Historicismos informativos televisantes estadounidenses

Es complicado tratar de explicar la evolución de la información en televisión sin trazar una historia de la propia humanidad o sonar redundante. Recordemos que los primeros pinitos de la televisión se realizaron ya en los años veinte.

Entonces era aún una tecnología en pañales que exploraba sus posibilidades, hasta el 33 no se usó para que un presidente — Roosevelt, claro — se dirigiera a La Nación y aún faltarían 5 años más para que una cadena, la CBS, emitiera su primer informativo: World News Roundup pero como era el año 1938 surgieron otros asuntos que atender.

Terminada la distracción de la Segunda Guerra Mundial comienza, como ya dijimos en su momento, la normalización de la televisión en los hogares y, de la misma manera que con las series, surgen los primeros programas regulares informativos. De los que su primer gran éxito fue la evolución del Hear It Now de Edward Murrow y Fred W. Friendly, que comenzó en 1951.

La historia de Murrow es conocida principalmente por su enfrentamiento con el senador McCarthy pero hay mucho más detrás. Murrow entro en la CBS en el 37, con 29 años, para ocuparse de la parte educativa, en aquel entonces la cadena no tenía periodistas, sólo un pequeño programa en el que aparecían periodistas comentando las noticias del día. Pronto se estaba interesando por las noticias y antes de un año se ocupada de las operaciones de la CBS en Europa, principalmente consiguiendo voces y periodistas para que hablaran desde allí, montando una organización de noticias para que el primer jefe de Informativos de la cadena, Paul White, pudiera realizar conexiones a la vez que intentaba quitártelos a su competencia directa, la NBC– Su principal aliado en Londres sería William L. Shirer, con el que tendría que improvisar la manera de contar la Anexión de Austria por Hitler, enviándole a Londres para que pudiera contarlo mientras él mismo se desplazaba a Viena para contar la situación en directo.

Pronto se estableció la forma de tratar las noticias europeas. Shirer se ocupaba de Berlín, mientras Murrow hablaba desde Londres. — This is London — Entre los dos y un surtido grupo de periodistas desplazados por los diferentes escenarios, iban informando a Estados Unidos del desarrollo de la guerra. Poco a poco Murrow trataba de convencer a sus compatriotas de que había que oponerse con rotundidad a Hitler. Algo que no ocurriría hasta 1941, en el que su aún reciente pero ya celebre despedida, “Buenas noches y buena suerte”, empezó a ser sentida también por su propia nación.

Según avanzaba la guerra él y sus corresponsales, los Murrow’s Boys, describían y explicaban al público de todo el mundo los vaivenes de la guerra, los movimientos diplomáticos e, incluso, las liberaciones de campos de prinsioneros, como la de Buchenwald, de tanta fuerza descriptiva que se hacía evidente la necesidad de ir un paso más allá de la radio.

Tras la guerra Murrow parecía destinado a dejar los micrófonos y volver a su tranquila vicepresidencia, pero una disputa con Shirer, que terminó con este yéndose —o siéndose marchado, según la fuente— de la CBS y su buena relación con el presidente de la cadena, William S. Paley, le llevaron a volver al periodismos ante el micrófono. Primero en una serie de especiales y, para 1951, en su propio programa This I Believe, que acabaría compartiendo su tiempo con un programa inicialmente llamado Hear It Now junto al antes mencionado Fred W. Friendly.

En cuanto el programa empezó su emisión televisiva cambió de nombre por See it now, y en él se trataron todo tipo de asuntos espinosos aunque posiblemente el que más controversia creó fue el especial de 1954 sobre el senador Joseph McCarthy durante el que la situación vivida fue tan tensa que Friendly y Murrow tuvieron que pagar de su bolsillo los anuncios en los periódicos y evitar usar el logo de la CBS.

Un periodista tan reputado, mostrando con grabaciones del propio McCarthy sus contradicciones y errores, en un mundo en el que sólo existían tres canales —cierto, serían cuatro contando a DuMont, pero nadie contaba con ellos— haciendo así que sus palabras tuvieran incluso más fuerza y ayudando a un cambio de opinión sobre la labor del comité, un triunfo que, sin embargo, supuso el inicio del distanciamiento de Murrow con su en otro tiempo buen amigo Paley.

A partir de 1955, y pese a su enorme prestigio, la CBS no pudo encontrarle una hora fija, ni —en consecuencia— un sponsor, en lo que parecía una clara maniobra para sacudirse de encima a unos periodistas tan molestos. Especialmente después de que Paley decidiera apoyar que los atacados por Murrow debían tener el mismo tiempo en el aire que este empleara en atacarles, tiempo sacado de la duración total de su programa.

El final del programa había llegado, como el propio Murrow reconoció en un discurso ante la Asociación de Directores de Noticias de Radio y Televisión, quejándose de que la situación y todo lo que de ella se derivara se debía a la decisión de convertir las emisiones televisivas en mero entretenimiento y consumismo. Era el 15 de Octubre de 1958.

Durante algunos años Murrow haría programas especiales, entrevistas y similares encargos, hasta que llegó al puesto de director de la Agencia de Información Estadounidense, que no es la CIA sino un organismo de propaganda para vender la imagen norteamericana en el exterior. Allí estuvo trabajando hasta su prematura muerte en 1965, con 57 años.

Aunque para entonces el periodismo televisivo ya tenía otro rostros, uno elegido y preparado por el propio Murrow, que ya había tratado de arrebatárselo a la United Press durante la guerra, y que al fin había logrado que se uniera a él en la televisión, en 1951. Su nombre era Walter Cronkite.

Cuando se conocieron en 1938 Cronkite, de 22 años, cubría batallas en Europa y el norte de África, y llegaría a entrar en el selecto grupo de The Writing 69th, una unidad selecta de ocho periodistas que se suponía que acompañaría al ejército americano en sus bombardeos por Alemania, lamentablemente en su primera misión dos de los ochos no pudieron ser localizados — Denton Scott, del Yank, y Paul Manning de… la CBS — y de los seis que sí acudieron uno, Robert Post del New York Times, moriría durante la misión al ser alcanzado el bombardero en que iba. Eso no significa que no siguieran subiendo a los aviones para informar pero sí que hizo que fuera más un asunto individual y que tuvieran que estar dispuestos a, por ejemplo, usar una metralleta contra los alemanes.

Cronkite cubriría toda la guerra e, incluso, los hechos posteriores como Los Juicios de Nuremberg, para pasar del 46 al 48 a ser el enviado de la United Press en Moscú. Pero Murrow no le había olvidado y cuando en 1950 tuvo que formar el grupo de informativos para televisión decidió traérselo de vuelta.

En 1951 empieza a aparecer en televisión, primero en un programa breve de repaso de las noticias de la semana, Up To the Minute, aunque no tardaría en dedicarse a otros asuntos, así en 1952 fue el primer periodista en presentar y cubrir las dos convenciones políticas de Republicanos y Demócratas para todo el país. También participó en programas históricos educativos, magazines diurnos o los Juegos Olímpicos. En Abril de 1962 fue elegido para sustituir a Douglas Edwards al frente de las noticias de la noche de la CBS, cargo que el primero había desarrollado desde la creación de las mismas. Al frente de CBS Evening News Walter Cronkite se convirtió en un icono del periodismo para los americanos. Y eso que no lo tuvo nada fácil porque en frente, en la NBC tenía a Chet Huntley y David Brinkley.

Y así llega el momento de hablar de la NBC. Sé que lo estabais esperando. Como alguna vez he comentado al inicio de la televisión estadounidense había cuatro cadenas, las tres famosas: ABC, CBS y NBC así como la residual DuMont que sólo emitiría del 46 al 56. A mediados de los años veinte la poderosa RCA, Radio Corporation of America, había adquirido una enorme cantidad de emisoras, incluyendo algunas —Las de la WEAF con la WJZ a la cabeza— que tenían ya constituida una cierta programación de manera que los jefes de la corporación decidieron mantenerla como la American Broadcasting Company o ABC mientras lo ya existente seguía con el nombre que se le diera en 1926: National Broadcasting Company o NBC. Pero a la comisión antmonopolio no le acabó de gustar la idea y tras una larga investigación obligaron en 1940 a la RCA a deshacerse de una de las cadenas, deshaciéndose de la secundaria ABC. Esta situación de debilidad hizo que durante años, hasta la llegada de Fred Silverman para dirigir su programación de ficción, no empezaran a sacar algo de pecho, algo que la división de noticias tardaría aún en poder hacer hasta bien entrados los ochenta… Por contra en la aún propiedad de la RCA, la NBC, parecían decididos a hacer frente a la potencia de la CBS en todos los frentes. Incluidas, claro, las noticias.

En 1949 la NBC comenzó a emitir su propio espacio de noticias, —esponsorizado, por cierto— la Camel News Caravan con John Cameron Swayze , que incluía ya algunas imágenes filmadas más allá de simples compentarios o filmación de textos. Sin embargo el programa pronto tuvo problemas, bien porque la marca decidió ir retirándose y tuvieron que buscar un nuevo patrocinador, primero para los días que dejó libres Camel y luego como sustituto completo, se trataba del Plymouth de Chrysler que acabó dando nombre a la encarnación final del programa, el Plymouth News Caravan, que aunque se benefició de los nuevos rostros, en especial del corresponsal en Washington David Brinkley, sin embargo para 1955 las noticias de la CBS habían derrotado decididamente a las de la NBC y eso llevó a los ejecutivos de la cadena a decidir un cambio centrado en dos aspectos: La juventud y el estilo periodístico.

La prueba llegó con las convenciones políticas de 1956, la idea era decidir entre Brinkley y el también joven Chet Huntley para tratar de repetir el éxito que cuatro años antes había logrado la CBS con Walter Cronkite.

Chet Huntley empezó su carrera como periodista radiofónico, primero en pequeñas emisoras y luego para las grandes, pasando por la CBS y la ABC antes de terminar siendo fichado por la NBC que veía en él la posibilidad de un nuevo Ed Murrow, convirtiéndole así en candidato.

David Brinkley, por su parte, estaba tan centrado en la información que antes de ir a la universidad ya colaboraba con un periódico de su localidad, pero en 1941 se apuntaría al ejército y no sería hasta el 43 que volviera a la vida civil. Una vez de regreso decidió probar suerte en Washington — D.C., obviamente — y allí comenzó a trabajar para la emisora de radio de la CBS antes de ser fichado por la televisión de la NBC y a aparecer en el News Caravan.

Ante la incapacidad para elegir a uno de ellos se optó por poner a ambos a presentarlas y así tomar una decisión sobre quién reemplazaría a Swayze. La prueba resultó un éxito de una forma inesperada, la manera sencilla y directa de presentar los hechos de Huntley casaba a la perfección con el humor ácido de Brinkley logrando una química en pantalla entre ambos que llevó a la cadena a decidir que sus noticias no tendrían un presentador sino dos. De esta manera en octubre de 1956 la NBC comenzaba a emitir The Huntley-Brinkley Report, primero con patrocinio de Texaco pero muy pronto sin más nombres asociados.

Con Brinkley aún en Washignton y Huntley en Nueva York el formato de programa resultaba algo peculiar, para desesperación el productor designado, Reuven Frank, que consideraba una auténtica locura la idea de que no estuvieran en el mismo plató sino que, de verse, fuera en una pantalla del estudio del otro. Sin embargo la gran química entre ambos, la contraposición de estilos y el descubrimiento de que las pequeñas charlas entre los presentadores agradaban a los espectadores ayudaron a superar esta renuencia inicial.

Pese a una bajada inicial de audiencia y a la desaprobación del presidente Eisenhower, a quien no le agradaba en absoluto no tanto la marcha de Swayze como la llegada de los nuevos periodistas —especialmente la de Brinkley— la fórmula demostró atraer primero a los críticos y luego a los espectadores convirtiéndole en el programa de noticias más visto hasta que la llegada de Walter Cronkite a The CBS Evening News empezó a estrechar las distancias hasta finalmente vencerles a finales de los sesenta.

En 1970 Chet Huntley, de 59 años entonces, decidió retirarse del todo, de las noticias y de su programa de especiales periodísticos Chet Huntley Reporting , volver a Montana y vivir en tranquilidad el resto de su vida, que serían sólo tres años más. Brinkley, por su parte, permanecería aún durante una década trabajando en las noticias de la NBC en distintos puestos sin llegar a reeditar su éxito en ese ni ninguno de los otros programas que le fueron dando. Finalmente en los ochenta decidió marcharse de la cadena y terminó en la ABC donde creó un programa matinal de gran éxito, mitad informativo, mitad tertulia de debate de lo que se ha contado allí. Un enorme éxito —y copias inmediatas en el resto de cadenas, claro— lo acompañó durante una década y media, para 1996 ya hacía sólo pequeñas intervenciones, incluyendo comentarios políticos en asuntos como las elecciones o la cobertura de las convenciones que con tanto éxito había lanzado su carrera cuarenta años antes. En 1997 se retiró poniendo fin a una carrera que había empezado en la radio, cubriendo toda la historia de las noticias en televisión, desde los inicios de las emisiones informativas hasta la era de internet durante más de cincuenta años.

Pero regresemos al momento en que The Huntley-Brinkley Report empezó a perder audiencia y al hombre que lo hizo posible: Walter Cronkite

Tras su llegada a The CBS Evening News consiguió que la cadena confiara en ellos, que les dieran más medios con los que acompañar el periodismo en profundidad que él defendía. Tanto en momentos como el asesinato de Kennedy o las misiones espaciales su forma de manejar la información y las entrevistas le hizo ganar la confianza del público. Para el 67 ya había adelantado a la NBC y en el 69 su narración del aterrizaje en la luna fue todo un éxito tanto en lo periodístico como en las audiencias. Entre medias había hecho uno de los movimientos periodísticos más importantes del Siglo XX al decidir viajar — con 52 años — a Vietnam junto a su productor Ernest Leiser, para ofrecer otro ángulo del conflicto que enfrentaba a los dos países.

Su último reportaje allí, pidiendo una salida negociada de la guerra y advirtiendo de lo poco probable de una victoria, mostrando las dudas que las generaciones más jóvenes estaban ya enarbolando.

Su opinión serena y sosegada pero razonada a la vez seguiría durante años, hasta que la CBS decidiera seguir con su política de jubilación a los 65 y sustituirle al frente de las noticias en 1981 por otro periodista mítico: Dan Rather. Cronkite siguió, sin embargo, colaborando para este y otros canales como la CNN o la NPR.

Sin embargo este era uno de los puntos de cambio de la forma de hacer noticias, el otro sería, obviamente, el lanzamiento en 1980 de la CNN haciendo que este año marcara no sólo el principio de una forma nueva de hacer periodismo, también el final de la antigua.

Aunque para eso aún tendremos que esperar unas semanas.


Deathmatchizando novedades pilotales septembrinas

Un mes más tarde y toda la buena impresión que había dejado el verano ha desaparecido con las novedades de Septiembre. ¿Qué ha podido suceder? Bueno, además de que haya más novedades estadounidenses que del resto de países… O quizá por eso mismo… Pero tampoco voy a quejarme, algún estreno concreto como el de Moone Boy —por fin— compensa con creces todos estos pilotos de la temporada de lanzamientos otoñales. Así que dejemos de darle vueltas al asunto y vamos a lo que os interesa:

¡Que comience la lucha!

666 Park Avenue
Independientemente de las expectativas puestas en esta serie sólo hace falta ver el prólogo de la misma para ver que algo queda raro. Terry O’Quinn, más mefistofélico que nunca, observa el destino que le aguarda a un violinista en lo que podría ser el remate de una extraña aventura de la EC. Es decir, el horror que le espera —o se le presupone— tiene un marcado componente entre el retro y el dibujo animado. De hecho, todas las apariciones del dúo que forma O’Quinn con Vanessa Williams podrían caer en el terreno de lo risible, de las actividades de dos villanos de opereta… Aunque O’Quinn, omnipresente durante el piloto, no deja de ser el contrapunto de nuestros protagonistas: Dos lelos que llegan al edificio encantado dispuestos a mejorar su vida en un mundo en el que, por lo visto, nadie tiene un acceso a internet en el que ver qué se cuenta del edificio Dakota, digo, Drake. No es que les suceda gran cosa después, la verdad, muchos repasos a los habitantes en lo que podría ser la versión diabólica de Acosada y un aire muy vago de terror entendido como una versión tontorrona —más si cabe— de Pactar con el diablo. Es imposible no compararla con American Horror Story y, sobre todo, no hacerlo desfavorablemente. Como la ingenua pariente de campo que acaba de llegar a la ciudad. Ya puede ir mejorando rapidito, vaya.

Animal Practice
Suele ser una mala señal para una serie cuando las mejores frases las tiene el animal de compañía. Aquí damos un paso más, no sólo lo mejor de la serie es un mono, además es un mono que no habla —y si has visto suficiente tele ya sabes que no tiene por qué ser lo lógico— pese a lo cuál hay una cierta voluntad, o una buena voluntad, por hacer algo si no interesante sí al menos divertido con esta serie. Lamentablemente está lastrada por todo tipo de problemas, desde un reparto que ha ido a buscar lo más raro de cada casa para ver si de ahí pueden salir unas risas a una sensación generalizada de que, en realidad, no hay tanta diferencia ni distancia entre lo que han conseguido y lo que series con menos ganas han logrado. Pero al menos tantas ganas dan motivos para seguir viéndola a ver si logran engrasar la máquina y cumplir lo que desean. Aunque para eso tengan que aceptar que están sobreutilizando al mono. —Que, por cierto, es Crystal, ya sabéis: Annie’s Boobs

Ben and Kate
Dicen que los temas que se repiten lo hacen más que por moda por ser el espíritu de un momento. Yo pienso que sin esas modas y su éxito o fracaso no lo tendríamos pero, en fin, quizá es sólo porque hubiera preferido muchas otras cosas antes de sufrir este piloto sobre uno de los temas recurrentes de la nueva temporada —y de lo que se ha venido a llamar Nueva Comedia Americana —, el de los man-childs, el peterepanismo llevado un paso más allá con adultos que ya no sólo tienen alma de niño, además se comportan como tales incluso cuando las circunstancias dictan que tendrían que ponerse a actuar ya ante sus responsabilidades. Lamentablemente en esta serie lo que se nos muestra como pueril es, en fin, todo. El personaje de Ben (Nat Faxon, un cómico/guionista que merecía algo mejor), se limita durante 22 interminables minutos a comportarse como haría un menor de edad, a veces uno de 16 años, otras como uno de 10, en ocasiones incluso como si tuviera 6… La misma encarnación de Lo Insoportable, máxime cuando le ponen enfrente a una niña, su sobrina, para que nos demos cuenta de cómo de infantil es el personaje. Un espanto, vaya.

Brickleberry
¿He dicho que la anterior serie es un espanto? Pues no os podéis hacer a la idea de lo que es esta. De hecho, mejor no miréis demasiado sobre ella porque cuanto menos sepáis de esta serie de animación realmente perezosa, tanto en lo referido a la forma de animar como en su guión, más feliz seremos todos. Y no sigo, esta patochada pseudoadolescente que sale de aplicar el humor rijoso a algo cercano al Oso Yogi podría llevar a dejarme sin adjetivos negativos y estamos sólo en la cuarta serie.

Cheer
En contra de lo que yo pudiera pensar esto no es una serie deportiva, es un reality o docureality . No, no sobre cirugía plástica, sobre animadoras. Sobre concursos de animadoras, de hecho. Yo paso.

Cuckoo
Otro arquetipo cómico clásico. El extraño que revoluciona una familia normal. Solo que aquí en lugar de un alienígena del planeta Melmak tenemos a un inocenton pseudohippie estadounidense que viene a amargar la existencia de toda una familia y —es de suponer— a hacerles mejor personas. Primer trabajo de Andy Samberg para televisión tras haber abandonado el SNL, la verdad es que queda todo bastante… visto. Cierto es que el personaje es poco original, y el piloto ha sido sólo una presentación de personajes, pero parece todo tan encarrilado y rutinario, que sólo los fanes de Sandberg y los que puedan superar esa sensación de déjà vu apreciarán realmente.

Cybergeddon
Esto puede llevar un rato. Anthony E. Zuiker es el creador de CSI, Yahoo es una web y Norton un antivirus. Pero todos tienen un interés común; o dos, si contamos hacer dinero. De momento han intentado hacer evolucionar el concepto de webseries con una mezcla de 24 y Alias que incluye ecos a la cultura hack y a los thrillers informáticos. Los nueve capítulos —de unos 10 minutos de duración— que se pueden ver a estas alturas nos ofrecen una idea bastante consistente de lo que pretenden y lo que tienen. Entre otras cosas, poco dinero. No es que otras gloriosas webseries como el Dr. Horrible nadaran en dinero precisamente pero lograban resultar mucho más creíbles, quizá porque Whedon estuviera acostumbrado a hacer de la necesidad virtud, quizá porque los actores principales de esta Cybergeddon parecen estar más en una obra de instituto que en algo cercano a una serie real. Claro que los papeles de una especialista en cyberseguridad y su compañero del FBI tampoco parece tener mucha más salvación. En fin, un experimento más curioso que logrado, quizá con tiempo…

Elementary
He aquí un caso de serie mala no sólo por si misma sino, sobre todo, por la absoluta pereza mental de los creadores de la misma. En los últimos tiempos hemos podido ver un par de adaptaciones de Sherlock Holmes interesantes, y no me refiero sólo a la de Garci. Tanto Guy Ritchie como el dúo de Steven Moffat y Mark Gatiss le buscaron las vueltas a la idea original, David Shore lo reformuló en House y el concepto de genial ayudante de la policía que podemos trazar desde Monk a Perception, pasando por las locuras de Psych o su versión mainstream de El Mentalista, nos han ofrecido toda una serie de posibilidades y variaciones, de ideas desde la que se podría haber trazado la serie. Y no. En absoluto. La idea de Sherlock Holmes en el Siglo XXI ha sido tratada con mayor o menor éxito en múltiples ocasiones pero siempre entendiendo que Holmes no es una persona más y que sus aventuras no pueden ser una serie del montón, que es precisamente el problema aquí. Estamos ante otro de esos rutinarios policiacos de la CBS, sin cualidad alguna que pueda redimirlo, tan aburrido y plano que pronostico un abandono continuo de espectadores al no encontrar no ya ideas originales tras la presentación sino un reto o una narración del misterio a la altura del protagonista sino un caso tan estúpido y rutinario que produce bochorno verlo fuera de, digamos, Diagnóstico: Asesinato. Los momentos de presunta genialidad de Holmes están a años de distancia de los de, pongamos uno, Monk y las escenas que lo muestran producen, fundamentalmente, vergüenza ajena — Un ejemplo claro de esto es la escena de los vasos rotos— de manera que uno acaba pensando que para esto hubiera sido mejor que El regreso de Sherlock Holmes (1987), descongelado en pleno siglo XX gracias a Jane Watson, hubiera conseguido pasar de piloto reconvertido en telefilm.

Go On
Una de las promesas del año. Y el asunto está en promesa porque de momento le queda bastante camino que andar, pero tampoco Community había desarrollado su potencial en los 6 primeros episodios. Y la comparación no es ninguna tontería porque hay bastante de la serie de Harmon en una especie de revisión para todos los públicos que cambia a Joel McHale por un Matthew Perry tan adorable como de costumbre y una enorme cantidad de secundarios de diversas procedencias —y con un motivo para reunirse de lo más ridículo sea todo dicho— que funciona más para crear ese ambiente de camaradería artificial que acabará siendo auténtica —estos grupos cada vez tienen más gente, y mira que poner a siete personajes de protagonistas ya era un montón de gente para mover— . Ah, otro punto a favor es el magnífico trabajo de casting de los secundarios, muchos de ellos reconocibles y entre los que destaca una Julie White en estado de gracia.

Gordon Ramsay’s Ultimate Cookery Course
Todo llega en esta vida, incluso un programa de cocina de Gordon Ramsay en el que en lugar de gritarle a cosas se dedica a cocinar, a demostrar técnicas, a dar sugerencias. Un programa agradable en su sencillez en el que se nota lo buen cocinero que es, por fin. A ver si logran emitir todos los episodios sin que le grite ni a una silla vacía.

Guys with kids
Como decía antes, hombres que tienen que hacerse cargo de sus responsabilidades. Hombres que tienen que cuidar de sus propios hijos. ¡Oh, qué hilarHUID, INSENSATOS, AÚN ESTÁIS A TIEMPO DE NO ACERCAROS A ESTE TORDO!

Homefront
Poco que decir de esta serie, especie de versión británica de Army’s Wives contando la vida en su país de los familiares directos de soldados en el frente. Un drama sencillote que casi podéis ir imaginado los temas que tratará.

Hot Set
Vale, esto tampoco es una serie. Pero me apetecía hablar un mínimo de ello. El canal SyFy ya tenía un concurso de realizar maquillajes y efectos especiales. Pues bien, Hot set es el siguiente concepto. Un concurso de construcción de decorados, desde burdeles futuristas a naves espaciales estrelladas. Un interesante curiosidad.

Last Resort
A veces las series son más de lo que parecen, otra son menos, pero casi nunca son muchas posibilidades. Con una apariencia original de miniserie pasada a serie regular —aunque por las cifras del piloto lo mismo acaba siendo mini— esta extraña idea que remite a submarinos nucleares y oscuras tramas gubernamentales tiene los materiales —y los actores— para llegar a ser una buena serie. Veremos cómo evoluciona y si hay un plan de contingencia por si lo cortan en el 6º.

Leaving
Historia romántica en tres partes sobre un joven veinteañero desencantado y una cuarentona casada y con hijos que un día conectan. Me temo que estoy muy lejos de ser el público de este tipo de dramas.

Made in Jersey
¿En dos palabras? Snooki Abogada. No os riáis que es en serio. Una muchachita de New Jersey —menos esférica y retaco, eso sí— entra en una firma de Nueva York, allí tiene que hacer valerse por encima de sus snobs compañeros y jefes. ¿Quién metió en medio de esto a Kyle MacLachlan? ¿Quién ha pensado que esto podría funcionar? Una tontería, vamos.

The Mindy Project
De las tres series que ha estrenado la FOX este mes esta es la única que merece la pena. Porque Mindy Kaling, a quien quizá recordéis de The Office, es más que la protagonista, también es una buena cómica. El pero es que ha elegido un tipo de comedia que bebe no tanto de 30 Rock como de Bridget Jones, aunque sea una versión algo más feminista —sin pasarse—, centrándose en el aspecto romántico de la misma. Sin embargo las tablas y los actores, invitados incluidos, salvan los muebles. Una vez más, habrá que esperar a ver cómo evoluciona.

The Mob Doctor
A esta, tercer estreno de FOX junto a Ben & Kate y The Mindy Project, no vamos a verla evolucionar mucho más. Quizá incluso la cancelen esta misma noche. Y será difícil saber a qué echarle la culpa. Es decir, el título es estúpido. No hay dudas. Pero una vez tienes ese título… ¿a quién se le ocurre coger la historia de una doctora que paga las deudas de su hermano con la mafia haciéndoles trabajitos y lo convierte en Anatomía de Gray? ¡No se puede tener contentas a TODAS las Mafias! De manera que si te interesan los mafiosos acabas aburrido de las tramas de hospital —tramas ridículas, más parahospitalarias que realmente de médicos— y esperando que salgan los mafiosos, aunque estos se dediquen a trabajar de una manera ridícula y caricaturesca de cliché en cliché. En fin, otra vez será.

Moone Boy
Enorme. Grandísima. No sólo la mejor serie del mes, también una de las series del año. Chris O’Dowd crea esta serie, junto a Nick Vincent Murphy, a partir de su participación en el espacio de cortos humorísticos navideños Little Crackers en la que adaptaba un recuerdo de su niñex. En esta nueva serie el componente memorialístico sigue presente, pero aunque haya ecos de Aquellos maravillosos años no será la nostalgia lo que haga funcionar a la serie sino el humor, las aventuras del pequeño Martin Moone, su familia, sus amigos, en la Irlanda de finales de los ochenta, sus aventuras acompañado de su amigo imaginario Seàn —efectivamente, este es el personaje interpretado por O’Dowd— van más allá mostrándonos toda la vida del pueblo, y permitiéndose un surrealismo ligero pero contundente. ¡¡¡Por series como esta merece la pena verse todos los pilotos del mundo!!!

Mrs. Biggs
Imagino que el nombre de Ronnie Biggs no os dirá gran cosa. Una lástima, porque estamos hablando de un auténtico hombre infame, uno de los responsables del famoso Gran Robo del Tren de los años sesenta, fugado posteriormente de la cárcel, responsable de varios montajes publicitarios que, finalmente, regresó a su país para cumplir algunos años de condena y ser puesto en libertad rápidamente. Aún hoy, con 83 años, sigue viviendo… Pero no es de él de quien habla esta curiosa serie inglesa. Es de su mujer. La esforzada Charmian Powell, de casada Mrs. Biggs, luchando primero por salir adelante, teniendo que pasar de la ingenuidad a llevar una familia y, tras el Gran Robo, muchos más problemas saldrán y muchos más personajes son puestos en juego — de hecho, volveremos a encontrarnos la sombra de una figura fundamental de la televisión australiana, Kerry Packer — en lo que no deja de ser una curiosa versión del drama biográfico.

The Neighbors
Una mala serie no es sólo mala por su punto de partida. Me explicaré, no sólo porque el punto de partido parezca una estúpida ridiculez la serie tiene que ser mala, igual que no sólo un buen punto de partida hace una buena serie. En este caso el punto de partida es de lo más idiota que alguien se pueda imaginar: Una flotilla de avance extraterrestre lleva diez años atascada en la Tierra que tienen formas de ser distintas a la nuestra. ¿*_Los Caraconos_*? ¿*_3rd rock from the sun_* alguien? Y quien dice eso dice tomar ideas de Alien Nation y llevarlas al terreno de la sitcom. El problema aquí no es pues el punto de partida, es el desarrollo. En todo el capítulo se limitan a mostrarnos a los nuevos vecinos, humanos normales, que se encuentran con estos raros y la forma en que se adaptan a estos cambios. Y ya. No hay ningún intento real de una trama o de una construcción de gag más allá de Oh, son raros, comen lecturas y sangran por las orejas… Quizá sea pura necesidad de rodaje pero, francamente, es el tipo de cosa que hace desconfiar de una serie.

The New Normal
Otra de esas series que no están mal pero que quizá con algo de rodaje puedan ser verdaderamente buenas, sobre todo porque el reparto es estupendo, especialmente una desatada Ellen Barkin como una abuela controladora y ultraderechista, y detrás de las cámaras hay gente con demostrado talento —y cierta maldad refinada— como Ryan Murphy. Una vez más: Esperar y ver.

The Paradise
Por difícil que parezca creerlo estamos ante un drama de época de la BBC que está más cerca de Amar en tiempos revueltos que de Downton Abbey, y eso teniendo en cuenta que el material de partida es El Paraíso de las Damas (_ Au Bonheur des Dames_) de Émile Zola… En fin, ni los británicos aciertan siempre. Pero para los aficionados a las obras de época con fondo culebronesco y valores de producción medios/ altos seguro que os vale.

Partners
La forma sencilla de tratar esta serie sería decir que es un espanto y difícilmente llegará a los seis capítulos. La forma algo más elaborada incluye dos comentarios: El primero; que ver a Brandon Routh en la televisión, en un papel secundario de una sitcom, hacen ver lo rápido que una carrera se puede hundir, y menos mal que por lo menos esta vez es fijo, no como en Chuck. El segundo; que no me puedo creer que una historia tan tonta y manida con unos guiones tan ramplones puedan seguir viendo la luz teniendo en cuenta que ya en los noventa lo que contaban sonaba a viejo.

Revolution
El gran éxito de espectadores… de estas dos semanas. No olvidemos que pese a la retórica de las cadenas españolas que las compran y empacan ya antes otras series tuvieron un gran despegue para luego ser canceladas. FlashForward y The Event por citar dos de los ejemplos más claros y cercanos. En cuanto a la serie en sí… Poca chicha, da igual que JJ Abrams —que lleva un historial televisivo reciente de dos cancelaciones en la primera temporada, por cierto— se diga a los mandos. En el mundo la energía desaparece —Bueno, algo así, o a ratos, la verdad es que no parece que los guionistas tengan claro de qué va el asunto o cómo manejarlo— y ante un nuevo orden más cercano al medievo que a, pongamos, el siglo XIX en sus variantes europea o viejo oeste, los pueblos se organizan así, de cualquier modo. El batiburrillo de partida sirve para estrechar lazos con los juegos del hambre, la incapacidad de los guionistas obliga a empezar con un Quince años en el futuro para justificar el momento actual, la degradación total rápida y que, en fin, parezcan haber perdido la capacidad de leer de los libros. Si olvidamos cualquier intento de encontrar la lógica en el punto de partida o las acciones de los personajes —Es decir, si aceptamos que es otra de esas series de Abrams — lo que tenemos es una serie de acción de baja intensidad con un componente fantástico que, en fin, para tener puesta mientras escribes sin prestarle mucha atención puede servir. Poco más.

The Rickey Smiley Show
Dado un número infinito de universos conteniendo un número infinito de posibilidades que permitan iteraciones en quiénes somos y qué nos gusta puedo llevar a intentar aceptar que alguna encarnación mía podría decir algo bueno de… esto. Pero está a demasiados universos paralelos de distancia de aquí. ¿Qué puedo destacar de una serie sobre un DJ especializado en bromas telefónicas y hacer el chorras autointerpretándose en una mezcla entre comedia de los noventa y película de Tyler Perry ? Pues eso, mejor no decir más.

Room At The Top
Dos episodios adaptando la novela del mismo título de John Braine sobre un jovencito que en los años ’40 se abre paso desde otro escalafón social tratando de trepar… Teniendo en cuenta que parece una especialidad inglesa no hay mucho más que pueda o deba decir.

The Scapegoat
Adaptación de una curiosa novela de Daphne du Maurier” sobre doppelgängers, este telefilme obra del gran *Charles Sturridge juega tanto con ese concepto como con la propia trama llena de suspense y humor de la obra original. Un hombre descubre que se parece mucho, de manera prácticamente idéntica, a otro que vive lo que parece la gran vida, con un buen puesto y una gran casa. Rápidamente se cambian los puestos y, a partir de ahí, empezará a descubrir los trapos sucios y a considerar que quizá no fue una buena elección aceptar ese cambio. Os sugiero que le deis al menos una oportunidad.

Teenage Mutant Ninja Turtles
Nuevo concepto de la mano de Nickleodeon de las Tortugas Ninja, esta vez con una animación por ordenador cuyo mismo aspecto refleja los dos intentos de dirección de la serie: Una apariencia adorable, tirando a cartoon, y unas ideas algo más adultas por debajo, aún sin llegar a acercarse a los cómics en los que se basan pero sí alejados de la famosa serie original. El resultado es agradable, y no dudo de que encantará a los pequeños gracias a la suma de estilos que incluyen toques de la Cartoon Network de finales de los ¡90 y del humor manganime de exitosas series como Naruto. Ahora, si además se preocuparan por hacer algo más… elaborado.

Vegas
Un concepto curioso, no muy original pero sí interesante, durante el proceso de construcción y evolución de la ciudad de Las Vegas en lo que hoy conocemos un ranchero es colocado por el alcalde a dedo para que se encargue de resolver un asesinato. De fondo irán apareciendo pronto el turbio mundo de los casinos y los lazos de poder y amistad entre políticos, abogados y mafiosos. Entre medias la batalla —insinuada de momento, tras un primer topetazo— entre el vaquero buenazo (Dennis Quaid), que estará acompañado de su hermano y su hijo en las labores policíacas, y el enviado de una de las familias, un hombre con un código de actuación pero también con una misión (Michael Chiklis) y entre ambos una ambigua asistente del fiscal del distrito (Carrie-Anne Moss) que parece que se convertirá pronto en otra de las fuerzas que se muevan alrededor de la ciudad. Interesante como punto de partida, aunque la idea de CSI: GOLDEN DAYS sea inevitable al ver la serie.

Me gustaría poder decir que tras estas treinta series el mes que viene se estrenará lo bueno pero, francamente, no parece que ese vaya a ser el caso. Quizá cuando empiecen a caer —y mucho me sorprendería que esta semana terminara sin que al menos una serie mordiera el polvo— se animen a sacar el material guardado para el futuro. De momento sólo puedo decir que los estadounidenses están haciendo un papelón este año. ¡Nos vemos en un mes! ¡En dos si octubre es especialmente malo!


Conformismo premiador primerismo seriero

Son casi las tres de la madrugada, la gala de los Emmy lleva ya casi una hora y mi paciencia terminó hace ya bastante. En general no creo en los premios, claro. Sobre todo cuando ves locuras como que alguien piense que se le puede dar un premio a Jon Cryer como si fuera lo más normal del mundo.

La verdad es que la cosa esta es bastante ridícula. Así, en global. Pero demuestra cómo funcionan las cosas en USA. Algo que también se nota en los modos de estrenos de series. La persona que decidió que la semana del 24 al 31 de septiembre tuvieran lugar el grueso de series y estrenos merecía un paseo por el campo.

Hasta 45, entre regresos y novedades, que se une a lo que ya ha salido durante el mes, en un arranque notablemente flojo como ya veremos la semana próxima.

No hay mucho más que pueda, quiera o deba decir. En comedia ha sido, una vez más, el año de Modern Family, hundiendo a los demás competidores y, ya puestos, demostrando una vez más que la mejor serie cómica del momento, Community, y a todo el resto de talento que hay por ahí desperdiciado. Es tan obvio que uno sólo se lo podría explicar si los premios estuvieran dirigidos por Robert Greenblatt.

Entre lo bueno de la gala estuvo un Tracy Morgan que parece preparado para cuando deje el 30Rock y los varios momentos de Kimmel que demostró su buen momento actual y que, lamentablemente, no logró superar el aburrimiento de los ganadores.

Modern Family, Homeland y Game Change se hicieron con una cantidad inusitadamente alta de premios mientras gente a la que dificilmente le daría la hora como Kevin Costner o Jon Cryer lograban galardones a mejor actor en sus respectivas franjas. Creo que hay cosas que no comprenderé nunca.

Es difícil justificar el visionado de las tres horas de aburrimiento para ver unos ganadores con lo que difícilmente pueda estar nadie de acuerdo. ¿Por qué hacemos esto? Vale,por qué lo hago yo? ¿Es el culto a las galas? ¿Es por los trajes? — Juliane Moore llevaba un traje amarillo que marcaba todo lo necesario—

Son muchos los premios que se dan a lo largo del año, desde los Globos de Oro o los OscarTM a los que se dan unilateralmente en posts de Lo mejor del año. Y todo tiene el mismo motivo, destacar algo. Separar lo bueno de lo no tan bueno, darle relevancia a lo que nos interesa transmitir a los demás o, simplemente, que la gente sepa que nos gusta lo que hacen. Quién sabe.

Mientras nos vamos a descansar sabiendo que hemos hecho el tonto algún motivo debe haber nos queda aún una idea sobre al que reflexionar: ¿Hay alguna manera de que nos sintamos representados por un palmarés? Más aún, ¿existe alguna forma de que eso sea posible?

Confiar en el boca a boca, dar las gracias a la gente y difundir el mensaje parece menos interesante que buscar estatuillas para repartirlas de manera colegiada. Votando entre varios y, por eso mismo, logrando que los premios que tienen un público votante mayor parezca elecciones de un comité.

Ahora, si me disculpan lo corto y poco interesante de la columna de hoy, aprovecharé que son poco más de las cinco de la mañana para irme a dormir. Quizá así me convenza de que todo ha sido un sueño. O un capítulo especialmente raro de Revenge.


Informaciones anualidosas cabalgando sorkinismos

Ya ha pasado otro año desde que comenzara esta columna en Libro de Notas, y se van desarrollando con normalidad los temas a tratar. Columnas de novedad por un lado, con reflexiones sobre asuntos actuales o los Pilotos Deathmatch, mientras que las columnas de fondo van desgranando e indagando en diferentes aspectos televisivos.

Precisamente son estas últimas columnas las que más se prestan a ser organizadas para poder tratar los temas con la debida profundidad y extensión, o al menos intentarlo, pues siempre queda la sensación de que se podría haber hablado con mayor detenimiento y hondura de cualquier tema, en lo que reconozco que espero sean unas series temáticas interesantes.

Con eso en mente y todo un listado de temas es simplemente cuestión de encontrar la entrada adecuada para tratar los diferentes cuestiones, por ejemplo en la serie de columnas que empieza ahora la excusa era The Newsroom.

Con la separación tradicional Ficción / No-Ficción uno de los temas obvios para tratar en la No-Ficción es la imprescindible Información. Cómo llegó, se desarrolló, se convirtió en entretenimiento o se reflejó en la Ficción… Un tema siempre interesante para quien esto escribe, consumidor de información en grandes dosis y bastante cínico —que le vamos a hacer— con lo que nos presentan. La forma en que se trata y explota no sólo es algo fascinante sino, además, algo que deberíamos tener en mente a la hora de aceptar o analizar la información que recibimos.

Convertido en referencia inexcusable en la televisión y con una serie, El Ala Oeste, que se ha convertido por derecho propio en el paradigma de la ficción política española, Aaron Sorkin parecía tener casi todos los triunfos en la mano para tratar el mundo de la información, algo que ya había tocado desde fuera en la serie antedicha y desde dentro aunque de manera tangencial en la estupenda Sports Night. Las dos candidaturas consecutivas a los OscarTM, ganando la primera por La Red Social, parecían demostrar que pese al tropiezo menor que acabó siendo Studio 60 —serie que, por otro lado, tenía ideas interesantes— podíamos seguir confiando en él. El resultado, sin embargo…

The Newsroom ofrecía unos pros y contras en su piloto que se han ido concretando durante toda la primera temporada y, con pesar lo digo, han ahondado más en los aspectos negativos que ya se podían ver en el piloto. El tratamiento de las relaciones románticas en historias absolutamente prescindibles, la escasa relevancia y calado de los personajes con una sección femenina compuesta de mujeres torpes, de pocos conocimientos y necesitadas siempre de rescate, se enfrentaban a unas contrapartidas masculinas que tenían su intento de igualar las tornas en un protagonista más idiota a cada capítulo —cuyo punto más bajo sería la escena de los pantalones— y un chaval aún más tonto encargado de otra de las bestias negras de Sorkin: Internet.

Por difícil que parezca, la forma de hablar y tratar lo que internet nos muestra y consigue es tratada siempre con desprecio y odio, odio hacia el anonimato, odio hacia la posibilidad de una información sin fuentes o —peor aún— a tener que dialogar con gente poco educada intelectualmente.

Sin embargo el peor aspecto lo daba precisamente su forma de tratar la información. En principio parecía que era porque la idea de meterse en el mundo real limitaba su fuerza. Y es cierto. The Newsroom jamás podrá contar con los personajes reales o influir en el resultado. Eso es algo que limita tremendamente lo que nos ofrece Sorkin o el crecimiento y movilidad de los personajes. Pero pronto vimos que no era lo único.

Aaron Sorkin disfrutaba jugando con las cartas marcadas. Más aún, el público al que iba dirigido, tan culto e informado como es de presumir, sabía a qué personaje se podía apoyar y quién decía sólo tonterías: Los buenos tenían una presciencia más que notable siendo capaces en todo momento de entender por dónde iba a seguir la noticia.

Y si no lo tienen claro siempre recibirán llamadas providenciales de implicados directos a los que conocen de primera mano en casi todos los casos y en los que confían plenamente. Algo aceptable en una narración para hacer avanzar la trama por motivos de tiempo pero que, vaya, no encaja en una filípica sobre la información actual.

Porque ese es otro de los graves problemas de The Newsroom. Los periodistas no investigan. Oh, sí, recogen datos y sacan citas, navegan (siempre por fuentes oficiales o medios de comunicación, claro) y telefonean, pero siempre con resultados directos, sin tener que desenmarañar ningún hilo o descubrir ninguna doblez —total, ya sabemos cómo avanzará la historia así que ¿para qué esforzarse en ello pudiendo meter más minutos de espantosos melodramas sentimentales?— haciéndolo tan fácil que uno casi entendería que se enfadara tanto con los periodistas de la realidad…

…Si no fuera porque todos esos datos que tan sencillamente encuentra son las investigaciones de los periodistas de verdad. Todo aquello que les llevó semanas encontrar, unir, relacionar y montar hasta ofrecer una información seria y fiable a sus clientes. Es decir, las quejas de Sorkin no incluyen ninguna información adicional. De manera que al final parece que no odia tanto la calidad de la información o sus resultados como que no sucedan las cosas más rápidas. Algunas de las veces con informaciones que se han dado y difundido principalmente por Internet, aunque aquí se deje bien claro que sólo se tienen en cuenta cuando son respaldados por un gran grupo demostrando que no ha entendido cómo la política de bloques mediáticos se puede combatir con más facilidad desde fuera de esos canales de distribución de la información.

Quizá odia también el rumbo hacia el entretenimiento, pero no reflexiona sobre ello de una manera real sino que se queja ofreciendo un ideal informativo que inevitablemente polarizaría a sus espectadores debido a que en otro de los tics de dinosaurio de Sorkin se encuentra obviar el paso de las tres grandes a una multitud de cadenas que incluyen algunas especialistas en información. De manera que la gente pasa de tener tres posibilidades sólo a poder informarse no donde mejor información se dé —y, seamos francos, tampoco parece que el programa de McAvoy esté muy mesurado, parece más que esté no muy lejos de un programa estilo Limbaugh— sino donde se le dice lo que quiere oír.

De manera que, pese a todos los esfuerzos de Aaron Sorkin, lo único que ha logrado es un repaso por algunas de las noticias más importantes —y no menciono ya el asunto de que en un grupo de personas teóricamente inteligentes y progresistas no haya ni uno sólo que considere erróneo asesinar a otro ser humano o permitirle un juicio, pero se ve que eso no interesaba— y un cierto sentimiento de superioridad moral por ser los que están en el lado correcto —incluso cuando luego se ven tonterías como su propia cobertura del asunto Casey Anthony y su ridículo intento de debate con McAvoy leyendo la cartilla a los niños y sin dejarle hablar, algo que, por cierto, contrapone manipulando el auténtico debate— en lugar de la reflexión o las posibilidades de exponer los distintos puntos de vista de una noticia. Incluso el proceso para llegar hasta ella.

En lugar de eso olvida Lou Grant y saca de su radar The Newsroom —la canadiense— o Dreap the dead donkey (que era capaz de tratar noticias de la misma semana), series valientes, interesantes y que trataban la actualidad de manera más directa incluso la que no lo llamaban por su nombre. Por contra, recicla sus anteriores series con alegrías —el capítulo del psiquiatra es muy parecido a otro de El Ala Oeste, por poner sólo uno de los ejemplos más claros— y también obras ajenas como la enorme y clarividente película Network. Película que ordeña en varios momentos sin molestarse en reconocer la deuda —algo que, por contra, sí hizo en el primer capítulo de Studio 60 y sí, hablo de esta misma película—, dejando claro el declinar de Sorkin.

A la vez que demuestran, con enorme claridad, la importancia del tema. Motivo más que sobrado para que le dediquemos nuestra atención hasta final de año. O, al menos, eso me parece.


Excelencias pilotales veraniegas

Tantos años ya de sentir predilección por el verano, la temporada de las series sencillas y los estrenos a escondidas, se justifican con años como este en el que hemos podido ver algunas de las mejores series del año.

Por si os lo estáis preguntando, esta vez toca repasar los estrenos de Julio y Agosto dejando los pilotos de la nueva temporada para cuando realmente vayan a emitirse. Con eso y con todo salen unas pocas series. Así que no lo retrasemos más:

¡Que comience la lucha!

Bad education
Agradable comedia británica sobre un profesor desastroso, estilo Bad teacher, y sus sufridos y sufribles pupilos. Quizá el joven protagonista ocupe demasiado espacio, le vendría bien respirar en el resto de secundarios pero, en fin, por lo menos aburre.

Bad sugar
Uno de los pilotos de los que voy a hablar porque surge dentro del programa de Channel 4 de repaso cómico en el que hablaban de su pasado y presentaban algunas de sus ideas para el futuro. Dentro de esos pilotos posibles este es el que más me gustaría ver. Parodia de los culebrones con una familia inglesa de clase alta y muchos problemas empezando desde el momento en que una extraña se une a la familia y apoyándose en tres grandes actrices cómicas —y también un gran reparto masculino, no vayamos a minimizarles— construyen una enorme farsa. Es decir; Olivia Colman, que lo mismo sale enormísima en la segunda temporada de Accussed —una nueva historia que incluye a Sean Bean como el travesti más improbable del mundo— que hace aquí de muchacha inocente e infantil, Julia Davis, disfrutando una vez más haciendo de mala como la hermana tiránica, y Sharon Horgan, llegada directamente desde la primera temporada de Dead boss, para hacer aquí de la esposa-con-un-plan que demuestra estar en el mismo nivel de locura que su nueva familia. Me parecería una lástima que esta serie se limitara a un único especial porque precisamente la acumulación de vueltas de tuerca es lo que hace grande este tipo de series.

Bikini barbershop
Ah, parece que era la semana pasada cuando hablaba de Realities Infames y ya tengo otro para la lista. Veréis, Jeff Wulkan es todo un EMPRENDENDOR. Se le ha ocurrido una idea magnífica: Una peluquería atendida por chicas en bikini. Y ya que están en ello también pueden grabar sus discusiones, o cuando se van de fiesta a emborracharse y toquetearse y… ¿Qué podría salir mal con una premisa así?

Black Dynamite
Novedad de los chicos de Adult Swim inspirada en la película de mismo título, requiere cierto conocimientos de blaxploitation así como de cultura popular USAka de los sesenta y setentera, el estilo por su parte es bastante aceptable y tiene algún ramalazo de influencia de Lupin III aunque no el suficiente para justificar un visionado continuado.

Blackout
Un policía, el siempre estupendo Christopher Eccleston, despierta sin recordar nada de la noche anterior provocado por su alcoholismo, lo que no sería tan grave si no se hubiera cometido un asesinato mientras del que quizá sea responsable. Como son ingleses parte de los tres episodios los ocupan reflexionando sobre la psicología de los personajes y los cambios que llevan a alguien honrado e ilusionado a corromperse hasta este extremo. Así que bien.

The Bletchley Circle
Interesante serie de época ambientada en los años ’50 sobre una mujer que descubre un código oculto tras unos asesinatos y ante el nulo caso de las autoridades decide reunir a su grupo de compañeras de cuando trabajaba en la sección de códigos para la inteligencia militar y así resolver el caso a la vez que vemos la evolución que cada una de ellas ha tenido y su relación con sus tiempos, tras haber sido útiles gracias a su inteligencia y que el mundo haya vuelto a sus cauces. Un gran entretenimiento.

Bullet in the face
Otra de las enormidades que nos tenía reservado el verano. Creación de Alan Spencer, el hombre detrás de la grandísima Sledge Hammer que en ciertos aspectos funciona como antecedente de esta. Si en la primera serie se exageraban los rasgos violentos de Harry el sucio, Mike Hammer y toda la forma de hacer cine de acción en los ochenta, aquí tenemos un nuevo giro que lleva directamente a Sin city de forma muy obvia y a los policiacos violentos estilo Tarantino por otro. Con esos mimbres —y un extraordinario tratamiento de imagen— tenemos una pequeña maravilla con policías, gangsters y una ciudad hundida en el fango, todo ello orbitando alrededor de un criminal reconvertido a la fuerza interpretado por un desconocido Max Williams en un papel que debería asegurarle interpretar al Joker antes o después. A su alrededor una mezcla de ilustres desconocidos tan lejanos a una carrera en cine o televisión como el propio protagonista como Kate Kelton y muy especialmente Neil Napier, enormísimo como el compañero justo y honrado, a los que añadir a Jessica Steen y los actores de culto Eric Roberts y muy especialmente el cómico Eddie Izzard. Incluso sin la historia sobre las oscuras maniobras para emitir la serie ya se merecerían toda la atención que pudiéramos conseguirle. Una de las series del año.

The Burn
Jefrey Ross es un cómico experto en insult comedy, especializado en roasts sobre los que ha escrito un par de libros y por lo que es Roastmaster General del Fryars Club y uno de los nombres fijos cuando Comedy Central presenta los suyos. De manera que su programa no podía ser otra cosa que una revisión del concepto dedicándose a roastizar la actualidad. Lamentablemente el primer programa se nota realizado con muy poco dinero y aún lejos de estar afinado, lo que al compararlo con los programas de actualidad que ya tiene el canal —que a este paso va a parecer la MSNBCXD — se convierte en un decepcionante punto muerto intermedio. Otra vez será.

Citizen Khan
Estaría hablando del peor piloto de este año de no haber existido Work It a principios de año poniendo el nivel por los suelos. Aquí tenemos algo que podría haber salido de un armario en los años sesenta, con una trama que muestra a los inmigrantes pakistaníes con una forma de actuar digna de Los Ropers, porque su creador, Adil Ray, se ha ido a la creación de un personaje caricaturesco tan antiguo que parece inspirado por W. C. Fields. Y su puesta en escena no es mucho mejor. Casi que la representación de una cultura diferente —la propia de los implicados, todo sea dicho— que es lo que le ha valido la mayor parte de las críticas, es casi lo de menos.

Coma
Nueva versión de la novela de Robin Cook tras la película de Michael Crichton, la historia es, por tanto, sobradamente conocida, y el resultado… ahm… el resultado no vale demasiado la pena. Si no conoces la obra original y te apetece ver una producción bastante ramplona imagino que puede estar bien gracias al manejo del suspense que realizaba Cook en la obra original. Para lo demás… Un preparado para su emisión en las largas tardes de domingo. Y ya.

Copper
Le tenía muchas ganas yo a esta serie, están implicados profesionales muy valiosos como Tom Fontana, creador de OZ y parte creativa en Homicidio: Vida en las calles o St. Elsewhere, Barry Levinson o Christina Wayne, todos reunidos para la primera serie creada especialmente para BBC America… El resultado no es realmente malo, simplemente es muy convencional. Un policía de origen irlandés en Nueva York durante los últimos años de su Guerra Civil, investigando y tratando de hacer justicia en un mundo lleno de corrupción y sordidez. Habrá que esperar que mejore.

Dragons: Riders of Berk
Serie infantil inspirada en Cómo entrenar a tu dragón pero, como suele suceder en estos casos, más un exploit de la película que algo dotado con la gracia de la original.

Family time
Bounce TV, emisora de Atlanta para público afroamericano que está tratando de expandirse a nacional, ha creado con esta serie su primera incursión en la ficción. Y no. La idea de una familia de clase baja que gracias a la lotería puede pasar a ser clase media y mudarse al sur de California… Es difícil saber por qué nadie querría que su primera incursión en la ficción parezca un resto de aquellas comedias por y para negros de los años noventa, pero ahí estamos de nuevo, enfrentados a un innecesario anacronismo.

Gates
Espanto inglés sobre un colegio, sus profesores y los padres de los alumnos en el que todo el mundo subactúa los ratos que no está sobreactuando. A evitar.

Good cop
Otro de esos encantadores policíacos ingleses llenos de personajes torturados y cielos grises. UN policía se enfrenta al cabecilla de una banda callejera en lo que resulta una espantosa idea que termina con su compañero muerto. A partir de ahí la culpabilidad y los cadáveres se van acumulando en ambos bandos mientras nuestro héroe se pregunta si habrá alguna forma de terminar con la pesadilla en que se ha convertido su vida. De momento va muy bien.

House husbands
Lo que parecería la respuesta australiana a Mujeres desesperadas no estuviera tan desfasado todo. Sigue una de las tendencias del año pasado —y mucho me temo que este también— con padres que se ocupan de cuidar a sus hijos. Por fortuna resulta mucho mejor de lo que su premisa podría hacernos creer, quizá incluso logre hacerse interesante en cuanto pasen unos capítulos y puedan cogerle el pulso pero, me temo, es más un producto para el gran público que otra cosa, con una intenciones de combinar naturalismo y un punto intermedio de comedia y drama que hace temer un nuevo Parenthood.

Howzat! Kerry Packer’s War
Esta mini de dos capítulos es una cosa curiosa, una producción australiana sobre un tema que jamás creí que llegaría a ver: La historia de cómo el cricket dejó de ser un deporte amateur y logró popularizarse gracias a la intermediación de un tipo, el Kerry Packer del título, que decidió arreglar este deporte permitiendo que sus jugadores pudieran vivir de él y —ya en ello— asegurándose los derechos televisivos.

Hunderby
Lo primero que debería hacer aquí es decir lo mucho que me está gustando a mí. Lo segundo es explicar que es una serie un poco especial. Y por un poco quiero decir bastante. Julia Davis, el cerebro tras Nighty Night entre otras, es la responsable de dar rienda suelta —una vez más— a su gusto por la maldad humana y la crueldad, esta vez mediante una parodia de las series de época inglesas. Con un fondo cercano en cierto modo a Rebeca y un humor más soterrado, podemos llegar a sospechar que es simplemente una rareza. Pero, en verdad, una rareza muy interesante.

The Inbetweeners (USA)
Intento americano de reciclar la serie inglesa. Dado que la inglesa no me gustaba demasiado y que los americanos funcionan de esa manera que funcionan ellos podéis imaginar lo que ha salido.

The Last weekend
Más british noir, más. En este caso parecido a Mad dogs pero en un contexto más cerrado, dos parejas pasando una pequeñas vacaciones y desatando sus tormentas internas. Bien también.

Line of duty
A continuación cambiamos de tema con un… ah, no, espera, es otro british noir. Quizá el mejor del lote, a espera de ver cómo termina Good Cop. Un joven y ambicioso policía recibe un encargo especial, descubrir que hay de cierto tras las acusaciones de corrupción recibidas por el policía estrella del cuerpo.

Major Crimes
Cuando Kyra Sedgwick anunció que dejaba The Closer las encantadoras cabecitas del canal TNT decidieron que no se podía desperdiciar esa audiencia así que un cambio por aquí, otro por allá y… Ponen a un personaje secundario recurrente — La Capitana Sharon Raydor, interpretada por la enorme Mary McDowell— en su lugar y todos a seguir como antes, o casi.

Mangoes
Un extraño caso entre las series canadiense, una historia sobre un grupo de asiáticos compartiendo casa, cada uno con su familia y su historia. Con un estilo similar a las series orientales hibridado con los trucos y costumbres occidentales logrando una serie dramática realmente singular.

The Midnight Beast
Otro de los grandes estrenos no ya de la temporada, sino del año. Una comedia sobre un grupo de música —real e integrado por sus miembros reales— que tratan de abrirse camino. Con todas las singularidades inglesas. Es decir, el referente más claro es Flight of the Conchords y el mismo grupo se declara deudor de Lonely Island pero el ambiente que trasmiten es el de Skins. ¿Qué más podríamos pedir?



A mother’s son
Estamos otra vez con una serie inglesa… Aunque esta no sea exactamente lo que esperamos al hablar del british noir pues si bien el centro es un asesinato y maneja una notable cantidad de suspense estamos en los campos del drama psicológico, con un planteamiento que se encuentra más cercano a La cena de Koch. Una mujer descubre las pruebas que señalan que alguien de su familia, muy posiblemente su hijo, podría estar relacionado con un terremboroso asesinato. Imaginad lo que viene detrás.

Murder: Joint Enterprise
Aunque esté más cerca del telefilm que de la serie estamos ante una pieza notable de serie negra británica, una vuelta de tuerca a los clásicos conceptos de investigación criminal o narración que presenta uno de esos casos complejos que tanto les gustan. ¿Cómo podría dejarlo fuera?

Parade’s End
Empiezo a sospechar que sólo los ingleses han estrenado series este verano. Quizá por eso me ha parecido el nivel tan alto. En este caso estamos ante una adapación del novelón El final del desfile de Ford Madox Ford por parte de algunos sospechosos habituales, con Benedict Cumberbatch y Rebecca Hall como protagonistas y Tom Stoppard encargado de convertir el texto original en una serie. Imagino que a los amante de las adaptaciones de época esto les encantará.

Parents
Comedia inglesa bastante ramplona sobre una familia que se ve obligada a mudarse a casa de los padres de ella. El tipo de argumento que —aunque haya ido haciéndose habitual los últimos años— parece que este esta temporada se le ocurrió a todo el mundo.

Political Animals
Intento aceptable de serie política en la televisión americana. Con un trasunto de Hillary Clinton decidida a arreglar a su familia y presentarse a la presidencia mientras todo tipo de tramas palaciegas, románticas o humanas se suceden. Y con buenos actores. Podría haber sido mejor, sí, pero tampoco vayamos a quejarnos muy alto.

Puberty Blues
Esta, ahm… serie juvenil australiana, trata sobre dos amigas adolescentes que quieren ser más populares uniéndose a un grupo de surferos. Que debe ser algo que pasa mucho ahí. Las chicas, de clase baja, aprovechan que están a finales de los años setenta y todo es más… algo… En fin, adolescentes y sus divertidas historias…

Sinbad
Intento de serie de aventuras con exotismo y blablabla. Intento porque es bastante cochambrosa e indeterminada, qué le vamos a hacer, los británicos también tienen estas cosas a veces.

Stars Earn Stripes
Esto es un concurso-reality pero vamos a hablar de él pese a todo. Se ha vendido la idea de que es una glorificación del ejército mediante documental y que promueve la idea de que las guerras son buenas. Como ser es bastante tontería, pero tampoco es que la serie sea mucho mejor idea. Es la clásica glorificación, no una excepcional, y los concursantes son especialitos también, desde el actor Dean Cain a la diva de la WWE Eve Torres pasando por Todd Palin, el marido de Sarah. ¡ALÍSTATE! Perdón, ha sido un pronto tras ver el programa.

Sullivan and son
El descendiente de un irlandés y una koreana decide dejar su lucrativo trabajo como abogado para dedicarse al negocio familiar: Un bar. Lleno de gentes estereotípicas y chistes usados, tampoco muy buenos, útil para rellenar las tardes y poco más.

Thirteen Steps Down
Novela de Ruth Rendell adaptado a serie sobre un hombre con dos obsesiones, un asesino psicópata y una bella modelo. La evolución de su historia estará marcada por la exploración psicológica de los personajes por un lado y los crímenes con sordina por el otro.

A touch of Cloth
Terminamos por todo lo alto. Charlie Brooker es conocido ahora gracias a su Black mirror pero su labor como guionista de comedia es más larga y profunda, desde los tiempos de The 11 O’Clock Show, aquí lo usa para lo que podría definirse como un British Noir como Puedas. El espíritu de humor excesivo y acumulativo: juegos de palabras, carteles, gags visuales y todas las barrabasadas que se os ocurran usando como base todos los tópicos de ese policíaco británico lleno de profesionales sufridos y problemáticos. Si os gusta os encantará, si no… Bueno, podréis evitarla… Surely.

Como veis un par de meses más que estupendos. Lástima que vuelvan de las vacaciones también las nuevas series y, con ellas, los pilotos asesinos. No me hagáis hablaros de Elementary tan pronto, dejadme fingir que no lo he visto al menos un par de semanas más.


Reality Infame Inverecundo

A lo largo de estas semanas hemos revisado la idea de Reality Infame y los más destacados desastres que han causados en los últimos años. Tanto nuestra introducción como los repasos a Muslim drivin school , Who’s your daddy? o Toddlers & Tiaras han dejado bastante claro algunos de los más sórdidos aspectos de esta parte baja de la televisión. De hecho, la pasada semana —aunque después del artículo del lunes— la más reciente bronca en Toddlers & Tiaras; consistente en la decisión de una de las madres de poner un cigarrillo en la boca de una de su hija de cuatro años; llegó a las noticias españolas demostrando los estrechos límites de lo audiovisual.

Pero que esas tres historias destaquen no significa que no queden más, muchos más, que si bien no justificarían uno de los tres lugares de honor sí al menos echarles un ojo. Así que vamos a ver algunos otros programas que merecen un poquito de relevancia.

Britney & Kevin: Chaotic

Quizá el de peor fama entre los realities más convencionales, esos de famosos, sus vivencias e historias, la tiene con bastante diferencia este. Una serie centrada en la vida de la entonces —2005— superestrella de la música Britney Spears y de su amado Kevin Federline, compuesto de vídeos caseros y comentarios posteriores recomponía la historia de su romance hasta acabar en la boda. El problema iba más allá de lo que estas líneas puedan transmitir. La imagen de la cantante sufría un duro golpe retratándola fielmente como una cabecita hueca narcisista, su novio no parecía mucho mejor en un estilo a medio camino entre uno de esos espantosos monumentos al ego adolescente —del estilo del cargante realitie de la MTv My Super Sweet 16 — y un ejercicio de Found Footage que dejaría El proyecto de La Bruja de Blair al nivel de Vídeos de primera.

[Una vez más, entrad en los comments del YouTube bajo vuestra responsabilidad]

La verdad es que meter famosos en un reality por mucho que lo sean, no garantiza el éxito —como bien demuestra el desastre que fue The Hasselhoff — y son muchos los ejemplos de podría poner de esto. ¡Pero hay que elegir!

Y no será por falta de candidatos, oigan, que entre Taking on Tyson —programa en el que el exboxeador se revela un experto en carreras de palomas, y si no me creéis pinchad el enlace— y Tommy Lee goes college —Que va a la Universidad pero da lo mismo, sobre todo porque gran parte es falsísimo— aunque quizá lo más sencillo sería ir a por lo fácil.

Steven Seagal: Lawman

La simple idea pudo hacer suspirar a muchos ante las capacidades del coletas en su actual informa física, la realidad era que ya llevaba siendo ayudante en reserva con su… ahm… habitual seriedad. Precisamente la distancia entre lo que está pasando y lo que él debe pensar que está pasando hace esta serie alejada de COPS y facilitando que el enorme Alan Sepinwall dijera que era la cosa más divertida que había hecho desde el discurso final de En tierra peligrosa. Y no es para menos, para el final de la temporada la asistente de Seagal le había demandado por cosas que iban desde acoso sexual a tráfico de mujeres, otros problemas se fueron añadiendo a lo largo de la segunda y la tercera, ya gravada, aún no ha visto la luz.

Armed & Famous

Parecía bastante obvio que una estupidez sólo podría superarse por otra mayor de manera que la CBS decidió reunir a algunos famosos y pseudofamosos como La Toya Jackson, Erik Estrada o Jason Acña, el Wee Man de Jackass, darles algo de entrenamiento policiaco y lanzarles a las calles. Bueno, la verdad es que la cadena canceló bastante antes pero os podéis imaginar que les dio tiempo a hacer cosas divertidas como estas:

H8R

Nada mejor para terminar que los famosos que mediante este… ahm… eh… reality en que Mario López reúne a varios famosos con gente anónima que les critica en la red para que los primeros traten de convencerles de que su odio está mal enfocado. Para ello hacían exhaustivas búsquedas en Internet entre los Una idea tan descabellada que parece de Aaron Sorkin, o del Jay & Silent Bob contraatacan de Kevin Smith… Una vez más fue cancelada antes de tiempo y nadie ha visto aún los episodios que quedan. Una lástima, sí…

La verdad es que cuesta dejar a los famosos, pero ya va siendo hora de hacer transición entre los famosos y los concursos. Lo más sencillo sería usar algo como Kill Reality! pero no tenemos tiempo para hablar de un concurso espantoso que mezcla la grabación de una película con un registro de convivencias… Así que vamos a pasar a algo incluso peor.

Secret Talents of the Stars

La idea original era hacer el clásico concurso de talentos pero con famosos. Ah, cuántas cosas extraordinarias podrían hacer durante estos capítulos. Por ejemplo:

Si habéis sido capaces de verlo bien, si no, jamás sabréis que hay una grabación de George Takei tocando el banjo que justificaría cualquier cosa que le pasara. Y no fue el único desastre. De hecho, tras la emisión del primer episodio fue fulminada de la parrilla. ¡Ah, tantos famosos se quedaron sin poder demostrar su valía!

Pero esto nos da el pase a la sección de concursos. Originalmente había pensado en poneros algo tan ridículo como Touch the truck — imaginad, un concurso de ganar un camión siendo el último en dejar de tocarlo, ¡emitido en televisión! — pero hay cosas más divertidas. Pongamos por caso…

The will

Una herencia, una familia, la búsqueda de la riqueza y un testamento… ¿Poner a toda una familia a pelearse por un testamento no es algo inmoral? Bueno, pues si la cadena se dio cuenta sería después de emitir el primer y único capítulo que vio la luz de esta… cosa…

Man vs. Beast

Por contra aquí luchan humanos contra bestias. Literalmente. Bueno, vale, quizá no es luchar, luchar, es más enfrentarse. Campeones de comer perritos contra osos o corredores contra jirafas, cebras y chimpancés…

Lo que podría haber sido una curiosidad descendía peldaños por los intentos de presentarlo como algo serio y sensato con pretensiones educativas. Si hubieran incluido explosiones lo podrían haber vendido a Cazadores de Mitos, pero no.

Aunque si esto os parece tonto deberíais ver todas las variaciones posibles que se hicieron de The Bachelor, o, al menos, los más ridículos. Por ejemplo:

Boy meets boy

Cuando Bravo decidió hacer una versión del programa sólo con chicos gays la cosa no parecía que fuera peor que el original. Pero, claro, aún no habían contado que parte de los participantes eran… bueno… heteros de pago. No ese tipo. Heteros a los que se les había prometido una recompensa si eran elegidos. CLaro que el resto de participantes gays tampoco lo sabían. Los espectadores sí, claro, porque al final de cada capítulo se revelaba. Si le añadimos asuntos como concursantes militares que eran expulsados del cuerpo al hacer pública su orientación.

En realidad no es nada que otros programas como Playing It Straight —Una mujer debe encontrar el amor entre una variedad de candidatos, gran parte de los cuales son gays — o Gay, straight or taken —Una mujer debe elegir entre tres pretendientes, gana si elije al hetero soltero, pierde en cualquier otra situación— pero por lo menos estos lograron emitir una temporada completa, que ya es.

The Littlest Groom_

Esta es casi autoexplicativa

Sí, la FOX es lo que tiene. Coge el mismo concepto de The Bachelor y deja las mujeres de tamaño real para poner en el centro a un enano, discapacitado verticalmente o como sea que se les llama de manera políticamente correcta. Os puede parecer peor o mejor pero no cabe duda de que es la FOX.

Mr. Personality

De este no hay vídeo pero sí hay imágenes. Y es que nada sorprende más que un programa centrado en que la chica elija por la personalidad. No por el transfondo o el físico. ¿Y cómo se puede evitar esto? Pues…

Efectivamente, con máscaras. En una especie de The Bachelor: Latveria con la mayor cantidad de imitadores del Dr. Muerte que se pueda encontrar en televisión y el consejo de esa chica de negro que tenéis ahí: Monica Lewinsky. Sí, no acabo de entender cómo es posible que no quede rastro de esta idea tan obviamente de FOX. Y hablando de la FOX

Joe Millonaire

Si ya parecía malo Who wants to marry a multi-millonaire?, con todas sus disputas alrededor, la creación de Joe Millonaire logró darle una vuelta más. Ya no se trataba de un grupo de chicas detrás de un soltero de oro. Ahora era un grupo de chicas detrás de un soltero de oro que, en realidad, era un tipo de clase media —y ex-modelo de bañadores, pero en fin— lo que le sirvió para armar cierto revuelo y, a la vez, volatilizar la posibilidad de éxito de sucesivas ediciones, aunque no se puede decir que no lo intentaran…

My Big Fat Obnoxious Fiance

Vamos con un cambio más. Dos personas que no se conocen tienen que convencer a sus familias y amigos de que se van a casar, si lo logran sin que nadie se interponga o proteste sacarán un rendimiento económico. Por desgracia para la chica de la pareja el otro es, en realidad, un actor. De hecho, toda su familia son actores y todos, especialmente él, tienen la intención de ponérselo lo más difícil posible, saboteando desde dentro la historia y portándose de la más insoportable de las maneras.

[Con un par de minutos vale, eh, que luego os enceláis]

De nuevo funcionó la primera vez, de nuevo la pobre chica logró sacar el premio y, de nuevo y como no podía ser de otro modo, era un programa de la FOX. ¿Pero qué le pasa a esta gente en la cabeza? —Podríamos haber añadido otro reality de la misma cadena, Married by America, un programa en el que las votaciones populares deciden quién tiene que salir con quién, pero vamos a no hacernos demasiado daño—

Y vamos a dejarlo ya, mencionaré sólo de pasada Megan wants a millionaire en el que la chica —exconcursante de reality — decide entre varios candidatos posibles (y con posibles) pero que fue cancelado al descubrirse que uno de los candidatos había… bueno… asesinado a su mujer. ¿A quién no le ha pasado alguna vez? Y no, tranquilos, no era el elegido. Era el tercer puesto. Pero qué le vamos a hacer, esto es lo que pasa cuando uno tiene que valorar a la gente.

Hablando de lo cuál, ¿nos fijamos un rato en lo físico?

The Swan

Si bien Bridalplasty —el reality de hacer cirugía estética a mujeres que están a punto de casarse— parecía una clara candidata parece que la anterior y más genérica The Swan podría merecer esta mirada externa. Y es que un programa en el que varias mujeres compiten para hacerse operaciones e ir mejorando no parece precisamente algo muy sensato tuvo cierto éxito. Quizá por insistir en la idea de que con autoayuda y operaciones todo era mejorable. Quizá porque la cadena era FOX.

En cualquier caso el paso lógico tras esto era un programa de limitado éxito y presentado por Lorenzo Lamas

Are you hot?

Que la verdad es que no tenía mucha dificultad. Salía la gente, los jueces votaban y.. ahm… ya esté. Bueno, Lamas estaba por ah´para hacer comentarios llenos de sabiduría, claro.

Estaba claro que hacía falta un giro para hacerlo más interesante aún así que… ¿Por qué no convertirlo en una competición más directa?

Hotter than my daughter

Es un programa inglés en el que algunas madres deciden que son más peligrosas que sus hijas y van a por todas. Pero todas todas…

Al final ambas se colocan juntas con los trapitos y secretos de belleza del día y se pide al público presente que decidan quién está mejor, ¿la madre o la hija? Muy poco digno.

Claro que podría ser peor si fueran para el lado contrario, hacia My 600 pounds life que como su propio nombre indica es un reality de gordos.

Que a su vez es algo comparable a los horrores que presentan My strange addiction con sus personas compulsivas, desconcertantes y —en líneas generales— bastante asquerosas y los extraños fetiches de Strange Sex que lleva a la gente a Sexual Healing el programa sobre ayuda sexual que parece… de tanta ayuda… un motivo tan bueno como otros para que termine la cosa en…

Cheaters

Un grupo televisivo que investiga a gente que engaña a sus parejas, con cámaras ocultas y confrontaciones en directo. Una evolución del programa de Jerry Springer, que no tardó en dar lugar a versiones amateurs que armaron líos —el clásico dar ideas — y, por supuesto, acabaría causando algo más peligroso.

El presentador acabó siendo apuñalado —no de gravedad, nunca hay tanta suerte— lo que demuestra que estamos de nuevo llegando al final del barril.

Llegamos al final de nuestro pequeño repaso con los docu-realities que pretenden ofrecernos una versión documental de algo suficientemente sensacionalista como para interesar a las televisiones, de ahí programas como Amish in the city — que sigue a los adolescentes amish en su estancia en la ciudad antes de decidir si se integrarán en su comunidad — o 1000 formas de morir —ejemplo de la entrada de Spike en esto con una recreación de muertes reales tan poco creíbles que lo raro es que no saquen otro programa para demostrar las posibilidades— aunque el premio se lo lleva la deriva del canal Historia al que el éxito de El código Da Vinci pilló a contra mano, y en lugar de hacer documentales haciendo un repaso a lo que había de cierto decidieron ser algo más… libres… en su interpretación. De ahí a repasar la Biblia había un paso y desde ese paso pudieron llegar todas las formas amarillistas de superchería, desde las profecías revisadas en Nostradamus Effect hasta…

Ancient Aliens

Efectivamente, los extraterrestres. En su loca carrera por sacar ideas extrañas lo mismo le daba al canal Historia que fueras ángel u hombrecillo ver… gris. Pero, eh, esta por lo menos tenía una finalidad histórica. Sí. Es decir, si aceptamos como histórico repasar la historia y decidir interpretar algunos de sus datos para que cuadre la teoría de que estuvieron implicados astronautas antiguos integrando así en la historia de la humanidad las visitas alienígenas. El tipo de cosas que los historiadores harían, claro.

Este es el nivel real y actual de este canal centrado en contarnos los sucesos de nuestro pasado. Y si lo comparamos con la situación actual de TLC aún han tenido suerte. Pero si de verdad queréis saber cuál es el reality que más se merece que hablemos en esta columna final de él que sepáis que os he guardado para acabar la mejor historia de todas.

Welcome to the Neighborhood

Tranquilos, aquí no toca vídeo. No toca porque estamos ante un caso realmente excepcional en esto no ya de los realities sino de la televisión en general. La idea era mostrar las reacciones de un barrio mayoritariamente WASP —es decir, de blancos protestantes— ante la llegada de un grupo de extraños, la idea es que esos mismos vecinos blanquitos decidieran al final de la temporada a qué vecinos querían conservar de entre los hispanos, los asiáticos, los negros, los gays, los paganos, los white trash o una familia cuya madre es stripper.

Según se emitió el piloto y un par de capítulos a los críticos televisivos y un par de asociaciones de derechos —con la idea de que estas asociaciones de minorías estarían encantadas de poner al descubierto la hipocresía de los barrios residenciales— empezaron a escuchar cosas malas. No sólo el veredicto fue que era muy flojo y bastante estúpido, además la mayor parte de asociaciones anunciaron acciones de protesta por los estereotipos. Prácticamente sólo la GLAAD, la organización pro-derechos homosexuales, anunció que apoyaban con ciertas reservas la idea global que intentaba trasmitir la serie. Y estos eran los más favorables. ¿Resultado?

La serie jamás llegó a emitirse.

Aún hoy sigue encerrada en algún armario, alguna caja o el equivalente en una televisión al almacén de Indiana Jones. Sólo los ejecutivos y aquellos que acudieron a los pases de prueba la han visto. Y es que eso puede acabar siendo, finalmente, lo mejor que le pase a uno de estos Relities Infames, porque una cosa es fallar y otra convertirse en leyenda.

¿Qué mejor forma de cerrar la sección y terminar de una vez con Agosto que acompañandoos mientras cerramos la puerta de esta cripta televisiva? ¡Adiós a todos, y recordad, la realidad nunca se interpone en un buen Reality! ¡Nos vemos de nuevo la semana próxima! ¡Si logramos salir de aquí! ¡NYA-HA-HA!