Hay veces que una serie se vende como puede, y eso lleva a un conflicto con lo que tiene. En el caso de The Season (O)(HK) sospecho que era más fácil venderla con comparaciones que no resisten ni un vistazo superficial, como The White Lotus o Crazy Rich Asians, que con aquellas que sí, aunque sigan estando a bastante distancia de ellas, como Revenge. Es especialmente divertido que esta derivativa y poco inspirada a casi todos los niveles -lo más destacable que tiene es su banda sonora- serie intente con tanta fuerza y tan pocos recursos ser lo que no es, porque eso sucede con su protagonista. Solo que ella, que se supone que está con un plan, no deja de meter la pata por mucho que nos aseguren que no. La información no parece orgánica sino que se requiere e insiste en ella y, sin embargo, no se acaba de dar. Hay un rato en el que podría parecer un rechazado de Lifetime. Tantos cadáveres de series mejores y de posibilidades diferentes como para acabar en lo que parece una serie creada por comité. Con tantas malas decisiones que podría dedicarle una columna entera sobre todos sus problemas. A ver si la próxima vez que alguien se anime a otra ronda de Los Ricos Son Gente Espantosa por lo menos se lo trabaja un poco.

Supongo que este genérico de serie de Harlan Coben que es I Will Find You (USA) significa que el autor está tan justo de ideas que tiene que recurrir a tan enmarañado como poco probable misterio en el que un tipo es avisado cinco años más tarde de que su hijo, al que creía muerto por su mano, está vivo. El problema es que se le juzgó y condenó por ello y ahora está en la cárcel. Una pequeña multitud de personajes secundarios dan vueltas por allá, bien por necesidades de la trama -del esqueleto o de la necesidad de expandirlo a unos ocho episodios-, bien porque para el tipo de conspiración que presentan y los líos que se traen… necesitan a mucha gente. Y aunque el resultado entre al menos -aunque casi por los pelos- en el terreno del forraje lo cierto es que no le veo muchas más cualidades. Salvo, quizá, el hecho de no haber ido a lo más trillado desde el principio. Supongo que ese pequeño paso extra sí que merece al menos un elogio. En fin.