Competitivas juguetonas cocinas

Ya hemos visto cómo fue la divulgación en inglaterra, todos esos encantadores tipos y sus programas de encimera, ¿quién podría no querer invitar a cenar a Fanny Cradock? En cualquier caso, y pese al buen hacer de sus responsables, si algo acabó jugando un aspecto decisivo en la cocina inglesa para televisión —igual que acabarían siéndolo en la internacional— fueron sin duda sus concursos.

Quizá alguno piense que aquella gran oportunidad era parte de una sucesión de concursos, pero la verdad es que no. Sí que hubo alguna competición, alguna idea con la cocina como fondo, pero no de manera continua o recurrente. De hecho, en este punto sólo se puede alabar el concurso que la empresa americana Pillsbury lleva realizando desde 1949. En su Bake-off, una versión para pasteles de los tradicionales concursos de cocina —los Cake-Off que sin duda recordaréis de series o películas, especialmente los de Chili — que remite a las no menos célebres competiciones de cocina que todos — supongo— hemos visto, vivido y sobrevivido a lo largo de nuestra vida.

Lo que aquí tenemos es un encuentro en el Waldorf-Astoria que la CBS estuvo emitiendo desde 1949 hasta 2002. En ella las señoras —bueno, cualquiera que quisiera participar, como lo proponía una marca la única regla era usar una marca suya de harina para bizcochos, aunque según fueron llegando y yendo otros anunciantes podía haber algún pequeño cambio también— competían por un premio de 50 mil dólares a la mejor receta que se fue incrementando con el tiempo. En 1976 decidieron dos cosas, pasarlos a bianuales y subir el premio a 1 millón de dólares. Para 2002 la CBS decidió que ya estaba bien y las competiciones de 2004 y 2006 se realizaron, aunque lejos de las cámaras de televisión. Sin embargo para 2008 el Food Network volvió a presentarlo como un especial, en 2010 sería Oprah la que lo acogiera medio especial, mitad complemento de su programa y en 2012 ha sido Martha Stewart la que ha repetido ese mismo truco.

¿Los cambios?

Mínimos. Lo raro es que Christopher Guest no haya hecho una película ya.

Según llegamos a los años noventa llega el momento de hablar de otro concurso no británico. ¿Adivináis? ¡Nos vamos a Japón!

Efectivamente, la locura colorista de Iron Chef es un invento original de Japón, donde se emitió entre 1992 y 1994, que tuvo tanto éxito —posiblemente por ser una locura colorista, yo malicio que, además, porque es más fácil de… cocinar el resultado— que pronto tuvo un par de especiales en USA en 2001 con William Shatner de maestro de ceremonias, con no mucho éxito hasta que Food Network lo rescató en 2004 dando más importancia en la comida —os sorprenderá pero los especiales de Shattner para la UPN eran… especiales— y con brillantes ideas como poner en el papel de The Chairman, el teórico creador de la competición que en Japón era interpretado por Takeshi Kaga a su sobrino Mark Dacascos.

Americanos, no pueden evitarlo. En cualquier caso, un enorme éxito llegó en ese momento para este tipo de programas, sobre todo teniendo en cuenta los parecidos entre algunos de ellos como el también americano Chopped, que empezó en 2009 y parece ir viento en popa.

Ya, ya lo sé: ¿No os iba a hablar de británicos? Por supuesto. Lo que pasa es que estos son los referentes que, sin duda, tendréis en la cabeza. —y uno más del que hablaremos luego, no os preocupéis—

Pues bien, dos años antes de que los japoneses pusieran en marcha su Iron Chef los ingleses crearon el padre y quizá más conocido de todos estos concursos, aquel al que todos acaban mirando de reojo por si acaso están pasándose con la imitación. Es decir:

Si nos paramos a mirar ahora, desde 2012, todo lo que ha logrado Master Chef en la docena de años que lleva en antena deberíamos cuanto menos sorprendernos de dos cosas.

La primera es la extensa cantidad de versiones que se han realizado, empezando por la separación entre el MasterChef tradicional, MasterChef: The Professionals para cocineros en activo, Celebrity MasterChef para… en fin.. eso, y Junior MasterChef, que duró menos en antena, para jovenzuelos —Inserto un comentario: Me parece una idea enorme usar un programa concurso para que los chavales aprendan a cocinar, lástima que no cuajara debido a (en apariencia) que los jueces eran sensiblemente menos duros con ellos, esperemos que la versión, revivida en 2010, vuelva a celebrarse— que si bien en 2001 parecía haber acabado su trayectoria en 2005 fue revisado y mejorado para el nuevo mileno. Todo un triunfo loca que se une a su enorme éxito por todo el mundo, no sólo en USA, también en veintisiete países más que incluyen Ucrania, Portugal, Filipinas, Líbano, Alemania, India o Croacia entre ellos, aunque el mayor éxito con diferencia lo ha obtenido en Australia donde es toda una institución, uno de los programas más vistos hasta el punto de que el final de su segunda temporada consiguió tanta audiencia que es actualmente el tercer programa más visto en la historia de la televisión australiana.

¿Lo segundo que debería sorprendernos? Que en España no se haya hecho. Pero también a eso volveremos más adelante.

El enorme éxito de MasterChef facilitó mucho la aparición de otros programas concurso en los noventa, de entre los que destacan por mérito propio Ready, Steady, Cook y Can’t cook, won’t cook que tuvieron en común al chef estrella Ainsley Harriott.

En 1995 Carriott se convirtió en el más recurrente de los presentadores/jueces de Can’t cook, won’t cook, un concurso en las mañanas televisivas de la BBC que enfrentaba a dos personas a los que sus amigos habían convencido de que no podían o no querían cocinar… y que eso tendría que cambiar. Un chef de fama mundial, habitualmente Carriott les pone a cocinar bajo sus instrucciones, una vez realizados los platos los amigos que les han nominado hacen una prueba a ciegas para elegir el ganador. Y si los dos no están de acuerdo es el chef el que decide. Lo que parece muy sencillo pero hay que verlo, sobre todo por la forma de ser de Ainsley Carriot

Como decía, había que verlo. El programa fue todo un éxito, en gran parte por el sentido del humor de Carriott, que le llevó a, incluso, un programa especial en el 10 aniversario de Red Dwarf rebautizándose por un día a Can’t Smeg, Don’t Smeg

El éxito fue tal que acabaron cerrando el programa. Ya, bueno, cosas que pasa. El motivo principal era Carriott, chef de carrera pero también miembro de una familia dedicada al espectáculo, él mismo tuvo éxito con su amigo Paul Boross (ahora conocido por Pitch Doctor) en un dúo cómico musical llamado The Calypso Twins que logró cierta popularidad gracias a “World Parade=http://www.youtube.com/watch?v=7_HUIwLNqkA , un animal del espectáculo tan claro que aceptó cuando le ofrecieron un nuevo programa. Bueno, un viejo programa en realidad: Ready, Steady, Cook.

Estrenado un año antes de Can’t cook, won’t cook_, en este caso el programa era más concurso todavía gracias a toda una serie de extrañas reglas. Dos equipos de concursantes, que podían ser miembros del público o famosos, junto a un chef famoso por equipo, tenían que realizar en un tiempo límite un plato con toda una serie de problemas posibles como punto de partida. De entrada, el precio que tenían para comprar los ingredientes que tenía de media 5 libras pero podía subir hasta 10 o caer hasta 3,5. También se podían prohibir ingredientes, tener que usar ambos equipos lo mismo o, incluso, echar mano de unas cajas de ingredientes sorpresa… Todo tipo de retos.

Originalmente era la presentadora Fern Britton la encargada de conducir el programa pero el remozo de 2001 supuso la llegada de Carriott a su puesto y una mayor cantidad de famosos por encima de miembros del público.

El programa llegaría hasta 2010, convirtiéndose en uno de los programas concurso de cocina que más tiempo ha durado en activo. Además, claro, de un ejemplo de lo útil que pueden llegar a ser, más allá del interés propio de un concurso está lo que de ellos se pueda sacar. Normalmente es poco más que alguna receta, alguna combinación interesante, pero también existe una tarea educadora como el de este programa que permite demostrar cómo en un tiempo reducido y con unos ingredientes limitados se pueden preparar grandes platos.

En cualquiera caso, para la mitad de los ’00 estaba ya claro que se podía sacar partido a los programas de cocina, aunque la llegada de los realities pasara a ser lo fundamental en esos momentos como demuestran tres de los siguientes formatos en aparecer. En Too many cooks (2004) la gente corriente competía para demostrar su capacidad como cocinero. Puede parecer una tontería teniendo en cuenta que ese sería el común denominador de todos estos concursos, pero es que este tenía una serie de requisitos: Ser un amateur, sentirse capaz de poder hacer una receta sin apoyo de libros, sin saber qué tendrán que hacer ni cuáles serán los ingredientes, hacerlo soportando la presión de una cantidad limitada de tiempo para la elaboración y el saber que será el experto paladar de un grupo de cocineros profesionales. Lo más reseñable del programa, que duró dos temporadas, es la forma en que los cocineros profesionales no tenían reparo alguno en cantarle las cuarenta a los advenedizos que osaban cocinarles. Este trato les distinguía de otros programas como Britain’s Best Dish (2007 – ) porque, si bien la intencionalidad no parecía ser vapulear a los concursantes, el frío plató y la bastante insufrible presentadora — Kate Garraway— le dio una fama de duro que no logró eliminar ni el giro más amable, con cambio de decorado y presentadora, de la segunda temporada.

Otro ejemplo de esa realitización sería Come dine with me. (2005 hasta ahora) Quizá uno de los mayores éxitos de este tipo de programas por juntar de manera más que razonable una parte de realismo doméstico con la de concurso: Cuatro o cinco personas —según el formato en el que estén— ofrecen cenas en sus casas para el resto de participante, luego se votan entre ellos. Su enorme popularidad ha servido para que tenga versiones por todo el mundo —España incluida, pero ya hablaremos de ello— y para que salgan los clásicos programas con puntos en común como A restaurant in our living room.

Sin embargo serían las sucesivas reinvenciones del formato de MasterChef las que seguirían proporcionando gloria a las televisiones del mundo, así tras su remoce de 2005 aparecería en el canal Bravo estadounidense uno de los más interesantes concursos de cocina Top Chef. No es que estemos ante el Bocuse d’Or pero la atractiva idea junto con unos participantes profesionales —como ya ocurría en MasterChef: The Professionals, la variedad de estilos y retos y la forma cordial de tratar a la gente —es decir, el fondo de realitie está ahí, pero hay episodios que casi se olvidan de ello; y el momento de las broncas es uno de los más tibios de los talent show que yo haya podido ver— lo convierte en un programa que se ve con agrado. Quizá por ello haya acabado inspirando todo tipo de competiciones, desde las de regiones ignotas como Casa Dudley —que empezó siendo demasiado parecido, se hizo internacional, llevando a sus chefs de visita por distintos países hasta terminar muriendo en España— a nichificaciones como el treméndamente condensado aún así efectivo Cupcake Wars.

Todo lo cuál nos va llevando hacia un punto muy concreto. O, si lo preferís, a una persona. Cuando en 2010 la cadena FOX decidió revivir el programa MAsterChef tras su poco brillante paso por la PBS tenía muy claro quién tenía que ser el presentador y juez, y lo tenía muy claro porque en ese momento llevaba un lustro siendo la cara culinaria de la manera FOX de entender la cocina. Así es Gordon Ramsay.

Tras una juventud dedicada al fútbol se puso a estudiar cocina, incluso entró a trabajar en un restaurante, aunque pronto se hartó de las broncas, el bullyng y la violencia [¡Cuidado! ¡La ironía puede matarte! ¡Manéjala con precaución!] así que se metió a estudiar cocina francesa y así, poco a poco, fue subiendo por la escalera. Para 2001 tenía un restaurante con su nombre que acababa de lograr la tercera estrella de Michelin. No solo eso, además el proceso de lograr abrir el restaurante —y las calificaciones posteriores— fueron grabadas por un grupo que preparaba una miniserie: Boilling point, el éxito del documental y del restaurante así como la personalidad de Ramsey le llevó a un segundo documental que comprobaba cómo había avanzado todo así como a participar en un programa entrenando a un propietario de una furgoneta de comida para que se hiciera pasar por Chef Cordon Bleu, con tanto éxito —televisivo— que el programa llegó a ganar tanto el BAFTA como un Emmy internacional

Para 2004 había cerrado un acuerdo para presentar dos programas, con Channel 4 realizaría el docu-reality Ramsay’s Kitchen Nightmares, en la que echaría una mano a propietarios de restaurantes en problemas. Para la ITV se dedicaría a Hell’s Kitchen, una mezcla de reality con concurso para enseñar a cocinar a famosos. Frente a lo que Jamie Oliver —sí, él de nuevo— había hecho dos años antes en Jamie’s Kitchen ayudando a chicos problemáticos a conseguir un oficio e interesarse por la comida —de manera distinta al Junior MasterChef pero no por ello menos loable— aquí se trataba de… bueno… famosos cocinando. Parece una tontería pero adelantaría en dos años a Celebrity MasterChef y se convertiría en un éxito instantáneo. Lo más divertido del caso vino de los dos siguientes movimientos, en primer lugar el de Channel 4 que se vio venir el éxito de Ramsey y firmó con él un acuerdo de exclusividad para UK haciendo que el programa tuviera que pasar a otras manos. El segundo, que los señores de la FOX se dieron prisa en llamarle para una versión americana sólo que… ¿podría ser sin famosos? Total, les iba a gritar igual.

A partir de esa entrada en 2005 y ese acuerdo con Channel 4 los programas —y el propio Ramsey— iban de un lado al otro del Atlántico. Así Kitchen Nightmares se unió pronto a Hells Kitchen en la FOX mientras que el magazine gastronómico The F Word se desarrollaba con éxito en UK. Allí también realizaría dos programas de viajes, uno sobre los mejores restaurantes, Ramsay’s Best Restaurant y otro de comida asiática, Gordon’s Great Escape

Mientras, en la FOX le pusieron a dar la cara para MasterChef, que recogía ideas tanto del original británico como de su exitosa versión australiana. Y ya puestos a que hiciera cosas para el verano de 2012 iba a estar en cuatro programas, los tres anteriores y Hotel Hell en el que expandirá el universo de gente a la que puede gritar antes de que le de un aneurisma.

Obviamente Ramsay es una de las puertas de entrada de los realities a la televisión, y lo que se pueda sacar en claro o aprender sobre la cocina tiene más de sociología o de pese a que de premeditación. Otra cosa bien distinta es, claro, que ninguno de sus programas haya llegado a ser tan lamentable como el Pesadilla en la cocina español. Pero, ¿cómo se nos ha dado por aquí?

Que el desastre de el programa antes mencionado no nos haga olvidar los buenos intentos. El Cuatro de sus inicios, allá por 2005, cuando acababa de dejar de ser Canal + España y aún no era TeleCinco 2: La Venganza tuvo dos o tres buenos intentos, quizá el más recordado sea Todos contra el chef en el que Darío Barrio, un cocinero profesional, se medía a concursantes amateurs en un plato concreto que luego era juzgado por un grupo de personas —demostrándose como casi siempre que todo el mundo tiene… opinión— en lo que acababa siendo una agradable versión, de andar por casa, del Iron Chef. También en Cuatro esa misma época estuvo Duelo de Chefs que tenía a dos aficionados preparando platos en competición, un estilo más cercano al americano que luego sería parcialmente recuperado en una de esas rarezas que de cuando en cuando intenta el Canal Cocina, Cocina del Amor, en el que dos personas cocinan cada cual un lato para una tercera que permanece con los ojos y oídos tapados. También hubo un intento de adaptar a los niños de Jamie con * Oído cocina_* que tiraba más de lo aconsejado por la lágrima fácil pero que, aún así, era una gran iniciativa.

El enorme éxito de Come dine with me hizo que Antena 3 lo adaptara, el resultado, Ven a cenar conmigo, es casi un catálogo de todo lo que puede ir mal debido a que los españoles decidan adaptarte: La parte de cocina quedaba eclipsada frente a los cotilleos, envidias y despellejes de los concursantes con lo que lograban convertir un concurso de cocina en una corrala de vecinos. En fin…

Se dice que ahora se está preparando un Top Chef español, pero que los adaptadores son esos seres de Mediaset con lo que podemos estar ante una versión que sea más lamentable incluso que Esta cocina es un infierno.

En cualquier caso, y aunque imagino y espero vuestros comentarios sobre todos esos programas concurso de cocina de los que no he podido hablar sí quiero dejar dos reflexiones finales. En primer lugar lo importante que es un formato como el de concurso, que engancha tanto, para ponerlo en paralelo con el divulgativo o formativo. El segundo, la oportunidad que supuso para la televisión usar los concursos como excusa para que entraran los realities en la cocina.

Podría incluir una tercera que, una vez más, tratara sobre la televisión en España pero casi que mejor nos quedamos con este otro ejemplo de concurso gastronómico:


Inexplicables reflejos preferenciales

Resulta difícil colocarse a propósito en una posición tan molesta y extraña. Pero me parece tanto interesante como necesario examinarlo.

Todo el mundo tiene gustos, preferencias y temas. No sólo cuando al periodista, crítico o reseñista de turno tiene que buscar de qué hablan autores u obras, también en nuestra conversación o a la hora de elegir ya sea el menú o un producto cultural.

No es algo malo, ni mucho menos. Siempre que uno sea capaz de separar su propia subjetividad — La peste del megustimo — y conceder a aquello que no sea de su agrado la calidad que tenga. Es decir, buscar un cierto objetivismo desde el inevitable subjetivismo. Un tema sobre el que podríamos discutir y reflexionar todo el día pero que no es lo que toca hoy.

Lo que toca es hablar del subjetivismo, de parte de él, por lo importante que son esas obras que te apelan directamente, te hacen target, incluso te hacen taget objetivo, que es lo que me ocurre a mi cuando veo Psych. Habla de temas y géneros que me interesan, con un envoltorio detectivesco que me place y un sentido del humor que me agrada. Episodios como los dedicados a Twin peaks, los culebrones sudamericanos o el reciente de edificios encantados bien merecen ese amor que intercambiamos. Cualquier día nos sacan unas fotos robadas en Baqueria.

Pero tampoco es ese el tema hoy. El asunto es que gracias a esos temas y preferencias encuentra mayores afinidades con algunos productos culturales. Da igual que sea la mencionada Psych, Dr. Who, Scooby Doo — seguro que no soy el único que espera con ganas la segunda temporada, el próximo 3 de Mayo— Sí, Ministro, o el Cacaolat. Y entre esas afinidades está para mí Dark shadows.

A continuación se suele esperar una bella historia rememorativa. A mi me sobran así que os lo ahorro. De nada.

He escrito varias veces sobre esta serie. Cuando se creó el foro de televisión de Dreamers allá por 1998 / 1999 —lugar del que quizá debiera escribir algún día— ya hablé de ella. Quedan algunos rastros en internet, por ejemplo cuando tuve que hacer una selección en ADLO! que la ponía como la serie más GENIAL! de todos los tiempos y, más recientemente, hará dos años y pico, en estas mismas columnas, cuando le dediqué una serie a los vampiros como protagonistas televisivos (notablemente fusilada sin enlaces ni respeto por la wikipedia española, sea todo dicho) gracias a la enorme figura que se convirtió en uno de los seres de la noche más exitosos y ayudó a levantar audiencias y pasiones: Barnabas Collins

A estas alturas apuesto que ya sabes de lo que toca hablar hoy. Efectivamente, de Tim Burton y sus películas. — ¿Han notado esta tendencia que tengo a meterme en campos ajenos con mis columnas? Qué útil es la televisión para eso, oigan — Concretamente su particular adaptación de Dark shadows de la que de momento sólo tenemos un trailer.

Sí, lo he puesto en español porque yo soy así, pura maldad. En inglés lo tenéis aquí

Ahora toca analizar esto desde tres puntos de vista.

El primero, como persona con parafilias que ha visto a Burton emprenderla con Irving, Boulle, Dahl, Sondheim y Carroll, lo único que puedo pensar es que temo qué pueda ser lo siguiente. Quizá sea Takamoto. — Estoy visualizando a Johnny Depp de Scooby Doo y Helena Bonham-Carter de Shaggy — Pero lo que me interesa más es… ¿Que necesidad había? Todas ellas son grandes obras, todas tienen un carácter muy marcado, y es lógico que decida acercar su mundo al de las obras que trata de abordar. Lo que no tiene tanto sentido es que decida cambiar lo que le da su singularidad. ¿Para qué necesita el nombre si no va a hacer caso al contenido?

Eso es, realmente, lo que me preocupa.

Pasemos a Alan Moore. Está muy mosqueado porque vayan a hacer una precuela de su Watchmen. También es el autor de obras como Lost girls o The league of extraodinary gentlemen que toma a diversos personajes clásicos, fundamentalmente de la literatura: antes, durante y después de sus apariciones en esas obras. ¿Cómo conjuga eso? Pues asegurando que el problema no es tanto que se haga —al fin y al cabo la intención original era hacerlo con los personajes clásicos de la Charlton — como la forma de manejarlo como propiedades empresariales. Cosas del barbas.

Por mi parte suelo encarar estas versiones como una admisión de falta de ideas por parte de los autores. Claro que también podríamos creer que tratan de ofrecer un punto de vista distinto, eso es de lo que llevan tratando de convencernos casi un año con los cuentos clásicos adaptados.

Como decía antes, en realidad el original está ahí para el que quiera volver a él. No hay que preocuparse por eso. Pero sigue sin tener mucho sentido que decida que una soap opera de ambientación gótica mutada en un loco culebrón lleno de apariciones paranormales con vampiro como protagonista deba mutar en… ¿una versión humorística de la misma? ¿Una simplificación tirando a bobalicona que coloca en el año de la serie desde el interno? O si lo preferís… ¿Otra?

Dejemos de lado la película de La familia Adams, que gran parte del humor se encontraba ya en las ilustraciones y las series, y vayamos a algunos otros ejemplos. De menos a más:

Creo que la falta de originalidad queda clara. ¿Vamos más allá? Bien, el primer exito del año —un decir, en realidad es Lorax pero finjamos todos ser webs especializadas y revistas del ramo— es está versión de 21 Jump Street

Volvamos entonces a la versión desprejuiciada e irónica que Tim Burton parece haber hecho. Y lo sé, no es buena idea aceptar estos prejuicios. Al fin y al cabo la definición de prejuicio del Webster es What’chu talkin’ ‘bout, Willis?

Pero regresemos al tema, ¿qué podría aportar a la original? ¿Qué busca? Porque no parece que haya una idea meta sólo porque lo actualice, para eso ya teníamos la película de Nancy Drew o incluso una adaptación de una conocida serie…

Así que lleguemos al final de la columna regresando a esa idea del espejismo de objetividad por encima de la subjetividad propia. La subjetividad dice ¿qué necesidad hay de este remake? ¿de esta orientación¿ y es la objetividad la que provee los ejemplos de que estamos ante algo poco original, sin ningún punto de vista nuevo que permita una relectura de la serie. Simplemente la usa como un muñeco para reírse de ella. No es que me preocupe, claro, en cualquier momento Michael Bay remakeará Eduardo Manostijera o Judd Apatow decidirá mostrarnos una lección con un nuevo Beetlejuice.

En realidad me preocupa más qué será lo próximo con lo que la emprenda, quizá le toque a Saki, a Bierce o a…

Dime, Tim Burton… ¿Por qué no adaptas esta otra excelente pieza televisiva?


Sabrosa Televisión UKesca

De entre las muchas cosas con mala fama de entre los ingleses, como su cuidado dental o la belleza de sus mujeres, está su cocina. Por lo visto la tosquedad de sus platos tradicionales contrasta en exceso con las delicadas gallinejas y los sofisticados callos, admés toda la herencia india se ve como algo ajeno, asimilado más por necesidad de, como decía la sentencia, tener algún sitio al que salir a cenar antes que como cocina propia, pues ya se sabe que las colonias son una cosa y la cocina autoctona otra, como os dirá cualquiera ya en el desayuno, tanto da que sea tomando un chocolate con churros o un pincho de tortilla de patatas y un gazpacho, no se pueden mezclar alegremente las cocinas propias y ajenas.

Quizá por esto, quizá sin relación, los programas ingleses de cocina tienden a buscar unas cualidades distintas de lo que los americanos hacen. Incluso aceptando ese punto en común de lanzamiento, esos programas para que el pueblo aprendiera a utilizar y mejorar el rendimiento de la comida racionada. Y a algo así se dedicaba Philip Harben, la primera figura que desde las ondas de radio primero y luego en su programa televisivo enseñaba a los ingleses medidas, maneras y procedimientos. Con cordialidad, sin duda, pero más centrado en los procedimientos que en los resultados. Fundamentalmente utilitarista. Al fin y al cabo estamos hablando de alguien que empezó en 1942 en la BBC, licenciado del servicio en la RAF por una herida en el ojo, su intención de ayudar a su país cristalizó en un programa llamado primero Cookery, luego Cookery lesson y ya en 1956 de manera más distendida What’s cooking

La respuesta temprana llegaría desde un punto y medio de distancia. En el punto opuesto, hasta tal punto que empezó en Nueva Zelanda. Puede que Graham Kerr naciera en Londres pero su vida fue agitada desde el principio, hijo de hoteleros que viajaban con frecuencia, incluso fuera de Reino Unido o Europa, a la vez que iba recibiendo entrenamiento en estos menesteres, facilitando que ya a los quince años lograra un puesto en un hotel o que a los veinte fuera General Manager de otro. Y así acabó llegando en 1958, con 24 años, a Nueva Zelanda para ocupar el puesto de Jefe de Catering de la Real Fuerza Aérea de Nueva Zelanda. Su forma de entender y practicar la cocina le empezó a dar notoriedad, empezó a publicar en prensa, a colaborar con la radio y a hacerse un nombre en el pequeño país. Así que en cuanto pudieron lo reclutaron para la aún joven televisión neozelandesa. Su éxito llevó a un segundo programa en… Canadá. Programa de gran éxito que le llevaría de nuevo a Inglaterra. A ratos, eso sí, que como decimos Kerr no sabía estarse quieto.

El programa, vivo reflejo de las inquietudes de su presentador, se llamaba The Gallopin Gourmet —Resulta tentador traducirlo como galopín, ¿verdad?— e incidía en el hedonismo, quizá incluso en la sensualidad de una buena comida. El inquieto Kerr abanderaba una corriente que pronto sería fundamental en la televisión gastronómica inglesa, la de los que consideran la comida como un placer y creen que hay que buscar y disfrutar de las sensaciones que provoca. No se trata de un inevitable que conviene ejecutar con destreza como parecía entenderlo Herben, ni de la comida entendida como refugio y recompensa como parecen empeñados en vender ahora los americanos —como veremos en unas semanas—, sino de la comida entendida como placer.

También a Kerr le acusaban de usar —y abusar— de la mantequilla, la nata o el vino, todo ello mientras defendía un estilo de vida que estaba cerca del bon vivant y que, lamentablemente, acabó encontrándose con un problema mayor. En 1971, mientras conducía con su mujer por California, un accidente de coche estuvo cerca de matarlos. Su mujer, la más afectada, tuvo graves problemas médicos a consecuencia de ello y el mismo tuvo inmovilizado un brazo durante gran parte del año posterior. Cuando regresó a televisión tres años más tardes algunas cosas habían cambiado en él, la principal era que se había convertido en más reflexivo, menos saltarín, la segunda era un renovado interés por la religión, el tercero un gusto por la vida aún mayor, aunque expresado de manera diferente, ya no era tanto un asunto de excesos como de sabores. En 1986 empezó, incluso, a dar recetas con poca grasa a favor de mucho aroma, textura, sabor, en fin, la búsqueda de algo que estuviera aún delicioso pero no por la vía fácil. Una década más tarde incluso intentó con poco éxito aplicar su experiencia en promocionar las comidas vegetarianas. Esta auténtica institución en la cocina televisiva, al que se pudo ver realizando un Concierto de cocina junto a Julia Child a mediados de los noventa, y que a día de hoy sigue vivo aún, fue muy importante para el medio. Tanto que cuando en 2002 la BBC decidió hacer un documental sobre cocineros televisivos clásicos él fue uno de los dos elegidos. ¿El otro? Fanny Cradock

La evolución de Fanny es casi tan compleja como el personaje en sí. Ya su infancia y juventud fue tumultuosa, con unos padres siempre en movimiento por los problemas de dinero de sus padres, o casándose por primera vez a los 17 años en 1926. Antes de que pasara un año estaba embarazada y, más importante aún, viuda. Su marido murió en un accidente aéreo, sus abuelos se ocuparon del niño y así Fanny quedó libre de nuevo para.. bueno… quedarse embarazada antes de un año. Rápidamente se casó con el responsable aunque antes de un año se habían separado ya y, de nuevo, se quitó el niño de encima que, en esta ocasión, fue a vivir con su padre y su familia. Fanny tardaría once años en volver a casarse, esta vez sin quedarse embarazada aunque, eso sí, duró sólo ocho meses. Así que, ¿no pensaba Fanny sentar la cabeza? ¿O se volvería a casar? Esta vez no hubo problemas porque porque conoció a John Whitby Cradock, Johnnie. Que era Mayor —en el sentido militar del término— e, incidentalmente, casado y padre de cuatro hijos. Que no le evitaron dejar a su familia por Fanny. Y esto, señores, es el inicio.

Pronto se trasladaron a Londres y allí tuvieron la oportunidad de ir poco a poco, entrar a trabajar en restaurantes, familiarizarse con la obra de Escoffier y comenzar a ascender hasta lograr una columna en el Daily Telegraph y, a continuación, comenzaron a… actuar en teatros.

Sí, en serio. Durante los años ’50 Fanny y Johnnie se dedicaban a… autoparodiarse, eran una pareja en la que ella era una mujer dominante que cocinaba, allí, en directo para la audiencia, acompañada por su marido borrachín y no muy útil. La comida realizada se servía luego a la audiencia. Y era un éxito. No sabemos si por que la entrada incluyera la cena, o por los trucos escénicos que incluían falsos acentos franceses y disquisiciones sobre la grandeza de la comida inglesa —sí, bueno, se basaba en Escoffier pero luego aseguraba que lo importante eran las raíces… ¿quién sabe?— Así que el número del Mayor & Mrs. Craddock pronto saltó a las pantallas. Daba igual que ellos no estuvieran casados, Fanny pasó a ser para el resto de su vida Fanny Cradock.

Una vez en televisión el resultado era… extraño. Ella cocinaba, sin duda, y enseñaba trucos para decorar y servir. Mostraba su cocina de mezcla con influencias francesas que ella negaba y, además, incidía una y otra vez en lo barato que era su estilo, sus recetas, sus soluciones. pero, claro, era 1956, aún se dejaban sentir algunos coletazos de la postguerra. Mientras tanto Johnnie estaba allí, generalmente para ejercer como un pinche bienhumorado con un aspecto excéntrico, y por excéntrico quiero decir que llevaba blazer y monóculo. Sí, monóculo. Por si fuera poco, según avanzaban los años Fanny se volvía más excéntrica, con unos vestidos cada vez más chillones y unos maquillajes más extremos que iban a juego con una extraña manía de usar colorantes en los platos y coronar con remolinos de crema o demostrar su habilidad con la manga pastelera… Pronto comenzaron las imitaciones, desde Los dos Ronnies a Benny Hill la parodiaban de cuando en cuando. Sin embargo el ser la Carmen Sevilla de la pantalla inglesa no negaba su impacto e importancia, jugando un papel a medio camino entre lo que era en USA Julie Child y lo que sería*Martha Stewart*. Así que podría haber durado siglos en televisión. Pero…

En 1976 un ama de casa, Mrs. Troake, participó en un programa llamado La Gran Ocasión en el que, tras vencer en un concurso de cocina, tuvo la oportunidad de servir una gran cena a una audiencia especial. No sólo eso, además iba a contar con el asesoramiento de la famosa Fanny Cradock. Lamentablemente las ideas de Fanny, tan locas como de costumbre, incluían convertir el postre que la chica había decidido, una sencilla crema de café, por una de las alegres monstruosidades de Franny. El resultado fue sencillamente desastroso. Franny fue, además, públicamente acusada de ser la causante de la desgracia de esa pobre mujer por su forma de ser y sus ideas. Bueno, y quizá también por esto:

El resultado fue que Fanny Cradock vio rescindido su programa, aunque seguiría pareciendo aquí y allá durante un tiempo. Su figura pública pasó a añadir una nota de terror a todo su estrafalario aspecto y varias obras se publicaron tratando de explorarla. Su inexistente relación con ambos hijos, que se acabara casando con Johnnie Cradock sin molestarse en divorciarse del segundo marido — sí, el segundo, fue bígama dos veces — o que acabara de arreglar ese documento de boda mintiendo en su edad… Todo eso llevó a una serie de obras que incluían una representación teatral y dos telefilmes, el segundo una adaptación de la obra de teatro con Julia Davis y Mark Gatiss en los papeles principales emitida en 2006, y dejando una impresión de mujer controladora y dura que parece incluso mayor de lo que realmente pudiera haber sido. Al fin y al cabo la obra incluía frases jamas demostradas en las que continuaba metiéndose con la pobre Mrs. Troake

Desde una perspectiva moderna su extraño estilo sólo parece la mitad de la historia y esa idea de un chef que humilla y abusa verbalmente de un cocinero… ¿Qué contemporáneo, verdad? Quizá el problema fue que también en esto fue una pionera, y que era más fácil culparla a ella que a la BBC por no editar la cena. Si Simon Cowell pudiera la contrataría para X-Factor. Y seguro que lleváis un rato pensando en cierto chef y preguntándoos si ahora saldrá a colación. Pues tranquilos, que aún le falta un poquito…

Mientras tanto vamos con la continuadora más famosa de la cocina en televisión. Que reconocía la inspiración —culinaria sólo, eso sí— de Cradock y se situaba en la línea entre Importancia de la técnica y Hedonismo del resultado, en una escala que podría ser HarbenCradockKerr, entre los dos primeros. No es que no disfrute o no piense que el resultado final es importante pero está claro que Delia Smith es una devota de la técnica, y no admite tonterías.

Pronto ocupó el trono de más importante cocinero televisivo y se paseó por programas infantiles para hacer recetas fáciles, sencillas y saludables, o preparó un curso de cocina televisivo, y creó lo que se llama el Efecto Delia al implsar las ventas de ingredientes poco vendidos o reconocidos que tras ser aprobados y utilizados por ella en varios platos se convertían en superventas y elementos de uso común en las casas. No sólo eso, también pudo lanzar una serei de lbros espirituales con reflexiones sobre la vida y la religión. Muy americano todo pero no tan interesante.

Hablando de lo cuál, no podemos olvidar a Rick Stein, continuador de la tradición del travelongue que inició en UK durante los ochenta —y siguió practicando hasta casi su muerte en 2009— el chef Keith Floyd que mostraba con humor las cocinas del mundo. Stein por su parte es otro de los siesos que ha logrado gran preminencia sin realmente enterarse de demasiado. Si bien su figura es más secundaria que controvertida resulta difícil no reírse viendo, por ejemplo, su paso por España:

Pero expliquemos cómo ha ido evolucionando el negocio de la televisión gastronómica: Primer fue la aparición en 1996 del Carlton Food Network, un canal de televisión digital centrado en la cocina en la que se reunían los programas de cocina emitidos por Carlton Television, un canal asociado a la ITV que operaba en la región de Londres y colindantes, su asociación con ITV servía para incluir también algunos de sus programas de cocina en la oferta. Lamentablemente no tuvo mucha suerte y en cinco años desapareció de la sintonía. Aunque no quedó mucho tiempo vacío el hueco, en unos meses UKTV sacó el canal digital UK Food, yno sólo eso, a penas una año después, en 2002, la BBC convertía su canal BBC Lifestyle en BBC Food, aprovechando el auge de nuevos cocineros televisivos así como el fondo documental de la cadena. Sin embargo para 2008 se decidió que el canal volviera a su denominación —y programación— anterior. Mientras UK TV, una asociación de la BBC con Thames primero, Virgin después y desde el año pasado Scripps Networks Interactive —sí, los mismos que son dueños del Food Network USA— ha mantenido el UK Food reconvertido desde 2009 en Good Food.

Como suele suceder en estos casos los cocineros crean el canal, y el canal a los cocineros. Así que parece obvio que algo ocurrió en los años ’90. Quizá fuera el programa Hot chefs que recorría las islas mostrando a los más destacados cocineros… aunque al final el principal beneficiado fuera Gary Rhodes, o por los múltiples programas que trataban la cocina desde un punto de vista de un concurso, programas que sirvieron para hacer destacar a Ainsley Harriott y de los que ya hablaremos más adelante.

Para 1996 ya había todo tipo de chefs por la pantalla, la mayor parte de encimera, unos pocos de viaje y algunos más empeñados en buscar un espectáculo televisivo que en cocinar o mostrar algo, como fueron primero las Two Fat Ladies y después The Hairy Bikers.

¿Qué? ¡Claro que no me lo estoy inventando! ¡Eran sus nombres! Echad un ojo:

¿Qué? ¿Acaso no eran autoexplicativos y ajustados?

En cualquier caso, a mediados de los noventa aparecieron dos cocineros que recuperarían algo que parecía olvidado, el espíritu hedonista de Kerr que buscaba convertir la comida en algo más cercano a una celebración del sabor que en un proceso casi mecánico con resultado feliz. Estos dos chefs, creadores de una corriente, a la que luego se irían sumando otros cocineros y -famosos_ como Sophie Dahl, son obviamente Jamie Oliver y Nigella Lawson.

Que Olivier es uno de los cocineros más destacados de la televisión en la actualidad es algo que no creo que se nos escape a nadie. Que lo es por su presencia televisiva tampoco creo que tenga mucha discusión. El lanzamiento de su primer programa —tras su descubrimiento en un reportaje documental sobre el restaurante en el que trabajaba en 1997, con 22 años, como segundo chef — con el título de*_The naked chef_*no fue, desde luego, el más sutil de los movimientos posibles. La idea era, por supuesto, que el título se refiriera a la simplicidad de los platos de Olivier.

Porque desde el principio abogó por la naturalidad, por eso tan inglés del jardincito con huerto, y la mezcla de comida con sabor. Aunque debe decirse que los reparos que puedan crearse al verle cocinar, añadiendo jengibre a la mínima, mezclando ingredientes de sabor potente con profusión y siendo incapaz de lavarse las manos, o no meterlas entre los ingredientes, que parecieran haber causado entre cierto público algo de… rechazo. Para luego ganárselos no como cocinero ni por la parte más celebrativa de su cocina, sino por su empeño en hacer las cosas bien, dejándose el dinero y la fama si fuera necesario, con sus programas para que los niños aprendan sobre alimentación, conozcan los ingredientes, incluso que sepan cocinar algo. Ciertamente el no cocinar —o no querer, o no poder— es sólo parte del problema. La otra mitad a la que quizá habría que haber prestado atención era la problemática monetaria: La falta de ingredientes frescos accesibles frente a las baratas comidas procesadas —incluso sin la marca Soyleent Green— o que algunos ingredientes básicos como los huevos puedan prácticamente doblar su precio en tres semanas. Pero, una vez más, de todo esto y de los esfuerzos de Olivier hablaremos en otra semana.

Así que vamos con la menos conocida aquí Nigella Lawson, hija de un miembro del gobierno Thatcher y una de las herederas del imperio de restaurantes, bares y hoteles J. Lyons, desde pequeña creció apreciando la cultura y la gastronomía lo que le permitió a su salida de la universidad encontrar un trabajo como crítica literaria y culinaria para The Sunday Times, periódico del que llegaría a ser deputy literary editor —es decir, la segunda al mando de tratar con los problemas de escritura del periódico desde un punto de vista literario del periódico— a mediados de los ochenta. Sin embargo pronto decidió pasar a ejercer como freelance mientras preparaba un libro de cocina que acabaría saliendo a finales de los noventa.

Su primer libro, How to eat, se centraba ante todo en trucos para cocinar, para evitar desastres y ganar tiempo, no tanto recetas en si. Con How to be a Domestic Goddess ya entraba en materia, con bastante humor y una aproximación más cercana, menos preocupada en esto se hace así que en esto tiene que quedar así, veamos juntos cómo lograrlo. Ambos libros se convirtieron en éxitos que facilitaron una exposición pública —si bien ensombrecida en sus motivos por su posición social y lazos familiares— que llevaron al punto que nos interesa: Su carrera televisiva.

Empezando por Nigella Bites en el año 2000 y continuando por múltiples programas desde entonces, incluido un fallido programa de entrevistas, Nigella se ha convertido en una de las cocineras estrellas de la televisión británica. Aunque debemos reconocer que siempre se ha negado a que se la llame chef, por carecer de experiencia o titulación, por dar una idea de mayor cercanía, de ser alguien que hace cosas normales de hacer en una casa, y porque su posición central —tal y como demuestran sus libros y programas— es el de comedora. De ahí las críticas —algunas positivas— que señalan que su estilo flirteante y sus excesos en la presentación y descripción de los platos hacen que esté más cerca que ningún otro cocinero de la tele del porno, aunque sea ese concepto del porno culinario.

Su éxito en UK vino acompañado de éxito en USA, y allí acabó dentro del saco de la Comfort Food. Es indudable que la idea de cocina que vende Nigella tiene parte de una base diferente pero que se pueden lograr puntos de encuentro entre ambas, la cocina de celebración, sencilla, voluptuosa, que te hace sentir especial logra con ese estilo acercarse a la cocina que te sirve de mantita. En cualquier caso, Nigella sigue representando a una de las abanderaada de ese movimiento hedonista en la cocina que, además, logra estar alejada de la idea de comfort food americana extremadamente grasienta, y más de la cocina sencilla y desnuda de Jamie

Sin embargo el futuro de la cocina televisiva pasaba por esos programas concurso y por su evolución de la mano de los americanos y, sobre todo, del cocinero al que lleváis toda la columna esperando ver nombrado. Lo que pasa es que aún os faltan semanas, casi un mes, para leer por aquí sobre Gordon Ramsay. De él y del segundo mejor cocinero del mundo, Heston Blumenthal, hablaremos más adelante.


Desvanecido Humorismos Peligrosantes

Cuando el humor era peligroso.” ¿Buen título, verdad? Para un documental o un libro, algo similar. Y, sin embargo, no existe. Aún. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que difícilmente podrá centrarse en la actualidad. ¿Qué humor es peligroso hoy en día?

A principios de año, mientras pensaba en algunos temas que quería tratar cuanto antes en esta columna, me encontraba recordando el anuncio de Campofrío mientras leía sobre un proyecto cercano de David Steinberg para el canal Showtime. El proyecto se llama Inside Comedy y consiste en veinte minutos a rellenar con entrevistas a diferentes cómicos, desde Don Rickles a Sue Lynch pasando por Garry Shandling o Jerry Seinfeld. Desde episodios repartidos entre tres cómicos, como el de Billy Crystal / Martin Short / Brad Garrett hasta los monotemáticos con Chris Rock o Larry David.

Pero Steinberg estaba presente de más maneras, no sólo en esta faceta o como secundario, guionista o director de sitcoms, además aparecía entre los irresponsables que había logrado que la CBS decidiera que lo mejor para todos era retirar de la parrilla The Smothers Brothers Comedy Hour tal y como se relataba en el libro que estaba leyendo en esos momentos Dangerously Funny. Porque resulta que hubo un momento en que el humor fue peligroso.

Espera un momento, precisamente Sarah Silverman, otra de las entrevistadas por Steinberg, contaba en su entrevista cómo su charla TED nunca fue subida a internet. Las TED, o TED talks, son una serie de charlas auspiciadas por una organización llamada Technology, Entertainment, Design (Sí, TED) que quiere difundir ideas. Pretenden cambiar el mundo y reúnen a personalidades de todo tipo para que den su visión, hablen de algún tema o divulguen los asuntos que creen que pueden ser interesantes. Y si bien algunas pueden ser más superficiales o más recreativas que formativas el nivel general es sorprendentemente alto. Además, como parte de una idea para difundir esas ideas, se encuentran a libre disposición de todos en internet todas ella. Bueno… Casi todos. Resulta que la charla que dio Sarah Silverman se consideró demasiada extrema, demasiada fuerte… ¿para internet? Parece poco probable. Digamos, más bien, para que se pudiera asociar su nombre al de TED. Así que ya veis, desde 1969 a 2010. Parece que aún puede haber humor peligroso.

O quizá salten de inmediato las diferencias. Primero las más leves. Como que los Smothers tuvieron el apoyo de los periódicos y las revistas contraculturales de la época. Ahora los periódicos suficiente tienen con lograr que alguien los lea, y con seguir ejerciendo como la voz de su amo de sus consejos de administración y anunciantes. En cuanto a la escena contracultural… bueno, quizá quede algún vestigio en papel de las revistas de entonces pero si admitimos que pudiera quedar algo parece más fácil que fuera en Internet.

Lo que nos lleva a la segunda levedad. La existencia de otros medios como Internet o como los canales alternativos, del cable en adelante, que permiten decir a Bill Maher que los tiempos han cambiado para bien. Y que él había logrado seguir en la televisión cuando perdió su programa en ABC. Pero, claro, no es lo mismo la importancia de un canal de televisión mayoritario —no digo entonces, cuando sólo existían esos, digo incluso ahora— o los problemas de publicidad y caducidad en Internet.

Pero sí, al menos existen alternativas con mayor difusión que un par de hojas xerografiadas y televisión monolítica, el problema es que no parece que haya salido tan reforzado con ello la libertad de expresión como podríamos creer. Se ha reforzado la impresión de libertad de expresión, más bien. Al fin y al cabo los americanos tienen una televisión en la que aún hay palabras y temas más que vetados lejos, y mucho, de esa teórica libertad de los canales de cable que, en realidad, tiende más a favorecer el sexo y la violencia como reclamo por ser algo que no se puede encontrar en los generalistas. —A ver si os creéis que internet le ha hecho daño a la televisión sólo con vídeos de gatitos—

Podríamos incluso hacer un poco de memoria. Volvamos a los Smothers y aprovechemos para traernos a un antiguo odiado de esta columna ya puestos. Cuando los Smothers hicieron botar la televisión conectando con un público que acabó siendo más reducido aunque más joven, lanzando a los programadores una idea: ¿Y si hay que renovarse? ¿Y si la audiencia a la que hay que prestar atención es esa? Motivo por el cuál nuestro villano entró en la CBS en tromba, decidido a acabar con esos programas rurales que tanto éxito tenían, con esos vaqueros que tan de moda estaban, y convertir la cadena en algo más urbano, más joven, trayéndonos a The Mary Tayler Moore Show y All in the Family lo que acabaría contribuyendo a hacer avanzar la televisión. Pero de todo esto, igual que del malvado Fred Silverman, ya hemos hablado por aquí antes.

¿Está tomando notas de los canales de cable o de internet? ¿Ha avanzado algo la CBS desde la última vez que le dieron un meneo, cuando la FOX abrió el tablero pero cambió las reglas? ¿O parece más centrado en desevolucionar las series que les van funcionado y enviar lejos las otras para mantener su propia ilusión de superioridad?

Fijémonos en otro detalle interesante, la diferencia en la peligrosidad de la ofensa de los primeros, cuestionando el sistema, los poderes establecidos y a su propia cadena, que no está nada mal. Mientras que Sarah Silverman se atrevió a hacer su papel cómico acostumbrado de humor incómodo, parodiando las propias charlas, sí, pero causando la conmoción y la desazón no por ello sino por el motivo elegido, la parodia inmisericorde de ese mismo buenismo que impregna parte de esas charlas, esa idea de los deseos para un mundo mejor, en una mezcla de deformación turbia del narcisismo inminente en la exposición de una propia grandeza y su capacidad para hacer humor con temas que parecen delicados. Capacidad demostrada de sobra en… televisión. De hecho, resulta difícil pensar que su charla para la TED no pudiera ser emitida dentro de un capítulo del Sarah Silverman Program en Comedy Central. ¿Cómo es posible que internet se quede por detrás de la televisión? ¿Quizá proque el problema en sí no es realmente el medio que distribuye sino la persona detrás impulsándolo y respaldándolo? No se trata de que una cadena no quiera que la unan a ello, a Comedy Central no le importa que se asocie su nombre con el de Silverman, como no le importa que lo hagan con South Park o los roast —pese a lo cuál entre los programas emitidos y los de dvd, como también hemos dicho ya, parece en ocasiones que los de la tele no son más que trailers — una asociación con la que, sin embargo, no se sentiría contenta en absoluto una organización progresista como la que organiza las TED.

Así, de una megacorporación a un grupo filantrópico. Y aún con eso podemos dudar si existe el humor peligroso aún. Porque, ¿dónde lo veríamos? ¿en qué momento lo podríamos separar del que es simplemente duro con los contrarios pero complaciente con los suyos? El dibujante de cómics Gary Trudeau, autor de una de las obras que mejor explicarían las últimas décadas estadounideneses, Doonesbury, acaba de tener problemas por algo tan sencillo como exponer una situación real. El gobernador de Texas y ex-candidato a la elección por los Republicanos para enfrentarse por la presidencia contra Obama^, Rick Perry, ha aprobado una serie de reformas legales para las mujeres que tengan que abortar que se enfrentarán ahora a una auténtica ginkana de humillación, vergüenza y remordimientos antes de poder hacerlo, incluso aunque se trate de víctimas de violaciones. Entre las pruebas están exámenes intrusivos o confrontación con imágenes 3D de lo que quiera que se encuentre dentro de sus cuerpos. Convertirlo en el tema de la semana, denunciarlo gráficamente —aunque no tanto— y cuestionar estos métodos ha supuesto la retirada, total o temporal, de Doonesbury en multitud de periódicos. Aunque lo que más me interesa es la idea que ha tenido el Standar Examiner de sustituirlo por repeticiones en su versión en papel y subir las tiras controvertidas en la edición por internet. La forma más directa de reconocer que uno de sus públicos se ha quedado antiguo que se me pueda ocurrir.

Así que volvamos al principio. Y tratemos de no preguntarnos ahora más que una cosa; ¿queda aún hueco para un humor peligroso? ¿Contra quién? ¿Dónde? Y, ya puestos, ¿encontraría lugar en la televisión?

[Efectivamente, no he hablado de España. En primer lugar porque el humor está bastante estancado, en segundo porque decidir que algo es peligroso aquí me parece incluso más complicado, y, sobre todo, porque todos sabemos que lo que aquí se lleva es dedicarnos a usar fiambres para ganar dinero, como Campofrío. En España lo peligroso sería quedarse sin sentido del humor para aguantar.]


Principales Comidillas Televisivas

A veces las noticias modifican nuestra vida más allá de lo que hacen los propios objetivos. La primera vez que retrasé esta serie de columnas fue por una noticia —la del cierre de Megaupload— y ahora me encuentro habiendo cambiado de orden dos columnas, esta y la inmediatamente anterior de la serie, por la publicación de un libro. Pero, al fin y al cabo, las noticias están en el mismo origen de los canales temáticos televisivos. Concretamente del primero de ellos.

La especialización de canales que llegó a Estados Unidos durante la década de los ochenta, gracias en gran parte al éxito de la MTv cuando aún era temática, facilitó la creación de otros canales centrados en un nicho específico. Y eso le dio una idea a Reese Schonfeld.

Schonfeld era un periodista, licenciado en la Universidad de Columbia y con una larga carrera en los noticieros, en 1975 creó la ITNA, una empresa que servía noticias vía satélite de manera independiente a las cadenas de todo el mundo. De ahí pronto le surgió una idea y para 1979 logró convencer a Ted Turner para lanzar la Cable News Network o como fue conocida desde entonces: CNN.

Primer presidente del canal, apenas un par de años, pasó a ayudar con más servicios de noticias y puso en marcha varios canales temáticos, el primero de los cuales fue de nuevo con Ted Turner, el International Business Channel, para principios de los noventa había lanzado entre otros el Medical News Network y tenía lista una reunión más.

En 1993 se reunió con Trygve Myrhen, en esos momentos director de The Providence Journal, y juntos convencieron a un par de inversores y cadenas de medios entre las que destacaban Cablevision o el grupo Tribune de Chicago, que proporcionaría el músculo tecnológico para permitir las emisiones, para lanzar The TV Food Network o como luego se llamaría Food Network. Con el paso de los años Schonfeld —culo de mal asiento que lo mismo aparece en la directiva del Culture Change Institute que se abre un blog en The Huffington Post — dejó primero la junta directiva y acabó vendiendo su parte a la empresa de contenidos E.W. Scripps Company, creada a finales del S. XIX y centrada en estilo de vida, propietarios por su empresa centrada en la televisión, Scripps Networks Interactive que incluye el Travel Channel.

Durante esos primeros años los programas de encimera, los famosos instructionals, eran los que mandaban. De ahí la necesidad de crear un plantel de estrellas de la cocina. O, en su defecto… Emeril Lagasse como gran estrella, antiguo chef por cuenta ajena, vivía el éxito de la apertura en 1990 de su restaurante en Nueva Orleans, Emeril’s —ya, no se suelen matar con los nombres, no—. Su aparición en el antecedente de todo esto, el programa de la PBS Great Chesf —que luego iría parar al Discovery Channel— demostró a los productores que tenían a alguien con talento para el espectáculo. He incluso sus propias coletillas, como kick it up a notch o…

Y si no sabéis cómo medir su popularidad fijaos en esto:

Futurama

Efectivamente, Elzar de Futurama está basado en Emeril.

Junto a él empezaron otros cocineros más o menos conocidos como el francés Jacques Pepin —que llegaría a cocinar en la PBS con Julia Child—, Donna Hanover —que llegaría a ser Primera Dama de la ciudad de Nueva York— y unos pocos más que, sin embargo, no lograron darle todo el empuje que el canal requería.

Sobre 1995 comenzaron a cambiar cosas, Emeril empezó con su programa diurno Emeryl Live! de mayor éxito que la nocturna y contrataron a otros dos cocineros Mario Batali y Bobby Flay. Flay se caracteriza por dos cosas, dedicarse a la carne asada a la manera rústica y poner su nombre en los programas cada vez que puede. Tras años de extrema sencillez en sus recetas y participación en Iron Chef primero y Worst Cooks in America después (Tranquilos, ya hablaremos de esos programas… otro día) ha logrado convertirse en una de las caras del canal. De Batali ya hablamos hace un par de semanas por su participación con Paltrow en el viaje por España. A su favor cuenta haber empezado desde abajo, tomó clases en Le Cordon Bleu hasta que se aburrió de la lentiutd de su método y entró en una cocina profesional como limpiaplatos. Fue subiendo de categoría y cambiando de restaurante con rapidez y pronto abrió su propio restaurante. Con un estilo visual… ahm… extravagante, se especializa en la cocina de Italia, sobre todo en Molto Mario y el programa gastroturismo Mario eats Italy, actualmente co-presenta con gran éxito The Chew… Y también de eso hablaremos.

Para rematarlo pusieron en marcha en 1999 Good Eats en el que Alton Brown unía la ciencia, el humor y la cocina en un programa más que curioso que usaba la idea de ser didácticos y bienhumorados.

Ese fue el punto de entrada de otros programas como los de viajes de Bourdain o Rachel Ray, luego reconvertida a presentadora de talk shows. El asunto es, claro, que se dieron cuenta de que otro tipo de programas eran más atractivos para el público. Y les faltó tiempo para ponerse a ello.

No por ello dejaron de sacar presentadores épicos. Gente como Ina Garten, la Barefoot Contessa, siempre tratando de colarse en fiestas ajenas y evitar que su marido robe algún alimento en la cocina. Une experta en cocina de fiesta, como os podéis imaginar de alguien que es MBA en Dirección de Empresas y trabajaba en la sección de Política Nuclear de la Casa Blanca antes de pasarse a la comida. Hasta que se cansó y decidió montar una tienda centrada en la comida. Gracias a lo cuál puntuó para el canal y pudo entrar a preparar recetas en sus fiestas como esta Paella sencilla de bogavante

La mentada en la columna anterior, Giada De Laurentiis, sobrinísima y curioso cruce de cocinera con Predator que gusta de lucir acentazo y que tiende a presentar programas de cocina italiana. Estudió en Le Cordon Bleu , trabajó en los fogones a las órdenes de Wolfgang Puck antes de pasarse al estilismo de cocina y ahí fue cuando la reclamó Food Network.

Guy Fieri por su parte podría parecer la parodia que de él hacen en el SNL. Auténtico hombre espectáculo, cualquier podría pensar que es más fácil verle viajando y, ahm, exhibiéndose que cocinando. Es cierto. De hecho, nunca ha trabajado o recibido formación como cocinero aunque sí ha administrado, dirigido y poseído restaurantes. En fin. Pero también una muestra de la fuerza del canal, capaz de lograr que parezca un cocinero… respetable.

Aunque no es el único personaje extraño que puebla ese canal porque la reina de las nieves, o del Vodka helado, Sandra Lee. Una mujer… peculiar… Estuvo en Le Cordon Bleu durante… una semana. A partir de ahí decidió dedicarse a los negocios, por ejemplo, unos infomerciales sobre un producto de… cortinajes francamente extraños. De tanto salir en la tele logró vender su producto y, además, que en el Food Network se fijaran en ella.Su sistema de cocina es, en fin, sencillo. Básicamente, abrir botes, mezclarlos y prepararse un martini. Y para muestra:

Y, finalmente, por difícil que pudiera ser superar a lo anterior… Paula Deen. Hablar de esta reina de la mantequilla podría sonar parcial así que mejor dejar que uno de sus platos hable por ella.

Sorprendente para todos, imagino. Aunque más extraña es la vida de Paula Deen, que empieza con la muerte de los padres, ataques de pánico y agorafobia, un trabajo en la ventanilla de un banco y, finalmente, el abandono de su marido con dos niños pequeños forzándola a buscar dinero de otra manera, por ejemplo, haciendo caterings y de ahí a un restaurante de buffet libre lleno de recetas como… bueno, cosas fritas, desde patatas a Twinkies .

Llegamos así hasta el principio. ¿Recordáis el libro que mencionaba? Se trata de En Crudo la continuación de las memorias de Anthony Bourdain que RBA saca ahora, año y pico después de su aparición original. En él Bourdain continúa desde el punto en que lo dejó en Confesiones de un chef, con su llegada al estrellato de la televisión culinaria. Y lo hace como todo en él, diciendo sin cortarse lo que opina. Incluso algunas cosas que quizá debiera no decir. No es que haga gala de nada, ni siquiera de su vida de excesos, pero sí que conoce el peso de su opinión y no tiene problemas en señalar algo que no por evidente levanta menos ampollas.

En esta caso, el repaso que le metió a los presentadores del Food Network, nada que no hubiera hecho antes, claro, pero tampoco algo que fueran a perdonar con facilidad. Sobre todo cuando dijo que la mayor parte de ellos no eran chefs y mucho menos cocineros de verdad, carecían de una formación y, desde luego, desconocían lo que era trabajar en una cocina bajo presión. Salvaba de ello a unos pocos, a Batali, por ejemplo, o a Emeril cuyo currículo era innegable —de este decía que se había quedado anticuado— pero incluso reconociendo algunas virtudes a distintos cocinero ssugería a Rachel Ray que se limitara a presentar sus talk-shows y no a intentar cocinar, a Guy Fieri que ni siquiera intentara presentar, a Sandra Lee… Bueno, con recordarle su pastel para Kwanzaa suficiente sería:

Pero es que, además de esto, señaló que no es sólo un viral de puro humor ante el desastre creado. Además ella es poco más que una persona con el talento de Britney Spears para cocinar.

Ahora, Bourdain fue a tope no ya con ellos o con los valores de producción y la política de Food Netwrok, el gran blanco en los últimos tiempos ha sido Paula Deen a la que ha llamado La persona más peligrosa de América asegurando que su estilo de cocina es lo que les ha convertido en un país de gordos y que es más peligroso todas esas recetas de cosas hechas con mantequillas, o fritas, o hechas con mantequilla y fritas — Y aquí Bourdain podría presentar esta página por si alguien dudara. — que la convierten en alguien de responsabilidad casi criminal.

Obviamente Deen no se quedó callada, acusó a Bourdain de elitista, de no pensar en la gente que no se puede gastar dinero en comida — Y lo terriblemente grave es que ciertamente en USA no todo el mundo se lo puede permitir — y no aportar nada más que ser un quejica bocazas.

El asunto es que cuando Deen fue al programa The View a presentar su nuevo libro Barbara Walters la atacó sin piedad por recomendar a los niños desayunar cheesecake, u ofrecer sólo comidas llenas de grasa y azúcares, a lo que Deen, visiblemente sorprendida por el trato, sólo pudo responder que no era comida para todos los días y que se puede tomar de todo con moderación.

Sí, la moderación que demuestran sus platos, como esta Tarta Alta de Manzana estilo Savannah y que es la que la ha caracterizado.

Hasta el punto de que el debate se reabrió hace cosa de mes y medio cuando se supo, por este orden:

– Que Paula Deen había desarrollado diabetes de tipo 2.
– Que lo sabía desde hace años y no había dicho nada.
– Hasta ahora.
– Y ahora decía algo porque una compañía farmacéutica nórdica se había ofrecido a convertirla en su cara en USA para su medicamento anti-diabetes.

Decir que provocó reacciones negativas tal vez sea quedarse corto sobre todo porque los que ya habían hablado aprovecharon para señalar que eso es lo que les esperaba a su público, como resumen, que Bourdain estuvo mucho más rato largando.

Ese es un punto interesante, para la reflexión, ¿hasta que punto pueden modificar para bien o para mal los cocineros del gran canal?, ¿cuánta culpa será suya?, ¿no será que Paula Deen o Sandra Lee son más divertidas que formativas?

Sobre todo porque estos son los programas de enseñar recetas, sugerir platos, más allá de lo que veremos pronto que ha acabado conviertiéndose el canal.

Sólo una última cosa. Prácticamente cada país tiene o ha tenido un canal similar al Food Network, en España de la mano de Chello Multicanal y desde 1999 tenemos Canal Cocina, en 2001 apareció en Francia Cuisine.tv del grupo Canal +, de 2002 hasta 2008 en Reino Unido tuvieron BBC Food, la respuesta australiana es de 2004y se llama LifeStyle Food, Asia Food Channel podéis imaginar quienes lo ven, en 2010 apareció el canal francocanadiense Zeste… Vamos, que siempre ha habido un interés, aunque el que abriera el hueco fuera este Food Network que tuvo que reinventarse.

¡Y no porque Sanidad decidiera cerrarlo!

Pero eso ya os lo contaré, en un par de semanas.


Bimestralidad Pilotosa Principinual

A finales del pasado año — y me permito recordaros que de eso ya hace dos meses— repasamos los últimos pilotos aparecido. Octubre había sido esperanzador tras un año más que flojo y parecía que, por fin, empezaba a moverse la situación. Entre Noviembre o Diciembre de entre los estrenos brillaba, como comentamos en su momento , Black Mirror y el resto de novedades… cuanto menos habláramos mejor. Sin embargo aquí estamos, en un año nuevo y extraño con una pila de novedades e, incluso, alguna cosa que quizá se podría desarrollar algo más de entre lo que sobrevivimos el año pasado. Todo lo cuál nos lleva a un punto muy concreto:

¡Que comience la lucha!

4 O’Clock Club
Esta entrada os vais a aburrir de series infantiles, ha debido haber una hecatombe y han empezado una enorme cantidad con el nuevo año. Esta, por ejemplo, es una serie británica sobre un par de hermanos que… pues lo de siempre: Los problemas de la escuela, los problemas entre ellos y, claro, la música. Que para algo quieren ser raperos. Un aburrimiento, vaya.

Alcatraz
Lo fácil sería decir que esta serie es aburrida, pero no lo haré por dos motivos. EL primero es que lo acabo de decir de la serie de arriba, y para eso creo una categoría y pongo detrás los nombres. O lo pongo de nombre de la columna. Tanto da. El segundo es que es lo más fácil. Vale, es aburrida, ¿pero por qué? Decirlo de una serie infantil parece que no merecerá mayor explicación pero con esta cosa de Abrams vamos a profundizar un poco más: Salimos de una fórmula similar a la de los 4400. La gente que desapareció de Alcatraz —reclusos, especialmente, pero también guardias— va reapareciendo. Y, como siempre, hay una agencia gubernamental que va a atraparlos. Como siempre hay una ominosa conspiración que parece no haber sido decidida por ningún guionista aún. Más de lo mismo, vaya. Así que para encontrar algo interesante que decir de ella no queda más remedio que ir a tuiter y escuchar a @gastronfo y @Zor76 descubrir el secreto tras la serie: El esquema, en su segunda parte, es un remake de Contra el gang del Chicharrón, salvo por la parte divertida. Así que ahí lo tenéis. Aunque no sé durante cuánto tiempo.

Arctic Air
Lo primero que pensé al saber que los canadienses iban a hacer una serie sobre una familia con un negocio de avionetas es que sería algún tipo de Doctor en Alaska, para mi alegría en realidad está más cerca de Aventureros del aire dando un recital de aventuras que quizá no resulte innovador pero sí agradable.

Are You There, Chelsea?
No sé si Chelsea Hadler está, pero posiblemente sea la única. Es una p… Es una sitcom deficiente en su humor y desarrollo que no sólo está hundiéndose sino que, además, se lleva consigo a su compañera en la noche de humor para chicas, poniendo aún más de relieve sus problemas. Con un poco de suerte se irán las dos a su casa y dejarán espacio para otras comedias de la NBC que lo merecen más.

Awake
Un buen punto de partido puede lograr muchas cosas, pero lo que demuestra antes que nada es que… Las cadenas no saben qué hacer con ellas. Awake comienza con una idea que parece sacada de mezclar La noche boca arriba con la CBS, tras un accidente que habrá que considerar como misterioso un policía se encuentra durmiendo y despertando de manera cíclica y descubriendo que se murieron su mujer o su hijo. Entendámoslo, siguiendo la explicación, como una cinta, al acostarse por la noche se encuentra repitiendo el día en un universo distinto. Marcado al espectador con una iluminación diferente, y para el protagonista con una goma en la muñeca que discrimina ambos mundos según su color, los crímenes investigados demuestran ser diferentes y, sin embargo, con puntos en común en ambos universos. Del mismo modo su vida tiene parecidos y separaciones… Una buena premisa pero que trae tan locos a sus creadores y su cadena —idiotas, tenéis multiversos y un buen punto de partida, si no sabéis avanzar llamad a Abams — que está congelada a la espera de ver qué se les ocurre y cuál es su acogida. Hasta el punto de que han colgado el piloto en internet para que todo el mundo pueda verlo — y opinarlo — antes de seguir con la serie. Señor, señor.

Battleground
Quizá alguna vez me hayáis oído hablar sobre los servicios en Streaming para ver series y su revolución, creo que he podido hablar de ellos en algún momento, sí… A lo mejor incluso os suena el nombre de Hulu. Pues bien, ya tienen su primera serie. Y es un falso documental político sobre los asesores de un candidato externo que quiere hacerse con un hueco para luchar por un puesto de senador. Interesante como inicio, habrá que ver cómo continúa y qué tal le cuadran las cuentas a Hulu.

Birdsong
La novela de Sebastian Faulks llamada aquí La canción del cielo es adaptada por la BBC en una miniserie de dos capítulos de casi hora y media cada una. Para mi gusto, un exceso. Cierto es que Faulks está siendo más conocido ahora por sus adaptaciones de Bond pero no tiene nada que ver eso con su obra anterior, pese a que se trate de una obra sobre las trincheras de la Primera Guerra Mundial que se transforma en una obra sobre el amor y sus problemas. Ustedes verán las ganas de encarar un dramón belico-romántico.

Blade
De los creadores de las series manga basadas en los personajes Marvel le toca turno a Blade y, una vez más, demuestra ser poco interesante lo que tienen que aportar.

The Bleak Old Shop of Stuff
De esta alguna cosa comenté a finales del año pasado, cuando acababa de ponerse en marcha esta parodia de todo lo parodiable y algunas cosas más de Dickens, todo un resumen de tramas, perssonajes y tics además de una desmitificación que celebra también al genial escritor inglés. (Y, de paso, Stephen Fry)

Bomb Girls
Olvidaos de ver mujeres tremendas, que para eso tenéis ya el reality Bikini Barberie New Jersey, aquí lo que toca es una serie dramática histórica sobre mujeres trabajadoras durante la Segunda Guerra Mundial. Y eso es lo que tenemos, ni más, ni menos.

Call the Midwife
Otra serie de época de la BBC, ambientada en los años ’50 y con las monjas y parteras —en ocasiones ambas cosas— de la Casa del Nonato. A partir de esta premisa podéis decidir si os apetece o no porque, la verdad, no hay más sorpresas.

Comic book Men
Esta excepción, semi-reality, sub-docu, es para dejar claro una cosa: ¡Huid mientras podáis! No sólo carece de interés para los de fuera porque se pierde en las referencias, además para los de dentro no tiene interés alguno. Es como si Kevin Smith fuera el… Oh… Claaaaaaro…


Conspiracy 365
Más que sorprendente, esta es una serie atípica. Realizada en Australia y usando como base una serie de 13 novelas sobre un joven a la fuga que trata de resolver una extraña conspiración que envuelve la muerte de un familiar que le ha puesto en el centro de la diana. La decisión del canal ha sido seguir la idea original de que cada novela fuera un mes, así cada mes se emitirá su capítulo correspondiente de una hora de duración . Así que ahí tenéis: Aventuras, conspiración y una forma complicada de emisión.

Endeavour
Aquí tenemos la precuela del Inpector Morse con sus años como recién llegado al cuerpo. Y pasa como casi siempre con él, nada reprochable como serie pero tampoco nada reseñable. Muy bien hecha, muy ajustada y muy olvidable. Ideal para echarse una siesta.

Eternal Law
Lo bueno de los ingleses es que si una serie es mala da lo mismo porque tras seis episodios se limitan a no preparar más. Y con esto en mente uno no se extraña de que emitieran toda la temporada. Si llega a ser americana la echan al tercer capítulo. Esta serie desastrosa y desastrada parte de la loca idea de que unos ángeles —del estilo de la guarda poco menos— deciden que la forma correcta de ayudar a los humanos es hacerse pasar por abogados… En fin.

The Finder
Si el episodio de presentación de esta serie en Bones probó que era un tostón el piloto y subsiguientes han demostrado que puede ser incluso más copia sin vida ni personalidad de esas series de consultores excéntricos que hace unos años llenaron la pantalla.

The Firm
Creo que a estas alturas ya estará cancelada la serie pero, por si os apetece algo anacrónico, como salido de los años noventa, actuado sin ganas ni esperanza, o simplemente queréis torturar a alguien, entonces habéis encontrado la mejor posibilidad de la tarde.

Fred, The Show
Otra espantosa serie infantil basada en una serie de películas basadas en un personaje creado para el canal de YouTube del propio actor y sus primos. DE aquí se pueden saca algunas buenas enseñanzas, incluso varios ejemplos sobre el negocio digital, lo único que no sale de aquí es una serie que merezca la pena ver.

House of Lies
Con lo interesante que parecía sobre la mesa esta serie con Don Cheadle y Kristen Bell y el resultado final que hemos sacado. Qué decepción. Teóricamente se trataba de un grupo de consultores pensado para Arreglar los programas de las grandes firmas y personajes, con una intención irreverente y mucha ruptura del cuarto muro. Pero en lugar de una versión nueva y mejorada de Better Off Ted nos hemos encontrado con un Hustle de baratillo en el que todo el mundo parece pasado de coca. Otra vez será.

How To Cook Like Heston
Vamos con la primera excepción del día. Un programa de cocina de Heston Blumenthal, el propietario del Fat Duck en el que trata de explicar técnicas y movimientos, a la vez que ofrece sus ideas para mejorar la cocina diaria. Sin ser tan revolucionario como tener a Adriá haciendo el programa de Arguiñano sí que resulta tan interesante como inesperado es que logre realizar algo tan aparentemente distinto dentro de un entorno tan igual, claro que eso es parte del sello de Heston.

How To Rock
Niños en una serie sobre hace música. Y pensar que en el algún momento quisieron ser astronautas o vaqueros… Ahora, si os cuento que esta serie de Nickelodeon va de una chica que era —¿era?— insoportable y tocaba en un grupo llamado The Perfs que al sufrir la transformación de tener que llevar aparato y gafas es dada de lado y acaba uniéndose a otro grupo desde el cuál competirá con sus examigas y encon… ¡¡¡Que es de verdad!!! Puede parecer una broma de algún guionista con pocas ganas de trabajar, puede parecer coña sobre todo porque su estrella se llama Cymphonique Miller. ¡Viene de una dinastía de… creativos! Quizá no como para guionizar series, pero sí muchas otras cosas…

Inside Comedy
Otra gozosa excepción. Un programa de entrevistas —razonablemente breves— a cómicos americanos. Por ahí pasan desde Don Ackles a Chris Rock, de Billy Crystal a Sarah Silverman… Así que, en realidad, es más un festín para los aficionados que otra cosa.

Inside Men
Esta mini británica de cuatro episodios empieza por el momento más importante de la trama, el golpe, a partir de ahí veremos cómo se fue decidiendo el plan, qué movió a estas personas envueltas con la seguridad que debían defender y qué pasó a continuación. Inteligente, dura e interesante, aprovecha el envoltorio de acción para proponer una de esas versiones de ellos contra nosotros tan agradecidas.

Jane By Design
He aquí una serie para jóvenes que, sin embargo, se centra más en un problema grave de los mayor, el de la jefa de Jane, la pobre mujer interpretada por Andie McDowell cuyos excesos con el alcohol y las drogas son lo único que justifica que considere que una chica de instituto es en realidad una jovecita que merece un trabajo como su asistente en el prestigioso mundo de la moda. Eso o que la actriz sigue la moda de siempre y tiene 25 añazos de manera que la sorpresa de que la tomen por una adulta es… En fin, ¿Os imagináis un magical girl con la chica compatibilizando sus dos vidas siendo la otra la de asistente? Pues así están en ABC Family ya.

Key and Peele
Muchos pensarán que lo único rescatable de MAD tv fue lo que el listo de Lorne Michaels aprovechó para llevarse al SNL: Taran Killam. Pero eso no significa que al desmontar ese programa no quedara por colocar el resto de la troupe y así llegamos a este programa de sketches de humor en el que Keegan-Michael Key y Jordan Peele hacen sus cosas intentando tener gracia. Lo intentan, lo intentan.

The L.A. Complex
Una aspirante a actriz se muda a Los Ángeles para tratar de hacer carrera pero se encuentra conque la real… ¡¡¡¿PERO OTRA VEZ ESTO?!!! ¿Otra vez? ¿No hay más ideas? ¿Han metido todos los tópicos en un sombrero y ha salido este? Y esta vez, encima, es canadiense. La serie y la chica. Pasando, que para esto mejor Cobie Smulders.

Level Up
Pues.. más chavales. Esta vez con un videojuego que abre una puerta a nuestro mundo y que les lleva a tener que luchar contra… En fin, que para ser juvenil y blandita aún tiene un pase.

Miss Fisher’s Murder Mysteries
Un buena noticia esta serie australiana cuyo punto débil es un guión sencillito que, sin embargo, permite que nos fijemos en… Espera, ya sé lo que estás pensando. Que es una de esas Miss Marples de la vida. Bien… Vuelve a adivinar:

Efectivamente, una dama dura e independiente, rica — claro — e incluso aristocrática — no tan claro— de menos de treinta a finales de los años veinte. Todo ello con grandes personajes. Así que si la trama es un poco tonta… ¿tampoco vamos a ponernos exigentes, verdad?

Mr D
Imaginad que la serie que preparaban en Episodes, esa que iba a interpretar LeBlanc, saliera adelante. Pues os encontraríais con qlgo como Mr. d. Una comedieta amable sobre un inútil que llega a profesor de Sociales, aunque él hubiera preferido Educación Física, y que compone una sitcom de lo mas clásico. Todos los chistes parecen de segunda mano.

My Phone Genie
Otra serie infantil más, esta vez con temática mágica gracias a un móvil con un genio dentro que concede deseos. No es gran cosa pero, al menos, no hay ningún estomagante Nobita de por medio.

Mudpit
Este espanto canadiense mezcla un poco de todo logrando el equivalente a una Morcilla Infantil. Tenemos a un grupo de música —sí, otro— con chicos muy diferentes dentro que tratan de hacerse famosos gracias a una competición en un mundo de videojuegos. Sólo les ha faltado meter mascotas. El resultado es insoportable de puro rutinario, con un producto que parece realizado por un comité.

Napoleon Dynamite
Versión animada—entendámonos: en dibujitos que de donde no hay…— a partir de la película, salvo que Napoleon Dinamite tiene mucha menos cancha que, digamos, Los Cazafantasmas. Imagino que si la peli te gustó esto también lo hará. Aunque yo estoy más por bloquear el recuerdo de esta serie.

Noel Fielding’s Luxury Comedy
Otra serie de sketches a cargo de un mas recordado que respetado actor ingles. Ahm… Más te vale ser fan suyo antes de ponerte a mirar esto.

Outland
Esta serie australiana sobre un grupo de gays que hacen un club de ciencia ficción porque lo segundo está peor visto que… ¡¡¡AAAARGH!!! Si una virtud tiene esta serie es lograr llevar la vergüenza ajena por su pura existencia a un nuevo nivel. Eso sí, no caeré yo sólo:

Pramface
Una serie sobre una pareja adolescente que se encuentra con que va a tener un hijo… Ah, qué sorpresa, que diferente de las que se pusieron de moda hace dos años. Y además británica, que allí el tema es una novedad para ellos.

Prisioner’s Wives
Seria, centrada en personajes y sus circunstancias más que en crear o desarrollar la acción que les rodea. Esta serie es género negro que podría pasar por social y que, sin duda, abrillanta y engrandece el género. Aunque quizá con una nota de humor…

Public Enemies
Otra serie de género, otra serie negra, de nuevo británica. Y no está mal, no. Aunque, no llega a los grandes niveles de Prisioner’s Wives o Inside men por lo menos intenta crear una tensión entre los dos personajes principales. Aunque —y parecerá ridículo decir esto de una serie inglesa— hubiera mejorado de ser más… corta.

The River
¡Uf! Mezclar Paranormal Activity con el Capitán Cousteau no parecía la mejor idea, sobre todo con un desarrollo de guión propio de Lost. De momento está al borde de la cancelación, a la espera de que alguien… iba a decir que la vea, pero a lo mejor si no la ven son más compasivos con ella.

Rob
De pein. De jorror. Di en.

The Royal Bodyguard
La idea era buena, una especie de Johnny english protegiendo torponamente a la familia real. El problema fue… todo lo demás. Y claro.

Smash
Una de las series nuevas que se suponen estrella y que más pereza me da. No me importa nadie, la música me da lo mismo, las canciones sobran más que en Glee! —si eso es posible— y en general todo es más intenso que entretenido. Con todo seguro que a alguno le gusta. Por estadísitca y eso.

Stella
Una madre cuarentona se enfrenta a la vida y el amor con una mezcla de comedia y drama. Ingleses… Qué complejos son siempre. Mira que hacer Grace under fire sin contar al látigo de Chuck Lorre. Así le salen de desvaídas luego las series.

The Straits
Una serie de género negro, con una familia de criminales y muchas intrigas familiares… ¡y no es británica! Vale, es australina, pero no es inglesa. Ya, bueno. El caso es que es suficientemente entreten… ¿Qué clase de justificación es esa? La serie está bien, no da mucho más de lo que promete pero, eh, tampoco es ninguna niñería. ¡No sale ningún grupo musical! ¿Qué más queréis?

Touch
El tipo de Heroes ha vuelto a hacerlo. Literalmente. La misma serie. O más aburrida aún. Y mira que parecía difícil. Con Sutherland el hijo de por medio. Pues nada. Ni por esas. Si alguien llega vivo al tercer episodio de Mercury Rising: La Serie que avise. Le daré un remedio natural con tila contra el imsomnio. No funciona tampoco pero lleva menos azucar que… esto.

Unsupervised
Esta serie animada es tan juvenil y rompedora que por un momento parecía que habían remakeado el rebooteo de Beavis & Butthead. Para hacerlo incluso peor que la última vez. Pero, eh, por lo menos habían intentado algo dif… Vamos a dejarlo.

Watson & Oliver
Mujeres haciendo sketches. No lo hacen mal. De hecho no debería tener importancia alguna que sean mujeres. Pero por lo visto para ellas es importante. ¡¿Quién entiende nada?!

Woodley
Comedia australiana sobre un tipo bueno para nada que tiene una hija que trata de reunirle con su ex-mujer. Mi teoría es que querían hacer una versión actualizada de Inspector Gadget y se liaron.

Work It
Esta ya está cancelada. Dos episodios duró. Que fueron dos más de lo que cualquier cadena sensata o la NBC debía haber permitido. Si os cuento que va sobre un par de travesties lo mismo creéis que me lo invento así que… ¡SUFRID!

Bueno, no ha sido tan doloroso… vale, sí…. pero PARA así que no os quejéis muy alto. Además han traído de nuevo un par de minis adaptando clásicos, de Dickens o La isla del tesoro, por ejemplo, y ha continuado I Just Want My Pants Back tratando de convertirse en Hipsters Friends.

¿Qué más puedo decir? Ha habido series de género negro británico para entretenerme —¿qué les pasa a los british? ¿tienen un trauma o algo?— y… bueno… siempre puede pasar como con Todd & the book of pure evil e ir mejorando la serie según avancen los capítulos.

Ahora a ver qué nos trae los próximos meses… Sospecho que la locura… y sólo para mi mente. Me conformaré con el regreso de Community el 15 de Marzo.