¡Libros que Salen! Heeyung, «Bailando la Diversidad», Hämäläinen y más

¡Que entre la pila!

La herencia de Eun Heeyung, ed. Hwarang

Años después de que EmeCe -la argentina, no la de España- publicara en español El regalo del ave, nos encontramos con que la editorial Hwarang -igualmente argentina- vuelve a recuperar los relatos de esta notable autora surcoreana. Con su particular visión a la realidad cotidiana y sus problemas, siempre dispuesta a mostrar las contradicciones y también a reírse de ellas, en una contradicción propia porque muestra un humor afilado y cínico mientras intenta apostar por el amor y la esperanza.

Bailando la diversidad de VV.AA., ed. Bartlebooth

A partir de una experiencia colectiva, en la que se ahondaba en la necesidad de mostrar y montar espacios en los que la diversidad corporal (tanto desde un punto de vista de fuera de la normatividad física como sexual, aunque quiero creer que habrá incluso más puntos posibles) ofreciendo esa metáfora del baile como punto de encuentro para diversos textos y participaciones.

Continente indígena de Pekka Hämäläinen, ed. Desperta Ferro

El autor de El Imperio Comanche vuelve a ser publicado en España algo más de una década más tarde con otro libro que cuenta y examina la forma en la que se organizaban las diferentes agrupaciones indígenas antes de la llegada de los colonizadores. Cómo siguieron viviendo, se encontraron con ellos y, por supuesto, lucharon. Y toda la evolución hasta el momento actual en el que pese a todas las barrabasadas de los ingleses, estadounidenses o canadienses -el resto también claro: españoles, franceses, holandeses…, pero ya sabéis- siguen quedando aún. Así que si os apetecen unas seiscientas páginas de historia… esta es la vuestra.

El museo de Owen King, ed. Plaza & Janés

Para quien necesite leer algo de algún King, que sepa que va a salir el nuevo libro de Owen. Radicales, investigadores universitarios, museos con extrañas figuras y realidades aterradoras sobre la oscuridad en medio de un clima de reacción que va llevando a la protagonista a los límites entre mundos.

Cuatro ojos de Rex Ogle y Dave Valeza, ed. Andana

Uno de esos cómics sobre los cambios que llegan con la adolescencia. Porque a nuestro protagonista le pasa un poco de todo: Su mejor amigo le está dejando de lado, no ha pegado el estirón como los demás, además de eso los problemas económicos de su madre divorciada o sus fricciones con su padrastro y hermanastro, ¡y, además, le mandan ponerse gafas! Pero con eso y todo, a veces la situación complicada y la sensación no saber quién eres y cuál es tu camino solo significa que tienes que ponerte a buscarlo.

El libro que te lee la mente de Marianna Coppo, ed. Andana

Siempre parece que queda aún algo que se puede hacer, nuevo y viejo a la vez, con los libros. Por ejemplo, revisar un antiguo libro de magia para actualizarlo para las jóvenes generaciones. El funcionamiento es sencillo, el libro presenta unas ‘butacas’ de 4 filas y 4 columnas, con 16 personajes distintos en ellas, y pide al lector que escoja uno y diga en qué fila está, hace un intermedio y al volver están los personajes en otras butacas, así que tienen que escoger fila de nuevo, y con solo eso… ¡el conejo mago adivina qué personaje era! Tan sencillo como eso, ni más ni menos.

Nos leemos.


En una semana como esta hasta se agradecen series como Briganti (O) (IT), que está más cerca de aquellos ‘grandes relatos’ italianos -casi eurotrash– que del cine de época que podría haber sido. Con una mezcla de estilos cercana tanto a la telenovela como al bandolerismo de Curro Jiménez, esta historia de un tesoro, un país y un grupo de personajes metidos en una serie de líos, que a ratos se acerca al spaghetti-western y otras al exploit turbio de Robin Hood, logra ofrecer algo que, a fuerza de tener mil partes de otras gentes, logra ser lo suficientemente único. Una ensaladilla de momentos y referencias, normalmente tan excesivo y disparatado que parece pensado para una larga tarde de domingo en la que estás haciendo otras cosas y, de cuando en cuando, dices… Espera, ¿qué? Algo es algo.

Por todas las veces que digo que no soy el público objetivo de algo hay ocasiones en las que lo soy claramente, otra cosa es que luego me ponga la serie en sí y resulte que tampoco. Esta vez me ha pasado con Dead Boy Detectives (USA), que en teoría tiene detectives juveniles y fantástico, pero a la que le pesa mucho más una mezcla particular: La necesidad de alardear y, a la vez, la decisión de contenerse. Es algo completamente ridículo, claro, sobre todo porque no sabes si se están conteniendo de verdad -el clásico ‘no me dejéis que ya sabéis cómo me pongo’– o es que en realidad no hay más. Que es lo que tiene pinta. Parece mentira que Netflix hiciera a penas el año pasado Lockwood & Co., mucho mejor serie que esta, y no haya sido capaz no de repetirlo sino de tomar notas de lo que funcionaba. Por contra, parecen haber tomado nota de la aparición de sus personajes principales en Doom Patrol -la serie de Warner– para… empeorarlo en lo posible. No solo la relación entre los protagonistas -a  un tiempo histriónica y ridícula, más que conmovedora o sentida- y del otro una creación y diseño que parece de un canal canadiense aunque se tome a sí misma como una producción británica. Así que, gota a gota, va sacándome tanto de que me interese la historia o los personajes como de que me de lo mismo nada de lo que estoy viendo. No tengo interés ya ni por saber en qué cobran estos dos o para qué quieren esos emolumentos. Con que no me den la barrila con que la van a cancelar y hay que salvarla me conformo.

No tengo claro cuál será el trato que Netflix haya logrado para esta Destiny (O) (JP) pero probablemente ellos tampoco. En cualquier caso el primer capítulo, y no tengo intención de ver más, nos pone a un grupo de amigos en la universidad. Un grupo que se nos explica su formación y es completamente ridícula. Pero teniendo en cuenta que los actores están más cerca de los 40s que de los 20s no tengo yo muy claro en qué universitarios están pensado. En cualquier caso parece que nos meten dos intrigas criminales, uno sobre el padre de la protagonista, otro sobre algo sucedido en esos años universitarios que ha cambiado la relación del grupo. Lo primero no parece importarle ni a ella, lo segundo tarda TANTO en ponerse en marcha que para cuando lo hace resulta una chorradita en la que no hay muchas opciones y, sobre todo, no puede dar más lo mismo. Es una lástima porque sobre el papel tenía potencial, pero una vez visto no me interesa ni leerme la resolución en la wikipedia.

Dios sabe qué habrá liado Netflix o a qué extraño acuerdo habrá llegado, porque de esta serie no veo trailer ni en Netflix
Una de esas series juveniles de siempre, este Dil Dosti Dilemma (O) (IN) que entiendo es algo como El Dilema de la Amistad nos presenta a tres amigas-muy-amigas cada una con sus problemas propios: Una es una pija clasista insoportable, la otra se ha fijado en un chico que no le hace caso (y que es el hermano de algo así como las reinas del instituto) y la tercera… no sé… sus padres no demuestran afecto o algo. De entre estas tres lo más importante será la primera, pero iremos viendo también a las otras dos. El centro de la historieta es que la primera iba a irse de vacaciones a Canadá, pero se porta tan mal con su abuela -que es una mujer de vida humilde pero mucho corazón, o algo así- que sus padres deciden castigarla a que se vaya con ella -y su abuelo, claro- a pasar esas vacaciones. Como esto es una serie juvenil tenemos también a un chaval del barrio que claramente se va a convertir en novio o lo que sea de ella -la protagonista, no de la abuela. Aunque hubiera sido más interesante- y también que ella decide mentir a sus amigas -¡oh!- y seguir haciéndoles creer que está en Canadá. Total, que podemos imaginar los líos amorosos, los líos de amistad y el Aprender una Valiosa Lección. Pues bueno, no soy el público pero alguien lo será.

No tengo muy claro qué es este I Dina Händer (O) (SU) o Deliver Me o lo que sea. ¿Es un drama sobre los peligros de la Industria Criminal, sobre los peligros de la Infancia, sobre las víctimas colaterales? Desde luego no parece nada que desentonaría en el Lifetime de los noventa.  Excepto porque aquellos lo contaban en 90 minutos. En fin, una serie aburrida y reiterativa que tira de todos los lugares comunes y los más explotados de los trucos para lograr, más que nada, un aburrido sermón.

Uno pensaría que a estas alturas montar un culebrón sobre una familia de ricos y poderosos debería de ser sencillo, pero Fukuro to Yobareta Otoko (O) (JP) oフクロウと呼ばれた男 o House of the Owl, deja claro que hace falta cierto mérito. Porque, de lo contrario, habría salido mejor. Un patriarca que conduce la familia con mano dura y sin escrúpulos, el hijo más joven, lleno de recursos pero bondadosos, y toda una serie de familiares entre medias, y de empleados, y de conexiones políticas y financieras, en un piloto en el que es cierto que en todo momento está pasando algo, pero no es menos cierto que no parezca tener tensión ni utilidad real más que para apagar el fuego del momento, como si alguien hubiera decidido montar un resumen semanal de una telenovela diaria y ese apelotamiento y bandazos de los conflictos sirviera antes para mostrarnos las costuras que para otra cosa.

Más brío demuestra la igualmente llena de idas y venidas Jibaejong (O) (CS), o 지배종 o Blood Free o lo que sea, que parece más el inicio de una idea para una serie que una serie en sí. Una empresa alimentaria que comenzó creando réplicas de piel y se ha pasado a la réplica de carne, y a su alrededor una serie de conspiraciones. El problema es que no parece tener muy claro qué hacer con eso, igual que no tienen muy claro si la empresa es buena o mala, o para dónde tirar con todos los personajes que nos han presentado. Sí que tienen claro que van a montar algo de lío amoroso entre el nuevo guardaespaldas -con un pasado y motivaciones propias- y la directora de la empresa. Todo eso después de un extenso piloto en el que, como decía, no dejan de pasar cosas. Pero muchas veces con menos orden y concierto del que debería para dar la sensación de que tienen algo concreto en mente y no simplemente ir tirando a ver qué sale. Y, con eso y todo, aquí sí que consiguen que pasen cosas con un mínimo de interés y crear algunos momentos de tensión. Pero está verde, está muy verde aún.

De entre todas las novedades de la semana, y vaya semana ha sido, probablemente Jongmalui Babo (O) (CS), o 종말의 바보 o Goodbye Earth o …, sea la peor. Una extensísima duración para un piloto que parte de una idea -un meteorito se dirige hacia la tierra y probablemente acabe con la mayoría de la vida humana- que tiene dos problemas de partida. El primero es que tras una pandemia la mitad de las cosas que hacen no parecen realistas. Por ejemplo, que no les estén obligando a trabajar hasta el último día. El segundo, y casi peor, es que en este mismo Netflix hará seis meses tuvimos una magnífica serie animada que partía de EXACTAMENTE LA MISMA IDEA. Todo lo que ​Carol & The End of The World hacía magníficamente bien desde un piloto que con sus problemas y todo demostraba que se podía abordar el asunto y tirar para delante aquí pasa a ser un incidir en las mismas ideas y mostrar una histeria colectiva que ni siquiera en los momentos más obvios -los ‘negacionistas’ del meteorito- logran superar a la primera, que de nuevo lo hizo mejor. Así que lo que nos queda es una serie excesivamente larga, reiterativa y sin una trama interesante en la que queramos algo distinto de que caiga de una vez el meteorito.

Cómo estará la cosa para que probablemente sea esta Knuckles (USA) la mejor serie de la semana. No por méritos propios tanto como por deméritos del resto. Bueno, es cierto que Red Eye podría disputárselo y que Jibaejong o Briganti tienen sus momentos. Pero lo importante es que en Knuckles saben lo que quieren, saben cómo hacerlo y saben de quién tirar. Así que tenemos una aventurilla para el sector infantil/ adolescente y luego para más mayores una historieta cómic de humor de la incomodidad, Presupongo que para los que crecieran en los noventa jugando a estos juegos. Mucho de lo que vemos parece de manera directa o de manera paródica una referencia a aquellos años y sus películas -de hecho, es casi imposible no pensar en el Kingpin de los Farrelly tanto como en las escenas de bolos de El Gran Lebowsky. Dos grupos que aparentemente no podrían estar más separados demográficamente pero que está claro que se complementan en su puerilidad. Y aunque estoy claramente lejos de ser el público de cualquiera de las dos opciones resulta agradable en toda esta semana ver una serie que lo tiene tan claro.

Nuestra otra contendiente a serie de la semana es Red Eye (UK), que sigue esta extraña tendencia de intriga aérea en la que parece que estamos, pero lo hace como los thrillers británicos hacen. Comenzando por una historia contada a medias y pasando a una situación de presión, en parte dentro del avión, en parte fuera. En su contra está el inevitable armazón de Una Gran Conspiración, pero se ve que es lo que toca ahora, como el Hijack de Idris Elba. Con la diferencia de que aquí -de momento, ya veremos- no parece que vayamos a tener un secuestro aéreo, sino a un tipo que afirma ser inocente de un crimen por el que el gobierno chino (bbrrrrr brrrr malvados comunistas brrrr) le quiere de vuelta. Por supuesto los británicos hacen todo lo que les piden en el movimiento menos británico que he visto en una de estas series en siglos. Ante USA aún me lo creería, ¿pero ante China? En fin, al menos eso sirve para montar nuestro punto de partida, con una policía de Londres de padre chino acompañándole en el viaje. Y, por supuesto, toda una serie de extrañas, sospechosas o directamente exageradas situaciones. No vayas a no darte cuenta. También hay alguna nota con los participantes del vuelo, supongo que porque el género de la catástrofe aérea así lo requiere, supongo que para poder meter algún giro con alguno de ellos. En resumen, que incluso pese a esa necesidad de que detrás de todo haya una megaconspiración está claro que los británicos tienen suficientes tablas para montar una de estas y le podamos dar, al menos, el beneficio de la duda.


Presupongo que alguien mandó la idea para The Red King (AU) con un ¿qué os parece si montamos The Wicked Man pero es una serie? Por supuesto también tendrían que cambiar alguna cosa -mínima- pero el resto está ahí. Excepto, bueno, todas las canciones folk que convertían a la primera en casi un musical. El asunto es que a partir de darse uno cuenta de las más que obvias similitudes deja de preguntarse cómo avanzará la historia para preguntarse en qué se parecerá o se dejará de parecer a esta. Más aún cuando alguno de los cambios ya los realizó la versión de Nic Cage -aunque de momento no hay abejas a la vista- y no parece que tengan intención tampoco de innovar mucho, dado que es un mus tan claramente visto. En fin, decisiones.

No sé si este Swift Street (AU) busca algún tipo de público juvenil o, simplemente, que ya nos las hemos visto demasiadas veces con este tipo de series, pero lo cierto es que parece un poco desubicada en una trama general de drama criminal pero con una protagonista juvenil, casi una pícara, en su centro. El resultado es tan blando como uno podría esperar, sin tener muy claro por dónde tirar y con la historia entre hija y padre -y la deuda de este último- en el centro. Supongo que es un problema del piloto y quiero creer que en sucesivos capítulos estarán más centrados, pero lo cierto es que no me ha dicho gran cosa y lo que más gracia me ha hecho es que al final aparezca un resumen de la deuda como si fuera esto 2 Broke Girls.

Otra para la que no tengo nada bueno que decir. Espero que Wondeopul Woldeu (O) (CS), o 원더풀 월드 o Wonderful World o etc, pase de este piloto cuanto antes a algo realmente interesante, porque tenemos una hora para contarnos lo que podría haber sido una secuencia inicial de menos de veinte minutos y pasar al tema real de la serie… es mucho esperar. Más aún cuando no sabemos qué es lo que nos van a contar, ni lo que quieren hacer. Y no por falta de tiempo. Vale, la protagonista es profesora y autora superventas, tiene un hijo y un marido y se quieren, un tipo (al azar, parece) atropella al niño y ella ve cómo la justicia no cumple su papel. Pues bueno. No hay mucho crecimiento posible para la historia y todo el inicio de la misma sobraba. Estoy dispuesto a creerme que una mujer tiene éxito y ama a su familia sin tener que dedicarle media hora. En fin, yo qué sé, cada semana me sorprendo más con este tipo de decisiones que toman las cadenas. Menos mal que el número de series es limitado.


¡Libros que Salen! Ferris, «Niños de la calle», Prichard y más

¡Que entre la pila!

Lo que más me gusta son los monstruos 2 de Emil Ferris, ed. Reservoir Books

Efectivamente, la continuación de ese extraño tocho en el que, como su autora dice, las cosas no venían de una en una para hablar de un único tema, porque la vida no es así, continúa desde donde lo dejó. Así que ya podemos ir marcando en el calendario a ver con qué nos encontramos ahora.

Niños de la calle de Nguyễn Phan Quế Mai, ed. AdNovelas

Tras la estupenda El canto de las montañas volvemos a encontrarnos con Nguyễn Phan Quế Mai en una nueva historia que mira al pasado vietnamita para comprender su presente, con un inicio en la guerra, en la que vemos a las chicas de bar y a los hijos que los soldados dejaban atrás, y cómo, décadas después, algunos estadounidenses regresaban para intentar hacer frente a lo que les sucedió allí, igual que alguno de esos niños, ya crecidos, decidían buscar a sus padres. Historias humanas, de personas a las que la guerra les pasó por encima y para la que resulta complicado encontrar puntos comunes y demasiado fácil distanciarse por la etnia, generaciones, culturas o idioma.

Una noche de luna de Caradog Prichard, ed. Muñeca Infinita

Quizá la novelística galesa no sea muy conocida (aunque sí que lo sean Kingsley Amis o Roald Dahl) pero la historia que este novelista galés nos trae, sobre un pueblo minero con trabajo, hambre y religión, pero también con un grupo de niños que van a pasar a ser adultos y que aún en la magia, lírica y naturaleza. Una historia que mezcla luz y oscuridad para contar con una prosa propia y un particular sentido del humor algo que podría haber sido autobiográfico.

El familiar de Leigh Bardugo, ed. Hidra

Cuando uno (yo) escucha hablar de una novela de fantasía ambientada en el Siglo de Oro lo primero que hace no es pensar que vaya a haberlo escrito uno de los nombres importantes de la actualidad (lo primero es temerse lo peor), pero aquí estamos. Con Leigh Bardugo, autora de la bilogía de Seis de Cuervos entre otras (muchas) cosas, nos encontramos con la historia de una sirvienta que hace pequeños milagros, de su señora decidida a explotarlos, de Antonio Pérez que busca una ventaja para recuperar el favor del rey tras el desastre de la Armada Invencible, y de… la Inquisición. Porque la sirvienta tiene un secreto que guarda, entre videntes y charlatanes, y que es más peligroso que sus poderes. Su sangre judía. Sí, uno nunca sabe por dónde van a salir los giros, pero aquí estamos.

Enseñar comunidad. Una pedagogía de la esperanza de bell hooks, ed. Bellaterra

Siempre es bueno ver más libros de hooks publicarse. Y si se publican con la intención de animar a la esperanza, de hablar de la manera en la que se puede construir comunidad, aplicarla y ampliarla en la enseñanza y salirse de los sistemas tradicionales de desesperanza… pues supongo que mejor aún.

Cuchillo de Salman Rushdie, ed. Literatura Random House


El último intento de asesinato contra Salman Rushdie tuvo varios efectos, incluyendo el que escribiera un libro sobre este ataque desde un punto de vista reflexivo y ensayístico.

Nuevas crónicas de Gran Bretaña de Bill Bryson, ed. RBA
Casi una década más tarde llega a España The Road to Little Dribbling: More Notes from a Small Island, un libro en el que Bryson volvía a viajar por Reino Unido para ver cómo habían cambiado las cosas desde su anterior viaje -veinte años antes, es decir… hace unos 30 años- permitiéndole opinar sobre los cambios. Si tenemos en cuenta que sigue siendo un libro hecho pre-Brexit, pues os podéis imaginar la disonancia con la actualidad.

El manuscrito del asesinato de George Limnelius, ed. Espuela de Plata

Vuelve a publicar Espuela de Plata a George Limnelius, y tras El asesinato del fuerte Medbury lo hace ahora con El manuscrito del asesinato. Un autor de la Golden Age capaz de ofrecer un estilo distinto y un giro inesperado, con dos narraciones separadas que transcurren de forma paralela a la narración. Así, más allá de la vida militar británica y algún escenario discretamente pintoresco -una fábrica de conservas de carne en Uruguay-, aunque son los libros lo que están en el centro de estas tramas. Además de la duda de qué es la realidad, y cómo de creíble resulta.

Cultura de derechas de Furio Jesi, ed. Bellaterra

Lo más notable de este libro, que examina a qué podemos llamar Cultura de derechas y cómo se relaciona con el vacío de significado, bien por quitarlo de cosas que lo tenían, bien por pedir que se borre de cosas que la tienen, y en el que se habla también de la construcción de unas tradiciones inexistentes, de la reformulación de algunas de ellas para adaptarlas a sus gustos aunque sea podando ese significado primero, o directamente de crear nuevas que han estado ‘siempre’ para opacar a otras que siempre estuvieron pero no eran de su agrado. Lo notable de todo esto, digo, es que por actual que nos suene Furio Jesi falleció en 1980. No en vano esto es una recuperación desde aquella lejana edición de Muchnik Editores en 1989. Pero supongo que hay guerras -aunque sean de las llamadas ‘culturales’- que llevamos librando toda la vida.

El misterio de los misterios (La muerte y la vida de Edgar Allan Poe) de Mark Dawidziak, ed. Neo Person

Especialista en Twain, Dickens y el horror ‘clásicos’ -vampiros, pero no solo- Dawidziak es bien conocido, por sus ensayos sobre estos campos y por sus biografías. Así que parece normal que decidiera dedicar un libro a la muerte de Poe, y lo hiciera con una doble línea temporal. Por un lado, centrada en esos últimos días y en las distintas hipótesis que se han ido haciendo para justificar su fallecimiento con tan solo 40 años. Por otro, echando un vistazo a su breve pero muy atribulada vida. Además, claro, de proponer su propia teoría. Y lo hace en ese formato de ensayo que puede leerse como una novela.

For what is worth de Thomas Feulmer y Lisa Le Feuvre, ed. Monacelli

Una obra profusamente ilustrada que explica la evolución del arte conceptual a partir de los sesenta, y cómo sirve para comentar o cuestionar estructuras sociales, sistema de intercambio el mercantilismo, además del propio estado de Lo del Arte. Todo ello aprovechando, sobre todo, los fondo de la Colección Rachofsky. ¿Qué os puedo decir? No me lo he inventado y El arte es así.

Mister Morgen de Igor Hofbauer, ed. Desfiladero

No sé por qué pensaba yo que al croata Igor Hofbauer le habían publicado ya en España, sería alguna serigrafía porque no aparece -no veo- más registro de sus obras publicadas aquí. Así que bienvenida sea esta edición de Desfiladero de Mister Morgen, una obra oscura, con un estilo muy marcado y una paleta en negros, pero sobre todo grises y el contraste con los rojos, perfecto para la sangre y también cierta sensación de destrucción. Una obra que supongo que llevará a hablar del Black Hole de Burns como contextualización para el lector de aquí, pero que ciertamente sigue una de esas decisiones del underground de crear una obra impactante en su sencillez en tantos niveles como sea posible. Así que la publicación de esta antología de relatos, tantos años después de su edición original, merecerá por lo menos que le echemos un ojo.

Los países de Amir de Séverine Vidal y Adrián Huelva, ed. Nuevo Nueve

Amir es un refugiado, un inmigrante que ha tenido que huir de su país y que ha acabado en Francia. Tras su última desgracia ha tenido la suerte de que Solange le acoja con su marido e hijos. Marcel, el racista -entre otras cosas- padre de Solange no se lo va a poner fácil. Pero cuando el restaurante que regenta junto a Héléna, la hermana de Solange, se ve en necesidad Amir se ofrecerá a echar una mano en la cocina. Y, a partir de ahí, las situaciones se sucederán.

Nos leemos.


Una cosa os tengo que decir de Blue Ridge (USA). Existe un canal llamado Cowboy Way Channel. Así que The Cowboy Channel, el antiguo Family Net y antes aún National Christian Network, parece que tiene algún tipo de competidor. Claro que esta sale del grupo INSP o The Inspirational Network. Quiero decir. Pero bueno, que estos son un canal más centrado en westerns que 13 TV (eh, espera, quizá…) con todo tipo de series y películas. Así que parece que les han convencido de aprovechar para hacer la serie tras el ¿éxito? de la película en la que se basa. Y que si creéis que es una variación entre el misterio -un decir- y la acción -lo de antes- de Walker hecha por la agrupación del pueblo. Y si compararla con Walker y que salga perdiendo ya es malo imaginad si se me hubiera ocurrido hacerlo con, digamos, Justified. En fin, decisiones fueron tomadas y, mira, por lo menos estos le ponen ganas aunque no tengan de nada más.

No sé bien por qué Netflix se avergüenza de su novedad israelí Bros (O) (IS) hasta el punto de no ponerle ni trailer… pero estoy seguro de dos cosas: De que hay una historia detrás. Y de que es mejor que la serie. Porque la serie da exactamente lo que parece, dos señores de mediana edad señoreando. Hasta el punto de que incluye un partido de fútbol como parte del motor de la trama y de que sus aventuras prometen llevarles a lugares poco aconsejables. Lo único que les falta es tener que quedarse con un grupo de niños sin ser ellos nada de esos. Pero aquí han decidido eliminar a los niños, quizá por su idiosincrasia nacional. Total, que una serie que nadie parecía tener muchas ganas ni de hacer ni de emitir ni, desde luego, de promocionar. En fin, Netflix, lo entiendo pero lo comprendo.

El que tiene tablas no se ahoga. He dicho tantas veces esta frase que me parece mentira seguir usándola aún. Pero es que Dinner With the Parents (USA) parece la viva encarnación de la idea y el sentimiento. Porque esta adaptación de Friday Night Dinner -que ya requería de un gusto por cierto tipo de comedia especial- tensa aún más la cuerda con una americanización de los guiones que hace más mal que bien, convirtiendo a los personajes originales en más estúpidos, malévolos e insoportables de los que los originales eran. Que ya es difícil. Por suerte para la serie la persona que se encargó del casting logró a unos magníficos actores –Carol Kane está incomparable haciendo, básicamente, de Carol Kane– que tiran todo lo que pueden de la barca. La barca no tiene mucho hacia donde tirar, pero supongo que a alguien le interesará.

Es curioso cómo a veces uno se encuentra series que parecen hechas por imitación de lo que se hace en otra parte, por ejemplo esta Friends Like Her (NZ) que casi pensaría uno que es inglesa de no ser porque muy obviamente no lo es. Comenzando por el terremoto con el que abre y continuando por otros varios neozelandismos como el negocio de viajes en helicóptero de una de las familias protagonistas. Y, sin embargo, parece creada mirando de reojo… ¡incluso en lo del terremoto del principio! No porque empiece allí y vaya creciendo sino porque parece pensado para agarrar al espectador y justificar un cambio en una situación que no conocemos inicialmente pero que ya nos van contando: Dos amigas casadas con unos hermanos, una de ellas -ya madre- accede a ser ‘madre subrogada’ de la otra para que puedan tener hijos. Pero en el terremoto una ve su suerte hundirse mientras que la de la otra está en las nubes. Esto hace más no tanto por sacudir las cosas -que también- como para que ambas se den cuenta de cosas que parecían estar ahí pero habían decidido ignorar. Y es, por supuesto, con una sensación ominosa como se cuentan. Porque los cambios que vienen parecen tan centrados en este ahora como en todo lo que llevan juntas y, por supuesto, en algún tipo de suceso del pasado común. Y lo hacen, tanto en el guión como en la actuación, con más oficio que talento, sin destacar, pero permitiendo una historia de esas que puedes tener de fondo durante la tarde de un fin de semana.

Para ver el trailer hay que ir aquí que es una decisión, sin duda.
Supongo que lo más importante de Gurimu Kumikyoku (O) (JP), o グリム組曲 o Gurimu Kumikyoku o Las Variaciones Grimm o como hayan querido llamarlo, son lo que ha pasado fuera, lo que pasa dentro, y cómo interaccionan. Lo que ha pasado fuera es una especie de historia extraña: Wit Studios, o George Wada, juntaron a Netflix para emitir la serie, a Michiko Yokote para escribirla y a las CLAMP para diseñar los personajes, con la idea de coger los cuentos clásicos de los Grimm y darles un giro que, al menos en este primer capítulo, mueve hacia el thriller o el terror. ¿Qué os voy a contar? Lo de convertir cuentos clásicos en versiones terroríficas tiene ya toda una historia detrás. Y visto ya lo de fuera y las relaciones con los de dentro supongo que toca comentar la serie en si. Que no deja de ser -en su piloto- una bastante peculiar aunque mínimamente divertida versión de la Cenicienta en la que la forma de comportarse de la susodicha es realmente lo más peculiar, mientras que el resto de situaciones… bueno. Además de eso diremos que las CLAMP han hecho el diseño de personajes (de algunos personajes, sospecho) pero ya. La animación es… en el mejor de los casos rudimentaria. Los guiones están cogidos con pinzas. Todo lo cual me lleva a pensar que ha sido un golpe genial. Tienen un nombre bien conocido de reclamo para pillar a Netflix y tienen a Netflix para darle relevancia. Que la serie en sí sea una chorradita que podría haberse resuelto en un par de páginas por las propias CLAMP con bastante más talento solo demuestra que, a veces, lo importante para hacer negocios es querer hacerlos. Porque como serie esto no tiene mucho interés, pero como negocio… les ha quedado niquelado.

El otro día teníamos la magnífica Dinosaur, con un piloto de hace años que por fin se convertía en serie, esta semana tenemos Mammoth (UK). Que repite el juego de lo del piloto de hace años. Pero con menos… de todo. La decisión de sacar a un profesor congelado en los años setenta y revivido ahora y centrar el humor en esa diferencia entre lo que era ‘normal’ en 1979 y lo que pasa en 2024 es… bueno… siendo amables diremos que no tiene demasiado recorrido. Como, además, lo hemos visto mil veces y tampoco es que aquí parezcan tener nada mucho mejor que aportar… pues en fin. Supongo que las decisiones de la BBC funcionan también así.

Entiendo las ganas de hacer una serie como  La Partitura Secreta (O) (MX) para acabar haciendo exactamente la misma serie que uno podría esperar de Disney. Vale, el punto de partida es básicamente El Capitán Planeta pero sin ecologismo: Un grupo de chavales se encuentra con algo que les da poderes, cada uno distinto, cada uno con su marca. Todos ellos parecen tener un destino común o algo así. Además hay malos malosos -claro- que conspiran para hacerse con el poder. Como esto es Disney pasa dentro de una Academia de Música. Como es Disney, además, lo hacen con un estilo más cercano a una sitcom que a algo de acción, drama o aventura. Con momentos absolutamente bochornosos de personas poniendo los ojos bizcos y desmayándose. Es de esperar -yo espero- que esta especie de Super-Músicos de Bremen acaben teniendo que conjugar sus dos facetas mientras investigan el secreto detrás de estos poderes que, sin duda, estará oculto en la propia academia. Que aquí más que Dark es un tanto tontorrona. Pero bueno, imagino que algún público tendrá porque en Disney Channel probablemente lo hubiera tenido.

Es curiosa esta The Spiderwick Chronicles (USA). Está claro que alguien se ha leído los libros. Casi tanto como que ha decidido no hacerle mucho caso. Porque decidir pasar -al menos un mucho mayor peso- el protagonismo al villano -interpretado por Christian Slater, que supongo que es lo que hace que esto pase- y cambiar varias de las cosas de los protagonistas… bueno. Son decisiones. Que podrían tener un motivo razonable si se nos hiciera ver así, pero que frente al naturalismo con el que se nos muestran otros asuntos casi parece una decisión bien porque la idea original se acercara y alguien decidiera evitarse problemas, bien porque alguien pensara que una serie de libros de la primera mitad de los dosmiles que tuvieron una suerte de metacontinuación y una película adaptándola de alguna manera también ya para finales de esa década, podría tener algún tipo de efecto llamada. Lo cierto es que es difícil saber por qué Disney renunció a seguir con la producción -está lejos de ser peor o mejor que otras cosas, como su Percy Jackson, por ejemplo-  o cómo acabó en Roku -aunque es cierto que Roku se está convirtiendo estos últimos años en campeón mundial de los fichajes por rebote- pero aquí estamos. Podría ser peor… Podría ser mejor.. Es.

Empezaré diciendo que The Sympathizer (USA) me parece un gran libro, y no esperaba yo mucho de su adaptación. Estaba equivocado, claramente. No solo me parece que hace un trabajo impresionante como adaptación, también para transmitir esa forma de contar una historia y de gestionar tanto los ‘cómos’ como los ‘porqués’. Lo hace de una manera tan brillante que los dos peros que le puedo poner no solo son menores, además el primero -esa sensación de cuando en cuando de estar regodeándose en ser ‘televisión de culto’, ‘televisión elevada’, ‘televisión para ganar premios’- es casi inevitable y el segundo -un Robert Downey Jr. tan a tope con su trabajo que casi parece la parodia que interpretaba en Tropic Thunder y que demasiadas veces distrae del resto- supongo que es testigo de cómo ha decidido implicarse y tirar de una obra, supongo -de nuevo- que pensando que sin un ‘gran nombre’ iba a pasar desaparecida. Y sería una pena, porque no estoy muy seguro de que vaya a gustar a todo el mundo, pero sí que creo que es un hallazgo que puede servir para demostrar mucho de lo que puede hacerse en televisión.

Este paso del auge del True Crime al auge de las adaptaciones más o menos afortunadas/ cercanas/ fiables del True Crime está tan cerca de dar la vuelta y regresar a las miniseries Basadas en Hecho Reales que cualquier día nos encontramos allí de nuevo. De momento este Under the Bridge (USA) es un paso decidido en esa dirección, porque ni lo que cuenta tiene mucho interés, ni el suceso es realmente notable, ni los actores hacen más allá de lo correcto por mucho ‘pensábamos que se iba a llevar el ÓscarTM pero no’ que tengan entre sus filas. Hablaba antes de que la serie neozelandesa se había fijado muy claramente en las inglesas para lo que estaban haciendo, en este caso está claro que saben lo que son pero no se preocupan en imitarlas. Todo lo que recuerda a ellas parece más propio de algún producto lateral que a algo propio. Incluyendo el punto de partida sobre algo así como unos chavales influidos por el ‘gangsta’ y decididos a ejercer su posición teórica o yo qué sé sobre una compañera que está en una situación peor que la de ellos, como si esos ‘malvados jóvenes con su peligrosa música’ fueran algún tipo de salvajes dentro de la sociedad. En fin, un desastre.


¡Libros que Salen! Morales, «Si este no es mi hogar, no tengo un hogar», Hoshi y más

¡Que entre la pila!

Ya casi no me acuerdo de Clara Morales, ed. Tránsito


Trece relatos variados, en los que la memoria no es la propia sino el recuerdo de varias personas entre lo privado, lo personal e incluso lo político. Porque a veces los recuerdos -de amor, de supervivencia, de familia, de reivindicación- son partes de algo que pueden traer orgullo o vergüenza, y también ese tormento fantasmal que vuelve por las noches.

El robot caprichoso de Shin’ichi Hoshi, ed. Satori


Shin’ichi Hoshi fue conocido por sus novelas de ciencia ficción, aunque no fue lo único que hizo -claro-, y eso es precisamente lo que nos llega ahora. Más conocidas aún son sus historias cortas, pero cortas, de 3 a 5 páginas, en las que trata de temas de la ciencia ficción con una cierta ligereza y humor, pero sin dejar de introducir reflexiones en ellas. Una buena manera de entrar en contacto con él, aunque sea para leer a rachas.

Si este no es mi hogar, no tengo un hogar de Lorrie Moore, ed. Seix Barral

Un hombre y su exnovia muerta viajan juntos por carretera para visitar al moribundo hermano del primero. Ese es el punto de partida de la más reciente novela de la gran Lorrie Moore, una que es casi más una unión de planos etéreos, no tanto de momentos como de recuerdos, en los que los segmentos resisten la tentación de articularse, mucho más de mostrar una trama. No como si hubiera decidido poner una de sus célebres y celebradas colecciones de cuento en movimiento, sino como el contemplar una nube. A veces parece una cosa, luego otra, y si intentas cogerlo con las manos probablemente se escapen.

Mister Magic de Kiersten White, ed. Umbriel

Siguiendo ideas propias del creepypasta pero también de los misterios más tradicionales, nos encontramos con un grupo de niños que participó en un programa infantil hace años que se preparan para una reunión. El único problema es que aunque la gente asegure que lo vio no hay ninguna prueba grabada del programa ni, por supuesto, de su misterioso presentador. Así que quizá esa magia de la infancia que intentar recuperar acabe siendo pura hechicería.

Aprender a Hablar de Hilary Mantel, ed. Destino

Una colección de historias cortas, de un corte autoficcional, escritas hace veinte años y en la que la gran autora saca temas de su juventud, con historias que nos muestran su vida, y la perspectiva, pero también como forma de explicar, y explicarse, a partir de una primera creación histórica: La de su propio pasado.

Qué clase de Madre de Clay McLeod Chapman, ed Alianza

Una mujer con una hija adolescente, un regreso al hogar, un trabajo de lectura de manos y el pequeño inconveniente de descubrir que realmente tiene un don, y que eso le obliga a ayudarle a encontrar a su hijo perdido. Los temas de relaciones entre progenitores e hijos, de familia, entreverando un gótico folk que podría partir de los viejos cuentos infantiles.

La era del futuro degradado y otros relatos de horror y pesadilla de Mark Samuels, ed. Valdemar

Bueno, parece que Valdemar se ha animado a seguir publicando libros y lo hace con este libro de relatos. Supongo que tengo que compartirlo aquí, aunque tampoco tenga mucho más qué decir.

De la independencia editorial de Julien Lefort-Favreay, ed. Trama

Una reflexión sobre lo que significa dentro del mundo del libro, especialmente entre editoriales y librerías, ser ‘independiente’. Y si hay algo más de significado, aunque sea en disputa, que otra de esas ‘etiquetas’ usadas para anunciarse como modelo de marketing. Porque en un mundo en el que todo parece reclamar su uso y el lector no tiene tiempo de pararse a ver qué tiene detrás a una multinacional extranjera, un conglomerado mediático o un cartel gremial entre actores asentados, de ahí que el significado y la utilización de ese ‘independiente’ de para un libro. Y para más, pero, de momento, para un libro.

Nada es eterno salvo La Carrá de Pedro Ángel Sánchez, ed. Dos Bigotes

Una biografía sobre Raffaella Carrà, sobre su vida pero especialmente sobre su carrera. Escrito por un periodista musical y fan de la artista, a la que entrevistó a finales de 2020, que se ha acercado, además, a varias de las personas que estuvieron junto a ella en su etapa española. Porque, por supuesto, la especial relación de la italiana con España es uno de los temas del libro.

Recuerdos del viejo Shanghái de Isabel Sun Chao y Claire Chao, ed. Quaterni

Hay veces que un libro necesita un cierto contexto. Por ejemplo aquí tenemos a Isabel Sun Chao, una nonagenaria que en los cincuenta se fue a Hong Kong, y ha trabajado durante décadas para Estados Unidos dentro de su Consulado General. Sería su hija, Claire, que se licenció en Princeton, ha sido directiva de Tiffany & Co, Harry Winston o Hill & Knowlton, apareció en el Tatler de Hong Kong y vive ahora en Honolulu, la que pondría en marcha tanto la recolección de esas memorias de su madre del Viejo Shanghái como de imágenes y documentos que ayuden a reforzarlos tanto como explicarlo. ¿Y el contexto? Bueno, creo que la biografía de ambas autoras deja claro cuál es el punto de vista desde el que se nos va a hablar como… Nostálgicos.

Una, grande y rara en edición de Servando Rocha, ed. La Felguera

Supongo que la historia de la editorial hacía inevitable que acabaran intentando su propio Celtiberia show, en esa versión subterránea y brutalista o weird y bizarra, según. Lo que, irónicamente, sirve para tener una idea muy clara y completamente difusa de lo que nos podremos encontrar dentro.

El eco del destino (Timekeeper) de Iria G. Parente y Selene M. Pascual, ed. Molino

Nueva serie de las dos autoras, en la que esta vez el protagonista tiene un amuleto del tiempo. Uno que ha prometido no usar por el sufrimiento que acarrea usarlo. Algo que ha sido capaz de mantener pese a todo lo que le ha pasado, pero que ahora es puesta a prueba de nuevo. Porque el amor puede pesar más que el estado, los amigos o la familia.

Spider-Man ¡Aventura Cuántica! de Mike Maihack, ed. Panini

Siguen llegando los cómics que Scholastic está sacando gracias a su acuerdo con Marvel, en este caso una mezcla de Spider-Man con Los Cuatro Fantásticos llamado ¡Aventura Cuántica! en la que Mike Maihack (a quien quizá recordéis de la serie juvenil Cleopatra en el espacio) manda a los cinco héroes a vivir divertidas aventuras -como corresponde- al diminuto mundo.

El superdetective Blomkvist de Astrid Lindgren, ed. Kókinos

Todo un clásico de la literatura infantil de detectives, con un chaval (sueco, por supuesto) muy metido en su papel y decidido a resolver todos los casos que ocurran en su pequeña ciudad. El personaje central se convertiría en otro de los conocidos por la autora -aunque no al nivel de Pippi Calzaslargas, claro- que tras su éxito aquí con un robo volvería a aparecer en otros dos libros y en tres obras de teatro. E incluso hoy es recordado. Al menos en Suecia.

Doña Problemas, salvadora del colegio de El Hematocrítico con ilustraciones de Paco Roca, ed. Anaya


Vuelve Doña Problemas, el personaje de El Hematocrítico con dibujos de Paco Roca, y lo hace en una historia en la que se habla de las redes sociales y los influencers… pero a través de una nueva profesora que es una Influencer Educativa Guay. Con los problemas que eso puede suponer para un colegio. Menos mal que está Doña Problemas para encargarse de ello.

Nos leemos.


Curiosa esta decisión de Anthracite (O) (FR), que parece -al menos en su piloto- un policíaco francés… pero no tiene muy claro cuál. Hay una historia con un cadáver en el pasado, una serie de sucesos en el presente, al menos tres personajes dando sus… vamos a llamarlo puntos de vista, hay también cambios de tono de lo cómico a lo dramático, momentos en los que parece tirar por uno u otro estilo… Y no es que esté mal, es simplemente que parece no tener muy claro qué es lo que va o quiere, y lo llena de tantas cosas que no todas funcionan igual. Pero bueno, cosas peores hemos visto y, precisamente, lo que no funciona por un lado tira por el otro. Así que la posibilidad de que haya una trama de secta y también unos ‘web sleuth‘ es menos… menos. En fin.

Estoy seguro de que hay una persona -o dos, si contamos al creador- que encontrará este Baby Reindeer (UK) fascinante. La decisión de hacer una especie de auto-basado-en-hechos-reales intentando pintar el patetismo tanto del acosador como del acosado, con la revelación sobre la evolución de eso, de un cómico cuya carrera no parece funcionar, una mujer que parece estar allí todo el rato, y un vínculo que parece ir más allá de lo razonable. Con ambas partes como falibles. Todo en ella es deliberadamente extraño, no exactamente desagradable pero claramente pensado para incomodar. Algo que requiere de un cierto estado anímico, una paciencia, un tipo de… No sabía bien ni cómo decirlo, la verdad. Entiendo -creo que entiendo- lo que quieren hacer, no me convence lo que veo. Pero supongo que ahí fuera habrá alguien que lo aprecie.

Parece que todas las semanas tenemos una versión en serie de una película de Lifetime para después de comer. La de esta es The Cuckoo (UK), sobre una familia que ¿acoge? ¿alquila? ¿acepta? a una extraña dentro de su familia y os sorprenderá lo que pasa a continuación. ¿Quién iba a pensar que la extraña quería destruir a la familia desde dentro? En lugar de convertirse en una agradable parte de ella como si fuera… Andy Samberg o Taylor Lautner o algo así. Así que tenemos lo habitual, incluyendo casi cualquier cliché que se os pase por la cabeza además, de, claro, la música. Supongo que si hay mucho que planchar servirá de algo.

Es posible que de todas las series para las que no soy el público objetivo Fallout (USA) haya logrado en el menor tiempo posible demostrármelo. No ya por el insistir en la parte apocalíptica/post-apocalíptica del juego comenzando por mostrarnos el cómo se llegó hasta ahí -más o menos- para seguir luego con una serie de segmentos en las que se insiste de nuevo. Personalmente creo que en un apocalipsis lo mejor es morirse, y que el post-apocalipsis es la cosa más aburrida posible. Al menos hasta que vi esta serie, que hizo que pasara a ser lo segundo más aburrido. En teoría todo este eterno infodump del primer capítulo, todo este ‘actores conocidos para cinco minutos, actores desconocidos para el resto’, toda esta decisión de que el ‘worldbuilding‘ es más importante que la historia en sí -como si no pudiéramos ponernos a ello y ya en algún momento que nos contextualicen, pero sin aburrirnos-, me dice el tipo de obra que quieren hacer pero, sobre todo, me dicen que no soy yo la persona que quiere verlo. Puede ser un éxito -cosas más raras se han visto y esto sólo tiene más ganas de que la gente crea que es revolucionario que de ser popular, como si estuviéramos otra vez con Westworld– pero lo será sin mí.

Esta semana también tenemos algo así como una obra que pretende ser histórica, pretende ser seria y tiene a un actor más o menos conocido, es decir, Franklin (USA). Con un Michael Douglas que no se parece en nada a Benjamin Franklin, pero sí a Douglas. Incluso aunque tengan un claro problema con ofrecer una iluminación que permita ver las cosas. La historia en sí es una chorradilla, probablemente el tipo de libro de ensayo que debería de haber sido un artículo pero ha acabado como serie. Y todo lo demás… pues bueno. Hay historias que supongo que sirven para esto. Quizá al menos no es un ‘grandes relatos’.

Como todo puede acabar teniendo un lado bueno, el que Norman Lear ya no esté con nosotros significa que se ha librado de ver este Good Times (USA), no solo la peor serie de la semana, también la conjunción de varios problemas. Un espanto de animación marca de la casa de Netflix -en ambos sentidos, la serie animada es un espanto y la animación de la serie es un espanto-, desnortada, anticuada -hasta el punto de reciclar la idea de Stewie de Padre de Familia, y si te comparan desfavorablemente con la ‘segunda vida’ de Padre de Familia es que tienes problemas- y obviando tanto la importancia como los estilos y los temas de la Good Times original, como si hubiera salido de alguna mutación en la que, digamos, The Boondocks nunca existieron como serie de televisión. Es curioso como prácticamente todo, y mucho más, lo hace mejor Diarra from Detroit, sin necesidad ni de cargarse una serie clásica ni de una espantosa animación.

Mucho más insufrible es Midtsommernatt (O) (NO), que es más del rollo Hallmark. Bueno, no, pobres, que Hallmark no me ha hecho nada. Pero si os imagináis una de esas historias de Rosamunde Pilcher con familias que se reúnen, que tienen problemas, que todo son secretos ocultos, y gente que quiere que blablalbla, pero claro. Más largo, más lánguido y lo único que puede uno esperar es que se acabe el drama y comiencen los asesinatos.

Resulta curioso como este Secuestro del Vuelo 601 (O) (CO) logra superar ese formato obvio de Grandes Relatos en el que se nos cuenta un secuestro real de un avión. Lo hace con la tradicional mezcla de telenovela y suspense, historias de secundarios, historias de principales, y un desastre en ciernes. Que por una vez no es la serie. Porque logra ir bastante más allá, llevar la telenovela tanto al drama como al humor, o quizá al revés, acercar el humor y el drama de las telenovela y explotarlo magnificándolo. Y lo hacen con gracia y empatía, además de la estridencia. Nada tiene mucho sentido , especialmente como adaptación, y a ratos casi parece que estamos viendo precisamente una parodia de esos grandes relatos. Pero, a la vez, tenemos un artefacto que se hace… quizá no querer, pero sin duda apreciar.

Seguimos  con series de comunidades religiosas, se ve que es toda una tendencia, y esta vez le toca a un clásico, la megaiglesia, el joven pastor que trata de separarse de sus padres y… en fin, sus cosas. Así que este Testify (NZ) ofrece casi lo mismo -pero con menos presupuesto- y da casi lo mismo -o menos- que el resto de esta tendencia. En fin.

 

 

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Lo cierto es que aún partiendo de un punto tan habitual como es el de White Fever (AU) -que se supone que es el de una mujer decidiendo cambiar tanto por su propia manera de ser como por el contexto que la anima a ello- logra ofrecer la suficiente mezcla de humor surrealista y de capacidad para intentar ofrecer algo… menos distinto de lo que le gustaría pero lo suficiente como para que sea apreciable. La protagonista es una joven adoptada, que no está cercar de sus raíces coreanas y prefiere a hombres blancos y peludos como pareja. Al ser confrontada -un decir- con este hecho decide intentar acercarse a hombres coreanos, y -de paso- a esas raíces que parece haber querido desterrar. Así que es el racismos, especialmente el interiorizado, el que sirve de fondo al romance, que va envuelto en el humor extraño, que… Bueno, os hacéis a la idea. No siempre funciona, pero al menos lo intentan. Supongo.