Expositivas formas mutantes

Cuando uno se encuentra con las clásicas iniciativas inglesas de emitir algunos pilotos como si fuera una serie de antologías para que la respuesta del público sea la que decida las novedades se suele sorprender.

En mi caso porque, despistado como soy, pienso que me he visto por error otra serie. Como normalmente no me informo de los pilotos que voy a ver me pasan esas cosas. Además, cada país tiene su forma de funcionar y esta idea es notablemente inglesa. Creo que ya lo he comentado un par de veces a lo largo de esta columna, regularmente algunos canales organizan una serie contenedora antológica en la que emiten el piloto. Eso significa, habitualmente, que el que es escogido aún puede tardar dos años en verse desarrollado. Y eso si no existen otros problemas, pero mejor no hablemos de BBC Four que me deprimo.

En cualquier caso, los americanos también lo han intentado en ocasiones, aunque de una forma menos sistemática. Usando pilotos como telefilmes en ambos sentidos. Es decir, preparando auténticos telefilmes que luego pudieran pasar por pilotos de las series —y ahí tenemos ejemplos tan poco probables como el de Los vigilantes de la playa empezando como una peli de dos horas en la NBC, pero con las mismas fue el movimiento fundamental para que Babylon 5 o la nueva Galactica consiguieran serie— o reciclando pilotos rechazados en forma de telefilmes, que no tienen un final claro, que no desarrollan personajes y que dan la sensación de que algo falla. En realidad no se nota tanto la diferencia.

Por supuesto también puede haber pilotos pensados para salir como TV Movie, tener éxito y de ahí hacer serie. El SyFY está lleno de ellos, aunque debo decir que siento cierta predilección por ese encantador desastre de USA Network que fue Frankenstein

Ay, sí, en España se estrenó en DVD. Para eso estamos. De hecho, aquí se intentó el truco de hagamos un piloto y de ahí la serie con una trama de asesinatos, barajas y juegos de rol mortales —ah, el dulce regreso del slasher como género de moda— pero como lo montó todo Antena 3 se pegó un batacazo y nada hubo después. La cosa en cuestión, llamada Demium se estrenó con declaraciones de que si al público le gustaba se haría serie.

Os he buscado un algo, aunque fuera una escenita, pero no he encontrado ni rastro. Una lástima porque en su momento en Dreamers nos dio para muchas risas. Digo, perdón… Es una lástima que no queden recuerdos de los grandes profesionales patrios en su intento por innovar. Si alguien sabe de dónde sacarla —aún teniendo en cuenta que como iba a ser una serie no tenían intención de decir quién era el asesino, así que en realidad no tenía final— que avise.

Y, en medio de esto, la forma de mutar las series. Fuera de España, claro. Aquí seguimos a lo nuestro.

Mientras en UK puedes tener el piloto hoy y luego ya veremos cómo se emiten las series — Luther ha tenido una temporada de 6 capítulos, otra de 4 y la próxima de 2; si llega a haber 4 imagino que será una peli— en USA van probando a recortar sus locas ideas de 24 capítulos por temporada. Desde la aparición de las emisoras de cable se han ido haciendo más habituales las temporadas cortas y su posterior inmersión en la ficción propia, junto con menos medios para producir, ha hecho que busquen alternativas.

Parte de lo cuál se aplica también a las grandes, que dejaron de hacer pedidos de 22/24 a hacerlos de 13 y luego de 9 y ahora de 6. Y en cualquier momento empezaran a ir renovando cada semana. Siempre considerando que luego pueden “pedir más”. Pero, claro, eso no es exacto.

Dan Harmon, creador de Community, comentaba cómo la petición de dos capítulos más casi al final de la temporada les hizo sacar deprisa y corriendo dos guiones y rodajes para poder servirlos resintiéndose la calidad de los mismos. Algo que no habría pasado con una petición cerrada.

Por cierto, Harmon está metido en una de esas otras muestras de que las cosas están cambiando. Con la aparición del crowfunding en Kickstarter para lograr que se haga la película de animación Anomalisa, con guión y dirección de Charlie Kaufman y producción del propio Harmon y algún otro sospechoso habitual como Dino Stamatopoulos o Duke Johnson.

Podéis poner pasta a cambio de recompensas — o por el placer de ponerla— aquí: Anomalisa

Volviendo al tema: Si se hubiera tratado de una serie cerrada no se hubieran podido añadir capítulos pero, por las mismas, habrían tenido que saber cuántos se iban a emitir para poder darle un final. Que no pasara como con Reunion, esa serie de la FOX sobre un grupo de amigos y un asesinato en el pasado en que cada capítulo representaba un año desde el 86 hasta su presente en el año 2006 de manera que veías su evolución — sí, ya, como Our friends in the North pero con asesinatos y capítulos anuales— y también flashbacks e información que iba rellenando la trama. Lamentablemente la cadena sólo había pedido 13 y, como en realidad no emitió más que 9, no consideró necesario concluirla con los 7 episodios que faltaban, así que nos quedamos sin conocer el final.

Claro que, precisamente, esas son las ideas que hacen avanzar la forma de organizar la duración y forma de una serie. Cuando sus creadores decidieron ponerse con Harper’s Island partieron de un pedido de 13 episodios y a eso se ciñeron para contar la historia, sin esperar que luego les fueran a pedir mas. Y menos mal, porque se hubieran quedado en 6 con toda justicia.

De modo que primero se fueron a 13, luego han empezado a variar por necesidad; si SMASH tenía que ir detrás de The Voice tenía que ser de 15 capítulos, hacer temporadas de 10 — o Kevin Bacon diciendo que no hará más que esos 15 para The Following. Del mismo modo se pueden recortar a 10 como ha estado haciendo la HBO, y que lo hagan con The Newsroom puede no ser muy acertado, pero obligando a Choque de reyes a ceñirse a esa cantidad frente a 13 ó 15 —o cualquier otra cantidad— estás obligando a recortar y resumir.

La locura inglesa de las series, que tienden a primar la historia y a obligar al canal a encajarla, es la más sensata cuando se trata de contar una historia. Es decir, si el arco es más importante que historia del día en sí. Porque con los años lo que se está logrando es que la gente entienda la diferencia entre el contenido por encima del continente. Quizá en algún momento podamos ver también dramas que duren menos de 40 minutos. De momento ya los tenemos de más, incluso del triple de duración, igual que tenemos comedias de menos.

Uno de los temas candentes, al hilo del final de temporada de diversas series y el comienzo de otras como True Blood o la recentísima regresada Breaking Bad, es lo que llaman los americanos binge watchin y nosotros, claro, atracón. Resulta que olvidaste cómo terminó la anterior temporada, o quieres revisarla antes de que empiece la nueva o has esperado a que termine para poder vértela del tirón. En USA están discutiendo si es bueno, si es malo, si habría que respetar la pausa para cumplir con la forma original para la que estaba diseñada…

¿Os parecería normal que os pusieran una hora para leer un libro? ¿UN capítulo por vez? ¿Y todas las historias tienen que ser de 25 páginas?

Eso podía pasar en los tiempos del pulp, cuando el editor tenía que sacar historias más para rellenar que por motivos internos, y salían grandes obras; ahí está la recopilación de cuatro volúmenes ¡Bang! ¡Bang! ¡Estás muerto! en Akal para dar fe de que también así podían salir obras memorables.

Pero cuando dejaron a los autores decidir, entonces la calidad creció —no toda, no seamos ridículos, pero sí fue más fácil para ellos hacerlo bien— y en eso estamos ahora.

Cierto es que, al verlo desde un país extranjero, hace años que sabemos que no sería tan importante cuando empezaron a vender sus series para que se repitieran a razón de un capítulo al día, mucho menos si llegan a pasarse por España y ven que se programan de cualquier manera, incluso en días consecutivos y grandes cantidades de capítulos por vez, como la realidad constatable de que la carta de ajuste de nuestra televisión, con sus colores o esas fotos volantes de la Familia Real, han sido sustituidos por capítulos de Los Simpson o Lo que se avecina.

Más lejos aún, porque ya la revolución actual no es tanto de calidad o de capacidad; además hay algo que han perdido: ya no están al mando.

Ahí eran ellos, ahora somos nosotros con nuestros dispositivos reproductores multimedias, nuestros medios de almacenamiento cada vez más etéreos, nuestra facilidad para adaptarles a ellos a nuestras necesidades, tiempos y horarios y, sobre todo, el ser consciente de que el mando es nuestro.

Ahora está claro que es nuestro, sólo queda empezar a reivindicar que podamos ver las series con él en la mano. Para repetir escenas. Para darle a la marcha rápida si nos aburrimos o rebobinar —ja, bobinas— si algo nos hemos perdido. Para poder darle el uso intensivo que se merece. Porque quizá así quedaría claro, por fin, que lo último que es deseable es convertir esto en un ejercicio pasivo.


Sinsentidos adultos guerrilleros

No tendría mucho sentido empezar la columna hablando de lo perdidos que están en PRISA. En primer lugar porque sería como empezar a hablar de ahogados señalando que el agua moja, en segundo porque cualquiera que haya seguido la idea que ellos tienen de lo que es informar sobre ficción televisiva, desde los lamentables artículos que publican de cuando en cuando hasta las tristes promociones poco o nada disimuladas de sus propias series que aparecen tanto en esos mismos artículos como en secciones teóricamente divulgativas como la que tenía tiempo atrás Hernan Casciari.

Podemos, eso sí, empezar discutiendo hasta qué punto el momento actual es culpa de todos esos años. La falta de gente que sepa de lo que está hablando, la glorificación del momento actual y la auténtica ceguera para con todo lo que se encuentre un poco más allá del rango de visión más inmediato y vendible, asuntos todos que debería competer a un medio de comunicación si no combatir sí al menos educar al respecto.

En lugar de eso han organizado un enorme despropósito para este verano, un evento tan ridículo como masturbatorio al que han llamado Guerra de series porque, suponemos, Guerra de Frutas o El mejor plato del mundo estarían ya cogidos. Normalmente las listas, competiciones y elecciones de lo mejor de son ridículas en sí mismas. No ya por la habitual falta de perspectiva ante la novedad, también por la facilidad con la que podrían cambiar las tornas sin mayores problemas. Por hablar desde la experiencia, cada vez que tengo que hablar de lo mejor del año en cualquier categoría me suele llevar bastante debate interno. No quiero ni pensar si la forma de tomar la decisión fuera una completa majadería.

Para los que no sepan de qué estoy hablando y, pese a todo, hayan llegado hasta el cuarto párrafo: En PRISA —es decir, El País, Canal +, Cinemanía, Rolling Stone,Los 40, la SER y hasta hace un rato gran parte de Cuatro— han decidido amenizar el verano con una Guerra de series en la que luchan entre sí sin demasiado sentido. ¿ Los Simpson o Hermanos de sangre (Band of brothers)? ¿ Lost o Frasier? Han hecho lo que han podido, incluso buscando la coartada intelectual de los monstruos que ellos mismos han producido, recurriendo a charlatanes que a falta de crecepelos tratan de vendernos las series actuales y los libros que sacan sobre ellas, mientras expulsan datos sin ser capaces de lo más básico como, digamos, escribir correctamente Bochco. Y, por supuesto, se han propuesto usar las redes sociales para darle resonancia y hacerlo participativo logrando a la vez exhibirse más, como limosneros extendiendo la mano para sufragar su mendicidad intelectual.

Y si bien todos los tentáculos habían tenido ya sus momentos de bochorno — como con ese listado en Cinemanía de las mejores películas de la historia que parecía la cuenta del videoclub de Canal + eliminadas las porno—, éste entra en la zona de reflexión de la columna, así que vamos con tres puntos básicos que explican los errores.

El primero ya lo hemos mencionado. Están comparando por comparar, sin que las series tengan puntos en común en las que puedan ser medidas más que el hecho de que todas ellas se han emitido en televisión, ni siquiera en el mismo tipo de canales, ni en el mismo país, que para eso han decidido incluir ¡UNA! serie inglesa.
Como comparar una naranja con un plátano.

El segundo problema es de organización. Vale, ya es suficientemente malo hacer esta patochada, pero tampoco han permitido un proceso previo de selección ni una forma de realizar los emparejamientos, mucho menos un sistema de lucha múltiple que permita ir ponderando las series. Por cierto, tampoco les vendría mal que aprendieran a reconocer lo que están haciendo. Si el público la juzga —ya que no el cielo— entonces no van a encontrar la serie mejor, van a tener LA MÁS POPULAR. Pero, eh, es lo que pasa cuando organizas concursos de popularidad, sea en un instituto ( IES Jesús Polanco) , en un certamen de Miss ( Miss Series ) o en un medio de comunicación ( Todas las anteriores).

Pero el tercero, y principal, es precisamente esa falta de conocimiento del medio del que hablan, sobre el que pontifican y que dicen amar. Para los que no lo recordéis, el año pasado estuve repasando la Historia de la ficción televisiva, sus series más importantes y las personas tras ellos, creadores destacados que pusieron las semillas para todo esto tanto en Estados Unidos, Reino Unido y España… En aquel momento señalé que parte de la motivación era tener algo que señalar cuando ocurriera este tipo de cosas. Pues bien, aquí estamos de nuevo.

No sólo olvidan… espera, olvidar implicaría que en algún momento lo supieron… No sólo desconocen cosas tan básicas como deberían ser las series de los años ’40 y ’50, incluso las de los ’60. Desde hasta Dragnet a I love Lucy, Los Vengadores o Doctor Who, todos han sido sistemáticamente olvidados. En la misma semana en la que Andy Griffith moría; un autor intensamente popular por su trabajo reciente en Matlock pero, sobre todo, por el papel de punto de partida de actores, series e ideas que supuso su comedia sobre un sheriff rural que llevaba su propio nombre: The Andy Griffith Show; un medio que debería haberse molestado en informar se encontraba muy ocupado revolcándose en la felicidad de su indigencia cultural.

Tampoco es que los años posteriores estén mucho mejor tratados, ni que las series más relevantes — All in the family, Yes, Minister o MASH, por poner tres incuestionables— hayan tenido un espacio ante la posibilidad de enfrentarse a lo que nos quieren vender como la cima de la ficción audiovisual serializada.

Pero, en fin, tampoco tiene mucho sentido enfadarse con ellos. Mejor compadecerles, señalarles, reírse ante lo cutre de la propuesta y la pérdida de papeles que, en realidad, sólo es una más porque a estas alturas esos famosos “papeles” los han perdido tantas veces que deben ser el confetti que le echan todos los fines de semana al Borbón.

Ellos han logrado que les puedan mirar por encima del hombro los redactores de la SuperPop, así que lo que nosotros podemos hacer es decirles: Todos rieron. Porque, siguiendo la definición del Webster:

[Edito: Mientras yo me dedicaba a escribir esto El Hematocrítico y Noel Ceballos han optado por saltarse el texto y pasar a la acción creando la delirante demostración de la misma estupidez del proyecto de PRISA con un espejo deformante llamado Guerra de Cosas La próxima vez que lo hagan antes y me ahorro escribir la columna]


Tercera pilotística anual

Como os decía la última vez, sigo todos los pilotos por mi propia voluntad. Quizá porque no me fío de lo que llega o porque sospecho que nunca el escrutinio es suficiente. Sin embargo este último bimestre ha sido menos prolijo en estrenos. Incluso alguno que esperaba con ganas como Moone Boy ha sido retrasado al otoño. Eso y los cambios, saltos y revueltas —esa CBS cancelando y a mitad del verano reculando con Unforgettable — hacen que todo se presente de lo más mutable. Pero, en fin, hay dos cosas que son innegables: La primera es que las series las veo por mí, pero estos resúmenes son por vosotros. La segunda, que no se van a comentar solos así que…

¡Que comience la lucha!

Anger management
Es difícil explicar por qué esta mala idea es una mala idea. El fondo en realidad no es tan malo y hay retazos de humor. Pero. En primer lugar las esperanzas de que Charlie Sheen aproveche estar en el FX junto a Its always sunny in Philadelphia o Louie se ven del todo rotas, el segundo casi parece más una prueba estilo dummie de que no está perdido para la comedia familiar. Es decir, estamos ante algo muy tradicional con un personaje que no llega a mostrar esa rabia del título, no se desmadra como esperábamos. Sí, se menciona su pasado y seguro que podemos imaginar a qué se refiere. Además, todo el cast secundario lo hace bien. Quizá no de maravlla porque ampoco hay mucho espacio pero sí cumplen con lo que de ellos es esperable. El problema es que esta es una comedia para lucimiento de Sheen y en lugar de encontrarnos con un tipo con Sangre de Tigre estamos en una comedieta sobre redimidos que sólo pretende darle otro 2 hombres y medio a Sheen. Una lástima esa falta de ambición.

The Aquabats! Super Show!
A ver cómo enfoco esto: The Aquabats es una banda californiana de ska-punk-pop con cierta tendencia al delirio, salvado las distancia para ambos grupos podríamos decir que están cerca del concepto de Los Petersellers. Además, el jefe del grupo hace muchas otras cosas como ser co-creador del programa infantil Yo Gabba Gabba! lo que fue allanando el camino hasta darles su propio programa televisivo que ofrece aventuras, mucho humor, más imaginación e historias que continúan con la mitología propia de estos… superhéroes cantantes.
Así que tenemos referencias, animaciones, canciones, y muchas ganas de pasarlo bien. Un gran divertimento.



Baby Daddy
Por el amor de Dios, ¿cuantas comedietas de gente que tiene que bregar con la paternidad vamos a tener que soportar? ¿Pero qué está pasando, toda esa gente que decía “Eh, estas vivencias compartiendo piso son tremendamente divertidas debería, uaho… debería ¡¡¡Hacer una serie con ella!!” ahora han pasado a ser padres? ¡¡¡PARAD YA!!!

Bunheads
Amy Sherman-Palladino es conocida universalmente —un poner— como creadora de Las Chicas Gillmore con lo que cualquier creación que tratara de lanzar iba a ser inmediatamente comparada con estas. De manera que quizá el hecho de que sea una especie de Chicas Gilmore costa oeste es una forma de anticiparse a los problemas. Pero, además, es que logra un tono muy similar desde un punto de partida bien diferente. Aquí el centro no es tanto la familia como lo que es la familia de modo que las relaciones entre los personajes no son tanto como de amistad aunque sí se tratan los problemas derivados de las familias. Los famosos diálogos rápidos marca de la casa están, igual que la preminencia femenina que permite a Kelly Bishop un personaje que es a la vez completamente diferente y exactamente el mismo que en la primera serie. El papel protagonista recae en una mujer de tetrao, y no cualquiera, Sutton Foster puede que no tenga un labio superior que se pueda llamar tal pero sí que posee talento de sobra como para tener ya dos premios Tony en Actriz Principal de Musical. Aunque quizá por este pasado teatral hace que el personaje sea aún más gesticulante y exagerado, a ratos parece estar viendo un anime en imagen real lo que da una apariencia de irrealidad que no le viene mal a la serie. Así que aprovechen para relajarse viendo toda esta aceleración.

Cajun Justice
El asunto con los docurealities es que nunca tienes claro cuándo lo son realmente y cuándo se han inventado todo pero tratan de disimular para que les contraten como producto de moda. De esa manera este Cajun Justice se presenta como un programa de policías —ni siquiera un COPS — con un componente extraño y, debo decir, quizá no merezca la pena esperar por él cada semana pero sí es algo que te quedarías viendo si lo pillas en un zapping, incluso aunque no apareciera esa semana voodoo.

Care-Bears
La culpa de todo la tienen los ponis. Vale, quizá más los Bronies. Y nunca hay que descartar a Yoko Ono como villano en la sombra. Pero, concreta mente de esto, los ponis. Porque si la nueva versión de Mi pequeño poni no hubiera sido un éxito por motivos que se me escapan, creando incluso una salida generalizada del armario de un montón de chicos jóvenes que se declararon fanes y se unieron a la etiqueta esa de los bronies, sin todo eso a nadie se le hubiera ocurrido recuperar a los osos amorosos y, sobre todo, hacerlo así:

Personalmente arreglaría todos sus problemas con un lanzallamas pero, en fin, puede deberse sólo a que no soy su público objetivo. Sí. Claro.

Common Law
he aquí un más de lo mismo, serie de pareja policiaca que podría recordar por las pintas de sus protagonistas a un Corrupción en Miami actualizado pero que no deja de ser la enésima serie de compañeros pero diferentes que trata de tirar de ese concepto de disparata amistad masculina que tan bien maneja, por ejemplo, Psych. No lo logra, claro. De manera que el resultado es algo sencillote, tan fácil de ver como de olvidar.

Continuum
Tenía ganas de ver esta serie por su planteamiento y el resultado final me deja con sentimientos contrapuestos. El punto de partida es el año 2077, en el que un grupo de rebeldes decide dar un gran golpe contra el Gobierno Corporativo del Mundo. Sí, para el 2020 la economía iba tan mal y los gobiernos tenían tanta deuda que las empresas privadas decidieron “Privatizarlo” y desde entonces ha habido cambios, muchos cambios. De modo que un grupúsculo de libertadores deciden contraatacar. Se cargan a algunos de los dirigentes de empresa a cambios de unos pocos cientos de víctimas colaterales. De manera que la policía decide ejecutarlos, que para algo es un estado fuertemente policial. Los ocho cabecillas, los Libe8, están preparados para su último viaje… que resulta ser en el tiempo, hasta el 2012. La gracia del asunto es que una policía logra unirse al intento de fuga temporal y termina aquí con nosotros. Bueno, en realidad parte de la gracia. La otra es que ella es la protagonistas. Porque esa especie de 15M del mal son los villanos de esta historia. Esto, que podría pronto haberse convertido en un nuevo Time Cop resulta, sin embargo, algo un poco más complejo. Tampoco muchísimo, claro, que al final lo importante aquí es la acción, pero sí lo suficiente como para que se nos presenten a los distintos miembros y algunas disidencias, incluso las diferencias entre los que son puramente violentos y los que piensan que con el cerebro se podría evitar gran parte de esos problemas distópicos. De manera que al final nuestra protagonista resulta ser el personaje más desagradable de la historia, alguien criado en un mundo sin libertadas y fuertemente militarizado —buen, o policializado — y poco acostumbrada a manejar esos matices. Quizá en otro canal distinto del ShowTime canadiense hubiera sido distinto, seguro que fuera de Canadá le hubieran dado otro giro así que podemos decir que por lo menos en eso hay que felicitarles, y en el gasto de pasta abiertamente que evita que quede como la cutrez habitual. El asunto es, ¿logrará decidirse entre las dos posibilidades y, ya puestos, no contentarse con ser una serie policíaca con elementos fantásticos y una motivación política mínima?

Dallas
Con estos, sin embargo, es más fácil. Han querido repetir la jugada de una telenovela. Y no se han fijado en que la cosa ha avanzado mucho. Así que tenemos un producto anticuado, que sólo logra avanzar por su propio empuje pero que no ofrece novedades, a ratos incluso parece más rancio que la serie original, y eso en tiempos de magníficas locuras como Revenge hace que se vea con más lástima que interés.

Dead Boss
Una comedia británica. Y una de las curiosas. Una mujer termina en la cárcel pese a ser inocente. Pero en lugar de ser un asunto sórdido —bueno, además— resulta que todo el mundo está chiflado. Algo que ya le pasaba en su empresa pero que ahora en una cárcel que organiza concursos de coros o de preguntas y da la bienvenida a criminales de intercambio. Todo eso y, además, el asesinato que condujo a la protagonista a la cárcel como un misterio por resolver. Francamente, los ingleses sí saben cómo montárselo.

Doc McStuffins
Francamente, un programa de animación sobre una niñita que es doctora de juguetes a los que cura junto con sus animalitos de peluche no es el tipo de serie para la que soy target objetivo. Y como no parece tener interés alguno por apelar a nadie más, ni falta que les hace, ¿para qué seguir hablando?

The Girl’s Guide to Depravity
Ay, señor… Veamos: La idea en sí de un grupo de mujeres que decide llevar las riendas en sus vidas amorosas, los problemas que surgen y las altas y bajas, eso es un poco de más de lo mismo, sin duda. Así que se buscaron un giro que fue hacerlo más sexual y explícito. No tanto como para que tenga que llevar rombos pero sí para que puedan fingir que es liberada. De fondo un libro,un blog y el convencimiento de que para apreciar esto debe tener algún gusto adquirido.

Golden
No sólo de Nueva Zelanda llegan buenas series, también comedietas coñazo como esta. Hecha por cuatro duros, eso sí, y con un cast más corto que la inteligencia de sus protagonistas. Pero, francamente, no hay mucho bueno que contar de la historia de esta ex-medallista entradita ahora en carnes.

Good God
Atención: Charleta.

Resulta que en Canadá tienen a un tipo al que se ha mencionado un par de veces en esta columna, siempre de pasada, se trata de Ken Finkleman. Y sí, ese es realmente su apellido. El tipo es un canadiense que estuvo trabajando en Hollywood hasta regresar a su país de origen para realizar televisión. Todos ellos tienen en común a un personaje interpretado pro el propio autor y que es el centro de muchas de las historias, George Findlay, un tipo que es tan inteligente como egocéntrico y que está metido en el mundo de la televisión. Del mayor éxito de Finkleman/ Findlay —y probablemente una de las mejores series canadienses— hablaremos a la vuelta del verano. No en vano estamos hablando de… The Newsroom, la original de mediados de los noventa, así como de su conexión con Drop the dead donkey o Timeline. De momento vamos con la serie que ahora nos ocupa, la más reciente aventura de Findlay.

En Good God le traen de vuelta para poner en marcha el canal de noticias de derechas del padre de su prometida. Y ciertamente no es The Newsroom pero como crítica, sátira o simple realidad observada tiene la suficiente mala leche para darle, por lo menos, una oportunidad. Ahora, si según pasan los episodios se pone en forma puede ser toda una cima. ¡ Ianucci, toma nota!

Gravity Falls
Estoy leyendo a la gente muy emocionada con esta serie y, sinceramente, no acabo de pillarlo. Estamos ante una serie de animación que presenta a unos chavales de vacaciones en un pueblo con misterio, el problema es que ni el misterio resulta muy intrigante ni los personajes parecen tener mucha relevancia. No es una mala serie pero, francamente, se encuentra a años luz de Scooby Doo: Mystery Incorporated e incluso muy lejos de Detentionaire. Pero, eh, lo mismo mejora según pasan los episodios.

The Great Escape
Resulta que es un concurso. De acción. Un grupo de participantes tiene que escapar de donde sea que les toque, entre Scavengers y la Noche de los castillos si hubieran dejado a Michael Bay dirigirlos. De manera que es sorprendentemente más entretenido de lo que podría esperarse.

The High Fructose Adventures of Annoying Orange
Por lo visto esto era grande en internet. Imagino que porque duraba menos de tres minutos que es lo que yo me veo capaz de soportar este intento de… lo que sea que sea esto.

Hit & Miss
Señores y señoras, en pie. Estamos ante una de las series del año por extraño que parezca. Chlöe Sevigny borda uno de esos papeles de rara que tan bien se le dan, en este caso como una asesina a sueldo que debe encargarse de un grupo de niños salidos de la nada. Ruralismo inglés, luchas de clases, sexos, géneros, problemas con los padres de todos los tipos y un auténtico repertorio de actores infantiles que protagonizan sin problema sus escenas. Todo ello con unas subtramas negras y otras más escabrosas pero no menos ciertas. Si se pudiera poner una pega a la serie sería lo interesada que está en demostrar lo magnífica que es, como queriendo cazar todos los premios. Pero, francamente, con esa fotografía, esa producción… ¡Que se los den todos! Dura, sí, pero magnífica.

Hollywood Heights
Versión americana del culebrón Alcanzar una estrella y como ella tiene amor, pasión, traisiones, selos y … música. En serio, no es de extrañar que lo emita Nickelodeon (en su versión Nick@nite) pues se trata de una perversión del Disney Channel con Televisa donde una jovenzuela decidida a triunfar se va enredando en una compleja trama con famosetes, periodistas y tontadas varias.

Kaijudo: Rise of the Duel Masters
Spin-off de Duel Masters, una de esas series de animación de vender merchandising a través de enfrentamientos cada uno más trascendental que el anterior. ¿Qué os puedo decir?

The Legend of Korra
Por contra esa continuación de Avatar —El bueno, The last airbender — resulta… quizá no muy sorprendente ni especialmente intrigante, pero sí una buena serie. Una forma de darle a los chavales mas de lo que les gusta sin perder el respeto por la serie original, así que ya sabéis lo que podéis esperar y lo que no.

Line of Duty
Quiero agradecer a los ingleses que me hagan más llevadero el día con series como esta, sobre un detective de asuntos internos que debe descubrir si el más brillante policía tiene ciertos sucios secretitos logrando una mezcla entre The Shield,Homeland y Luther que examina los lados más oscuros de la policía, y los problemas que asume la policía forzada muchas veces a elegir entre los resultados y las reglas.

Loiter Squad
Este programa del Adult Swim reúne a parte del grupo musical Odd Future y, pese a eso, es una mezcla de programa de sketches de humor, Jackass y bromazos entre los miembros del grupo y con otros amigotes. Yo no veo que tenga mucha gracia, pero puede ser culpa mía. Aunque apostaría a que es suya.

Longmire
Tan sencilla en su concepción como agradable de ver, este policíaco sencillo, con ambientación vaquera y más cuidado por que los personajes sean adorables que profundos sigue perfectamente las novelas —que empezó a publicar en España hace poco Siruela— con lo que tenemos una serie agradable que ver. No todo va a ser complicaciones.

Men at Work
Hablando de lo cuál, una comedia de tíos con mejores intenciones que logros, muchas caras conocidas de secundarios televisivos, un presupuesto ajustado pero bien utilizado y cierto aire de estar anclada en los noventa. Encantador, sin más.

The Men Who Made Us Fat
Más interesante de lo que podría parecer, al menos para mí, esta serie de documentales de Jacques Peretti sobre la gente que está detrás de ciertos cambios en la alimentación: El uso del azúcar, el marketing para vender supersized o la comida sana que no resulta serlo tanto… Para que luego digan que no hay documentales interesantes.

Miss Advised
Era casi imposible pero real, sin embargo esto no es una comedia. Puede que el tono o la intención, el repaso poco velado que le dan a las protagonistas, teóricas expertas en relaciones que son retratadas de forma cruel y despiadada como completas idiotas sin rumbo. Imagino que ese es el cebo, al menos es lo habitual en este tipo de realities. Pero juro que me pase todo el piloto pensando que era algún tipo de extraño high concept hecho con toda la cabronez del mundo. Al fin y al cabo, ¿qué posibilidades hay de que alguien diga en el mundo real: ““You have to be in the mood to go to a strip club, and I wasn’t in the mood. I slapped some asses, gave away some dollar bills, finished my diet coke, and was ready to hightail it out of there.”

Motorcity
Una pena. Gran diseño, buena premisa, pero demasiado artificial. Quizá sea la mejor de las series que se puede realizar desde un concepto de series de coches. Al menos de una que no incluya la posibilidad de que se combinen. Si fueran capaces de mejorar las historias… No la enterraré aún, no está todo perdido. Aún.

The Newsroom
Es mucho lo que se puede decir de esta serie, y más aún que diremos a la vuelta de verano, pero lo fundamental en este momento es explicar la visceral reacción que han tenido los críticos americanos y explicar lo que he pensado yo por mi parte. No tanto como contraposición sino por explicar algunas diferencias. Y, sobre todo, porque lo que hace falta aquí son valoraciones.

Y, de hecho, hay algo de juego en muchas de esas críticas americanas, no porque no sean sinceras, ni mucho menos, sino porque… parecen meta. El speech con el que se pone en marcha la serie se menciona luego como catalizador de toda una serie de reacciones, negativas en su mayoría, que incluyen especialmente a otros medios de comunicación. Por ridículo que pueda sonar, exactamente eso es lo que pasa. En la vida real, digo. De la misma manera que dentro de la serie se comentaba que habían buscado rebatir los datos que habían dado en la vida real se hizo EXACTAMENTE ESO. ¿No merecería algún crédito por haber logrado eso?

Lo segundo que es divertido, al menos para mí, es la separación entre los críticos de grandes medios y los críticos de televisión porque cada cuál argumentará lo que opina sobre la serie de una manera pero hablan de cosas distintas. En los medios, los grandes medios, parece que Sorkin es un peligroso terrorista que les está diciendo que no están haciendo bien su trabajo y quizá, incluso, cómo deberían hacerlo. Y no piensan perdonárselo. De manera que vierten sobre él las quejas de siempre, esas que llevamos leyendo desde que se estrenó El ala oeste porque —probablemente— no era aún muy importante para decírselo ya cuando Sports Night. Que si sus personajes sólo hablan en discurso, son poco realistas, demasiado inteligentes, por tanto elitistas… A estas alturas ya estamos incluso con amenazas de misoginia y tonterías similares.

Por contra, los críticos de televisión se han centrado en la obra en tal y en su relación con lo que ha creado hasta ahora Sorkin. No les preocupa la manera de hablar, o de ser, o el realismo; son críticos de televisión y han visto cómo disparan sin cesar los personajes de Sherman-Palladino, la realidad de los institutos de Retty Little Liars (o Glee, como dijo el propio Sorkin a Colbert) de manera que no se iban a parar en tonterías. Si algo sabemos es que la coherencia debe ser interna, con la propia serie —de ahí el modo de vida en series como Friends — y con respecto a la evolución y preparación de los personajes. Por eso Boyd Crowder puede soltar un impresionante speech en Justified pese a tratarse de una serie de paletos. Por contra se centraron en los problemas reales de la serie.

Que los tiene. Dos diferentes. El primero y más grave es la sensación de deja vu que produce el visionado del piloto. No ya porque el discurso catalizador recuerde a Network, sino porque ese mismo tipo de discurso, con referencias directas a Network de manera confesa, ya lo había usado Sorkin con el falso Lorne Michaels de Studio 60; porque los personajes, tanto sus realidades como arquetipos, parecen sacados de otras series de Sorkin; porque determinadas frases o diálogos ya habían sido pronunciadas, de manera más o menos exacta, hasta llegar a ser casi autocitas, en el Ala Oeste, Sports night o Studio 60; incluso determinadas escenas salen tal cuál, hay un momento con una noticia urgente y un juego de comedia física con unos auriculares micrófono que es clavado a otro en Sports Night

Ese es el problema. No está mal el capítulo, está muy por encima de la media, de hecho. Pero Sorkin no nos ofrece nada nuevo. De la prensa ya había hablado en su primera serie, de sus relaciones con el poder en la segunda, del estado de la cosa y de la tele en la primera y la tercera, aquí trata de lograr un resumen, busca poder hablar de noticias, de televisión, del estado del asunto y darle la gravedad y la lógica desde un punto de vista informativo que tenía en la segunda. Y lo logra. Es un disfrute encontrarse personajes inteligentes, con cosas que decir, con capacidad para cierto juego de cadera, incluso aunque Sorkin no se haya dignado a hacer un plato nuevo. Esto no es Lou Grant, no es Murphy Brown y a ratos casi parece más NewsRadio, las pequeñas diferencias de tema y enfoque que separaban sus series anteriores aquí parecen haberse esfumado y lo que tenemos, por tanto, no es a Sorkin sirviéndonos un corte de carne, un entrecot, solomillo, filete… Lo que nos da son sobras, carne de cocido, unida por una tan espesa como sabrosa bechamel. Esta serie es, de momento, croquetas de Sorkin. ¿Y a quién no le gustan las croquetas?

El segundo problema no es realmente un problema sino una prevención. Dentro del realismo que tanto le han criticado, sin demasiado sentido, Sorkin decidió incluir esta serie en nuestro universo, nuestra realidad. Lo hace con unos meses de distancia de manera que, de entrada, juega con las cartas marcadas. Según vemos la historia sabemos cómo terminó porque, bueno, ¡el Titanic sólo puede hundirse! De manera que cuando vemos las decisiones que toman y quién aboga por qué ya sabemos qué es lo que pasará y reaccionamos en consecuencia. En lugar de pararnos a mirar cómo sería nuestra opinión si tuviéramos sólo la información que tiene ese personaje. Porque no es que como espectadores sepamos algo más, es que lo sabemos, o hemos podido saber, todo. Incluso si tuvieran una idea magnífica para tratar una trama desde una noticia necesitarán primero una noticia real. Además, eso significa que al ser un medio ficticio que señala a los reales que están haciendo mal las cosas se obvia el trabajo periodístico que hubo en el mundo real. ¿Qué clase de extraña mezcla es esa? Más aún, no se podrán apartar de lo que ocurrió, ni añadir auténticos personajes relevantes, sólo podrán inventarse historias en los márgenes. Esta innovación es casi la única y, sin embargo, parece más una forma de atarse los pies que de lograr mejores maneras de avanzar.

Quedaos con lo de las croquetas, pensad que ya hablaremos más de esta serie y, por favor, no olvidemos que no ha sido más que otro de los estrenos en estos meses, no podemos centrarnos sólo en esta serie porque, la verdad, hay un montón de ellas más.

Saving Hope
Ufff… ¿Os acordáis de A gifted man, un buen piloto que pasó a serie floja?. Pues repiten la jugada. Un hospital, un semi-fantasma, y poco interés. No ofrecen mucho más, la verdad.

The Soul Man
Espantosa serie de inspiración espiritual y cómica. O algo. La verdad es que siendo una serie lanzada desde Hot in Cleveland tampoco me iba a poner muy estupendo pero, francamente, ¿esta es la calidad estándar que piden, les sale de natural o qué?

Starlings
Nueva serie inglesa familiar, excéntricos, raruelos, esas cosas. Mal no está pero, francamente, no es el nivel esperable para Sky 1. L parte buena es que como son seis capítulos y ya la han renovado para una segunda temporada lo mismo tenemos suerte y logran pulir un poco a esta extraña familia.

Tron Uprising
Es curioso, no sólo el tiempo que hace de la salida de Tron, tampoco por su continuación, más bien por el que hace que salió Animatrix y cómo aún parece influir a ciertos creativos. La serie en sí… pues bueno, no ofende. Pero no le mataría meter menos paja o darle un poco más de rapidez a los guiones.

True Love
Suspiro. Serie de trasfondo amoroso que funciona como antología y, a la vez, va montándose como un puzzle que pretende reflejar el amor desde todos los puntos. Así de comedidas son sus intenciones. ¿Y el resultado? Pues a mi, poco amigo de los amorosos, me parece sólo aceptable. Ahora, si es vuestro género sospecho que lo disfrutaréis. Me gustaría saber, eso sí, si la idea de tener —aún en capítulos diferentes— a Tennant y Piper ha sido de algún fan del Docta. A mi con Morrissey me parece suficiente.

Walking and Talking
Pues no, no es otra serie de Aaron Sorkin, es de Kathy Burke, una cómic inglesa —y también actriz galardonada— que ha ideado una manera de ir recordando anécdotas de su infancia desde la actualidad. Es un buen ejercicio para la actriz principal, y eso es lo mejor que puedo decir de ella.

Pues ya está hecho el repaso, no está mal en cuanto a calidad, de hecho hay un par o tres de grandes series nuevas. En cuanto a cantidad… hay menos que en los repasos anteriores, y bien que me alegro. De hecho, espero que para la próxima vez que toque Pilotos Deathmatch haya incluso menos de lo que hablar aunque, eso sí, habremos tenido dos de los estrenos que más estoy esperando de este año, la novedad de Charlie Brookre A touch of Cloth y la controvertida antes de su emisión Bullet in the face de Alan Spencer. Espero poder hablaros bien de ellas, y no tener demasiadas otras series de las que quejarme. Eh, ¿por qué os reís?


Finiquitando cocinismos televisivos

Cuando comencé con estas columnas centradas en los programas de cocina manifesté mi intención por demostrar que existe televisión más allá de las series. Creo que este repaso ha servido para ilustrarlo y, de paso, enseñarnos un par de cosas o tres sobre la televisión.

Es cierto que cierro esta serie de columnas sin haber hablado —al menos no con la extensión que se merecen— de otros programas europeos, asiáticos, africanos o americanos… Una vez más mi falta de conocimientos ha sido el límite de esta sección, lamentablemente. Pero desde aquí animo a mis —teóricos— lectores a que si saben y pueden hablen sobre esos programas ignorados y nos dejen enlaces a sus post en los comments .

Creo que el movimiento principal que se ha demostrado es el de adaptación y reinvención. El paso de los programas de encimera a los de viaje, su adaptación a concursos y realities, la creación de canales específicos y su efecto en la sociedad. Aunque reconozco que en esto me he vuelto a quedar corto. El tema de la alimentación ha sido últimamente objeto de debate y batalla, no sólo en lo que ya hemos comentado, también por motivos como el uso de productos en la alimentación, el veganismo (o el vegetarianismo) y la cultura de la alimentación local frente a las grandes producciones. Temas todos ellos apasionantes pero, lamentablemente, poco frecuentados en los programas de televisión exclusivos sobre alimentación. Así que, vaya, quizá sí hay algún tema sobre el que valiera la pena montar un programa de información y debate más.

— Pero, tranquilos, sobre información os vais a aburrir de leer columnas por aquí en breve aprovechando que ayer se estrenó The Newsroom de Aaron Sorkin

Por lo demás, quizá correspondería intentar elucubrar sobre el futuro del asunto. Lo lógico es que en estas épocas se volviera a sus orígenes, a esos programas para aprovechar las sobras y hacer raciones desde menos material —programas, por cierto, que siempre han estado ahí— y el cambio que debería producirse por las tecnologías de siempre. Bueno, y por las nuevas tecnologías que ya son como las de siempre. La posibilidad de usar los pads como libros de cocina interactivos que permitan reproducir programas a la vez y durante. Esas cosas que ya hemos visto que han empezado a pasar.

En cuanto a España, bien es cierto que quizá podría haberle dedicado algo más de espacio pero, francamente, creo que cuanto menos hable de los programas de Canal Cocina menos desolador resultará el paisaje dibujado. Me pregunto cómo irá esa idea de hacer el Top Chef España.

En cuanto a alguno de los protagonistas más destacados, ahí sí que podemos mirar qué proyectos futuros tienen:

Gordon Ramsay, como ya dijimos, tendrá cuatro programas simultáneos este verano en la FOX, veremos si no acaba siendo él el que se quema.

Jamie Oliver aún no se ha desesperado del todo. Vale, quizá los políticos sigan sin ser su animal favorito, pero continúa con su batalla por una buena alimentación y, de paso, parece haberse decidido a hacer otro viaje comparando la cocina de UK vs. USA, así que podríamos decir que también él va a su rollo.

Paula Deen es otra que sigue con sus cosas. Y yo que esperaba marcar un antes y un después… ¡Recórcholis! En cualquier caso Deen también prepara algo nuevo para la tele: Food Chain, una mezcla dicen de Iron Chef y Chopped —y, por tanto, de todos sus antecesores— a partir del programa italiano Cuochi e Fiamme —lo que demuestra mi necesidad de investigar más— y, no contenta con eso, ha llegado a un acuerdo con la cadena de supermercados de Nueva York Nanco para lanzar una línea de platos preparados para ellos, infatigable sin duda.

Anthony Bourdain, finalmente, sí ha dado un pequeño cambio de rumbo. Ha decidido terminar con su programa para el Travel Channel y pasar a otros canales, aunque insiste en que no tiene nada que ver con que el Food Network comprara ese canal —aunque habría que saber qué opina Brooke Johnson—. ¿Y a qué canal se ha ido? Pues… A la CNN . Total, nada. Prepara un programa con partes similares al suyo y otras de información o entretenimiento, una especie de magazine gastronómico. La excusa ha sido que así verá más a su familia, y podría llegar a creerlo si no fuera porque, bueno… tras destapar que haría este programa y que participará, además, como consultor para lo que la CNN decida, y que seguirá una temporada más —probablemente la última— como asesor en Treme de David Simon, lo siguiente que supimos de él es que preparaba un concurso de cocina junto a otra conocida de estas columnas Nigella Lawson, en lo que se promete como un The Voice con cuchillos y como eso era poco además presenta un comi… una novela gráfica, así que ya me contará cuándo va a ver a su familia.

Así, parece que, por lo menos de momento, no se han cortado los programas de comida. Algo esperable, al público le gustan y debería ser importante para la vocación de servicio público de algunas cadenas la necesidad de formar e informar sobre alimentación.

Poco más hay que pueda añadir. Espero, eso sí, que esto haya servido como ejemplo de la evolución y el interés que puedan tener todos los programas de la tele. Así no os asustará cuando empiece a dedicarle columnas a la carta de ajuste.


Servilleteando reflexiones diversas

Hay semanas en las que elegir sólo un tema es poco menos que imposible y, a la vez, no desarrollar lo suficiente también parece una falta grave. Y, sin embargo…

01) Sé que todos estaréis esperando —risas— el Pilotos Deathmatch próximo. Quizá alguno esté esperando incluso que lo adelante. Pues me temo que no. Mantiene su fecha planificada del 2 de Julio. Debido a lo cuál no voy a entrar en reflexiones o destripes sobre la mayor parte de las series que lo merecen o lo favorecen. Porque no se trata ya de que Hit & Miss sea una serie magnífica —que lo es— o que Continuum se merezca unas cuantas reflexiones sobre situaciones y personajes —que también, de hecho incluso con más… dudas— sino de que estamos viviendo un verano de lo más interesante tras lo flojo que estuvo el invierno y lo casi inexistente que resultó la primavera.

02) Tendréis que esperar, como decía, aunque eso no evitará dejar aquí un pequeño apunte. Parecía inevitable hablar del pasado y sus espejos desde el momento en que TNT avisó de que realizaría un remake de Dallas. Finalmente la serie no ha sido tal, aunque ya hablaremos de ello, tanto como una continuación en planteamiento más que en espíritu. Sin embargo la aparición de Bunheads ofrece una nueva manera de ver cómo reformular el pasado. Intuyo que en una semana empezarán a aparecer personas hablando de que es una serie independiente y que por mucho que Amy Sherman-Palladino sea su creadora —¿os acordáis de ella? Hablé por encima de su salida hará unas columnas— no hay por qué buscarle los parecidos con Gilmore Girls. Permitidme que me ría, Bunheads tiene más de GG que Dallas de… bueno… Dallas. Curioso juego de espejos. Habrá que esperarse a que Sorkin estrene —de una… vez. El 24 sigue pareciendo lejano y eso que es este domingo— su The Newsroom para acabar la ronda.

03) Hablando de series. Según pasa el tiempo parece que la serie más controvertida del año está siendo Girls y, francamente, no lo entiendo. Ya sabéis que no soy uno de sus defensores. Más bien al contrario, me parece el equivalente en ficción dramática a un te del Starbucks: Agua tibia pija. Pero resulta que los pros y los antis se están liando en defensas y ataques, y su popularidad entre el moderneo crece junto a defensas tan ridículas como las de género: Nos metemos con ellas porque son chicas, si fueran hombres… Algo muy cierto, cuando son hombres las series duran más. Por eso Hot in Cleveland se canceló en el episodio 2 mientras The Paul Reiser Show sigue ahí. Claro que también hay detractores que aseguran que es la peor serie de la nueva temporada. Francamente, os envidio por no haber visto Work It.

04) Siguiendo con el odio, ¿sabéis ya que SMASH tendrá segunda temporada? Pues sí, y ya están anunciando casts y similares. Personalmente considero que lo mejor que les podría pasar es olvidarse de la obra del año pasado, convertirlo en una suerte de antología como parece haberse reinventado American Horror Story, porque si un problema tenía la serie es el más grave de ellos: Sus protagonistas no sólo no funcionaban, repelían. Esto, que está lejos de ser una novedad en la tele, y que ha sido maravillosamente manejado en muchas otras ocasiones tiene un problema añadido. Imagino que estáis todos pensando en el Ted Mosby de Como conocí a vuestra madre, yo estaba considerando lo que se hizo en Taxi donde el personaje fue eliminado de la trama. En años más recientes series como Hawaii 5-0 o Persons of Interest este mismo año han logrado sorbevivir arropando al trozo de madera que tienen por personaje central de secundarios que le quiten el foco, haciéndoles más tolerables. ¿Cuál es ese problema añadido de SMASH que evitaría hacer esto?

05) Pues la insistencia en que sus protagonistas son talentosas, inteligentes, divertidas o lo que toque esta semana. Cuando lo estás viendo con tus propios ojos. Uno de los errores más graves que se pueden cometer no es ya que otro personaje defina desde fuera a alguien, es que cuando muestras sus acciones todos esos es muy inteligente no sólo no se cumplan sino que parezcan una burla cruel. ¿Recordáis Studio 60? No sólo Sarah Paulson estaba lejos de ser tan divertida o creíble como Amanda Peet —que ya debería haber hecho saltar todas las alarmas— sino que enfrentarla a su contrapartida real, Kristin Chenoweth, o a cualquiera de las chicas SNL de los últimos años, de Tina Fey a Amy Poehler, de Anna Gasteyer a Maya Rudolph pasando por Molly Shannon, pero incluso Cheri Oteri o Rachel Dratch, e incluso la chica que había debutado el año anterior al estreno de la serie, la tal Kristen Wiig, tenían más talento y humor del que Paulson llegara a demostrar jamás en la serie. En SMASH vuelve a ocurrir. Katharine McPhee y Megan Hilty son tan flojas como actrices centrales que resulta ridículo que no siguieran buscando a alguien. Meter a Bernadette Peters de invitada especial fue una de las cosas más sucias que he visto hacer para con un par de miembros de reparto desde que alguien pensó que era buena idea poner a Kristin Chenoweth en GLEE! y eso que Lea Michele es bastante mejor que estas dos y ya había sido actriz principal en Spring Awakening. En este caso la presencia de Uma Thurman, a quien ya habíamos visto destrozar Los Productores en el cine, parecía una locura. El problema vino de que su personaje no lo hacía mucho peor que las protagonistas. Ese salto de calidad que se debería haber producido no aparecía por ningún lado y uno llegaba a pensar que quizá… ¡fueran ellas peores para un musical que El Desastre Thurman!

06) Ya que estamos hablando de malas actrices. Una de las sorpresas recientes fueron las series de gemelos, protagonizadas en general por actrices que lograban que no parecieran realmente gemelos. Sí, estabas viendo a dos personajes con el mismo aspecto, uno al lado del otro, pero en lugar de en Ensalada de gemelas pensabas en Hermanas. Pero, claro, una de ellas es Sarah Michelle Gellar, que pese a sus dotes limitadas tienen en su haber el ser la protagonista titular —y culpable parcial de su final— de Buffy y otra de las noticias de esta última semana es que casi diez años después de su final y de este artículo en NPR en Slate han echado un ojo y descubierto que Buffy sigue siendo la serie que más estudios académicos ha causado. Digo, inspirado. Por encima de The Wire o, incluso, Los Simpsons. ¿De dónde viene esa fascinación por Buffy? Dan ganas de repasar la serie desde el principio, o lo haría si gracias a ClanTv no hubiéramos podido repasar media docena de veces cada cada episodio. Aunque veo que los americanos se están poniendo al día, especialmente gente tan fiable como Alan Sepinwal, posiblemente creyendo que el año próximo es el adecuado para conmemoraciones, como si no hubiera nada más importante.

07) Iba a decir que ya está bien de hablar de series pero es que últimamente he leído a varias cadenas decir que ellos son amantes de las series o que están interesados por ese público cuando se limitan a estrenar con tan poco tiempo que sólo el apriorismo puede hacer entendibles sus decisiones —de verdad, si alguien afirma que se habían visto aunque fuera el piloto de Magic City antes de comprarla para su emisión aquí tendrá que adjuntar declaración jurada del responsable— y eso cuando no meten capítulos en el bombo o juegan al escondite con la hora de programación. ¿Amor? Más parece Violencia de Género. De cualquier género: comedias, thrillers, ciencia ficción, dramas… todos son maltratados. Luego uno mira al cine, en el que no son capaces de estrenar The Raid o Cabin in the Wood o Casa de mi Padre o Coriolanus o… en las salas. ¿Será que la tele se fija, que invierte la situación o que todo está relacionado?

08) Nos acercamos a la temporada de candidaturas, antes de que se haga el frío y llegue la de premios. [Salvo los Tony, que ya han sido, aunque no fuera gran cosa.] Eso significa, fundamentalmente, gente quejándose porque sus candidatos no han pasado o porque los tipos que dan premios escogen siempre entre lo peor pero más visible. Y aún nos asombramos, claro. Lo que realmente me sorprendería es que se despertaran un día pensando en el gran trabajo que realizan Donald Glover o Jim Rash y en cuánto se merecen un premio. Precisamente por cosas como esas doy mis propio premios. Por eso y porque siempre me puedo acostar con el jurado, claro.

09) A veces olvido recordar que la televisión no es sólo las series. Claro que como olvido recordar más aún que debería encender la televisión española. Sí, olvido. En cualquier caso, algo debería decir sobre la salida de gente del SNL. Al menos sobre la de Wiig. Pero no lo he hecho no por falta de felicidad al ver esta marcha o por la tristeza al confirmarse la de Samberg sino porque Lorne prometió anunciar en julio quién se va y quien se queda. Ese será el momento indicado para analizar cómo se han movido las cosas en el SNL. Que ya empezaba a ser hora, por cierto.

10) Mientras tanto he visto el futuro y puedo ejemplificar con un ejemplo por qué la gente deja la tele para irse a internet. Y por una vez no me refiero a la versión de la CW de las sillas musicales, Oh, Sit [Tengo que recordar algún día hacer una columna con algunos de los concursos más infames. Y con los Realities Infames también. Si lo que no tengo es tiempo. Ni espacio.] No, se trata de esta noticia de la CBS. Han comprado los derechos a Zynga para convertir DrawSomething en un concurso . Francamente, no sé qué opinarán los chicos de MondoPixelGP pero yo lo veo como otro caso más de falta de creatividad en la tele que trata de llenar el hueco sin saber cómo o por qué tienen éxito las propuestas de otros medios.

Aquí lo dejo, diez mini-reflexiones para un sólo día. Quizá alguna vuelva —muy probablemente, de hecho— pero por lo menos pro una vez que se vea que hay muchos temas. Demasiados, incluso.


Ficticias representaciones cheferas

Resulta curioso comprobar como, pese a la tradicional representación de los programas de cocina su entrada en el medio ficcional es más bien… limitada.

De entrada, porque casi cada vez que lo hacen es por medio de una comedia; de seguida, porque tiende a ser como una profesión casi irrelevante: Hay algún personaje cocinero como podría haber sido bombero. Imagino que la mayoría de vosotros estará pensando en la Mónica de Friends pero, en realidad, yo estaba más bien pensando en Robin Tripp / Jack Tripper. Ya sabéis, los protagonistas de la inglesa Un hombre en casa y su contrapartida USA Apartamento para tres que compartían un rasgo: Ambos eran chefs y ambos protagonizaron uno de los spin-off de la famosa serie n la qu abrían su propio restaurante. Y, en realidad, poco se veía de ese restaurante.

Casi tan poco como se vería después a Mónica o, en la actualidad, al Oleg de 2 Broke Girls. El personaje del cocinero, sobre todo si hay un bar o restaurante cerca, puede funcionar como un rol de profesión y poco más, normalmente para proveer de comida y orejas a los protagonista, da igual que la serie se llame Gillmore Girls, Burke’s Law o South Park.No digamos ya en series infantiles como Cory in the House.

¿Significa eso que todos los cocineros que han salido en la ficción televisiva acaban siendo tan estereotipados como el de Men, Women & Dogs? Ni mucho menos.

Hay cosas que son casi peores.

Con el éxito de Cheers declinando la productora de Murphy Brown, Diane English, vendió a la CBS la idea de Love & War. Que disfrazaba con la idea del chef lo que era poco más que un remake.

Susan Day, recién llegada desde L.A. Law, interpreta a un chef de fama mundial que tras un fracaso sentimental acaba comprando un 80% de un ruinoso bar/ restaurante. Fundamentalmente bar. Es incluso posible que alguien se sorprendiera si no fuera porque lo más interesante acabó siendo su turbulenta historia. El coprotagonista, John Hancock, tuvo que ser sustituido a mitad de temporada porque… bueno… murió. Motivo por el que tuvieron que buscarse a un recurrente de Murphy Brown, Jay Thomas, para que ocupara el puesto de actor principal. Lo que llevó a una serie de broncas con Day que acabaron con ella fuera de la serie —falta de química, dijeron— y, por lo tanto, a tener que buscar a una nueva actriz principal. Esta vez la chef sustituta fue Annie Potts.

Y lo hizo tan bien que lograron varias candidaturas, e incluso una pequeña subida de audiencia que llevó a la cadena a considerar que la siguiente temporada dejara el ala protectora de Murphy Brown y se pusiera en su propio espacio el miércoles. Se la pegaron, claro. A mitad de la temporada estaban fuera. Todos vivos, eso sí.

Mientras tanto, en 1993, dos nuevas series vieron la luz con chefs protagonistas. Una, Joe’s Life, tuvo una corta vida en la ABC americana. A su favor una mayor implicación en la parte de la cocina, en este caso un padre de familia en paro que acaba de chef del restaurante de su hermano. Por algún lado se empieza,

Mientras tanto, en Inglaterra, el cómico Lenny Henry logró tener su propia serie sobre un chef en problemas con una tendencia a maltrata a todo el que se le pusiera a tiro.

Siendo una serie inglesa que durara tres temporadas significa que llegó a lo que se espera de una comedia. Lo más remarcable es que esta serie sí está plenamente integrada en la cocina. Lo segundo es que tardaría en pasar más de una década hasta que alguien se fijara de nuevo en las cocinas.

Como casi siempre, sería en el terreno de la comedia. O eso se supone, porque cuando en 2005 se estrenó la serie Freddie había dos cosas que nadie acababa de entender: Que alguien contratara a Freddie Prinze Jr. y que le hiciera acompañar por Brian Austin Green. También que esperar que pudiera durar más de una temporada. Y ahí no hubo fallo.

Posiblemente la serie en la que todos estábais pensando desde el principio de este artículo, adaptación —con poco tino— del libro de Anthony Bourdain, es decir, Kitchen Confidential. Hay quien cree que merecía mejor suerte, pero yo no me cuento entre ellos. Ahora bien, ¿a cuántos integrantes del reparto conocéis?

Al año siguiente de nuevo comedia, esta vez con el regreso de Fred Savage a un protagonista masculino. Crumbs, sobre una familia que regenta un restaurante pero, francamente, con poco interés de ningún tipo. Y con el restaurante más como plató que como utilidad.

De esta manera llegamos a hacer dos años, a Whites, una agradable serie inglesa —comedia, claro— que una vez más tiene un gran reparto aunque un guión más bien… corto.

Es una pena que no parezca que existe una posibilidad de ambientar una ficción en una cocina que sea algo menos de humor. Quizá incluso algo más realista.

Es cierto que los japoneses tienen alguna serie de competición. Pero me temo que lo único que se podría acercar que yo conozca es la serie española Ellas son así

Así que, aunque de manera pírrica, parece que los españoles lograron superar a los anglosajones. Imagino que realmente tiene que haber series que desconozca. No ya en el resto de países asiáticos, europeos e incluso africanos —y espero que me los contéis— también .

Lo otro que me sorprende es que con el auge de los foddies y de los canales especializados aún no hayamos sufrido nada por el estilo, ni siquiera con los éxitos de las gastropelículas.

¿Qué puede ser lo que se escapa?