro día, sino el discurso y las partes porque, como otras tantas series, esta ronda inicial ha tenido problemas para ponerse en marcha y fricciones diversas.

Porque el juego que trata de poner en marcha es complicado, por un lado un misterio de la semana que cargue con la parte policíaca de la historia y que permite aprovechar las especiales características de la protagonista, por el otro, una trama que vaya explicando la situación de los zombies. Pero quizá conviene explicar un poco más la serie: iZombie trata sobre la doctora Olivia Liv Moore que tras un accidente pasó a ser un zombie. Cuando la conocemos -tras un brevísimo prólogo- trabaja como forense en su Seattle natal, aprovechando su empleo para proveerse de los cerebros que necesita para sobrevivir. Porque, y este es el primer asunto, si consume cerebros en una base regular puede seguir funcionando como una persona normal. Solo la delata la total falta de coloración de su cuerpo y un latido mucho más bajo. Por lo demás, se encuentra con contratiempos como que las uñas le crecen más rápido, o que tiene atrofiado el gusto, pero eso no es lo más relevante de su nueva situación zombie. Lo más relevante es que al ingerir esos cerebros de muertos recientes asume algunas de sus caracetrísticas y puede tener breves visiones de sus recuerdos, sobre todo de los más recientes. De ahí su uso para resolver esos crímenes, tras convencer a uno de los policías de la ciudad de que es medium y tiene visiones.

El problema es que ese truco es inevitablemente limitado. Frente al de Pushing Daisies de resucitar a los muertos,  el de Psych de tener falsas visiones o el de Medium de tenerlas auténticas aquí no existen muchas posibilidades alternativa a Muerto->Cerebros->Investigación de asesinato. No solo eso, exige además una capacidad interpretativa de la que su protagonista, Rose McIver, no anda precisamente sobrada. Cierto es que exigir la versatilidad de una Tatiana Maslany parece injusto, pero es que aquí estamos más lejos de los registros de Kristen Bell y sus falsos acentos y más cerca de los de Sarah Michelle Gellar, interpretando a dos gemelas en Ringer sin ser creíble ni en las escenas conjuntas. Aunque quizá el problema principal de la serie es la forma de conjugar las dos tramas.

Las dos series que sirven como referente a iZombie son Veronica Mars y Buffy. El caso de la primera es más claro dado que comparten un creador, Rob Thomas, además del hecho de que la otra creadora de la serie, Diane Ruggiero-Wright, fuera guionista de las aventuras de la detective de Neptune durante años, y la cadena que acabaría siendo su hogar final, la CW, aunque es cierto es que esta cadena saldría de la unión de la UPN (que emitió sus primeras temporadas) y la Warner (que emitió las últimas de Buffy) de modo que esa podría ser la conexión. Pero, por encima de ello, lo que toma de la segunda sobre la primera es la idea de unos bajos fondos sobrenaturales. Sí, en ambos casos existe una intencionalidad para crear un universo propio con referentes -y personajes- recurrentes, pero en el segundo hay, además, seres mágicos. Es difícil decidir si la divergencia principal entre las dos series, que en una sea un universo milenario y establecido mientras que en la otra parezca estar creándose en ese momento- es realmente un fallo, una muestra de los problemas para aceptar colocar al espectador en una premisa sobrenatural desde el primer instante, o bien un acierto, la oportunidad de mostrar cómo se crean esos tejidos que -al contrario de los superhéroicos- suelen mostrarse como ya creados.

Entramos aquí ya en un asunto que podría resultar destripe para quienes no hayan visto aún la serie. Les recomiendo, por tanto, que la vean antes de continuar o asuman que habrá cosas que podrían preferir no saber antes de verla.

Esta es una de las principales diferencias entre el cómic que lo inspira y la serie. No es hablar a la ligera dado que entre ambas casi no hay parecidos. El personaje central del cómic se llama Gwen Dylan, es enterradora, tiene una relación peculiar con estos muertos para los que realiza últimas voluntades o intenta descubrir la causa de su muerte, pero, sobre todo, vive en un mundo diferente. Un mundo en el que existen muchos seres fantásticos. Fantasmas, momias, criaturas, vampiros o were-terriers, todo es posible -y casi aceptado- allí. Precisamente este reparto mágico, que es la mayoría del reparto secundario de la serie, se pierde en su paso a televisión. Curiosamente también desaparecen las muestras de diversidad sexual -que no racial, algo es algo- del cómic. Pero, claro, Thomas aprovecha para crear su propia serie y echarle la culpa no tanto al -limitado- dinero de los efectos especiales como a la existencia de True Blood. Yo tampoco lo puedo entender más que de esa idea de construir una mitología desde el inicio.

Algo que puede tener que ver con los actores envueltos. La protagonista es, como decía antes, de recursos limitados. Su exnovio no va mucho más allá. El policía junto al que resuelve los casos -sí, en la tele necesita un policía, eso sí que no era de esperar del creador del Sheriff Lamb– no solo es el peor policía de la ciudad sino que es poco menos que un muro para resolver casos. Su familia es unidimensional hasta el punto de que de una aparición a otra pueden pasar varios capítulos sin que les importe la falta de sentido temporal, y su mejor amiga y compañera de piso es… en fin. De modo que solo su jefe-compañero-investigador de Lo Zombie y el GranMalo ponen algo de interés al elenco habitual.

En el caso de su jefe, el Dr. Ravi Chakrabarti, el motivo es fundamentalmente la gran interpretación que Rahul Kohli hace con lo poco que le dan.  En la de Blaine DeBeers, el gran villano de esta temporada, se une el interés del personaje con el buen hacer del actor David Anders, logrando componer al personaje más memorable de la serie. Precisamente el cerebro que va creando ese imperio criminal poco a poco. Algo que influye también en el problema que se invierte durante el desarrollo de la misma. De ser una serie de investigación con un toque fantástico en la que se mete con calzador las historias zombies de Liv o Blaine pasamos a una historia de fantasía urbana interrumpida inevitablemente por un caso de la semana que, además, repite una y otra vez el mismo esquema. Hasta que no llegamos a los últimos capítulos, en los que se entremezclan ambos y se prepara la próxima temporada con la aparición de un nuevo villano a manos del gran Steven Weber, la serie parece estar torpe al intentar conjugar ambas partes de la serie. Algo especialmente sorprendente teniendo Veronica Mars como referente, al menos hasta que ellos mismos reconocen que le dedican menos tiempo a la trama de misterio.

Esperemos que para la siguiente temporada hayan logrado armarlo de nuevo para que ambas cosas se conjunten porque el potencial está claro, cuando logran hacerla funcionar es realmente interesante y, aunque Thomas crea que los villanos que pasan al bando de los héroes es algo que se ha inventado ahora -¿cómo pueden inspirarse en Buffy y olvidar a Spike con lo mucho que lo canalizan? Otro misterio- el juego a tres bandas y esperemos que pronto más suena mucho más interesante que la trama de un posible antídoto que tiene incluso menos futuro que el de Las Tortugas Ninjas o tantas posibilidades como las de que El Fugitivo pillara al Hombre Manco.

Por suerte al margen de esto Thomas y Ruggiero-Wright nos dejan algunos ejemplos de su buen hacer en los fuertes paralelismos con su trabajo anterior. Si en los inicios de la temporada se nos dejaba caer que la imagen del zombie clásico y su finalidad como metáfora estaban superados ante el avance de la historia, poco a poco se nos va creando una situación metafórica nueva.

Los Zombies son Los Poderosos, los clientes adinerados de Blaine, esa clase a la que Liv pertenece de forma reticente y que se muestra cuando su madre compra en la boutique gastronómica de Blaine -porque solo Los Ricos se pueden permitir ese tipo de alimentación- y que tuvo su origen en una fiesta en un barco, una fiesta desmadrada por las drogas y el alcohol -al final sospecharé que Thomas tiene una fijación tras Veronica Mars, Party Down y ahora esto- que acabó con ella convertida en lo que es ahora y unida a un grupo que se nutre de la gente corriente. Es cierto que ella procura que esa nutrición tenga su impacto positivo en la comunidad, como si fuera la aproximación del Limousine liberal, mientras que el resto simplemente se alimenta sin pensar en la cantidad de niños sin hogar que están consumiendo. No solo eso, su corrupción zombie alcanza todas las ramas incluida la policía -aunque se nos trate de vender esa idea de Suzuki como alguien que fue un buen policía hasta que fue zombificado, algo fallido probablemente por los problemas para contar las historias y los frecuentes tijeretazos que se dan- permitiendo a los zombies manejar a sus anchas como si de los seres de Están vivos o de Society se tratara. Situación esta que permite que incluso músicos populares dentro de su universo como Lowell Tracy (un buen Bradley James) sean parte de esos zombies mientras puedan evitar pensar en aquello de lo que se nutren.  Por eso la empresa de Blaine tiene que zombificar a sus trabajadores para que sean útiles.

Veremos cómo evoluciona el símil cuando entre Weber en la trama, con su empresa amoral dispuesta tanto a vender productos que te zombifican como a quitarse las molestias zombies de por medio. Veremos también si se traza alguna línea entre su empresa y la fiesta, quizá en forma de oculto patrocinio de pruebas. En cualquier caso, tendremos que esperar a la próxima temporada para ello. Esperemos que para entonces hayan logrado poner a punto una serie con buenas intenciones pero claros problemas internos que impiden que se convierta en la gran obra que se atisba en ocasiones. Ojalá la próxima temporada podamos cerebrarlo.


¡Libros que Salen! Echenoz, «En el cielo no hay cerveza», Spanbauer y más

Uno de los años más tranquilos para las novedades durante la Feria del Libro de Madrid, pero esto es lo que nos toca ahora. No sé si por la continua bajada de ventas que tanto está haciendo por sacar a las librerías -y meter a las editoriales- o por motivos preternaturales que escapan a mi entendimiento. En cualquier caso, algo sí que hemos mejorado, como veréis en cuanto diga…

¡Que entre la pila!

En el cielo no hay cerveza de Carlos Salem, ed. Navona

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Salem regresa a su línea clásica, mezcla de fondo negro con aspectos entre lo fantástico y lo alegórico, más Pero sigo siendo el rey que Muerto el perro. Así que sobre todo para aquellos que busquen al Salem de los comienzos.

Capricho de la reina de Jean Echenoz, ed. Anagrama

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Las novedades de Echenoz siempre son bien recibidas aunque sean como esta: recopilación de relatos dispersos que el autor tenía publicados y que siempre arreglan la necesidad de publicar algo al cabo del año.

Yo te quise más de Tom Spanbauer, ed. Literatura Random House

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Minimalista, arriesgado y no siempre exitoso, a él le da igual lo que pienses de su escritura pero seguro que algo opina el lector de ella. Conocido sobre todo por su segunda novela, El hombre que se enamoró de la Luna, tras veintiseis años de carrera acaba de sacar la quinta. Por lo menos un tiento habrá que darle.

Ventanas y otros relatos de Stephen Dixon, ed. Eterna Cadencia

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Para los seguidores de los relatos de Dixon, como los de Calles y otros relatos, un nuevo recopilatorio. Hay que agradecer a Eterna Cadencia que nos siga trayendo la obra de este autor memorable aunque no tan conocido aquí, y animarles a que traigan alguna de sus novelas.

El lugar de los secretos de Tana French, ed. RBA

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¡Secretos en el internado femenino! Incluso aunque los últimos libros de Tana French no tuvieran la fuerza de su primera novela, y tenga una cierta tendencia a excederse en el número de páginas. Con este tema tan sugestivo esperemos que se haya puesto otra vez a ello.

– Esta oficina me mata de Viola Veloce, ed. Suma de LetrasSI59236

Un punto humorístico y actual, una autora italiana que presenta también una historia negra pero lo hace desde un punto de vista más ligero con los problemas dentro del puesto de trabajo como centro y motivo para el crimen. Algo distinto, menos mal.

Zumbido en la cabeza de Drago Jančar, ed. Sexto Piso
Zumbido

Habitualmente duro, muy duro, Drago Jančar, autor esloveno que por su condición de denuncia de la represión autoritaria había sido publicado en España fundamentalmente en catalán, pero esta crónica de revueltas y represiones bien puede hacerle más conocido aunque su humor corte hasta la risa.

Irezumi Itai. Tatuaje tradicional japonés de Yori Moriarty, ed. Satori

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Terminamos con una rareza de Satori. Un repaso por los tatuajes tradicionales japoneses y su significado, con mucha ilustración y varios  textos explicativos. Una obra peculiar.

Así que hasta aquí, veremos si la semana próxima con la llegada de los libros que no llegaron a tiempo a la Feria empieza a haber algo más de movimiento. Mientras tanto, ¡nos leemos!


Es curioso como Another period (USA) se entiende solo dentro del contexto actual. La parodia de los realities se está convirtiendo en un género en si mismo con el paso del falso documental a algo más claro como en The Hotwives of Orlando. En esta ocasión la idea parece más propia de un sketch que ha acabado consiguiendo su propia serie aunque resulte dudoso que pueda estirarse tanto, la idea de lo que hubiera sido un programa de jóvenes ricas y tarambanas pero a inicios del S XX. Probablemente porque no han parado a pensar que en lugar de realities esas historias se contaban entonces en periódicos, libros y revistas. -Musicales o no-

Es difícil saber de dónde salen series como Clipped (USA), ¿tienen algún tipo de escenario rotatorio la TBS para ir dando vueltas a sus series con guiones de hace treinta años? Ahora un bar, luego una oficina y por fin ha llegado el turno de la barbería/ peluquería. Con éxito similar, claro.

Te venden Dark Matter (USA) como la nueva producción de los creadores de Stargate, lo podrían hacer también como una aproximación a las space operas de acción como Fyrefly, salvo que le añaden un componente de misterio porque parece que sin ese punto de partida a nadie le interesaría la vida de un grupo de gente en una nave espacial. La parte buena de todo esto no es tanto que parezca buscar al público de tumblr como que se hayan animado a seguir por los derroteros de una ciencia ficción espacial, algo más que una adaptación del cómic de Dark 59Horse -por lo visto el cómic era su idea de hacer el pitch-  aunque se le supone un grupo ingobernable y al borde de la ley porque ellos lo dicen. La verdad es que es otro de esos ejemplos del SyFy intentándolo duro para que al final el resultado sea lamentablemente menos Blake’s 7 y más Scavengers.

La televisión británica sigue buscando una serie de espías que llene el hueco de las que se han ido, de los éxitos críticos de The Hour o de audiencia de Spooks, de momento con The Interceptor (UK) tiran hacia el último modelo, aunque sea con un éxito moderado.

Cuando Bravo se pone a hacer series sabes que ya está en ello casi todo el mundo, mientras los del The Weather Channel se ponen a ello tenemos Odd Mom Out (USA), una serie basada en hechos biográficos sobre madres ricas y sus entretenimientos. Lo que tiene de cierto y el intento de reunir buenos actores no logran maquillar en exceso el proyecto de vanidad del que se trata.

Esta debía ser la semana de las premisas estúpidas y aún así Proof (USA) se las arregla para ofrecer la que probablemente sea la más estúpida de todas: Una brillante doctora cuya vida se fue al garete tras la muerte de su hijo -incluyendo divorcio y pelea con su hija- es ‘contratada’ por un billonario inventor tecnológico moribundo para que investigue casos con un componente sobrenatural de experiencias cercanas a la muerte, reencarnaciones y fantasmas para que demuestre que La muerte no es el final. El problema es que el resultado es algo así como hacer un Expediente X sobre si las piedras curan, el desarrollo es limitado y los puntos de partida y llegada poco van a ofrecer.

Por lo menos hemos tenido Stonemouth (UK), adaptación de uno de los libros no-fantásticos de Iain Banks, una historia de trasfondo negro con componentes románticos presentada aquí en una mini de dos capítulos. La estructura clásica de un hombre regresando a sus raíces de las que tuvo que huir por un lío de faldas en un pueblo controlado por dos bandas de gangsters rivales no logra capturar la escritura de Banks -por mucho que tire de voz en off– pero hace al menos un esfuerzo por ofrecer de manera simple y resuelta una narración completa. No es lo más brillante del año pero no tiene muchos problemas para serlo de la semana.


Sequía ochentera

Si los años setenta habían terminado un poco de cualquier manera para el género fantástico en la televisión de España los ochenta fueron a peor. Por más que previsible, la muerte de Franco y los distintos intereses en la televisión pública ocupados como estaban en mover sus piezas dejaron un tanto de lado las producciones propias. Y, una vez el polvo se asentó, la cosa no pintaba mucho mejor para el género.

La prioridad parecía ser abrir la televisión y airearla un poco, añadir ligeramente algunas notas picantes y centrarse en la programación infantil y en adaptar clásicos. Muchos clásicos. Realistas, por supuesto. Hasta el punto de que cuando Narciso Ibáñez Serrador presentó una propuesta para una serie (Cartas al director) que fue rechazada por la cadena. En su lugar se le dio la oportunidad de rescatar las Historias para no dormir. De rescatarlas… de aquella manera. Aprobaron cuatro episodios, con tal recorte de costes que -incluso teniendo en cuenta que eran por fin en color- acabaron siendo grabados en vídeo a menor calidad. Parecía difícil que una cabecera tan conocida se pudiera tratar peor… Pero aún teníamos cosas que ver.

De modo que durante toda la década lo más cercano que tendríamos serían coproducciones. Sobre todos las infantiles y juveniles, pero de ellas también hablaremos. Fue probablemente la parte más importante. Hasta la recién creada TV3 se dedicaba a este tipo de producciones -aunque en solitario- con su adaptación del Mecanoscrit del segon origen, la primera producción realizada íntegramente por la cadena, y la original aunque igualmente distópica El Viatge.

De entre las creaciones para adultos, fuera de las adaptaciones de clásicos del pasado. Poco había en los intentos actuales de autores con una amplia trayectoria como Jaime de Armiñán. Sus Cuentos Imposibles poco tenían de fantástico en el sentido del género, el más cercano -dada la naturaleza antológica de los mismos- era Nuevo amanecer, sobre una redacción amenazada y la invención sensacionalista que parece salvarla o consumirla. Más recordados por haber dado origen a Juncal, poco de lo que nos incumbe había aquí. Con lo que quedaban las coproducciones de clásicos del presente. Por un lado, y muy en el borde, El secreto del Sahara, sacado de una de las novelas de Emilio Salgari, que entraba más por lo extremado de sus planteamientos que por una presencia real del fantástico. Por otro, los Amores difíciles que adaptaban historias de Gabriel García Márquez y que se acercaban al género por el lado de tan traido realismo mágico, sobre todo su episodio más celebrado, Milagro en Roma, que se haría con una Ninfa de Plata en Montecarlo para alegría de la cadena.

La duda era si TVE intentaría algo distinto para la siguiente década, porque de momento solo parecía que tendríamos coproducciones…


¡Libros que Salen! Nesbo, «Los infortunios de Svoboda», Coetzee y Kurtz y más

Creo que en todo el tiempo que llevaba haciendo esto de las novedades de libros no había tenido una semana tan mala. Y eso que esta solía ser una de las más importantes. Pero se ve que las cosas cambian o que no estaban por la labor o a saber qué… Así que no os voy ni a entretener:

¡Que entre la pila!

Los infortunios de Svoboda de János Székely, ed. Impedimenta

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Székely, guionista cinematográfico y escritor represaliado, usa esta historia sobre la invasión nazi de un pueblecito checoslovaco para trazar una enorme sátira sobre los pueblos sometidos, sobre los invasores desconfiados pero, ante todo, sobre la facilidad con la que figuras que simplemente estaban ahí pasan a ser ensalzadas o denostadas sin mayor análisis.

Cucarachas de Jo Nesbø, ed. Literatura Random HouseRK95077

Con gran celeridad ha completado PRH la publicación de títulos iniciales de Nesbø, los dos anteriores a Petirrojo. Con esos y El leopardo no solo han publicado en menos de un año casi tantos como RBA en toda su andadura, además nos permite -mientras esperamos a la salida de los dos Hole que aún quedan inéditos en español- leer del tirón sus peripecias.

El buen relato de J. M. Coetzee y Arabella Kurtz, ed. Literatura Random House

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Libro de ensayo en el que el gran autor habla con una psicoanalista sobre los motivos para crear, desarrollar y compartir historias. Un intercambio que permite reflexionar sobre los motivos para la ficción en, eso sí, menos de doscientas páginas.

El Demonio Meridiano (Cuentos fantásticos y de terror en la España del Antiguo Régimen) edición a cargo de Gerardo González de Vega, ed. Miraguano 

Demonio

Curiosa antología de textos fantásticos escritos entre los Siglos XV y XVIII en la literatura española. Una selección que permite comprobar la extensa tradición española previa a la llegada del realismo, tanto para aficionados al género como para estudiosos de la historia de nuestra literatura.

– Glosa  de Juan José Saer, ed. Rayo Verde

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Primera recuperación del día, la reconstrucción de una fiesta a la que ninguno de los dos personajes principales acudió pero que intentan conocer por la huella que fue dejando en forma de múltiples historias, contradictorias y extrañas. La verdad en la narración se presenta pues tanto como un ejercicio intelectual cercano al de la novela negra como a un truco psicológico para saber cuál es la versión real… si es que hace falta considerar que solo hay -o puede haber- una.

Stalker. Picnic Extraterrestre de Arkadi y Boris Strugatski, ed. Gigamesh

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La segunda recuperación es otra obra magnífica, una de las grandes novelas de los Strugatski que ha tenido sus versiones en cine y videojuegos sin que ninguna de las dos llegue a captar no solo su extrañeza sino, sobre todo, el peculiar sentido del humor de estos escritores. Una obra fantástica fantástica.

Así que con este poquito tendremos que sobrellevar la semana. A ver si para la próxima hay algo más que podamos contarnos. Mientras tanto… ¡Nos leemos!


A veces uno ve las novedades que salen en esta época y se pregunta si el problema está en la época o en las novedades. Pongamos por caso Brotherhood (UK), una sitcom familiar británica que es difícil decir si lleva meses -¿años quizá?- en la nevera o si realmente alguien la ha elegido a propósito para emitirlo considerándolo apropiado para esta época. Quizá incluso ambas, lo que demostraría que dos errores no hacen un acierto.

Peor aún es Impastor (USA), por difícil que pueda parecer. A estas alturas comienzo a sospechar que en TVLand no tendrán jamás una serie buena. Pero es que esta, sobre un delincuente de poca monta que acaba haciéndose pasar por un pastor -sección curas- gay de una pequeña comunidad conservadora… ¡Es un espanto! El pobre Michael Rosenbaum debe estar deseando que hagan una tv movie especial veinte aniversario de Smallville, o algo.

De paso aprovecho para ponerme al día con cosas que no reseñe en su momento porque me olvidé de ellas. Dentro de unos meses me pasará con Future-Worm, de momento me pongo al día anotando por aquí K.C. Undercover (USA) a la que le gustaría ser Kim Possible si no estuviera tan ocupada siendo la misma serie Disney de siempre. ¿Cómo de baratos serán los decorados de instituto?

La otra pendiente de anotación es Resident Advisors (USA), en la que Ryan Hansen demuestra de nuevo que es mejor secundario que principal y que su rango de papeles es limitado. Esta vez tocan consejeros de una residencia unversitaria. Un desastre, claro.

Voy a hablar bien de Sense8 (USA), porque incluso de estas… cosas… hay cosas buenas que se pueden sacar. Sí, sin duda es una serie que empieza floja y luego tampoco es que mejore mucho. Sí, se empeña en mostrarse como Global y sacar muchas partes del mundo distintas sin que deje de parecer que todo son falsos decorados y poner (aleatoriamente) el nombre del lugar como si estuviéramos en un spionístico de los setenta. Sí, todo el mundo en todas partes hablan en inglés todo el rato, a veces metiendo palabras o expresiones en su lengua… Pero fuera de todos esos motivos para pensar que el tener a J. Michael Straczynski y sus limitados clichés pesa demasiado en una serie también hay cosas buenas que destacar. Vale, quizá parezca un acercamiento a Heroes con Cloud Atlas como modelo vertebrador y Dark Angel como meta. Pero aunque no llega nunca al nivel de esta última, por difícil que sea de creerlo, sí es un serie importante por lo que significa para el medio: Sus episodios no se aguantan por separado. Carecen de sentido o trama independiente como para poder verlos sin conocer lo anterior o lo siguiente e incluso su planificación parece pensada más por su posición en la temporada que para que las cosas se muevan. Es decir, estamos ante una espectáculo directamente pensado para el binge-watching, con muy pocas posibilidades de que alguien aguante viéndola con mucho espacio entre capítulos. Además de eso, hay un personaje transgénero interpretado por una actriz transgénero, así que pese a lo lamentable de su situación, personaje, guión, planos asociados y el male gaze con el que suelen filmarse sus escenas, también eso es un punto a su favor. Luego dirán que no sé verle el lado bueno a las producciones.

He aquí una de las mejores series del año. UnREAL (USA). Una mirada a la producción de un reality -sección exploitation de The Bachelor– con los personajes de dentro de la serie y del equipo técnico y artístico. Algo que, emitido como es en Lifetime, parecía llamar a una comedieta amable. Nada más lejos de la realidad. Con una co-creadora como antigua guionista de uno de estos programas -inesperadamente, The Bachelor– la capacidad de mostrar la miseria moral y la caña que se dan para hacer del programa un espectáculo lo aleja de estilos de creación como los de 30 Rock o la película Escándalo en el plató para acercarlo a las aguas profundas de Studio 60. Esperemos que esta no se hunda porque, visto el piloto, lo más difícil será lograr que aguante el tirón.

Aceptable Westside (NZ), precuela que es de la serie neozelandesa sobre una familia de los bajos fondos Outrageous Fortune. Bien, sin más. Recreación histórica y personajes más que razonables pero tampoco añade o gira nada, probablemente preocupada por enlazar lo uno con lo otro.

En cuanto a The Whispers (USA)… No le veo mucha salvación. De nuevo es difícil saber si se trata de una decisión estacional o de que nadie quería hacer su trabajo y acumular tópicos les salía más barato pero partir de un relato de Ray Bradbury para llegar a todo esto de niños con amigos invisibles y un tono ligeramente inquietante… Podrían haber adaptado a televisión Sinister o similar y dejarse de bobadas. Ahora, si la finalidad es poder dormirse la siesta mientras tanto, han acertado de pleno.