Iteraciones derivativas doctas eminentes


Doctor Who The Movie Part 1 por WhoFan1966

En 1989 se canceló la serie regular de Doctor Who, en 1996 falló miserablemente el intento de volver a empezarla con un telefilme. Pero eso no significa que no hubiera más historias del Doctor. Más aún, no es que fuera algo realmente nuevo.

Así que, una vez más, debemos regresar al pasado.

El estreno en 1963 de Doctor Who fue un éxito, sobre todo su segundo serial que iniciaría la Dalekmanía. En las navidades de 1964 estaba el juego Dodge the Daleks, la novelización de ese serial Dr. Who in an exciting adventure with the Daleks by David Whitake y, por supuesto, los cómics de los Annuals de Under World que saldrían a uno al año del ’66 al ’86 y los que Tv Comic publicaba de manera… ahm… peculiar. Con el Doctor ejerciendo de abuelo apacible de dos pequeños y sin poder encontrarse con los Daleks que para eso Terry Nation había vendido sus derechos para su propio cómic a partir del año siguiente dentro del TV Century 21 de Gerry Anderson.

Además, claro, de las primeras chanzas con unos y otros ya desde ese año. Al fin y al cabo el impacto de los Daleks fue profundo. Del Doctor podemos discutirlo más pero no hay más que ver que los juguetes oficiales eran The Dalek Oracle, The Dalek Shooting Game, The Dalek Shooting Game o Daleks: The Great Escape… Es como si Hartnell no fuera un gran material para hacer juguetes.

Pasada la Dalekmanía, dos películas de Peter Cushing, y un puñado de cómics, y tras el trayecto tranquilo de Troughton, la llegada de Pertwee a la serie reactivó el interés y ese despegue se convirtió en auténtico interés con el paso a Baker.

No sólo aparecieron multitud de nuevos juegos y juguetes relacionados con el Doctor, incluyendo The Game Of Time And Space, además de más cómics aún —ahora en la revista Countdown además de Tv Comic—y posteriormente en su propia revista, creada en 1979, la Doctor Who Magazine que originalmente era Weekly, para el año siguiente Doctor Who Monthly hasta que pudo pasar al nombre definitivo en 1984. Creada gracias a un acuerdo entre la BBC y Marvel UK, eso facilitó que hubiera interacciones entre el Doctor y otros personajes de la rama inglesa de la compañía, especialmente Death’s Head, e incluso que publicara sus propios anuales, llamados ahora Yearkbooks, del ’92 al ’96, y es que aún con el cierre de la serie en 1989 se había seguido publicando la revista ofreciendo nuevas aventuras en formato cómic,resistiendo incluso el paso de Marvel UK a Panini Comics.

Pese a la importancia de las múltiples referencias y las parodias como ese programa de radio australiano del ’79 al ’81, Dr Poo, o, sobre todo, el sketch del enormísimo Spike Milliagan en su programa Q llamado Pakistani Dalek:

La mayor relevancia la tendría, sin embargo, las radionovelas y novelas, que supieron capitalizar de la mejor de las maneras a los responsables artísticos de la serie.

En el caso de las versiones para audio, todo empezó un LP con una aventura para niños Doctor Who and the Pescatons en 1976. Pronto le seguirían una versión de Genesis of the Daleks narrada por Tom Baker que pronto haría otra aventura, junto a Elisabeth Sladen, en formato de radionovela para la sección de recursos escolares de la BBC. Años más tarde, en 1985, durante el parón, la BBC pondría en marcha Slipback, una obra con Colin Baker y Nicola Bryant para el programa infantil Pirate Radio Four. En todos los casos eran situaciones especiales.

A principios de los ’90, tras la cancelación de la serie original, el Departamento de Sacar Dinero de la BBC decidió poner a la venta el audio de los episodios clásicos de los ’60, normalmente de aquellos incompletos en imagen por ser este el único medio de poder experimentarlo. El éxito llevó a la BBC a plantearse sacar una serie de especiales para radio, pese a lo cuál sólo lograron grabar dos, ambas por Barry Letts y protagonizadas por Jon Pertwee, Elisabeth Sladen y Nicholas Courtney. ,

No sería hasta 1998 cuando se comprobara a fondo el éxito de estas obras gracias a que el grupo de aficionados Doctor Who Appreciation Society decidió crear con finalidad caritativa Cosmic Fugue 2 con diversos actores de la serie —incluido Colin Bake— leyendo varios relatos escritos entre otros por Barry Letts o Gary Russell, quién fue fichado de inmediato por la empresa Big Finish Productions.

Especializada en la producción de radionovelas, audiolibros y demás derivaciones más audio que visuales, la empresa había sido aproximada por la gente de Vender Licencias para Hacer Pasta de la BBC para venderles los derechos para la publicación de radionovelas. A razón de una por mes y comenzando en 1999, la empresa conseguiría recuperar a los actores originales que interpretaron del Quinto al Octavo Doctor y a una enorme cantidad de sus acompañantes televisivos, así como alguno creado específicamente para estas obras.

El éxito de la iniciativa, que permite historias nuevas metidas más o menos en continuidad. Incluso pudieron sacar una serie nueva llamada Doctor Who Unbound que explora sucesos que hubieran podido pasar en determinadas divergencias temporales. Es decir “¿Y si…?”, que permiten además un reparto alternativo para los personajes. No es lo único fuera de la serie de televisión que ha aparecido, aunque para ello haría falta hablar primero de las adaptaciones literarias.

Las novelas comenzaron a ser adaptadas por la editorial Target a partir de 1973, realizando versiones de algunos de los seriales que se habían emitido y convirtiéndose en la fuente más fiable para reconstruir lo que sucedía en los que estaban desaparecidos.

Cuando empezaron a ver el éxito que tenían se publicaron también algunas de las aventuras que habían quedado sin novelizar, y se siguió completando los huecos tras la cancelación de 1989 hasta que en 1991 Virgin compró la editorial. Hasta entonces Targer había logrado sólo que le dejaran publicar novelizaciones de seriales ya existentes, y se había dejado alguno por el camino, y un par de rarezas. Por un lado seis novelas dentro del sello Make Your Own Adventure with Doctor Who que son Elige tu propia aventura del Doctor, por otro las primeras historias independientes que se permitieron escribir sobre personajes de Doctor Who —desde que en 1980 se publicaran una serie de cuentos infantiles sobre K9—, y que de nuevo giraba sobre los acompañantes, primero Turlough, luego Harry Sullivan y, finalmente, K9. Sin embargo, la BBC no permitió a Target que continuara con la línea.

Tras la cancelación de la serie original, en 1989, sí se permitió a Target que publicara material no visto en los seriales, primero en The Target Missing Episodes que adaptaba algunos de los guiones previstos para la temporada 23 que se puso en suspenso y acabó dando lugar a otra temporada distinta conocida como Trial of a Time Lord. Esos guiones ya preparados fueron adaptados en esta colección y permitieron evolucionar las adaptaciones por coincidir con la compra de Target.

A partir de 1991 sería Virgin Books directamente la responsable de seguir con las novelas y dado que la serie original estaba ya… tomándose un descanso se les permitió continuar en el punto en que se habían quedado, como el Séptimo Doctor y Ace. E incluso darle un contenido más juvenil/adulto que a la serie de la que venía.

El enorme éxito les animó a sacar en 1994 la colección The Missing Adventures en el que se contaban historias nunca antes vistas de los seis primeros Doctores, permitiéndoles así una mayor variedad de personajes bien conocidos. E, incluso, la creación de aventuras con a participación de varios Doctores

Virgin llegaría a sacar hasta una tercera colección, los Decalogs, unos recopilatorios de historias cortas con el Doctor como centro. Que durarían mientras tuvieran los derechos. Es decir, hasta 1996. En cuanto asomó el telefilme la BBC y su Loco Equipo de Derechos aprovechó para recuperar todas las licencias posibles, incluidas las de los libros.

En Virgin no se quedaron de brazos cruzados, aunque tuvieran que cerrar las Missing Adventures y pasar los Decalogs a relatos SIN el Doctor, aprovecharon a la acompañante que habían creado para las novelas, la Profesora Bernice Summerfield, para que siguiera viviendo aventuras independientes en una serie llamada, simplemente, The New Aventures. Que acabaría siendo incluida en las radionovelas de Big Finish con su propia serie.

El éxito seguía acompañándoles y el recuerdo de los libros sobre el Doctor era tan bueno que serviría de inspiración. Aunque la BBC, que pasó a publicar sus propios libros a partir de 1997, hubiera preferido ignorarlo, se acabaron incorporando hechos y situaciones de las Nuevas Aventuras y de las Perdidas a su línea de libros.

Entre 1997 y 2005 la BBC se encargaría de contar las historias del Octavo Doctor, empezando por La Novelas de La Película y, pese a todo, siguiendo desde ahí. Aunque para ello tuvieran que volver a empezar las novelas con una narración que reuniera a los ocho Doctores tras los problemas del telefilme entre los aficionados.

Como ejemplo de la explotación del formato creado por Virgin, la BBC abriría también la colección The BBC Past Doctor Adventures contando historias de los anteriores. Incluyendo algunas novelizaciones con personajes más que discutibles.

Pero como pasa siempre la BBC creía que podía exprimir incluso más dinero y decidieron licenciar a otra empresa, Telos, la publicación de unas novelas cortas del doctor. Desde 2001 a 2004 estuvieron publicándolas y, como hiciera Virgin antes que ellos, al quedarse sin la licencia decidieron sacar un spin-off, Time Hunters, y continuar, aunque no pasara su intento de 2007. Al fin y al cabo no todo el mundo puede ser Bernice Summerfield.

Aunque el mayor derivado de la serie sería, por supuesto, el intento de spin-off que en 1981 había logrado lanzar con esfuerzo John Nathan-Turner, K9 & Company, para lograr una serie en la que Sarah Jane Smith y K9 unieran fuerzas en aventuras semanales. Se hizo una prueba para un piloto aprovechando parte del dinero para la temporada que tenía asignado Doctor Who, la idea era hacerlo como especial para probar su viabilidad. Estaba pensado para un público más infantil/juvenil que el de la serie madre que JNT quería girar hacia el segmento juvenil/adulto. Tras los clásicos problemas se logró montar un piloto mostrando el primer encuentro entre los dos personajes que recibió el título de A Girl’s Best Friend y se decidió la emisión el 28 de diciembre de 1981. El resultado de audiencia fue muy bueno con 8,2 millones de espectadores que prácticamente garantizaban su continuidad. Es decir, ¿qué podría impedirlo?

Pues, por ejemplo, un cambio en el puesto de Controller de BBC que sacó al ya convencido Bill Cotton y puso en su lugar a Alan Hart, un directivo que consideró que era una tontería, demasiado infantil y en absoluto lo serio que él creía que la BBC debería ser. Así que no se continuó con la producción.

Pero, como vimos por el éxito de novelas y audios, se notaba que los aficionados a la serie estaban ahí, seguían pendientes —al fin y al cabo no habían tenido ni que cerrar la revista— y sin duda esperaban novedades pronto… Muy pronto.


Sobre Sir David Frost

Hola, buenas tardes y bienvenidos.” Ésa era la frase que David Frost eligió para convertirla en su expresión habitual con la que abrir sus programas de entrevistas. Y si bien es cierto que fue el tipo que entrevistó a Nixon, no fue esto lo único importante de su carrera, ni es el hecho singular por el que podemos y debemos recordarle, aunque probablemente a él le hubiera gustado ser recordado de esta manera.

David Frost, que murió el pasado sábado 31 de agosto durante un crucero en el que había dado poco antes una charla sobre su carrera, no sólo fue una persona compleja, sino también una figura importante en la televisión británica —y, por extensión, en la mundial—, así como una de las personas más controvertidas que jamás haya pasado por ella.

La tradicional nota biográfica hablaría de sus padres y su formación, pero en realidad es más interesante hablar de él cuando entró en la universidad, no por despreciar esa vida familiar y la posible influencia que la educación metodista ejerció sobre él, sino porque fue cuando empezó a ser conocido y reconocible.

Quizá lo más sencillo sea empezar con algo que contaba en su biografía y que ha sido muy usado para hablar de él: A su llegada a Cambridge se encontró con las casetas del magazine artístico de la universidad y de su grupo de teatro, Granta y los Footlights respectivamente, y pensó en lo que le gustaría editar la revista y ocuparse del grupo. Cuando, tres años más tarde y un título en Inglés después, abandonó la universidad, había sido editor de la Granta y secretario de los Footlights.

Esta historia se puede complementar con lo que el escritor Humphrey Carpenter contaba en That Was Satire That Was , su magnífico libro sobre el nacimiento y desarrollo del fenómeno conocido como el boom de la sátira británica, que explica que, poco después de unirse a los Footlights, el grupo fue a realizar una actuación en un pueblo vecino y se encontró con unos cartelones que anunciaban David Frost presenta a los Footlights aún siendo él un completo desconocido.

No sabemos hasta qué punto es esto cierto, aunque sí que su carrera posterior demuestra lo mucho que le gustaba poner su nombre en todas partes. Posiblemente uno de los mayores motivos de crítica, aunque no el mayor, porque para eso debería vencer a tres comentarios mucho más graves: su ansia trepista, su giro interesado a posiciones más cómodas en cuanto se notó suficientemente asentado y, sobre todo, su capacidad para apropiarse del trabajo ajeno.

Todo ello a la vez explicaría sus múltiples choques con uno de los grandes del humorismo británico, Peter Cook, a quien Frost vio actuar por primera vez durante sus años universitarios y empezó en ese mismo momento a imitar, dentro de sus capacidades. Es decir, ofreciendo una versión más sencilla y blanda de lo que Cook hacía, algo que podría pensar que no llevaría a ningún lado pero que consiguió auparle a lo más alto gracias al antes mencionado auge de la sátira. El espectáculo Beyond the fringe, en el que Cook estaba actuando con gran éxito —y la compañía de Dudley Moore, Alan Bennett y Jonathan Miller—, había logrado un gran éxito; también el club que había abierto en Londres, The Establishment. Y ahora preparaba a la vez dos movimientos de ampliación: dar el salto a Estados Unidos y preparar un programa para televisión. El programa propuesto no acababa de despegar, así que decidió irse a Estados Unidos con el equipo. Mientras ultimaba los detalles, la BBC acabó de decidirse a lanzar un programa satírico, That Was The Week That Was —conocido comúnmente como TW3—, en el que esperaban que Cook pudiera colaborar, aunque fuera un poco antes de irse a USA y, quizá, que pudieran participar los cómicos de su establecimiento.

Mientras tanto, David Frost había sido visto por un joven productor del programa, Ned Sherrin, haciendo una parodia del Primer Ministro británico Harold Macmillan que le resultó magnífica. Se trataba de la versión que Frost hacía de la imitación de Macmillan que Cook había convertido en un clásico instantáneo —realizándola incluso delante del propio Macmillan— y gracias a la cuál logró el trabajo. Y ya que había logrado el puesto, Frost procedió a sugerirle una comida de trabajo para darle algunas ideas: básicamente, la necesidad de que el programa tuviera un presentador, el propio Frost, con apenas 23 años. Algo que consiguió porque, como decía uno de los antiguos compañeros de la universidad, la principal habilidad de Frost era su inagotable y entusiasta capacidad para vender a Frost.

Considerado originalmente como co-presentador, tras un par de pruebas logró ser el presentador único y, tras un par de traspiés, que se dedicara sólo a presentar el programa y no a tratar de actuar de ninguna otra manera. TW3 se convirtió en un éxito instantáneo en 1962 y le garantizó una enorme popularidad, sobre todo aprovechando el estallido del escándalo Profumo. Lo que no logró es que las lenguas de doble filo de la sátira le respetaran: Peter Cook consideró que se le habían mangado varios chistes e incluso la forma de contarlos, por lo que decidió cesar cualquier colaboración con el programa, y en la revista Private Eye —auspiciada en parte también por Peter Cook— se describió a David Frost como The Bubonic Plagiarist, un mote que le acompañaría durante el resto de su carrera cómica.

Con la llegada de 1964 la BBC decidió quitar el programa —que ya había causado un par de revuelos en la institución— por tratarse de un año electoral. Frost recibió un programa en el que se pretendía diluir la idea de TW3, quizá incluso a su presentador, porque en Not So Much a Programme, More a Way of Life, que es como se llamaba, o NSMAP que es como lo abreviaba la BBC, Ned Sherrin decidió que iba a tener tres presentadores. Además de Frost se encargarían de presentar el satirista William Rushton —que aún no era Willie— y P. J. Kavanagh, poeta, actor y un poco de todo. La contraofensiva de Frost fue tratar de acaparar todo el tiempo de pantalla posible y hacer de menos a sus compañeros. A Rushton le importaría bien poco, pero con Kavanagh hubo serios roces que hubieran llevado a este último a dejar el programa de no ser por la intervención de Rushton, convenciéndole de que dejaran a Frost hacer lo que quisiera y aprovecharan la oportunidad de sentarse a un lado y recibir sueldo de presentador sin tener que trabajar.

El programa, que cuanto más poder lograba Frost más intentaba en parte replicar el éxito de TW3 sin hacer lo mismo, fue pese a todo un fracaso, algo que nuestro presentador aprovecharía para culpar a los demás y convencer a la BBC de que le diera un programa para él solo. Uno para el que utilizará alguna de sus mejores cualidades, como la capacidad para reconocer el trabajo ajeno, y también su capacidad para apropiárselo y, desde luego, poner su nombre al invento. Así nació en 1966 The Frost Report, posiblemente el programa inglés con más talento en su sala de guionistas. Porque repartidos entre los guionistas y los cómicos del programa se encontraban entre otros Marty Feldman, Frank Muir, Denis Norden, Barry Cryer, Dick Vosburgh o Anthony Jay —el cocreador de Sí, Ministro —, además de los futuros miembros de grupos cómicos Bill Oddie y Tim Brooke-Taylor de The Goodies, Ronnie Barker y Ronnie Corbett que serían Los dos Ronnies y, por supuesto, el pequeño grupito compuesto por Graham Chapman, John Cleese, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin. Que, por si hay algún despistado en la sala, pasarían a ser conocidos como los Monty Python.
Gracias a lo cuál fueron capaces de hacer sketches tan brillantes como éste sobre las clases sociales:

Que no ha dejado de ser reinterpretado , como tantas otras de sus creaciones. El programa contribuyó a acrecentar la fama de Frost y su posición dentro de la sátira británica, además de permitir despegar a multitud de jóvenes creadores. Y aquí esos jóvenes creadores, que no dudaban en hablar de la capacidad de Frost para autopromocionarse y usar como propias las ideas ajenas tampoco dudan en señalarle como alguien que les ayudó. John Cleese, por ejemplo, ha contado que gracias a Frost le subieron los pagos por sketch escrito de 2£ a 24£ y que no dudaba en animar a trabajar en grupos o solos, según se sintieran más cómodos, favoreciendo y alentando la creación de todos esos grupos. Mientras el resultado final fuera bueno no le interesaban tanto los métodos de trabajo seguidos.

El cierre de The Frost Report en 1967, tras sólo dos años, logró dispersar a todos estos cómicos y le dio la oportunidad a Frost de hacer lo que quería. Que en esos momentos era montar junto a unos conocidos su propio canal de televisión, la London Weekend Television, o LWT, que operaba dentro de los grupos de la ITV y que le permitió tener su primer programa en el que además de su apellido apareciera su nombre: The David Frost Show. Y, de paso, dejar de ser presentador para conseguir un puesto más activo, el de entrevistador en The Frost Programme.

Mientras tanto, esos humoristas que habían trabajado con él, como los Monty Python, aprovechaban su propio programa para unirse a los que hacían mofa de los estilos y maneras super super de Frost:

David Frost seguía ocupado en vender su propio nombre y, aprovechando que era su propio jefe, vendió también su programa en Estados Unidos para el Group W, es decir Westinghouse Broadcasting, que había estado trabajando con la NBC y luego se uniría a la CBS, pero en aquel momento funcionaba de manera independiente.

En sus entrevistas durante esta época seguiría los modos y maneras de otros compañeros suyos a los que se acercaría para hacer su propia versión; en este caso a la forma de Bernard Levin de debatir y oponerse a la gente que le iban poniendo enfrente en TW3 y NSMAP. Eran entrevistas en las que más le valía al entrevistado ir preparado para responder a cualquier cosa, daba igual que fuera un líder fascista, un primer ministro o un artista como John Lennon

En 1970, con apenas 30 años, consiguió su primer nombramiento de la reina. La posibilidad de ser su propio jefe y el contacto con los ricos y famosos, con los que por fin empezaba a mezclarse con normalidad, fueron relajando su carácter. Sus entrevistas pasaron a ser un departir de una manera más amable con la gente, haciéndoles preguntas más inusuales por lo cotidiano que por lo incisivo. Él siguió produciendo esos programas, como ya había hecho con las entrevistas de la BBC que fueron primero Frost on Friday y luego Frost on Sunday y hasta Frost on Saturday, y también Frost Over America, The David Frost Revue o David Frost Presents the Guiness Book of World Records, David Frost Salutes the Beatles

Fue en ese momento en el que se encontró con la posibilidad de realizar la entrevista a Richard Nixon que tanto se ha comentado estos días. No hay como una película que jugó fuerte a los OscarsTM para hacer que la gente recuerde. El programa en sí se llamaba, por cierto, David Frost Interviews Richard Nixon. Pero podemos mirar un ángulo distinto. Debido a la imposibilidad de conseguir que ninguna cadena lo emitiera y a la falta de anunciantes que se quisieran asociar, Frost acabó siendo propietario de las grabaciones. Grabaciones para las que había negociado los temas —incluyendo, obviamente, el Watergate— y había confiado en poder sacar algo de ellas. Y ya sabemos que lo hizo.

Después de eso siguió con sus entrevistas, se casó con la viuda de Peter Sellers, provocando aún más chistes sobre su manía de apropiarse de todo lo que pertenezca a un cómico de éxito. Al cabo de un año se separaron y poco después él se casó con Lady Carina Fitzalan-Howard, hija del Duque de Norfolk, en lo que sólo podríamos considerar Una irónica aproximación a la carrera de David Frost. Él siguió con sus entrevistas y con algún otro programa, conduciendo Through the Keyhole, un show que presentaba una casa de famoso sin decir qué famoso era porque eso era lo que tenían que descubrir otros tres famosos invitados. La audiencia lo sabía y aplaudía según lo cerca que estuvieran sus ideas.

Pero su fuerte seguirían siendo los programas de entrevistas: a celebridades, a políticos (todos los Primeros Ministros ingleses de 1964 a la actualidad y los Presidentes estadounidenses desde el 69 al 2008; sólo le faltó Obama) y a prácticamente quien le diera la gana, siempre con una idea de los invitados de clase alta… Incluso escribió Millionaires, Multimillionaires and Really Rich People, hablando de la gente que conocía, se hizo íntimo de Sir James Goldsmith y Sir Evelyn de Rothschild, y su relación con el Príncipe Carlos y Diana era tan buena que ella fue la madrina de su hijo menor. Para 1993 logró un escalón más en el reconocimiento regio y logró el Knight Bachelor que le permitía usar el Sir.

El resto de lo que hizo —incluido su trabajo televisivo— le sirvió para mover su carrera de productor iniciada con sus programas, lo que le valió un crédito como productor en series y películas de lo más variado, desde The Slipper and the Rose a Rogue Trader, pasando por otra biografía como Leadbelly o Dynasty; no la serie sino una del oeste con Stacy Keach y Harrison Ford.

En 1993 regresó a la BBC para un nuevo programa de entrevistas, Breakfast with Frost, donde éstas habían llegado ya a un grado de autocomplacencia y mansedumbre tal que varios críticos —incluido los de Private Eye— lo llamaban Bedtime with frost. Algo que no cambió cuando decidió relanzar su imagen en 2005, cerrando su programa para cambiarse en 2006 a Al Jazeera el mismo año que se estrenaba la obra de teatro de Peter Morgan Frost/Nixon, que dos años más tarde sería llevada al cine, logrando más candidaturas que premios pero, sobre todo, catapultando su reconocimiento.

Como decía al principio, la de David Frost es una figura controvertida. Un personaje movido fundamentalmente por la necesidad de reconocimiento y que no dudaba en usar lo que otros desarrollaban para seguir subiendo. Pero era más que eso, también era alguien que sabía reconocer y premiar la capacidad creativa, que podía reunir lo que necesitaba para triunfar y se mostraba incansable para conseguir sus metas. Que decidiera aprovechar el auge de la sátira británica para subir significó también que ayudó a difundirla, descubrir nuevos talentos y promocionarlos; que se pasara a las entrevistas significó muchas oportunidades para escuchar a gente interesante. Su último programa en Al Jazeera, The Frost Interview, fue con Marc Andreessen, el creador de Netscape; si miramos en los archivos hay un poco de todo… Y no sólo eso, también demostró los beneficios de ser el dueño de los programas en los que se interviene —sobre todo si el programa es lo suficientemente sencillo para poder llevarlo a otro canal—. Quizá no sean las cualidades más admirables, o quizá nos pese más su lado oscuro, pero lo que es innegable es que ha logrado que todo el mundo conozca el nombre de David Frost.

Puede estar contento.


Bochornos juliagostinos pilotescos deathmatchtizantes

Han pasado otros dos meses y eso significa continuar con el repaso a los pilotos aparecidos durante el año, como hicimos con los de Enero ? Febrero , Marzo ? Abril y Mayo – Junio. Antes de ponernos a ello, aprovecho para recordaros un par de cosas: La inclusión de vídeo suele deberse a que sea una serie especialmente buena, mala o curiosa. Podéis conseguir más información clicando en el nombre del programa, os llevará a su web oficial —y si no tiene, que ahí está la ITV, a lo más cercano que se me ocurre— y a la derecha podréis leer su procedencia: (AU), (CA), (NZ), (UK), (USA) y, por supuesto (OT).

Este año está siendo prolífico, si no en calidad sí en cantidad. El año pasado tocaron 35 y éste 42 —y aún gracias que hemos bajado por fin de 50 en un PD este año—, aunque eso no compense el paso del excepcional año pasado a estos dos mediocres meses. Veremos lo que nos espera en la siempre concurrida recta final del año, pero de momento…

¡Que comience la lucha!

Axe Cop (USA)
Uno de los lanzamientos más esperados para estos dos meses era la Animation Domination de FOX, un nuevo espacio de animación adulta que bebía de Adult Swim y pretendía, de paso, ir encontrando alguna serie para reemplazar a su estelar formación de los domingos. El problema es que bebió tanto que acabó en Alcohólicos Anónimos: Adult Swim hizo burla de ellos, a veces en las mismas emisiones y el resultado general ha sido bastante flojo. Ciertamente al canal le quedan aún dos series por estrenar — Golan the insatiable y Lucas Bros. Moving Co., previstos para enero, además de Murder Police, que ya veremos que día de la semana y mes termina siendo emitido— pero ya ha anunciado que, de la hora y media actual, a partir de septiembre se emitirá sólo una hora. Pero hablemos de este piloto en concreto: Axe Cop lo mismo os suena por un webcomic que alcanzó más relevancia que seguimiento hace tres años, cuando su creador, Ethan Nicolle, decidió guionizar las historias que su hermano de 5 años, Malachai, le contaba. El resultado respeta la falta de cohesión o coherencia del original pero sin ofrecer nada para seguir con el capítulo, simplemente añadiendo una insensatez a otra de forma tan absolutamente derivativa que logra hacer largos y pesados los miniepisodios de 15 minutos de la serie.

The Awesomes (USA)
Seth Meyers va a tener en breve su propio Late, ya es el presentador del Weekend Update del SNL y es indudablemente conocido… Pese a lo cuál éste es un proyecto que ha pasado por las manos de varios canales; primero para el canal del grupo NBC/Universal SyFy, después para la MTv y, al final, ha terminado siendo HULU quién lo emitiera. Lo que nos encontramos tras tanto viaje es una carta de amor al género superheroico, un repaso a sus lugares comunes, utilizados para contar una historia más básica, de relaciones paternofiliales y de amistad, que la hacen cercana a la mítica etapa de Giffen y DeMatteis en la JL. Lo que la convierte de inmediato en una serie que ningún aficionado a los cómics de superhéroes debe perderse. Incluso sin contar el gran número de amigos poniendo voces que tiene la serie.

Badults (UK)
Otro programa más de jóvenes inadaptados buscando su lugar en el mundo de los adultos. Un más-de-lo-mismo con acento inglés que sólo puedo recomendar a los fanes fatales del frat humor.

Being Mary Jane (USA)
Se emitió el piloto en julio y el éxito entre su público —entre el público del canal, BET, quiero decir— ha garantizado que se haga una serie que comenzará en enero de 2014. La actriz Gabrielle Union se esfuerza en esta historia sobre una periodista exitosa en su vida profesional, con su propio talk show, que no tiene ese mismo apoyo en la familiar ni, desde luego, en la amorosa. Así que tenemos un drama de relaciones con la novedad de que la protagonista pretende representar —y quizá incluso explorar— lo que significa ser una mujer soltera negra de éxito para todas sus esferas. No es mi tipo de serie, pero estoy convencido de que tiene un público esperándole ahí fuera.

Beware the Batman (USA)
Durante años DC ha ofrecido a los espectadores de superhéroes las mejores series de animación —y en ocasiones incluso películas animadas— que se han podido ver jamás. Desde la difícilmente superable Batman: The animated series o la JLU hasta la reciente Young Justice, pasando por los Teen Titans y con una gran cantidad de series que iban de lo agradable — The brave and the bold — a lo notable — Batman Beyond —, de manera que la llegada de una nueva serie solía ser motivo de alegría… que se congela viendo el primer episodio. Con una animación 3D peor que la de Escape from Monkey Island y unos guiones pobres que incluyen algunas de las ideas de bombero más espectaculares que DC haya tenido en los últimos años —y mira que parecía difícil— han convertido a la serie en algo inesperadamente anacrónico y fundamentalmente embarazoso.

Big School (UK)
Agradable serie inglesa sobre unos desastrosos profesores de instituto, que cuenta a su favor con la siempre divertida y encantadora Catherine Tate dentro de un reparto bien elegido; lástima que ni el tema ni el trabajo de los guionistas parezca muy interesado en hacer algo mínimamente innovador.

The Bridge (USA)
Para los que no vieran Bro/Bronen, la coproducción entre Suecia y Dinamarca de un policíaco al estilo inglés sobre un muerto en medio de un puente que ponía a trabajar y comparaba la vida en los dos países, aquí tenemos la versión americana, que ha decidido que sus amigos del norte no eran lo suficientemente buenos o espectaculares y se ha ido a hacer con México la serie. El resultado es, por supuesto, una americanización de tan europeo concepto. Así que si no has visto la serie original tiene un pase, y si la has visto… Bueno, hay más series europeas esperando ahí fuera.

Burton And Taylor (UK)
Aquí, en cambio, se juega a la contra. Tras el despendole que fue Liz and Dick, con una Lindsay Lohan desatadísima, los ingleses decidieron montar este Burton And Taylor como segunda vuelta logrando, en comparación, una película mucho más aburrida, más cercana al concepto de biografía de famosos para pasar la sobremesa que a cualquier otro concepto, con Helena Bonham Carter pasando el rato y Dominic West enterrado en prótesis.

Camp (USA)
¿Recordáis cuando en verano se estrenaban entretenimientos ligeros y sin pretensiones? En la NBC parece que sí, porque en este Camp, en una temporada llena de campamentos con esta serie, la próxima y el reality de USA Network Summer Camp, tenemos una serie que podríamos llamar atemporal o fuera de fecha, siempre que entendamos que eso significa que podría haberse rodado en casi cualquier época. Es decir, es agradable, es aceptable, pero no es actual.

Camp Lakebottom (CA)
Párame si ya lo has escuchado, eso es lo primero que se me ocurre al intentar hablar de esta serie sobre un par de chavales muy movidos que van a un campamento de verano que tiene a unos monstruos entre su personal y que, de tan convencido como estaba de haberlo visto ya he tenido que comprobar la fecha de emisión original y que no hubiera hablado antes de ella en los anteriores pilotos de este año… Ah, el siempre despreciado poder de la originalidad.

Capture (USA)
¿Os acordáis de todo eso del exploit y su relativa rapidez? Pues he aquí un reality en el que doce equipos de chavales —bueno, veinteañeros— que van por parejas luchan para eliminarse entre ellos y lograr el premio que sólo el ganador puede conseguir… ¡Que lo digo en serio! Las reglas no tienen demasiado sentido, pero si os apetece un poco de exploit os lo están poniendo muy fácil.

Cedar Cove (USA)
Las películas de Hallmark tienen esa bien ganada fama de ser historias de personajes y relaciones, historias dramáticas con finales tirando a buenrollistas, y todo esto podemos encontrarlo en su primera serie. Una historia que adapta una serie de libros y en la que Andie MacDowell interpreta a una jueza que tiene que compatibilizar su vida pública y privada en un pueblecito en el que lo mismo juzga a un vecino como se enfrenta a los problemas amorosos de su hija. Y todo ello a la vez que reflexiona sobre su carrera, su propia vida amorosa y trata de sobrellevar la pérdida de su hijo. Eso sin contar con que la serie es la versión azucarada, porque la jueza está aquí divorciada en vez de viuda.

Chickens (UK)
Simon Bird y Joe Thomas son bien conocidos como parte de los actores de The Inbetweeners, una famosa serie inglesa —que, personalmente, no me podría interesar menos— en la que, sin embargo, no escribían. Pero han tenido la suerte de crear y vender su propia serie. Bueno, ellos dos y el joven cómico Johnny Sweet, que se ha convertido en el tercero en discordia. Su primera obra trata de la Primera Guerra Mundial, pero no de las tropas sino de los que se quedaron en las ciudades. Tres jóvenes que no se unen a filas: uno al ser declarado no-apto, otro por declararse pacifista y el tercero porque es un caradura que prefiere evitar la guerra. Las relaciones con sus vecinos, sus problemas con la guerra y todas esas cosas que os podéis imaginar y que pasan de parecer sketches a serie con intencionalidad dramática. Los guionistas/actores parecen haber decidido acercar tanto su serie propia a su serie anterior como fuera posible y el resultado… bueno… imagino que si te gustaba la anterior esta no te parecerá muy mal.

Count Arthur Strong (UK)
En 2005 se empezó a emitir en la radio de la BBC Radio 4 el programa Count Arthur Strong’s Radio Show!, que trataba de un personaje central, el Count Arthur Strong del título interpretado por Steve Delaney, como un extraño anciano que venía de ser una figura en el mundo de las varietés, que con toda una serie de tics —desde confundir palabras a olvidar rápidamente lo que está hablando— tenía ahora un programa de radio propio que se nos ofrecía —junto a partes de su vida privada— para que comprobáramos de primera mano el caos que podía llegar a causar. En 2012 se decidió que la siguiente temporada fuera para televisión y aquí que lo tenemos, con un escudero en forma de Rory Kinnear interpretando a un hombre que quiere conocer más sobre su padre, un antiguo compañero de Strong. El resto de la serie se basa en lanzar al Conde a diversas situaciones normales para que vaya causando confusión y creando líos de la manera más clásica posible. En ocasiones se podría llegar a suponer que es una forma de homenajear esa tradición de las varietés… aunque sospecho que es más de las formas de servir recalentado a los espectadores.

Cutthroat Kitchen (USA)
Qué le vamos a hacer, me gustan los programas de cocina. En este caso tenemos un clásico concurso a tres rondas al que le han metido como novedad que los cocineros tienen un presupuesto para comprar tanto los ingredientes principales como, y éste es el giro en el que basa su originalidad, sabotajes que enviar a otros participantes. Trampas y obstáculos teledirigidos de los que el jurado no tendrá idea y que, en realidad, no dejan de parecerse a las pruebas de Top Chef y a las ventajas de MasterChef, sólo que en un nivel más personal aún. Salvo porque el poco recorrido de los concursantes impide que las putaditas vayan a más o a mucho. Así que, bueno… Un concurso de cocina con sus cosas. Si no hay otra cosa que ver —digamos Chopped— puede valer.

Delete (USA)
El telefilme-a-ver-si-piloto-o-miniseries-fijo que ha ofrecido Reelz es de esas cosas que se quedan en el recuerdo. Aunque sea sólo porque es difícil mezclar a la vez más ideas buenas y malas. El resultado final es algo así como una película para SyFy con pretensiones en el que las buenas ideas, algunas no saqueadas de otras películas y series —que parece mentira seguir saqueando Juegos de guerra a estas alturas—. Además, nos ofrece con la interpretación de Seth Green como héroe de acción una de las más hipnóticas cuando no hilarantes apariciones que se han producido jamás en este campo. Espero que logren sacar algo de esto… porque espero una segunda temporada enfrentándose al sharktopus.


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Drunk History (USA)
Yo debo estar muy borracho porque no le veo ninguna gracia a esta idea de Funny or Die reconvertida en serie para Comedy Central. La historia contada por un borracho e interpretada por cómicos que actúan como invitados parece un mecanismo cómico tan útil como poner a un niño de cinco años de guionista, pero qué sé yo, lo mismo es que usar guiones de verdad es algo atrasado.

The Elegant Gentleman’s Guide to Knife Fighting (AU)
Tenía ganas de ver qué era lo siguiente que hacía el grupo Jungleboys tras el buen sabor de boca de A Moody Christmas. Lamentablemente en esta ocasión parecen más gallinas sin cabeza que tratan de encontrar un estilo y un modo de humor. Me parece bien que prueben cosas nuevas, pero es una pena que no hayan logrado un avance sustancial. Al menos demuestra una inquietud en el humor australiano que hace albergar esperanzas.

High School USA! (USA)
Nunca antes Dino Stamatopoulos me había decepcionado. Sus dos creaciones para Adult Swim, Moral Orel y Mary Shelley’s Frankenhole, me parecen de lo mejor del canal y, sin embargo para la antes mencionada Animation Domination HD de la FOX falla miserablemente con un intento de ofrecer una serie juvenil con el aspecto de Archie que se limita a ser un remedo tan poco imaginativo que algunos de los chistes los hizo ya Drawn Together en la MTv, hace casi una década. Una oportunidad perdida por parte de la FOX.

Hillbillies For Hire (USA)
Sospecho que nunca entenderé el interés de los programas de paletos que se emiten en las televisiones estadounidenses y luego nos importan. Sé, sin embargo, de su popularidad entre nosotros, de modo que sospecho que esta extraña invención puede tener sus seguidores. Se muestran aquí las aventuras de dos hillbillies, Jeremiah y Big Ox, que tras una vida de no hacer nada se dedican a alquilar sus talentos prácticos para los bromazos, sus habilidades como especialistas y para construir todo lo necesario para una burla o una venganza. Todo ello más unos pocos secundarios para contextualizarles y para echarles una mano en la construcción y prueba de la broma. No vaya a ser que gasten demasiado dinero o se les vaya la mano matando a alguien. Bajo mi punto de vista es el programa de cámara oculta que llega más tortuosamente a su destino.

Hulk And The Agents of S.M.A.S.H (USA)
Un desastre. Tener a Jeph Loeb como jefe de la sección televisiva de Marvel ha servido para que los personajes que creó cuando estuvo guionizando Hulk tengan serie propia a costa de las anteriores, mejor guionizadas. Sólo podemos consolarnos en que la animación es ligeramente superior a la de los últimos productos animados de la editorial.

It’s a Date (AU)
En el anterior Pilotos Deathmatch nos encontrábamos con la curiosa serie inglesa Dates y ahora llega lo que podría ser otro desarrollo desde la misma idea. Salvo que esta versión australiana lo que nos ofrece es una comedia al estilo tradicional, muy alejada de las ideas que Bryan Elsley usa en la serie británica. Aquí tenemos un estilo más habitual, un uso de los temas de la cita de manera más convencional, dando un repaso a sus posibilidades, que sirve, fundamentalmente, para pasar un rato entretenido y para apreciar más aún los logros de la inglesa.

Liv and Maddie (USA)
Una comedia de gemelas en Disney. Más aún, dos gemelas distintas; una es dulce y ha estado presentando un programa durante algún tiempo mientras que la otra es deportista y le gusta el baloncesto. Sí, yo también esperaba que fuera gótica pero qué le vamos a hacer, esto es el Disney Channel, no Orphan Black. El caso es que son gemelas y una era famosa pero ahora vuelve a ser “normal” y además sus padres trabajan en el instituto al que ellas van… ¡Qué vida tan ajetreada! Si no podéis haceros a la idea de cómo va la serie es que a lo mejor os apetece verla.

Low Winter Sun (USA)
Al final vamos a tener que firmar un Change para que la AMC cambie a los responsables de sus policíacos o deje de intentarlo con éstos. En este caso ha cogido una miniserie Británica de DOS capítulos y ha tratado de estirarlo hasta los DIEZ, de modo que la serie original —que tenía su gracia en 2006 pero casi como película larga— pierde aquí ritmo e interés, logrando otro de esos pestiños pretenciosos que hacen añorar el buen hacer del resto de canales con estas series. ¡Que se vean The Shield y aprendan un par de cosas!

The Mill (UK)
Serie inglesa de época sobre la dura vida y las duras condiciones de trabajo en un molino, mucho sufrimiento, muchas relaciones al límite… Estoy muy lejos de ser su público pero si os van estas cosas…

OH NO! It’s An Alien Invasion (CA)
Los alienígenas han llegado a nuestro planeta y se han llevado a todos los adultos; sólo un grupo de niños ha decidido plantarles cara y tratar de recuperar la Tierra. Distintos chavales organizan la Resistencia y ponen sus habilidades particulares al servicio de la revolución. Lo que no sería más extraño si no se tratara de una serie de animación para niños y no de una historia juvenil. El diseño en 3D creado para que todos —invasores incluidos— parezcan diseñados para hacer merchandising hace que el aspecto exterior quede más infantil, de modo que el resultado es, cuanto menos, desconcertante.

Orange Is the New Black (USA)
Posiblemente la serie del verano —entre otras cosas, por incomparecencia de rivales— y sin duda el mejor lanzamiento de Netflix. La historia de una joven de clase acomodada que acaba en la cárcel podría haber sido otra de esas historias de pez fuera del agua que tanto parecen gustar. Sin embargo, el reparto a su alrededor logra que ella sea sólo el hilo conductor y que su historia, aunque más cercana, no sea la única —casi ni la más importante— que el público conoce. Los aciertos en el casting y en la elección de la gente que puebla la cárcel a uno y otro lado de la ley es lo que acaba de darle un aspecto compacto aunque, lamentablemente, quede la impresión de que se podría haber ido incluso más allá. No es una serie oscura, no estamos —ni ellos lo pretenden— ante un Oz, e incluso el estilo es divergente de la otra gran serie carcelaria aparecida este año, la australiana Wentworth que, fiel al modelo de su predecesora Prisioner, era también más dura. Aquí estamos ante una serie en la que los hechos son dramáticos pero el alma es de comedia y, más aún, parece claro que la serie puede crecer en las próximas temporadas.

Packages From Planet X (USA)
Siguiendo con la tradición de sus series de animación, en esta Packages From Planet X tiene todo lo clásico: protagonista, amiga, amigo gordinflón torpe y una excusa para que cada semana haya una aventura, en este caso los misteriosos paquetes que llegan desde el Planeta X y que traen ciertos ecos de Doraemon. Muy clásico, vaya.

Quick Draw (USA)
La otra novedad de HULU es esta comedia del oeste que… bueno… si os sobra un rato y eso… ahm…

Rewind (USA)
La mezcla de militares y civiles no es una novedad en la ciencia ficción, ni siquiera en una serie sobre viajes en el tiempo, como recordará cualquiera de los espectadores de Seven days… así que lo que ofrece como nuevo este telefilme listo-para-serie es una mezcla de ambos conceptos, con un grupo que viaja al pasado para tratar de evitar el futuro. Es decir, un Continuum desideologizado y fundamentalmente soso.

Room 9 (OT)
Esta curiosidad es una serie africana, pan-africana si lo preferís, hecha con los míticos dos duros y con clara vocación de ofrecer una plataforma para las leyendas y tradiciones paranormales de África. El resultado es inevitablemente cutre pero las ideas detrás y el esfuerzo invertido hacen a la serie merecedora de un vistazo.

Run (UK)
Olivia Colman realiza una interpretación que por sí misma justificaría esta serie, pero, además, resulta que lo que nos traen aquí es quizá no muy brillante pero sí bastante original. Cuatro historias independientes que se van interconectando a la vez que muestran distintas posibilidades de lo que podríamos llamar el mundo criminal. Quizá no sea imprescindible pero sí es interesante.

The Shed (USA)
Pues ya han llegado los realities de familias a Food Network, en este caso con los curiosos propietarios de una cadena de restaurantes especializados en —claro— barbacoas. Algún día les veré la gracia.

Southcliffe (UK)
Otra serie británica con un punto de partida criminal y violento aunque esté más cerca de tratarse de un drama, con una construcción temporal diferente y muy muy muy centrado en el estudio psicológicos de los personajes implicados o tocados por un tiroteo, independientemente de las motivaciones tras el mismo.

Supermarket Superstar (USA)
Dentro de los programas, más aún los programas concurso, sobre cocina pasan a un nuevo nivel con éste en el que la receta es casi secundaria frente a la imagen de marca y las posibilidades de venta en supermercados. Aquí no se busca el mejor plato sino la idea más explotable, el capitalismo por encima del sabor. Una forma curiosa de hacer avanzar las posibilidades.

Upper Middle Bogan (AU)
Una mujer de clase social media/alta descubre que es adoptada y que sus padres reales son de clase baja y se dedican a competir en carreras de acelerones. Pese a que lo dicho suena a algo convencional es inesperadamente divertido y, si bien no muy revolucionario, sí es posiblemente la mejor comedia australiana en lo que llevamos de año.

Vic the Viking (AU)
Parece increíble pero aquí vamos con otro antiguo éxito animado pasado por el filtro del 3D como ya antes lo sufrieran La abeja Maya o Heidi. Ay, señor…

The Vineyard (USA)
Recuperando una antigua tradición, se mezcla aquí un docureality de toda la vida con un culebrón incluso más antiguo. Si en otros tiempos podríamos haber usado esto para hablar de The Hill aquí tenemos The Vineyard que viene a ser lo mismo pero en otra localización. Al final todo acaba siendo igual.

What Remains (UK)
Una gran serie noir británica de una manera distinta a lo esperable. Una pareja se muda a un piso y encuentran un cuerpo en él. La policía, con el gran David Threlfall en el papel central, investigará cómo es posible que una persona desapareciera y nadie lo notara, además, claro, de buscar al culpable de su muerte. Sin embargo es la reflexión sobre la soledad en la sociedad y el uso que podríamos considerar como voluntariosamente artístico de los recursos técnicos los que demuestran una intención más allá del clásico mystery inglés. Hay que aplaudir la competencia y el resultado, que nos sirve para recordar por qué las series inglesas de género negro son —como ya han demostrado en estos mismos meses Southcliffe o Run — un estilo completamente distinto de abordar el género.

Whose Line Is It Anyway? (USA)
La CW ha recuperado con inesperado éxito uno de los programas concurso más duraderos, sobre todo por la importantísima parte de improvisación cómica que requiere y que, tras la versión inglesa para la radio en 1988 dio lugar a la televisiva y luego a la norteamericana, parecía complicado que a la nueva versión le quedara algo que decir o explotar; pero han demostrado, sobre todo gracias al trabajo de los cómicos improvisadores Colin Mochrie, Ryan Stiles y Wayne Brady, que ya trabajaron en la anterior versión —que era para al ABC y luego ABC Family con Drew Carrey de presentador— que, pese a los años, han logrado recuperar lo que funcionaba del programa y hacerlo crecer.

Wonderland (AU)
Una de esas historias de varias parejas que se conocen y blablabla en un tono entre la comedia y el drama y que invitan a las reflexiones de siempre sobre los temas habituales. Un aburrimiento.

The Writers Room (USA)
Tener a Jim Rash conduciendo un programa en el que se permite una mirada al interior de los procesos de escritura y preparación de las series más importantes del momento en la televisión estadounidense es el tipo de documental que merece la pena ver. E incluso coleccionar. Bien por ellos.

Así que ya lo veis, un bimestre más la televisión británica salva los trastos, la estadounidense se redime con alguna serie inspirada, los de fuera siguen trabajando en ello, se estrena alguna bazofia y yo consigo no saltar por la ventana de nuevo.

Claro que el mes que viene es el de los estrenos del otoño americano. Como otros años eso significa que septiembre tendrá su propio Pilotos Deathmatch para que pueda quejarme pronto de los estrenos y, quizá, recomendar Brooklyn Nine-Nine, Sleepy Hollow o Hello ladies, y seguir poniendo velas a la BBC para que estrenen de una puñetera vez Peaky Blinders. Pero eso será dentro de poco más de un mes.


Rivales Doctor: Gente Mañanera

Termina agosto y con el mes termina también este breve monográfico a las series inglesas que rondaron a Doctor Who, de manera que parece razonable terminar con la más exitosa de ellas en lo que a público se refiere.

A finales de los años sesenta Roger Price trabajaba en televisión mientras preparaba su propio programa infantil, un campo en el que acabaría destacando, la premisa juntaría ciencia ficción y aventuras con un reparto fundamentalmente infantil y juvenil. Incluso tenía un nombre para designar lo que eran los protagonistas: Homo Superior. Esta definición, asociada generalmente con los X-Men de la Marvel, acabó también en una canción de David BowieOh! You Pretty Things —por una charla mantenida entre ellos en el que Price le explicó su idea para la serie.

Hasta 1973 no se llegaría a estrenar la serie, tras ser ofrecida primero a Granada, ser rechazada y presentada entonces a Thames que la vio como su posible respuesta al éxito de Doctor Who. Price no tenía esto en mente cuando la creó sino crear una serie familiar dirigida principalmente a un público juvenil pero sin tomar por tonto a nadie. Desde el momento en que se estrenó fue un enorme éxito de público, y también de parte de la crítica, todos ellos deseosos de saber qué era lo que iba a suceder con los héroes del título: The Tomorrow People.

Los chicos y chicas son el siguiente escalón de la evolución, hijos de padres humanos que en un momento dado tienen una explosión evolutiva que les dota de poderes, fundamentalmente mentales. Es imposible predecir quién será uno de ellos ni a qué edad se producirá el salto ni, por supuesto, qué poderes vendrán asociados, si bien la telepatía es general entre ellos, y la telekineses es bastante habitual.

Su cuartel general —secreto, claro— es The Lab, en el que está la computadora biotrónica sentiente TIM, que les ayuda con los teletransportes. Actúan de forma secreta para los seres humanos normales, a los que llaman sap —de sapiens—, pues saben que son odiados y temidos por la mayor parte de la humanidad, que no les entiende, y que habrá personas que quieran aprovechar sus capacidades para su propio beneficio. Precisamente por ello tratarán de localizar a los nuevos Homo superior según se produce esa explosión.

Eso no quita para que tengan amigos humanos pero no precisan de ninguno de ellos para organizarse igual que la cercanía de la fecha en que se empezaron a producir estas explosiones hace que no tengan un adulto al cargo. —Si bien la voz de TIM la pondría Philip Gilbert, que estaba al inicio de sus cuarenta— De manera que lo más cercano que habría a un control parental serían las apariciones de la Federación Galáctica, una organización cósmica con la que el mayor del grupo, John, habría contactado y que se dedica a colaborar y apoyar a los organismos con capacidades mentales avanzadas que habitan en el universo.

La serie podía mostrar a los chavales metidos en un asunto de alienígenas o de seres fantásticos pero también oponerlos a organizaciones criminales de humanos o cualquiera otra de las caracterísiticas aventuras juveniles. Porque frente al Doctor aquí puedes ser no sólo un amigo de los protagonistas sino, quizá, un Homo Superior a punto de explotar.

Además, el cambio continuo de actores, con entradas y salidas todas las temporadas, permitía no sólo ofrecer la imagen de cambio continuo y renovación, también ayudaba a demostrar que cualquiera podía acabar siéndolo.

Mientras tanto, Roger Price, que había sido ayudado la primera temporada por la productora Ruth Boswell —que tenía experiencia al haber trabajado en series como Timeslip—, el autor dramático Brian Finch y el director Paul Bernard —que venía de trabajar precisamente en Docto Who —, se encontró más libre tras la segunda con sólo Boswell involucrada, si bien más como agente de la cadena para impedir que Price hiciera algo indebido como matar a un actor principal.

Porque Price quiso darle un aire más inocente y cómic pronto pero se encontró con que eso no funcionaba en el contexto creado, de manera que fue perdiendo interés rápidamente e intentando cerrar la serie para trabajar en otros proyectos que le interesaban más. La ITV, viendo el éxito que tenía entre manos, llegó a un acuerdo con él: Temporadas más cortas para que tuviera tiempo de dedicarse a otros proyectos pero sin cerrar este y ya se encargarían ellos de decirle qué hacer para que siguiera siendo una serie de éxito.

Su primera idea brillante fue la inclusión de una estrella adolescente nacional, Mike Holoway, como nuevo Homo Superior, para reemplazar al personaje de Stephen, que había sido lo más cercano que había tenido la serie a un protagonista las anteriores temporadas. Además, la edad de John y de la maternal Elizabeth había entrado poco a poco en la veintena así que le daban vueltas a como hacerles parecer más jóvenes de lo que eran, algo a lo que no ayudó el embarazo de la actriz Elizabeth Adare durante la sexta temporadas, que llevó a Price a enviar a Elizabeth de embajadora especial para disimular.

La conjunción de problemas de producción, hastío de Price , los actores principales queriéndose dedicar a otra cosa y las conocidas huelgas de la ITV acabaron logrando que en 1978 se grabara la última y mínima temporada, la octava, consistente en un sólo serial que se emitiría a principios de 1979 y no sería continuado pese a un par de tímidos intentos por parte de la ITV.

Richard Price, por su parte, logró así pasar por fin a un proyecto más de su gusto, un programa de sketches

Aunque los Homo Superior hubieran sido tratados por los mutantes de la Marvel antes, el estilo diferente de The Tomorrow People le hacía más cercano al desarrollo que tendrían cuando Chris Claremont llegara a guionista y, después, los Nuevos Titanes de Marv Wolfman y George Perez, toda una anticipación que, una vez pasado su enorme éxito, dejaría un poso en la memoria de serie de culto que serviría para ser revivida en un telefilme y tres temporadas cortas de 1992 a 1995 y, finalmente, una continuación en radioteatro por parte de Big Finish que les permite reunir a algunos de los actores habituales y continuar con cinco temporadas más, aunque una sexta parecía preparada pero quedó en pendiente.

En el recuerdo queda The tomorrow people como un clásico, que este mismo año verá una versión estadounidense en el canal The CW que, desde luego, mostrará a unos protagonistas más… mayorcitos, como es norma del canal. Aunque no lo veremos en el Pilotos Deathmatch de la próxima semana sino, al menos, en el siguiente. Pero deja clara la importancia de la serie.

Como hemos visto durante todo este agosto, la televisión inglesa aprovechó para oponer a Doctor Who o crear a su sombra toda una variedad de series de género fantástico —al que podríamos añadir títulos tan conocidos como los de Gerry Anderson de quien ya hemos hablado por aquí — que permitió cimentar y continuar con una tradición de fantástico durante las siguientes décadas en su televisión.


Rivales Doctos: Selección Múltiple

Elegir a algunos de los rivales de Doctor Who no es tan sencillo. Algunos no tuvieron la oportunidad de enfrentarse, otros fueron antes o después y algunos, simplemente, trataban temas diferentes. Pero todos ellos fueron producidos por los rivales de la BBC, en Inglaterra, a la vez que se emitía al Doctor y con una temática fantástica que les hacía destacar por uno u otro motivo, haciéndolas merecedoras de un poco de atención.

Así que vamos a repasar brevemente cinco series que pudieron ser una opción:

1) Sky

Siete episodios —una temporada inglesa— duró esta serie de 1975 en la que el protagonista era un alienígena que podía viajar en el tiempo COF, aunque en este caso es un jovencito con una pinta bastante extraña y un pelucón oxigenado. La historia muestra al extraterrestre, Sky, buscando una unión con el planeta que no se puede conseguir y que lleva a la misma alma de la naturaleza a crear un anticuerpo para quitárselo de enmedio, el malvado Goodchild, de manera que Sky, con la ayuda de tres jovencitos, debe evitar que le maten y regresar al momento apropiado en que la Naturaleza no estaba corrupta. Porque si puedes meter un mensaje ecologista todo queda mucho mejor.

La historia original fue creada por dos antiguos conocidos, Bob Baker y Dave Martin, guionistas de Doctor Who que buscaban un público más juvenil y una historia que comparte elementos y sería su puerta de entrada en las series fantásticas juveniles.

2) The Champions

Entre 1968 y 1969 la ITV emitió la serie The Champions, conocida en España como Los invencibles de Némesis las varias veces que se ha emitido, la última en los años noventa —equivocando el país, pero tampoco podemos extrañarnos en exceso, hay cosas que no cambian— , en la que un grupo de agentes de la organización de espionaje Némesis sufrían un accidente en su primera misión al estrellarse su avión en el Himalaya. Por suerte allí había una civilización secreta avanzada que les daban superpoderes.

De esta manera se reunían temas en una variación del espionaje fantástico que servían para combatir a malvados dictadores, fascistas ocultos, genios del mal y todo tipo de razas extranjeras; a menudo de manera combinada, en una mezcla propia de la época. Detrás de la serie se encontraba Dennis Spooner, otro viejo conocido de Doctor Who que estuvo encargado del paso del Primer al Segundo Doctor. Al final, parece que no hay tanta gente trabajando en estos negocios.

3) Into The Labyrinth

Como muestra de ello, regresamos a Bob Baker, acompañado en esta ocasión por Peter Graham Scott en una serie que duraría tres series, entre 1981 y 1982. La historia parte de la lucha de dos magos inmortales, Rothgo y Belor, por lograr la posesión de un objeto mágico de enorme poder, el Nidus1, que era la fuente del poder y la vida del primero —el bueno, claro—, al que le había sido arrebatado y enviado a través del tiempo y el espacio por el segundo —obviamente, el malo… bueno, la mala, que es maga— para acabar con él. Por suerte los niños entrometidos andan siempre cerca y al encontrarse con un agonizante Rothgo dentro de un… laberinto… reciben la tarea de buscar el Nidus y devolvérselo a su dueño. El objeto iba pegando botes por el tiempo, disfrazándose de objetos distintos y siendo sólo posible descubrirlo mediante su reflejo, que mostraba su auténtica naturaleza. El moribundo Rothgo se dedicaba a mandar a los chavales de época en época detrás del artefacto permitiendo así, además, que los jovenzuelos aprendieran —poca— Historia. Belor aparecía cuando parecía que lo habían encontrado y, dado que no podía tocarlo mientras el otro mago viviera, se limitada a lanzar un complicado hechizo: “Te niego el Nidus” y hasta la siguiente parada. Así toda la primera temporada.

En la segunda, recuperado ya el Nidus, Belor usaría su propia fuente de poder para destruirlo en partes que los chavales debían recuperar y unirlo y… bueno, eso, que la trama de la temporada variaba, pero aún encontrarían una forma de hacer una tercera serie buscando por el tiempo un objeto mágico. El caso era mantener un poco más una serie juvenil y educativa * COF * que había demostrado un gran éxito entre los espectadores, sobre todo su público objetivo. Y si no, que se lo pregunten a los espectadores españoles que en 1982 se dispusieron a ver Dentro del laberinto y aún no han dejado de preguntar por ella.

4) Star Maidens

La única de las series que no tiene ningún creador ligado a Doctor Who, debido a que Eric Paice venía de ejercer de guionista en la saga Target: Luna, conocida también por Pathfinder gracias a las continuaciones que examinaban el Espacio, Marte o Venus —si bien es cierto que el serial fue creado por Sydney Newman a principios de los sesenta, años antes de crear Doctor Who —. Tras ese paso por el fantástico se estuvo dedicando a series policíacas hasta que en 1976 le llegó la idea para hacer una coproducción que habían tenido los alemanes —de la República Federal, claro— Von Hardenberg con el apoyo de la productora Jost von Hardenberg Corporation. Pice y la ITV se pusieron rápidamente a ello para sacar esta coproducción.

El punto de partida era la llegada a nuestro mundo de dos hombres procedentes del planeta Medusa, que se encontraba en la galaxia Próxima Centauri, y que venían huyendo de un mundo con los roles reversos en los que las mujeres ocupaban todos los puestos de importancia y los hombres se veían reducidos a meros objetos de adorno. La idea detrás de la serie era ofrecer un espacio para la reflexión mostrándonos este mundo distinto del nuestro y aprovechar el auge del Movimiento de Liberación de la Mujer para apoyarlas y apoyarse en ellas. El problema es que la falta de presupuesto —incluso siendo una coproducción—, que les llevó a reutilizar parte de los decorados de Espacio: 1999, y las actuaciones principales acabaron acercándola más a una farsa, una suerte de versión de las Amazonas del Espacio que en los cincuenta impulsó La reina del espacio exterior, aunque aquí en formato televisivo. Lamentablemente nunca continuó la primera temporada y no se pudieron explorar en más profundidad las ideas que se proponían.

5) Children of the Stones

Terminamos con otra serie juvenil producida en 1976 y emitida en 1977 por la ITV —en su división Gales y Oeste, la HTV— creada por el ex-guionista de Doctor Who Trevor Ray, y por Jeremy Burnham, actor pasado a escritor, que habían decidido poner en marcha otra historia juvenil con fantástico de por medio. En aquel momento parecía que había un montón, así que esta tenía vocación de miniserie. Es una pena que ahora parezca que nadie piense en hacer estas cosas. Para darle más interés aún, el papel principal adulto lo interpretaría Gareth Thomas, que a continuación pasaría a protagonizar Los 7 de Blake.

La historia, sobre un astrofísico y su hijo que se mudan a un pueblo para estudiar un círculo megalítico y se encuentran con algo más que un pequeño pueblecito encantador —que, por cierto, no era Stonehenge aunque en España la serie se llamara Los chicos de Stonehenge, porque total qué más da— debido a la relación de las piedras con un agujero negro del firmamento y el clásico poder omnímodo y ominoso. Mientras tanto se tejía una red de ciencia y paraciencia, se examinaba la integración en la comunidad y las ganas integradoras de la misma y se producían escenas e imágenes sugestivas que podían cargarse de tensión y que llevaron a algunos críticos a considerarla —de manera para mí exagerada, son palabras mayores— la respuesta en ficción audiovisual juvenil a The Wicker Man. Una historia en la que el tiempo tiene una función primordial y decisiva, sobre la que descansan gran parte de los secretos de este círculo de piedras.

Como veis, los responsables de los guiones y producción de Doctor Who se iban esparciendo, facilitando una gran cantidad de series fantásticas —muchas de las cuales incluían a viajeros temporales—, así como producciones juveniles que les trataban como a seres inteligentes, logrando en ocasiones las inevitables quejas que aseguraban que eran para adultos; algo que la fascinación que les causaba hacía difícil de creer.

Precisamente por ello es tan complicado elegir una única serie de este periodo. Aunque, una vez repasadas éstas, concluiremos la próxima semana con uno de los ejemplos más exitosos de la ficción fantástica británica que pudo ser rival del Doctor.

——

1 Durante años, desde al menos mi paso por el TV a Gritos de Dreamers hace ya más de una década, he podido comprobar como un sinnúmero de personas preguntaba por esta serie recordando sólo lo del Nidus o algo así y lo del laberinto. Un clásico de las series mencionadas en las webs de recuerdas esa que así como en los foros y MLs relacionadas. Hasta el punto de que los que aquello sufrimos, como Viruete , acabamos desarrollando una cierta aversión —por no decir otra cosa— a tener que explicar, una vez más, el nombre de la serie y su disponibilidad. Así que espero que lo dicho aquí sirva para no tener que volver a tratar el tema ni a resolver esa machacona pregunta.


Rivales doctos: Acero azafirado

De entre los intentos de lograr un rival para Doctor Who los ha habido con más, menos o ningún punto en común. Ha habido los que lo tenían en el tono, en la intencionalidad o en el desarrollo que había terminado dando a luz el programa… Pero prácticamente ninguno logró reunir todos estos puntos en común, añadirle además un nivel de calidad tan alto como el de la serie a imitar y, además, que no fuera más que casualidad.

Quizá sea ese el auténtico motivo de que haya pocas series que puedan parecer nacidas a partir del Doctor y, sin embargo, tengan una entidad propia tan interesante como la que hoy nos ocupa: Sapphire & Steel.

Pensada originalmente por su creador, Peter J. Hammond, como un programa infantil o juvenil, fue ofrecida a una de las cabezas que la ITV tenía en los 70 tras el éxito de la serie juvenil fantástica Ace of Wands, en la que trabajó de guionista y que le facilitó colaborar en la serie antológica de historias sobrenaturales juveniles Shadows. Sería trabajando en esta segunda serie cuando propondría la idea de The Time Menders, una serie en la que el tiempo juega un papel fundamental y que estaba originalmente pensada para emitirse los fines de semana.

Pero el desarrollo de la serie hizo que, originalmente, se mandara entre semana; por un lado para no contraponer sus temas con los de Doctor Who —y, de paso, evitar una competencia para la que originalmente estaba ideada pero a la que haría falta Buck Rogers in the 25th Century para hacer mella—; por otro porque el jefe de la ATV, Lord Lew Grade, había decidido que hacía falta un par de actores no sólo de calidad y experimentados sino, además, conocidos por el público. Gracias a su intermediación, Joanna Lumley y David McCallum interpretaron a los protagonistas. Lumley era conocida por su participación en The New Avengers, McCallum volvía de haber hecho en USA The man of U.N.C.L.E. y cine. Tras su participación en esta serie ,Lumley acabaría siendo más conocida gracias a Absolutely Fabulous, mientras que él acabaría siendo un importante secundario en NCIS.

La inversión en actores y el cambio de día llevó a la cadena a decidirse por un acercamiento más ambicioso y a sugerir a Hammond que le diera un tratamiento más adulto, con mano libre para hacer lo que quisiera mientras se mantuviera dentro del presupuesto. Algo que aprovecharía para ofrecer una visión completamente diferente a partir de esa idea inicial.

Este rumbo final fue lo que le dio un aspecto peculiar, lo que, unido a la particular forma de encarar los efectos especiales por motivos tanto de presupuestos como de realización, logra una sensación de extrañeza incluso superior, convirtiéndola en un clásico de culto de la ciencia ficción británica, con una gravedad similar a la de Doctor Who o Los 7 de Blake; si bien su pesimismo, su tono oscuro, la emparenta más con la segunda.

Se produjeron seis Encargos, repartidos en dos temporadas —de 1979 a 1982—, que podrían haber sido más de no haberse producido una de las frecuentes huelgas de la televisión inglesa —esta vez en la ITV— durante la emisión del segundo serial, que obligaron a suspender su emisión y luego reanudarla desde el principio, retrasando la emisión de capítulos. Aunque, por otro lado, ello sirvió para lanzar la versión en cómic dentro de Look In, la versión infantil/juvenil del TV Times, respuesta de ITV al clásico Radio Times de la BBC. Y también el lanzamiento de un libro que adaptaba la primera misión, escrito por el propio Hammond. El único que tuvieron. Aunque en 1981 sufrieron la edición de un Annual originado por su popularidad y por la venta de derechos por la ITV de sus programas en propiedad, lo que facilitó la creación de productos que eran cualquier cosa menos canónicos.

Pero, volviendo a la serie, cada capítulo comenzaba con una voz explicando:

“Todas las irregularidades serán manejadas por las fuerzas que controlan cada dimensión. Los transuránicos, elementos pesados, no pueden ser utilizados donde hay vida. Los pesos atómicos medios están disponibles: Oro, Plomo, Cobre, Azabache, Diamante, Radio, Zafiro, Plata y Acero. Se han asignado Zafiro y Acero.”

Esa voz, de alguien que no llegaría a ser identificado en la serie, marcaba el punto de entrada en la historia y, a la vez, el estilo de la misma; poco o nada se diría de la naturaleza de los agentes, sus empleadores o casi las amenazas que combatían, pues el presupuesto escaso y la creencia en una ambientación por encima de los efectos especiales hacían que en esta serie fueran especialmente dados a no explicar nada y a manejar la acción a través de poderes invisibles —telepatía, conocimiento instantáneo e incluso la posibilidad de bajar la temperatura de una habitación— que no requerían de grandes despliegues y sí añadían atmósfera a la historia.

La sequedad de los personajes, especialmente de Steel, lograban centrar el modelo de la serie y darle un toque extraño a los protagonistas. Su forma de encarar los casos, de una manera completamente lógica y desapasionada pero en absoluto falta de tensión, así como su relación de superioridad y hasta desprecio por los humanos, hacía que fueran más las dudas que surgieran al verlos actuar. Aquí la corta duración de la serie ayudó también; al fin y al cabo en Doctor Who se tardarían años en conocer exactamente los sucesos de su marcha —si es que podemos decir ahora que los conocemos realmente— e incluso la existencia de Gallifrey o sus características físicas que les alejan de los humanos. Aquí, con apenas tres años y seis misiones, sólo pudimos conocer a nuestros protagonistas y a otros dos apoyos: Lead, un enorme forzudo negro interpretado por Val Pringle y Silver, especialista técnico que puede manipular los metales interpretado por David Collings. Sin duda, de haber durado más la serie podríamos haber conocido a más, como Jet, que era mencionada en uno de los capítulos.

Ese misterio alrededor y en la línea de lo que se contaba servía para reforzar la serie y convertirla en un referente de las series fantásticas con componente paranormal, por mucho que la fantaciencia de alrededor explicara finalmente lo ocurrido. Logró así convertirse en un antecedente de lo que años más tarde veríamos en series como Expediente X. El mismo concepto inicial resulta intrigante: El tiempo no es un conducto, como en Doctor Who, una sopa en la que nadan los hechos. Aquí el Tiempo es una fuerza, y no precisamente una benigna. Como explicaba Sapphire en su primera misión:

“Hay un pasillo, y ese pasillo es el tiempo. Rodea todas las cosas y pasa a través de todas las cosas, usted no puede verlo ? solamente a veces y es peligroso. Usted no puede entrar en tiempo, pero el tiempo puede intentar a veces entrar al presente. Irrumpir en él. Crear una brecha y llevarse cosas. Llevarse a la gente. El pasillo es muy fuerte; tiene que ser. Pero a veces, en algunos lugares, se debilita. Como si fuera tela, tela raída, y cuando hay presión aplicada sobre tela? El tiempo entra??”

Así que será el mismo tiempo, sus acciones, o aquellos seres que viven más allá de él o en paralelo a nosotros y usan sus agujeros para entrar hasta nuestro universo, los que ejercerán como malvados, usando en muchas ocasiones puntos de entrada a través de anacronismos, acciones pasadas de los hombres y, sobre todo, la ayuda de las rimas de guardería y las frases hechas.

Durante esas seis misiones iremos viendo situaciones normales convertirse en cuentos espeluzantes, giros en premisas habituales hacia lo desconocido y una redefinición de la idea de antihéroes menos basada en una apariencia de perdedores que en una ética y moral ajena a la norma.

Su final, altamente climático, no fue culpa de la audiencia sino de los cambios al convertir la cabeza de la ITV llamada ATV a una nueva versión conocida como Central —que acabaría dando lugar a ITV Central, como se la conoce oficialmente desde 2004—, con el subsiguiente cambio de jerarquía y problemas con los programas antiguos; hasta el punto de que el Encargo 6 estuvo a punto de no ver la luz porque a los nuevos jefes no les hacía gracia que Central emitiera algo de la ATV, por ridículo que suene. También la agenda cada vez más complicada de los protagonistas, con McCallum viviendo y trabajando en USA y Lumley cada vez más solicitada, ayudó a disolver la serie, dejándola en un cliffhanger que, en cierto modo, era lo más consecuente que podía pasar con la serie. En años posteriores, tras el éxito de su publicación primero en VHS y luego en DVD, se crearían un par de series de radionovelas —con otros actores en los papeles principales— a partir de ese final de la serie, aunque Hammond —que pasó a centrarse en thrillers y mysterys televisivos como el enormemente popular Midsomer Murders — nunca ha querido decir cuál era la solución que guardaba para la situación en la que quedaban las cosas.

Los seis seriales, en total 34 episodios, quedan como un clásico de culto que muestra un estilo capaz de poder ser creado teniendo en mente un público juvenil y llegar a los adultos convirtiéndose en una de las grandes series de culto del género fantástico.