A very special moraleja

Bienvenidos a una columna muy especial de ElReceptor. Quizá os estéis preguntando por qué llevo este traje de tweed y hablo desde delante de una estantería de libros obviamente falsa. La respuesta es sencilla: Los tropos que tratan de algo importante que tenemos que entender de una sola vez. De un tema sensible.

¿Qué es un tema sensible? Buena pregunta. Quizá desde la necedad que da no conocer el futuro y no respetar el pasado pensemos que los temas sensibles son los que aún hoy crean controversia. En realidad esos son los temas que sirven para mover las tramas de los culebrones y de las series de cable, que para algo están. Los temas sensibles son muchos, llevan años y han sido abordados de diferentes maneras pero en esta columna vamos a centrarnos en aquellos que han aprovechado para intentar que comprendamos algo. Quizá una moraleja.

Las moralejas están por todas partes en las narraciones, a veces incluso alguien se molesta en soltar el consabido: ¿qué hemos aprendido hoy?, no se vaya a perder alguien en la audiencia. Precisamente porque el tomar la determinación de exponer un caso para que tomemos nota indica que quizá la sutileza moleste más que ayude. Duro y a la cabeza. Salvo que eso no está exento de riesgos, como acabar con una Moraleja Errónea.

Muchas de las cuales incluyen un uso extenso de hipocresía, algo es malo porque lo hacen los malos o alguien que no es del grupo del protagonista. No se explica que sea porque se hace sin la debida preparación o por los motivos equivocados -en cuyo caso lo malo no es lo que se ha usado sino la motivación para usarlo- logrando ofrecer una mezcla de ideas realmente compleja. Si estás en una serie de acción más te vale no vender que la violencia siempre es mala. Si vas a vender que los héroes no matan más te vale que sus acciones tampoco provoquen muertes. Pero, eh, ¿entonces cómo podríamos poner estos consejos?

 

Otras lo son a un nivel más argumentístico, causar un dilema moral teniendo que elegir entre dos posibilidades duras cuando hay mínimo una tercera evidente entra tanto en esta columna como en la anterior. Siguiendo con lo cual, ¡cuidado con las metáforas! Si tratas de establecer una comparación entre la necesidad de comprender a los demás y un alienígena que acaba estando al mando de una invasión lo mismo acabas sugiriendo que lo mejor que puedes hacer si no entiendes a alguien es dispararle primero y luego ya sentarte a hablar.

Para el siguiente punto citaré directamente a TVTropes:

Decir que cualquier persona puede hacer cualquier cosa que su mente se proponga gracias a su propia resolución, cuando el personaje nació entre la nobleza o los privilegiados, con alguna clase de poder genético superior, tiene simplemente un gran talento en lo que quiere dedicarse, tienen el destino de su lado, o se revela que es parte de su linaje o de su trasfondo, explicando así su grandeza.

Vamos, que no está de más explicar que «puedes hacer lo que te propongas» a veces es cierto por motivos que no tiene nada que ver con lo fuerte que te lo propongas.

Hablando de lo cual, llegamos hasta uno de los grandes problemas televisivos. Las historias de «lo importante es participar» que se dan justo antes de ganar algo, las de «te querrán como eres» para, a continuación, cambiar al personaje -bien en sí, bien logrando que realice alguna acción especial. para hacerlo más deseable y, sobre todo,  las historias de crecimiento que terminan con un regreso al Statu Quo.

Todos sabemos que Todo acabará como empieza es una de las reglas más viejas de la televisión, pensada para que los espectadores tengan un terreno fijo y no haya mucha complicación que arreglar. Precisamente por eso podemos encontrarnos capítulos especiales en los que uno de los personajes aprende algo pero rápidamente vuelve a comportarse como siempre. Y si eso os parece malo esperad a ver  Malos Cambios. Un personaje cambia a mejor, pero resulta que es menos divertido/ hay ventajas que pierden/ parece como que falta algo/ yo qué sé, ¡traigamos de nuevo la versión original!

Normalmente esto solo ocurre con cambios respecto a una posición inicial conocida. En ocasiones incluso haciendo un Flores para Algernon, dándole momentáneamente una capacidad a un personaje regular para luego decidir que por su propio bien o porque no es tan divertido, tiene que volver a la casilla de salida. A veces eso significa que el mensaje que se está mandando es «No seas inteligente porque eso te conducirá ala soledad o a convertirte en alguien insoportable«, ¡mejor ser agradablemente mediocre!» pero, eh, ¿la idea de todo esto no era mandar un mensaje? Aunque también pasa que a veces deciden sacar un tema espinoso. Aunque sea sacándolo de la nada.

Uno de los trucos más sencillos es presentar en el capítulo al Desaparecido Tío Moraleja, ese pariente o amigo del que nunca antes se había hablado -y probablemente nunca se vuelva a hablar- que llega a la ciudad con un claro problema -drogas, alcohol, racismo, ser  mayor, cascarrabias y oler raro… un poco lo que toque- y ante el que los jóvenes protagonistas tienen que aprender una valiosa lección. A continuación se le pone en un autobús y jamás volveremos a hablar de él, ¿de acuerdo?

Por supuesto estas cosas tienen más impacto si  le pasan a uno de los habituales así que, ahora sí que sí, vamos con un Very Special Episode. Lo que suele significar primero  que a alguien le dará por la más ridícula excusa argumental por desarrollar algo que no había demostrado antes, sea un alcoholismo en 24 horas o una homofobia instantánea. Quedará claro que está destrozando su vida. Todos se pondrán de acuerdo para dejárselo claro. Se dará cuenta. Fin del capítulo. El actor hablando a cámara sobre lo peligroso que es y un número de teléfono de una agencia de ayuda a lo-que-toque. Si en lugar de un mal comportamiento estamos ante un peligro real nos explicarán lo que ha pasado y cómo evitarlo y entonces otro número de teléfono. Las cosas funcionan así. Y, en realidad, no hay ninguna serie libre de acabar teniendo que hacer uno de estos anuncios… Ninguna.

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«Hola, mi nombre es Kiefer Sutherland. Interpreto al agente contra-terrorista Jack Bauer en la serie de Fox 24. Quiero tomarme un momento para hablar con vosotros sobre algo que creo que es muy importante. Ahora, mientras el terrorismo es obviamente uno de los problemas más críticos al que se está enfrentando nuestro pais y el mundo, es importante ser consciente de que la comunidad Musulmano-Americana está firmemente en el lado de sus compatriotas americanos en denunciar y resistir a todas las formas de terrorismo. De modo que mientras vean 24 tengan, por favor, eso en cuenta.»

El anuncio anterior -cuyo vídeo no he sido capaz de encontrar- corresponde a un episodio de la cuarta temporada de, obviamente, 24 en el que  decidieron hablar bien de los musulmanes para tratar de arreglar la presunta islamofobia de la que se acusaba a la serie. Por supuesto las cadenas de la cosa -y gran parte de internet- lo interpretó no como un aviso de algo que debiera ser obvio sino como una bajada de pantalones de la cadena. Pero qué vamos a hacerle. Lo importante es que nos sirve para probar una cosa: Los VSE o su variante de Public Service Announcement, PSA, es decir Anuncios de Utilidad Pública, llevan años dando vueltas.

Ya sea en los años setenta cuando muchas series -especialmente las de Norman Lear– decidieron tratar temas más complejos y lo mismo había un episodio sobre el aborto en Maude que en All in the family se hablaba desde violaciones hasta homosexualidad pasando por un episodio sobre el racismo en el que Archie se une al Klu Klux Klan sin darse demasiada cuenta de lo que estaba haciendo hasta la actualidad en la que aún seguimos viendo este tipo de cosas como en el ejemplo que acabamos de ver.

Aunque, por supuesto, eso no significa que se dieran en la misma cantidad ya que desde mediados de los ochenta hasta mediados de los noventa hubo una hola de hacer este tipo de episodios e incluso algunos programas especiales. Tiempos moralmente más cargados llevan a este tipo de cosas. Pero, claro, en cuanto uno se ha pasado una década sufriendo estas cosas acaba parodiándolas.

Mientras tanto da tiempo a que algunos programas exploren a fondo todo tipo de temas con, digamos, suerte desigual. Porque igual que las ideas en sí pueden ser más o menos controvertidas y, desde luego, partir de una intención genuinamente buena, los resultados, especialmente en las series para el público infantil y juvenil, tienden a ser… Discutibles. Ya sea cuando se habla de los problemas de las drogas (bueno, pastillas de cafeina):

 

de que hay que tener cuidado con los extraños porque a saber qué aviesas intenciones tienen…

 o a no encerrarse dentro de la nevera…


¡Ah! ¡Si solo Indiana hubiera estado escuchando!

Como decía, la mejor de las intenciones. Tanto que acabaron incluso creándose especiales al margen de las series. De esa manera podías reunir a todos los héroes que te alcanzara la influencia política para que salieran todos tras una introducción con Barbara Bush junto a un muñeco y acariciando un gato.

Si esto os parece extraño tendríais que haber visto a Nancy Regan entrando en el colegio de Arnold para demostrar que allí se vendían drogas y que Just say NO! ¿Que como lo sabía ella? Pues o los que se dedicaban a la venta eran los hijos de su vicepresidente o lo había imaginado al ver alumnos negros, yo qué sé.

El problema es que en ocasiones el resultado era… complicado… es decir, ¿cómo pones en marcha un programa contra los abusos a niños sin poder mencionar esos abusos, ni en qué consisten, ni dónde no se toca, ni…

 

Que sí, que la intención es buena pero… ¿gente disfrazada de muñecos de peluches gigantes tratando el tema?


Por cosas como esta algunos acabaron logrando el distintivo de ser películas de culto. Underground pero de culto. Eh, si los (siempre apreciados en esta web) Esper-Stadie lograron vivir de los PSA desmadrados durante los años ’30 en adelante, hasta el punto de que hoy hay un musical basado en Reefer Madness no veo por qué íbamos a sorprendernos de que algunas cosas no cambien aún.

El caso es que con tantas cosas que tratar como el SIDA, los problemas mentales, la ecología, la donación de lo que toque donar, o a no tomarte cualquier pastilla que veas pensando que pueden ser contra los granos porque lo mismo es speed que le han dado a tu primo y entonces te pones a bailar incluso más raro aún y lo mismo casi te mueres y de verdad, Carlton, ¡¿pastillas contra el acné?! En fin, muchos problemas y poco tiempo. De ahí que algunas series como Blossom o 7h Heaven acabaran siendo VSE todos sus capítulos.

Por suerte había cadenas que tenían mejor ojo que eso, como la ABC que se pasó durante 25 años (entre 1972 y 1997) realizando periódicamente una serie antológica llamada ABC Afterschool Special que solía ocupar unos seis telefilmes por temporada e iba rotando temas, lo mismo tocaba un VSE que adaptaban a un clásico o una novela juvenil más reciente, ponían un algo histórico a ver si aprendías sobre la época  o te presentaban una aventurilla con una moraleja agradable sobre ayudar a los amigos y esas cosas. Más de 150 episodios fueron realizados de esta particular antología que no tenía más línea central que tratar de que los niños crecieran mejor, o algo así. Y en la que según se fueron pasando los años se tocaron todo tipo de problemas. Algunos obviamente más graves que otros. Sobre todo porque no dejan de ser telefilmes familiares para un público juvenil. Pero, eh, eso no quita que lo intentaran… con fuerza.

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De modo que ya habéis visto, hay toda una tradición detrás de que la gente de la televisión mire a cámara al final y diga cómo tienen que hacer las cosas los demás para después aparecer un teléfono así que ya sabéis, si vuestra serie ha decidido tratar estos temas seguro que hay algún teléfono al que podáis llamar. Yo voy a tomarme una copa y unas pastillas, os dejo con esta recopilación que he encontrado por internet. ¡Chin-chin!

 


Libros que Llegan: Carthage, Nesbo, Historia y antología de la ciencia ficción española y más

Yo esperaba la semana pasada que esta fuera más tranquila y no podía haberme equivocado más. De hecho, la aparición el viernes de un par de novedades de entre las más esperadas -por mí- como son la primera y tercera de esta lista demuestran que en estos tiempos convulsos uno nunca sabe cuándo van a llegar los libros. Pero mejor que lleguen que se retrasen. De lo contrario no podíamos gritar:

¡Que entre la pila!

Carthage de Joyce Carol Oates, ed. Alfaguara

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Con solo unos meses de diferencia con su versión original nos llega esta novela con todos los temas habituales de JCO -los problemas en las relaciones ya sean amorosas o familiares en sus múltiples variantes, la relación con los medios y con la comunidad, el tratamiento de la violencia…- y sus enfoques -uso del suspense, diversidad de voces y de estilos…- para narrar la desaparición de una chica, hija pequeña de una familia de cierta importancia, que causa tanta consternación como inquietud en la pequeña comunidad, a la que se añade la presencia de un excombatiente que le permite tratar de las sucesivas guerras -y los consiguientes regresos- en las que ha tomado parte Estados Unidos.

El leopardo de Jo Nesbo, ed. Literatura Random House

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Cambio de casa de Nesbo en un nuevo caso que vuelve a colocarle contra un asesino en serie.

Historia y antología de la ciencia ficción española, edición a cargo de Julián Díez y Fernando Ángel Moreno, ed. Cátedra

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Cátedra trata de ofrecer una historia y un repaso a la vez para hacer accesible lo que la Ciencia Ficción ha supuesto en las letras españolas.

Los políglotas de William Gerhardie, ed. Impedimenta

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Una peculiar familia expatriada y casi arruinada recibe la visita de un primo inglés en su retiro extranjero, de modo que la precaria estabilidad acaba de saltar por los aires. Una historia llena de gente extraña en situaciones inesperadas que logra moverse entre un retorcido sentido del humor y una descarnada representación de las relaciones humanas.

Abarat de Clive Baker, ed. Oz

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Algo inesperado en la trayectoria de Barker, una novela juvenil sobre una joven que acaba viajando a otro mundo para enfrentarse a las oscuras fuerzas que quieren acabar con la maravillosa Abarat.

Niveles de vida de Julian Barnes, ed. Anagrama

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Reunión de tres piezas cortas con un difuso hilo conductor común, el dolor de la pérdida y la necesidad de vivir más allá de la rutina. Quizá una obra menor pero no por ello desdeñable.

La madre de Edward St. Aubyn, ed. Literatura Random House

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Tras el volumen de la historia de Melrose centrado en El Padre pasamos ahora a La Madre, con un nuevo ejemplo de humor arriesgado, salvaje y vitriólico, una narración transgresora, incluso terrible, en su contenido pero no por ello menos divertida.

Escritor en guerra de George Orwell, ed. Debate

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Reunión de los diarios personales y la correspondencia que el inglés escribió durante la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial. Una muy interesante muestra del particular ojo periodístico de este autor.

El arte de la cocina francesa 2 de Julia Child, ed. Debate

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Continuación de la fundamental obra de cocina de Julia Child, una biblia de conocimientos culinarios para gran parte del público anglosajón.

Arte y técnica de Lewis Mumford, ed. Pepitas de Calabaza

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Se recogen en este libro seis conferencias en las que de nuevo Mumford nos propone una reflexión, en este caso sobre la cultura contemporánea y la unión entre el arte y la técnica que en ella se produce.

La casa de las persianas verdes de George Douglas Brown, ed. Ardicia

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La historia de un hombre desmesurado y difícil que levanta un imperio y lo ve desmoronarse, un clásico de la literatura escocesa.

El carnaval de Roma de Johann Wolfgang Goethe, ed. Alba

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Goethe narra en los dos textos aquí reunidos sus impresiones sobre dos fiestas italianas a las que tuvo la oportunidad de asistir como espectador, permitiéndole así dar su opinión sobre lo que mostraba esta forma de divertirse de los italianos.

Stadelmann de Claudio Magris, ed. Alfabia

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Y aquí está Magris hablando de la vida del secretario de Goethe, una mezcla inesperada de personajes, uno por todos conocido y el otro poco más que un pie de página que cobra relevancia solo como espectador.

La maestra Annuzza de Elvira Mancuso, ed. Periférica

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Un personaje central que puede funcionar como avatar de toda una época, un canto a favor de la liberación de la mujer. Una obra sobre una maestra que no se resistía a ocupar un lugar secundario.

– Alabardas de José Saramago, ed. Alfaguara

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De la colección de gran éxito este otoño: «Mira estos restos que he encontrado, ¿si le ponemos tapa dura y el nombre bien gordo en la portada por cuánto crees que lo podemos vender?»

La vida que nos mata de Xabier López López, ed. Funambulista

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Interesante aproximación gallega al género negro protagonizada por un periodista que se ve envuelto de manera inesperada en un asesinato durante un evento de sociedad durante la Segunda República.

Cadáveres en la playa de Ramiro Pinilla, ed. Tusquets

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Otro caso más del Samuel Esparta que permite a Pinilla realizar también obras de género negro.

El hombre de la máscara de espejos de Vicente Garrido y Nieves Abarca, ed. Ediciones B

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También la serie de Valentina Negro y Javier Sanjuán llega a su tercera entrega con este cambio de editorial.

Tesla y la conspiracióde la luz de Miguel A. Delgado, ed. Destino

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¡TESLAXPLOTATION! Una novela de suspense con elementos fantásticos: Un mundo en el que Tesla tuvo éxito, modificado por sus brillantes ideas aunque aún parte de una guerra entre Edison y sus hombres y los teslianos que quieren que se reconozca la importancia del creador europeo.

Genealogía de la soberbia intelectual de Enrique Serna, ed. Taurus

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Me produce curiosidad este ensayo que asegura querer trazar una historia del esnobismo cultural y los motivos de ese enfrentamiento categorizador que pretende separar la cultura entre alta y baja.

Escritos libertarios de Albert Camus, ed. Tusquets

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Recopilación de ideas de Camus en infinidad de campos hasta llenar de reflexiones este volumen.

La filosofía del vino de Bela Hamvas, ed. Acantilado

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Encendida defensa del vino y la alegría cercana a la embriaguez que produce que sin duda tendrá sus aficionados.

K. L. Reich de Joaquim Amat-Piniella, ed. Libros del asteroide

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Una historia de los recluidos españoles en los campos de concentración nazis con forma novelada pero sacada de los recuerdos reales del autor.

Guía de un astronauta para vivir en la Tierra del Coronel Chris Hadfield, ed. Ediciones B

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Más interesante por lo que cuenta del espacio que por los pretendidos consejos de coaching vital que el militar este se empeña en dar, las partes sobre su preparación como astronauta y sus experiencias tienen que compensar lo otro.

El gran milhojas de la cocina de Graciela Bajraj, ed. Akal

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No esperaba yo volver a cruzar caminos con este libro, editado hace años por Mario Muchnick en su colaboración con el Grupo Anaya, y me alegra. Es un pequeño libro de brillante puesta en práctica que recopila ideas y métodos, quizá no sea definitivo o imprescindible pero si un buen y útil complemento para las bibliotecas de cocina.

El rostro de las letras de Publio López Mondejar, ed. Ediciones del azar

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Catálogo en tapa dura de la exposición del mismo nombre en la Biblioteca Nacional que reúne imágenes de los principales escritores españoles entre el Romanticismo y la generación del ’14.

Candentes cenizas de Erwin Schrödinger, ed. Salto de página

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Algo tan inesperado como esto: Los poemas de Schrödinger y un pequeño fragmento de conversación con Galileo. Recopilación de estos textos inéditos y alejados a lo que se supone del famoso científico.

Zócalo de Adonis, ed. Vaso roto

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Una nueva recopilación de poemas del sirio que parece que lleva un buen año en lo que a ser recopilado se refiere.

– Daniel Johnston de Daniel Johnston, ed. Sexto piso

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Los dibujos del autor Daniel Johnston en los que se expresa a él y sus neuras.

Mi querida Babel de Juan Pablo Silvestre con ilustraciones de Ana Juan, ed. Lamanocornutta

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Estupenda colección de láminas un poco hiladas que ofrecen magnífica ilustraciones de Ana Juan, una colección de textos e incluso un CDs con música.

Amanecer rojo de Pierce Elliot Brown, ed. RBA

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Parece que nunca hay suficientes distopías juveniles, como esta que -lamentablemente- no tiene nada que ver con Milius.

Mala suerte de Jeff Kinney, ed. RBA

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Insoslayable continuación de uno de los mayores éxitos de la literatura infantil-juvenil de la actualidad, la historia de un perdedor contada con costumbrismo e intentos de humor.

El cocodrilo al que no le gustaba el agua de Gemma Merino, ed. Picarona

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Estupendo libro infantil, de trama muy sencilla y casi cercano al cuento clásico, en el que con unos dibujos cargados de humor se cuenta la historia del pequeño distinto del grupo.

La biblioteca nocturna de Kazuno Kohara, ed. Picarona

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Otro encantador libro de Kohara, con un gran cuidado en la ilustración y el color que explica con facilidad a los más pequeños el funcionamiento de las bibliotecas.

La noche del muñeco viviente de R. L. Stine, ed. Hidra

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Quede aquí constancia de un regreso tan comprensible como inesperado. La serie de terror juvenil que triunfó en los años noventa regresa a tiempo para Sitges -y para Halloween, que viene a ser lo mismo- con un rediseño de la colección en su nueva edición por parte de Hidra.

Al final parece que hemos estado tan movidos como la semana pasada, y que han llegado grandes libros o, al menos, libros de autores respetados. Veremos si la próxima ya empiezan a darnos descanso o vamos a seguir con este ritmo hasta el -inevitable- parón pre-navideño. Mientras tanto, y a la espera de que el próximo jueves tengamos Nobel nuevo…. ¡Nos leemos!


El año pasado tuvimos Bad Teacher, este año Bad judge (USA), me pregunto qué será Bad el año que viene. Por lo demás, el problema de siempre. Intentan crear un profesional desagradable y luego todo queda en una cosa rara. La protagonista, Kate Walsh, hace lo que puede con lo que tiene. Que es poco menos que nada porque se notan cosas raras muy rápido. Y es que cuando uno busca descubre que había un primer piloto que no gustó a nadie y que hacía de la jueza una persona peor. Por lo visto para poder ser Bad en tv necesitas o un canal de cable o ser hombre. Total, que este piloto rebajado logra demostrar por qué echarle agua a cosas sirve solo para lograr el famoso efecto aguachirri.

Yo entiendo que cuando uno estrena una serie con dos actores principales como Mackenzie Crook (que es además el creador, guionista, director y lo que surja) y Toby Jones lo que busca no es una comedia clásica. Desde luego  Detectorists (UK) no se lo da. Tampoco sé si llamarlo comedia es muy correcto. Puede servir como una agradable reflexión sobre la amistad entre hombres de mediana edad algo solos, algo maniáticos, -blancos, claro-, y habrá quien le encuentre aliento poético y quiera ver una serie de culto en ella. A mí me pareció correcta y gracias pero echadle un ojo que si os va lo poético/sentimental, capaz es de que os guste.

¡REMAKE! De Broadchurch a  Gracepoint (USA) y aún con los prometidos cambios en la trama -incluido el final, pero ya veremos que aquí mucho se dice y poco se hace luego- no puedo dejar de pensar en que americanizar las cosas sirve para que el público americano esté más cómodo antes que para mejorar el producto final. Vamos, que para mí la diferencia entre ambas versiones vuelve a ser que no tienen problemas en conservar a Tennant pero cambian a Olivia Colman por Anna Gunn y en la diferencia entre esas dos actrices -y el quedarse con el otro- es en donde podemos hacernos a la idea del tipo de cambios realizados y cómo afectan a la serie. Seguiré viéndola, eso sí, por lo menos mientras me interese ver cómo gestionan las divergencias.

Por algún absurdo motivo en Channel 4 han pensado que era buena idea centrar una comedia romántica en un tipo al que diagnostican de clamidias y tiene que decírselo a TODAS sus parejas sexuales de los últimos once años (¿?) así que para allá que va él. Esto, que como punto de partida es en fin, sigue la moda de comedias sobre recordar ex-parejas pero con un añadido doble, aquí está además la enfermedad y, por supuesto, uno de los peores títulos que he visto en los últimos años: Scrotal Recall (UK) La serie en sí es una tontería blandita sobre el pasado del personaje y su presente, no tiene mucha gracia pero ofende solo un rato. En fin.

Es curioso que la existencia de la serie anterior haya logrado que en comparación Stalker (USA) parezca un título más aceptable. Pese a la bronca que le han montado a la cadena las asociaciones de víctimas preguntando si crearían una serie llamada Violador -¡pero qué hacéis dándole ideas a ejecutivos televisivos!- el problema para mí no ese. Puedo entender que lo encuentren ofensivo como concepto, pero para mí el problema está en que esta serie -lo último de Kevin Williamson– es más ofensiva como ficción en sí. De nuevo un grupo de investigación con raíces estatales, de nuevo solo unos pocos empleados con tareas definidas y de nuevo gente que no respeta las normas si es necesario. La escena inicial -autoplagiada de Scream– bien, todo lo demás un desastre. Sobre todo porque la que mejor lo hace, Maggie Q, que es la jefa del grupo, tiene que lidiar con Dylan McDermott tratando de hacerse con el papel principal a base de poner caras de intensidad concentrativa casi todo el rato. Y lo peor es que es difícil decidir cuál de los dos personajes es peor. Eso sí, la trama logra ser incluso más lamentable que todo lo demás… ¡Para esto haber remakeado la versión de Tarkovsky de los Strugatsky!


La segunda semana de estrenos está siendo tan aburrida como la primera. Claro que en este apartado he metido desde el pasado viernes hasta el día 30 y solo han salido 5 pilotos así que imaginad. Pero no nos desviemos que lo que iba a decir yo es que una de las pocas cosas buenas ha sido encontrar un nuevo estreno neozelandes: The Brokenwood Mysteries (NZ). Lamentablemente más allá de la alegría por su neozelandosidad tenemos un policíaco muy clasicote que sigue el modelo inglés de dividir la historia en dos capítulos. Podría haber sido peor.

Me decía el otro día DNM que cómo no reseñaba webseries. Obviamente es más por falta de tiempo que de ganas pero cuando están relacionadas con un canal allá que voy. Momento en que aprovechó para recordarme que la nueva de Pemberley Digital se ha hecho por un acuerdo con la PBS para crear webseries con apoyo estatal. Y como cuando tiene razón hay que dársela vamos con la cosa en sí:  Frankenstein, MD (USA) es una interesante aproximación a ya-sabéis-qué-libro siguiendo los postulados de bajo coste y alto rendimiento en actores y presentación de la historia que tanto éxito tienen con esta productora -por si no les ubicáis aún, pensad en los The Lizzie Bennet Diaries– de modo que aquí estamos de nuevo, con una visión más juvenil, actualizada y con humor de un clásico literario. Por mí que la PBS les siga encargando cosas. -Aunque quizá el formato hubiera funcionado mejor con algo más epistolar: Drácula, Las amistades peligrosas, etc… pero eso ya son cosas mías-

En cuanto a Happyland (USA)… poco puedo decir. La MTv ha construido otra de sus comedias con un grupo de jovenzuelos que están pasando de ser el eslabón bajo a asumir puestos de responsabilidad, algún adulto por ahí y las inevitables historias de amor/culebrón. Por suerte han incluido un mínimo-minimísimo de crítica social. No llega al buen nivel de las primeras temporadas de Awkward pero, por otro lado, transcurre en los escenarios y tramoyas de un Parque Temático No-Lo-Llames-Disneyworld que algo -un mínimo-minimísimo- también tendrá que ayudar. Pues bueno.

¿Existe la posibilidad de que la ABC estrene este año una comedia que no de ganas de asesinar a sus protagonistas en los primeros cinco minutos? Desde luego Manhattan Love Story (USA) no va a ser esa serie. No solo empieza con una sucesión de tópicos que da hasta pena llamarlos clichés, es que luego continúa con una historia de él/ella, los amigos de ellos, el amor de los dos, sus errores, sus arreglos y ¡ella es recien llegada a la ciudad! ¡pero él lleva aquí años! ¡¡¡PERO CUÁNTAS VECES POR AÑO VAN A TRATAR DE VENDERNOS LA MISMA SERIE!!! ¡Y la voz en off! ¡¡¡OH; LAS VOCES EN OFF!!! Si creías que la de Houdini era molesta espera a ver esta chorrada. En fin, que no. Ni soy su público ni espero que lo sea nadie. (P.S. No sé si ha quedado claro: No me ha gustado el piloto)

¿Os acordáis de Gordon Ramsay poniéndo Nightmare a todo lo que estuviera cerca de ser un programa suyo? ¿Y cuando dijo que dejaba Kitchen Nightmare y esas cosas? Pues bien, en su Vuelta de Despedida, o como lo quieras llamar, ha decidido que nada mejor que visitar chiringuitos por la Costa así que Ramsay’s Costa del Nightmares (UK) nos presenta eso, ya sea en la Costa del Sol o en la Costa Azul. Nada que no viéramos antes en su programa -más aún teniendo en cuenta que alguna vez dedicó un capítulo a este tipo de establecimientos- pero bueno, lo mismo os hace gracia pensar que en alguno pudisteis comer. O algo. Yo es que a estas alturas estoy un poco aburrido del formato.


Sobre un problema de las series policíacas USA actuales

Habitualmente en la ficción policíaca -esto es, aquella centrada en la resolución de un crimen, en contraposición con la negra en la que es incluida como toda aquella impulsada por un hecho delictivo- hemos podido separar a grandes rasgos a los investigadores en cuatro grandes grupos.

1) Policía, 2) Profesional, 3) Detective, 4) Entrometido.

En donde la profesionalidad va disminuyendo, en tanto que la entendamos como la pertenencia a una estructura centrada en proteger el orden dentro de El Sistema, según avanzamos a números más altos.

Repasándolos un poco más en detalle:

1) Policía.

Miembro de pleno derecho de un cuerpo del orden, da lo mismo si se trata propiamente de la policía o cualquiera de sus variantes posibles -agencias regionales, nacionales o estatales, ejército, servicios de inteligencia, etc…- o de las variantes inventadas -locas agencias de espionaje, actividades paranormales, artilugios extraños o cuerpos especiales variados- de modo que son por si mismo -incluso aunque sean nada ortodoxos y grandes renegados- una demostración de que El Sistema funciona.

2) Profesional.

Categoría ambigua porque aquí entran dos tipos distintos de personajes. Por un lado los que no son policías pero trabajan con ellos, ya sea a su servicio -como médico, psiquiatra o científico, entre otros- o bien en paralelo -un fiscal, por ejemplo-. Pero también puede ser un profesional no relacionado con ellos que investiga en paralelo -un periodista sería lo más habitual- o incluso uno que sea antagónico -como los abogados defensores-. En cualquier caso, gente que resuelve los casos porque es su trabajo y cuya relación con El Sistema depende de su alineamiento.

3) Detective.

Aquí ya tenemos directamente a una persona a la que se paga por investigar. Puede ser o no un ex-policía, o puede ser incluso un ex-detective que sigue ejerciendo -como Matt Scudder-, su función como competencia de la policía suele colocarlos como antagonistas, independientemente de las buenas relaciones con el cuerpo que tenga o de su posicionamiento sociopolítico -que ahí está Mike Hammer-.

4) Entrometido

Those meddling kids, pero no solo. El amateur es aquel que no trabaja profesionalmente como detective, por mucho que pueda parecer que se dedica a ello. Es decir, Miss Marple sí, pero Poirot no. De modo que aquí entran una enorme cantidad de posibilidades: El detective infantil, el detective caballero, la anciana fisgona, los metomentodos, etc… En general no se oponen al Sistema, simplemente se quedan fuera.

Como vemos la posición de estos investigadores respecto al Sistema tampoco es demasiado dura. Eh, al fin y al cabo lo que suelen buscar es restituir el orden, bien encontrando una explicación a un misterio, señalando al transgresor o, incluso, castigando al culpable. No parece que debiera haber mucho problema con ellos. Vamos, más problema deberían tener con los Vigilantes -que ya se pueden llamar El Mejor Detective del Mundo que rara vez les verás intentando descubrir algo, no digamos ya acertando encima- o contra los que se salieron por no formar parte de un Sistema corrupto.

Toda esta cháchara viene a cuenta de que durante los últimos años en la televisión estadounidense nos hemos ido limitando a versiones de los ejemplos 1) y 2) en el que los del 2) tienden a ser asesores de lo más ridículo que no es que estén a favor de la Policía sino que trabajan incrustados, llámense Bones, Castle, El Mentalista, Psych o lo que podamos elegir.

Los detectives privados parecen haberse esfumado y los fisgones han quedado relegados. Si echamos un vistazo a lo que lleva a aparecido este mismo año nos encontramos con las Mystery Girls -que no sé si cómo considerarlas policíaco porque tela, menos mal que ya están canceladas- y ya. Mientras tanto se han estrenado: Bosch, Chicago PD, Forever, Intelligence, Killer Women, The Mysterires of Laura, NCIS: New Orleans, Scorpion, Signed, Sealed, Delivered, Those who kill, True detective, o que están por estrenarse como CSI: Cyber o Stalker.

Esto solo si nos centramos en las novedades de este año. Mirando el global de lo que se emite uno se encuentra conque frente a un enorme número de policíacos protagonizados por agentes de la ley –CSIs, NCISs, Ley y OrdenMentes Criminales, Hawaii 5-0, Rizzoli & Isles… – no ha permanecido ninguna del otro tipo. Uno tiene que tirar de memoria para recordar series que no fueran del tipo 1) o del 2), quizá la última que se pueda recordar con facilidad sea Terriers y duró solo una temporada.

¿A qué podemos achacar esto? Yo voy a proponer dos cosas. La primera es quizá la más sencilla, echarle la culpa de todo al 11S. Recordemos que tras los atentados la audiencia de series como JAG se redobló y el interés por estos programas apreció incrementarse. Pero parecía de mal gusto criticar a las Fuerzas del Orden así que todas iban siendo variaciones del mismo tema -cuando no entraba a ser parte del mismo, como pasó con Sin Rastro o, sobre todo, CSI: NY– bien por voluntad de la productora, de la cadena, o porque colaborar con la policía paree que les hace las cosas más sencillas.

Las críticas al cuerpo, que muchas veces no eran ni críticas sino amables antagonismos, iban desapareciendo, quedándose en el terreno de historias que no trataban de la resolución de un crimen sino del noir en estado más amplio, series que hablaban de ese tema como las dos destacadas de 2002, The SHIELD y The Wire, que nos sacaban esto entre otros muchos asuntos y que incluso ahora vemos cómo han dado paso a otro tipo de series en los que los agentes de la ley quedan mejor retratados como Justified o la antes mencionada True Detective.

Aunque quizá debamos echarle la culpa al éxito de tres series. La primera es la aparición de CSI en el año 2000 que creó un auténtico éxito casi de inmediato haciendo más importante la labor de la parte científica en el policíaco, propiciando no solo un aumento de tecnocháchara sino, además, que el espectador asumiera como útiles y casi imprescindibles toda una serie de pruebas a las que parecen no poder acceder los privados y los entrometidos. En realidad Holmes, que siempre ha sido el espejo del detective privado independiente que se burlaba de la policía -amablemente,*cof*- ya demostraba la posibilidad de hacer en su casa pruebas de huellas o balística y algunos análisis elementales. Pero, claro, pruebas de ADN ya lo iba a tener más complicado. De modo que ese viraje puso un escalón, el éxito de JAG primero y de su spin-off de 2003 NCIS  ayudó a definirlo y acabaría de rematarlo otra joya de 2002: Monk.

Una serie de gran audiencia y múltiples premios que seguía a un investigador privado que según iban pasando los episodios parecía más una extensión del propio departamento de policía hasta el punto de trabajar para ellos en varios casos como asesor o analista. No es que esto fuera realmente una posición nueva -en los noventa, por no irnos más lejos, habíamos tenido a otros asesores como los de Diagnóstico: Asesinato o Profiler– pero sí que sirvió para lanzar esa idea del asesor incrustado jugado de manera más o menos cómica. Antes hemos dado una pequeña lista de las series que siguieron este modelo que llegó, incluso, al inesperable giro de Elementary en la que Holmes se pone a trabajar para la policía de Nueva York. Pero el caso es que son las series de éxito las que muchas veces marcan el camio a las de detrás, sea como simple exploit o porque los productores piensan que es esto lo que el público quiere, que para eso lo están viendo. Y a más de un tipo menos del otro, como siempre.

Podemos, finalmente, presuponer que no es más que una moda dentro de uno de los géneros más populares -si no el que más- de la televisión. En décadas anteriores tuvimos grandes policías junto a grandes detectives privados -solo en los ochenta Remington Steele, Luz de luna, Magnum– y amateursSe ha escrito un crimen, Hart to Hart– coexistiendo pacificamente, algo que en los noventa fue cambiando poco a poco y que nos ha acabado llevando hasta aquí, un momento en el que el mayor ejemplo de esos detectives privados que chocaban contra El Sistema es Veronica Mars que lleva cerrada 7 años.

No sé vosotros, pero yo creo que ya va siendo hora de recuperar, también aquí, un poco de espacio para los demás. No la desaparición de los que están, solo algo de variedad. Por favor, señor agente.


Libros que Llegan: Erotismo de autoayuda, Sfar, Caminando entre tumbas y más

Podríamos haber pensado que la cosa se tranquilizaría un poco esta semana. Nos hubiéramos equivocado. Porque aún quedaba un poco de mes de septiembre por exprimir, autores patrios por remover y libros de unas 150 páginas que vender a precios locos justificándolo por el nombre del responsable, la tapa dura y la cara aún más dura. Y como esto dura lo que dura:

¡Que entre la pila!

Erotismo de autoayuda de Eva Illouz, ed. Katz 

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Breve ensayo ascendido a la categoría de libro por su, imagino, tema de actualidad. Si es que podemos considerar actualidad a un intento de análisis del éxito de Cincuenta sombras de Grey aplicando los conocimientos de la siempre interesante Eva Illouz a la sociología de consumo y cultura popular. En lugar de desechar el libro, como tantos otros críticos, su campo de especialización y su punto de vista feminista le llevan a intentar explicar su éxito desde los cambios sociales tanto en el consumo como en la sentimentalidad con un libro que es, en gran parte, un ejercicio de venta de sentimientos. Hay cosas discutibles y muchos de sus análisis son fundamentalmente USAcéntricos pero lo que cuenta vuelve a ser muy interesante. Aunque lo que ha hecho el editor al librizarlo no deja de desconcertarme.

Caminando entre tumbas de Lawrence Block, ed. RBA

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La publicación del Matt Scudder de Block en España ha sido tan caótica como la del resto de material del propio Block, sin mucho orden ni conciertos, viendo cerrar editoriales y sin que uno pueda llegar a entender en qué momento fallaron las cosas para que sean tan escasas sus apariciones, teniendo que esperar a alineaciones astrales o, como en este caso, a que alguno de sus libros se adapte a película. Pero una vez eso sucede bienvenido sea. Las obras de Scudder, la parte más consistente en hardboiled de entre las múltiples creaciones de Block, son siempre buenas novelas con todo el sabor clásico de un autor que lleva trabajando en esto desde los años cincuenta con enorme nivel. Y si entra además en la nueva política de precios de la editorial a ver si así nos comemos una rosca poco más se puede añadir para que salgáis todos a comprarlo, a ver si así empieza a publicarse más y mejor a Block.

El eterno de Joann Sfar, ed. Reservoir Books

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En lugar de volcar sus obsesiones habituales en un cómic Sfar se hace una novela con un artista vampiro judío que acude a una psicoanalista viuda para tratar su complejo de culpa, enamorándose de ella. Vamos, que no es un cómic pero sigue con sus cosas.

De animales a dioses de Yuval Noah Harari, ed. Debate

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Librazo notable este que pretende la loca meta de resumir la historia de la humanidad en un discurso que yo diría más antropológico que puramente historiador, buscando más los motivos de esos avances y el contexto en el que se produjeron que una tabla de sucesos ordenados cronológicamente.

Las esposas de Los Álamos de TaraShea Nesbit, ed. Turner

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Nueva colección en Turner con la interesante idea detrás de ofrecernos a autores poco conocidos, inéditos en muchos casos, que presentar ante el lector como una revelación. En este caso se trata de una novela sobre las esposas de los científicos de Los Álamos, durante las pruebas de creación de la bomba, su parte en los hechos y su posición como espectadoras en todo el episodio de la construcción mortal.

 

Wild boy (El chico salvaje) de Rob Lloyd Jones, ed. Alfaguara

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Novela teóricamente juvenil sobre un circo en la Inglaterra victoriana, un circo con unos habitantes muy especiales, sobre todo uno de ellos, un chico cubierto de pelo que fue vendido como una atracción y que tras años mejorando su capacidad de observación ahora se encuentra en mitad de un asesinato. Y más vale que se de prisa en resolverlo porque el principal sospechoso es él.  Un Murder Mystery que trasciende del público juvenil al que se supone que se dirige para lograr una obra más compleja de lo que parece a primera vista, con muchas posibilidades -sobre todo de acabar siendo una serie- y que deja con muchas ganas de mas.

Días señalados de Jens Smaerup Sorensen, ed. Nocturna

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Saga nórdica pero no de las habituales, aquí tenemos a un joven que decide enrolarse en el ejército durante la IIGM y, a partir de ahí, su historia y la del país -Dinamarca en este caso- además de los diferentes personajes que van construyendo para sustentarla en una creación extensa e intrincada con la estructura de todo un novelón.

La comemadre de Roque Larraquy, ed. Turner

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Un libro singular. Una historia sobre experimentación médica y amor con una doble trama separada por un siglo y que permite no solo conocer a extraños personajes dedicados a revivir a los muertos sino, además, las necesidades que les han llevado a ello. Una historia argentina que logra funcionar como mucho más que una extraña iteración frankensteiniana.

La sangre de los King de Jim Thompson, ed. RBA

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Lo bueno de que Thompson escribiera a destajo es que parece inacabable la cantidad de novelas suyas que tenemos por leer. Lo malo es que con tanta producción no siempre podía mantenerse el nivel. En cualquier caso esta obra tiene otra curiosidad, y es que más allá de la ruralización del ambiente estamos casi ante un western. Uno especialmente violento y en el que el delito -de uno u otro estilo- estuviera moviendo la acción, claro.

El naufragio de la Medusa de A. Corréard y H. Savigny, ed. Ediciones del Viento

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Los supervivientes de un hecho tan histórico como este, inmortalizado por Géricault y convertido en un emblema del romanticismo francés, relatan aquí la tremenda historia real tras el naufragio en 1816 ante la costa mauritana de la fragata Méduse. Más que una narración histórica, una recreación escalofriante.

Masa de Joost Vandecasteele, ed. Tropo

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Curiosa y diferente es esta obra. No exactamente una distopía, pero tampoco muy lejana gracias a la forma en que este thriller o tecno-thriller habla de la Masa, tanto en cuanto a grupo de identidad no individualizada y como ejemplo de exceso de gente, una historia cercana a la actualidad que trata de descubrir donde hay personas y dónde solo masa.

El intenso calor de la luna de Gioconda Belli, ed. Seix Barral

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Narración sobre el paso a la madurez y los cambios que traen consigo -o quizá justo lo contrario- contado con el habitual buen gusto por parte de Belli.

El relato de John Smith de Sir Arthur Conan Doyle, ed. Confluencias

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Parece que toca el turno de recuperar obras tempranas de Conan Doyle, esta vez con la que podría considerarse su primera novela, aunque no es intriga lo que encontramos aquí sino a un narrador empeñado en darnos su opinión de la vida y de todas las cosas. Una curiosidad.

Los siete hermanos de Aleksis Kivi, ed. Nórdica

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En este novelón nórdico -Finlandés esta vez- volvemos a tener una historia total, una obra que resume y condensa la historia de unos personajes que van pasando por todo tipo de peripecias y emociones, utilizando el humor cuando es necesario pero no por ello despreciando la tragedia, para narrar mediante la historia de una familia lo que podríamos considerar la historia de todo un pueblo.

Otras tradiciones de John Ashberry, ed. Vaso Roto

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Ensayos de Ashberry hablando sobre otros poetas, una oportunidad por tanto para conocer mejor no solo a los que analiza sino, también, al que habla.

Cuentos de Odesa de Isaak Babel, ed. Nevsky Prospects

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En esta preciosa edición llena de ilustraciones del famoso relato corto de Babel se nos cuenta las historia de unos bandidos y sus circunstancias, permitiendo así tratar con humor una multitud de temas, de la pobreza a la justicia pasando por la esperanza y su ausencia. Muy a favor.

Hacer el bien de Matt Sumell, ed. Turner

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Un libro sobre la confusión. La del mundo en general y la que provoca en su narrador, un joven que no acaba de entender cómo comportarse, por qué todo parecer salirle al revés o de qué va la vida.

Un mundo propio (Diario de sueños) de Graham Greene, ed. La uña rota

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No sé hasta qué punto esto es una curiosidad de un escritor y hasta cuál parte fundamental de su obra más personal, es decir, los sueños puestos en orden y explicados, narrados intentando mantener esa propia lógica y plagados de recuerdos de amigos -muchos de ellos conocidos- sirven casi más para ver a Greene como persona que al escritor. Y, sin embargo, ¡cuántas cosas podemos aprender del uno a través de lo otro!

Ochenta mujeres de Manuel García Muñoz, ed. La librería

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Por increíble que parezca esta es la cantidad de las mujeres que fueron fusiladas en el Madrid de posguerra. Aquí está la historia de todas ellas, quiénes fueron, qué hicieron y cómo terminaron siendo condenadas a muerte.

Acontecimiento de Slavoj Zizek, ed. Sexto Piso

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Una nueva obra del filósofo de los tiempos vloggers, que busca analizar la realidad cotidianas y sus productos de ocio para ofrecer una mezcla de análisis y entretenimiento. Sobre todo entretenimiento.

Historia del mundo en 12 mapas de Jerry Brotton, ed. Debate

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¡MAPAS! Pocas cosas más interesantes tanto para hablar de la diferencia entre la representación y la realidad como para viajar ilustración mediante, o como en este caso, para ir encontrando los diferentes modos y modelos en que su función y evolución han ido definiendo la historia.

Paseos por Londres de Virginia Woolf, ed. Línea Horizonte

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Además de una preciosas fotografías de la ciudad tenemos aquí una obra de Woolf sobre Londres que se puede entender como una obra de literatura de viajes más sentimentales que geográfcos.

Italia, 1850 de Théophile Gautier, ed. Abada

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Gautier fue publicando en diversos libros algunas de las cosas que le pasaron y se le ocurrieron durante sus viajes por Europa, así que ahora Abada ha recopilado los tres que publicó sobre distintas ciudades italianas (Milán, Venecia y Florencia) permitiendo no solo centrarse en lo que contó de esa parte de su viaje sino, además, de la situación completa y compleja de Italia tal y como lo percibía un turista, por excepcional que fuera.

De un experto en demoliciones de León Bloy, ed. Berenice

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Bloy dándolo todo en críticas literarias -y no solo- absolutamente vitriólicas, decidas a hacer de la iconoclastia no ya una obra de arte sino incluso un terrorismo de salón especialmente vistoso.

La pandilla de Asakusa de Yasunari Kawabata, ed. Seix Barral

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Un inédito en español de Kawabata que habla de la modernidad que llevaba al Japón de los años ’20 no solo la gente que se reunía en el barrio de Asakusa sino también el tipo de actividades que allí se llevaban a cabo intentando mover la vida cultural e introducir novedades occidentales entre los ciudadanos nipones.

A espaldas del lago de Peter Stamm, ed. Acantilado

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Colección de relatos del escritor suizo en los que sus personajes enfrentan con situaciones cotidianas en las que temas como la soledad y el fracaso tratan de ser superados con humor y sensibilidad.

Demonios familiares de Ana María Matute, Destino

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Unas pocas páginas, una tapa dura, un autor de prestigo. La moda de este otoño.

Así empieza lo malo de Javier Marías, ed. Alfaguara

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Lo de Marías, que está siendo un best-seller en toda regla.

Coloreitor de Forges, ed. Espasa

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A veces uno sospecha que hay autores que nunca creen haber ganado suficiente dinero.

Buscando a Alaska de John Greem, ed. Nube de Tinta
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Green y sus historias de amores, desamores, adolescentes, gente que se siente fuera de su sitio y que busca encajar. Green, vaya.

Una estrella que no se apaga de Esther Earl con Lori y Wayne, ed. Nube de tinta

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La historia de la chica en la que Green se basó para la idea central detrás de Bajo la misma estrella. Porque ella puede estar ya muerta, pero el negocio editorial nunca descansa, baby.

Cuatro de Veronica Roth, ed. RBA

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Historietilla en el mismo universo que Divergente pero que parece creado para responder a algunas preguntas. Fundamentalmente: Ahora que sale la película y parece que vamos a ganas pasta a espuertas, ¿no tendrías algo para sacar incluso más?; y también alguna de la trama, creo.

Todo patas arriba de Pablo Albo y Viviana Bilotti, ed. La guarida

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Bello álbum ilustrado, como suele ser habitual en esta editorial, en el que el beso de una pareja crea ondas en la realidad que les rodea. Bonito, bien ilustrado, con un transfondo tierno, ¿qué más pedirle?

El secreto de Sofía de Niñocactus y Clau Degiuomini, ed. La guarida

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Una colección de pequeñas historias y preciosas ilustraciones en las que una niña trata de descubrir los grandes y pequeños secretos que su familia guarda gracias a esos momentos conservados por ellos que acaban siendo los más valiosos.

Hasta aquí. Ahora a esperar la próxima semana, con el inicio de octubre. Yo ya no sé si atrincherarme no va a ser que vayan a seguir llegando novedades de esa reentré que se me está haciendo tan larga como todas las modas literarias. Mientras tanto… ¡Nos leemos!