El Sark Tv 2012

Un año más toca la columna doble con repaso al año que acabó y selección de la nueva serie que más me ha gustado, para lo cuál siempre viene bien anarrosear la explicación dada otros años:

En mi particular caso voy a centrarme un año más en una serie de arbitrariedades innecesarias: Que las series sean nuevas, que lo sean por haber sido estrenadas entre el 1 de Enero y el 31 de Diciembre del año en cuestión y, peor aún, que me gusten a mí. Sí, el subjetivismo abrazado como mantra en uno de los pocos deslices que un respetuoso de la justa valoración se permite. Si tuviera que pesar y medir en la balanza las novedades para decidir cuál ha sido la más ajustada y definitiva, sin duda el resultado cambiaría. Pero eso no me interesa, me interesa cuál es la que más me ha hecho disfrutar. Y por qué.

Siguiendo con esta —llamémosla así— tradición, en años anteriores las series que lograron el finalista fueron Misfits, Justified y Revenge, mientras que fueron Better off Ted, Louie y SPY las ganadoras.

Después de todo lo dicho podemos pasar a las dos partes importantes, primero el repaso y luego el premio, que nos conocemos.

La verdad es que no ha sido tan malo como podría pensar uno echando un ojo global. Sí, la parte estadounidense es un puro desastre y su organización amenaza con colapsar sobre sí misma, pero eso es hasta una buena noticia; no porque me alegre de que Louie se tome un año sabático, 30 Rock termine, y Greenblatt decida acabar con las series inteligentes y hacer con The Voice lo que la ABC hizo con Who Wants to be a Millionaire? (y si no conocéis la historia decidlo y os la cuento otro día); sino porque muestra que incluso —o debido a— lo mal que les van las cosas con las series, todos los canales están apostando por ellas de distintas maneras. Como decía antes, Grenblatt ha decidido estupidizar la cadena en busca de espectadores, mientras que otras han pensado en tratar de regresar a los temas importantes, esos de los que desertaron dejando abierto el camino a los canales de cable, o las construcciones complejas. A su vez, los canales de cable han descubierto los beneficios de tener producción propia pero también los riesgos de cagarla con ella, lo que ha llevado a unos extraños bailes para organizar los gastos e ingresos que han logrado que el canal de más éxito de los últimos años, el AMC, sea visto no como un lugar de libertad para el creador como fue la HBO de alrededor del año 2000 sino como una organización abiertamente author unfriendly al que sólo mandar proyectos si no queda más remedio. Los canales no sólo de pago, también de cable básico, están consiguiendo atraer espectadores y así The walking dead del citado AMC es ya una serie que compite con las grandes, igual que Sons of anarchy en FX o que los distintos docurealities (Duck Dinasty, Here comes Honey Boo Boo … ), están haciendo una competencia tal a los networks que lo único que pueden hacer esto es tratar de adaptarse dentro de lo que anunciantes y FCC les permiten.

Como ya he dicho en otras ocasiones, las series de los canales en abierto son el origen y la medida del impacto de las series de cable, pero la primera reacción que tuvo el triunfo del cable fue que mucho del talento pasó al cable por las menores restricciones y que, tras el 11/S, mucho de lo emitido en abierto se domesticó. Por suerte, el paso del modelo a los canales de cable básico —es decir, aquellos en los que los anunciantes pueden quejarse pero no hay una FCC para liarla—, creó una tierra de nadie que favoreció los intentos reiterados de las cadenas generalistas por aprovechar, dentro de sus limitaciones, estos ánimos renovados.

Dentro de este tipo de esfuerzos hemos podido ver este año Awake o Vegas, ambos proyectos fallidos pero con un transfondo y una intención más que interesantes; también los dramas serializados han estado ahí con Nashville como mejor ejemplo —lástima que no sea una serie en la que resulte sencillo entrar, debe ser algo que exige el agente de la suprema Connie Britton—, de manera que uno acaba alegrándose sobremanera cuando sale una serie tan falta de complejos como Arrow, a la que, además, le va saliendo lo que pretende hacer porque incluso con sus capítulos flojos —que los tiene— va realizando una construcción de trama y personajes que hacen tener esperanzas en que esta vez sí salga una serie superheroica decente. Suponiendo que logren llegar a la parte superheroica, claro, que de momento estamos con vigilantismo intenso a saco.

Mientras, intentan —y de momento sólo es el intento— hacer alguna buena comedia con la extremadamente irregular The New Normal y la en vías de mejorar The Mindy Project… De manera que la única comedia en abierto que realmente funciona de este año es la que tiene peor audiencia y raro es que no la hayan cancelado aún: Don?t Trust the Bitch in Apartment 23.

Y quizá ustedes estén esperando que en este momento yo diga que en el cable, tanto en el simple como en el de pago, la cosa estuvo, sin embargo, mucho mejor. Pues no. De hecho han tenido incluso menos ideas que los canales generalistas.

Igual que hay un intento general de hacer remakes y reutilizar personajes conocidos —algo que en 2013 puede llegar al límite de lo ridículo con las series sobre Hannibal, Sterling, los Bates, Drácula y demás… — que sólo tiene de bueno que esto no es cine, aquí no pueden pillar el dinero y correr sino que, aunque el primer capítulo funcione, hay que mantenerse y eso es lo complicado. El nombre puede ser un gancho pero hay que ofrecer algo más. Lo que acaba facilitando que sea el nombre de los creadores el que sirva para tirar del producto.

Que es precisamente lo que ha sucedido este año con Amy Sherman-Palladino en Bunheads o con Aaron Sorkin en The Newsroom, y si esto es lo más destacable de los canales por cable americanos imaginaos el nivel del año.

De manera que el siguiente movimiento, en el que ya se han mojado un poco más el dedo este año, la producción de series para internet por proveedores ligados al pago por visión empieza a parecer la forma razonable de moverse: lo demostró la mezcla de drama y comedia Battleground para HULU, y ahí estaban detrás Lilyhammer, coproducida con los noruegos por Netflix o Cybergeddon para Yahoo TV. Todos ellos amplían lo que ya se vio en los intentos anteriores — digamos The Confession, por ejemplo— y que parece que se va a ir consolidando este año con la versión americana de House of cards, la cuarta temporada de Arrested Development o la puesta en marcha de Amazon TV. Pero de todo esto ya habrá tiempo de hablar. Porque, de momento, aún estamos en los pasitos cortos.

—Por cierto, aunque no son series de ficción no puedo dejar de aprovechar para recordar y recomendar dos programas nuevos sobre comedia que han surgido este año y merecen la pena, me refiero al programa de entrevistas Inside Comedy y al magazine / podcast por la tele Comedy Bang Bang

Por suerte, todo lo que la acción real no ha ofrecido lo ha tenido la animación que sigue con su ascensión en todas sus variedades, desde las series para niños que no son para ellos con Gravity Falls, las series para adultos como Black Dynamite o los híbridos raros como The Aquabats Super Show!. Aunque, claro, luego llegan los canadienses con Detentionaire y demuestra lo rápido y bien que están aprendiendo ellos también.

Algo que ya había quedado claro mirando la serie de aventuras Arctic Air o la de ciencia ficción Continuum, otra serie que se va construyendo, evolucionando y mejorando con el tiempo.

No sólo los canadienses; también los australianos han mostrado imaginación y ganas de hacer las cosas con series como A Moody Christmas y muy especialmente The Strange Calls y la serie de culto instantáneo Danger 5

Y entonces llegaron los ingleses, claro, con su más de medio siglo de experiencia, sus series cortas y su querencia por las buenas historias, su género negro que le permite ponerse en el lado de los policías como en la brillantísima Good Cop —lástima de ese último capítulo retrasado y, quizá, rebajado— o la no menos grande Line of duty, o ponerse del lado de los criminales con la gran Inside Men. Incluso sus pilotos de muestra años antes que salga serie, como ese enorme Bad Sugar que reúne, además, a dos de las cómicas que más talento han demostrado este año, Sharon Horgan en Dead boss y la inconmensurable Julia Davis en Hunderby, una de las más extrañas, complejas y retorcidas series de este año y, por eso mismo, una de las mejores. Un repaso a las series de época llena de ese humor negro que ha hecho famosa a la David y que aquí está totalmente desatado sin que sepamos nunca en qué momento algo es dramático o bufo. Pero no han sido las únicas comedias, claro, también hemos tenido el Agárralo como puedas de Charlie Brooker llamado A touch of Cloth y el paso a la televisión de The Midnight Beast, con su híbrido de sitcom y magníficos números musicales de coña, una serie cuyo mayor pero es ese capítulo recopilatorio final. Todas ellas dejan con ganas de ver más, en estas series o en otras parecidas.

Mención especial merece una serie que se ha quedado en puertas de ser una de las elegidas este año, el drama… ¿criminal? ¿familiar? Hit & Miss, magnífica serie con un punto de partida ya de por sí extraño que trastoca lo que en realidad era otro melodrama sobre una persona que tiene que hacerse cargo de todo un cargamento de niños, cada cuál con sus propios problemas y todos ellos magníficamente interpretados.

Pero antes de pasar a las que sí van a tener el honor, creo que es un buen momento para hablar de algo que se suele tocar menos: Las más fallidas. Aquí entran series que se mueven en los dos mundos, siempre a un paso de salir bien y a otro de caer en el completo ridículo, como Hunted, de proponer un buen punto de partida que destrozan por completo como The Mob Doctor o Revolution, series que tenían intención de ser una cosa y acaba funcionando más como choque de trenes de lo que jamás habría podido funcionar, como ese enorme desastre que es Beauty and the Beast… Y luego ya están las series que con simplemente malas ideas realizadas de la manera más pobre, como Citizen Khan, series realizadas de cualquier manera como el remake de Care Bears, series absolutamente fallidas, e incluso espantosas, como Parents, o más aún Outland, o la tremendamente cutre y pésimamente guionizada Holliston, o ese auténtico despropósito animado que es Full English y, por supuesto, esa serie que merece ser vilipendiada por usar la mala situación laboral actual para crear una versión especial de la cámara oculta, bien que sea de la manera más leve, The Work Experience. Pero si tuviera que elegir una serie que falla en todo lo fallable, que está mal ya desde el punto de partida, empeora por sus guiones, tiene una realización ramplona y unas interpretaciones de auténtica lástima, entonces no tendría duda alguna, porque por muy malas que hayan podido ser las series antes citadas ninguna llega a acercarse al absoluto desastre que es Work It.

Y ahora, tras asomarnos al nadir del año vamos hacia lo que mi propio gusto ha decidido en reunión consigo mismo que sea declarado su zenit.

Sark Tv de Plata

Bullet in the face, aunque sé que habrá quien piense que se ha dado demasiado bombo a una serie que no era para tanto, dentro del magnífico verano que tuvimos lleno de programas a mitad entre el drama y el humor. Dentro de todos ellos, para quien esto escribe, Bullet in the face fue algo especial porque no sólo rescataba a Alan Spencer, creador de la mítica Sledge Hammer, para construir una guiñolesca y magnífica farsa en la que los actores están inconmensurables, no sólo los clásicos Eddie Izzard, Eric Roberts y Jessica Steen que están inmejorables, también por los casi-debutantes Kate Kelton y, sobre todo, el supremo arte de Neil Napier como payaso serio, con momentos de auténtica brillantez en algo tan difícil como ser el poste casi inmóvil que recibe los chistes, especialmente en sus intercambios con el protagonista, Max Williams, que interpreta a Gunter Vogler, con la más convincente interpretación del Joker que jamás haya visto superando incluso a César Romero. Sólo un cierto descontrol en los últimos episodios —fruto quizá de los problemas que la emisora tuvo con la simple idea de emitir esta serie— reduce el nivel de esta enorme farsa.


Bullet in the Face – Trailer por IFC-Official
Sark Tv de Oro

Moone Boy, por su parte, es una de las cosas más maravillosas que se han emitido en la televisión en los últimos años. Sobre todo porque frente a las fórmulas normales de enfrentarse tanto a la nostalgia como al humor, lo que se nos presenta es una versión completamente libre y no la mezcla de Aquellos maravillosos años y Calvin y Hobbes que uno podría llegar a temerse. Por contra, lo que nos encontramos es una propuesta que no rehuye mezclar la dulzura aparente con dosis de mala leche soterrada, refleja no sólo al niño protagonista, también a su familia, amigos e incluso todo el pueblecito, en apenas unos minutos. Un trabajo en el que Chris O’Dowd destaca gracias a saber quitarse de enmedio. Cierto es que cada vez que entra roba el plano y que suyos son algunos de los momentos más memorables de la serie, como ese club para antiguos amigos invisibles, pero sus apariciones funcionan precisamente porque están limitadas, ha aprendido que lo mejor que puede suceder a una serie es tener muchos protagonistas y muy interesantes, de manera que se reparta el juego. El centro, en su lugar, es Martin Moone, —maravillosamente interpretado por otro de esos magníficos niños actores ingleses que algún día descubriremos dónde crían en cautividad — David Rawle. El resumen global: Una auténtica gozada.

Si pensamos que Moone boy era una de las series que más estuve esperando del pasado año —como, por cierto, se podía ver en el resumen de pilotos que enlacé la semana pasada— y que hay varias series prometedoras para 2013, especialmente Cult, espero poder hablar más y mejor de lo que hayamos visto.


Sark de Oro 2012: Los Premiados

Tras todo el rollo que acabo de soltar vamos a ver si soy capaz de sintetizar un poco más y no divagar en exceso al dar los premios… Vale, ya veo que no. En fin, vayamos por tanto directamente a nombras -y justificar- el por qué de mis dos premios literarios anuales y hagámoslo como corresponde.

Sark de Plata para ¡Bang, bang! ¡Estas muerto! (4 vol.) de Varios Autores en Akal

Pocas cosas más prodigiosas este 2012 que esta antología y su publicación no en un único volumen de pastas duras -que tampoco hubiera estado mal- sino en cuatro libros de bolsillo tan evocadores como los propios bolsilibros de los que han extraido una amplia variedad de relatos que recorren épocas y autores con enorme alegría, desde Silver Kane a Frank Caudett pasando por Ros M. Talbot, Lou Carrigan, Donald Curtis o Mark Halloran entre muchos muchos otros, todo ello acopmañado de artículos introductorios y culminado por entrevistas de la mano de los dos coordinadores, Moncho Alpuente y Luis Conde Martín. Una obra magnífica y casi inabarcable dentro de una colección que está demostrando un gran amor por el género -por ejemplo, con la publicación de El almirante flotante– y que pese a lo irregular o lo extraño de algunas decisiones -es decir, juntar todos los artículos introductorios en uno de los volúmenes y todas las entrevistas en otro en lugar de ir repartiéndolos- se convierte en un preciso y precioso mapa de lo que fue el género negro en el bolsilibro español. ¡Un hurra por ellos!

bang-bang-estas-muerto-4-vol

Sark de Oro para Hermana mía, mi amor de Joyce Carol Oates

portada-hermana-mia-mi-amor_medLo sé, a más de uno le sorprenderá que esta sea la obra con la que Oates logre, por fin, el preciado galardón -risas- pero si bien es cierto que como tantos otros escritores ha podido rondarlo en años anteriores gracias a un talento tan vasto y variado que es difícil explicarse que no sea una favorita del público hasta que uno piensa en lo que el público es y quiere, no es menos cierto que esta obra, publicada originalmente en 2008 en estados unidos, tiene una importante particularidad: Sirve como suma y resumen de todos los temas, tics, manías y trucos de Oates. En ella podemos partir de un hecho real, darle una vuelta a los conceptos de familia, a los problemas de las relaciones a todos los niveles, desde los fraternales a los paternales o maternales, los de pareja y los de amistad, todo parece poder incluirse, también la asfixia de la sociedad, los bordes más oscuros que nos ofrece, la televisión y los medios de comunicación como medio más para el

 sensacionalismo que para una investigación real o una exposición de la verdad, si es que una novela de Oates considerara que existe algo tan sencillo como la verdad y no una sucesión de múltiples realidades manipulables que, junto con el juego metaliterario e, incluso, la confusión del narrador como medio para explicar partes de la trama, hacen de este libro no ya la lictura que más he disfrutado este año, también una forma perfecta de llegar a conocer a la escritora en prácticamente todos sus niveles.

Así que ya está satisfecha su curiosidad sobre mis favoritos del año y, de nuevo, podemos desped…¡¡¡Un momento!!!

Durante mi resumen anual me he dado cuenta de dos cosas. La primera, que cada vez leo más en inglés, la segunda, que nunca sé cuándo llegarán por fin las obras que más me han gustado. Así, del mismo modo en que durante tiempo acaricié la posibilidad de otorgar un Sark de Oro especial de no ficción, así que me he puesto a ello y no sé cuánto tiempo me durará esta chifladura ni si se hará más años, pero tras ver la edición en español del Boxer, Beetle de Ned Beauman, que Zoo City de Lauren Beukes se editará en 2014 pese a ser de 2010, que los últimos libros de David Sedaris no sé ni cuando saldrán – Y Jasper Fforde va por ese camino- o que el ganador de este año del Sark de Oro es una novela que salió hace también cuatro años en el mercado americano creo que es más necesario que nunca que el lector sepa que no tiene que esperar al ritmo español para encontrar buena literatura y, por lo tanto, declaro…

 

Golden Sark to The Teleportation Accident by Ned Beauman

Efectivamente, el mismo Ned Beauman de Boxer, Beetle, un jovencísimo narrador que ya demuestra que sabe entretejer historias y manejar unos recursos que le acercan no a los grandes del género sino a los grandes del borde exterior de los géneros porque disfruta más jugando con

 las ideas tras las posibilidades -los mad doctors en su primera novela, la teletransportación o los viajes en el tiempo en esta- que ofreciendo realmente un recurso a esos mismos, hasta el punto de podríamos llegar a discutir si realmente estamos en algo que podríamos llamar ciencia ficción al ser una obra tan centrada en sus personajes, en sus reflexiones sobre el mundo y como se encara con él -especialmente su protagonista, Egon Loeser, uno de los personajes más desconectados de la realidad debido a una absoluta falta de interés en todo lo que no sean sus propios problemas que jamas hayan protagonizado una novela- todo ello mediante personajes construidos con tanta precisión como deformación, con enormes hallazgos verbales y rarezas plausibles en lo que, por tanto, acaba siendo una novela de trasfondo histórico en el que a nadie le importa tanto lo que está pasando en su país o en el mundo como si logrará o no tirarse a aquella chica en lo que podría llegar a definirse como la versión pynchoniana de una comedia salida adolescente. No sé qué será lo próximo que haga Beauman ni cuando veremos este libro en nuestro país, o en nuestro idioma, pero si tienen la oportunidad de leerlo ya no esperen ni un día más.

121.Ned Beauman-The Teleportation Accident

Y, ahora sí, os deseo buenas lecturas y un feliz año.


Sark de Oro 2012: Repaso al año o Cincuenta libros de gris

Hace trece años, -¡JASON, VEN!- en mis primeros tiempos de internet, acostumbrado a hacer tonterías como cualquier otro internauta primerizo decidí que, igual que otras personas en la aún novedosa Dreamers, podía convertir mi opinión en premio y elegir la mejor lectura del año.


Hoy, más de una década después, sigue siendo mi particular tradición de año nuevo. [Eso y anarrosear textos de un año a otro] Repasar el año editorial, señalar alguna de mis lecturas y, claro, exponer cuales fueron los dos libros que más me habían gustado. Y ahí está la clave. Me da igual la importancia de los libros, la técnica con la que se realice o lo culturalmente aceptable que resulte. Yo, como único juez, soy lo más importante, y que me haya gustado, que me haya hecho disfrutar de la lectura, es lo que determina la elección.


En años anteriores el galardón fue para “El Hada Carabina” de Daniel Pennac, “Huérfanos de Brooklyn” de Jonathan Lethem, “Cíclopes” de David Sedaris, “La Disco Rusa” de Wladimir Kaminer, “La Mosca” de Slawomir Mrozek, “El Martillo Cósmico” de Robert Anton Wilson, “Pégate un tiro para sobrevivir” de Chuck Klosterman, “Las Ovejas de Glenkill” de Leonie Swann, los “Cuentos Completos” de Connie Willis, «Al pie de la escalera» de Lorrie Moore, «Mi Tío Napoleón» de Iraj Pezeshkzad y «Los amigos de Eddie Coyle» de George V. Higgins.

Aviso, también como casi todos los años, de que mis lecturas suelen determinarse por escuderías, es más sencillo que lea algo de Asteroide, EsPop, Ático de los libros o Valdemar que lo haga con lo que sacan Planeta, Alfaguara o Anagrama. Vamos, que no pretendo engañar a nadie: No me he leído todo lo publicado ni de lejos.


Creo que no hará falta explicar cuál ha sido el libro más influyente del año, hemos tenido fanfic de Crepúsculo con cachetitos en el culete para aburrirnos y multitud de exploits para darle alegría a las pajarillas. O algo así. La verdad es que por lo menos ha servido para mover algo un año en el que todo el mundo parecía perdido. Planeta no dejaba de sacar libros y comprar autores buscando algún éxito misterioso, la gente de RHM iba de piñazo en piñazo hacia la disolución final mientras que Santillana iba, sencillamente, de culo y en patinete. Y eso por no hablar de las editoriales medianas – como Anagrama, intervenida de facto por los italianos o Tusquets asimilada por Planeta – de manera que el año empeiza muy revuelto y con demasiadas bolas en el aire como para que no haya cambios de manos y, por supuesto, alguna bola que caiga y ruede.

También fue 2012 el año en que las ventas en bolsillo se fueron a freir espárragos, cayendo grande y duro demostrando qué era lo que había venido a sustituir el libro electrónico. Al menos de momento, y mientras sea una misión casi imposible que el público pueda elegir entre formato físico y electrónico.

Revisando esos grupos grandes y medianos me encuentro con poco motivo de alegría este año pasado, con unas pocas excepciones. En el caso de Anagrama la publicación de dos libros de autores de la casa, Relámpagos de Jean Echenoz, que narra una historia sorprendentemente cercana a la de Tesla, mientras que con El sentido de un final Julian Barnes logra acercarse a la sensibilidad de Jonathan Coe y compone una obra entre el memorialismo y la reflexión sobre la juventud que es uno de los grandes libros del año.

Que ya es más de lo que puede decir Tusquets, centrado en una política de mantener a los autores que ya tiene y evitar su huida más que en buscar nuevos autores o propuestas, de ahí que sea la salida de alguno de sus clásico – por ejemplo, Sue Grafton que ya ha llegado a la V en su alfabeto del crimen- de la misma manera a como en el grupo Planeta deben estar contentos de mantener a Eduardo Mendoza para que salga cosas como El enredo de la bolsa y la vida. En ambos casos no son los títulos más destacados de sus carreras pero sí libros en los que se demuestra lo sólido de su oficio, que ya me gustaría a mí poder decir eso mismo del también en Seix Barral El jardín colgante de Javier Calvo.

En cuanto a Random, y fuera de las sombras, y del continuo sacar libros en Mondadori para ver si alguno logra llegar a unas ventas de unos quinientos ejemplares, lo más destacable ha sido en terreno fantástico, también con dos autores que son ya de la casa, la nueva obra del autor de La chica mecánica, Paolo Bacigalupi, que en El cementerio de barcos regresa a esa ambientación para contar una historia completamente diferente, pero, sobre todo, Stephen King, que se suelta con la enorme 22/11/63, una novela que podríamos considerar ambiguamente como de paciencia y viajes temporales.

La verdad es que el género fantástico en toda su extensión ha tenido un año bueno, aunque no excepcional, se va convirtiendo en algo más sencillo gracias, por ejemplo, a los éxitos de series y películas en ellos basados como los omnipresentes Juegos del Hambre o Canción de hielo y fuego que, por cierto, vio la publicación en español de su quinta novela, Danza de Dragones, con el resultado por todos conocido.


A ello hay que unirle la creación de un sello en RBA para editar Literatura fantástica, que nos ha permitido ver editada la otra serie de Jim Butcher, Las furias de Alera, fuera de La factoría y su Harry Dresden, como de momento los inicios son titubeantes espero poder decir más de este sello el año que viene, y que sea bueno, además.


Mientras, y como en todo, son las editoriales pequeñas las que nos alegran y ofrecen autores e ideas, bien recuperando a un autor centrado en negro para mostrarlo en el fantástico como Salto de página con El diablo me obligó de F. G. Haghenbeck – lo que me recuerda que algo parecido ha hecho la colección de literatura popular de Cátedra con La puerta de bronce de Raymond Chandler, que recoge tres cuentos con su intento de pase al fantástico- bien presentando, como tiene que ser, a nuevos autores interesantes como ha hecho Nevsky Prospects con Anna Starobinets que primero editaron en su faceta más cercana al horror con el libro de relatos Una edad difícil y luego más centrada en la ciencia ficción con El vivo.


La encomiable labor realizada por Nevsky y sus selecciones debe ser también apreciada por su desdoblamiento en Fábulas de Albión, que ya metió la puntita con el libro La muñeca de Daphne du Maurier con El muñeco pero que este año ha crecido, tanto para acoger antologías de autores españoles como las centradas en el Steampunk o la de casas encantadas en Bleak House Inn, como para ofrecer auténticas joyitas escondidas como Una ciudad asediada de Margaret Oliphant, e incluso apartarse hacia el policiaco clásico y rescatar a una contemporánea de Agatha Christie que con Cuando sale la luna demuestra las vueltas que se pueden dar a un planteamiento sencillo, así que es bueno que ellos hayan impedido que siguiera el olvido sobre Gladys Mitchell.


Aunque la parte más importante en la lucha por el fantástico haya recaido como casi siempre en Valdemar, que pese a pasar el año buscando nuevas alternativas como Frontera, su colección centrada en el oeste americano, o publicando ensayos alternativos como Nueva cultura del apocalipsis, ha sido el responsable de recuperar a Robert W. Chambers con El rey amarillo, sacar la antología Paisajes del apocalipsis y, sobre todo, rescatar a Thomas Ligotti de su destino y publicar la antología de su obra Noctuario. Y es que la lástima con Valdemar es que no editen más.

Antes de dejar el género no se me pueden olvidar dos curiosas propuestas que han sido editado este año en España, por un lado La máquina de la muerte en Ediciones B que incluye historias de todo tipos de autores bajo la premisa de una máquina que es capaz de predecir cuándo y cómo morirás, por otro los Miedos de medio minuto que ha publicado Hidra y que es una deliciosa recopilación de historias de horror hiperbreve para el público juvenil y, también, para el adulto.

Y hablando de pequeñas editoriales, no puedo dejar de reseñar la creación del sello Memento Mori que ha comenzado este año editando Perros del desierto de Francisco Serrano  y Nigromancia en el reformatorio femenino de John Tones.


Aunque si un título fantástico podría haber sido galardonado este año con el Sark de Oro es, sin duda Boxer, Beetle de Ned Beauman, publicado este año aquí por Funambulista con una edición francamente mejorable ya desde el tamaño del libro, la elección de portada o, por supuesto, la traducción de título que pasa a ser para nostroso Escarabajo Hitler. Pese a todo esto no podemos dejar de ver la grandeza de la historia en sus dos planos, la inexplicable química que logra montar con la historia de amor menos convencional que leí en mucho tiempo y la capacidad para construir y organizar una historia con una variedad de recursos que hacen inexplicable que esta sea su primera novela.


En Funambulista, y con más éxito, se publicó también otro gran libro. Rehenes de Stefan Heym, historia negra de creación de personajes que, pese a su edad distante -de los cuarenta nada menos- consigue aprovechar el clima sofocante de la ocupación nazi para presionar a sus personajes. Y es que el género negro ha vivido otro gran año.


Bien desde las selecciones de RBA que demuestra que es una editorial con muchos y lo mismo saca la Literatura Fantástica que te publica a Ibargüengoitia o saca el En Crudo de Anthony Bourdain como  gestiona el sello Serie Negra recuperando y dando brillo a los clásicos de ayer y de hoy, pudiendo jactarse de haber editado una o más obras este año a  McDermid, Block, McBain, Manchette, Macdonald, Hadley Chase, Millar, Thompson, Sallis, Ballinger, Spillane, Maj y Per, Idridason y, por supuesto, Nesbo.

Aunque en género negro para mí ha habido tres obras que han marcado el año, primero el metaficcional Noir de Robert Coover en Galaxia Gutenberg, después la inesperadamente brillante Blancanieves debe morir de la alemana Nele Neuhaus y, finalmente, la recuperación por Reino de Cordelia del gran James McClure, el de El huevo con truco, con esa novela que era a la vez última y primera de su serie sudafricana, La canción del perro. Novela magnífica por lo que es y lo que contiene que hace esperar que podamos ver, por fin, el resto de novelas de Kramer y Zondi editadas en español, o al menos la mitad de ellas que aún permanecen inéditas.Tampoco podemos olvidanros que en EsPop no nos han descuidado este año y han publicado la precuela de Luther del nunca suficientemente alabado Neil Cross


No significa que no haya habido más buenas novelas de género, ni mucho menos, por ejemplo en otra de esas pequeñas enormes editoriales, Libros del Asteroide, han sabido continuar con la publicación de obras del gran George V. Higgins  aprovechando la salida de la peli para publicar Mátalos suavemente y a finales de año supieron también sacar una obra que aunque sin asesinato que resolver sí ofrecía un paseo por el lado turbio, La jugada maestra de Billy Phelan de William Kennedy. Y es que esta editorial, que lo mismo te publica El rapto de Britney Spears de Jean Rolin que continúa con su recuperación de Roberston Davies, o edita la imprescindible antología de humor gráfico La economía en el New Yorker, se ha convertido en un referente por derecho propio.


– Y no tan pequeñas, que Salamandra ha editado la continuación de Las ovejas de Glennkill, la menos experimental Que viene el lobo, de Leonie Swann. –

Una categoría que puede compartir con Impedimenta, que este año ha sumado a sus publicaciones La buena novela de Laurence Cossé o Caída y auge de Reginald Perrin de David Nobbs. En Ático de los libros han recuperado a la Elizabeth Taylor escritora con La señorita Dashwood, en Sajalin publicaron de nuevo a Edward Bunker con Little boy blue o presentaron el carcelario En el patio de Malcolm Braly o la enorme historia sobre los horrores bélicos Parte de Guerra de Edlef Köppen.

Aunque quizá la pequeña editorial (diría que no tan nueva por llevar ya desde 2009, pero claro, el resto llevan un par de años más) que mejor comportamiento haya tenido este recien acabado 2012 sea Libros del Silencio, que ha publicado una variedad de autores desconocidos o semidesconocidos y obras digno de elogio y admiración  y entre los que cabe destacar dos obras tan dispares como las memorias de Vidocq o, sobre todo, La contabilidad privada de Christie Malry de B.S.Johnson, una magnífica obra de ruptura con la cuarta pared y odio a la sociedad que sirve de advertencia tanto como de sátira.


También la literatura japonesa sigue con suerte pues junto a ocasionales publicaciones por editoriales no especializadas, como Los cuentos siniestros de Kobo Abe, pueden disfrutar de dos editoriales centradas en ellos, casi por entero en el caso de Quaterni; que este año ha destacado gracias a la antología de relatos de Akutagawa Ryûnosuke El dragón y otros relatos, y por la presentación para el público español de un clásico policíaco japonés, el holmesiano Hanshichi; y la japoncéntrica Satori que lo mismo saca una novela como Una extraña historia al este del río, que te recupera un Soseki en Las hierbas del río o saca la obra de no ficción Yokai, monstruos y fantasmas de Japón.


Y es que son las recuperaciones y márgenes lo que dan sabor a los años literarios. Que Pepitas de calabaza recopile textos de José Santugini en un libro llamado Buen humor, o que haya más recuperaciones imprescindibles como Sexto Piso recuperando el clásico de John Fowles El coleccionista, Elia con El percherón mortal de J. F. Bardin y, sobre todo, Minúscula recuperando Siempre hemos vivido en un castillo de la grandísima Shirley Jackson.


Además, por supuesto, de la creación de Alba de su sello Rara avis que permite presentar la rareza prerebecca de Frances Hodgson Burnett La formación de una Marquesa o la estupendísima novela meta de dientes afilados El libro de la señorita Buncle de D. E. Stevenson, ambas también cercanas a llevarse galardón este año que termina.

Pero no, y tampoco quiero prolongar más la espera ni extender el repaso al año. Así que podemos pasar ya al siguiente post.

Finalización anual pilotosa recapitulina

Es día 31 así que aún no puedo escoger la mejor serie nueva del año, ni hacer el resumen de los pilotos. Eso lo dejamos para la semana próxima, por supuesto. Esta semana lo suyo es concluir con lo empezado. Así que vamos a terminar de revisar las nuevas series del año, algo que ya hice en Enero-Febrero , Marzo-Abril , Mayo-Junio , Julio-Agosto , Septiembre , Octubre-Noviembre y que se verá concluido ahora en Diciembre .

Solo porque sea el último mes del año no significa que no puedan salir series interesantes. Es poco probable pero no imposible y creo que el ejemplo del año pasado con Black Mirror debería haberlo dejado claro.

Este año —¡SPOILERS!— no ha habido ninguna tan magnífica pero sí un par de cosas interesantes. De manera que en lugar de hablar de las tradiciones españolas del 31, como la emisión de las uvas —y quién debería darla en cada canal, nunca entenderé que Canal Cocina no se monte su propia retransmisión — y la versión falsaria de enlatados que se presenta como cotillón en los distintos canales, vamos a dejarlo para otro año y pasar a…

¡Que comience la lucha!

1600 Penn
¿Os acordáis de El ala oeste de la Casa Blanca ? Olvidadlo. ¿Y el trabajo de Josh Gad en Book of Mormon ? Olvidadlo también. ¿O la trayectoria de Jenna Elfman? ¿Y de Bill Pullman? Bueno, eso podéis recordarlo, total, tampoco van a mejorar las cosa. Ni a empeorarlar. ¿Queréis un referente para esta… cosa? Cory en la Casa Blanca, esa serie del Disney Channel, es lo más cercano. Y quizá si fuera una serie del Disney Channel… no, quizá el Nick… Ahm… Si TNT sacara un canal juvenil… sí. Claro que si fuera más ofensiva —Pero… ¿se puede ser más ofensivo con toda sudamérica de una sola vez?— a lo mejor SPIKE podría comprarla, al fin y al cabo es una serie de la Era Obama que parece protagonizada por una mezcla de las dos administraciones Bush. Se supone que debería decir que esto puede remontar por el talento de la gente incluida. Y es verdad. Podría mejorar. Y si eso ocurre —que lo dudo— espero que los que aguanten nos lo digan.

Dog with a blog
Esta la olvidé en mi anterior repaso de pilotos. * COF *. En fin. Una familia que, como todas, tiene sus discusiones pero por suerte tienen un perro que habla y sube a internet un blog sobre su vida con ellos con lo que les hace recapacitar y… Mirad, mi teoría es que alguien ha perdido una apuesta y han tenido que hacer esta serie. Tal y como están las cosas lo mismo es un éxito —¡Un perro que habla, ¡Y TIENE UN BLOG!— así que me reservaré una opinión más articulada sobre esta tontada por si en cinco años el perro se convierte en el nuevo artista Disney que marca estilo , aparece desnudo en los tabloides y se queda embarazado antes de cumplir… ¿Cuánto años de perro son 18 en humanos? ¡Da igual!

Doors Open
Los ingleses hacen cosas muy raras en su festividad del Boxing Day, por ejemplo emitir telefilmes. Como este, que adapta la novela de Ian Rankin del mismo título (Puertas abiertas, RBA, 2008) fuera de sus personajes recurrentes —No es un Rebus, vaya— ofreciéndonos una variación del clásico El robo perfecto con un puñado de personas que, por diferentes motivos que en pocos casos son económicos, deciden asaltar un museo. Una historia agradable en la que interviene prominentemente Stephen Fry, ¿qué más necesitamos?

The Fear
Miniserie inglesa a mayor gloria de Peter Mullan, señor de los bajos fondos reconvertido en emprendedor de aparente éxito que ve saltar por los aires su vida por la llegada de unos competidores albanos, las fricciones internas en su organización y su familia —que son casi lo mismo— y, sobre todo, sus crecientes problemas mentales. Cierto es que gran parte de esto se podría encontrar también en el Boss de Kelsey Grammer pero lo que allí era un estudio del poder y al redención aquí es un estudio de la persona a través de su mente. Así que aún estando lejos de ser un clásico si es otro ejemplo de solidez británica.

Loving Miss Hatto
La actriz Victoria Wood es una de esas cómicas poco conocidas fuera de Reino Unido, a saber por qué motivos dado que muestras de versatilidad ha dado de sobra… por ejemplo, escribiendo esta miniserie sobre los hechos reales alrededor de una de esas extrañas historias reales: El fraude que envolvió a la pianista Joyce Hatto debido fundamentalmente a su marido, William Barrington-Coupe, que enturbió la reputación de una pianista que ya había demostrado su valía en conciertos… hasta que dejó de hacerlo. A partir de ahí sólo grababa discos, que su marido editaba, aunque hasta la muerte de la pianista nadie se atrevió a denunciar que parte de lo que se oía en esos discos no era suyo. En esta miniserie se repasa la historia de la pareja, desde la primera vez que se encontraron al progresivo éxito de ella hasta terminar con la estafa que acabó pasando su nombre de la lista de los famosos a los infames. Todo ello con cierta gracia y talento aunque queda bien claro que es más por la propia peripecia que por la simplemente agradable participación de actores o guión.

The Making Of A Lady
Los que me lean escribir sobre libros sabrán que este año he estado dándole bastante cancha a a una novela semidesconocida de Frances Hodgson Burnett, la autora detrás de El pequeño Lord, La princesita o El jardín secreto que se apartaba del estilo infantil para adentrarse con La formación de una marquesa (Alba, 2012) en una extraña mezcla, entre la novela romántica y el gótico inglés, en una suerte de antecedente de Rebecca con una pobre chica que encuentra la oferta de su vida en un matrimonio tan inesperado como conveniente que, sin embargo, la pone en el punto de mira de unos parientes con intenciones más que dudosas haciendo que nuestra heroina tenga no sólo que reflexionar sobre el valor y la necesidad del amor sino, además, no ser una mosquita muerta y empezar a devolver golpes en un estilo que podría llegar a parecer una versión a medio camino entre la parodia y la pura maldad disfrutable de las historias de Jane Austen, lo que lo convertiría también en un antecedente de Hunderby, por otro lado. En cualquier caso, esta es la adaptación que la ITV ha decidido ofrecernos estas navidades. Tan fiel y aceptable como, me temo, carente de las ganas de ir más allá y esa disfrutable fiereza del original. Una lástima porque, no estando mal, siempre quedará la vida de lo que habría podido lograr la propia Julia Davis o Sharon Horgan con tan magnífico material de partida.

A Moody Christmas
Los australianos lo están intentando realmente en serio este año, por eso es bueno ver que series como esta les permiten ir avanzando, y eso que la premisa no prometía nada especial: Dan Moody es un australiano que vuelve a casa por navidad desde Londres para celebrar las fiestas con su familia. Su familia está, ¿hace falta decirlo?, tan desectructurada como la de cualquiera, en el límite entre lo abiertamente cómico y lo plausible… Pero hay una novedad más. En cada uno de los 6 capítulos estaremos en las navidades de un año diferente. Saltándonos todo lo que ha ocurrido desde que Dan sale de Londres hasta que termina su terror navideño anual permitiendo así evolucionar con rapidez a los personajes e incluir la evolución no sólo familiar sino también social en el juego. Gracias a todo lo cual les ha quedado una serie sorprendentemente buena, incluso aunque la emitieran en mitad de agosto.

Mr. Stink
Si yo les digo que existen unos libros infantiles / juveniles centrados en la figura de un vagabundo llamado Señor Pringoso quizá no me crea nadie aunque en España lo publicara S.M. en 2008. así que hablarles de este extraño telefilm inglés basado en los libros les sonará incluso más marciano, y, la verdad, tampoco estarán del todo desencaminados. Hugh Bonneville hace lo que puede con el personaje central pero ni parece haber muchas más ganas ni la historia parece tener mucho más que ofrecer. Quizá cuando le toque al Sr. Mojón

Panto!
La pantomima española y la inglesa tienen sus puntos en común pero también sus diferencias. Cuando se habla de la inglesa a lo que uno se refiere es a una serie de piezas mínimas que suelen incluir actuaciones musicales y bailes dirigidas a un público infantil y que suelen tratar bien cuentos folklóricos o… navideños. Precisamente por eso se hizo este telefilm, a medio camino entre En lo más crudo del crudo invierno y ¡Qué ruina de función!. Y si no llega al nivel de sus ilustras precedentes es porque estamos hablando de dos piezas magníficas no porque el resultado de esta pieza no sea también brillante y divertido.

The Poison Tree
Otro thriller adaptado, esta vez de la autora Erin Kelly, y otra vez que podría decir que es una obra razonablemente interesante, proponiendo en esta ocasión una historia de suspense psicológico sobre una familia con un secreto en el pasado y alguien, quizá tan culpable como ellos, al acecho. Y ya. Buen forraje, pero tampoco especialmente memorable.

Problems
Si algo ha quedado claro estos últimos meses de 2012 —o, si son de los que dividen los años por temporadas escolares, el inicio de la 2012/13— es que los australianos van a por todas. O, al menos, que van a la búsqueda de una equiparación con las producciones británicas. De modo que aquí tenemos una obra sobre los problemas en los suburbios, la gente y las situaciones que allí pueden encontrarse repletos de esos problemas del hombre blanco —Por ejemplo en el piloto es un cambio en la receta del preparado para tacos.— que decide incorporar una mayor variedad trufando el capítulo de pequeños sketches de personajes que se suponen recurrentes y de disgresiones en el camino en forma de salidas laterales a distintos momentos de la trama. No siempre le sale bien y demasiadas veces carga en exceso las tintas pero cuando Sam Simmons consigue que le salga hace creer que esto puede acabar funcionando.

Redfern now
Australianos, decía, que tratan de mejorar las cosas. En esta serie dramática con enlaces a la población indígena australiana se habla no sólo de su situación actual, también de cómo funcionan como comunidad, permitiendo entrelazar toda una dinámica en un barrio. Interesante cuanto menos.

Restless
Obra de época con espionaje y buenas actuaciones, adaptación de una obra de William Boyd, agradable, curiosa… francamente intercambiable. Es curioso como el gusto por el drama negro de los ingleses les lleva a hacer miniseries consecutivas como alternativa a las menos variables series policiacas estadounidenses. Una vez más.

Ripper street
Admitamos que una serie de época victoriana y componente criminal llamada Ripper street no parece precisamente el colmo de la originalidad, y que los intentos de arreglarlo poniendo la acción meses después del cese de actividades de Jack sólo sirve para prolongar la duda de si se trata de una suerte de continuación o de otro exploit… En cualquier caso, esta serie, la última del año, cuenta con el característico buen hacer de la ambientacióny producción de la BBC y con algunos actores interesantes así que pese a partir de un planteamiento tan burdo habrá que concederle un par de capítulos.

The Town
Un hombre regresa a su ciudad natal, detrás hay una telaraña de historias en su familia o externas, personajes variados y mucho blablabla para algo que parece buscar el espíritu de las series corales. Pero no les sale, pobres.

Transporter: The Series
Serie coproducida de origen francés y financiación también alemana, canadienses o estadounidense que llega por canales ingleses —qué le vamos a hacer— y que convierte en la versión de la película con el estilo europeo de la acción que podemos ver en la también de la RTL Alerta Cobra. Que vengáis preparados, vaya.

A Young Doctors Notebook
Jon Hamm y Daniel Radcliffe interpretan al mismo personaje en distintos momentos. Son grandes actores ambos, aunque creer que son la misma persona es más complicado, de modo que uno esperaría algo importante detrás. De modo que no debería sorprendernos saber que adaptan los recuerdos del enormísimo Mikhail Bulgakov que siguen, diría yo, Las extraordinarias aventuras de un médico y está, por tanto, están cargados de potencial. Lamentablemente no siendo en absoluto una serie desdeñable queda más como un divertimento brillante elevado gracias a sus actores y su punto de partida que como un todo hecho serie. A ver si para la próxima vez se les da mejor.

Ya está. Con esto hemos terminado el repaso a las series nuevas del año y, por tanto, podemos hacer un par de números. No un repaso a las series, que eso tocará la semana que viene, ni al estado general del año, que eso ya veremos… antes o después, simplemente un repaso a los números de ese año: 223 pilotos de series, miniseries o tvmovies a lo largo de 365 días. Repasando los PD enlazados arriba vemos que se han distribuido en 47+32+35+35+30 (1 mes) +27+17 (1 mes) y, por países, 112 estadounidenses, 80 británicas, 16 australianas, 11 canadienses y 4 de otros. A su vez la división dice que los 112 USA fueron 23 + 17 + 25 + 12 + 21 + 12 + 2, los 80 UK 14 + 10 + 6 + 18 + 9 +12 + 11, los 16 australianos 5 +2 +1+3+0+2+3 y los 11 canadieneses 5 + 1 + 2 + 2 + 0 +1 + 0. En cuanto al contenido del mismo y la elección de Mejor Serie Nueva de 2012, me temo que aún tendréis que esperar una semana.

Aunque siempre podéis ir echando un ojo a estos Pilotos Deathmatch para decidir cuáles fueron las vuestras.


Finalizantes encarnaciones teleinformativas ficcionales

Una vez terminado el repaso a la información en televisión con las desalentadoras conclusiones de las últimas semanas vamos a cerrar el tema y el año con una revisión de cómo ha visto la ficción la labor periodística y, más especialmente, la de sus propios informativo. Al fin y al cabo fue el anuncio de la creación de The Newsroom lo que me decidió a comenzar este repaso.

El tema del periodismo ha servido fundamentalmente a dos propósitos, primero para presentar series de acción y aventuras protagonizadas por periodistas entendidos como modernos héroes que luchan por la Verdad y quizá también la Libertad e incluso puede que la Justicia; en segundo lugar para una revisión desmitificadora a través de sitcoms laborales que demuestran cómo funcionan en realidad sus entresijos, a partir de ahí empezaron a llegar series dramáticas —generalmente con toques de comedia— que se centraban en un oficio tan interesante procurando ofrecer una perspectiva global del negocio, incluyendo la lucha entre ese teórico instinto periodístico y la realidad del control de los medios por sus empresas. Pero vamos a ir viéndolo de manera más organizada… Porque incluso así podemos ir constatando cómo cambió la visión del periodista.

En un principio era un defensor, como decía, que muchas veces servía en realidad como excusa para meterle en multitud de líos y mostrar paisajes o ambientaciones exóticas como ya habían hecho en Tintín. De hecho, la primera serie protagonizada por un periodista curioso que destapa líos e intrigas es, ademas, la serie con el título oficial más largo de la historia de la televisión, y eso es mucho decir para algo estrenado en 1951: Your Kaiser Dealer Presents Kaiser-Frazer “Adventures in Mystery” Starring Betty Furness in “Byline” o como fue comúnmente conocida Byline. En ella Betty Furness interpretaba a una reportera inquieta, y si hubiera quedado algún registro más podría seguir pero entre su primer paso por la ABC y un segundo por la DuMont como News Gal no impidieron que en poco tiempo no quedara demasiado registro de la misma.

En cualquier caso las series de periodistas inquietos pronto empezaron a salir, ya fuera en formatos más cercanos al periodismo de acción como The Roaring 20s (1960-62) o el segmento de periodistas de The Name of the Game (1968-71) o en su versión de aventuras por el mundo como en Man of the World (1962-63) y más increíblemente aún en Shirley’s World (1972), una producción a medias entre la americana ABC la británica ITV en el que Shirley MacLaine —sí, claro, esa actriz. ¿De verdad os habíais creído lo de que tener a actores de Hollywood haciendo televisión era una novedad ahora que el medio está refrendado culturalmente? Ingenuos— ejercía de teórica reportera gráfica pero en realidad de reportera polvorillas que lo mismo entrevistaba que hacía fotos y, sobre todo, se inmiscuía en la vida de la gente sobre la que debería de informar, todo ello con un tono a mitad entre la comedia y el drama con ocasionales momentos de acción, un poco de todo que, sin embargo, no llegó a durar más de una temporada.

No sólo eso, en los años ’70 también se vivió el acercamiento como productor de intriga realista por parte del siempre admirable Jack Webb que impulsó Mobile One (1975), también por sólo una temporada, igual destino sufrió el planteamiento de misterio propuesto por Kingston: Confidential (1977) en el que Raymond Burr interpretaba a un magnate de la prensa que trataba de ayudar a los desfavorecidos y resolver crímenes gracias a sus contactos y periodistas. Algo que, sin embargo, costó creer al público (Una lástima, por que Jesús de Polanco o Pedro J hubieran dado para una magnífica versión española) y tampoco tuvo mucha más suerte uno de los ahora clásicos de culto, la serie que unía el periodismo con los sucesos misteriosos antecediendo a Cazadores de sombras (Shadow chasers, 1985) en la idea del reportero de lo paranormal y mostrando el camino para múltiples series más, y muy en especial para Expediente X (1993-2002), que aprenderían mucho de lo que significó Kolchak: The Night Stalker (1974-75).

Bien es cierto que si alguien suele llevarse la gloria por esto es Richard Matheson que adaptó la muy pulp novela de Jeffery Grant Rice hasta convertir la historia de un periodista que investiga en unos asesinatos en serie para acabar descubriendo que el culpable es un vampiro en un magnífico telefilm, tanto que decidieron darle otro telefilme, Kolchak: The Night Strangler (1975), esta vez basado en una historia original de Matheson y con un mad doctor de por medio. Estaba en preparación un tercer telefilm coescrito por Matheson y William F. Nolan con una trama extraterrestre de por medio. Lamentablemente fue elegida para serie quitándose de en medio al equipo, sólo los actores permanecieron, de manera que la calidad fue menor y la serie solo duró una temporada. Pero la semilla del periodista de lo paranormal estaba puesta.

El final de los años setenta marca también el final del periodista como figura de acción, en adelante podrá ser la profesión del protagonista pero rara vez se le verá ejerciendo su trabajo —aunque, bien pensado, eso ya pasaba también en Tintin — como pasaba en Journeyman (2007), o bien su trabajo será acompañar a los chicos duros como en Night Heat (1985-89) o se tratará simplemente del catalizador de la acción como en Edición anterior (Early edition, 1996-2000) aunque aún tendríamos una historia más, especial y magnífica, otra serie de culto, que redefinió muchos conceptos televisivos sobre periodismo y podría casi considerarse la primera serie cyberpunk, hablo —muy obviamente— de Max Headroom (1987-88)

En 1984 Max Headroom apareció por primera vez en la televisión, el primer televisor por computadora, en parte sátira del clásico presentador prepotente, en parte inteligente, rebelde y autoconsciente de lo que la misma televisión significaba. Con un estilo único gracias en parte a su creador, Peter Wagg, y la técnica, fue un éxito inmediato exportado a varias publicidades y, por supuesto, una versión para televisión. Todo ello desde Reino Unido aunque con un ojo puesto en los USA, lo que se justificó incluso con el telefilm para Channel 4:

Max Headroom: 20 Minutes into the Future que urdía todo un transfondo con un futuro en que las grandes empresas de comunicación están por encima de los gobiernos, marcando su propia agenda al resto del mundo y coartando a sus periodistas, reducidos a marionetas que hablen de temas que no molesten o que les ayuden. Uno de los pocos periodistas de raza que quedan, Edison Carter —Interpretado por Matt Frewer— descubre que su jefe está creando con el genio tecnológico de la cadena una suerte de noticias comprimidas que pueden ser mortales para los espectadoras, antes de que pueda denunciarlo sufre un accidente con un golpe en la cabeza. El experto informático duplica su mente online poco antes de ser robado por Blank Reg el dueño de la emisora pirata de actitud abiertamente punk, mientras que su parte física resulta estar menos muerto y vacía de lo que parecía y regresa para dejar al descubierto a su jefe.

No tuvo mucho éxito con los ingleses pero sí con los americanos que decidieron remontarlo como piloto añadiendo actores americanos con algunos nuevos personajes —Por ejemplo, su productor que sería interpretado por Jeffrey Tambor — y preparando así un mundo futuro plausible en el que incluir las tramas que, además, contaba con tres cadenas, Canal 23 que tiene empleado a Carter, la pirata Big Time y una nueva, el Canal 66, decididamente diabólica y con el exjefe de Carter al frente.

Acabó teniendo dos temporadas, la última accidentada como siempre ocurre en estos casos, y se convirtió no sólo en un referente de la ciencia ficción televisiva, aunque fundamentalmente fue su parte cyberpunk e inconformista junto con la abrasiva y cautivadora personalidad de Max la que lo convirtió en un clásico de culto.

Irónicamente uno de las principales referencias en la construcción de Max era la de un periodista de los nuevos tiempos, esos que traían los años setenta, en los que se podía hacer comedia y también se podía hacer realismo, o drama realista si ustedes lo prefieren o, si van a forzarme a usar la palabreja… dramedia. El personaje era Ted Baxter, el encantador y agradable aunque notablemente bobo presentador de una de las series más influyentes de la historia televisiva que, además, inauguró la comedia sobre periodistas.

The Mary Tyler Moore Show, conocida en España como La chica de la tele, fue una comedia que duró desde 1970 hasta 1977 con un éxito enorme. Vehículo estelar del que ya hemos hablado y que tiene el valor añadido de hacer interesante el entorno de una redacción de noticias, de una cadena, una localización que pasaría a convertirse en recurrente en las décadas siguientes, incluso de manera tangencial en éxitos como Frasier (1993-2004) o más recientemente en Go On (2012-). No es que fuera la primera serie que situaba la acción dentro de la televisión, sin alejarnos mucho de la propia Mary Tyler Moore su anterior éxito en el Dick Van Dyke Show ya trataba el tema, más aún, el siguiente programa de Van Dyke, The New Dick Van Dyke Show (1971-74), le presentaría como un presentador de talk shows.

La estación como centro vital sería una combinación con el noticiario, a partir de ahí se podrían dar paso a clips animados como los Archie’s TV funnies (1971-73), jugar con lo que se ve con lo que hay detrás como hacían en Goodnight, Beantown (1983-84), Good Morning, Miami (2003-04) o Back to You (2007-08) —de nuevo con Kelsey Grammer — y, por supuesto, los acercamientos ingleses cuyo ejemplo más recordado posiblemente sea Rutland Weekend Television (1975-76), la creación de Eric Idle tras el Flying Circus de la que saldrían, por ejemplo, The Rutles; más cercano aún al concepto de parodia de canal estaría la también inglesa KYTV (1989-93) aunque su punto principal fuera no tanto la estación del nombre como hacer una imagen satírica de los canales por satélite ingleses de principios de los noventa.

También servían para desarrollar tramas paralelas que ocurrieran allí, como la comedia con genio Just our luck (1983), la doubtfiresca Ask Harriet (1998) —Que sólo duraría cinco episodios—, o la aún más increíble The Chimp Channel (1999) que parodiaría las estaciones de televisión convirtiendo a todos los humanos en… monos.

Los años noventa nos traería, sin embargo, dos de las mejores series de televisión sobre noticias que jamás haya tenido la televisión: Murphy Brown (1988-98) y Drop the dead donkey (1990-1998)

Murphy Brown es una de esas cosas que todo el mundo debería conocer, y que yo asumo que conocen. Comenzando por el regreso de la periodista Murphy Brown (Candice Bergen en el que probablemente sea el papel de su vida) a su puesto en el programa informativo FYI de la CBS —cadena de la sitcom, claro— tras su paso por rehabilitación, los dimes y diretes diarios de los periodistas en historias sacadas de los titulares, con especial ojo para la sátira política, le dieron rápidamente popularidad, más aún cuando durante su cuarta temporada decidiera tener a un hijo como madre soltera en un acto que el entonces vicepresidente Dan Quayle mencionaría durante un discurso en la campaña electoral de 1992. Tras toda una década en antena la serie terminaría con un largo arco argumental sobre cancer de mama y la necesidad de prevenirlo que incluiría a Murphy siendo operada y soñando que entrevistaba a Edward Murrow, uno de los personajes constantemente referenciados en la serie.

En cuanto a Drop the dead donkey, se trata de una serie magnífica, cuyas cinco primeras temporadas jugaban directamente con la actualidad de la semana permitiéndose comentarios sobres hechos del momento y en el momento. Los hechos se trataban durante la semana y eso permitía hacer comentarios que podían acabar siendo más o menos afortunados pero que eran, ante todo, actuales. También los entresijos de la información eran tratados, especialmente porque el hecho que pone en marcha la acción del primer episodio es la compra de la empresa GlobeLink News por parte del millonario Sir Roysten Merchant que decide que es la forma más sencilla de tenerlos manejados, colocando a un productor, Gus Hedges, para que se ocupe de que los múltiples intereses de su conglomerado —generalmente en el borde exterior de lo ilegal—, que pese a ser notablemente derechista no duda en acercarse a Blair cuando llegue al poder. El resultado es una serie dura y mordaz, con mucho humor negro y mala leche, plenamente consciente de que el periodismo es un negocio y debe servir a unos jefes, se llamen Roysten Merchant, Robert Maxwell o Rupert Murdoch

La popularidad de DtDD causó un reflejo australiano, Frontline (1994-97) o la sueca Döda danskar räknas inte (1994), todos oscuros y actuales. Lo mejor es que incluso considerando que las referencias directas pueden parecer fuera de lugar funciona perfectamente como creación histórica y como comedia.

Por supuesto hubo muchas más comedias, desde la centrada en los deportes Good Sports (1991), protagonizada por Farrah Fawcett y Ryan O’Neal, o las de corta vida Arsenio (1997) —5 episodios—, LateLine (1998-99), Wednesday 9:30 (8:30 Central) (2002) , junto con Home Free (1993), protagonizada por un jovencísimo Mathew Perry, An American in Canada (2003-4), la bastante espantosa Pepper Dennis (2006), la canadiense Moose TV (2007-08) o la comedia inglesa de reporteros por el mundo Taking the Flak (2009)

También habría otros formatos periodísticos visitados como en The Naked Truth (1995-1998), que abordaban el sensacionalismo de las revistas como en Dame un respiro (Just shoot me!, 1997-2003), Suddenly Susan (1996-2000) o incluso la extraña mezcla llamada Dirt (2007-2008)…

Aunque en realidad estaba pensando en la versión radiofónica, NewsRadio (1995-99), una magnífica comedia con grandes actores como Dave Foley, Stephen Root, Maura Tierney, Andy Dick antes de todos sus problemas y, sobre todo, Phil Hartman que sería asesinado en la vida real entre la cuarta y quinta temporada. Sorprendentemente Dick encontraría trabajo de nuevo en otra serie centrada en el periodismo como centro de trabajo, Less than Perfect (2002-06).

Pero volvamos a Mary Tyler Moore de nuevo para hablar de las series dramáticas porque también en esto sería unos innovadores al coger el personaje del jefe para lanzar su propia serie de elementos dramáticos, Lou Grant (1977- 1982) de cuya vida, importancia e indefendible cancelación también hemos hablado ya aunque, de nuevo, espero que no haga falta hablar de la importancia de la serie, de la ética de su personaje principal y de cómo inyectaba idealismo sin perder de vista la transformación que estaba teniendo el negocio, aunque no por ello dejara de lado el enfrentamiento con sus empleadores.

La única serie que podría competir con ella por el título inaugural es la australiana The Box (1974-77), un acercamiento al culebrón de lo más curioso que tendía a usar ideas completamente alocados. Más en el estilo de esta segunda saldrían W.E.B. (1978) — 5 capítulos — y The American Girls (1978) — 7 capítulos — aunque, como decíamos antes, los ochenta no fueron los mejores años para el periodismo en sus representaciones más serias.

Por fortuna para todos a finales de la década se realizaron tímidos intentos como TV 101 (1988-89) , sobre un profesor que decide hacer un noticiario en lugar de un periódico escolar, con un tono serio similar al de los Degrassi, el exceso de controversia y la seriedad hizo que durara sólo una temporada, aunque nos dejó ver los inicios de Matt LeBlanc Pero no todo es USA y llegarían dos series internacionales: la canadiense Reporteros (E.N.G., 1989-1994) y la británica La pandilla plumilla (Press Gang, 1989-93).

La primera, emitida en España en casi su totalidad, narraba con la clásica seriedad canadiense la vida de los reporteros de un canal de televisión dándoles un aspecto de serie de profesión sin mayor vocación que esa, mientras que la segunda estaba armada sobre un cuerpo de serie adolescente para introducir en ellas reflexiones sobre el papel de la prensa — nada que ver con la más cómica Student bodies (1997-99) — permitiendo así unir y debatir las noticias generales aplicando una visión y unos sucesos más cercanos para los jóvenes. Y sí, los creadores eran Bill y Steven Moffat.

En esta categoría llegaríamos a poder ver adaptaciones de biografías como Urban Angel (1991-93) o adaptaciones dramáticas de las series de estación como WIOU (1990-91) aunque será la búsqueda de una serie dramática y sera sobre periodismo lo que nunca terminará, ya sea usando tabloides como New York News (1995), periódicos serios como Deadline (2000) que sólo vio emitidos 5 episodios pese a contar con un magnífico Oliver Platt y un piloto prometedor, o la muy seria Beggars and Choosers (1999-2000), incluso Sorkin probó suerte con la más tendente a lo deportivo Sports Night (1998-00) aunque quizá fuera la canadiense The Newsroom (1996-2005) la que más se aproximara al híbrido de las dos series con Lou Grant, algo que se demostró por su enorme repercusión que ha permitido a su creador seguir reflexionando sobre el mundillo, por ejemplo en su serie más reciente Good God (2012).

Y aun quedarían algunas como las cortas The Beast (2001), Breaking News (2002) o la canadiense The Eleventh Hour (2002 – 2005), incluso la relacionada con temas de producción Moving Wallpaper (2008-2009) aunque la que realmente es la última gran serie sobre periodismo es, sin duda, la británica The Hour (2011-)

Estas eran las más importantes, aunque ha habido más, sobretodo por el mundo, la filipina May Tamang Balita (2011-), la francesa Francia Météo+ (2008-11) o, incluso, la española Periodistas (1998- 2002) demostrarían el interés en la empresa periodística.

Quizá sería por esto por lo que experimentos como Anchorwoman (2007), una idea de la FOX que nunca dejó claro si se trataba de una comedia o de un reality que seguía el ascenso de una exparticipante de concursos de belleza , provocó un gran debate, pobre audiencia y su retirada tras sólo 2 capítulos. Y eso que no era tan diferente de la Corky Sherwood de Murphy Brown.

Es curioso que con tanta atracción como ofrece el oficio, y tanto interés que parece despertar, no pareca la gente igual de concienciada en lograr una mejora o en buscar una información de mayor calidad. Espero que al menos este breve repaso a la historia, sus vaivenes y sus recobecos haya servido para que alguno se replantee la posibilidad de no ser crítico con lo que se nos ofrece, el cómo y el por qué, además de haber tomado nota de alguno de los programas y series a los que echar un ojo.

Mientras tanto les dejo, no tanto para ver capítulos antiguos de Newswipe como para comprobar qué tienen que decir en Listening Post. En cualquier caso, y si han logrado llegar hasta aquí, piensen un poco en cómo se informan, consideren globalmente The Newsroom y tengan unas felices fiestas.


Tristísimas posibilidades bibliográficas televisivas

Es difícil tomarse en serio todo este extraño movimiento para intelectualizar la televisión cuando va surgiendo de la nada un batallón de escritores, muchos de ellos con sorprendentes labores de profesorado, que parecen más ocupados hablando que aprendiendo sobre lo que hablan.

Si hace un par de semanas contaba en esta columna mi perplejidad y cabreo ante el infratexto, que el Festival de San Sebastián había incluido para ilustrar su sección de sitcoms de su Very Unfunny Things, hoy toca mencionar el especial de series de la Jot Down. Que no me he comprado. Y no me he comprado porque cada vez que le echo un ojo a un texto teórico español con pretensiones descubro que lo que más hay en él son las pretensiones. Pero si he logrado llegar hasta hoy sin hablar del … Teleshakespeare del … Jorge Carrión, seguro que puedo aguantar aún unos meses más, quizá un año.

El que picó con la revista fue Dani López , que entre otras muchas cosas es_blogguero_ y podcaster además de colaborador, como yo, de GenCómics y participante de una curiosa mezcla entre la televisión y la cocina sobre la que hablé a principios de año: Del sofá a la cocina . Pues bien, fue él quien leyó un artículo para la revista de Borja Ventura, se sorprendió de los errores y realizó un post para su blog , Freakscity, que es uno de los motivos de la cháchara de hoy. Porque este Ventura (profesor universitario, una vez más; de periodismo, como casi siempre) elabora una teoría sobre Homeland a partir de la cadena que la emite, la ultrarrepublicana FOX News, cadena que emite informativos furibundos “a la vez que Los Simpson o Homeland”. Y no, claro. Porque si se hubiera molestado en investigar un mínimo la idea que iba a proyectar, o si la tele realmente le importara lo suficiente como para considerarla más que una manera de cobrar por manchar las hojas en blanco, sabría las varias cosas que Dani le señala:

1) Que FOX News y FOX son dos cadenas separadas pertenecientes al mismo grupo.

2) Que FOX News es una cadena de noticias 24/7 en el paquete de cable básico, mientras que FOX es un canal generalista en abierto.

3) Que el grupo tras ambas cadenas, News Corporation, propiedad de Rupert Murdoch, gobierna las cadenas estadounidenses con su rama Fox Broadcasting Company, que incluye muchas otras cadenas diferentes como la también de cable FX (Justified, Louie …) .

4) Pero, sobre todo… Que FOX España es otra cadena distinta. Más aún, una cadena independiente. Que no sólo se alimenta de programar series que emite la FOX, sino también de series en las que la FOX poco tiene que ver. Por ejemplo, con series que emite Showtime, uno de los canales de cable básico de la compañía CBS, que es quien emite Homeland.

Y es que lo único que podría justificar englobar dentro de FOX Homeland es el salto de fe que supondría sobrevalorar que una de las cinco productoras que trabajan en la serie, fox21., no es sino otro de los tentáculos del conglomerado, una rama de producción para realities y series de bajo presupuesto que toca de lejos —Casi tan lejos incluso como FOX News — la serie entera.

Todo ello, además, sin considerar otro asunto: Estamos hablando de la adaptación de una serie israelí. Con más o menos cambios, como pasa siempre, sobre todo con los americanos, pero al fin y al cabo un trabajo que ya existía en buena medida desde el original.

No es que el autor del artículo tuviera que contarles todo esto, ni mucho menos, pero sí debería de haberlo conocido. Así, de haber sabido de verdad cómo funcionaba la televisión americana, su plan maestro de lectura de la serie podría haber, al menos, previsto las críticas o no haber usado el verbo emitir, urdiendo una explicación con estas unas posibilidades tan remotas que quizá incluso Carrie Mathison la hubiera pasado por alto.

Pero no nos centremos en esta anécdota. Miremos el conjunto porque ahí es donde podemos encontrar ese clima de confusión e interés que propicia este tipo de análisis y su segunda parte en forma de paso a artículos y libros. Incluso en las páginas web que buscan más la entrada rápida apelando no a un principio informativo, sino a un conocimiento común, tantas veces unido a la nostalgia, que ofrezca una satisfacción al lector.

Cuando uno mira nuestro panorama editorial centrándose en los libros que tratan de la televisión lo que encuentra tiende a encajar en uno de estos tres grupos y medio:

1) Libros puramente nostálgicos.

Aproximaciones a una edad, generalmente reciente, en forma de revista o revisión de novedades que suelen estar brevemente reseñadas por apelar, en realidad, al factor de teacuerdismo que llevan sus evocaciones.

2) Libros puramente prácticos.

Manuales de creación, uso o perfeccionamiento indicados fundamentalmente para aquellos que quieran —o deseen— dedicarse a la profesión de guionista más que a los que esperen encontrar historias o anécdotas. Al fin y al cabo para eso está el siguiente medio punto.

2 y Medio) Rememorias.

Repasos a la vida propia o a la de los programas que protagonizaron. Pueden incluir historias interesantes, bien es cierto, pero generalmente transitarán por una mezcla de biografía y nostalgia. Salvo aquellos que son, directamente, merchandising de la serie en sus distintas variantes: Adaptaciones, ampliaciones o libros que ofrecen un contexto. (A veces, incluso, libros de cocina)

3) Aquí deberían ir los libros de análisis.

Que los hay. No muchos, eso sí. Y casi todos más centrados en el actual problema de las series. Perdón, el actual problema del ensayismo sobre series. Que es el completo convencimiento de que vivimos en una edad de oro —que es algo discutible— y, por tanto, podemos prescindir de cualquier conocimiento sobre la historia de la ficción televisiva —que es algo tan común como ridículo—. De ahí la producción seriada de textos sobre lo que tenemos ahora como si fuera una extraña burbuja surgida de la nada, despreciando —más por desconocimiento que por maldad, bien es cierto— lo que sucedía antes de que el autor de turno tuviera oportunidad de sentarse ante una pantalla de televisión.

Esto acaba resultando en una comparación con los anglosajones: estadounidenses, canadienses o británicos, entre otros, tienen la disciplina de los Estudios Culturales, que estudia y analiza desde hace años todos los aspectos de la cultura popular, dentro de lo cuál cabe lo emitido por televisión y dentro de ello, con especial importancia, las ficciones y su papel en la sociedad. Eso que sirve para que Los Simpson o Buffy sean analizados en profundidad y extensión mientras aquí esa tarea queda reducida a algunas webs voluntariosas o a ciertos foros.

Claro que tampoco en el terreno anglo existe ninguna historia enciclopédica de la televisión —y es una lástima, en serio, si algo me aburre es escribir sin necesidad— aunque sí acercamientos amplios que ofrecen visiones complejas de épocas, repasos extensos a géneros y, en muchos de los casos, profundos análisis de un género —o movimiento, o modalidad, o… — en una época concreta.

Lo más sorprendente es que muchos de ellos son críticos. No profesores universitarios pluriempleados, ni redactores ocasionales —que también los hay, no vayamos a idealizar en exceso— sino auténticos expertos en televisión que ejercen el periodismo y la crítica en periódicos, revistas o sitios web.

Creo que a nadie sorprenderá la mención a Todd VanderWerff , auténtica cabeza pensante tras la sección televisiva del mil veces grande A.V. Club o a Alan Sepinwall, que lleva más de una década con su columna What’s Alan whatching? desde el periódico The Star-Ledger en Newark hasta su paso al sitio HitFix y en todo este tiempo su reiterado conocimiento y buen juicio ha ido convirtiéndole en un referente entre la crítica televisiva, posiblemente el más importante.

Y lo mejor es que ambos han influido y cambiado, modificando la percepción sobre la ficción y la televisión, limitándose a hacer su trabajo lo mejor posible. Uno puede estar más o menos de acuerdo con lo que dicen ambos, con lo que se puntúa en el A.V. Club o con el enfoque de una reseña… pero la forma de hablar del material reseñado, de enfrentarse a los capítulos, eso es impecable.

Precisamente de Sepinwall es uno de los libros más interesantes que se pueden leer sobre el papel de la televisión moderna: The Revolution Was Televised . Publicado en noviembre de este mismo año, y que entra en esa sección de los Estudios Culturales en los que deciden centrarse en esa nueva edad dorada, que Sepinwall afronta hablando de sus raíces y completando el repaso histórico y sus análisis con entrevistas a los creadores de las series.

La verdad es que sigo esperando que se atreva con algo más extenso y profundo que permita una comprensión más global. Claro que también espero algo bueno, o al menos interesante, del libro que ha anunciado Planeta para enero.

Televisores cuadrados, ideas redondas de Mikel Lejarza y Santiago Gómez Amigo promete en su sinopsis repasar la historia de la televisión por medio de anécdotas e intrahistorias. Si tenemos en cuenta que Lejarza fue director general de Tele5 de 1996 a 2000, cuando emitieron series como Periodistas, Médico de familia, 7 Vidas, Al salir de clase, El Comisario u Hospital Central. —series sobre las que tendremos una opinión, pero que demuestran una apuesta por la ficción y el género— y luego estuvo en Antena 3 o FDF entre otras, y Santiago Gómez Amigo es un experto en audiencias de Tele5, y autor de algunas monografías sobre el tema, espero que cuando dentro de un mes esté en esta columna hablando del libro —incluso si es para bien— no tenga motivo para quejarme de la falta de rigor.

Con un poco de suerte se tratará de un primer paso para que comencemos a ver un rigor mayor y unos recursos y honduras a la hora de tratar sobre la televisión que pueda ser continuada por otros textos, olvidándonos de los libros circunstanciales y el ombliguismo generacional. Algo que nos permita dejar atrás esas dos grandes escuelas críticas e informativas que podríamos llamar Abuelos en Obras y Abuelos en Arte Abstracto, los primeros de los cuales mirarán desde la barrera diciendo por qué están fallando las cosas en lo que ven, contando batallitas e, incluso, elogiando algún movimiento torero; mientras que los otros tratan de explicar tras una visita lo que han visto llevándolo a comparaciones con aquello que conocen.

Quizá sea culpa de nuestra corta cultura audiovisual o de la menor atención que ha recibido la televisión frente a, por ejemplo, el cine. O un snobismo cultural mal entendido que busca afirmar que ahora sí merece la pena justificándose en que antes no lo hiciera. Y, sin embargo, tan ridículo resulta considerar que se puede analizar el Ulises sin conocer la Odisea como creer que sin Lou Grant existiría The Newsroom.