Jelly Baker para Romana

Tras todas las controversias de la temporada 14, la BBC, en la figura de su Jefe de Seriales, Bill Slater, decidió sacar a Philip Hinchcliffe como productor y sustituirle por alguien más manejable, Graham Williams, aunque Robert Holmes conservaría aún durante la mitad de la temporada su puesto como jefe de guionistas. Esto vino acompañado con la llegada de Graeme McDonald al puesto de Jefe de Seriales, un profesional decidido a distanciar ambas etapas y con las ideas muy claras. Es decir, con mucha tendencia a fiscalizar lo que Williams hacía y meter mano. Lo que no acabó de venirle mal a la serie porque, si algo demostró Graham Williams durante su mandato es que era un jefe débil, emparedado entre el enorme éxito al que se había elevado la serie, las constantes quejas de Mary Whitehouse y los suyos, las directrices de la cadena y un actor principal que se estaba desbocando por momentos.

Por si esto no fuera suficiente, la temporada 15 empezó de la peor de las maneras posibles, con un primer serial eliminado de un plumazo. Se trataba de The Vampire Mutations, obra del colaborador habitual y ex-jefe de guionistas Terrance Dicks, que tenía una temática vampírica que la BBC consideró no adecuada por tratar de apartar la idea de la época anterior y por la producción de una miniserie sobre Drácula que la cadena estaba preparando. De manera que hubo que encontrar una sustitución rápida.

Por suerte Holmes y Dicks tenían suficientes tablas como para solventar la papeleta, y de la misma manera que el segundo había obligado al primero a poner la acción en un castillo medieval hacía cuatro temporadas, aquí sería el segundo el que tendría que tomar como buena la idea de hacer un pequeño drama en un faro, con pocos personajes y una mortalidad enorme —basándose en el poema de Wilfrid Gibson Flannan Isle — e, incluso, se permitirían la humorada de usar a los mencionados peores enemigos de aquellos Sontaran del castillo medieval, los peligrosos Rutan. La situación les puso a todos a prueba, incluso a Tom Baker y Louise Jameson, la salvaje Leela, que se habían pasado enfrentados los tres seriales de la temporada anterior ante el convencimiento de Baker de que era un personaje demasiado agresivo y que la serie ganaría si fuera sólo de él, sin acompañantes, porque Leela era sólo algo puesto para endulzar a los padres el visionado conjunto de la serie. Así que Jameson, cansada de soportarle, decidió poner las cosas claras; algo que sirvió para ganarse su respeto. Aunque para ella las cosas siguieran sin ser fáciles.

— Éste sería, años más tarde, en una repetición de la PBS, el programa interrumpido por una emisión pirata que parodiaba Max Headroom. —

Para el siguiente serial no hubo tanto éxito. Mientras, McDonald buscaba un jefe de guionistas para sustituir a Holmes y acababa decidiéndose por Anthony Read, que aún tardaría un par de seriales en poder tomar el mando. De manera que ahora tocaba acercarse a la miniaturización en The Invisible Enemy, un serial en el que una extraña enfermedad ataca al Doctor, lo que hacía necesario un proceso de miniaturización —siguiendo los pasos de Viaje alucinante— que sería más recordado por incluir la primera aparición de un nuevo invento para infantilizar la serie: el compañero robótico canino K9. El tipo de personaje limitado y polarizador que, sin embargo, demostró ser un éxito con los niños. De manera que su éxito le consiguió un puesto entre los companions del Doctor, mientras que el equipo técnico y los actores tenían que soportar los problemas para conseguir que el ingenio funcionara como era debido.

Mientras este dog ex machina se iba mostrando, la historia se desarrollaba dejando claro lo que pensaban de Leela los guionistas, al establecer que ella no tendría problemas porque esta enfermedad sólo ataca a la gente inteligente. A lo que ella no da más importancia, afirmando que ella sabe bien quién es. A lo largo de la temporada, Leela se reafirmaría no en un barbarismo sino en una aproximación visceral y, también, más sentimental. Se iría viendo una relación afectuosa con K9 y la propia TARDIS que mostraría a su personaje, no como contrario al progreso, sino como convencido de que el instinto debía primar sobre la razón.

La última historia creada bajo supervisión total de Holmes sería una que podría haber entrado en la etapa High Gothic, que trataban de eliminar, más que en este High Camp que estaban construyendo. En Image of the Fendahl, Chris Boucher presentaría el enésimo reconocimiento a Quatermass & the pit con un grupo de científicos que descubren algo inesperable. En este caso una calavera en la que parece vivir alguna presencia —que, al ser esta la serie que es, se limita a ser extraterrestre— que les iría contagiando. Todo ello mientras Boucher se iba ocupando del cargo de una serie que estaban preparando para lanzar en ese mismo momento, Blake’s 7, de manera que, Holmes primero y a su marcha Read, tuvieron que darle un par de pulidas. Por cierto, el Jefe de Ficción de la BBC, Ronnie Marsh, prohibiría que en el futuro las dos series pudieran intercambiar guionistas. Así que Boucher nunca regresaría a la serie.

Robert Holmes, por su parte, entregaría su puesto como Jefe de Guionistas con el siguiente serial, The Sun Makers, uno de los mejores de le etapa Baker porque lograba evitar el tono gótico, que tantos problemas les había traído, cambiándolo por una aventura que traía el trasfondo metafórico propio de la época de Dicks y Letts, junto con el humor que en un par de años caracterízaría la serie. Todo ello porque el capítulo aludía a algo muy concreto: el alza de los impuestos que estaban viviendo en aquellos años los británicos.

En gran parte es, pues, una sátira sobre los burócratas de Hacienda, en el fondo aún más sutil por sus malvados, especialmente el Collector de la raza de los Usurianos , que ha encontrado una forma de esclavizar a otras razas no a través de la fuerza bruta sino de la economía, tal y como deja claro el que puede ser el su intercambio más directo con el Doctor.

Doctor: ¡Tú, sanguijuela chupasangres! No pararás hasta que no domines toda la galaxia, ¿verdad? ¿Es que no te parece que el imperialismo comercial es tan malo como la conquista militar?
Collector: Hemos probado la guerra, pero el uso del poder económico es mucho más efectivo.

El guión era satírico pero abría la puerta a un uso del humor en Doctor Who de manera general, algo que se llevaba evitando desde el final de la etapa Hartnell. De paso se servía una crítica con varias capas, pues se podría hablar también de una parodia en el trato de la Inglaterra imperial a sus colonias, un ejercicio de autocrítica que sirve también para contraponer al Doctor a estos extraterrestres, de manera que las habituales quejas por el paternalismo del personaje y su ejemplificación para justificar un clasismo entre los que saben y el resto, especialmente en estas aventuras con Leela teniendo que ser educada, se contraponía con las malas maneras de los invasores, que usaban un poder sutil para ahogar a los pueblos, explotándolos.

Hablando de Leela, Louise Jameson seguía sin estar contenta. Y con motivo. Puede que la actitud de Baker se hubiera relajado con ella, pero su papel seguía siendo poco menos que una excusa y, aun cuando lograba que le dieran un poco más de cancha o que su personaje pudiera tener razón en algunos casos —En The invisible enemy, por ejemplo, en un movimiento que evocaba a Barbara teniendo razón sobre el mal funcionamiento de la TARDIS y un reconocimiento a su instinto, pero no a su inteligencia —, y aunque al final no llegaran a matarla durante este serial, como inicialmente se pensó, sí que acabó convenciendo a Williams de que hacía falta un acompañante nuevo para el Doctor, a ser posible alguien de su mismo nivel, para tratar de bajar al actor de las alturas de sobreexposición y sobreactuación, además de cierta tendencia a la improvisación, que estaban empezando a causar fricciones entre ambos. Y a obligar a MacDonald a recordarle a Baker que, aunque fuera mayor que Williams, era este último el que estaba al cargo de la producción.

Mientras tanto terminó el año 77 y el puesto de Anthony Read como Jefe de Guionistas se hizo efectivo, siendo el siguiente serial Underworld, el primero en el que aparecería propiamente acreditado, aunque Holmes aún estaba por ahí durante los primeros preparativos. En esta historia se pensaba buscar inspiración en textos antiguos, una idea que a Williams le parecía especialmente buena al cambiar todas las películas de terror que se habían usado en años anteriores por una mirada a la mitología clásica, un tema más para toda la familia —ya, bueno, obviamente era una de esas versiones de la mitología clásica—. De manera que fueron a por Jasón y los Argonautas, en un acercamiento cercano al de la gran película con Harryhausen, pero dotándola de un aspecto futurista, al estilo de lo que sería tres años después Ulysses 31, con guiones de Bob Baker y Dave Martin, que regresaban a la serie en muy poco tiempo tras escribir The invisible enemy.

El grado de sutileza en la adaptación no fue cero, como de costumbre, sino un par de números por detrás, incluyendo al Doctor confundiendo el nombre del jefe de los expedicionarios, Jackson, y diciendo en su lugar Jason para, a continuación, explicar la explícita referencia a los argonautas. Claro que en lugar del Argo aquí tienen una nave llamada R1, aparece P7E por Perséfone que está en el inframundo, el Underworld del título, y muchas más referencias directas que incluyen a los Myneans .

Durante la producción también tendría lugar otro hecho, en apariencia no relacionado pero que acabaría revolucionando el mercado de la fantasía: el estreno de Star Wars —de soltera, ahora A new hope— en USA, que llegaría a UK en diciembre de 1977. El éxito hizo que Williams temiera que la gente comparase los efectos y decorados de manera desfavorable para Doctor Who, sin caer en la falta de presupuesto. Como podéis imaginaros, tardaron muy poco en quedarse sin pasta y empezar a realizar cambios creativos del guión y las localizaciones. Incluso llegó a plantearse terminar con este serial la temporada para ahorrar.

Sin embargo Williams quería una última historia, a ser posible una en la que pudiera recuperar The Deadly Assassin y, de paso, conseguir algo más de tiempo para convencer a Jameson de que no se fuera a final de temporada, como deseaba. Puede que pareciera difícil una producción más complicada que la anterior, pero si algo caracterizó el periodo Williams / Head fue un sinnúmero de desastrosas producciones con todo tipo de imprevistos.

Williams comenzó pidiéndole a Robert Holmes que escribiera él este serial, puesto que The Deadly Assassin era obra suya. Holmes, recién abandonado el puesto, sugirió que se encargara David Weir, que les ofreció Killers Of The Dark. Un serial que causó que Graeme McDonald pusiera el grito en el cielo por la inversión que necesitaba, incluyendo un estado lleno de hombres-gato. De manera que Williams y Holmes reescribirían entero el serial, que pasaría a llamarse The Invasion of Time, y presentaron una extrañísima historia en la que el Doctor abandona a Leela y aparece para reclamar su puesto como Presidente del Alto Consejo, para mostrarse pronto como un dictador bastante pasado de rosca que, encima, está en colaboración con una raza extraterrestre, los Vardans, para invadir Gallifrey. De paso Leela descubre que los Time Lords no eran la raza original de Gallifrey y trata de ayudar a los galifreanos originales a que se enfrenten al Doctor.

El resultado de la historia es interesante, sobre todo por los aspectos de la sociedad gallifreana que nos ofrecen, y que va acusando los diversos problemas de rodaje según pasan los episodios. Porque, por si no tenían suficientes problemas pese al recorte que había supuesto repetir sets antiguos de Gallifrey y de los corredores de la TARDIS, no contaban con la tradicional huelga de los trabajadores técnicos sindicados de la BBC; algo que era ya casi una tradición, pero que antes había tenido una incidencia menor en las grabaciones. Aquí se unió al encadenado de problemas, como que sólo se les concediera un día de grabación, algo que forzó a tener que hacer uso de los fondos de emergencia de la serie para realizar unas grabaciones extra en el reformado Hospital de St. Anne, con algunos decorados que lograron sacar de los estudios habituales. Por si fuera poco, el K9 usado como prototipo se terminaría de estropear. Y el ánimo de Baker ante todos estos problemas fue empeorando, algo que hacía que cada vez se desatara más en su interpretación. Sobre todo cuando el método decidido para solventar el final del serial fue separar los seis episodios en cuatro y dos, y que esos dos sirvieran no sólo para desvelar que el auténtico criminal tras la invasión era, en realidad, la raza Sortaran, sino que lo hicieron en un estilo cercano al slapstick en el que terminó de desmelenarse. Baker aprovechó, además, para repetir su idea de que le quitaran a los companions. Pero Williams no iba a darse por vencido. Decidió que al final de la historia tanto Leela como K9 se quedaran en Gallifrey. Incluso que Leela se casara con un Time Lord, el jefe de los guardias. En cuanto a K9, el original se quedaría con ellos mientras que al Doctor le facilitarían un K9 nuevo, el Mark II.

Dado que Jameson no quería regresar, Williams decidió aproximarse a Elisabeth Sladen, que aseguró estar muy ocupada para volver; así que decidió realizar una aproximación diferente, invirtiendo los papeles de esta temporada y sacando a Baker de la zona de confort habitual del Doctor: Su siguiente acompañante sería una Time Lord.

Se ha hablado en varias ocasiones de que sería Radan, la Time Lord que aparece durante Invasion…, la llamada a sustituir a Leela, un personaje fuerte durante los primeros cuatro capítulos e inexplicablemente —ahm— desmoronado a partir de ahí. Sea por esto, porque la actriz no podía o porque Graham Williams se lo pensó mejor, sería otra la llamada a acompañar al Doctor durante una temporada realmente particular.

Habiendo superado en audiencia a las etapas anteriores, Williams decidió asegurarse una manera de empujar a los espectadores a que siguieran los seriales, dándole un tema central a toda la temporada. La trama elegida sería la persecución de las diferentes partes de la Key to Time —que, por cierto, fueron construidas de forma distinta para que luego se pudieran juntar, en una reconstrucción al unirlas, haciendo que Williams tuviera que guardar las partes separadas para sacar cada día la que tocara y así no confundirlas—; esto proporcionó una unión temática en una manera mucho menos discreta de lo que había sido la aún reciente Temporada de The Master, aunque presentando también a un contendiente y, ya de paso, a un aliado. Aunque no tendrían por qué ser así.

Se trata de los Guardianes, el Blanco y el Negro, que representan el Orden y el Caos mientras se encuentran en una lucha eterna por el equilibrio. Eso es lo que le dice al Doctor al encontrarle durante el primer serial, The Ribos Operation, en la que le encomendaría esta tarea, le advertiría contra el Guardián Negro y le facilitaría la ayuda de la Time Lord Romanadvoratrelundar, conocida como Romana.

Romana sería interpretada por Mary Tamm, una actriz notablemente elegante —y, si se me permite, atractiva— que daba perfectamente la idea de una Time Lord que deja por primera vez Gallifrey para ayudar al Doctor. Originalmente concebida bajo el tropo de la Ice Queen, a lo Grace Kelly, rubia y vestida de blanco, lo primero se terminó con el casting y lo segundo lo destruyó Baker que, pese a llevarse razonablemente bien con Tamm, se quejaba de la excesiva luminosidad de su vestidos blancos. A pesar de esto, la idea de su superioridad frente al Doctor se mantenía, teniendo en cuenta que, además, la preparación de ella es muy superior a la de él, como se nos dice en varias ocasiones. De manera que ése era el reto: ponerle una acompañante que no sólo es una igual desde un punto de vista intelectual, sino que además es de su misma raza y posee, por tanto ,unos recursos y conocimientos que no podría tener una acompañante humana, ni siquiera la Doctora Liz Shaw.

De esta manera se obligaba a Baker a trabajar de una forma diferente, y además se ofrecía otro punto de vista sobre el clasismo del Doctor y su situación como una figura contestataria. Así, ambos quedan claramente retratados una vez más como una suerte de überaristócratas galácticos, gente con los recursos suficientes para no tener que preocuparse por el día a día, pudiendo dedicarse a viajar despreocupadamente por el espacio. También con un conocimiento y una formación superior a la media, que le permitiría mirar desde su elitismo al resto de razas de la galaxia. Este sería el papel inicial de Romana, el de una aristócrata fría que no acaba de entender qué es todo esto o por qué debería respetar al Doctor, que siempre ha sido un excéntrico entre los suyos. Y un rebelde: El Doctor se había largado de su planeta en cuanto tuvo la oportunidad y, aunque agente de los suyos si la situación lo requería, no había dudado en oponerse a sus planes si así lo veía necesario.

Las mismas historias que habían permitido profundizar en la civilización de los Time Lord nos los habían mostrado como gente con las mismas debilidades de los humanos, y no ya sólo aquellos Time Lords que el Doctor se había ido encontrando a través del tiempo como The Monk, Omega, The War Chief o The Master, sino la globalidad, tal y como se demostraba en The Deadly Assassin. No significa esto que sea una raza maligna ni indudablemente corrupta, pero sí que es una visión menos halagüeña de la misma de lo que podía esperarse siendo la del héroe.

Así que ahora tenemos a dos miembros de la misma especie —y al K9 Mark II— en una búsqueda a lo largo del tiempo y el espacio de las seis partes de una poderosa arma que lleva al equilibrio entre el Caos y el Orden y del que depende el destino del Universo. Algo que permitía a la vez darle un estatus moral al Doctor en lugar de depender de su propia moralidad y su libre albedrío, de la misma manera que compararle con un compatriota servía para poner de relevancia su rebeldía. Una de las primeras ideas de Graham Williams al llegar al cargo que, por falta de tiempo, tuvo que dejar para su segunda temporada al mando.

Williams también acordó con Head que fuera un serial limitado: Una vela iría derritiéndose para indicar el tiempo que faltaba para que el Caos se apoderara del Universo. Eso dejaba claro que su función como agente del Guardián Blanco no sería un nuevo estatus, como lo fue su encierro en la Tierra con Pertwee, sino algo temporal —nunca mejor dicho— a lo que, además, ponía presión el que se fuera consumiendo la vela.

El primer serial, en el que todo esto sería expuesto, se nos presentarían varios nuevos personajes — Romana, El Guardián Blanco, K9 II— e incluso alguno sólo mencionado — El Guardián Negro — a la vez que desarrollaban una historia completa que terminara con la consecución del primer fragmento. Por todo esto necesitaban un guionista que conociera al personaje, que tuviera muchas tablas y que entendiera los problemas de producción. Así que no pararon hasta lograr que Robert Holmes volviera a escribir para la serie, menos de un año después de haber dejado el puesto de Jefe de Guionistas, con lo que seguiría en la órbita del programa sin abandonarlo del todo, como ya había hecho Terrance Dicks.

Mientras tanto Williams recibía la primera advertencia de MacDonald: quería que redujera el nivel bufo de la serie tras el final cómico de la anterior temporada, con esas persecuciones dentro de la TARDIS al más puro estilo Scooby Doo. Le pidió que buscara un punto intermedio entre toda esa comedia y el horror gótico de Hinchcliffe.

Para añadir más problemas, Baker estaba tratando que el perro de uno de los actores hiciera un truco y acabó siendo mordido por éste —el perro, no el actor— en la cara, por lo que tenía que llevar maquillaje para ocultar la herida.

Pese a todo lograron grabar este The Ribos Operation, que era la primera parte de la búsqueda, con un planeta que tomaba la ambientación de la Rusia medieval para contar una historia de timadores.

En el segundo se enfrentarían, dentro de The Pirate Planet, a un grupo de piratas que usaban un planeta movible para saquear las reservas minerales de otros planetas. Mientras el Doctor y Romana buscan en el planeta la segunda pieza, los piratas se plantean asaltar la Tierra. Pero no os preocupéis, porque éste es otro capítulo que, pese a las quejas de MacDonald, tiene un trasfondo humorístico. Y es que no podía ser de otra manera.

Interesado desde pequeño por la escritura y la comedia, colaborador brevemente del Monty Python’s Flying Circus, guionista en donde podía, el escritor de este capítulo había empezado a enviar guiones hacía años, pero el entonces Jefe de Guionistas, Robert Holmes, le había respondido que no encontraba adecuado el tono o la historia, pero le animaba a seguir enviando material por el buen nivel de su escritura. Y eso hizo: incluso después de haber logrado su propio radioserial en la BBC enviaba material, ahora para Anthony Read, que encontró no solo un material muy sólido sino más adecuado con la dirección en la que él y Graham Williams querían enviar al Doctor. Así fue como se convirtió en guionista de la serie Douglas Adams, sin abandonar su Guía del autoestopista galáctico.

Adams llegó con un montón de ideas, desde aventuras sencillas como esta diversión con piratas a creaciones más complejas que incluían alegorías sobre la adicción o exploraban las relaciones exteriores de los Time Lords. De momento empezaría por ésta, que reuniría algunas de las ideas anteriores, aunque todas sus obligaciones hicieron que se retrasara la entrega del guión. Si tenemos en cuenta que la escritura de Adams estaba especializada en la radio, podemos imaginar la clase de ideas sin reparar en el presupuesto que incluía su guión y que, junto a todo el humor, hicieron reaccionar a Graham MacDonald, quien recomendó desecharlo. Pero Graham Williams estaba de baja tras partirse la pierna en unas vacaciones en Madeira y había dejado a Read al cargo. Él, junto al director del serial, Pennant Roberts, que había sido director también de The Sun Makers —y aprovecho para disculparme por no prestarle más atención a los directores y la parte más visual de los seriales—, se aliaron para modificar el serial y convencer a MacDonald de que lo aprobara, incluyendo la falta de recambio para tenerlo en la fecha requerida, hasta que acabó cediendo.

Mientras las huelgas seguían y la producción tenía que usar técnicas paralelas para continuar, aprovecharon para buscar una justificación a la herida de Baker dentro de la historia, logrando así un serial de éxito moderado pero que les permitió empezar a colaborar con Douglas Adams.

Para complacer a MacDonald, el equipo pasó a un tercer serial que recordaba los tiempos de Hinchcliffe —no, Williams parecía no entender que se buscaba un punto medio— en The Stones of Blood. Una historia más oscura que mezclaba la búsqueda del tercer fragmento con un culto aparentemente druídico, idea de un nuevo guionista: David Fisher. Se decidió incluir un par de personajes femeninos fuertes más —algo que habían hecho ya en alguna vez antes, en The invasion of time, por ejemplo, con el resultado que todos conocemos— y le daba un par de vueltas a los agentes de destrucción, especialmente la raza extraterrestre de la semana, los Ogri, que junto a la Megara sirven de enemigos principales del serial. Para evitar problemas se decidió filmarlo en localizaciones, en Warwickshire.

La aventura, por cierto, suponía la número 100 para el Doctor, por lo que se pensó en una escena en la que K9 y Romana le llevaban una tarta para celebrar su 751 aniversario y le hacían regalos —fundamentalmente una bufanda idéntica a la que ya llevaba—. Pero al final Williams decidió eliminarlo por verlo como un añadido innecesario. Eso no impidió que la tarta, que ya estaba encargada, llegara al rodaje, recién acabado, para alegría de todo el equipo, que pudo celebrar ambas cosas.

La siguiente historia fue una idea de Fisher y Head para trabajar juntos según terminó el anterior serial, así que se pensaba en éste para el quinto serial, pero después de que el previsto Shield Of Zarak de Ted Lewis se cayera por motivos personajes tuvieron que adelantarlo. Esta rapidez en la producción volvió a enfrentar a MacDonald con Williams por el tono paródico y por la falta absoluta de sutileza que suponía The Androids Of Tara, una adaptación bastante descarada de El prisionero de Zenda, especialmente en una primera versión que pretendía llamar así el planeta. El nombre fue lo único que logró cambiar MacDonald, porque con las prisas se mantuvo el estilo ruritano, que esperaba haber cambiado a un art decó o cualquier otro que remitiera lo menos posible al libro y la película.

La quinta historia sería igualmente problemática en inicio. Había desde el principio un hueco en el quinto serial sin que Williams o Read se decidieran por nada. Para colmo, la idea de adelantarlo con The Androids Of Tara para darle tiempo a que Ted Lewis completara la cuarta aventura acabó siendo igual de problemática porque Lewis era incapaz de actuar. Así que tuvieron que recurrir una vez más a Robert Holmes para que creara una aventura rápidamente, advirtiéndole de que MacDonald estaba muy enfadado tras el serial anterior, que además de poco original estaba lleno de humor, aconsejándole que tuviera cuidado con el tono. También le sugirieron algún tipo de enorme bicho que fuera algo no visto antes en Doctor Who. De ahí salió The Power Of Kroll.

En esta ocasión el problema lo dieron los actores contratados para la historia, quienes, por diversas razones, iban cayéndose de la producción. E incluso Graham Williams volvió a enfermar y durante semanas tuvo que delegar el mando en Read y el jefe de producción, John Nathan-Turner. Y eso incluso antes de que el equipo de producción se diera cuenta de que habían encargado una pintura especial resistente al agua para caracterizar a los Swampies pero se les había olvidado encargar el desmaquillador específico para eliminarla.

Como si no hubiera suficiente, Mary Tamm se quejaba de que su personaje no tenía suficiente relieve, que no evolucionaba, y se negó a renovar para la siguiente temporada. No era la única del equipo en querer distanciarse: el propio Anthony Read estaba cada vez más harto, pese a haber pasado sólo un año y medio en el cargo, y acariciaba ya la posibilidad de dejar el cargo de Jefe de Guionistas en otras manos. Sobre todo con todas las veces que había tenido que suplir a Williams y sufrir a MacDonald. Todo lo cuál se acabó combinando cuando Baker empezó a quejarse más de los intentos de contenerle que hacía Williams, facilitando una escalada en la guerra entre el actor y el productor. Esto terminó con Baker yendo a hablar directamente con MacDonald y el jefe de éste, el controller de la BBC Bill Cotton, para exigirles control total en todos los aspectos artísticos y técnicos, así como la destitución de Williams.

El enfado de MacDonald fue —se cuenta— épico. Harto de la actitud de Baker, de sus sobreactuaciones y los problemas con acompañantes y equipo técnico y artístico, le ordenó a Williams que le despidiera de una vez. Parecía que había llegado el momento de empezar a buscar a otro Doctor, sólo que… cuando Williams pasó a comunicarle su despido a Baker, se encontró con que el actor se había largado del rodaje dejando una nota en la que anunciaba que dimitía.

Y aún quedaba un serial para concluir la historia.

Que no es que yo diga que fueron unas temporadas complicadas, es que les pasó de prácticamente todo.

Así que… nos queda un serial para terminar la temporada pero ya podéis imaginar que esta historia, pensada desde el inicio y concebida para cerrar el arco, con prácticamente todo el mundo decidido a largarse mientras las cifras de audiencia decían que era una locura no continuar con la serie. Así que… ¿qué pasó? La respuesta era… The Armageddon Factor.

Qué apropiado, ¿verdad?

En la serie aparece el Black Guardian, que había estado acechando al Doctor antes de que éste, Romana y K9 logren encontrar la última pieza de la Key To Time. El lugar es el planeta Atrios, en guerra con sus vecinos de Zeos, pese a los intentos por parte de la Princesa Astra para acabar con ella.

Bob Baker y Dave Martin, los Bristol Boys, habían sido llamados de nuevo para escribir el gran final. En éste un nuevo planeta aparecido entre los dos mundos, con un extraño dentro llamado The Shadow, había sido la más reciente causa de bronca interplanetaria. Y no era la única bronca, porque Bob Baker y Dave Martin habían decidido separarse tras escribir este último guión.

Pero, como siempre, había que retocar cosas, hacer más asequible el resultado, y para ello tuvieron que ponerse Anthony Read y la persona a la que había elegido para sustituirle como Jefe de Guionistas, que vería esto como un entrenamiento intensivo para empezar con el cargo a partir del año siguiente: Douglas Adams.

Para interpretar a la Princesa Astra se buscó a una actriz de origen aristocrático, Lalla Ward, la Honorable Sarah Ward, hija del séptimo Vizconde de Bangor. Inmediatamente cayó bien a todo el equipo, incluso a Tom Baker. Parecía el único descanso que el armagedón interior se iba a tomar, porque sonaban anuncios de otra huelga que tenía visos de acabar destruyendo el final de la temporada.

Graham Williams, el único que no tenía intención de marcharse, empezó a reunirse con gente. Logró que Baker accediera a completar la serie, se reunió con Tamm para que clarificara su partida, dio el visto bueno a Adams como nuevo Jefe de Guionistas y a los cambios al guión de Baker y Martin y se reunió también con Ward para hacerle ciertas proposiciones.

Baker empezó a buscar también una solución y comenzó aceptando la posibilidad de volver el año siguiente, sobre todo si se marchaba Tamm y le dejaban solo. En su defecto, admitía un acompañante del estilo de un loro o un robot. Cuando le recordaron que ahí estaba K9 volvió a echarse hacia atrás… Hasta que Williams le reveló lo que había estado hablando con Ward, con la que Baker tenía una química indudable: Podían hacerla su nueva companion.

Sin embargo Baker quería poder. Más aún, volvió a ponerse en contacto con Graham MacDonald para decirle que quería más poder y quejarse de Williams. Esta vez el que se hartó fue Williams, que pidió la destitución inmediata de Baker, quien al fin y al cabo acababa de igualar la larga estancia de Jon Pertwee en el papel. MacDonald decidió realizar una reunión entre los tres, al final de la cuál se llegó a un acuerdo de una tregua momentánea. Baker no consiguió nada. Williams tampoco, pero empezó a pensar en irse él. Y al final la solución fue…

El Guardián Negro había estado detrás de todo. Pero el Guardián Blanco no era mucho más de fiar, dado que parecía ser el Guardián Negro disfrazado. Quizá desde el mismo principio. Tener la Key to Time era tener demasiado poder. Sobre todo porque la sexta parte era la propia Princesa Astra. Destrozando la llave las seis partes vuelven a separarse; Astra regresa para dirigir a su pueblo. Allí se quedaría.

Mientras, el Doctor, para burlar al Black Guardian, había puesto la TARDIS en modo aleatorio, nadie sabría a donde iban. Él incluido. Como casi siempre. Y mientras Romana entraría en regeneración tomando, quizá por toda esta historia vivida, la forma exterior de la Princesa Astra. Y así volvían a ser Ella, Él y el Perro.


Marzo- Abrilesca Deathmatchesca Pilotosa

El año pasado los pilotos de marzo y abril fueron en total 32. Este año en ese mismo periodo se han hecho públicos 75. Buena parte de la culpa es, sin duda, de las nuevas tecnologías. Sólo Amazon ya es responsable de 14 pilotos de visión gratuita —aunque aviso ya de que con subs sólo en inglés— para todo el que se quiera acercar a ellos. A lo que se unen Netflix, DirectTV y demás, sin contar con canales que antes no tenían ficción propia como el canal History —bueno…— o que están usando 2013 para crear y expandir, como el Sundance.

En realidad esta pequeña introducción sirve más para explicar que, pese a esto, encontraréis algún piloto que no es de una serie de ficción, en ocasiones por tratarse de otro tipo de programa, como el magnífico Parts Unknown de Anthony Bourdain; en otras, porque no se ajusta del todo al concepto de serie, incluso a veces cuesta considerarlo más una miniserie que una tvmovie que se ha ido de duración. Por unos u otros motivos he considerado interesante hacer algún comentario al respecto, y aquí se han quedado.

Así que armaos de paciencia —al menos hasta que alguien invente un marcapáginas virtual—, recordad que las señales a la izquierda son los países de procedencia de las series —(AU), (CA), (NZ), (UK), (USA) y, por supuesto (OT)— y ya podéis poneros a ello porque, como digo siempre…

¡Que comience la lucha!

Alpha House (USA)
Que Amazon haya sacado 14 pilotos para que cualquier pueda verlos y votarlos ha llenado esto un poco de series —y eso que sólo ha puesto los pilotos de infantiles y comedias—, pero también ha servido para abrir las ganas de que continúen algunas. Aquí tenemos a John Goodman como protagonista principal de una serie sobre senadores republicanos en Washington, en parte una historia de compañeros de piso pero, fundamentalmente, una sátira política gracias a los guiones de su creador Garry Trudeau, el autor de la magnífica y veterana Doonesbury, que la dotan de enjundia. Confío en que la tengan rápido.

Anna And Katy (UK)
Programa de sketches ingleses con dos cómicas que lo que hacen no está mal, pero suena todo a un poco visto. Agradable y ya.

Annebots (USA)
Y aquí está el primero de los pilotos infantiles de Amazon; la idea en sí no es mala, o no necesariamente, pero el guión no es gran cosa y la animación es francamente penosa.

Barabbas (USA)
Ah, la semana santa. Ese momento para estrenar miniseries sobre personajes bíblicos francamente aburridos. Sólo para fans, si los hubiera, de Billy Zane.

Bates Motel (USA)
Una de las series más divertidas del periodo, debido a que se olvidan bastante del clásico de Hitchcock y nos montan una a la Pretty Little Liars, con algún ramalazo de Dexter, que no tiene miedo a ir sacando y quemando un giro loco tras otro. ¿Y para esto usan Psicosis de excusa? Pues sí, porque está claro que el final puede ser cualquier cosa, pero así ves cómo dibujan a Norman y, sobre todo, a su madre, una fabulosa Vera Farmiga que es al final la que se está comiendo la serie.

Betas (USA)
Seguimos con Amazon, esta vez con una comedia sobre un grupo de informáticos tratando de aprovechar la revolución tecnológica, las apps y todas esas cosas modernas que están de moda en internet; el resultado sigue la nerdificación de las comedias. Total, que tiene un pase y poco más.

The Bible (USA)
El gran éxito de audiencia de este año. Imaginad el año que llevamos. Es una versión de sólo los trozos más populares, quitadas todas las espinas y adaptados al público americano. Vamos, que es tan fiel como el Flan Chino Mandarín asiático.

Bluestone 42 (UK)
Mezcla de comedia con drama, o algo, sobre las andanzas de las tropas inglesas en Afganistán. No está mal, pese a todo, pero los intentos de hacerla más… contemporánea, la acercan a Generation Kill y les alejan de M*A*S*H.

Boston?s Finest (USA)
Docuserie que sigue al cuerpo de Policía y resto de Fuerzas de Seguridad de Boston. El timing de la emisión podría haber sido peor, quizá.

Broadchurch (UK)
Parece mentira la de series que llevábamos sin que ninguna fuera un noir británico de esos que tan bien se les da. Y ésta se les da especialmente bien. Con interpretaciones magníficas y ese estilo oscuro característico, incluso el arquetipo de detective británico torturado que el british noir lleva décadas explotando logra ser acertadamente interpretado por Tennant. Así que, discusiones sobre su resolución aparte, estamos ante una de las series más interesantes del año.

Browsers (USA)
De nuevo Amazon, en esta ocasión con el que puede ser el más fallido de sus pilotos cómicos. Un intento de serie sobre los trabajadores de una revista, perdón, de una web. Y si habéis pensado en otras comedias con revista podéis imaginaros que podría ser contemporánea suya, y no la mejor de ellas.

Burguer Land (USA)
El progresivo auge de las hamburguesas, siguiendo el esquema de enaltecimiento de un plato popular y barato en alternativas de alta gastronomía o, en su defecto, las llamadas premium —es decir, que te las pueden cobrar más caras—, junto al éxito de los travelogues dedicados a productos populares como el bacon. De manera que eso tenemos, un recorrido por USA visitando sus más populares establecimientos de hamburguesas. Y, francamente, el tema no da para tanto.

Burning Love (USA)
Creado originalmente como webserie para Yahoo, esta parodia de The Bachelor ha acabado captando la atención de las cadenas americanas; bueno, de las de cable, porque es E! la que ha producido su más reciente temporada, con Ken Marino (Party Down, Veronica Mars) como concursante. Y… bueno… pues eso. Una parodia. Poco más. Lo raro es que habiendo existido realities de búsqueda de pareja como el de Flavor Flav consideremos esto como la parodia.

The Challenger (UK)
Curiosa reconstrucción de la investigación realizada por Richard Feynman sobre la explosión del transbordador, con William Hurt en el papel del físico. Si no conocéis la historia no os perdáis la serie. Y si la conocéis… ¿Seguro que no queréis volver a verla?

The Check Out (AU)
Este peculiar programa australiano es, a la vez, un programa de defensa del consumidor y un espacio humorístico y satírico, en ocasiones ambas cosas a la vez. En un intento de modernizar los espacios de consumo y de atraer espectadores se logra una mezcla que acaba quedándose a medio camino de ambas, una lástima.

The Crash (UK)
Un grupo de jóvenes implicados en un accidente de coche y las consecuencias del mismo en ellos, su familia y sus amigos. Una exploración de lo inesperado y su efecto en una pequeña comunidad, mezclado con un Capítulo Muy Especial y, para mi gusto, excesivamente lacrimógeno.

Creative Galaxy (USA)
Lo que parece caracterizar las series infantiles de Amazon es un presupuesto que ronda, en apariencia, lo que hayan podido rescatar los autores de las rendijas del sofá. La historia en sí, típica de los productos para niños más pequeños, más cercano a un cuento animado lleno de reiteraciones y participación, probablemente podría funcionar para su franja concreta. El resto ni os acerquéis.

Da Vinci’s Demons (USA)
Esto es Dan Brown’s Aguila Roja. Que no es necesariamente malo: si te gustan las aventuras históricas con poco rigor y menos presupuesto, pero que NO tengan tema bíblico. es lo mejor que puedes encontrar en estos dos meses. Por lo demás, como la emite Starz, incluye con gran regocijo todo tipo de muestras de epidermis —incluso más que Águila Roja en serio—. Ustedes sabrán.

Dark Minions (USA)
Algo así como la serie de animación de entre los pilotos de Amazon, pero como no tenían pasta para todo el piloto emiten una cutrísima versión, mitad story boards, mitad animación. Dado que es bastante floja no creo que se llegue a ver nunca una versión más completa.

Defiance (USA)
Hagamos esta crítica en dos partes: Lo bueno de esta serie es que es un regreso a aquellos tiempos de las space operas de finales de los noventa y principios de los 2000 en las que una variedad de razas cohabitaban, conspiraban y se tolearaban. Lo malo es que hay poca originalidad de por medio: Farscape, Babylon 5 o Firefly son asimilados, la base argumental de Alien Nation y La Tierra: Conflicto Final aplicada y esquirlas de Eureka se cuelan entre la mezcla. Es poco lo que podemos encontrar original, sí. Pero eso no lo hace una mala serie. Ni el ceñirse a un pueblecito terráqueo, fórmula que tan desastrosos resultados tuvo en Terra Nova, hunde la serie. Tendréis que disculparme la tautología pero estamos ante una de esas series agradables si no se le pide mucho de entrada porque es lo que es.

Dude, That’s My Ghost! (UK)
Serie animada infantil de atareada vida, creada en Francia, emitida casi de tapadillo en UK y sin demasiada publicidad ni reconocimiento en ningún lado. Si no hubiera visto un par de capítulos hubiera jurado que jamás se realizó. No es gran cosa pero tampoco merece ser borrada de la existencia.

Endeavour (UK)
Dentro de las grandes sagas del policíaco inglés, una de las más veteranas es la de Inspector Morse, creada en el 87 y emitida hasta el 2000 basándose en los libros de Collin Dexter, es un resumen quintaesencial del mystery inglés con un insoportable y teóricamente culto inspector de policía. En ese año se lanzó su continuación, Lewis, en la que su tantas veces ayudante pasaba a tomar su lugar. Y, si bien esa serie continúa en la ITV, decidieron que había que recuperar a Morse. Como John Thaw dejó el personaje por motivos de salud —murió en 2002—, la respuesta fue este Endeavour, una precuela con los primeros casos de Morse, en una versión mucho más tolerable del personaje, que sirve para ofrecer una serie clásica y bien interpretada de obligado seguimiento para todos los fans de esta vertiente del policíaco.

The First Family (USA)
O, como a mí me gusta llamarla, Tyler Perry’s Los Obama. Tan banal como era de esperar en una serie que aprovecha la presencia de Obama para sacar una sitcom familiar, con el nivel de Malcolm & Eddie y las series noventeras de familias negras pero en la Casa Blanca. Algo que había hecho antes, con éxito similar, Corey en la Casa Blanca.

Golden Boy (USA)
Podría ser el ánime pero no hay tanta suerte, nunca la hay. En su lugar tenemos un pseudopoliciaco, pseudohistórico, sobre el ascenso al poder de un policía que está muy lejos de ser el L.A. Confidencial que la historia requería.

Hannibal (USA)
Una serie que parecía destinada a decidir el destino de Robert Greenblatt y que está como él, en un muro viendo para qué lado cae. Mientras la audiencia decide —es un decir, claro—, nosotros nos encontramos con la serie, otro de los encargos de la NBC a Bryan Fuller, salvo que esta vez la mano libre que le dan siempre en lo visual no estaba incluida en los guiones, de manera que tenemos una serie muy tradicional, pensada para atraer al espectador medio americano con restos de Mentes criminales o Dexter y uno de los aspectos visuales más impresionantes que se hayan visto en tiempos. Así pues, ¿compensa lo uno con lo otro?

Heading Out (UK)
Aburrida comedia inglesa sobre una veterinaria lesbiana que decide salir del armario ante sus amigos y familia. Se busca realista, es decir, resulta tan cotidiano como intrascendente.

Hemlock Grove (USA)
Interesante serie de fantasía con aspectos terroríficos que va avanzando en su locura a lo largo de sus capítulos. De muchas y variadas fuentes y homenajes, este trabajo de Eli Roth para Netflix ofrece un retorcimiento y unas interpretaciones —salvando a Famke Janssen— perfectamente adecuadas para la tormenta de serie B que estaban decididos a desencadenar.

How to live with your parents (USA)
La idea de que la crisis obliga a una persona a volver a vivir con sus padres lleva dos años siendo usada para hacer comedias espantosas. Ésta es la de este año y, demonios, es espantosa.

The ice cream girls (UK)
Un ejemplo de crimen en la memoria, o en el pasado, tanto da. Una profesora muerta y dos chicas que, con diferente resultado, se enfrentaron al sistema
judicial, reencontradas y enfrentadas años después a lo que sucedió en el pasado y entre ellas. Un argumento adaptado de un libro pero con enorme desgana, más cercano a una imposición ejecutada a regañadientes que a un producto de auténtica inspiración.

Inside Amy Schumer (USA)
La cómica americana se va abriendo paso a poquitos en el mundillo USA. De momento con esto ha logrado una de esas comedias de sketches parecida más a las de sus compañeros masculinos de Comedy Central que a las de antecedentes femeninas en USA y UK. Y poco más.

In The Flesh (UK)
Si las apuestas decían que esta serie iba a estar entre la francesa Les Revenants y esa R y Juliet / Warm Bodies / Diario de un adolescente zombie, el resultado ha acabado sorprendiendo. Con un punto de partida sorprendente, no tanto por la parte fantástica como por la actuación del gobierno en la ficción, logra ofrecer una propuesta a un tiempo dramática y reflexiva, muy densa, sobre la existencia y las relaciones humanas en todos sus aspectos: Amistad, trabajo, familia, amor… Una serie en la que puede costar un poco entrar pero que acaba mereciendo la pena.

It’s Kevin (UK)
Kevin Eldon presenta su programa de sketches cómicos. Empiezo a sospechar que este tipo de programas debe ser lo más barato que se haga en televisión porque aquí tampoco hay mucho que rascar.

Jack Taylor (OT) (Irlanda)
Iain Glen protagoniza esta adaptación, teóricamente como serie pero realmente una mezcla de adaptaciones/miniseries engarzadas, de las novelas de Ken Bruen. Historias policiacas con bastante de negro y sentido del humor acompañando. Una buena forma de tratar de diferenciarse de tantas otras series de este mismo estilo.

The Job Lot (UK)
Agradable comedia, y poco más, sobre una oficina de búsqueda de empleo. Sarah Hadland parece intentar convertir esta serie en algo más, y siempre es bueno ver a Russell Tovey.

The Lady Vanishes (UK)
Quizá alguno recuerde la película original en la que se basa esta miniserie. La adaptación de un libro a comedia de suspense por Hitchcock con Margaret Lockwood de protagonista, que a finales de los setenta ya remakeara Anthony Page a mayor gloria de su trío protagonista: Cybill Shepherd, Elliott Gould y la siempre encantadora Angela Lansbury. Teniendo en cuenta que esta no cambia nada, no busca darle una vuelta y tampoco las interpretaciones destacan especialmente. Ahora, si no conoces ninguna de ellas…

Lee Nelson’s Well Funny People (UK)
No.
Bueno, venga: Otro programa de sketches más. Quizá a alguno le haga gracia. Suponiendo un número ilimitado de universos alternativos posibles…

Lightfields (UK)
Es difícil decidir si esta serie es una continuación de Marchlands más que una versión de la misma. Intentan repetir la jugada con tres momentos temporales y un fantasma uniendo a las familias que viven en la casa pero algo, quizá el cansancio que supone intentar repetir el mismo truco, hace que no les quede tan bien.

Lovestruck: The Musical (USA)
Este telefilm parece la evolución lógica de las películas con canciones del Disney Channel, todo buenrollismo y magia: Una espléndida Jane Seymour interpretando a una estrella de Broadway metida a coreógrafa decide intervenir para impedir la boda de su hija con un italiano —un sentimiento comprensible—, pero la cosa empieza a liarse cuando bebe un tónico que la hace rejuvenecer hasta la edad de su hija, facilitando su plan y sin pararse a prever las consecuencias. Ex-actores Disney en un canal del grupo y, sin embargo, sospecho que será un éxito.

Mary And Martha (UK)
¡No es un programa de sketches! Tampoco es que sea muchísimo mejor, porque estamos ante una miniserie dramatiquísima con escala en Mozambique sobre una tragedia que une a dos madres y las hace investigar y tal. También sirve para que descubramos por donde anda Hillary Swank ahora. En vez de haciendo películas, digo.

Mayday (UK)
Noir británico que le da una interesante vuelta al concepto general: no es ya una desaparición en un pueblecito lo que mueve la trama sino las sospechas de la gente. Es decir, a la desaparición le sigue una narración lineal de la investigación posterior, pero lo interesante aquí son las reacciones de distintas personas del pueblo sospechando que alguien cercano a ellos —distintas relaciones y en diferentes grados— haya podido tener algo que ver. De tal forma que no es sólo una investigación criminal y un retrato de un pueblo que desconfía y cae en la paranoia, sino también un estudio de personajes sobre la sospecha.

The Mimic (UK)
Teóricamente estamos ante comedia con aspectos cómicos; personalmente lo consideraría un drama con aspectos cómicos: un pobre hombre sin aspiraciones ni esperanzas, pero con el don de imitar voces, decide que no le gusta su vida y quiere cambiar al descubrir que tiene un hijo de dieciocho años.

Monsters Vs Aliens (USA)
Continuación low cost de la película del mismo nombre. Y… bueno… pues poco más.

Mr. Box Office (USA)
Serie que lleva desde casi el año pasado dando vueltas; al final la han puesto en sindicación. Se trata de una comedia protagonizada por actores negros y Jon Lovitz en fiera competición por ver quién funciona de manera más automática. Puro relleno.

Naked castaway (USA)
He aquí un reality, uno de supervivencia. ¿La novedad? Que dejan al pobre hombre en una isla sin nada. Y cuando digo nada es nada. En pelota, vaya.

The Nerdist (USA)
El hombre, el podcast, los programas y con esto, el resto… Chris Hardwick, que se ha convertido en presentador para todo. El programa en sí es un magazine de temática ligeramente subcultural que —por lo menos para mí— podría tener más gracia. Por cierto, a este señor le han dado un Late en Comedy Central.

The Next Step (CA)
Ya hemos llegado al momento en que no sólo se hacen realities sobre competiciones y series como documentales, sino que se puede preparar una serie para adolescentes aculebronada, con un estilo de reality y competiciones como GLEE, de manera que acaba saliendo una versión Degrassi de la disneyiana Shake It Up.

Onion News Empire (USA)
Mi favorito de entre todos los pilotos que Amazon ha puesto a disposición del público es esta comedia de la marca Onion en la que se hace mofa de las cadenas especializadas en noticias, con un Jeffrey Tambor inmenso que brilla entre un reparto notable, en lo que podríamos llamar la versión cómica y con dientes de The Newsroom. No puedo esperar a que la conviertan en serie.

Orphan Black (CA)
Curiosa serie original del canadiense SPACE para la BBC America, con un fondo de ciencia-ficción ligera que depende mucho de la paciencia para el desarrollo, incluso teniendo en cuenta que a estas alturas aún no está claro que sean capaz de deshacer el nudo.

Our Girl (UK)
Esto puede parecer muchas cosas pero en realidad es un publireportaje para que te unas al ejército inglés, mostrándote cómo una chica sin futuro de una familia demasiado numerosa y sin ingresos decide unirse al ejército en una borrachera y resulta ser la mejor decisión que podría haber tomado nunca. Anda que…

Parts unknown (USA)
Cada vez que la gente a la que critica cambia el canal en el que trabaja, Anthony Bourdain acaba ampliando su programa, mejorándolo. Le pasó cuando pasó de hablar de cocina en A Cook’s Tour a añadir viajes en No Reservations y ahora a potenciar la parte política en Parts unknown , su nuevo proyecto en la CNN que, además, le ha permitido un mayor presupuesto, algo que se nota en todo el programa.

A Place To Call Home (AU)
Un poco de todo en este drama australiano, ambientación de época cincuentera, algo de suspense y mucho de relaciones humanas. No es que sea un ejemplo magnífico de televisión, pero sí el tipo de cosa que puede funcionar sin mucho problema en casi cualquier parte del mundo.

Please like me (AU)
Una serie con polémica, diría yo que a su pesar. Se trata de una comedia sobre un veinteañero un poco especialito que, tras el divorcio de sus padres, se va a vivir con su mejor amigo, rompe con su novia y descubre que es gay. La historia en sí tiene pocas vueltas más, es una comedia de personajes con el cómico Josh Thomas que está más cerca de las clásicas de familia desestructurada con personajes centrales poco habituales. Lamentablemente la televisión australiana juzgó deseable retrasar primero su emisión y acabar luego poniéndola en su segundo canal. Por su parte las asociaciones gays la acogieron bajo sus alas. En realidad la serie es correcta y poco más, así que este tipo de discusiones poco ayudan a juzgarla.

Plebs (UK)
Espanto británico que le vendieron a alguien como una comedia basada en un grupo de ciudadanos plebeyos en la Roma del siglo… bueh, tanto da. Es un espanto. Huid.

The Politician’s Husband (UK)
En los años noventa los ingleses pudieron ver la magnífica serie The Politician’s Husband, muy claramente inspirada por los escándalos de Clinton y similares pero con un fondo de intrigas políticas y mediáticas en las que una mujer, humillada públicamente al descubrirse una aventura de su marido, urde una campaña que sirve a la vez para elevarla a ella y dejarle a él en la clandestinidad. Si no lo habéis hecho, dadle un ojo, porque, aunque aprovechando el momento y siguiendo las enseñanzas de House of Cards, teníamos aquí una serie excelente.
Esta nueva serie se mira pero no se refleja en ella. Aquí tenemos a un matrimonio de políticos, cada cuál con sus objetivos e intenciones, más cercanos a François Hollande y Ségolène Royal que a Hillary y Bill Clinton. Además, la historia aquí mantiene los elementos de suspense pero se centra más en la relación entre ambos y el matrimonio que mantienen. Si tenemos en cuenta que los actores principales son Emily Watson y David Tennant, pocos más reparos creo que se le pueda poner.

Positively Ozitively (USA)
Posiblemente la menos mala de los pilotos infantiles para Amazon, gracias en gran parte a todo lo que saquean de los libros de Oz. Así que tampoco es decir demasiado.

Red Widow (USA)
Historia de/o con mafia y de/o con venganza que la ABC emite porque se ve que si intentas hacer una serie el número suficiente de veces acabas logrando un éxito. Ésta en concreto es: Siga buscando, hay miles de premios.

Rectify (USA)
Es curioso cómo una serie que podría ser parte de las émulas de Prety Little Liars haya terminado en el canal Sundance, ganando un aura de producto independiente que sirve sobre todo para acercarla en la memoria a Rubicon. En este caso no sabemos si van tan lentos por la trama, por desarrollar personajes y situaciones o porque no tienen nada que contar en realidad. Pero hay que concederles que al menos lo han intentado.

Robot Combat League (USA)
Concurso en su modalidad pregrabada en la que un grupo de participantes luchan con robots. Sí, en serio. Es más una curiosidad —los robots gladiadores llegan hasta donde llega la técnica, obviamente y hay poca variedad fuera de las decoraciones— que otra cosa, pero precisamente por ello merece ser compartida.

Rogue (USA)
Una policía infiltrada descubre que su hijo ha muerto asesinado y une fuerzas con el capo mafioso cuyo imperio criminal quería hundir para descubrir a los culpables y vengarse. Como elección para la primera serie original de DirectTv nos están diciendo: ¿Para qué molestarnos? No es una mala serie, ni mucho menos, pero es precisamente el tipo de cosas que podemos encontrarnos en cable sin mucho problema y en las networks de cuando en cuando.

Sara Solves It (USA)
Piloto infantil para Amazon que puede ser agradable pero poco más, de nuevo con los obvios problemas de financiación de todos estos pilotos infantiles.

Shetland (UK)
Otro estupendo ejemplo inglés de negro rural clásico, esta vez ambientado en la escocesa isla de Shetland. Secretos, familias cercanas, muy poca gente que se conoce demasiado y todo lo que ello supone para una investigación de asesinato. Confortable y sólida.

Supanatural (USA)
Este espanto es otro intento de hacer una comedia animada por parte de Amazon; es difícil descubrir si es peor la calidad de la animación o los guiones.

Teeny Tiny Dogs (USA)
Jim Henson —bueno, su empresa— también tiene un piloto. Faltaría. Dinero no, porque casi todo lo que hay son bocetos de la serie, ya que sólo tienen una marioneta creada. La premisa de la serie parece una clásica en Henson: mezcla una guardería con, en esta ocasión, perros de marioneta que hacen cosas de perros y blablabla… No es mi estilo pero siempre es bueno ver algo del estudio Henson.

Those Who Can’t (USA)
Otra serie que puede ser interesante de entre los pilotos de Amazon: tres profesores —cada cuál con su estilo— y su lucha contra sus estudiantes, o a su favor. Es difícil decirlo.

Vikings (USA)
Una gran serie. Mezcla de los conceptos de intriga histórica de Los Tudor y similares con hostias como panes, sangre y restos humanos. Todo ello con barbarismo y desarrollo de personajes en un intento del History para acercarse a la historia de los nórdicos. Una historia para no perderse.

The village (UK)
Drama de repaso histórico al siglo veinte a través de una familia trabajadora. Si te va mucho ese tipo de cosas, ya sabes. Si no… no tiene mucho más interesante.

Tumbleaf (USA)
Otra serie infantil, otra serie a medias, de Amazon. Tiene buena pinta, especialmente lo poco que vemos del aspecto original si tuviera pasta. Esperaremos.

Wodehouse In Exile (UK)
Peculiar telefilm centrado en un momento de la vida de Wodehouse, durante la Segunda Guerra Mundial, en que la vida del autor en Normandía terminó con él hablando para la radio nazi y diciendo lo bien que les estaban tratando en una emisión para todo el mundo. Algo que le costó el destierro incluso después de la guerra y que aquí se presenta como un ejemplo del interés por entretener y la falta de conexión con el mundo real. Luego ya está lo que te creas la explicación.

WPC 56 (UK)
Pieza policiaca de época sobre la primera mujer policía, que sirve para darle un poco más de alegría a la premisa clásica. Y ya.

The Wright Way (UK)
Auténtico horror de comedia inglesa. Es difícil saber qué ha pasado en estos dos meses para que estrenen horror tras horror y espanto tras espanto, pero puede ser el peor para el humorismo inglés desde que comenzaron los Pilotos Deathmatch. Y despropósitos como esta comedia sobre el Departamento de Salud de una ciudad ayudan bastante poco.

Youngers (UK)
Serie juvenil realista británica, ya sabéis lo que eso significa. En esta ocasión con un giro hacia la música porque, bueno, porque podían.

Your Pretty Face Is Going to Hell (USA)
Lo último de Adult Swim es una comedia sobre el infierno entendido como un trabajo corporativo para los demonios. Si tenemos en cuenta que Neighbors from Hell y Ugly americans ya habían jugado muchas de esas bazas en sus series, el único cambio es que aquí no hablamos de animaciones. Y, francamente, no parece mucho para distinguirse teniendo en cuenta que ni siquiera es una mejora.

Vicious (UK)
Imagina que te dicen que Ian McKellen, Derek Jacobi y Iwan Rheon van a hacer juntos una comedia en la que los dos primeros interpretarán a una pareja de viejos gays. Teniendo en cuenta los nombres involucrados seguro que tienes interés en ver qué sale. Te propongo que me cuentes cuántos minutos aguantas de este infame compendio de risas en latas y guiones sobados que más cerca está de ser un Matrimoniadas gay que de ofrecer una serie interesante.

Zombieland (USA)
Empezamos con un piloto de Amazon y terminamos con otro, en este caso con la adaptación de una película a serie cómica. Bueno, con todo lo visto en estos dos meses no puedo decir que sea realmente mala, aunque está lejos de los grandes aciertos del proyecto. Pero para echarle un ojo sí que vale.

Y hasta aquí el repaso. No está mal, ¿verdad? Más del doble de pilotos que el año pasado por estas mismas fechas. Hace que uno se pregunte qué están dejando para el resto del año. Y en qué proporción seguirán creciendo los pilotos, visto que la ficción parece un elemento por el que apostar, al menos si eres parte de una cadena o plataforma de streaming. En cualquier caso, valoraremos si ha permanecido este incremento en nuestro próximo Pilotos Deathmatch, dentro de dos meses, con Twisted, Under the dome y la cuarta temporada de Arrested Development ya entre nosotros.


Iniciando doccuarto Tom Baker

La marcha de Jon Pertwee junto a la ya poco discreta marcha de Terrance Dicks como jefe de guionistas hizo necesario un nuevo recambio para la serie. Incluyendo la marcha del productor, Barry Letts. Robert Holmes, escritor de la serie desde su sexta temporada —con Troughton y Hines aún dando vueltas— había ido ocupándose de sus funciones a lo largo de la undécima temporada. A Letts le sucedería Philip Hichcliff, un joven profesional llevado como ayudante de Letts para que un día le sucediera. Y ese día ya había llegado.

A lo largo de la temporada tuvieron que tomar una serie de decisiones complicadas sobre el futuro del personaje pero la más compleja, como siempre, sería la del actor que le sustituiría. Sobre todo porque a estas alturas el Doctor empezaba a ser un papel importante en Inglaterra y, además, la marcha de Pertwee no correspondía ni iba acompañado de problemas de audiencia, muy al contrario, la popularidad de Doctor Who estaba llegando al nivel de la Dalekmanía. Los nombres barajados eran muchos, tantos y tan variados que antes de que terminara la temporada ya se había decidido contratar al actor Ian Marter para que interpretara al Teniente Harry Sullivan, que, además, era cirujano, pero como aprendimos con la pobre Doctora Liz Shaw, no se pueden tener dos Doctores a la vez. La función de Sullivan era servir de apoyo de acción en caso de que el seleccionado hubiera sido un actor de cierta edad, como ocurrió en los dos primeros casos, y como hubiera pasado de haber sido elegidos Michael Bentine, Graham Crowden, Fulton Mackay o, sobre todo, Richard Hearne. Por unos u otros motivos los actores iban pasando sin que ninguno acabara de encajar o bien sin lograr alcanzar un acuerdo. Algunos algo más jóvenes, como los excelentes Ron Moody o Jim Dale, lamentarían luego la oportunidad perdida, pero para entonces sería tarde, porque Letts se había decidido por un actor joven —Bueno, a punto de cumplir cuarenta, pero ya sabéis— al que había descubierto como villano de The Golden Voyage of Sinbad: Tom Baker.

Poco se imaginaba Baker que acababa de dar con el papel de su vida, sobre todo porque en esos momentos no encontraba ningún trabajo como actor y tenía que conformarse con sobrevivir magramente en un trabajo de albañil. Una historia que se cuenta es que esto llevaba a que a las conferencias de prensa le tuvieran que dejar ropa del vestuario, causando ese cómico efecto de acumulación, aunque ya veremos que el diseño de vestuario fue cuidado y buscado.

La siguiente decisión fue convertir la temporada 12 en una especialmente corta, con Terror of the Zygons, el final previsto, pasado a primer serial de la 13, para así poder terminar antes y volver a hacer que comenzara en otoño, como había sido antes, y así enfrentándola al debut de Space: 1999. Además, Holmes consideraba que los seriales de cuatro episodios funcionaban mejor y gustaban más al público.

Con Letts habiendo dejadas encargadas las historias de esta primera temporada de Baker y teniendo que buscarle acomodo a Marter, además de recibir en herencia a Sarah Jane Smith, el Brigadier y un UNIT que actuaba más como fondo que como parte fundamental, arrancó la temporada con un serial que se centraba en Sarah Jane Smith mientras el Doctor se acostumbraba a su regeneración y los espectadores nos hacíamos a Harry Sullivan. Quizá por ello es una de las historias más feministas de Doctor Who, aunque siempre con ese acercamiento mixto que producía Sarah.

La historia, escrita por el saliente Terrance Dicks, está ambientada en nuestro mundo y actualidad y tiene un subtexto político más que interesante: Parece que ha habido unos robos cometidos por robots, el último de los cuales de un arma secreta, y todo parece indicar que detrás está el National Institute for Advanced Scientific Research, conocido como Think Tank. Esta información se la da el Brigadier a Sarah dado que el Doctor no se encuentra en condiciones, y sirve para dejar claro el respeto que el militar siente por ella, lo que no significa que ella, como periodista, no vea inmediatamente la historia que puede salir de esta investigación.

Una vez allí con el Doctor Sarah se encontrará con Hilda Winters, a la que inicialmente tomará por la ayudante del director y no por el director mismo —algo que podríamos considerar un comentario en si mismo—, evidentemente sera Hilda la villana principal de la historia, usando el Think Tank para tratar de controlar el mundo, de nuevo una referencia sólo moderadamente críptica teniendo en cuenta todo lo que vamos viendo de ella:

El National Institute for Advanced Scientific Research sirve como eco del Centre for Policy Studies, en ambos casos son mujeres que parecen más que contentas de apoyarse en el feminismo para el desempeño de su cargo, pero no para tender una mano al resto de mujeres —algo que queda patente en el intercambio entre las dos en el que Hilda parece intentar hacerla de menos— y, aunque en ese momento no fuera más que una ya polémica Ministra de Educación estaba claro que iba para arriba, además, claro, ambas compartían nombre. O segundo nombre en el caso de Margaret Hilda Thatcher.

Por otro lado está el personaje de Harry Sullivan, que ante la juventud de Baker sirve como contrapunto casi cómico y como personaje de creencias antiguas, lo que le llevará a enfrentarse al feminismo de Sarah, y a servir para que diga “Debes ser el tipo de chica que le pone a los coches nombres de mascota “, en lo que sirve como guiño de la subversión de papeles que acaba de comenzar al traernos a la memoria a Bessie, el coche del Doctor en UNIT.

Por lo demás, una historia sencilla que acaba degenerando en una versión de King Kong con las obvias restricciones que el limitado presupuesto permitía. Pero, en cualquier caso, serviría como ejemplo de lo que iba a ser esta minitemporada que procuró interconectar las tramas, siendo las más conocidas las de la Estación Espacial Nerva que comenzaron a partir de la siguiente con otras de las grandes historias de la serie.

The Ark in Space tuvo muchas manos pasando por ella, Philip Hinchcliffe quería una historia más adulta, una aproximación al Doctor más cercana al terror —algo que marcaría toda su etapa como productor— así que aceptó de inmediato la historia de una estación espacial en peligro que le presentó Christopher Langley, pero no quedando contentos ni él ni Robert Holmes, recurrieron para reescribirlo al guionista de la era Harnell John Lucarotti, responsable de seriales históricos como Los Aztecas o Marco Polo, aún así Holmes decidió que se debían realizar algunos cambios y, ante la imposibilidad de contactar con Lucarotti —que se encontraba viviendo en el Mediterraneo— pasó a reescribirla él, en lo que se acabaría convirtiendo en casi una costumbre de la etapa Hinchcliffe/Holmes . En esta historia el Doctor, Sarah y Harry aparecen en la Estación Espacial Nerva, conocida también como El Arca por ser un refugio de la humanidad, una nave de humanos en suspensión después de que la Tierra resultara inhabitable por culpa de las tormentas solares. El problema es que no todo está dormido dentro porque una forma de vida alienígena se ha colado dentro y está dispuesto a repoblar a su manera la nave, lo que mete esta historia de 1974 dentro del circuito de antecedentes que demuestra, además, la fortaleza de un guión por encima de los pobres medios que tenían que emplear, con unos alienígenas, los Wirrn, que inicialmente son creados con papel burbujas y pintura verde, mientras se nos va contando la historia de estos humanos, del monstruo que puede meterse dentro de ellos y de una mujer que se ve forzada a convertirse en líder a su pesar, en este caso Vira, la primera oficial médico, que debe asumir el mando de la nave. (Como nota lateral, el papel de Vira estaba originalmente pensado para una mujer de color, a ser posible haitiana, pero el director decidió cambiar de actriz)

El éxito fue absoluto, y aún hoy sigue siendo uno de los preferidos de los aficionados —Esta temporada tiene varias historias fanfavorites y suele contarse entre las más aclamadas de la historia del personaje, por otro lado — hasta el punto de que su segundo capítulo logró el record de share de la serie que mantendría hasta el especial navideño de 2007, 32 años más tarde.

Decididos a hacer seriales cortos acabaron haciendo un de sólo dos capítulos, The Sontaran Experiment, obra de Bob Baker y Dave Martin, el más corto de los seriales de los setenta que sirvió para traer de vuelta a los Sontaran dentro de otra de las ideas de Hinchcliffe: Recuperar enemigos monstruosos clásicos. Aquí con una nueva colonia humana perdida y acercamiento tipo diez negritos, con un ejemplo de lo que pronto se convertiría en otra de las señales de la etapa, la mad science no porque las cosas vayan mal como en el caso del robotokong del primer serial sino entendida como ciencia usada para el mal. Aquí como parte de un informe sobre la humanidad, previo a la conquista de la Tierra, que requiere de realizar todo tipo de pruebas y autopsias a humanos.

Pero esta extrema reducción serviría para que el siguiente serial tuviera 6 partes, algo muy de agradecer al ser el regreso de Terry Nation a la serie para hablar de sus criaturas. Genesis of the Daleks sería, además, otra de las grandes historias del Doctor y un punto de inflexión fundamental para los bichos al presentarnos a su creador: Davros.

Nation regresa a su primera aparición para mostrarnos un punto anterior, con los Kaleds y los Thal aún en guerra por Skaro y sin que los Kaleds sean aún unos monstruos, en su lugar —y como solía suceder con ellos— se nos muestran como unos émulos de los nazis, una sociedad fuertemente autoritaria que busca una mejora mediante la selección científica y en la que los disidentes y los débiles son… bueno… exterminados.

La ciencia de Davros se utiliza no ya para el mal sino con propósitos que incluso en su punto de partida son reprobables. Y el Doctor, haciendo una versión sutil del clásico viajar en el tiempo para matar a Hitler regresa a este punto con la idea de acabar de una vez por todas con su viejo enemigo. Sin embargo, la dimensión moral del crimen, la posibilidad de acabar con toda una raza, acaba siendo demasiado para él, la discusión ideológica le lleva a decidir no acabar con ellos sino retrasar su desarrollo. (También por permitir de manera colateral la supervivencia de Davros que pasaría a ser una presencia recurrente en las historias con Daleks y un motivo de disensión entre ellos).

Para concluir la temporada con otros enemigos clásicos llegaría Revenge of the Cybermen, con Gerry Davis escribiendo su regreso, aunque fuera sólo breve.
Encontrándose los protagonistas en mitad de un conflicto entre la humanidad y los Cybermen que están más que dispuestos a acabar con Voga, el planeta de oro del que procede en buena parte el suministro para acabar con ellos, y sirve, además, para regresar años después al Nerva Beacon, que había sido mencionado en el episodio doble Sortaran tras dejarlo en Ark in the space. Los cybermen han evolucionado poco, aunque tienen ahora un Cyber-leader y nuevos cybermats.

La historia concluía con el Doctor afirmando haber una comunicación del Brigadier rogándoles que acudieran con rapidez para solucionar un grave problemas. Esto, que debería haber llevado al serial final de temporada pasó a convertirse en un cliffhanger para el año siguiente.

El inicio de la temporada 13, con Terror of the Zygons marcaría el final definitivo de la etapa Letts, cuya última historia encargada sería esta, y también la desaparición de los personajes de la era UNIT, con la última aparición durante casi una década del Brigadier Lethbridge-Stewart.

En cualquier caso, tenemos aquí una historia con el monstruo del Lago Ness y unos nuevos alienígenas invasores, todo un regreso a las historias de la primera mitad del Tercer Doctor. Y serviría también para que Harry Sullivan desaparezca y con él las confrontaciones con Sarah Jane, todos sus old lady y old thing que llevaron a que ella llegara a decirle Llámamelo otra vez y te escupo en un ojo.

En cualquier caso, Sarah pasa a ser durante esta temporada, el único acompañante del Doctor y casi la única mujer. Mientras las ideas de Philip Hinchcliffe para hacer más interesante la serie, y más adulta, se van desarrollando por el medio de usar como antecedente de las historias del Doctor no sólo la scifi clásica, en su variante más fantástica, sino por un acercamiento al estilo de la Hammer.

Empezando por Planet of Evil, una historia sobre un planeta alejado y una tripulación que se enfrenta a lo inesperado que logra unir ecos tanto de Doctor Jekyll y Mr. Hyde como de Forbidden Planet(lo que, por su parte, incluiría reconocer las resonancias de La tempestad de Shakespeare) con monstruos de antimateria al estilo de los de Omega aunque con una realización diferente. Su parte de jungla se realizó como de costumbre dentro de un estudio, pero quedaron tan sorprendidos y agradados en la BBC por su creación que le hicieron fotos esquemas para usarlo como ejemplo de creación de set.

Por fin regresa el interior de la TARDIS que había estado tan dejada de lado como la propia máquina durante los últimos seriales, desde Death to the Daleks, y lo haría con una nueva consola.

El estilo Hinchcliffe / Holmes se puede ver del todo desarrollado ya en Pyramids of Mars, una historia que debía haber tenido raíces en la egiptología encargada a Lewis Greifer que fue, una vez más, reescrita por Holmes casi por completo para adaptarlo a la idea llena de tópicos que consideraban no sólo sería su referencia sino, además, lo que su público esperaba . Lo que, a su vez llevaría a filmarlo con el nombre Stephen Harris. La ambientación victoriana, las grandes mansiones góticas, múltiples muertes misteriosas, —pero que muy múltiples— y todo el pack llegaban con ellas en esta extraña versión de La Momia, mientras se une la idea de las deidades egipcias con extraterrestres y estos con el progreso de la humanidad venían de las ideas clásicas de la serie.

Para la siguiente historia regresaría Terry Nation, esta vez sin Daleks de por medio, y en la que sería la última aparición de Harry Sullivan —en lo que podríamos considerar el primer regreso de un ex- acompañanate y John Benton. Esta historia podría recordar a las de los Autons o a las que The Avengers habían popularizado. En lugar de eso tenemos a Kraals, en una historia que, además, tiene referencias a La invasión de los ladrones de cuerpos.

Más claro aún será en The Brain of Morbius, obra de Robin Bland, es decir otro de los alias de Robert Holmes, esta vez junto con Terrance Dicks, que ofrece una mezcla con mucho de Frankestein y las películas de los cuarenta y cincuente de cerebros malvados, como El cerebro de Donovan o El cerebro del planeta Arous y, desde luego, con más ciencia usada para hacer el mal, esta vez por Mehendri Solon en el papel de científico. El cerebro, además, resultará ser de un Time Lord, Morbius. También fue uno de los seriales que agotaron la paciencia, escasa de por si, de Mary Whitehouse, cabeza de la National Viewers’ and Listeners’ Association, asociación cristiana pro-decencia que se dedicó a quejarse todos los setenta y más. De momento empezó a quejarse del giro tétrico y oscuro que había tomado la serie, considerándola no apta para la niños. Como Philip Hinchcliffe diría después de su siguiente embate, Mary Whitehouse parecía pensar que Doctor Who era un programa “ para niños, para niños pequeños, y no lo era… así que se acercaba al programa desde el punto de partida equivocado

Para terminar la temporada el adiós cuasi-definitivo del Doctor a UNIT. The Seeds of Doom aun cuando ninguno de los habituales de la familia UNIT llegue a aparecer. Estaba pensado que fuera un serial de la siguiente temporada, siendo esta la última aventura de Sarah Jane, al no estar preparado se decidió rellenar con esto y dejar para la siguiente temporada, dos seriales después dado el interés que Sladen tenía en realizar The Masque of Mandragora, la salida de Sarah que durante esta temporada había ido viendo reducido su papel y acercándose la situación de dama en apuros aunque quedara claro en todo momento que el respeto entre ella y el Doctor era total y mutuo. Inesperadamente este serial vuelva a usar como inspiración Los ladrones de cuerpos, esta vez en una versión más… biológica… uniéndose en esta ocasión con El enigma de otro mundo, una de las películas que más veces habría influido a la serie desde sus inicios. Lo mismo valdría para ¿Qué sucedió entonces?, la historia final de la saga Quatermass.

La temporada siguiente, la 14 ya, tuvo la particularidad de seguir un estilo más cercano al estadounidense —donde estaba triunfando gracias a la emisión en la PBS — emitiéndose en dos bloques diferentes. El primero desde septiembre hasta mediados de Noviembre y la segunda pasado Año Nuevo. The Face of Evil, pensada para introducir a la nueva acompañante, tuvo que pasar al año siguiente permitiendo primero la marcha de Sarah Jane, pero antes que eso…

The Masque of Mandragora, de Louis Marks, primera serie pseudohistórica no ambientada en Inglaterra desde The Gunmen lo que les obligó a explicar que la TARDIS permitía a sus viajeros entender y ser entendidos por la gente con la que se encontraban. En este caso, la Italia del S XV. La historia de un culto secreto en el que parece estar incluida la misma Muerte así como la ambientación remite en este caso a La máscara de la muerte roja, yéndonos así de la Hammer a Poe y Corman, aunque dándole una aproximación más cercana a la ciencia ficción con la energía sí como la aparición de la Energía Helix, auténtico villano de la trama.

Una vez cumplido con esto llegaría la marcha de Elisabeth Sladen, Sarah Jane Smith, cansada por fin de tanto viaje, con una partida un tanto abrupta en The Hand of Fear, una historia de extraterrestres ocupando cuerpos obra de Bob Baker y Dave Martin. Si bien la partida podría haber sido peor pues se pensó en un primer momento en matarla. Sladen se negó a ser asesinada y no digamos ya a que se la quitaran de en medio casándola, así que se llegó a este acuerdo, tras lograr que Sarah decidiera dejarlo por un enfrentamiento después de que el Doctor decidiera no llevarla a Gallifrey por su propia seguridad, y decidir centrarse en su trabajo. Si bien también pidió que el centro del serial no fuera su partida al considerar que la serie debía centrarse no en los companions sino en el Doctor. La escena de la partida, por cierto, la escribió a parte Robert Holmes dejando además que Sladen y Baker improvisaran un poco.

Pero ya habrá tiempo de seguir hablando de ella en el futuro. De momento centrémonos en el último serial de 1986 que tiene, además, la característica de ser el único en el que va sin acompañante alguno. No sólo eso, abandona los registros anteriores para convertirse en un thriller centrado en Gallifrey y que debería servir para que conociéramos mejor el mundo y cultura de los Time Lords aunque en realidad tenemos más una parodia de la cultura terrestre en una forma de república sin religión oficial. El Doctor llega a Gallifrey convencido de la existencia de una conspiración contra el Lord Presidente. Con lo que se encuentra es con un Presidente decidido a dimitir, un sinnúmero de Time Lords dispuestos a despedazarse por el cargo y una mano detrás de todo. Una mano inesperada por tratarse nada menos que The Master que regresaba aquí tras la muerte de Roger Delgado a través de una versión casi moribunda del mismo ya que había terminado su ciclo de regeneraciones y trataba de encontrar una forma de burlar a la muerte y volver a iniciar su ciclo. El fin de la tercera parte, con el Doctor siendo ahogado, animó a Mary Whitehouse a iniciar una campaña que acabaría causando que cuando la BBC lo publicara para el mercado doméstico lo editara, si bien la versión internacional permanecería inalterada. Por cierto, estamos en la primera historia protagonizada solo por galifreianos, un cast exclusivamente masculino.

Las novedades que sí incluyen son la existencia de Matrix, el sistema informático de Gallifrey que les permite meterse dentro para luchar. Y también la mayor prominencia aún de la personalidad de Rassilon, un personaje que será progresivamente más utilizado.

La nueva acompañante del Doctor no llegaría hasta The Face of Evil, una historia en la que visita un planeta con dos culturas enfrentadas, sí, de nuevo, y otra vez una tribu es salvaje y otra es técnicamente avanzada. Sólo que la tribu salvaje parece tener un Dios del mal con una cara más que curiosa: La suya propia. Una explicación temporal poco creíble, la verdad, pero que le permite explorar las culturas que visita y su impacto en ellas. Ya puestos, eso le llevará a conocer a Leela, miembro de la tribu de los salvajes o ya no, pues fue apartado de la misma. Leela saldría de una mezcla de la siempre imparable Ms. Emma Peel, la fiera terrorista Palestinian Leila Khalid y la nada educada Eliza Doolittle, crearían con ella la primera de una larga lista de mujeres guerreras que todo lo que demostraban de fieras y capaces de ser funcionales por su cuenta y patear culos lo cargan con una parte negativa por que esa misma fiereza parece ser parte de la lo indómito del personaje, incapaz de comprender los conceptos de urbanidad o de comportarse en sociedad, y, además, era una gran excusa para sacarla en un atuendo que era poco menos que un taparrabos y top. Louise Jameson consiguió, sin embargo, exprimir todo el jugo posible a esta acompañante indómita.

Para la siguiente historia, The Robots of Death, volveríamos al esquema de los mineros y de las versiones de Diez negritos si bien el misterio principal lleva a un escritor de ciencia ficción tan conocido como Isaac Asimov cuya serie de historias protagonizadas por Elijah Bailey y R Daneel Olivaw sería la inspiración para D84 y Poul, que sin duda tomó el nombre de Poul Anderson. de hecho la Primera Ley de la Robótca se mencionaría en un par de ocasiones, sin contar con los parecidos entre los mineros de la arena y los que aparecen en Dune.

Sin embargo sería el serial del final de temporada, el más largo de la temporada, The Talons of Weng-Chiang, culpa de Robert Holmes sería el más recordado de la temporada, y lo será por los motivos buenos y malos. Aunque quizá sean más los malos. Porque los buenos son los siempre memorables recursos pulp siendo este uno de los seriales en los que más se explotaría, mitad Sherlock Holmes, mitad Fu Manchú, lo que llevaría a su vez a las críticas no ya por el excesivo tono de cartón piedra, también por el racismo intrínseco de las representaciones y de los actores ingleses haciéndose pasar por asiáticos, incluso teniendo en cuenta que esa sería parte de la trama, mostrando las diferentes maneras de fingir ante los ajenos y, además, no mostrando ningún personaje asiático positivo. Tampoco ayudaría que las ropas victorianas de Leela no tardaran mucho en convertirse en —sus tradicionales— girones de tela.

Se trató, además, del último serial que produciría Phil Hinchcliff y en el que Robert Holmes ostentaría el cargo de jefe de guionistas lo que facilitó que ambos se soltaran el pelo tanto en lo argumental como en el dinero gastado, usando varias localizaciones y rodando tomas nocturnas. El sucesor de Hinchcliffe, Graham Williams decidió a partir de este serial que Jameson*debía de quedarse, en contra de la opinión de *Baker que consideraba a Leela * demasiado violenta para la serie y hubiera preferido un cambio o volver a actuar solo. Sin embargo la intervención de *Williams aseguró que la joven, que no acababa de llevarse bien con Baker aparecería durante la temporada quince, y que no sería ese el único cambio que había, empezando por eliminar o rebajar todo este tono gótico y oscuro que Hinchcliffe y Holmes habían dado a la serie.

Corrían nuevos aires para Doctor Who


Movimientos copiativos originales contemporáneos

A veces las noticias se contraponen de manera más que sorprendente. Si hace dos semanas hablábamos de la falta de originalidad en la televisión americana a cuenta de los estrenos de Hannibal y Bates Motel ahora parece que podemos enfrentarlo mediante dos estrenos.

En SyFy se han aburrido de hacer el tonto y aligerar su oferta y han pensado en hacer algo un poco más cercano, tampoco exageremos mucho el contenido de SciFi no vayamos a centrarnos más en el nicho que en lo potencial, a lo que era el canal a finales de los novena y principios de los dosmil, cuando no resultaba tan raro que hubiera en televisión series impulsadas por el éxito a finales de los ochenta de Star Trek: The Next Generation, que había impulsado de nuevo los éxitos de la space opera para la siguiente década y media.

El estreno de Defiance trae una memoria de toda esta época, series como Tierra: Conflicto final, Farscape, Tierra 2, Babylon 5 o, incluso, Fyrefly a la memoria. Mediante el sencillo método de reproducirlas. Como si de un producto del sampleado se tratara en Defiance encontramos todo tipo de rastros e influencias, quizá incluso homenajes, de una manera en absoluto sutil. Son, de hecho, más aún las series, animes o películas que podríamos nombrar para hablar sobre ella, pero en realidad el Pilotos Deathmatch no toca hasta dentro de dos semanas. Baste con decir que, siendo una historia competente e interesante, su principal problema es no tanto que todo nos suene a ya visto —incluso en series de la nueva época de la cadena, que semejanzas con Eureka hay también unas cuantas — como que nos suena a copia.

Porque una cosa es, como ya hemos hablado por aquí, que existan unas influencias previas, una genealogía, dispuesta siempre a cambios y modificaciones; y otra muy distinta es el famoso más de lo mismo. Y aquí aún es pronto para juzgar qué nos encontraremos pero, como en las series antes mencionadas, lo que no parece haber es mucha voluntad de cambio…

…Por otro lado.

Por otro lado, este viernes hemos visto la llegada de un nuevo mundo digital —ahm… — por partida doble, por un lado Netflix ha estrenado Hemlock Grove, una serie de terror creada por Eli Roth, por otro en Amazon pusieron a disposición del público — Y sí, eso te incluye a ti, si eres capaz de ver pilotos on-line sin subtítulos o con subs en inglés — los pilotos de sus programas infantiles y sus comedias. Incluyendo programas como Onion News Empire, Zombieland o Alpha House.

Que tienen en común no tanto ser lo nunca visto como ser ideas originales, diferentes y, sobre todo, permitir cosas que la televisión,, e incluso el cable básico, no permiten. Y que el cable de pago hasta ahora no se ha molestado en explorar. Incluyendo unos tonteos iniciales con la longitud del capítulo… Pero lo más importante es que al ir abriendo mercado temáticas que en este momento parecen no tener lugar en la televisión convencional, ocupada como está en descubrir cuántos trabajos distintos pueden usarse para descubrir asesinatos, de manera que a la caída de audiencia causada por los canales de cable habrá que unir ahora la posibilidad de ver a políticos, zombies o periodistas no cuando los canales decidan sino cuando espectador quiera.

Lo curioso es pensar que varios de los programas propuestos podrían emitirse —o haberse emitido, a decir verdad—- por televisión, de manera que la única ventaja real que puede acabar influyendo en el éxito de estas series es, precisamente, lo que las hace más distintas: La posibilidad que le da al espectador de elegir cuándo y como verlas.


Revirtiendo polaridades flujoneutronales Pertweescas

El inicio de la décima temporada sirvió también para celebrar la primera década de Doctor Who y, además, para darle un giro a la serie que las últimas temporadas estaban reclamando. Además de ir explicando más cosas sobre la raza de los Time Lords.

Y todo empezó con la idea de hacer un homenaje a El séptimo sello. El Doctor, en sus tres encarnaciones hasta ese momento, se enfrentaría a la Muerte encarnada. Los anteriores problemas con pensamientos y localizaciones abstractas, además de la posibilidad de que la aparición resultara demasiada macabra para los niños —o, realmente, para los Guardianes de la Moral que se escudaban en los niños— les llevaron a cambiar la aproximación y a enfrentarle a otro Time Lord. Originalmente llamado Ohm —es decir, Who con un giro—, pasó a tener por nombre Omega.

Omega, tal y como se explica durante los cuatro capítulos del serial, fue uno de los gallifreianos que dio comienzo a la raza de los Time Lords junto con Rassilion —de quien ya habrá tiempo que hablar en estas columnas— , siendo el responsable del desarrollo de la energía que les permitiría viajar por el espacio y el tiempo. Algo que los gallifreianos no veían como algo posible o deseable hasta que estos dos decidieron ponerlo en marcha. Para hacerlo usaron los instrumentos de Omega con una estrella cercana a su explosión. Algo pasó y la explosión pareció llevarse por delante a Omega, dejando a Rassilion para comandar a los Time Lords mientras le convertía en un héroe de leyenda.

En realidad Omega había acabado en un universo de antimateria debido a una singularidad que había destrozado su cuerpo reduciéndole al traje de protección que llevaba durante el experimento. Allí descubrió que podía manipular a su antojo el nuevo universo, cosa que hizo convirtiéndolo en un paraíso mientras que esperaba a que los Time Lords fueran a rescatarle.

Cuando se dio cuenta, un par de siglos más tarde de lo lógico, de que no tenían intención alguna, empezó a trazar un plan para cambiar su cuerpo con alguien de fuera, motivo por el que necesitaba atrapar a algún Time Lord que hubiera estado trasteando con su TARDIS. Así que durante el clásico episodio de amenaza desconocida con UNIT al fondo el Tercer Doctor queda atrapado y los Time Lords decidieron que lo más sensato era enviar a sus anteriores encarnaciones. (Lo que, por cierto, deja bastante claro que no hay encarnaciones anteriores a las de William Hartnell o hubieran sido enviados al rescate también)

Como uno podía esperarse, los Time Lords tenían una estricta norma al respecto: La Primera Ley del Tiempo prohibe expresamente que cualquier Time Lord se cruce con versiones de su pasado o su futuro. Con el habitual éxito que las prohibiciones de los Time Lords tienen sobre el Doctor.

Reunir a Jon Pertwee con Patrick Troughton y William Hartnell fue problemático sólo por la salud de Hartnell, que no había dejado de empeorar, reduciendo su aparición a unas pocas escenas grabadas que dejaban sobre los dos últimos, a los que el primero llamaba con sus habituales malos modos “un dandy y un payaso”. Sería su última interpretación, dos años antes de su muerte. Troughton, por su parte, se lo pasaría en grande y aún tendría tiempo de volver a encarnar al segundo doctor en dos ocasiones más. Inauguraría, además, la tradición de que un doctor del pasado se queje de la redecoración de la TARDIS. Y, ya puestos, reconocerá a Benton, al que dará aún el cargo de Soldado al no haberle visto desde The Invasion.

El Brigadier, por su parte, interacciona con las diferentes encarnaciones sin acabar de entender muy bien qué está ocurriendo. Y eso sin saber que cuando el Segundo Doctor le ofrece unas jelly babies se anticipa una de las frases recurrentes del Cuarto.

Una vez terminado el problema con Omega, los Time Lords deciden levantar el castigo al Doctor y permitir que su TARDIS le deje viajar por el espacio y el tiempo de nuevo. Aunque Pertwee dijera que no había nada tan inquietante como encontrarse a un Yeti en el retrete, lo cierto es que las numerosas apariciones en la anterior temporada de algún tipo de recurso, generalmente un Time Lord Ex Machina para liberarle momentáneamente, demostraba que el Doctor necesitaba moverse de la Tierra.

Igual que la entidad de Pertwee hacía innecesario el acompañamiento de un joven ayudante para las partes de acción, como se suponía que iban a ser los chicos de UNIT, permitiéndole desarrollar ese Venusian Aikido que remitía directamente al Primer Doctor en The Roman y que responde a las personalidades de los dos aún responsables de las decisiones, el productor Barry Letts se oponía por su propio pacifismo a que el Doctor fuera agresivo, así que el jefe de guionistas, Terrance Dicks, propuso usar el Aikido, por ser un arte marcial eminentemente defensivo. Y coló, claro.

Liberado de su presencia en la Tierra, parecía obvio que tendría que seguir una historia abiertamente fantástica, y como tal se presentó Carnival of Monsters, obra de Robert Holmes en la que podremos encontrar dos líneas de lectura. La más obvia es la literal: El Doctor, acompañado de Jo, intenta mostrarle las maravillas del planeta Metabelis III, pero en su lugar viajan a un barco desaparecido en 1926 para ser atacados primero por un monstruo y desaparecer luego. Pronto descubren que se encuentran atrapados por un showman alienígena que ofrece un espectáculo en el que varias criaturas han sido miniaturizadas gracias a una tecnología robada a los Time Lords, el miniscope. Entre otros tienen a Ogrons, Cybermen, Tellurians y Drashigs. El Doctor y su acompañante pronto descubren que han sido trasladados a un mundo extraterrestre en el que el responsable, Vorg, trata de convencer a un tribunal de que les deje acceder a su mundo para mostrar estas maravillas de la naturaleza. Ni que decir tiene que al final de la aventura nuestros héroes habrán logrado regresar a su tamaño habitual, pero no sin antes proporcionar una aventura que tiene un trasfondo realmente jugoso.

Barry Letts decidió hacer uso de la prerrogativa de dirigir una historia cada año y ofrecer este serial, quizá por lo cuál hubo un exceso de metraje que debió ser limitado. En cualquier caso, la presencia de Vorg con sus monstruos, afirmando que los Drashing, fieros y temibles, eran los favoritos de los niños, la bronca del Doctor acusando a Vorg de no tener interés alguno por las personas dentro de su espectáculo siempre y cuando pudiera seguir sacándole dinero o a los alienígenas, o al tribunal de Inter Minor que pensaran en permitir que un entretenimiento basado en su sufrimiento tuviera un hueco en su planeta. Es decir, hacía un comentario meta sobre su propio programa, sobre la afición de los niños por los monstruos y lo grotesco de sus vivencias. Las discusiones en el tribunal, con Vorg defendiéndose, casi podrían pasar por declaraciones de Holmes / Letts sobre Doctor Who y su lugar en el imaginario colectivo.

Fuera de eso, podemos comprobar cómo Katy Manning había logrado dar de sí lo reducido de su personaje, logrando con su arrolladora simpatía hacerla un agente de campo más que competente, demostrando sus dotes para el escapismo en lo que venía siendo un running gag de su periodo como acompañante. Pequeños movimientos que servían para darle más profundidad a un personaje que parecía demasiado delimitado. Aunque estaba claro que no la iban a dejar expandirlo mucho más. Y que, de hecho, a Manning le quedaba poco aguante para seguir en la serie.

La siguiente historia estaba pensada para dar inicio a una trilogía que concluyera la décima temporada del Doctor por todo lo alto. Lamentablemente, los planes no se pudieron realizar como deseaban.

En Frontier in Space, de Malcolm Hulke, recuperamos al villano más característico de la etapa Pertwee, el Master. De nuevo, escondido tras una de esas tramas de manipulación que tanto le gustaban, manipulando a la Tierra a un conflicto armado contra Draconia, para lo que está usando nada menos que a los Ogrons, a los que vimos por última vez con los Daleks. La presencia de los Ogrons hace más extrañas aún las manipulaciones del Master, hasta que en el último capítulo se descubre que ha formado una alianza con los Daleks para destruir la Tierra y al Doctor. El enfrentamiento final lleva por un lado al Master y por otro a los Daleks, además de a un malherido Doctor retirándose a la TARDIS, rumbo a lo desconocido.

Originalmente pensado como parte de una historia mucho más larga, que incluía a los Daleks y al Master y terminaba con un eco de la relación que habían establecido entre el Doctor y su némesis Time Lord como una versión extraterrestre de Sherlock Holmes y el Doctor James Moriarty, ese serial definitivo se iba a llamar incluso The final problem. Por desgracia, durante la grabación de una película en Turquía, Roger Delgado muere en un accidente de tráfico. Un actor brillante que creó de la nada a uno de los villanos más perdurables de la historia del Doctor, que, debido a esto, no reaparecería hasta The Deadly Assassin, en la temporada 14.

Por cierto, Jo vuelve a demostrar su hartazgo cuando le hacen llevar el té con pastas al personal de UNIT, lo que ella aprovecha para quejarse de que cuando la enchufaron ella pensaba que viviría una vida de misiones secretas al estilo James Bond, al que termina comparando con el Brigadier —obviamente, también el acerado militar de la primera temporada de Pertwee ha terminado convertido en una suerte de Papá Comandante—, por lo que no sorprende saber que al comenzar la grabación del siguiente serial, Manning avisó al equipo de producción de que tenía intención de largarse al final de temporada.

Pero lo importante en ese momento era saber qué pasaba con el malherido doctor, pues así continuaba el cliffhanger del anterior serial, con la persecución de los Daleks y un argumento posterior que recaía en su creador, Terry Nation, que modelaría este Planet of the Daleks a partir de la primera aparición de los saleros malignos, funcionando como una suerte de secuela directa de lo que allí pasó al recuperar a los Thals después de que el Primer Doctor les hubiera dejado. Al fin y al cabo era la primera vez que Nation regresaba a sus criaturas desde el episodio navideño de la tercera temporada. No era el único punto en común con la etapa clásica, pues su director, David Maloney, llevaba sin colaborar con Doctor Who desde el final del Segundo Doctor, con The War Games.

En esta ocasión el Doctor y Jo se encuentran con los Thal, que les avisan de que ahora los Daleks también pueden hacerse invisibles. Esta vez usan una plaga en lugar de la famosa bomba y, de nuevo, los Daleks terminarían atrapados en su ciudad al final de la misma. Muchas son, la verdad, las coincidencias entre esa primera historia y esta continuación.

A los tres Daleks usados habitualmente se añadió la creación de varios más, completamente estáticos, además de alguna de las réplicas de juguete de la marca Louis Marx que ya habían utilizado durante el Segundo Doctor. Con todo, el jefe sería uno de los Daleks propiedad de Nation, usado para la película Daleks: Invasion Earth 2150AD y que se pintaría aquí de dorado para aparecer como Dalek Supremo.

Para la discusión sobre las ideas feministas de Letts y Dicks, obligaron a Nation a incluir a una Thal, Rebec, en uno de los papeles principales. Le convencieron diciendo que así se daría más variedad a la raza y permitiría a los telespectadores distinguirles mejor, pero es difícil saber si era sólo eso o realmente estaban presionando a favor del cambio. El otro cambio, a petición suya, que tuvo que realizar Nation fue una planeada masacre Dalek que acabaría con todos los Thal, algo que quisieron evitar, dadas las quejas sobre la violencia que manejaba la serie. Y quedan dudas sobre hasta qué punto Nation buscaba que las secuencias en la jungla fueran una referencia a la Guerra de Vietnam, algo que tanto Letts como Dicks negaron que fuera idea suya. Por cierto, no están en esta ocasión en Skaro sino en otro planeta en le que la lucha entre Daleks y Thals continúa aún. E incluso el Doctor hace notar las similitudes con lo que le ocurrió en Spiridon durante The Dalek Invasion of Earth.

Tras lo ocurrido con Delgado y ante la marcha de Katy Manning, hizo falta improvisar un poco en el final de temporada, así que eligieron la historia The Green Death de Robert Sloman y Barry Letts le hizo un par de cambios.

Es notable la marcha de Jo Grant porque su personaje, habitualmente menospreciado por llegar como una enchufada y por venir detrás de la enorme Dra. Liz Shaw, explica desde el principio que ha decidido dejar UNIT. De manera que todo lo que ocurre después, incluida la aparición de un hombre con el que terminará casándose, no es sino una muestra del esquizofrénico tratamiento que sufrió el personaje. Con una parte pugnando para funcionar como mujer liberada mientras el otro se empeña en reconducirla por las representaciones clásicas de la mujer en la televisión.

Todo comienza con una mina abandonada, sigue con gente pintada de verde fosforito, continúa con larvas gigantes y muestra una inclinación por los temas del conservacionismo y la ecología que incluyen vertidos de una empresa llamada Global Chemicals y un villano en las sombras conocido como BOSS.

Todos estos temas quedan ensombrecidos por la auténtica trama importante, la marcha de Jo, que deja a un perplejo Doctor que exclama: “I’m offering you the universe” sin entender por qué le abandona. De hecho, se irá a trabajar para el Profesor Cliff Jones —interpretado, por cierto, por Stewart Bevan, el novio de Manning en aquel momento—, del que antes de conocerlo ya sabemos que es un experto en hongos y que ha ganado el premio Nobel. De esa forma es mayor la sorpresa al descubrir que es un joven de unos veinticinco. Más aún, es un sabio un poco excéntrico y muy inteligente de forma que, como señala Emma Nichols en Chicks unravel time, nos están dejando bastante claro que Grant deja al Doctor por su versión joven —y humana—. Una vez salvado el mundo, el Doctor querrá hacer las paces con ellos regalándoles un cristal del planeta Metebelis III, el planeta al que parecía que nunca conseguían viajar, otro running gag de la temporada.

La salida de Jo ofrece también una idea del tratamiento del romance entre el Doctor y su companion. Frente a las situaciones post-relanzamiento en 2005 aquí tenemos un uso más sutil de ese compañerismo con complicidad malinterpretable que evoca, a su vez, a otro de los referentes de esta etapa: Los Vengadores, donde sacaron a Diana Rigg, la siempre memorable Mrs. Peel de la serie, despejando su falsa viudedad al traer de vuelta a Peter Peel, que tenía una pinta sospechosamente similar a la de Mr. John Steed / Patrick Macnee.

De manera que Grant cuenta entre los personajes que abandonan al Doctor por una boda pero, como vemos, no es esa una interpretación exacta sino, más bien, la forma de encerrar dentro del cliché una salida de la serie para un personaje femenino que, de nuevo, estaba cansada de servir para pasar tubos al Doctor y decirle lo listo que era. Tardaríamos casi cuarenta años en volver a ver a Jo Grant actuar en el whoniverso.

Esto implicaba que para la siguiente temporada hacía falta una nueva companion, especialmente dada la progresiva pérdida de relevancia de UNIT en la serie. La elegida para el papel fue Elisabeth Sladen, para que interpretara a un personaje que iba a estar entre la Dra. Shaw y Jo y que mostraría un interés por el feminismo y serviría, a la vez, como elemento de debate. Pero expliquemos antes cómo la introducen en la serie.

Será en The Time Warrior, la primera historia de la temporada en la que, por cierto, se dirá por primera vez que el nombre del planeta del Doctor se llama Gallifrey. También será la primera vez que veamos el famoso logo con forma de diamante que caracterizaría la etapa Baker en el personaje. Finalmente, serviría para presentar a otra de esas razas alienígenas que se han ido manteniendo a lo largo de la historia del Doctor, los Sontaran, obra de nuevo de Robert Holmes, que tendría que situarlos en un castillo medieval por idea de Terrance DicksHolmes se la devolvería cuando los papeles se invirtieran en la temporada 15, haciéndole escribir una historia en un faro—. Durante los cuatro capítulos de The Time Warrior comenzaríamos con UNIT encomendándole al Doctor la investigación de unos científicos desaparecidos en un instituto de alta seguridad, con la inestimable colaboración como acompañante del Brigadier; el culpable resulta ser otro viajero temporal. En su persecución hasta la Edad Media no se da cuenta de que Sarah se ha colado en la TARDIS buscando escribir una enorme historia, al más puro estilo de Lois Lane. El alienígena, un sortaran, está tratando de arreglar su nave espacial aunque para ello tenga que manipular la historia de la Humanidad, alterando su futuro.

La siguiente historia, Invasion of the Dinosaurs, conocida en su primer capítulo como Invasion para no chafar la sorpresa, es otra de las historias medioambientales del Doctor, obra en este caso de Malcolm Hulke y que comienza, teóricamente, con el final de la anterior, ya que al regresar a Londres desde la Inglaterra medieval, el Doctor y Sarah descubren que están apareciendo dinosaurios debido, en esta ocasión, a una máquina que revierte el estado de la ciudad a tiempos prehistóricos como parte de un plan ludita. Se tata de un serial simpático en el que lo más destacable son los efectos especiales, particularmente la simpática animación de los dionsaurios, y a que se presenta el comúnmente conocido como Whomobile que, a diferencia de Bessie, no es un coche sino un hovercraft. Quizá lo más sorprendente del serial sea descubrir que uno de los hombres de UNIT, en un arrebato de conciencia ecológica, ha decidido traicionar a la unidad facilitando este plan. No hay giros a enemigos exteriores, sólo gente que cree estar haciendo lo mejor y que es tratada en consecuencia.

Este episodio también significa la llegada extraoficial de Robert Holmes al puesto de jefe de guionistas, si bien Terrance Dicks no dejaría de manera efectiva el puesto hasta el final de la temporada. Holmes, que llevaba años colaborando esporádicamente, se enteró de que Dicks planeaba dejarlo y se autopostuló ante Letts y la oficina de producción, que no dudaron en aceptarle. También tras las cámaras había otro dato curioso, pues estamos ante el primer serial dirigido por una mujer desde 1965, Massacre of St Bartholomew’s Eve, en ambos casos por la misma Paddy Russell.

El final de la historia marca, además, el punto en que podemos decir realmente que Sarah Jane Smith comienza a ejercer como acompañante, pues en el anterior serial era sólo una polizona y todo éste se lo pasa más por las circustancias de su regreso a Londres que por interés por parte del Doctor. No será hasta el final de la historia, con el Doctor ofreciéndose a enseñarle las maravillas de Floriana, que quedará establecido su nuevo papel. Un truco que pasaría a utilizar en el futuro en sus encarnaciones novena o décima. La excursión a Floriana acabaría llevándoles a la siguiente aventura.

Death to the Daleks está guionizada por Terry Nation y no creo que haga falta que os diga quiénes son los villanos de esta historia. Aquí el Doctor saca por primera vez fuera de la tierra a Sarah, aunque sea sólo para que acaben junto a una expedición del Cuerpo de Marines Espaciales y un escuadrón de Daleks atrapados en el planeta Exxilion, rodeados de nativos furiosos y con una misteriosa ciudad perdida como única solución posible.

Como parece demostrar esta sinopsis, en un primer momento no estaba prevista la presencia de daleks en la historia, pero Barry Letts y un aún flotante Terrance Dicks consideraron que había que aprovechar la popularidad de los bichos, ya que Nation iba a encargarse del guión. Y siguiendo la progresión de mujeres interesantes, la experta científica de los Marines, Jill Tarrant, tendría un papel pequeño pero decisivo. También se trata del último serial que tuvo episodios perdidos en la historia de Doctor Who. A partir de aquí se guardarían sin problemas. También es la última vez que aparecerían los daleks sin estar de por medio Davros durante todo lo que durara la serie clásica.

Enfilando ya el final de la temporada, los dos seriales que quedan son ejemplos magníficos del buen nivel de esta etapa, comenzando por The Monster of Peladon, con guión de Brian Hayles y que funciona en parte como secuela de The Curse of Peladon, con el Doctor decidiendo comprobar cómo le va a la gente cincuenta años después de su última visita para descubrir que están en mitad de un conflicto minero. La historia demuestra ser toda una parábola de múltiples lecturas y que funciona en espejo con la época en la que se creó, sirviendo como clarísima metáfora de los problemas mineros, la brutalidad policial, el desconcierto de los gobernantes, así como un alegato pro-sindical y pro-feminista. Casi nada.

A su regreso a Peladon, el Doctor encuentra en el trono a la Reina Thalira, hija del difunto Rey Peladon. La nobleza de Pel está en negociaciones tensas con los mineros y, de nuevo, su deidad/monstruo Aggedor está atacando y matando gente, mineros en este caso. En el sindicato las cosas no están mucho mejor, con un pro-negociación, Gebek, y un exaltado, Ettis, disputándose el control del sindicato. Todos estos bandos acabarán uniéndose a regañadientes cuando la Federación Galáctica, necesitada del trisilicato que sacan los mineros, decida enviar tropas para garantizar la producción, tropas que tendrían aquí la función de antidisturbios pero que resultan ser encomendadas a los Ice Warriors. Lo que casa con los antidisturbios tradicionales, por otro lado.

El enfrentamiento ente los mineros y los Ice Warriors preocupa ala reina aunque complace a los nobles, que notan demasiado tarde que a estos alienígenas su seguridad o comodidad le da bastante lo mismo. Todo ello mientras el Doctor trata de descubrir qué hay detrás de las apariciones de Aggedor, mientras Sarah convence a la Reina Thalira de que debe imponerse a los nobles, con un discurso a favor de la liberación femenina y una frase que será citada frecuentemente al hablar del personaje:

“No hay ningún “sólo” en ser una chica.”

O en inglés: “ There?s nothing «only» about being a girl “. Curiosamente, esta misma defensa sirvió para que se dijera que es una feminista de papel sólo, que lo proclama pero luego no lo cumple, que no hacía falta que a la gente de Pel le tuviera que ser recordado esto, mucho menos a los ingleses —en serio, por lo visto tener una reina durante unas cuantas décadas sirve para algunos para convertir a sus súbditos en concienciados—. Y es que la trama minera no es más que una evolución de las tramas de “enemigo exterior influyendo en los honrados mineros”, sugiriendo que, si los mineros se rebelaban, no era por las malas condiciones sino por la influencia de los comunistas. Una afirmación cuanto menos discutible: los mineros dejan de trabajar, no por explotación laboral habitual, sino porque los nobles insisten en que sigan trabajando pese a haber una bestia suelta que les está matando. Eso es lo que provoca el conflicto entre las partes. Si no es una muestra de insensibilidad por parte de la nobleza/patronal enviar a morir a sus trabajadores, no se me ocurre qué puede serlo. Y si bien son extranjeros traidores los responsables de lo sucedido, tampoco parece que destruir a los mineros pudiera ser una finalidad en sí para ninguno de los grupos implicados. Desestabilizar el trono para ocuparlo o hacerse con el control del sindicato minero, incluso quitárselo de en medio, son ideas posibles y manejadas, pero que palidecen en el contexto de guerra fría que Peladon ha evocado siempre.

Y si Sarah Jane llega a decir, creyendo muerto al Doctor, que “eso es lo que el Doctor solía decir. Siempre hay una oportunidad. Porque mientras hay vida…” el siguiente iba a terminar incluso con eso.

Planet of the Spiders será la última historia de la época Pertwee / Letts / Dicks. Pese a lo cómodos que parecían los tres, ya hemos visto que Dicks se estaba desvinculando a favor de Robert Holmes. Además, Pertwee había pedido un aumento en navidades del año anterior que había sido rechazado, decidiéndole a abandonar la serie y poniendo en marcha el clásico mecanismo renovador de ésta, en este caso permitiendo tejer una historia con retales del pasado.

El cristal azul de Metebelis III que el Doctor regalara a Jo por su boda resultará ser el último componente que una raza de arañas gigantes necesita para dominar el universo. Conocemos al viejo mentor del Doctor, del que ya se nos había hablado durante el año del Master, y veremos un repaso a muchos de sus temas, desde los ambientales hasta la cercanía con James Bond en una persecución que le llevará a usar a Bessie, el Whomobile, un coche de policía, un girocóptero y una lancha.

También los monstruos gigantes, que aquí serán representados de una manera deliberadamente falsa; las arañas —que remiten muy claramente a la aracnofobía, además de a los clásicos cincuenteros de animales gigantes— están realizadas de una manera que no puedan parecer realistas sino risibles, sin voluntad alguna más allá de la de maravillarse ante su misma existencia. Evitando, así, las previsibles quejas ante una nueva creación monstruosa que ya hubo con las larvas gigantes de The green death, de la que se toman tantas ideas y conceptos que casi podríamos decir que ambos finales de temporada están conectados entre si.

No sólo eso; con su previsible partida, Barry Letts decidió que Planet of the Spiders sirviera también para recordar sus propias ideas budistas, que aparecerían incorporadas mediante un centro de meditación que forma parte de la trama y que servirá para recuperar al personaje de Mike Yates. A su vez, Sarah Jane Smith tiene una aproximación a la historia completamente independiente y ejerciendo de periodista, como un complemento de lo que sería la línea argumental del Doctor. Quien, a su vez, nos mostrará no sólo su fobia a las arañas, sino también la interpretación psicológica detrás de toda esta historia, con las arañas como elemento del subconsciente y el ansia de conocimiento del Doctor como aquello que acabará causando su muerte. O, como se dirá por primera vez en pantalla, su regeneración. Y es que ya lo dice el Brigadier: “Allá vamos de nuevo.”


Formatismos españolescos televisivos comparativos

Hay semanas en las que las columnas de actualidad1 se hacen solas porque un gran tema lo polariza todo. En otras ocasiones son muchas y muy diferentes las posibilidades. De vez en cuando hay semanas tranquilas en apariencia que permiten tratar temas pendientes. Las posibilidades, directas o indirectas, son casi infinitas.

Pero a veces parece que quiera olvidarme de España, como si eso fuera posible. Soy perfectamente consciente de que el estreno de una nueva aventura de Jonathan Creek —que, por cierto, me destroza el estuche de Obra Completa — es algo que sólo me importa a mí, pese a que su éxito en UK, 7 millones de espectadores, sea algo incomparable allí, aquí e, incluso, en USA.

En USA siempre pasan cosas, sobre todo con una NBC que parece decidida a superar cualquier cosa que se dijera de ella… en 30Rock. Tras todo tipo de broncas entre los jefes, es decir Robert Greenblatt, y Jay Leno parece que al final el adelanto del programa de Jimmy Kimmel ha logrado convencer a la NBC de que Leno se tiene que ir del Tonight Show y dejarle el hueco al mudito Jimmy Fallon, siempre tan bien respaldado por Lorne Michaels. Este muerto ha hecho que se especule quién ocupará el lugar de Letterman, —de momento el primero en las listas parece un Seth Meyers post SNL — y que a Letterman también le muevan la silla los comentaristas y críticos porque su jefe en la CBS, el siempre caballeroso Les Moonves, no tiene intención alguna de meterle prisas. Como al resto de asuntos del canal, vaya. De todas formas, de este asunto es mejor esperar a hablar cuando lleve tres meses Fallon a los mandos, no vaya a ser que Leno vuelva a echarse atrás.

Además de eso la NBC ha tenido los tres estrenos más importantes del año, dos regresos y una novedad. Y lo han resuelto a su particular manera. The Voice ha regresado sin ser el programa rompedor y multitudinario que solía, pero aún así dominando de sobra con unos 4.3 puntos que doblan a su directo competidor. Y, sobre todo, elevando unos números en una cadena que estaba dependiendo de cosas como el SNL o el Tonight de Leno para no hundirse del todo. De manera que el regreso de Revolution a la baja también se lo tomaron como un éxito aunque no apareciera hasta el número 15 y evidenciara un más que notable desgaste. Y por ese mismo motivo, la llegada de la nueva niña bonita de Greenblatt estaba cargada de interés. Hannibal, serie con el gran Bryan Fuller como responsable y colocada en la posición de la muerte, cuyo resultado fue que, aún encontrando un hueco en el que sólo se emitieran dos programas nuevos en las otras networks, quedó… tercera. De hecho, logró aproximadamente la mitad de espectadores que la siguiente serie, 4,3 millones frente a los 8,0 de Scandal y los 10,5 de Elementary, aunque en 18/49 sacara un 1.6 (de nuevo, frente a los 2.1 y 2.6 respectivos de sus competidores); con lo que no ha sido un triunfo precisamente, pero, dado el estado actual de la NBC, sabe como un triunfo. Al menos por esta semana.

Pero no es lo único que ha pasado en Estados Unidos. También está la muerte de Roger Ebert, un tipo que te podía caer mejor o peor pero que fue el último superviviente de un momento en que la relevancia de los críticos existía. Algo que debería hacernos pensar, no tanto en lo que Ebert supuso —incluyendo a qué le daba importancia y qué facilitaba eso—, que también, sino en la desaparición o destierro de los críticos de las manifestaciones artísticas y su crítica de la televisión y sus programas. Algo notable en lo que se refiere a la música, pero que también el cine ha sufrido. La falta de críticos de referencia, en especial de aquellos con un criterio propio —por mucho que nos repatease ese criterio— que demostrara la necesidad de reflexionar sobre lo visto, es una constante en la televisión moderna.

Mientras tanto, en UK un periodista televisivo estaba preparando un programa demostrando la vida de los sin techo y ha muerto. Lo que, bajo mi punto de vista, ha demostrado que lo más relevante que puede hacer un periodista para demostrar un punto de vista no es sacarlo en televisión necesariamente.

De modo que, ¿qué ocurría mientras en España televisivamente hablando?

La noticia más vista de la semana y, por lo visto, de varias webs de periódicos de tirada nacional, es que una conocida especialista en carecer de trabajo ha vuelto a conseguir que a la gente le importe su irrelevante vida. Bravo.

Para seguir, un teórico cómico ha decidido cargar con toda su ignorancia y sexismo contra otros cómicos que habían cometido el imperdonable pecado de hacer risas sobre la Semana Santa, y se ve que a este capillita eso no le parecía bien en absoluto. Viva.

Finalmente, la semana pasada Tele 5 decidió que no hacía falta emitir ficción y todo su prime time se compuso de reality shows, y talent shows y corralas shows , sin un hueco para la ficción propia o ajena. Por suerte parece que el motivo real es una concatenación de circunstancias que acaban siendo resumidas en esto es más barato.

Porque es eso lo que parece mover ahora a las televisiones en España, lograr el producto más barato. No el mejor. Da igual que haya series en países como USA y UK convirtiéndose en éxitos —e invirtiendo mucha más pasta— pese a sus resultados de audiencia mermados. Aquí importa más lo barato que sea y la estrategia comercial del grupo, aunque signifique tener una serie en la nevera durante meses. De manera que la mejora en la ficción que parecíamos estar teniendo gracias, sobre todo, a los intentos por mejorarla y ofrecer variedad en la TVE de la pasada década, están viéndose arrastrados no sólo por la crisis sino, además, por la forma de actuar de cadenas y audiencias.

Ese es el tipo de descorazonadora realidad por la que al final uno acaba prestando más atención a lo que se hace fuera. Incluso sabiendo de sobra que mirar hacia otro lado o ningunear la situación patria no va a hacer nada por mejorarla.

————————————————————————————————————————————————
fn1. Por si alguien está siguiendo El Receptor desde hace poco: El formato habitual es alternar columnas dedicadas a algún tema concreto a lo largo de meses, en la actualidad Doctor Who, con columnas centradas en el análisis y la reflexión a partir de la actualidad.