Movimientos copiativos originales contemporáneos

A veces las noticias se contraponen de manera más que sorprendente. Si hace dos semanas hablábamos de la falta de originalidad en la televisión americana a cuenta de los estrenos de Hannibal y Bates Motel ahora parece que podemos enfrentarlo mediante dos estrenos.

En SyFy se han aburrido de hacer el tonto y aligerar su oferta y han pensado en hacer algo un poco más cercano, tampoco exageremos mucho el contenido de SciFi no vayamos a centrarnos más en el nicho que en lo potencial, a lo que era el canal a finales de los novena y principios de los dosmil, cuando no resultaba tan raro que hubiera en televisión series impulsadas por el éxito a finales de los ochenta de Star Trek: The Next Generation, que había impulsado de nuevo los éxitos de la space opera para la siguiente década y media.

El estreno de Defiance trae una memoria de toda esta época, series como Tierra: Conflicto final, Farscape, Tierra 2, Babylon 5 o, incluso, Fyrefly a la memoria. Mediante el sencillo método de reproducirlas. Como si de un producto del sampleado se tratara en Defiance encontramos todo tipo de rastros e influencias, quizá incluso homenajes, de una manera en absoluto sutil. Son, de hecho, más aún las series, animes o películas que podríamos nombrar para hablar sobre ella, pero en realidad el Pilotos Deathmatch no toca hasta dentro de dos semanas. Baste con decir que, siendo una historia competente e interesante, su principal problema es no tanto que todo nos suene a ya visto —incluso en series de la nueva época de la cadena, que semejanzas con Eureka hay también unas cuantas — como que nos suena a copia.

Porque una cosa es, como ya hemos hablado por aquí, que existan unas influencias previas, una genealogía, dispuesta siempre a cambios y modificaciones; y otra muy distinta es el famoso más de lo mismo. Y aquí aún es pronto para juzgar qué nos encontraremos pero, como en las series antes mencionadas, lo que no parece haber es mucha voluntad de cambio…

…Por otro lado.

Por otro lado, este viernes hemos visto la llegada de un nuevo mundo digital —ahm… — por partida doble, por un lado Netflix ha estrenado Hemlock Grove, una serie de terror creada por Eli Roth, por otro en Amazon pusieron a disposición del público — Y sí, eso te incluye a ti, si eres capaz de ver pilotos on-line sin subtítulos o con subs en inglés — los pilotos de sus programas infantiles y sus comedias. Incluyendo programas como Onion News Empire, Zombieland o Alpha House.

Que tienen en común no tanto ser lo nunca visto como ser ideas originales, diferentes y, sobre todo, permitir cosas que la televisión,, e incluso el cable básico, no permiten. Y que el cable de pago hasta ahora no se ha molestado en explorar. Incluyendo unos tonteos iniciales con la longitud del capítulo… Pero lo más importante es que al ir abriendo mercado temáticas que en este momento parecen no tener lugar en la televisión convencional, ocupada como está en descubrir cuántos trabajos distintos pueden usarse para descubrir asesinatos, de manera que a la caída de audiencia causada por los canales de cable habrá que unir ahora la posibilidad de ver a políticos, zombies o periodistas no cuando los canales decidan sino cuando espectador quiera.

Lo curioso es pensar que varios de los programas propuestos podrían emitirse —o haberse emitido, a decir verdad—- por televisión, de manera que la única ventaja real que puede acabar influyendo en el éxito de estas series es, precisamente, lo que las hace más distintas: La posibilidad que le da al espectador de elegir cuándo y como verlas.


Revirtiendo polaridades flujoneutronales Pertweescas

El inicio de la décima temporada sirvió también para celebrar la primera década de Doctor Who y, además, para darle un giro a la serie que las últimas temporadas estaban reclamando. Además de ir explicando más cosas sobre la raza de los Time Lords.

Y todo empezó con la idea de hacer un homenaje a El séptimo sello. El Doctor, en sus tres encarnaciones hasta ese momento, se enfrentaría a la Muerte encarnada. Los anteriores problemas con pensamientos y localizaciones abstractas, además de la posibilidad de que la aparición resultara demasiada macabra para los niños —o, realmente, para los Guardianes de la Moral que se escudaban en los niños— les llevaron a cambiar la aproximación y a enfrentarle a otro Time Lord. Originalmente llamado Ohm —es decir, Who con un giro—, pasó a tener por nombre Omega.

Omega, tal y como se explica durante los cuatro capítulos del serial, fue uno de los gallifreianos que dio comienzo a la raza de los Time Lords junto con Rassilion —de quien ya habrá tiempo que hablar en estas columnas— , siendo el responsable del desarrollo de la energía que les permitiría viajar por el espacio y el tiempo. Algo que los gallifreianos no veían como algo posible o deseable hasta que estos dos decidieron ponerlo en marcha. Para hacerlo usaron los instrumentos de Omega con una estrella cercana a su explosión. Algo pasó y la explosión pareció llevarse por delante a Omega, dejando a Rassilion para comandar a los Time Lords mientras le convertía en un héroe de leyenda.

En realidad Omega había acabado en un universo de antimateria debido a una singularidad que había destrozado su cuerpo reduciéndole al traje de protección que llevaba durante el experimento. Allí descubrió que podía manipular a su antojo el nuevo universo, cosa que hizo convirtiéndolo en un paraíso mientras que esperaba a que los Time Lords fueran a rescatarle.

Cuando se dio cuenta, un par de siglos más tarde de lo lógico, de que no tenían intención alguna, empezó a trazar un plan para cambiar su cuerpo con alguien de fuera, motivo por el que necesitaba atrapar a algún Time Lord que hubiera estado trasteando con su TARDIS. Así que durante el clásico episodio de amenaza desconocida con UNIT al fondo el Tercer Doctor queda atrapado y los Time Lords decidieron que lo más sensato era enviar a sus anteriores encarnaciones. (Lo que, por cierto, deja bastante claro que no hay encarnaciones anteriores a las de William Hartnell o hubieran sido enviados al rescate también)

Como uno podía esperarse, los Time Lords tenían una estricta norma al respecto: La Primera Ley del Tiempo prohibe expresamente que cualquier Time Lord se cruce con versiones de su pasado o su futuro. Con el habitual éxito que las prohibiciones de los Time Lords tienen sobre el Doctor.

Reunir a Jon Pertwee con Patrick Troughton y William Hartnell fue problemático sólo por la salud de Hartnell, que no había dejado de empeorar, reduciendo su aparición a unas pocas escenas grabadas que dejaban sobre los dos últimos, a los que el primero llamaba con sus habituales malos modos “un dandy y un payaso”. Sería su última interpretación, dos años antes de su muerte. Troughton, por su parte, se lo pasaría en grande y aún tendría tiempo de volver a encarnar al segundo doctor en dos ocasiones más. Inauguraría, además, la tradición de que un doctor del pasado se queje de la redecoración de la TARDIS. Y, ya puestos, reconocerá a Benton, al que dará aún el cargo de Soldado al no haberle visto desde The Invasion.

El Brigadier, por su parte, interacciona con las diferentes encarnaciones sin acabar de entender muy bien qué está ocurriendo. Y eso sin saber que cuando el Segundo Doctor le ofrece unas jelly babies se anticipa una de las frases recurrentes del Cuarto.

Una vez terminado el problema con Omega, los Time Lords deciden levantar el castigo al Doctor y permitir que su TARDIS le deje viajar por el espacio y el tiempo de nuevo. Aunque Pertwee dijera que no había nada tan inquietante como encontrarse a un Yeti en el retrete, lo cierto es que las numerosas apariciones en la anterior temporada de algún tipo de recurso, generalmente un Time Lord Ex Machina para liberarle momentáneamente, demostraba que el Doctor necesitaba moverse de la Tierra.

Igual que la entidad de Pertwee hacía innecesario el acompañamiento de un joven ayudante para las partes de acción, como se suponía que iban a ser los chicos de UNIT, permitiéndole desarrollar ese Venusian Aikido que remitía directamente al Primer Doctor en The Roman y que responde a las personalidades de los dos aún responsables de las decisiones, el productor Barry Letts se oponía por su propio pacifismo a que el Doctor fuera agresivo, así que el jefe de guionistas, Terrance Dicks, propuso usar el Aikido, por ser un arte marcial eminentemente defensivo. Y coló, claro.

Liberado de su presencia en la Tierra, parecía obvio que tendría que seguir una historia abiertamente fantástica, y como tal se presentó Carnival of Monsters, obra de Robert Holmes en la que podremos encontrar dos líneas de lectura. La más obvia es la literal: El Doctor, acompañado de Jo, intenta mostrarle las maravillas del planeta Metabelis III, pero en su lugar viajan a un barco desaparecido en 1926 para ser atacados primero por un monstruo y desaparecer luego. Pronto descubren que se encuentran atrapados por un showman alienígena que ofrece un espectáculo en el que varias criaturas han sido miniaturizadas gracias a una tecnología robada a los Time Lords, el miniscope. Entre otros tienen a Ogrons, Cybermen, Tellurians y Drashigs. El Doctor y su acompañante pronto descubren que han sido trasladados a un mundo extraterrestre en el que el responsable, Vorg, trata de convencer a un tribunal de que les deje acceder a su mundo para mostrar estas maravillas de la naturaleza. Ni que decir tiene que al final de la aventura nuestros héroes habrán logrado regresar a su tamaño habitual, pero no sin antes proporcionar una aventura que tiene un trasfondo realmente jugoso.

Barry Letts decidió hacer uso de la prerrogativa de dirigir una historia cada año y ofrecer este serial, quizá por lo cuál hubo un exceso de metraje que debió ser limitado. En cualquier caso, la presencia de Vorg con sus monstruos, afirmando que los Drashing, fieros y temibles, eran los favoritos de los niños, la bronca del Doctor acusando a Vorg de no tener interés alguno por las personas dentro de su espectáculo siempre y cuando pudiera seguir sacándole dinero o a los alienígenas, o al tribunal de Inter Minor que pensaran en permitir que un entretenimiento basado en su sufrimiento tuviera un hueco en su planeta. Es decir, hacía un comentario meta sobre su propio programa, sobre la afición de los niños por los monstruos y lo grotesco de sus vivencias. Las discusiones en el tribunal, con Vorg defendiéndose, casi podrían pasar por declaraciones de Holmes / Letts sobre Doctor Who y su lugar en el imaginario colectivo.

Fuera de eso, podemos comprobar cómo Katy Manning había logrado dar de sí lo reducido de su personaje, logrando con su arrolladora simpatía hacerla un agente de campo más que competente, demostrando sus dotes para el escapismo en lo que venía siendo un running gag de su periodo como acompañante. Pequeños movimientos que servían para darle más profundidad a un personaje que parecía demasiado delimitado. Aunque estaba claro que no la iban a dejar expandirlo mucho más. Y que, de hecho, a Manning le quedaba poco aguante para seguir en la serie.

La siguiente historia estaba pensada para dar inicio a una trilogía que concluyera la décima temporada del Doctor por todo lo alto. Lamentablemente, los planes no se pudieron realizar como deseaban.

En Frontier in Space, de Malcolm Hulke, recuperamos al villano más característico de la etapa Pertwee, el Master. De nuevo, escondido tras una de esas tramas de manipulación que tanto le gustaban, manipulando a la Tierra a un conflicto armado contra Draconia, para lo que está usando nada menos que a los Ogrons, a los que vimos por última vez con los Daleks. La presencia de los Ogrons hace más extrañas aún las manipulaciones del Master, hasta que en el último capítulo se descubre que ha formado una alianza con los Daleks para destruir la Tierra y al Doctor. El enfrentamiento final lleva por un lado al Master y por otro a los Daleks, además de a un malherido Doctor retirándose a la TARDIS, rumbo a lo desconocido.

Originalmente pensado como parte de una historia mucho más larga, que incluía a los Daleks y al Master y terminaba con un eco de la relación que habían establecido entre el Doctor y su némesis Time Lord como una versión extraterrestre de Sherlock Holmes y el Doctor James Moriarty, ese serial definitivo se iba a llamar incluso The final problem. Por desgracia, durante la grabación de una película en Turquía, Roger Delgado muere en un accidente de tráfico. Un actor brillante que creó de la nada a uno de los villanos más perdurables de la historia del Doctor, que, debido a esto, no reaparecería hasta The Deadly Assassin, en la temporada 14.

Por cierto, Jo vuelve a demostrar su hartazgo cuando le hacen llevar el té con pastas al personal de UNIT, lo que ella aprovecha para quejarse de que cuando la enchufaron ella pensaba que viviría una vida de misiones secretas al estilo James Bond, al que termina comparando con el Brigadier —obviamente, también el acerado militar de la primera temporada de Pertwee ha terminado convertido en una suerte de Papá Comandante—, por lo que no sorprende saber que al comenzar la grabación del siguiente serial, Manning avisó al equipo de producción de que tenía intención de largarse al final de temporada.

Pero lo importante en ese momento era saber qué pasaba con el malherido doctor, pues así continuaba el cliffhanger del anterior serial, con la persecución de los Daleks y un argumento posterior que recaía en su creador, Terry Nation, que modelaría este Planet of the Daleks a partir de la primera aparición de los saleros malignos, funcionando como una suerte de secuela directa de lo que allí pasó al recuperar a los Thals después de que el Primer Doctor les hubiera dejado. Al fin y al cabo era la primera vez que Nation regresaba a sus criaturas desde el episodio navideño de la tercera temporada. No era el único punto en común con la etapa clásica, pues su director, David Maloney, llevaba sin colaborar con Doctor Who desde el final del Segundo Doctor, con The War Games.

En esta ocasión el Doctor y Jo se encuentran con los Thal, que les avisan de que ahora los Daleks también pueden hacerse invisibles. Esta vez usan una plaga en lugar de la famosa bomba y, de nuevo, los Daleks terminarían atrapados en su ciudad al final de la misma. Muchas son, la verdad, las coincidencias entre esa primera historia y esta continuación.

A los tres Daleks usados habitualmente se añadió la creación de varios más, completamente estáticos, además de alguna de las réplicas de juguete de la marca Louis Marx que ya habían utilizado durante el Segundo Doctor. Con todo, el jefe sería uno de los Daleks propiedad de Nation, usado para la película Daleks: Invasion Earth 2150AD y que se pintaría aquí de dorado para aparecer como Dalek Supremo.

Para la discusión sobre las ideas feministas de Letts y Dicks, obligaron a Nation a incluir a una Thal, Rebec, en uno de los papeles principales. Le convencieron diciendo que así se daría más variedad a la raza y permitiría a los telespectadores distinguirles mejor, pero es difícil saber si era sólo eso o realmente estaban presionando a favor del cambio. El otro cambio, a petición suya, que tuvo que realizar Nation fue una planeada masacre Dalek que acabaría con todos los Thal, algo que quisieron evitar, dadas las quejas sobre la violencia que manejaba la serie. Y quedan dudas sobre hasta qué punto Nation buscaba que las secuencias en la jungla fueran una referencia a la Guerra de Vietnam, algo que tanto Letts como Dicks negaron que fuera idea suya. Por cierto, no están en esta ocasión en Skaro sino en otro planeta en le que la lucha entre Daleks y Thals continúa aún. E incluso el Doctor hace notar las similitudes con lo que le ocurrió en Spiridon durante The Dalek Invasion of Earth.

Tras lo ocurrido con Delgado y ante la marcha de Katy Manning, hizo falta improvisar un poco en el final de temporada, así que eligieron la historia The Green Death de Robert Sloman y Barry Letts le hizo un par de cambios.

Es notable la marcha de Jo Grant porque su personaje, habitualmente menospreciado por llegar como una enchufada y por venir detrás de la enorme Dra. Liz Shaw, explica desde el principio que ha decidido dejar UNIT. De manera que todo lo que ocurre después, incluida la aparición de un hombre con el que terminará casándose, no es sino una muestra del esquizofrénico tratamiento que sufrió el personaje. Con una parte pugnando para funcionar como mujer liberada mientras el otro se empeña en reconducirla por las representaciones clásicas de la mujer en la televisión.

Todo comienza con una mina abandonada, sigue con gente pintada de verde fosforito, continúa con larvas gigantes y muestra una inclinación por los temas del conservacionismo y la ecología que incluyen vertidos de una empresa llamada Global Chemicals y un villano en las sombras conocido como BOSS.

Todos estos temas quedan ensombrecidos por la auténtica trama importante, la marcha de Jo, que deja a un perplejo Doctor que exclama: “I’m offering you the universe” sin entender por qué le abandona. De hecho, se irá a trabajar para el Profesor Cliff Jones —interpretado, por cierto, por Stewart Bevan, el novio de Manning en aquel momento—, del que antes de conocerlo ya sabemos que es un experto en hongos y que ha ganado el premio Nobel. De esa forma es mayor la sorpresa al descubrir que es un joven de unos veinticinco. Más aún, es un sabio un poco excéntrico y muy inteligente de forma que, como señala Emma Nichols en Chicks unravel time, nos están dejando bastante claro que Grant deja al Doctor por su versión joven —y humana—. Una vez salvado el mundo, el Doctor querrá hacer las paces con ellos regalándoles un cristal del planeta Metebelis III, el planeta al que parecía que nunca conseguían viajar, otro running gag de la temporada.

La salida de Jo ofrece también una idea del tratamiento del romance entre el Doctor y su companion. Frente a las situaciones post-relanzamiento en 2005 aquí tenemos un uso más sutil de ese compañerismo con complicidad malinterpretable que evoca, a su vez, a otro de los referentes de esta etapa: Los Vengadores, donde sacaron a Diana Rigg, la siempre memorable Mrs. Peel de la serie, despejando su falsa viudedad al traer de vuelta a Peter Peel, que tenía una pinta sospechosamente similar a la de Mr. John Steed / Patrick Macnee.

De manera que Grant cuenta entre los personajes que abandonan al Doctor por una boda pero, como vemos, no es esa una interpretación exacta sino, más bien, la forma de encerrar dentro del cliché una salida de la serie para un personaje femenino que, de nuevo, estaba cansada de servir para pasar tubos al Doctor y decirle lo listo que era. Tardaríamos casi cuarenta años en volver a ver a Jo Grant actuar en el whoniverso.

Esto implicaba que para la siguiente temporada hacía falta una nueva companion, especialmente dada la progresiva pérdida de relevancia de UNIT en la serie. La elegida para el papel fue Elisabeth Sladen, para que interpretara a un personaje que iba a estar entre la Dra. Shaw y Jo y que mostraría un interés por el feminismo y serviría, a la vez, como elemento de debate. Pero expliquemos antes cómo la introducen en la serie.

Será en The Time Warrior, la primera historia de la temporada en la que, por cierto, se dirá por primera vez que el nombre del planeta del Doctor se llama Gallifrey. También será la primera vez que veamos el famoso logo con forma de diamante que caracterizaría la etapa Baker en el personaje. Finalmente, serviría para presentar a otra de esas razas alienígenas que se han ido manteniendo a lo largo de la historia del Doctor, los Sontaran, obra de nuevo de Robert Holmes, que tendría que situarlos en un castillo medieval por idea de Terrance DicksHolmes se la devolvería cuando los papeles se invirtieran en la temporada 15, haciéndole escribir una historia en un faro—. Durante los cuatro capítulos de The Time Warrior comenzaríamos con UNIT encomendándole al Doctor la investigación de unos científicos desaparecidos en un instituto de alta seguridad, con la inestimable colaboración como acompañante del Brigadier; el culpable resulta ser otro viajero temporal. En su persecución hasta la Edad Media no se da cuenta de que Sarah se ha colado en la TARDIS buscando escribir una enorme historia, al más puro estilo de Lois Lane. El alienígena, un sortaran, está tratando de arreglar su nave espacial aunque para ello tenga que manipular la historia de la Humanidad, alterando su futuro.

La siguiente historia, Invasion of the Dinosaurs, conocida en su primer capítulo como Invasion para no chafar la sorpresa, es otra de las historias medioambientales del Doctor, obra en este caso de Malcolm Hulke y que comienza, teóricamente, con el final de la anterior, ya que al regresar a Londres desde la Inglaterra medieval, el Doctor y Sarah descubren que están apareciendo dinosaurios debido, en esta ocasión, a una máquina que revierte el estado de la ciudad a tiempos prehistóricos como parte de un plan ludita. Se tata de un serial simpático en el que lo más destacable son los efectos especiales, particularmente la simpática animación de los dionsaurios, y a que se presenta el comúnmente conocido como Whomobile que, a diferencia de Bessie, no es un coche sino un hovercraft. Quizá lo más sorprendente del serial sea descubrir que uno de los hombres de UNIT, en un arrebato de conciencia ecológica, ha decidido traicionar a la unidad facilitando este plan. No hay giros a enemigos exteriores, sólo gente que cree estar haciendo lo mejor y que es tratada en consecuencia.

Este episodio también significa la llegada extraoficial de Robert Holmes al puesto de jefe de guionistas, si bien Terrance Dicks no dejaría de manera efectiva el puesto hasta el final de la temporada. Holmes, que llevaba años colaborando esporádicamente, se enteró de que Dicks planeaba dejarlo y se autopostuló ante Letts y la oficina de producción, que no dudaron en aceptarle. También tras las cámaras había otro dato curioso, pues estamos ante el primer serial dirigido por una mujer desde 1965, Massacre of St Bartholomew’s Eve, en ambos casos por la misma Paddy Russell.

El final de la historia marca, además, el punto en que podemos decir realmente que Sarah Jane Smith comienza a ejercer como acompañante, pues en el anterior serial era sólo una polizona y todo éste se lo pasa más por las circustancias de su regreso a Londres que por interés por parte del Doctor. No será hasta el final de la historia, con el Doctor ofreciéndose a enseñarle las maravillas de Floriana, que quedará establecido su nuevo papel. Un truco que pasaría a utilizar en el futuro en sus encarnaciones novena o décima. La excursión a Floriana acabaría llevándoles a la siguiente aventura.

Death to the Daleks está guionizada por Terry Nation y no creo que haga falta que os diga quiénes son los villanos de esta historia. Aquí el Doctor saca por primera vez fuera de la tierra a Sarah, aunque sea sólo para que acaben junto a una expedición del Cuerpo de Marines Espaciales y un escuadrón de Daleks atrapados en el planeta Exxilion, rodeados de nativos furiosos y con una misteriosa ciudad perdida como única solución posible.

Como parece demostrar esta sinopsis, en un primer momento no estaba prevista la presencia de daleks en la historia, pero Barry Letts y un aún flotante Terrance Dicks consideraron que había que aprovechar la popularidad de los bichos, ya que Nation iba a encargarse del guión. Y siguiendo la progresión de mujeres interesantes, la experta científica de los Marines, Jill Tarrant, tendría un papel pequeño pero decisivo. También se trata del último serial que tuvo episodios perdidos en la historia de Doctor Who. A partir de aquí se guardarían sin problemas. También es la última vez que aparecerían los daleks sin estar de por medio Davros durante todo lo que durara la serie clásica.

Enfilando ya el final de la temporada, los dos seriales que quedan son ejemplos magníficos del buen nivel de esta etapa, comenzando por The Monster of Peladon, con guión de Brian Hayles y que funciona en parte como secuela de The Curse of Peladon, con el Doctor decidiendo comprobar cómo le va a la gente cincuenta años después de su última visita para descubrir que están en mitad de un conflicto minero. La historia demuestra ser toda una parábola de múltiples lecturas y que funciona en espejo con la época en la que se creó, sirviendo como clarísima metáfora de los problemas mineros, la brutalidad policial, el desconcierto de los gobernantes, así como un alegato pro-sindical y pro-feminista. Casi nada.

A su regreso a Peladon, el Doctor encuentra en el trono a la Reina Thalira, hija del difunto Rey Peladon. La nobleza de Pel está en negociaciones tensas con los mineros y, de nuevo, su deidad/monstruo Aggedor está atacando y matando gente, mineros en este caso. En el sindicato las cosas no están mucho mejor, con un pro-negociación, Gebek, y un exaltado, Ettis, disputándose el control del sindicato. Todos estos bandos acabarán uniéndose a regañadientes cuando la Federación Galáctica, necesitada del trisilicato que sacan los mineros, decida enviar tropas para garantizar la producción, tropas que tendrían aquí la función de antidisturbios pero que resultan ser encomendadas a los Ice Warriors. Lo que casa con los antidisturbios tradicionales, por otro lado.

El enfrentamiento ente los mineros y los Ice Warriors preocupa ala reina aunque complace a los nobles, que notan demasiado tarde que a estos alienígenas su seguridad o comodidad le da bastante lo mismo. Todo ello mientras el Doctor trata de descubrir qué hay detrás de las apariciones de Aggedor, mientras Sarah convence a la Reina Thalira de que debe imponerse a los nobles, con un discurso a favor de la liberación femenina y una frase que será citada frecuentemente al hablar del personaje:

“No hay ningún “sólo” en ser una chica.”

O en inglés: “ There?s nothing «only» about being a girl “. Curiosamente, esta misma defensa sirvió para que se dijera que es una feminista de papel sólo, que lo proclama pero luego no lo cumple, que no hacía falta que a la gente de Pel le tuviera que ser recordado esto, mucho menos a los ingleses —en serio, por lo visto tener una reina durante unas cuantas décadas sirve para algunos para convertir a sus súbditos en concienciados—. Y es que la trama minera no es más que una evolución de las tramas de “enemigo exterior influyendo en los honrados mineros”, sugiriendo que, si los mineros se rebelaban, no era por las malas condiciones sino por la influencia de los comunistas. Una afirmación cuanto menos discutible: los mineros dejan de trabajar, no por explotación laboral habitual, sino porque los nobles insisten en que sigan trabajando pese a haber una bestia suelta que les está matando. Eso es lo que provoca el conflicto entre las partes. Si no es una muestra de insensibilidad por parte de la nobleza/patronal enviar a morir a sus trabajadores, no se me ocurre qué puede serlo. Y si bien son extranjeros traidores los responsables de lo sucedido, tampoco parece que destruir a los mineros pudiera ser una finalidad en sí para ninguno de los grupos implicados. Desestabilizar el trono para ocuparlo o hacerse con el control del sindicato minero, incluso quitárselo de en medio, son ideas posibles y manejadas, pero que palidecen en el contexto de guerra fría que Peladon ha evocado siempre.

Y si Sarah Jane llega a decir, creyendo muerto al Doctor, que “eso es lo que el Doctor solía decir. Siempre hay una oportunidad. Porque mientras hay vida…” el siguiente iba a terminar incluso con eso.

Planet of the Spiders será la última historia de la época Pertwee / Letts / Dicks. Pese a lo cómodos que parecían los tres, ya hemos visto que Dicks se estaba desvinculando a favor de Robert Holmes. Además, Pertwee había pedido un aumento en navidades del año anterior que había sido rechazado, decidiéndole a abandonar la serie y poniendo en marcha el clásico mecanismo renovador de ésta, en este caso permitiendo tejer una historia con retales del pasado.

El cristal azul de Metebelis III que el Doctor regalara a Jo por su boda resultará ser el último componente que una raza de arañas gigantes necesita para dominar el universo. Conocemos al viejo mentor del Doctor, del que ya se nos había hablado durante el año del Master, y veremos un repaso a muchos de sus temas, desde los ambientales hasta la cercanía con James Bond en una persecución que le llevará a usar a Bessie, el Whomobile, un coche de policía, un girocóptero y una lancha.

También los monstruos gigantes, que aquí serán representados de una manera deliberadamente falsa; las arañas —que remiten muy claramente a la aracnofobía, además de a los clásicos cincuenteros de animales gigantes— están realizadas de una manera que no puedan parecer realistas sino risibles, sin voluntad alguna más allá de la de maravillarse ante su misma existencia. Evitando, así, las previsibles quejas ante una nueva creación monstruosa que ya hubo con las larvas gigantes de The green death, de la que se toman tantas ideas y conceptos que casi podríamos decir que ambos finales de temporada están conectados entre si.

No sólo eso; con su previsible partida, Barry Letts decidió que Planet of the Spiders sirviera también para recordar sus propias ideas budistas, que aparecerían incorporadas mediante un centro de meditación que forma parte de la trama y que servirá para recuperar al personaje de Mike Yates. A su vez, Sarah Jane Smith tiene una aproximación a la historia completamente independiente y ejerciendo de periodista, como un complemento de lo que sería la línea argumental del Doctor. Quien, a su vez, nos mostrará no sólo su fobia a las arañas, sino también la interpretación psicológica detrás de toda esta historia, con las arañas como elemento del subconsciente y el ansia de conocimiento del Doctor como aquello que acabará causando su muerte. O, como se dirá por primera vez en pantalla, su regeneración. Y es que ya lo dice el Brigadier: “Allá vamos de nuevo.”


Formatismos españolescos televisivos comparativos

Hay semanas en las que las columnas de actualidad1 se hacen solas porque un gran tema lo polariza todo. En otras ocasiones son muchas y muy diferentes las posibilidades. De vez en cuando hay semanas tranquilas en apariencia que permiten tratar temas pendientes. Las posibilidades, directas o indirectas, son casi infinitas.

Pero a veces parece que quiera olvidarme de España, como si eso fuera posible. Soy perfectamente consciente de que el estreno de una nueva aventura de Jonathan Creek —que, por cierto, me destroza el estuche de Obra Completa — es algo que sólo me importa a mí, pese a que su éxito en UK, 7 millones de espectadores, sea algo incomparable allí, aquí e, incluso, en USA.

En USA siempre pasan cosas, sobre todo con una NBC que parece decidida a superar cualquier cosa que se dijera de ella… en 30Rock. Tras todo tipo de broncas entre los jefes, es decir Robert Greenblatt, y Jay Leno parece que al final el adelanto del programa de Jimmy Kimmel ha logrado convencer a la NBC de que Leno se tiene que ir del Tonight Show y dejarle el hueco al mudito Jimmy Fallon, siempre tan bien respaldado por Lorne Michaels. Este muerto ha hecho que se especule quién ocupará el lugar de Letterman, —de momento el primero en las listas parece un Seth Meyers post SNL — y que a Letterman también le muevan la silla los comentaristas y críticos porque su jefe en la CBS, el siempre caballeroso Les Moonves, no tiene intención alguna de meterle prisas. Como al resto de asuntos del canal, vaya. De todas formas, de este asunto es mejor esperar a hablar cuando lleve tres meses Fallon a los mandos, no vaya a ser que Leno vuelva a echarse atrás.

Además de eso la NBC ha tenido los tres estrenos más importantes del año, dos regresos y una novedad. Y lo han resuelto a su particular manera. The Voice ha regresado sin ser el programa rompedor y multitudinario que solía, pero aún así dominando de sobra con unos 4.3 puntos que doblan a su directo competidor. Y, sobre todo, elevando unos números en una cadena que estaba dependiendo de cosas como el SNL o el Tonight de Leno para no hundirse del todo. De manera que el regreso de Revolution a la baja también se lo tomaron como un éxito aunque no apareciera hasta el número 15 y evidenciara un más que notable desgaste. Y por ese mismo motivo, la llegada de la nueva niña bonita de Greenblatt estaba cargada de interés. Hannibal, serie con el gran Bryan Fuller como responsable y colocada en la posición de la muerte, cuyo resultado fue que, aún encontrando un hueco en el que sólo se emitieran dos programas nuevos en las otras networks, quedó… tercera. De hecho, logró aproximadamente la mitad de espectadores que la siguiente serie, 4,3 millones frente a los 8,0 de Scandal y los 10,5 de Elementary, aunque en 18/49 sacara un 1.6 (de nuevo, frente a los 2.1 y 2.6 respectivos de sus competidores); con lo que no ha sido un triunfo precisamente, pero, dado el estado actual de la NBC, sabe como un triunfo. Al menos por esta semana.

Pero no es lo único que ha pasado en Estados Unidos. También está la muerte de Roger Ebert, un tipo que te podía caer mejor o peor pero que fue el último superviviente de un momento en que la relevancia de los críticos existía. Algo que debería hacernos pensar, no tanto en lo que Ebert supuso —incluyendo a qué le daba importancia y qué facilitaba eso—, que también, sino en la desaparición o destierro de los críticos de las manifestaciones artísticas y su crítica de la televisión y sus programas. Algo notable en lo que se refiere a la música, pero que también el cine ha sufrido. La falta de críticos de referencia, en especial de aquellos con un criterio propio —por mucho que nos repatease ese criterio— que demostrara la necesidad de reflexionar sobre lo visto, es una constante en la televisión moderna.

Mientras tanto, en UK un periodista televisivo estaba preparando un programa demostrando la vida de los sin techo y ha muerto. Lo que, bajo mi punto de vista, ha demostrado que lo más relevante que puede hacer un periodista para demostrar un punto de vista no es sacarlo en televisión necesariamente.

De modo que, ¿qué ocurría mientras en España televisivamente hablando?

La noticia más vista de la semana y, por lo visto, de varias webs de periódicos de tirada nacional, es que una conocida especialista en carecer de trabajo ha vuelto a conseguir que a la gente le importe su irrelevante vida. Bravo.

Para seguir, un teórico cómico ha decidido cargar con toda su ignorancia y sexismo contra otros cómicos que habían cometido el imperdonable pecado de hacer risas sobre la Semana Santa, y se ve que a este capillita eso no le parecía bien en absoluto. Viva.

Finalmente, la semana pasada Tele 5 decidió que no hacía falta emitir ficción y todo su prime time se compuso de reality shows, y talent shows y corralas shows , sin un hueco para la ficción propia o ajena. Por suerte parece que el motivo real es una concatenación de circunstancias que acaban siendo resumidas en esto es más barato.

Porque es eso lo que parece mover ahora a las televisiones en España, lograr el producto más barato. No el mejor. Da igual que haya series en países como USA y UK convirtiéndose en éxitos —e invirtiendo mucha más pasta— pese a sus resultados de audiencia mermados. Aquí importa más lo barato que sea y la estrategia comercial del grupo, aunque signifique tener una serie en la nevera durante meses. De manera que la mejora en la ficción que parecíamos estar teniendo gracias, sobre todo, a los intentos por mejorarla y ofrecer variedad en la TVE de la pasada década, están viéndose arrastrados no sólo por la crisis sino, además, por la forma de actuar de cadenas y audiencias.

Ese es el tipo de descorazonadora realidad por la que al final uno acaba prestando más atención a lo que se hace fuera. Incluso sabiendo de sobra que mirar hacia otro lado o ningunear la situación patria no va a hacer nada por mejorarla.

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fn1. Por si alguien está siguiendo El Receptor desde hace poco: El formato habitual es alternar columnas dedicadas a algún tema concreto a lo largo de meses, en la actualidad Doctor Who, con columnas centradas en el análisis y la reflexión a partir de la actualidad.


Terrestrizado UNITero Jon Pertwee

Lo último que habían visto los telespectadores del Doctor al final de su sexta temporada era esa escena, lo primero que vieron de él en la séptima fue esto otro:

¿Cómo se había llegado a un cambio tan radical? Y, sobre todo, ¿qué más había cambiado y por qué?

Los datos de audiencias de la temporada sexta habían sido un desastre, la salida de Innes Lloyd y la falta de dirección posterior por parte de Peter Bryant habían dejado a la serie en un punto incluso más bajo del que se encontraba al final de la tercera temporada, de modo que la salida programada de Patrick Troughton, que había logrado que le acompañara Frazier Hines hasta el final de la temporada, sirvió de excusa para realizar una reinvención completa de la serie cuya primera piedra se colocó con el final de esa sexta temporada, con Terrance Dicks ocupando el cargo de jefe de guionistas a mitad de la misma para rematar en The war games con una historia que explicaría ese nuevo punto de partida. Con Barry Letts ocupando el puesto de productor a partir de la segunda historia de la temporada, permitiendo que Derrick Sherwin hiciera de bisagra entre la etapa de Bryant y la de Letts.

La decisión era tratar de modernizar el concepto, meter al Doctor en los años ’70 y ponerlo en consonancia con lo que entonces se llevaba. Para ello se ofrecería por primera vez una emisión en color. Como medio de evitar que se disparara el presupuesto en exceso se decidió que la temporada durara la mitad, en vez de los cuarenta y pico episodios anuales se reducía a unos veinte. Además, se trataría de abaratar en costes aprovechando que con el color se podía usar la técnica del fondo azul para mejorar los efectos. También como parte de estas ideas está la sentencia al final de The war games, el Doctor pasaría a estar confinado en la tierra, con una TARDIS que no podría viajar y una mayor supervisión de los Time Lords.

Con un Doctor más terrestre llegaba también la posibilidad de acercarlo más aún a los registros de dos de los éxitos del momento, Los vengadores y James Bond. El Doctor pasaría a ser un hombre de acción, asociado a una organización gubernamental casi-secreta que le proporcionaría un ambiente propio con un reparto de secundarios y un par de companions. Y, pese a todos estos cambios, Doctor Who supo conservar su magia y aproximarse a temas contemporáneos ofreciendo una visión distinta y a un personaje con estilo propio.

Esto lo vemos desde el primer capítulo de la séptima temporada, la importancia de UNIT llega a ser total, apoyada por la posibilidad de un Doctor en periodo de aclimatación tras su cambio que les permite ese tiempo extra en pantalla durante el cuál pueden explicar sus funciones, separarse de las agencias de espionaje, refrescar la memoria sobre el Brigadier, presentar a la Doctora Liz Shaw y ofrecer algunos datos extras sobre la extraterrestricidad del Doctor como los famosos dos corazones o la sangre incompatible con los humanos.

En cuanto al elegido para esa Tercera Encarnación, el elegido fue propuesto por Bryan, de la misma manera que Troughton venía de hacer papeles de secundario con cierta seriedad aquí escogieron a un actor conocido por un serial radiofónico cómico, The Navy Lark, en el que interpretaba a múltiples personajes. Sus dotes cómicas eran tan conocidas que se pensó que intentaban hacer una aproximación al Segundo pero nada más lejos, aquí nos encontraríamos con un hombre originalmente sin companions a los que entretener y que jugaría la carta del aventurero aunque, ciertamente, sin perder nunca el sentido del humor.

El tono, por su parte, sería también más oscuro. Las amenazas se apartarían de la ciencia, de los Daleks y Cybermen, para centrarse en nuevos monstruos que permitieran dobles lecturas. Especialmente en la primera temporada de Pertwee.

También sería todo un cambio el personaje de la doctora Elizabeth Liz Shaw, interpretado por Caroline John, una mujer profesional y con ideas propias que será la primera companion en seguir el modelo de Barbara Wright, llevándolo incluso más lejos, pues será seleccionada para trabajar en UNIT por tener todos los doctorados posibles y no dudará en enfrentarse a sus superiores cada vez que cree tener razón. Contratada originalmente para el departamento científico, acabará actuando como ayudante del Doctor. Bueno, ayudante, Liz chocaría con él en ocasiones, pese a lo cuál existía un respeto intelectual mutuo. Como señala Mags l. Halliday en su artículo para Chicks Unravel Time, la Doctora Shaw puede ser punzante, especialmente con el Brigadier, por ejemplo, cuando este le asegura que no puede ir a las cuevas con los Silurians ella dice: ¿Ha oído usted hablar de la emancipación femenina? , cuando le pide que conteste al teléfono le responde: Soy un científico, no un chico de los recados, y cuando el Brigadier le sugiere un tratamiento para un comatoso Doctor le pregunta si recuerda que resulta que soy médico. A lo largo de la temporada demostrará que no es un doncella en apuros que se dedica a gritar y a pedir que alguien haga algo por ella sino una científica que al enfrentarse a un problema busca una manera de abordarlo para resolverlo. Y, en contra de otras críticas que surgieron al personaje por ser demasiado arisca, hay que decir que cuando cree que el Brigadier o el Doctor tienen razón también se la da, tratará de convencer al otro, e incluso manipularle si fuera necesario, para que se haga lo que ella considera correcto. Por cierto, serán pocas las veces que se refieran a ella como Doctor, teóricamente no por hacerla de menos sino para evitar la juerga que sería tener a dos Doctor a la vez.

Todas la piezas empezarán a juntarse en Spearhead from Space, primer serial y aún de transición. En el que veamos como el Doctor llega a una especie de acuerdo con UNIT, y es que frente al Bond o Steed aquí se trabajaría junto a pero no para, el puesto será de entera libertad —facilitando también que cuando lo desearan pudieran cerrar esta colaboración— y presentando una rebeldía habitual en el Doctor frente a la forma de comportarse de la organización. Se pasará toda la temporada tratando de hacerse a la idea de que está atrapado en la Tierra, pero no habrá un arco argumental propio aunque sí la presentación de numerosos enemigos por tratarse de la primera vez en que no hay ningún enemigo que vuelve a hacer aparición. Todos serán nuevos y algunos llegarán para quedarse. Como los que están detrás de esta primera historia, de fuertes lazos con Los vengadores, pues junto a la llegada del Doctor nos presentaba la amenaza de la Consciencia Nestene que controlaba mentalmente a las formaciones plásticas conocidas como los Autones. Una historia de agentes infiltrados y extraños maniquíes y muñecas asesinas, con sustituciones y secretos que sirve como presentación perfecta de lo que sería la temporada.

También tiene la peculiaridad de que, debido a una huelga, fue filmada en su totalidad en rollo de película, dándole un aspecto más cinematográfico. Por cierto, la explicación que da el Brigadier a Liz durante su primera entrevista para justificar que los extraterrestres hayan sentido cada vez más interés por la Tierra es prácticamente la misma que daría el Décimo Doctor a Harriet Jones años después, igual que repetiría la respuesta a la pregunta que la Dra. Shaw le hace sobre en qué es Doctor: Prácticamente en todo .

Curiosamente la siguiente historia, con el espantoso título Doctor Who and the Silurians —Nombrando al Doctor por la serie en un fallo poco habitual. Tan poco que no se volverá a repetir… en la serie de televisión— no sólo nos presentaría a otra nueva especie, los Silurios, además procuraría buscar un nuevo giro al decirnos que se trata de una civilización que estaba antes, mucho antes, y que sale ahora para tratar de recuperar lo que es suyo tras ser despertados por unas pruebas nucleares. Esto llevará a un enfrentamiento que acabará con el Brigadier destruyendo la base siluria para espanto del Doctor, y aunque Liz sugiera que pudieron ser órdenes directas del Ministro, el Doctor no puede perdonarle con facilidad ni justificar el cumplimiento ciego de las órdenes.

Por otro lado, además de la presencia de Paul Darrow, que sería Avon en Los siete de Blake, destaca los cameos del equipo de producción, incluyendo a Barry Letts y Terrance Dicks pero, sobre todo Trevor Ray como uno de los infectados por un virus silurio utilizado para deshacerse de la humanidad. Sí, pruebas nucleares, bioterrorismo, debate sobre la pertenencia de la tierra y sobre obedecer órdenes, este es otro serial clásico. Y por introducir a Bessie, el coche clásico que el Brigadier Lethbridge-Stewart le consigue al Doctor para que se desplace mientras su TARDIS no pueda moverse.

Más oscuro aún es el siguiente serial, The Ambassadors of Death, escrito por David Whitaker en teoría pues una vez entregado tuvieron que retocarlo Trevor Ray y Malcolm Hulke, lo que también contribuyó a que decidiera dejar de escribir para la serie. Una de las novedades es que, pese a incluir alienígenas los villanos de esta historia son todos humanos. Más aún, son humanos en posiciones de alto nivel. Un general, un jefe científico e, incluso, un ministro. La idea detrás vuelve a mostrarnos esa faceta oscura y remite, además, a la primera serie de Quatermass en la que un astronauta regresaba a la tierra remplazado por una forma de vida alienígena, salvo que aquí el engañado es el público. El encuentro con esos extraterrestres es utilizado por los mandos de Reino Unido para preparar una guerra con la que enriquecerse y subir puestos en sus respectivas secciones. Una guerra pública preparada por poderes secretos que nos gobiernan públicamente. Esto sirve también para poner en perspectiva a UNIT como una agencia necesaria y útil, puede que el Doctor no le perdonara al Brigadier la destrucción de la base Siluria pero, desde luego, pero está claro que es una persona íntegra que lo hizo por considerarlo lo correcto. No es el único miembro de UNIT que tenemos, Benton aparece ya con el rango de sargento, y también aparecen nuevos uniformes conformes con una idea de dar a la serie una ambientación en un futuro cercano.

Todo esto nos lleva al último serial de la primera temporada de Pertwee, y una de las historias fundamentales de esta etapa: Inferno. Una historia especial por muchos motivos pero, sobre todo, por introducir el concepto de multiverso, el Doctor viajará a un universo espejo en el que el Brigadier es el malvado líder de un UNIT autoritario con muchas resonancias a 1984, en el que, además, se presentan versiones que han ido mal de las anteriores aventuras conjuntas, además, permitía a los actores interpretarse en versiones malvadas de los mismos, algo que divirtió tanto a Caroline John, que aseguraba que era mucho más divertido interpretar a la Liz Malvada que a la normal. En cuanto a Nicholas Courtney, su versión del Brigadier sin bigote y con una cicatriz que le surca la cara pero, sobre todo, con parche. Un parche que se convirtió en toda una seña de identidad de estos episodios, y un motivo de homenaje a la muerte de Courtney por el equipo de producción del Undécimo Doctor. Sin embargo las características oscuras fueron tan pronunciadas que se decidió darle un giro para la siguiente temporada. Un giro que se venía preparando desde el anterior serial en el que se había decidido que había que reemplazar a Liz Shaw, ni Caroline John estaba disfrutando especialmente de su estancia, con varios choques con el equipo técnico y artístico sobre el personaje en los que necesitaba apoyarse en Jon Pertwee o convencer a Terrance Dicks, que tenía una aproximación ambivalente al feminismo, o incluso a Barry Letts, a quien todo eso le daba un poco lo mismo mientras se pudiera sacar adelante el programa. Que podría parecer sencillo pero la BBC no estaba muy convencida de renovarla por una octava temporada, así que hubo que prometer un cambio general.

Pero el problema de darle un cuerpo de secundarios de su nivel es que se perdía la figura juvenil a la que el Doctor explicaba las cosas, que metía la pata facilitando una extensión de la historia, alguien que se mostrara más agradable, además, para que el público pudiera sentirse más cercano. Y así, la afilada lengua de la Doctora Liz Shaw tenía que decidir volverse a Cambridge.

No es sólo un asunto de género, el Brigadier dejaría de ser un militar con visión de futuro, algo cuadriculado pero capaz de establecer planes de acción, a ser poco menos que un Papá Comandante que enfrentarse al Doctor, mientras que el Sargento Benton pasaría a un papel de buen muchacho al que se añadiría el Capitán Mike Yates, todos ellos con un nuevo uniforme de un color menos espantoso, un verde militar. Eh, incluso el gran enemigo parecería más cómico. Si en la temporada séptima Doctor Who había dado un paso adelante en la siguiente decidió explorar la faceta más cómoda.

De hecho, la octava temporada empezó con Terror of the Autons, de nuevo los Autones y la Consciencia Nestene, de nuevo Robert Holmes a los guiones, como una suerte de remake del inicio de temporada anterior. Solo que esta vez UNIT sería una familia feliz con el Brigadier, el Capitán Yates y el Sargento Benton. La nueva asistente del Doctor sería Jo Grant, una jovencita muy newagera, todo sonrisas, positivismo y algo de cabeza hueca… que ha sido enchufada ahí por su tío. Algo que hace que el Doctor proteste ante Lethbridge-Stewart por su falta de preparación y que lleva a este a dar una de las definiciones de sus acompañantes más cierta y, a la vez, descorazonadora, una suerte de disculpa que sirve también como ruptura de la cuarta pared: “Tonterías, lo que necesita, Doctor, como Miss Shaw solía señalar, es alguien que te pase los tubos de ensayo y te diga lo brillante que eres.”, poco a poco Katy Manning iría mejorando el personaje, pero de eso también iremos hablando.

La otra novedad en este primer serial era Roger Delgado interpretando a un nuevo Time Lord renegado, The Master, que serviría como contrapunto al Doctor toda esta temporada, generalmente trabajando entre bambalinas. Pese a lo cuál pronto llegarían las primeras confrontaciones porque para eso aparecería un Time Lord sin nombre a contarle que su antiguo amigo y habitual enemigo estaba ahora en la Tierra. E, incluso, introduce la ciudad de Tarminster. Delgado interpretaría a poco menos que un villano de tebeo, de tira de prensa, con sus ojos que hipnotizan, sus planes locos y argucias maquiavélicas pura Guerra Fría sobre todo en lo que a corromper a otros se refiere. Algo que está más claro aún en The Mind of Evil.

En ese serial se nos muestra no sólo a UNIT más como equipo de seguridad que como investigadores de lo desconocido, también como una rama más bondiana —incluyendo el uso innecesario de todo tipos de máquinas, como helicópteros, que hicieron que el director de los mismos, Timothy Combe, se pasara tanto de presupuesto que nunca más fuera llamado por la serie— sobre todo porque aquí el Master presenta una máquina maligna e invención propia la Máquina Keller que se nutre de los impulsos más oscuros de la gente que se supone que debería servir para corregir a aquellos que se hayan comportado mal, una curiosa referencia a La naranja mecánica, pero que tiene uno propósito oculto y puede llegar a proyectar sus propios miedos.

Pero el planeta Tierra estaba empezando a quedarse pequeño, de modo que para la siguiente historia, The Claws of Axos, los guionistas Bob Baker y Dave Martin cuentan la historia de la llegada de los Axos, una raza de alienigenas de aspecto humano y caras doradas que resultan ser, en realidad, unos peligrosos extraterrestres decididos a dragar la energía de la Tierra, eso pretenden hacerlo creando duplicados de destacadas figuras políticas para ponerlas a su servicio, al más puro estilo de los Ultracuerpos, y pactando con un poco convencido Master, que preferiría quedar como único jefe. Además, pronto se descubre que esa imagen proyectada por los Axos esconde en realidad a una raza de extraterrestres que parece estar compuesta por… spaghetti a la boloñesa antropomórficos. Unos villanos memorables que, pese a sus poderes y duplicidad no han sido aún usados de nuevo en televisión. Por cierto, esta historia muestra al Doctor aliándose con el Master para deshacerse de los Axos, engañándole para que repare su TARDIS y así poder ir al planeta de los alienígenas para destruirlos, para después descubrir que los Time Lords han hecho que la TARDIS regrese siempre a la Tierra, como si fuera un yoyo. La acción conjunta de las TARDIS del Master y el Doctor logra encerrar a los Axos en una espiral temporal

Como la TARDIS ya ha logrado cierta autonomía se justifica que en Colony in Space, tras otra aparición del servicio de avisos de los Time Lords van a contarle que el Master tiene los planes de su Arma del día del juicio y que está dispuesto a usarlo en un planeta, así que le dejan viajar hasta allí para impedirlo y, a la vez, mediar entre los miembros de una explotación agraria y una malvada empresa minera en la que sería la primera referencia setentera a la situación de los mineros. Una aproximación a uno de los grandes problemas candentes del Reino Unido de la década que sería tratada con más extensión en los seriales de Peladon. La segunda parte de la referencia, según Malcolm Hulke, autor del guión, era la forma en que las empresas de los colonos americanos trataban a los indios nativos americanos. Como vemos había mucho tema social que utilizar.

El final de la octava temporada y, de alguna manera, de este arco del Master que se había inventado Barry Letts para mantener enganchados a los espectadores durante toda la temporada. Y lo hizo con una auténtica rareza, The Dæmons, en el que se unía una historia de cultos religiosos paganos escondidos en la Inglaterra rural, la idea de la influencia demoniaca que más tarde sería figura central del cine fantástico setentero, y la idea ya presente en Quatermass and the pit de que los ángeles y demonios pudieron ser razas extraterrestres que intereactuaron con los humanos hace siglos. En este caso el Master se hacía pasar por un vicario que podía convocar a un poderoso demonio, Azal, cuando la verdad es que sólo era un miembro de los Daemons que se traía a la Tierra para ejecutar sus planes. Toda la parte religiosa causo cierta controversia, con el canal prohibiendo que se mencionara explícitamente a Dios en los diálogos pero permitiendo hablar del Demonio. También la destrucción final de la iglesa —mediante una maqueta— llenó el canal de llamadas que pensaban que se había hecho volar una iglesia de verdad. Y, hablando de explosiones, aquí los puntos de unión con James Bond llegan al máximo pues para mostrar la explosión de un helicóptero se utiliza una escena de Desde Rusia con amor. También la frase del Brigadier ordenando disparar “Al tipo con alas, cinco rondas rápidas” se convirtió en una expresión popular. La aparición de la BBC 3, aún inexistente, para demostrar que era el futuro cercano sirvió también para crear una cierta apariencia extraña vista hoy en día.

Durante toda la temporada las audiencias habían seguido subiendo y la situación parecía estable, Letts, Dicks y Pertwee estaban cómodos así que comenzaron a preparar la novena temporada que iba a dar paso a algo realmente especial. De manera que decidieron empezar la novena temporada por todo lo alto y así, cinco años más tarde, llegó…

Day of the Daleks. Sí, los Daleks volvían, aunque el resultado de ese regreso no le gustaría al equipo artístico, con Jon Pertwee y Katy Manning citándolo como uno de sus peores trabajos, a los espectadores suele entusiasmarle —como demuestra que es la historia del Doctor que más versiones domésticas ha tenido— por lograr reunir los anteriores motivos de las apariciones Dalek dentro del contexto de los años UNIT, añadiendo una subtrama política y otrade viajes temporales. Bien es cierto, como señalaba Pertwee, que había pocos Dalek como para crear terror, tanto que en 2011 se volvieron a filmar las escenas del ataque a Auderly House para hacerlas más creíbles.

El uso del viaje en el tiempo por parte de una entidad diferente a los Time Lords como desencadenante de la acción le dio también un encanto especial. La historia de cómo una conferencia de paz mundial sufre el ataque de un grupo de guerrilleros que se desvanecen en la nada. Esa es la excusa para que UNIT sea elegida para defenderles. Y cuando estén allí, con el Doctor y Jo, no sólo reaparezcan los guerrilleros sino, además, una raza de gorilas humanoides, los Ogrons para enfrentarse a ellos. El Doctor logra descubrir que la guerilla viene del futuro, de uno al que logra viajar gracias al mismo procedimiento suyo, en el que los Daleks han esclavizado —una vez más— a la raza humana y les tienen confinados en algo cercano a los campos de trabajo, con uno de los suyos, el Controller, como enlace entre los dos. Este personaje trata, desde el principio, de minimizar su papel en la existencia del imperio Dalek. Tratando de explicar el contexto que lo justifica.

Controller : No lo entienden. Nadie que no haya vivido estos horribles años puede entenderlo. Hacia el final del Siglo XX, una serie de guerras empezaron. Fueron cien años en los que no hubo nada sino destrucción y muerte. Cerca de siete octavos de la población mundial murieron. El resto vivía en hoyos en el suelo, hambrientos, reducidos prácticamente a ser animales…

Esta nueva referencia a los Nazis sirve para que el Doctor discuta con el Controller sobre lo correcto de su proceder, y que el Doctor discuta con él sobre la situación a la que han llegado a acostumbrarse.

DOCTOR: Bien, mejor que saltar al restallar de un látigo de un guardia de seguridad. ¿Dirige todas las fábricas como esta, Controller ?

CONTROLLER: Esto no es una fábrica, Doctor. ?

DOCTOR: Ah… ¿Qué es entonces? Then what was it? ?

CONTROLLER: Un centro de rehabilitación. Un centro de rehabilitación para criminales peligrosos.

?DOCTOR: ¿Incluyendo viejos y mujeres e incluso niños?

CONTROLLER: Siempre hay gente que necesita disciplina, Doctor

DOCTOR: Vaya, ese es un punto de vista anticuado, incluso para mis standards .

CONTROLLER: Puedo asegurarle que este planeta nunca ha sido más eficiente, mejor dirigido en lo económico. La gente nunca ha sido más feliz o más próspera.

DOCTOR: ¿Entonces por que tienes que tener a tanta gente bajo control? ¿No les gusta a ellos ser felices y prósperos?

Y más adelante, cuando pregunta por la utilidad de los Ogrons y su presencia en la Tierra vuelve a hablarse de la animalidad:

DOCTOR: Cuando encuentro un régimen que necesita importar a formas de vida extraterrestre salvaje como guardias de seguridad comienzo a preguntarme quienes son los auténticos criminales.

JO: Esas criaturas no son salvajes en realidad.

CONTROLLER: Exactamente. Sólo son perros guardianes. Solo hacen lo que se les dice.

DOCTOR: ¿Quiere decir que no hay suficientes humanos por aquí que no seguirían sus órdenes ciegamente?

CONTROLLER: Eso no es lo que estoy diciendo.

DOCTOR: ¿No lo es? Entonces lo que está diciendo es que la completa población humana, con unas pocas excepciones remarcables como usted mismo, no valen más que para llevar una vida similar a los perros. ¿Por qué?

Tal y como vemos el Controller sigue la pauta de los lugareños que colaboraban con los Nazis, está claro y bien establecido que los Daleks son el equivalente a los Nazis en Doctor Who, pero aquí queda claro que le interesa no examinar a estos villanos; y de hecho, se cuenta que originalmente no iban a aparecer , que iban a estar sólo los Ogrons como una especie belicosa y autoritaria que iba a someter a la humanidad pero que luego Barry Letts pensó que sería buen momento para recuperar a estos villanos— sino a los que están a su alrededor. Como demuestra la otra parte, centrada en la guerrilla.

Porque esa guerrilla, ese trío guerrillero al mando de Anat, otra de las mujeres fuertes que veremos en estas temporadas, están tratando de acabar con las conversaciones de paz por considerar que será a partir de estas de lo que se creará la posibilidad de que sean invadidos por los Daleks sin caer en que lo que destrozará las negociaciones e iniciará esas guerras será la propia acción de la guerrilla, una cinta infinita de la que sólo podrá salvarles que el Doctor se haga cargo de la situación.

Igual que el Controller acaba reconociendo su error, y dando su vida para que se puedan cambiar las cosas, también los miembros de la guerrilla comprenden que son en parte responsables de esto que ahora se ve, incluso aunque ellos sean los primeros en haberlo sufrido. Logrando finalmente enfrentarse a los Daleks y Ogrons y lograr así que las conversaciones continúen rompiendo con el futuro del que vinieron.

En resumen, una historia interesante que usa a los Dalek para encontrar una nueva manera de hablar no sólo de la Guerra Fría, también una que hable de los problemas del autoritarismo y se pueda relacionar con la actualidad británica. Incluso aunque los Daleks entraran en el último minuto y Terry Nation se quejara de que no se había contado con él. Aunque las pruebas documentales de la BBC digan lo contrario, claro.

Ese centrarse en un giro a los problemas actuales será incluso más obvio en la siguiente historia. Como decía hace un rato The Curse of Peladon de Brian Hayles sería el siguiente punto de acercamiento a lo británico y si bien sería la siguiente aparición del planeta la que trataría del tema de las minas continuando lo visto en Colony in the space , aquí, en su lugar se hablaría de otro tema del momento.

El Doctor y Jo llegan al planeta Peladon siguiendo otro de los chivatazos de los Time Lords —como curiosidad, es el primer capítulo en mucho rato en el que no se ve la Tierra—, allí se juntan dos situaciones importantes, la coronación del Rey Peladon y la presencia de los delegados de la Federación Galáctica que están examinando la idoneidad del planeta para unirse a ellos. El Doctor reconoce a Ice Warrior entre los delegados y aprovecha para investigar. También demuestra el desarrollo de Jo, que ha ido mostrándose como una mujer de acción capaz de actuar como un miembro más de UNIT, y confía en ella para hacerse pasar por una princesa de la Tierra. En una historia bien llevada y con múltiples recovecos, se presenta una aventura de acción a la El prisionero de Zenda —salvo por la falta de un juego de dobles— a la que unir una historia en la que los malvados no son los enemigos tradicionales del Doctor como parece en un primer momento sino la propia gente de Peladon, alguno en sus más importantes cargos, que han decidido sabotear la llegada del joven rey y la entrada en la Federación Galáctica. Y eso remite directamente para los espectadores ingleses a la entrada en el Mercado Común Europeo, poniéndose muy claramente a favor de los que creían que era necesario crear lazos, incluso con los que parecían enemigos imperecederos.

Por su parte The Sea Devils fue la contribución de Malcolm Hulke al imaginario del Doctor a petición de Barry Letts y Terrance Dicks que querían una aventura relacionada con el mar. También querían el regreso del Master y de los Silurian en una historia similar a la de la anterior temporada. El que Letts hubiera logrado el apoyo de la Royal Air Force para The Mind of Evil le llevó a intentar lo mismo con la Royal Navy, aunque se mostraran más reacios e, incluso, enviaran a unos oficiales a investigar si un submarino que se mostraba se había realizado siguiendo unos planos secretos. Por lo visto a Delgado no le hacía demasiada gracia, bien por tener cierto temor al mar o a arruinar su traje, en cualquier cosa se nota que no estaba cómodo en estas escenas.

Pese a todo la historia continuó, aunque se les ocurrió que en lugar de sacar a los silurios se podía buscar a una raza smilar de criaturas del mismo periodo pero de vida submarina, ahí nacieron los Sea Devils, la nueva raza que sería manipulada por el Master para otro de sus locos e infructuosos planes. Curiosamene la historia, como solía pasar con Hulke, tenía un trasfondo de dilema moral al atrapar a la especie entre varias partes, con el Master, el Doctor y los humanos, cada cual presionando en su dirección. De manera irónica, aunque los tres traicionaran eran al final los humanos los que acababan causando una mayor destrucción.

Por cierto, esta sería la primera vez que Pertwee usara la que sería su muletilla “revertir la polaridad del flujo de neutrones”, aquí la dice al completo, algo que no volvería a suceder durante décadas limitándose en las siguientes apariciones a decir sólo parte de la frase, sabiendo, además, que el público sabría completarla.

Si hubiera que señalar algún punto álgido de la temporada en cuanto a relevancia, más allá de este universo, posiblemente el honor correspondería a The Mutants de Bob Baker y Dave Martin, con un punto de partida similar al de Colony in Space, salvo que la discusión sobre mineros/indios americanos pasa aquí a otra sobre el Apartheid y el final del Imperio Británico, centrándose tanto en la política segregacionista como en narrativas más antiguas como la de la historia del Primer Doctor The Savages. Y aunque el director Christopher Barry tratara de acentuar los elementos de ciencia ficción por encima de la alegoría e, incluso, produjera un capítulo con un inicio que parecía un homenaje al It’s… de los Monty Python, la potencia de la historia, de nuevo con el Doctor y Jo al servicio de los Time Lords, esta vez para llevar un mensaje al planeta Solos. Allí descubrirán que el Marshal se encuentra enfrentado a uno de los los solonios por la integración de una raza de mutantes, algo a lo que el Marshal se niega pese a que estos sean en realidad los pobladores originarios. La fama de la historia fue tan grande que Salman Rushdie la mencionó en Los versos satánicos como ejemplo de actitudes racistas marcadas por el aspecto, olvidando todos los otros aspectos para juzgarlo y quedando al descubierto, especialmente entre las élites en el poder —una vez más— una cortedad de miras a la que es necesario oponerse.

A su vez la otra historia es la de la independencia. El Marshal se muestra contrario a que se le conceda a los solonios la autogestión de su planeta, juzgándoles aún no preparados para poder llevarlo. La identificación con los pueblos tuteleados por los británicos y por la idea de que hay que conceder la libertad incluso aunque se esté aún verde formará otro de los ejes de los capítulos. Añadamos a esto la aparición de Cotton, interpretado por Rick James, un ayudante del Marshal que sería posteriormente traicionado por él y que sí cree en esa necesidad de permitir que se pongan al cargo. Tras acabar con el Marshal será a él a quien se ofrezca reemplazarlo aunque ahora actuando más como un embajador y consejero. Todo ello sin que nadie mencione ni una sola vez que Cotton es de raza negra. Una muestra de normalización e integración racial que permite dar aún más peso a la historia.

Finalmente The Time Monster sería una forma sencilla de terminar la temporada, con el Master regresando para utilizar a una creatura de más allá del tiempo con su habitual capacidad. Una historia que, además, explicaría la creación de una grieta en el tiempo y otras historias sobre su infancia que luego se usarían. Lo único destacable es la presencia de un personaje científico fuerte, la doctora Ruth Ingram, que demuestra un conocimiento científico y una capacidad para enfrentarse a los problemas que recuerda a la doctora Liz Shaw. Una de las escenas más sorprendentes del serial llegará precisamente de la mano del Master que decidirá disculparse ante ella por su comportamiento. Por lo demás, una historia menor, sin la carga de las demás ni las alegorías, más centrada en ofrecer un un divertimento con el que sería el villano principal de esta primera parte de la estancia de Jon Pertwee en la serie.

Algo que estaba cerca, muy cerca de cambiar…


Problemizantes tríos tangenciales televisivos

Estas últimas semanas han sido muy relevantes para la televisión por distintos motivos, y por una vez no voy a hablar del lento hundimiento de la NBC. Por algún extraño azar han sido tres los sucesos y tres los lugares: Gran Bretaña, España y Estados Unidos.

Temáticamente podríamos decir que lo sucedido en España y en UK tienen más puntos en común por ser problemas con el gobierno, de los cuales el menos directo es el inglés: Hacked Off ha tenido éxito.

Breve resumen: Tras conocerse el escándalo de las escuchas ilegales que el grupo News Corp de Rupert Murdoch estuvo haciendo en Reino Unido durante años —en principio sólo como medio de lograr información privilegiada para News of the world—, ello llevó a un proceso judicial y una serie de caídas en desgracia que el gobierno de David Cameron parecía haber logrado controlar, teniendo en cuenta que varios implicados de alto nivel eran amigos personales del Primer Ministro o, peor aún, estaban trabajando en ese momento como miembros del gobierno.

Pero, claro, no contaban con Hacked Off.

Una plataforma de afectados por el caso creada por algunos de ellos, con el profesor de periodismo Brian Cathcart como cerebro pensante. Sus esfuerzos por que el caso siguiera adelante y por ir sumando gente que hubiera sufrido estas intromisiones fueron ganando peso, sobre todo al unirse varias figuras famosas y, en especial, el actor Hugh Grant, que servía de portavoz no oficial y aprovechaba para devolverle la pelota a los tabloides tras el trato que le dieron a su propio escándalo. Pero pronto quisieron algo más que presionar para que siguiera la investigación. Quisieron también que se estableciera un comité de malas prácticas de prensa.

Es el momento adecuado para recordar, una vez más, que el Reino Unido no tiene la libertad de expresión recogida de facto en ninguna carta o ley, es simplemente algo que se da por hecho, como parte de un pacto entre caballeros; también es algo que de vez en cuando pueden decidir que no se merecen determinadas expresiones, da igual que sean películas de terror, creaciones pornográficas o letreros anunciando que se pueden ver los juegos olímpicos en un bar. No es lo más habitual, pero sí ha supuesto algunos problemas en el pasado, pese a lo cual los ingleses prefieren no tener legislado algo antes que crear un aparato que vigile y pueda servir como represor.

Pero Hacked Off exigía una regulación y no dudó en aliarse con los laboristas, actualmente en la oposición, para recordar la implicación casi directa de Cameron en ésta, logrando armar aún más escándalo —ayudado también por la mala imagen y pobres resultados del político en las encuestas de opinión—, lo que favoreció un acercamiento entre la plataforma reivindicativa y los liberales demócratas de Nick Clegg, actuales socios de gobierno de los conservadores, poniendo en peligro ese apoyo y, por tanto, al mismo gobierno. En el momento en que Clegg anunció que votaría a favor de la propuesta de la plataforma se supo que Cameron sólo podía pactar si quería evitar que le tiraran los palos del sombrajo. Eso o dimitir. Así que pactó, claro.

La creación de un organismo regulador se está viendo con mucho miedo y escepticismo por parte de los británicos y los periódicos hablan de esa libertad de expresión que no tienen, cada cual por sus motivos. Los famosos tabloides lo hacen con ira poco contenida para evitar que les cierren el chiringuito; a los serios les preocupa que se use para tratar de reprimir la aparición de noticias. O que se ponga a alguien al frente que obedezca a los intereses de algún bando o grupo. Son ingleses, siempre se ponen en estas cosas.

Sobre todo porque en cuanto estén los periódicos veremos lo que tarda en universalizarse para el resto de medios, particularmente teniendo en cuenta recientes pifias informativas como las que comentábamos el año pasado de Newsnight.

Si a los ingleses les preocupan esas cosas, más preocupados andan los españoles desde que el Consejo de Ministros ha sacado las tijeras también contra los canales de televisión. Porque el tema tiene guasa: Una empresa de emisiones, en el mejor caso alegales, centrada en servicios eróticos, tarotistas y similares decidió que no le gustaba el último reparto que el Gobierno Zapatero había hecho de la TDT. Esta empresa ya había pleiteado contra la Generalitat, así que no debió parecerle complicado lograr otra sentencia a su favor, que acabó llegando por parte del Supremo. Y al actual Gobierno Rajoy no le ha parecido mala cosa dar con el palo a las cadenas y eliminar esa concesión, de manera que —a falta de que el gobierno se ponga de acuerdo con ellos mismos, que esa es otra— podría significar la desaparición de tres canales para las emisoras de Grupo Atresmedia (Antena 3 -> Grupo Planeta/ Lara), así como la reducción de dos canales para Mediaset (Telecinco -> Fininvest/ Berlusconi), para el Grupo Vocento (ABC -> Grupo Correo) y para Grupo Uniedisa (Unidad editorial – > Veo TV – > El Mundo / Marca), de manera que tendrían que empezar a pensar qué canales de su actual oferta eliminar.

Lo más curioso es cómo gestionaba cada uno su negocio: Vocento tenía sus cuatro espacios realquilados: A Paramount, Disney Channel, MTv España e Intereconomía —empresa que tiene sus propios canales adjudicados en algunas comunidades; a veces las cosas son tan complicadas en España—, así que tendrán que cerrar el negocio con dos de ellos. Unedisa tiene sus cuatro canales repartidos de la siguiente manera: Dos son propios, de los cuales uno, Marca Tv, [Editado: Gracias a Uriondo me entero de que en realidad solo ponían marca, licencia y profesionales, el resto del canal venía de Mediapro] mientras que el otro, Discovery, es fruto de un acuerdo en el que son socios… digamos que es suyo al 50%. Además de eso tienen alquilados otros dos canales: a AXN, para que comercialice un canal de pago por TDT, y a 13Tv. En cuanto al Grupo Tresmedia, sólo uno de sus canales no es propio, el alquilado a la TDT de pago Gol Tv, pero también son los que más tienen que cerrar, tres a elegir entre Antena 3, La Sexta y sus variedades: Neox, Nova, Nitro, Xplora y La Sexta 3. Al final parece que sólo saldrá bien Mediaset, con sus canales absolutamente inútiles, porque exceptuando Telecinco y Cuatro como generalistas y Boing y Divinity como especializadas, quizá también Energy, tienen tres canales con programas de relleno: LaSiete, FDF y Nueve.

Todo esto parece incluido para embarullar más que arreglar el otro problemilla pendiente del gobierno con la TDT, el del dividendo digital, que va a liar aún más las cosas en los próximos tres años. Resumiendo, el gobierno la cagó al otorgar las frecuencias para la TDT y se interfieren con el famoso 4G. Tratando de arreglar la primera cagada se han ido produciendo una sucesión de parches y movimientos de canales a diferentes sintonías, con la consiguiente necesidad de movimiento en antenas e instalaciones, que podría creerse que es para desalentar del completo uso de los canales del TDT, de no ser la solución más sencilla la clásica incompetencia política.

Solíamos ser amigos, hace mucho tiempo. Es inevitable decir esto recordando a Veronica Mars, ahora que su llegada a Kickstarter ha causado una revolución en USA. Bueno, y en el resto del mundo, claro. Los puntos de fricción son los siguientes:

  • Los que dicen que Kickstarter no están para esto. En realidad quieren decir que no debería estar, ya que la aprobación del proyecto está fuera de toda duda.

De hecho, los señores de la web están más que contentos por toda la publicidad gratuita. Personalmente considero que, con tantas webs del mismo tipo que hay, tampoco pasa nada si alguna permite lo que hace siglos se llamaba “edición por suscripción”. Sobre todo si los métodos de recaudación, donación y contraprestaciones están claramente descritos y son igualmente observados.

  • La gente no debería apoyar este tipo de movimientos con su dinero.

Aún a riesgo de sonar como un Legal Bueno en lugar del Caótico Neutral que siempre he sido… ¡Dejad que la gente haga con su dinero lo que le dé la gana! Si no es un timo, si la recompensa es la prevista, querer que la gente no pague es como llamar al boicot al helado de pistacho por ser un sabor erróneo.

  • Esto provocará una fiebre de relanzamientos como películas de series.

Psé. Pueden intentarlo, pero primero tendrán que dejar claros los derechos y, después, encontrar la forma de que la gente aporte. Porque si no aporta, poco se va a hacer. Y que el dinero que se pueda recaudar sea suficiente, claro, porque con lo que costaba Pushing daisies iban a tener que aumentar los plazos de recaudación.

  • Esto sólo se hace porque se puede desgravar de los impuestos.

Es que la idea es que los impuestos sirvan para favorecer estas cosas. Por eso las organizaciones de caridad o la promoción de la cultura tienen estas cosas. Sin entrar a explicar qué, cómo y de qué manera funcionan los impuestos. Ya sabéis, esas cosas que hacen que el Estado de Nueva York saque una ley con la aparente única intención de que la NBC se lleve de nuevo el Tonight Show a Nueva York. —¿Esperabais toda una columna sin más referencias a la NBC? ¿En serio?—

  • Pues no entiendo por qué lo limitan a USA.

Por los derechos. Recordemos de nuevo que Veronica Mars es una propiedad de Warner Bros. No de Rob Thomas o los guionistas, actores y equipo técnico/artístico. Es tan de la Warner como puede serlo Batman, o, mejor dicho, como pueda serlo Plasticman o Lobo. Y Warner tiene muchos tentáculos y acuerdos internacionales. Sí, sería más que deseable para todos los aficionados a Veronica Mars que pudiéramos apoyar la película desde todo el mundo. Pero esto es lo que hay.

Por cierto, la parte de “los primeros días se recaudó mucho pero ahora casi no sube” no la contemplo porque, francamente, cualquiera que eche un ojo verá que se debe a que las recompensas altas se agotan cada vez que se suben unas nuevas, con lo cuál sólo se puede ir añadiendo dinero con una cantidad máxima de 300$, lo que siempre hace más difícil lograr recaudar varios millones.

Mucho se ha hablado, especialmente en la siempre recomendable Mondo Pixel PG, de estos sistemas alternativos de financiación, y la verdad es que poco hay que se pueda añadir. Quizá el consumidor preferiría tener otras posibilidades a su alcance, quizá el creador preferiría que una empresa tradicional le hubiera comprado la idea… y también puede verse al revés, pensando en cuánta mayor sería nuestra implicación si nos pidieran algo más que dinero, o cuanta mayor nuestra libertad para crear. Recordemos que el libro de Alan Sepinwall acabó publicándose en una versión del print on demand de Amazon.

En cuanto a qué parte de su éxito se debe al amor del fan, creo que el que haya casi un 25% de personas poniendo dinero, aunque no vayan a conseguir siquiera un visionado de la película, dice bastante del apoyo de sus seguidores.

Y es que hay veces que incluso esta columna puede terminar con una visión positiva. Porque eso es positivo, ¿no?


Monstruoso corredor Patrick Troughton

El cambio del Doctor de William Hartnell a Patrick Troughton estaba pensado para pillar a los espectadores por sorpresa, aunque no había tantos por pillar como los picos de audiencia de la tercera temporada podrían haber hecho sospechar. Pese a la Dalekmanía, la irregularidad de la última temporada se acentuó por los cambios de jefe de guionistas y de productor, así como por los problemas de salud de Hartnell, cada vez más avanzados.

De manera que cuando Innes Lloyd llegó al cargo de productor al final de la anterior temporada, en mitad de The celestial toymaker, decidió que había que tomar medidas para salvar la serie aunque fuera a costa de muchas de sus particularidades. Lo primero que iban a perder era el personaje adolescente que habían ido encarnando Susan, Vicki y Dodo. Jóvenes casi asexuadas pensadas para ocupar un puesto en el que los pequeños espectadores se identificaran y a los que el resto de personajes tuvieran que explicar las cosas.

Y el siguiente objetivo fue el propio Doctor: su frágil salud le hacía perderse cada vez más grabaciones y su mala memoria, incluso cuando se podía disfrazar como en los nombres cambiantes que usaba con Ian, creaba todo tipo de problemas en unas grabaciones que tenían poco margen para las repeticiones. Además Hartnell empezaba a estar cansado de su trabajo, con lo que no puso objeción alguna al cambio ni a interpretar un serial entero para ser reemplazado al final. El primero de la temporada, The Smugglers, uno de los que peores datos de audiencia tendrá a lo largo de la serie, había sido grabado al final de la temporada anterior para tener preparada una primera serie cuando empezara la siguiente. De modo que Hartnell sólo tuvo que rodar ése, The Tenth Planet, en el que Innes Lloyd presentaría a los Cybermen y con ellos otra de sus obsesiones para con la serie, lograr unos villanos recurrentes y de éxito al estilo de los Daleks.

Durante meses buscaron un sustituto con la idea de hacerlo lo más distinto posible del Doctor de Hartnell; buscaban un giro hacia un personaje bonachón y descuidado, con mucho sentido del humor, incluso le dieron un gusto inicial por los disfraces y las falsas identidades que le colocaba entre Sherlock Holmes y La Pimpinela Escarlata. El elegido fue un actor de teatro y televisión especializado en pequeños papeles, aunque con algún protagonista también a sus espaldas: Patrick Throughton.

Tras el primer encuentro con los mortíferos Cybermen el Primer Doctor afirma al final del serial que “Este viejo cuerpo mío esta quedándose algo escaso” (mi libre traducción de “This old body of mine’s wearing a bit thin”) antes de acabar en el suelo de la TARDIS y renovarse (aún faltarían algunos años para que se llamara a lo sucedido regeneración) ante las atónitas miradas de Ben y Polly. Y si bien Polly reconocerá que se trata del Doctor muy pronto, Ben —y con él los telespectadores— permanecerán recelosos de ese extraño que ha ocupado su cuerpo. Aunque para no dejarles mucho tiempo para pensar y evitar la huida en masa, su primer serial propio sería The Power of the Daleks, con el regreso de sus clásicos enemigos, escritos, por primera vez, por un guionista diferente a Terry Nation. Sería pura rutina de no ser por este cambio que permite al Doctor hacer el tonto con libertad, para mosqueo de Ben. Y también dos Daleks que parecen haber revivido para ayudar a los humanos —sí, luego reutilizarían este argumento más veces— aunque no es mucho más lo que podemos contar porque uno de los principales problemas del Segundo Doctor es la enorme cantidad de episodios desaparecidos que tiene.

Durante los años sesenta —como comentábamos en la anterior columna— una de las costumbres de la BBC era reutilizar las cintas para grabar un programa nuevo encima de los antiguos; sólo algunas lograban salvarse, igual que sólo algunos programas lograban verse con una copia en 16mm usada para comerciar con países de la Commonwealth interesados en emitir las series de la BBC. Debido a esto, algunos capítulos y seriales del Primer Doctor están desaparecidos. También algún capítulo de los inicios del Tercer Doctor lo estuvo, o sólo se encontraba en blanco y negro, pero en quien más se nota es en Segundo Doctor, que no tiene ni una sola temporada completa y sí alguna, como su segunda, en la que no hay ni un sólo serial con todos sus capítulos. Por suerte, como con Hartnell, las fotos de producción y otros restos —guardados también aquí por el fenómeno fan — permitieron generar recreaciones que parecen casi telenovelas invertidas. Pero algo es algo.

La historia del Doctor seguiría evolucionando con el siguiente serial, The Highlanders, que tendría dos puntos de importancia para la serie. El primero es la aparición de Jamie McCrimmon, interpretado por Frazer Hines, como un highlander que se convertirá en uno de los más populares compañeros del Doctor, posiblemente sólo en competencia con el Brigadier y el Capitán Jack. Jamie es un joven de veintipocos, de corazón noble, idealista y fiel. Pensado para ser acompañante sólo unos pocos capítulos, el éxito del joven, eternamente enfundado en un kilt, hizo que permaneciera durante toda la época de Troughton como Doctor. Entre los ejemplos de su éxito e influencia está el reconocimiento por parte de la autora estadounidense Diana Gabaldon, quien concebiría su muy exitosa serie de novelas Forastera —sobre una enfermera de la Segunda Guerra Mundial que viaja en el tiempo hasta las highlands y allí encuentra la aventura y el amor de la mano de un highlander llamado… ehemJamie— inspirándose en estos episodios.

Por otro lado, sería la última vez en años que se emitiría un serial puramente histórico en Doctor Who. A partir de aquí las historias con finalidades educativas, que Lloyd había encontrado como uno de los problemas de la serie con un público que prefería buscar historias con un contenido de Ciencia-Ficción, desaparecerían. No la ambientación histórica, sino sólo el tipo de narración que en ellas se desarrollará. Hasta 1981, con Black Orchid, no volvería a verse una serie en la que lo único fantástico fuera la presencia de los protagonistas y la TARDIS.

Su siguiente viaje, The Underwater Menace, ubicado en la Atlántida y que cuenta la lucha contra un científico que planea usar la civilización arcana para destruir la Tierra, causaría auténtica conmoción al provocar un nuevo enfrentamiento con los que consideran que la serie debería tener un tono más infantil, debido al final del primer capítulo en el que Polly es obligada a entrar en una sala de operaciones en la que planean convertirla en una mujer pez. Una vez más llovieron las cartas, en esta ocasión incluso de profesionales sanitarios que hablaban de los problemas para operar a niños tras este capítulo. La BBC respondería que el contexto de fantasía debería hacer que los niños se asustaran pero les quedara claro que todo era falso; sus estudios demostrarían que, aunque los niños pudieran aterrarse con la serie, era algo que les encantaba.

En estos momentos Innes Lloyd juzgó prudente comprobar el éxito de los Cybermen repitiendo aparición y casi esquema con The Moonbase, una historia de infiltración que sería una de las marcas de la casa en estas temporadas, la historia del tipo Amenaza y Desastre, que incluiría el enfrentamiento con una raza extraña con aviesas intenciones. Algo que en el contexto de Guerra Fría tampoco debería sorprendernos mucho.

Estos villanos deben su existencia al Dr. Christopher Magnus Howard Kit Pedler, el asesor no oficial de la etapa de Gerry Davis como jefe de guionistas, quien los crea a partir de su propio miedo a la deshumanización tras sucesivos trasplantes. De modo que, junto a esa lectura como antiguos pobladores del planeta gemelo de la Tierra, Mondas, que a fuerza de modificiaciones han pasado de ser humanos Mondianos a ser Cybermen, abrazando la lógica y perdiendo la individualidad —en su primer seríal aún tenían nombres que les diferenciaban, en este pasarían a adoptar las distinciones sólo por el cargo—, era algo más que una alegoría de lo que ocurría al otro lado del Muro de Berlín. Se trataba, en principio, de una crítica de los límites éticos de la medicina y una pregunta de hasta dónde podríamos llegar sin perdernos. De todas formas, las referencias al terror de la década anterior pasarían a ser parte importante de la serie.

Un ejemplo de lo anterior sería el siguiente serial, The Macra Terror, que se mueve entre referencias a las películas de bichos enormes como La humanidad en peligro (Them!) y sus versiones más baratas como Tarántula; a la vez, también, 1984 de Orwell con su omnipresente y asfixiante seguridad, sus mandatarios fantasma y sus lavados de cerebro, entre otras fábulas de distopías futuristas. Parece que para el final de la temporada están empezando a decidir cuál debe ser el camino a seguir. De igual manera que con The Faceless Ones, se librarían de Ben Jackson y Polly Wright para buscar un nuevo tipo de acompañante; sería en una historia de infiltración que, sin embargo, se resuelve con el Doctor comprometiéndose a ayudar a los alienígenas invasores a encontrar una solución para su problema. La temporada terminaría con The Evil of the Daleks que servirá para mostrar un aspecto más oscuro del Doctor, al que los Daleks tratan de usar para esparcir su Factor Dalek por la galaxia, y al que Jamie llega a creer dispuesto a colaborar con ellos, cuando en realidad sólo estaba manipulando tanto a sus enemigos como al joven gaitero. También sirve para introducir a una acompañante siguiendo unos estándares comerciales, pues pese a tratarse de una joven victoriana llamada —*cof*— Victoria, encuentran la forma de ir acortando cada vez más sus faldas y mostrarla en trajes más… reveladores. A su vez tendría que haber servido para terminar con los Daleks, al haberse probado la eficacia de los Cybermen como enemigos del Doctor. Así se quitarían de en medio las peticiones de su creador, Terry Nation, hacia los personajes y le permitirían licenciarlos en Estados Unidos o hacer con ellos lo que quisiera. Si bien en el último momento, y ante los pobres resultados de Nation en el mercado internacional, se decidió dejar una puerta abierta —como si esas cosas fueran necesarias en una serie fantástica— para que regresaran. También fue el serial en el que Gerry Davis terminó su andadura como jefe de guionistas.

Tras las pruebas de la anterior temporada parecía claro el camino a seguir. Incluso ante una posible marcha de Innes Lloyd, motivo por el cual el primer serial de la quinta temporada comenzaría con una historia producida por Peter Bryant, con Victor Pemberton tomando el puesto de jefe de guionistas brevemente, pues, tras su éxito, Bryant ocupará el puesto de guionista y Lloyd terminará la temporada como productor. Todo ello en una temporada marcada por dos ideas claras: contar historias inspiradas por clásicos del terror y la ciencia ficción, que tan buen resultado había dado con los Macras o en The Moonbase, y preparar un surtido de enemigos inolvidables del Doctor que pudieran funcionar de manera recurrente, tal y como habían sido hasta el momento los Daleks y los Cybermen. De manera que nos veríamos inundados por distintos enemigos nuevos que rápidamente volvían a aparecer si se demostraba su interés y con resonancias no por evidentes menos interesantes.

Precisamente The Tomb of the Cybermen serviría también como presentación del Cyber-Controller y de los pequeños Cybermats, auténticos bichos que usaban como esbirros menores, así como del planeta Telos. Pero todas estas novedades no son nada comparadas con el cambio de la narración respecto a anteriores encuentros, tratando en esta ocasión a los Cybermen como una civilización gracias a los viajes temporales. Es la unión de las fórmulas y estéticas de los seriales arqueológicos al más puro estilo Haggard —cuyo Quatermain está muy presente en todo momento— con el funcionamiento de la ciencia ficción como particular forma de terror. Un acercamiento que permite sacar lo mejor de los dos mundos en una de las grandes historias del Doctor Who clásico, una obra que sabe manejar lo mejor del pulp y en el que sólo algunas notas discordantes —como el progresivo uso de Victoria para nada que no sea chillar muy fuerte, tan alejada de Barbara estaba— entorpecen el enorme disfrute. Quedaba claro que Bryant sería un productor competente.

A continuación The Abominable Snowmen, con Innes Lloyd de nuevo a los mandos, sirvió para empezar a introducir a la hornada de nuevos enemigos, modificando en parte la apariencia del segundo doctor, sus manierismos holmesianos como disfrazarse, probarse extraños sombreros o tocar la flauta dulce y su latiguillo Oh my giddy aunt!, para pasar a un Doctor algo más serio, rodeado de mortales enemigos y que solía repetir: ¡Cuando diga corred, corred! ( When I say run, run ! ) presentándonos a la Gran Inteligencia y a sus sirvientes robotizados, los Yetis —sí, cuando dicen Snowmen aunque se refieran al Yeti siempre acaba apareciendo la Gran inteligencia—, a la vez que recuperaban ideas ya vistas en The abominable snowman de Val Newton o en la adaptación de The creature que hizo el guionista de la saga Quatermass, Nigel Kneale. Quizá la mayor sorpresa sea precisamente que el enemigo a batir no sea como parece desde el principio el Yeti sino una inteligencia extraterrestre incorpórea que puede habitar en cualquier persona, algo que se explorará con mayor cuidado en siguientes apariciones.

Los siguientes enemigos en aparecer dan nombre a su serial de presentación, The Ice Warriors, una mezcla que reúne trozos de El enigma de otro mundo (The Thing from Another World) entre su versión fílmica producida por Howard Hawks y el original de Campbell Jr., para amplificar la idea con rastros de un posible invierno nuclear que en aquel momento no parecía tan descabellado, haciendo que la base científica se convirtiera aquí en la Tierra sumida en una nueva Edad del Hielo y que las discusiones científicas se pudieran interpretar incluso en clave de política de bloques. Los famosos Ice Warriors, por su parte, serían otros de los mortíferos enemigos del Doctor, mitad armadillo, mitad Godzilla, que habían viajado a la Tierra —donde se había encontrado a uno de ellos—, con el fin de conquistarla tras haber dejado Marte seco.

Quizá para compensar tanto despliegue de monstruos, el serial The Enemy of the World se ocuparía de un científico loco especializado en manipular el clima; un recurso habitual esta época, pues venían de usar ese truco los Ice Warriors, meses después de que en The Moonbase también apareciera, con la diferencia de que aquí Patrick Troughton interpretaría un papel doble interpretando también al villano, de manera mucho más amplia que cuando Hartnell interpretó brevemente al Abad de Ambroise en The Massacre of St Bartholomew’s Eve. También fue la primera vez que un serial del Doctor Who aparecería a todo color en la portada del Radio Times, aunque en realidad dentro hubiera un artículo que aprovechaba la reciente aparición de los Ice Warriors para presentar El monstruoso mundo de Doctor Who (The Monstrous World of Doctor Who). Por lo demás, un serial con pocas complicaciones que sería, además, el último trabajo de Innes Lloyd como productor antes de cederle el mando a Peter Bryant.

Ya con Bryant y Derrick Sherwin ocupando su puesto como jefe de guionistas llegaría otra de las grandes historias —lamentablemente ahora perdida en su casi totalidad— llamada The Web of Fear. En ella aparecería por primera vez Aistair Gordon Lethbridge-Stewart, en aquel entonces con rango de Coronel. Pero, sobre todo, nos traería una trama con poderosas resonancias a ¿Qué sucedió entonces? (Quatermass and the pitt) con el regreso de la Gran Inteligencia y sus Yetis, esta vez en el metro de Londres, con Charing Cross tomando el relevo a Hobbs End. Su buena fama sólo puede comprobarse mediante reconstrucciones o la versión novelada al haber sobrevivido sólo uno e los seis capítulos, una lástima.

La vida fuera de Doctor Who y las series que la competencia le enfrentaba tendían a convertirse en auténticos retos, tanto con la emisión de Perdidos en el espacio como con otras series de ciencia ficción provenientes de Estados Unidos, tales como Star Trek, e incluso la popularidad de Los Vengadores o de la extraña Adam Adamanta Lives!, junto con la progresiva pérdida de poder de Sydney Newman de la BBC, hicieron tanto deseables como posibles algunos cambios, de modo que en Fury from the Deep aprovecharon para librarse de Victoria Waterfield, aunque en un irónico giro de acontecimiento serían sus gritos los que sirvieran para destruir al enemigo de turno. Pero, sobre todo, sirvió para presentar un aparato que con su técnica avanzada parecía el tipo de cosas que Newman había prohibido desde el primer momento por servir para hacer magia en vez de solucionar problemas. Efectivamente, estoy hablando de la primera aparición de un destornillador sónico en la serie.

Como remate de la temporada estaría uno de los seriales más flojos de este Doctor, The Wheel in Space First, que sirve para introducir a una nueva compañera de aspecto más sexy y, teóricamente, más cercana a las heroínas de acción que empezaban a aparecer; pero la verdad es que la pobre Zoe Heriot (Wendy Padbury) se limitaba a llevar un traje ceñido y poco más, no ya porque estuviera muy lejos de las Cathy Gale y Emma Peel que Honor Blackman y Diana Rigg interpretaban en Los Vengadores, sino porque desde el principio su personaje se nos mostraba con poco recorrido, muy centrada en la ciencia pero con ninguna idea de historia y un desconocimiento casi increíble de razas extraterrestres. Unos fallos de formación para alguien pensada originalmente como contrapunto al Doctor que dejan claro desde el principio que esa idea de feminismo que implicaba el cambio era meramente cosmética. Por lo demás, la historia estaba pensada para rematar la temporada, mostrando el primer choque entre los Daleks y los Cybermen; pero las cosas con Nation seguían sin estar claras y, aunque se llegó a un acuerdo con él por el que se le ofrecería ser la primera opción para escribir cualquier serial protagonizado por los Daleks a cambio de volver a usarlos, para entonces Kit Pedler había presentado una historia de Cybermen completamente distinta. Por cierto, sería la primera vez que el Doctor usara como alias John Smith.

Hubo un intento de mejorar las cosas con una repetición alterada de The Power of the Daleks durante el parón entre temporadas, que se presentaba con imágenes de Zoe en la TARDIS tratando de aprender más de los enemigos y viajes del Doctor, viendo las imágenes mentales que éste le mostraba a ella y a Jamie de su último encuentro con los peligrosos alienígenas de Skaro.

El pobre final de temporada se tradujo en una audiencia baja para toda la siguiente, empezando por el formulaico primer serial The Dominators, en el que se introdujo un nuevo enemigo, los Dominators (como hábilmente habréis deducido). Su importancia es puramente accidental y sólo debida a que sus siervos robóticos, los Quarks, se convertirían en enemigos recurrentes de los cómics del Doctor Who que se producían en aquel momento. Por lo demás, incluía un canto a la beligerancia, convenciendo a los Dulcians que sólo lograrían resistir a los Dominators si luchaban, lo que era un ataque en toda la regla al pacifismo.

Mucho más original fue The Mind Robber, en el que los hechos a finales del anterior serial fuerzan al Doctor hacer que la TARDIS se mueva fuera del mundo real al mundo de la ficción. Empieza entonces un extraño relato completamente meta sobre lo escrito y las ficciones; una propuesta original que tuvo que ser alargada ante los problemas de The dominators, que perdieron por el camino un capítulo que acabaría ganando este relato. Así, tuvieron que sacarse un capítulo extra del material grabado, en un movimiento que molestaría a su guionista Peter Ling. Como curiosidad, esta excentricidad se convirtió en debate entre los que pensaban que se trataba de un serial más y los que lo veían como un sueño del Doctor que transcurría entre la anterior historia y la siguiente, dado que allí empezarían todos en las mismas posiciones que en éste.

Lo que quedó claro desde el principio era que la siguiente historia era importante para todos; así, Terrance Dicks pasaba a ser el jefe de guionistas —sí, es un puesto con mucho movimiento— y, además, se usaba como campo de pruebas para comprobar un nuevo estilo de historia centrado en la Tierra, a la vez que recuperaba una de las historias más famosas del Doctor, protagonizada ahora por sus nuevos archienemigos. Y es que The Invasion y su trama con los Cybermen invadiendo Londres remitía directamente a ese The Dalek Invasion of Earth que tanto había hecho por la popularidad de los saleros malignos. Además traía de vuelta a Lethbridge-Stewart, ahora en su puesto de Brigadier, que conservaría para el resto de la serie. Y con el Brigadier llegaba, por supuesto, UNIT: La United Nations Intelligence Taskforce, que era una organización de enfrentamiento ante lo extraño, fundamentalmente los numerosos extraterrestres que estaban tratando de invadir la Tierra recientemente. Por cierto, con ambos llegaría John Benton, otro secundario recurrente de la época UNIT.

En cuanto a los villanos de la historia, los Cybermen ofrecían como mayor innovación un aspecto en el que se mantendrían fijos durante casi 15 años —claro que también tardarían unos 6 años en volver a aparecer—. Lamentablemente, la historia original de cuatro partes se fue expandiendo sin control cuando el siguiente serial fue eliminado y hubo que ocupar su hueco. Esta hipertrofia, similar a lo ocurrido con otra historia de los Daleks, su Master plan, le hizo un flaco favor a las ya de por sí problemáticas audiencias. Y, más aún, pese a ser una prueba de capítulos baratos centrados en la Tierra, acabaría siendo el más caro de los seriales durante años. Otro ejemplo de adaptación sería la figura del villano Tobias Vaughn, más cercano a los que se podían encontrar en los supervillanos de las películas de James Bond.

Dicks sería aún jefe de guionistas durante la primera historia, The Krotons, la primera contribución de uno de los autores clásicos para Doctor Who, Robert Holmes, que a su vez era lo más destacable de un serial que dejaba notar un cansancio general. Dicks aún continuaría como jefe en otra historia antes de devolver el puesto a Derrick Sherwin, tras acabar con The Seeds of Death, una historia de la que teóricamente se ocupaba Brian Hayles pero de la que acabaría siendo despedido. Dicks pasó a ocuparse él mismo de la historia, incluyendo una llegada de la flota marciana y eliminando una trama de hipnotismo que no parecía llegar a ninguna parte y cuyo mayor interés radicaba en los intentos de mejorar los efectos especiales y ofrecer tomas distintas y más arriesgadas. Se trataba del regreso de los Ice Warriors, que trataba de recuperar esa sensación de terror de los años cincuenta, pero ahora con pocos resultados. Se dice que Frazer Hines había manifestado su intención de marcharse y solo la intercesión de Patrick Troughton lo evitó con la promesa de que esa sería la última temporada para ambos.

Ya con Derrick Sherwin como jefe de guionistas, Robert Holmes entregó un curioso western sci fi en The Space Pirates, un simple entretenimiento antes de lo que acabaría siendo el plato fuerte de la temporada: el final del Segundo Doctor. Sherwin pasaría a partir del siguiente serial a ocupar también (y a la vez) el puesto de Productor.

En esta ocasión el serial era algo más que una historia, pues en The War Games vemos dos partes bien diferenciadas: en la primera el Doctor llega con Jamie y Zoe a un planeta en el que distintas tropas de la historia de la Tierra se están enfrentando: romanos, griegos, combatientes de las guerras de Crimea, la de Secesión Americana, la Inglesa, la Mexicana, la de la Independencia española, la de los Boers, la de los Treinta Años, la Ruso-Japonesa o la Primera Guerra Mundial, entre otras. Detrás de esto estaba un nuevo Amo del Tiempo, conocido como The War Master —y sin relación con The Master, que os veo venir— que parecía decidido a conseguir descubrir cuál era el ejército definitivo para usarlo en sus planes de invasión del universo. Tras un par de intentos, el Doctor se descubriría incapaz y decidiría un movimiento realmente sorprendente, usando una extraña caja blanca para enviar un mensaje.

Aquí empezaba la segunda parte, pues la caja es una forma de comunicación con Gallifrey —aún no con ese nombre— para que los Time Lords lleguen a poner orden, deteniendo los planes del renegado y enjuiciando al otro renegado. Al Doctor, vaya. Porque recordáis que el Doctor se había montado en la TARDIS y se había largado sin decir nada a nadie. Aún no se explicaría mucho más tras esa huida, debido a que los Time Lords estaban muy ocupados echándole un sermón sobre la no intervención, que pronto sería llevado por el Doctor a los terrenos de la necesidad de luchar ante la aparición de un gran mal, entre los que se encontraban Daleks, Cybermen, Yetis, Quarks o Ice Warriors. Al final decidirían que, si tanto quiere a la Tierra, que se case con ella. Perdón. Que se quede allí. Exiliado. Con la TARDIS como casa y punto de contacto pero ya sin ningún poder de traslación y sus compañeros del momento devueltos cada uno al punto en que se unieron al Doctor, sin más recuerdo de él que la primera aventura que vivieron a su lado, como si no hubieran aceptado nunca emprender ese viaje.1

El último episodio de la temporada se emitió el 21 de junio de 1969; sólo un mes después, el 21 de julio, la nave Apolo XI, y con ella la Humanidad, llegaba a la Luna abriéndose la puerta al Universo. Al Doctor le habían dejado en la Tierra dándole con esa misma puerta en las narices.


1 Al menos en principio, se ha hablado siempre de una elíptica Season 6B con el Segundo Doctor y Jamie durante la que encontrarían al Sexto Doctor y anterior al cumplimiento pleno de la pena, pero de eso hablaremos en otro momento.