Ayer sacó Amazon su primera tanda del año de pilotos. El resumen que os hago ya de ellos es que para esto se podrían haber quedado quietos una temporada. Igual que la anterior vez había bastantes posibilidades y estilos en esta ocasión tenemos un batiburrillo bastante indigesto que, en demasiadas ocasiones, saca lo peor de la ficción estadounidense a relucir. Pero ya que me he visto los trece pilotos estaría feo que siguiera debajo de la mesa sollozando por el trauma así que vamos a hablar un poco de ellos.

Buddy: Tech detective (USA)

La manía de integrar a los niños en cosas tecnológicas sigue rechinándome, la de empeñarse en hacer «interactivo» lo que no lo es no deja de parecerme una extraña mezcla con los títeres antiguos -¡y sin poder medir su reacción!- pero por lo menos estos tienen una animación más cuidada, esbozos de personajes diferentes y una clara pretensión inclusivista. Vamos, que no es especialmente bueno pero por lo menos no dan ganas de prenderle fuego al ordenador.

Cocked (USA)

Hablando de prender fuego al ordenador. Quizá una de las series más… ni siquiera ofensiva, simplemente triste, es esta cosa con Jason Lee cada vez menos en forma -y más relegado- en la que una familia de fabricantes de armas tiene que tirar del hermano que huyó de su tiránico padre y abrazó el lado Izquierdista USA de la vida para evitar que una malvada, malvada compañía -de otro familiar- quiere terminar con ellos. Se supone que es una dramedia en el que la comedia lo pone las dos idiosincrasias chocando y el drama es tener que soportar esto.

Down Dog (USA)

Si creías que lo anterior era estúpido espera a esto. Un tipo que se supone lleva sobreviviendo toda la vida de ser guapo y relajado -¿?- pero que nunca ha hecho de modelo tiene una ruptura y entonces decide reiventar su vida o algo. Yo que sé, es como una cosa de parodia del yoga y el estilo de vida californiano que no sé ni qué público esperan que tenga. Ay.

Just add magic (USA)

Entre los pilotos infantiles de Amazon hay dos series juvenil/infantil que no tienen NINGUNA presencia femenina. Pues casi me parece peor para las chicas esta que tiene multitud. Tres niñas que sospecho debieron coger en la calle por lo mal que actúan -Vale, no voy a pedir el Nivel Granja Británica pero ¡al menos un Nickelodeon!- tratan de arreglar problemas o algo con un libro de cocina que tiene recetas mágicas en lo que parece el corto que rodarían un par de de amateurs con lo que escribieron cuando iban a primaria. O peor.

Mad Dogs (USA)

No veo el motivo de remakear la británica Mad Dogs para el público americano, pero se ve que estoy en inferioridad opinativa. El caso es que Shawn Ryan es particularmente extraño porque esperaba -quizá con ingenuidad- que ya que se metía fuera para darle su sello particular al asunto. Pues no. Se repite con cambios mínimos -en lugar de Mallorca se van a Belice, los lugareños son incluso más… más… que en la británica y los personajes son más bros– y, peor aún, con peores actores. Y esto no va por Billy Zane, que total para lo que hace. Una oportunidad perdida en general cuyo mayor aprovechamiento será que alguno decida echarle un ojo a la británica. Aunque no es algo que espere.

The man in the high castle (USA)

Llegamos a la mejor del lote, aunque sea solo por demérito de los rivales. Sé que esta novela de Dick es una de las que mayor polarización produce pero la serie decide ir por unos caminos claros, acercándose sobre todo a las miniseries de la BBC: Un gran trabajo de producción con un estilo cinematográfico magnífico. Quizá por ello lo irregular del reparto y algún problemilla menor en el manejo de los tiempos llaman más la atención. Pero viéndolo en global -no digamos ya comparado con el resto de desastre- estamos ante la única propuesta que deja ganas de seguir viendo cómo hacen avanzar la historia.

The New Yorker presents (USA)

Batiburrillo. Supongo que ellos hubieran preferido considerarlo como «Programa mixto de artes» o algo similar, pero lo que tenemos aquí es un batiburrillo que ofrecía ideas en principio interesantes: Relatos, viñetas, entrevistas, documentales, poemas… El resultado es… en fin. La microadaptación de un relato de Simon Rich interpretada nada menos que por Alan CummingBrett Gelman es correcta sin más, Gelman hace todo lo que puede pero la versión de Dios de Cumming resulta demasiada alejada de lo que ofrecía el relato original, de la misma forma que el documental que Jonathan Demme hace sobre el profesor Tyrone Hayes y su lucha parece a ratos más propio de un competidor de reality que de una denuncia fundada, muy lejos del artículo de Rachel Aviv que tanta fama tuvo hace unos años. Las viñetas de Emily Flake están más que son y solo la entrevista de Ariel Levy a la siempre extraña Marina Abramović parece lograr un acercamiento diferente propio del semanario. Lo peor, sin embargo, es el poema de cierre, una versión del sentido King de Matthew Dickman que Andrew Garfield masacra sin piedad en una pieza que parecería una parodia de las ideas locas de James Franco si creyéramos capaz a Garfield de algo así. La idea de este programa no era mala, los nombres envueltos tampoco, el resultado es, por tanto, más decepcionante. Quizá con más rodaje…

Niko and the Sword of light (USA)

Ramplona serie que con una buena premisa y un trabajo de animación superior a la de de sus diseños generales -que parecen dividirse entre los inspirados por otros y los que simplemente no sabían cómo realizar- que acaba dejando con la sensación de que alguien sabía lo que hacía y lo que quería conseguir pero no fue capaz de explicárselo -o imponérselo- al resto. Por cierto, además del protagonistas salen varios enemigos, varios secundarios y unos cuantos encuentros ocasionales pese a lo cuál esta es una de las dos series sin presencia femenina.

Point of honor (USA)

¿Es posible intentar hacer una versión de Norte y sur con una fracción de su presupuesto y tratando de arreglarlo al estilo blanquito? Sí, como posible es. Ahora, el resultado… será como este que logra molestar a todo el mundo no por hacer las cosas bien sino justo por lo contrario. Una familia del sur tiene -resumiendo- un cuñado que les convence de liberar a los esclavos. El cuñado acaba en el ejército del norte, el otro en el del sur. El trato de los blancos terratenientes con los esclavos bordea la comedia de puro ridículo -la escena de Os liberamos y os ofrecemos contrataros, casi entra en el esperpento-, las batallas bajan del recreacionismo tirado a directamente la pachanguita dominguera y cualquier atisbo de intensidad o pasión en los protagonistas es más falsa que una portada de Harlequín. Un completo desastre.

Salem Rogers (USA)

Esta podía haber estado bien. Una ex-supermodelo deja la rehabilitación para volver al mundillo, para lo que busca a su antigua asistente para que la ayude. Lamentablemente ya no estamos en los años noventa y por mucho que los implicados –Leslie Bibb en el papel de la insufrible diva, Rachel Dratch como su sufrida ex-ayudante, Harry Hamlin en un brevísimo papel como su agente- hagan lo que puedan ni el tono pretendidamente abrasivo ni la insoportabilidad del personaje central y el patetismo de su ayudante encuentran redención siendo divertidos, cercanos o sinceros. Que lo intentan, sin duda, pero a estas alturas hacer chistes sobre el Sida para intentar parecer incorrectos es… bueno… TAAAAAN de los ’90.

Sara solves it (USA)

Otro de esos programas infantiles que quieren ser didácticos, interactivos y alegres y que solo me sacan de quicio. Señor, señor, qué sufrimiento de gritos, canciones y repeticiones.

The Stinky & Dirty Show! (USA)

Con un estilo que definiremos amablemente como curioso, esta serie por ordenador narra las aventuras de dos amigos para solucionar algunos problemas en un mundo que está habitado por coches humanizados porque a ese concepto Pixar no puede registrarlo. Teniendo en cuenta que uno es Oloroso, el camión de basura, y el otro es Sucio, la pala-escavadora casi podríamos estar hablando del primer bromance para niños de preescolar, sobre todo teniendo en cuenta que es el otro piloto de Amazon sin presencia femenina alguna. Por suerte no tiene frat-humor, pero vaya.

Table 58 (USA)

Terminamos, ¡por fin!, con una comedia juvenil que no estando mal podría haber dado más de sí. Cercana en concepto tanto a las series del Disney Channel o el Nickelodeon como a conceptos más antiguos, fundamentalmente aquella Parker Lewis nunca pierde que con tres temporadas logró una honda impresión que le dicen. Lamentablemente este tipo de series -pongamos también Student bodies para que la siguiente generación no se sienta ajena- precisa de algo de rodaje y un poco más de dinero. Una vez más el ecosistema en que se mueve la convierte en una buena serie, probablemente la segunda mejor del lote, incluso aunque recurra a algunos clichés obvios y necesite un mayor desarrollo. Si deciden darle una temporada os puedo asegurar que la vería.


Supongo que habrá alguna realidad alternativa en la que Crims (UK) esté bien. Desde luego no es en esta. Una comedia sobre un pobre chico condenado a dos años de cárcel por un lío en que le mete el novio de su hermana que se obstina en mostrarnos una y otra vez que el protagonista es patético y el cuñado un idiota. Si no hubiéramos visto en años recientes obras de todo tipo que ofrecen un acercamiento cómico y cercano a las cárceles tanto en Dead boss como en, por supuesto, OITNB, podríamos suponer que se debía a las circunstancias del entorno. Pero como de Porridge han pasado ya cuarenta años en los que alguien podía haber tomado notas vamos a limitarnos a suponer que los creadores de la serie tenían otras cosas que hacer.

Si alguien esperaba algo bueno de Eye candy (USA) -yo mismo, por ejemplo- ya se puede ir olvidando. Vale, quizá el estar basado en una novela para adultos de R.L. Stine no era la mejor de las presentaciones pero la idea de una lucha del gato y el ratón con múltiples sospechosos y las afirmaciones de que se estaba tratando de lograr un ambiento similar al de la serie de Scream que está preparando la misma cadena -la MTv– parecía orientarnos a una mezcla de Catfish con Scream y Pretty Little Liars que, una vez vista, lo que ofrecen es un oscuro futuro sobre la de  Craven. En cuanto a referentes, supongo que será Stalker, por aquello de ser también una novedad, aunque yo particularmente diría que por oposición más que Scream tenemos Profiler, más que PLL Ringer y, desde luego, lo que pretende ofrecernos de internet se acerca sobre todo a La Red. Quizá fuera de este espantoso piloto podamos encontrar una serie mínimamente competente, pero reconozco que a estas alturas es una posibilidad que considero bastante remota.

En cuanto a Little Charmers (USA)… Creo que puedo afirmar tranquilamente que no soy su público. Es una serie dirigida a preescolares que, santo cielo, tiene una animación muy mediocre y unas figuritas que parecen pensadas para venderlas más que para proporcionar algún tipo de modelo. Como tampoco me voy a poner a gritar a la pantalla por algo que llevan tanto tiempo haciendo me limitaré a que cada cuál juzgue y decida si exponer a esto a sus hijos.

Hablando de exponerse, Man Seeking Woman (USA) es una comedia que tiene a su favor un equipo de cómicos detrás con Simon Rich de creador y un reparto que se centra en Jay Baruchel, pero también tiene detrás a Eric André, Britt Lower, Maya Erskine y -dado que uno de los productores es Lorne Michael– invitados como Vanessa Bayer van a apareciendo. El resultado… bueno, al menos juega con la realidad de una manera original, mezclando elementos fantásticos con total naturalidad. Como comedia no vale gran cosa, eso sí, pero al menos han intentado hacer algo distinto con actores que hacen lo que pueden. Lástima que estemos ante uno de esos Temas más viejos que el mundo y que en lo fundamental sea la historia de siempre.

Como los programas de ilusionismo están poco a poco ganando momentum esta semana tenemos Now you see it (UK) -podríamos hablar también de Troy: Street Magic, pero el nuevo programa de SyFy viene a ser el típico de Magos en la calle- que es algo así como un Magicine, o Magazzine de la Magia o a saber, trucos que sí, trucos que no, un poco de charla, y mucho Medios Sociales.  Así demostramos no solo ese interés progresivo sino, además, la posibilidad de crear algo nuevo en un tema tan antiguo.

Debo decir que al leer el título de Red Rock (O) (Irlanda) esperaba algo de acción. No es que tuviera motivos reales para pensar algo así, más aún cuando resulta ser una suerte de EastEnders o Coronation Street o Amar en tiempos para siempre, una telenovela de sobremesa centrado en los habitantes de unas calles que se adapta a la idiosincrasia del lugar.

De Schitt’s Creek (CA) puedo decir que es un proyecto de Eugene Levy con su hijo Daniel y que, bueno, ¿cómo describiríais la carrera de Levy? Pues un poco esta serie. A su favor está contar con un buen reparto de secundarios como Chris Elliott o Catherine O’Hara y en su contra prácticamente todo lo demás, ni los actores tienen mucho que hacer ni la historia de una familia rica venida a menos logra ofrecer algo interesante, original o innovador.  No será lo peor en lo que puedas ver a Levy pero es que tampoco sé si eso es posible.

Seguimos con los canadienses con Sunnyside (CA), un programa de sketches ahora que parece que estamos en pleno éxito de los mismos. El invitado especial aquí es Norm MacDonald que le pone voz a un agujero teóricamente sabio pero fundamentalmente faltón. En realidad va a hacer falta mucho tiempo y rodaje para que pueda salir algo interesante de este grupo, porque yo de momento los veo muy poco interesantes o cohesionados.

Terminamos con el gran lanzamiento de la HBO del mes: Togetherness (USA) Proyecto de los Duplass, esos hermanos que se asocia siempre con el mumblecore y que aquí tenemos en toda su gloria. Como a mí personalmente me desesperan las quejitas y lloriqueitos de un par de señores blancos de mediana edad hablando de su familia y sus cosas y blablablalba no voy a intentar siquiera fingir un intento de subjetividad. Si a vosotros os parecen bien estas cosas de realismo pocho seguro que os gusta, yo no soy capaz.


Sobre la pureza

La pureza no existe y, en realidad, tampoco debería preocuparnos tanto. La pureza es, al fin y al cabo, un concepto absoluto. No diré que algo así sea aburrido, por supuesto, pero sí que ofrece pocas posibilidades para nada que no sea tratarla más como un objetivo que como una finalidad.

Quizá quien lea el anterior párrafo piense que es una afirmación cínica, cuando en realidad el cinismo no debería ser tanto un contrario a la pureza como a la mirada del entusiasta, del que está seguro de que ello -sea lo que sea ello– es Lo Puro y no admite crítica posible. El problema es que los que defendemos la variedad de posibilidades, por grises o relativistas que nos consideren, tendemos a entender todo un rango de posibilidades intermedias.

La pureza entendida como un concepto total, como La Pureza, tiene tres problemas fundamentales: 1) Obliga/conlleva una sobrecarga de escrutinio/presión que no suele servir más que para validarla, 2) Obliga a una definición de lo que entra y lo que deja fuera, no existe una Pureza que pueda ser integradora en cuanto que aquel que falla esa primera Prueba de Escrutinio queda apartado y 3) Debido al relativismo del que hablaba antes lo que para uno puede ser un Ejemplo de haberlo pasado para otro puede ser una Prueba de estar fuera. Incluso sin considerar una cuarta posibilidad con la separación obligada en una superioridad más o menos real en una suerte de ascensión al pedestal que pareciera juzgar al resto, todos estos puntos son problemáticos.

Pero relacionémoslo con la televisión, porque cuando se habla de La Pureza se puede uno referir a muchas cosas. Podemos estar juzgando un comportamiento -generalmente moral o ético- de una persona, podemos estar refiriéndonos a su juicio como libre de ataduras y consideraciones, podemos simplemente juzgar su Bondad Superior bien como Calidad o como Capacidad. En todos los casos nos estaremos equivocando. Bien porque no tiene sentido exigirlo, bien porque los cambios no solo suceden sobre el objeto, también la persona que mira replantea su propia observación.

Dejo fuera del comentario un caso concreto en el que Pureza se use por no utilizar otra palabra, y aún ahí el resultado es dudoso, que es al afirmar de cierto producto su condición de ser Puro X en donde X puede ser un atributo o un género. En realidad no existen los género completamente puros, incluso si pudiéramos ponernos de acuerdo en cuándo es algo un género, cuando una ambientación, cuando un trasfondo y cuándo una suma de rasgos y tropos que dependen de un batiburrillo de circunstancias tal que la acumulación de estos puede hacer que, según la pericia de la persona al mando, nos movamos entre un cliché y un paradigma, al fin y al cabo muchos de los ejemplos usados Por antonomasia tienden a ofrecer otras visiones.

Volviendo a las posibilidades anteriores, juzgar los comportamientos -aún cuando sea para proponer como ejemplo o por puro efecto fan- no suele tener mucha utilidad. Lo ideal es, por supuesto, considerar la posibilidad de actuar de la mejor de las maneras posibles como nuestra finalidad última pero no encumbrar o aplastar a los que no las cumplan. Hay que saber sacar lo provechoso antes que lo puro pues incluso si se demuestra como no puro puede ser interesante. Centrándonos en la capacidad de análisis y juicio, no tiene sentido reclamar la total Objetividad, la Pureza Objetiva -o viceversa- no existe, solo se puede intentar dar una visión lo menos subjetiva posible. Es decir, atendiendo no a lo que nos guste a nosotros -o a aquellas teclas que más cerca nos toquen- sino a una valoración global. Sobre todo teniendo en cuenta que cada vez que juzgues -por exposición más que por recuerdo, aunque también suceda- una obra posiblemente varíes de opinión -en rangos mínimos o máximos, ese es otro tema- por todo lo que es subjetivo en una persona, sus circunstancias externas y sus gustos personales. -Más aún cuando ciertos gustos personales pueden llevar no solo a pasar por alto fallos sino, incluso, a juzgar con más dureza aciertos al conocer bien el campo-. De manera que cualquier pretensión de Objetividad acabará funcionando más como opuesto a un abandono en la Subjetividad desatada antes que por el logro de la siempre imposible Pureza. (Hasta el punto de que, en ocasiones, las críticas dicen más de la persona que las realiza que de la obra sobre la que se supone que se tendrían que estar revelando las claves para un análisis o, las más de las veces, un simple proceso de anotación y reseña). Por entendernos, antes es preferible un acercamiento epicúreo que hedonista.

La Pureza como Bondad o como idea de Capacidad suele estar más relacionada con consideraciones y conocimientos del pasado, ligada incluso a ese concepto moderno y anglosajón del hype, la Infalibilidad creativa puesta para convencernos de una superioridad que muchas veces puede limitarse a una réplica, de nuevo, del fenómenos fan. Esperar lo mejor de alguien, sobre todo de quien nos ha demostrado gran Capacidad en el pasado, es lógico, pero no se puede exigir ni, desde luego, retirar -y rejuzgar las obras anteriores- en función de lo más reciente. No quiero decir que no se puedan hacer nuevos análisis a partir de los fallos, logros y obsesiones que obras recientes revelen pues -como decía antes- cada nueva visión comporta un cambio y, como tal, permite una lectura acumulativa antes que restrictiva. Pero por ello mismo conviene ser contemplativo en nuestros juicios y reflexiones.

La necesidad de establecer unos criterios para colocar esa Pureza ya debería hacernos sospechar dado que todo lo que excluya no puede ser tan bueno. Sí, puede ofrecer una sensación de superioridad, o de aislamiento frente al turbulento y desnortado mundo exterior, pero en lugar de entenderlo como un conjunto cerrado que traza una línea y señala a los que están dentro y fuera más nos valdría entenderlo como una línea. Una en la que moverse, avanzar, retroceder. Con una finalidad. La Ataraxia podrían decir algunas corrientes antiguas. Pero en realidad creo que precisamente ese es el camino, la meta es -sí- la Pureza. Entendida como una finalidad inalcanzable. Y hasta que no asumamos que ni nosotros ni nadie -al fin y al cabo ataraxia es un concepto no solo del epicureismo, también del escepticismo- la logrará pero que se puede intentar llegar y apreciar lo que se pueda sacar de entre esos que se encuentren en diferentes puntos de la escala, sospecho que no lograremos salir de las discusiones de simplismo maniqueo.

Pero, ante todo, no lograremos explicar que las cosas no son Buenas o Malas -todo tiene al menos una persona a la que le encanta y otra que lo odia, ¡todo!- sino una mezcla de múltiples hechos y posibilidades con distintas aproximaciones que ofrecerán siempre respuestas Asimétricas, no ya por las diferencias entre la primera y la tercera persona, sino por la misma naturaleza de su variedad.

Aceptado el valor asimétrico de los logros de cualquier obra -o persona, si se prefiere juzgar eso- tendremos que admitir también la imposibilidad de La Pureza y pese a la inevitable variedad de puntos de vista, tampoco es algo que debiera parecernos mal.


Para mi enorme sorpresa debo decir que Agent Carter (USA) está no ya bien sino muy bien, recupera intencionadamente -y de forma declarada- el sabor de los viejos seriales radiofónicos a la vez que logra crear una serie de acción e intriga con una heroína magnífica y una multitud de voces diferentes. Deja con ganas de vérsela de un tirón y pedir que hagan más. Así sí, Marvel. Así las que quieras.

Por su parte la CBC canadiense saca Book of negroes (CA), adaptación del clásico del canadiense Lawrence Hill que se basa a su vez en un documento histórico del mismo nombre con la lista de esclavos llevados al continente americano y que en USA emitirá el canal BET. Personalmente, quizá por la distancia con el tema, me ha parecido que se recrea en exceso, tardando demasiado en sus avances y logrando una historia demasiado lenta. Quizá sirva, eso sí, para que llegue a los espectadores a los que les parezca demasiado envejecida Raíces.

En cuanto a Charlie (O) (Irlanda), miniserie de la RTÉ irlandesa sobre la figura de Charles J. Haughey, primer ministro tan encantador como conflictivo, con una extensa carrera llena de escándalos, resulta cuanto menos interesante ver tanto la parte política como el retrato de la persona y la sociedad.

Con Cockroaches (UK) la ITV -en su versión ITV 2– se ha apuntado a las series postapocalípticas. En tono de comedia. En teoría. La verdad es que esta historia de los supervivientes de una hecatombe nuclear que rehacen sus vidas tras el desastre tira de tantos lugares comunes y recurso al patetismo que poco se puede decir -bueno o interesante- pero en fin, veremos más intentos este año.

En cuanto a Empire (USA), produce una extraña sensación. Por un lado no se me ocurre nada que destacar, ni por su originalidad, ni por sus interpretaciones. La historia de un tipo duroduro que pasó de ser traficante a crear su propio negocio y tener el poder pero ahora está enfermo y no ve a sus hijos capaces y blablablala. Novedades: Está ambientando en el mundo del HipHop -que es el famoso Imperio- y la mayor parte de protagonistas son afroamericanos. Y ya. Pese a lo cuál. Está bien hecho, bien contado y funciona a la perfección como esa mezcla de melodrama y meloculebrón. Así que podemos mantenerla entre las series mientras esperamos que mejore o salga otra cosa.


Hablando de cosas poco originales, la CBBC, el canal infantil/juvenil de la BBC, ha estrenado Eve (UK) serie sobre un científico que hace una roboz que la empresa encarga destruir pero que él decide esconder en su casa, o algo así. El resto es lo que os podéis imaginar. Que no está mal para el público al que se dirige pero que a quien esto escribe no le importaría algo de originalidad de cuando en cuando.

En Galavant (USA) tenemos una mezcla de cosas malas y cosas buenas. Lo peor es que los protagonistas y sus historias tienden a ser sosos a más no poder, por contra el lado de los malos es magnífico, con un Timothy Omundson enormísimo, disfrutando como un jabalí en el barro, apoyándose en una interpretación seria y seca de Vinnie Jones que parece nacido para hacer de straight man y en las bufonadas de Darren Evans que compone a un chef robaescenas perfecto. Ellos, junto con las canciones -bien hechas aunque no muy memorables- de Alan Menken y Glenn Slater, salvan los trastos de la función que tiene toda la pinta de ir a quedar como un recuerdo amable y poco más.

A ver cómo lo explico yo… Hindsight (USA) es una serie romántica con viajes en el tiempo. No ha quedado mal… Un poco más: La VH1 decidió crear esta comedia, que podría recordar en algunos momento las premisas de Peggy Sue se casó, Dos vidas en un instante, Being Erica o incluso Life on Mars, aunque yo debo decir que por encima de todos me recuerda a Operation Proposal, el dorama coreano de bodas y viajes temporales. Con esto dicho ya podemos comenzar reconociendo que es original aunque no tanto y que aunque haya una historia que se nos presenta para ir expandiéndose por el tiempo tenemos aún mucho que ver para poder juzgar hasta que punto saben llevarlo. De momento tenemos una serie agradable, así que tampoco nos vamos a quejar.


Los premios: El Sark de Oro Tv 2014

Hecho el repaso del año vamos a hablar un poco más de las dos series que han merecidolos premios opinión de quien esto escribe. Así que lo que toca ahora es… ¡la explicación de todos los años!

Como cada año he de señalar que el criterio para el premio es tan sencillo o complicado como el mío propio. De entre todas las series nuevas que veo -es decir, que no me quedo solo en el piloto sino que continúo con ellas hasta su final de temporada o, como poco, su hiato de media temporada- elijo aquellas que más me han gustado. Como veis el único miembro del jurado con el que me tengo que poner de acuerdo soy yo. De modo que paso a indicar cuales son estos ganadores de tan simbólico galardón y cuáles han sido los motivos. (Y un año tengo que poner las listas de Sark de Plata y Oro Tv pasados)

Tras esta debida precaución vamos a ello. Venga el redoble.

Sark de Plata Tv para…

Jane the Virgin

Como decía en el repaso, las cuatro grandes no han sido capaces de presentar gran cosa este año pero la CW sigue evolucionando y nos ha presentado este pequeño artefacto de metaculebrón cómico que tanto me ha gustado. Creo que ya escribí suficiente sobre ella el otro día, pero vamos a hacer un repaso: Un reparto magnífico con varias actrices poco conocidas que demuestran enormes capacidades -especialmente la teórica villana Petra, interpretada por Yael Grobglas israelí nacida en Paris cuyo papel más importante hasta el momento era en Ha’yi aunque hubiera hecho papelitos en otras producciones de la CW sin lograr destacar tanto como aquí- que acompañan magníficamente un guión que no solo subvierte el original sino que, además, parece empeñado en buscar y retorcer las convenciones generales de los culebrones desde la autoconsciencia que les da no solo el género sino, incluso, incluir de manera regular una telenovela propia del universo dentro de la narración. Una obra magnífica y más alegre y luminosa de lo que suele ser el género que asombra cada semana con escenas y planteamientos fuera de lo habitual.

Sark de Oro Tv para…

Inside Nº. 9

Vale, de esta también había hablado… ¡pero menos! Además, solo llevaban dos capítulos aunque, claro, ¡el segundo capítulo es una joya! Que no es que el resto no sean buenos, pero este capítulo demuestra la audacia con la que Reece Shearsmith y Steve Pemberton acometen el proyecto. A partir de uno de los capítulos de Psychoville -también audaz y magnífico aunque por otros motivos- les surgió la idea de hacer una serie que realizara una antología en la que se movieran siempre dentro del número nueve. Siempre con suspense y humor, con el género negro en sus dos variedades dando vueltas a ambos lados, pero cada episodio diferente de los demás. La teatralidad del primero en un solo escenario, la brillantez del segundo, el aire alucinado del tercero, la reflexión sociolcultural del mundo actual en la cuarta, el juego de espejos teatrales en la quinta y ese último capítulo que abraza y subvierte los recursos clásicos de la narración de casas encantadas del gótico inglés. Cada episodio es autocontenido, diferente y distinto en reflexiones y objetivos, de modo que la variedad acaba convirtiéndose en otro de los puntos fuertes de la serie. Te lo pones a ver qué ofrecen en esa ocasión, sabiendo que la repetición será solo de fondo. Y que, además, será un desfile de grandes actores que repasa a lo mejorcito de Reino Unido: Katherine ParkinsonOona Chaplin, Gemma Arterton, Lucy Hutchinson, Helen McCrory o mi siempre querida Julia Davis, tienen papeles de distinta extensión pero siempre agradecidos. En resumen, el tipo de serie de la que uno nunca tiene suficiente.

Dicho todo esto, me voy a permitir añadir al listado un Momento televisivo del año. Porque, como decía en el repaso, hemos visto muchas series, asistido a mucha variedad, y encontrado grandes momentos, pero creo que ninguno puede ser tan definitivo como este:

Y con esto ya está todo dicho.


Repaso televisivo a 2014: El Sark de Oro Tv

Como pasa con los libros, este año el repaso a las novedades va a ser más sencillo gracias a que a los Pilotos Deathmatch que han sido marca de la casa desde ni sé los años se han unido este año PD One Shot para ir llevando al día las anotaciones y que luego se me escapen menos programas.

Es cierto que quizá debería hablar también del resto de series que han ido continuando su camino. Decir, por ejemplo, que la segunda temporada de The Americans es tan lenta y estupenda como la primera, Hannibal ha mejorado adecuadamente, los programas de sketches que no son el SNL van caminando hacia su madurez creativa, o que The Good Wife parece que no tiene límite, que el final de Sons of Anarchy ha sido sangriento aunque mejorable y que series de larga duración como It’s always sunny in Philadelphia o Supernatural han demostrado que aún tienen cosas que contar. Que propuestas pequeñas como Rectify o Please like me siguen manteniendo un nivel alto. O que es una completa lástima que Rick & Morty comenzara en diciembre de 2013 porque la mejora de la serie capítulo a capítulo la ha convertido en una de las grandes atracciones del año.

Pero ya que estamos en esta páginas se sigue la costumbre de dedicarse más a la novedad que al fondo -o, al menos, tratar de manera diferenciada entre ambas posibilidades- vamos a echar un ojo a lo que ha llegado nuevo este año.

Como decía el otro día, las cadenas generalistas estadounidenses están de lo más tacaño en novedades. De manera que poco es lo que tengo apuntado por ahí. How to get away with murder es lo más destacable dentro de las cuatro clásicas y aún con eso y con su estupenda demostración de construcción en paralelo sigue sin igualar a las propuestas más restringidas. No digamos ya los superhéroes en donde la gran avalancha de series ha causado más ruido que nueces. Cierto es que puede ser un asunto de maduración, al fin y al cabo a los de SHIELD les ha ido mejorando la cosa el transcurso de los capítulos, pero poca esperanza es la que me queda teniendo en cuenta lo visto de The Flash (agradable mejora de la base smallvillesca), Gotham  (macedonia de empanadas) o Constantine (sus labores) pero como eso pasa en todas partes y lo mismo les da por eso que por el fantástico más acomodaticio (Penny Dreadful/ Salem/ The Strain) pues tampoco vamos a tenérselo en cuenta.

Queda, eso sí, pasar a refugiarse en otros géneros de no ficción. Con mayor o menos fortuna porque los concursos con intención inmersiva no parecen acabar de despegar -que le pregunten a los de  The Quest– mientras que los documentales están en plena forma, no hay más que ver The Art of Gothic de la BBC, acompañamiento de toda una serie de artículos, webs y otras hierbas, hipnóticas series de cocina como  Sweets Made Simpleel éxito de Cosmos o los Sonic Highways en la HBO o esa mezcla de comedia y travelogue maravillosa que es la segunda temporada y teórica serie independiente  The Trip to Italy  o su siguiente evolución, el mockumentary, como el que ofrecen en People just do nothing.

Claro que la parodia con pretensión de verismo ha sido otra de las constantes de este año, desde la que va a lo fácil y acaba encontrando su valor en el gran muestrario de cómics presentadas como  The hotwives of Orlando a el magnífico especial Dinner with friends with Brett Gelman and friends  en el que lo incómodo parece salir directamente del formato, algo que podríamos decir también usaba Review (with Andy Daly), versión americana del programa australiano que lo que perdía en mordiente con el paso de sketches sueltos a una suerte de serialización lo ganaba en humanidad y patetismo.

Hablando de lo cuál, vamos a quitarnos ya esas series que han tenido tanta resonancia crítica pero que a quien esto escribe poco le han interesado, tanto True Detective, que se encuentra ahora en el lado del péndulo de la infamia hasta The Knick de la que lo mejor que puedo nombrar es su música y The Spoils of Babylon que parece empeñada en malgastar su gran reparto en repetir una y otra vez el mismo chiste. Igual que antes que decir algo sobre Silicon Valley prefiero recomendar la más irregular pero, EMHO, mucho mejor – Halt and catch fire. Cuestión de gustos, si lo queréis. Y como este repaso lo hago yo aquí están los míos.

Fuera de eso hemos tenido un poco de todo, reflexiones sobre el alma humana como la menos-graciosa-de-lo-que-debería Mr. Sloane y la fiel-pero-no-tan-buena-como-su-libro Olive Kitteridge. En ambos casos hay buenas actuaciones y un trasfondo general muy prometedor pero dejan la sensación de que podría haber salido más de allí. Algo similar a lo que ocurre conThe Affair  historia a dos voces de una relación con misterios de por medio que aún teniendo algo de hipnótica no acaba de despegar. E, incluso, con la serie fantástica Intruders, historia retorcida de ocupantes de cuerpos que siempre parece estar a un paso de mostrar todo su potencial.

Lo que no quita para que sea una de las mejores nuevas series fantásticas del año, quizá porque en realidad no ha habido tanta compentencia, aunque sí haya habido bastante variedad. Tanta como para que no tenga nada que ver esta con el otro par de destacables, los zombies a la z con la Z Nation que ha demostrado que incluso Asylum puede hacer cosas decentes alguna vez -para sorpresa de todos- y el drama-romántico-con-viajes-temporales quizá demasiado lenta en lo que va contando que ha sido Outlander,  sorpresas ambas aunque de diferente estilo.  En cuanto a las historias sobrenaturales y de fantasmas, este año hemos tenido Remember me  que quizá en su parte final perdiera fuerza pero que es todo un ejemplo del camino a seguir para actualizar y mezclar esquemas clásicos en tiempos modernos.

No es el único género con destacados, claro. En la parte del negro, y fuera de lo mencionado en otras partes de este repaso, hemos podido ver una serie australiana que jugaba con distintos personajes como si fueran piezas de algo que no necesariamente era una conspiración en The Code, en USA  han tenido la estupenda serie de espionaje The game, de clara construcción inglesa y precisamente los británicos han sabido sacar algo interesante de Niño británico desaparecido fuera de su país con The Missing y, por supuesto, ofrecernos las dos últimas aventuras del siempre estupendo Johnny Worricker (Bill Nighy) que ya nos presentaron en Page Eight , con Turks & Caicos y Salting The Battlefield, para mí la segunda es la mejor de la serie y un telefilme de acción, aventuras y espionaje recomendabilísimo.

Pero si vamos a hablar de tendencias del año lo mejor que podemos hacer es irnos a Internete. Porque el famoso cambio de paradigma de espectador, del espectador pasivo -cuya única opción es moverse entre canales a ver qué le echan- al activo -que elige qué, cuándo, cómo y por cuánto tiempo quiere ver eligiendo de entre lo que se le ofrece- ha favorecido que los servicios saquen sus programas convirtiéndose en algo más cercano a una biblioteca que a una cadena, ya sea en servicios puramente orientados a la emisión de series como ese Amazon Prime que ha dado este año series más tradicionalescomo Mozart in the Jungle o la claramente creada para arrasar en premios Transparent -serie con una premisa que las cadenas tradicionales ya demostraron que  preferían no tratar-, o que le dan luz verde a un ejercicio de oscuridad y turbulencia como Hand of Gods del que todo lo que no es el piloto queda para este año nuevo.

O ya sea porque se utilizan las posibilidades de Internet para realizar estrategias de creación y emisión que son cada cual de su forma y estilo. Desde propuestas aún ligadas a un canal como puede ser el spin-off meta de Verónica Mars Play it again, Dick hasta ejercicos que unen la televisión con internet y con la creación menos narrativa y más artística como el programa de Joseph Gordon-Levitt HitRecord on TV  o incluso aproximaciones clásicas a lo que suele significar una webserie como la que la productora Pemberley creo usando sus conocimientos y experiencias para la PBSFrankenstein, MD. Y es que si estos dos últimos años hemos ido teniendo una fase de coqueteo y acercamientos ahora ya empezamos a ver cómo se establecen y expanden las posiblidades. convirtiendo Internet y sus variados recursos en cada vez más alternativa a la televisión entendida de manera clásica, bien por la posibilidad de realizar exploraciones y dirigirse a nichos concretos, bien por la equivalencia como autoedición televisiva que permite a cada cuál ofrecer lo que quiere/puede al mundo con el presupuesto del que dispone situándose en unos márgenes similares a los del fanzinismo o y la divulgación internetera que ya analizaremos con más tranquilidad en alguna columna futura.

La última tendencia general antes de ponernos en otras materias ha sido la de las series con pareja de mujeres protagonistas, recuperando el espíritu de Laverne & Shirley y continuando varias tendencias latentes, algunas que llegan por el éxito de la generación femenina del SNL y sus derivaciones, de modo que la imagen de BFF se impone al Bromance, no estamos ante Somances -sí, lo siento- sino ante ejemplos de amigas que se complementan y apoyan. Si recordáis lo comentado el año pasado sobre Ghost Ghirls el no os sorprenderá que se haya dado luz verde a proyectos de grupos cómicos ya establecidos como  Garfunkel & Oates o que actrices más o menos cercanas a la comedia hayan intentado jugar la carta este año ya sea como funesto autoremake en el caso de Playing House, como aproximación a la inglesa en el de Doll & Em o como absoluto descarrilamiento de trenes espantoso en Mystery girls, una de las peores series del año, que tiene mérito porque este año hemos visto algunas series realmente espantosas como como Mixology, Saint George Warren United. Pero mejor no hablemos de lo malo sino de lo bueno.

Por ejemplo, la mejor serie dentro de esta tendencia -y por bastante- es Broad City, que logra recrear un mundo femenino en lo que habitualmente había sido el territorio del humor masculino: Las clases trabajadoras, los tirados y las relaciones desastrosas y esporádicas. Como si de un acercamiento casi punk se tratara, canalizando más el humor de destrucción que podría tener clásicos ingleses de Mayall Bottom o The Young Ones, en la que el odio de clase se hubiera sustituido por la apatía. No estamos ante una comedia clásica de confrontación de personajes por sus arquetipos ni -y esto es importante- en una centrada en personajes que se ven como algo que tienen que cambiar para ser felices. Quieren ser felices pero en sus propios términos. Lo arriesgado de la ruptura con lo convencional puede alejar de la serie a algunos espectadores, sospecho. Pero los que entren en ella encontrarán una de las series del año que termina.

Lo que me lleva a retomar el género negro, que ha dado también alguna de las mejores series de este año. Por ejemplo la conspiranóica, compleja y violenta The honourable woman que cuenta no solo con un enorme trabajo actoral de su protagonista, Maggie Gyllenhaal -sin desmerecer a secundarios tan brillantes como Stephen Rea- sino, sobre todo, con un gran guión de Hugo Blick que va puliendo sus problemas habituales. o, al menos, reconduciéndolos de manera satisfactoria. Una miniserie estupenda e internacionalista.

Que contrasta por eso mismo con las dos aproximaciones ficcionales a los universos cercanos, a la crónica negra de pueblo que concentra el mal, independientemente del país o el continente. En un lado tenemos a Fargo, una serie a la que lo que más le pesa es el nombre y que está repleta de grandes interpretaciones de protagonistas y secundarios, además de una atmósfera estupendamente construida, algo que podríamos aplicar también a la inglesa Happy Valley, una de las sorpresas del año porque aquí sí que Sally Wainwright nunca había tenido la exposición como guionista y creadora que aquí ha logrado -y eso que ya ganó un BAFTA- y el reparto  estaba lleno de grandes profesionales pero, de igual manera, de un perfil más bajo que el de las dos series antes mencionadas. Cierto que es Wainwright ya trabajó con la protagonista, Sarah Lancashire, en su anterior proyecto, el irregular Last Tango in Halifax pero no es hasta aquí que logra una composición tan explosiva como la de Allison Tolman en la serie estadounidense, de manera que solo Steve Pemberton -tan ubicuo este año como su compinche Reece Shearsmith– parecía servir de reclamo. Esperemos que no fuera motivo para que se le pasara a la gente porque no solo es un ejemplo de British Noir estupendo sino, sobre todo, una gran serie.

Pero si a algo podemos llamar un clásico instantáneo este año es a Over the garden wall, demostración del estupendo momento de la animación en esa lucha entre echar más de lo mismo e ir empujando los bordes de los formatos. Aunque con aires de cuento infantil no parece un cuento para niños, o al menos no uno clásico sino más bien de los originales cuando aún eran tradición oral. oscura, variada, lleno de guiños que no hace falta coger para disfrutarla y de un encanto inesperado que permite fijarla como atemporal dentro de ese juego interior que permite  verla también como una película de dos horas. Con un claro principio y final que, además, juega con sus propios bordes, no solo es una de las mejores series del año sino una de las que sin duda más se verá repetir.

Por último, y ya fuera de lo que podemos considerar la ficción televisiva narrativa, dentro de esa forma de ficción que son las comedias o las noticias, en un año de tremendos cambios con la llegada de Meyers, el establecimiento de Fallon, el anuncio de retirada de  Letterman y dos de las despedidas más tristes que uno pudiera pensar al inicio del año, la de los programas de Stephen Colbert y Craig Ferguson, aún ha habido tiempo para que otra persona diera la sorpresa. Me refiero, claro, a John Oliver que con su Last Week Tonigh ha revolucionado la manera de hacer informativos satíricos permitiéndose piezas más largas con una clara intención viral. Lo que no estaba tan claro es que eso pudiera funcionar en la época de la brevedad internetera, pero resulta que sí. Y su triunfo ha servido, además, para marcar otra clara tendencia, la ascensión de los alumnos del Daily Show de Stewart frente al declinar de los del SNL de Michaels. Jugando con esa distancia que le permitía un único programa semanal y tratando de hacer fuerte uno de sus puntos débiles, como que ya estuvieran tocados todos los temas importantes, Oliver se aprovecha de la inexistencia de anunciantes en su cadena, la HBO, para repartir a lugares a los que no se suele tocar. Lamentablemente esa misma huida del lugar común hace que cuando el lugar común es el centro de la actualidad, como el machismo, el control de armas, las relaciones entre Israel y Palestina o el racismo, no se le ataque. Eso parece preferir dejarlo para el resto de programas y es una auténtica lástima porque precisamente ahí es donde podría demostrar valentía y su ausencia hace dudar de si es la huida del lugar común o la pretensión de parecer rompedor sin querer enfangarse en cosas que realmente hay espectadores que tienen interiorizado. No me malinterpretéis, es uno de los grandes programas del año. Pero podría haber sido mejor.

Precisamente por eso, y tras todo esto es el repaso llegamos a los que, siempre en opinión de quien esto escribe, han logrado dar ese paso más. Así que ya está bien de dar vueltas y hablar de unos y otros y vamos a por aquello a por lo que venís. Digamos ya aquello de: Los ganadores de los Sark de Oro 2014 son…