Seguimos con la marcha de la serie hasta justo antes de este último episodio que se emitirá esta noche. Si todo va bien (risas) ya subiré mañana un post-capítulo final. Y quizá alguna nota sobre las otras series. Pero de momento vamos a hablar de los últimos capítulos emitidos de este tercer acto. Aunque como estará lleno de destripes diré antes… ¡Al tajo!
Por supuesto lo importante esta semana, casi lo único, es la puesta a disposición por parte de Netflix de The Get Down (USA), la nueva invención de Baz Luhrmann (Y Stephen Adly Guirgis, que parece que ganar el Pulitzer a obra teatral no significa que te vayan a recordar) que entra casi por méritos propios en el campo de la paradoja: Luhrmann es australiano de Sydney e hijo de australianos, los de Guirgis son un egipcio y una irlandés-americana que dieron nacimiento a este neoyorquino. Y, con eso y todo, cuentan la historia de la comunidad negra e hispana del sur de Bronx y su implicación en la creación y desarrollo de una industria musical a la vez popular (La música Disco, como se nos va recordando) y alternativa (Las del rap, hip-hop, etc…) con toda una serie de vasos comunicantes entre ella y la cultura popular setentera (artes marciales y blaxpoitation) así como la típica trastienda (drogas, corruptelas, violencia…) de estas historias. De modo que lo que se gana en la parte creativa (tanto en la estética y recreación como en el apartado musical) se lastra por una historia que suena tan poco creíble como mil veces escuchada en una suerte de Glee con ínfulas sociales que termina de ser rematada por las prolepsis (quizá lo más flojo de todo) en las que vemos a Daveed Diggs pero oímos a otra persona (por lo visto: Nas). No es una mala obra de por sí, solo tremendamente convencional, con un ritmo a ratos exasperante por su manía de reincidir en temas e historias que ya hemos visto, con unos personajes muchas veces menos interesantes de los que ellos se creen (y una historia de amor central que es como para darse cabezazos contra la pared) y el habitual problema con el desarrollo de personajes femeninos también en las producciones de Netflix. Una vez dicho eso y teniendo en cuenta que del episodio pilotos a los otros cinco capítulos hay una historia completamente distinta, como si Luhrmann hubiera decidido que su capítulo era un telefilme para ver si se da paso a la serie sin recordar que eso ya no es lo habitual y que además está en Netflix, el resumen viene a ser que si te gustan las series musicales (compararla con Vynil es lanzarle un golpe bajo a la HBO, casi mejor Nashville) o la recreación de esa época o ver a Jimmy Smits pasándoselo en grande -si no el mejor, en un reparto con actores como Giancarlo Esposito con el que parece haberse intercambiado el papel, es sin duda el que más parece estar disfrutando- entonces puedes ponértela aunque sea de fondo. Y, mira, lo mismo se te pega alguna de las canciones. Dudoso pero no imposible.
En agosto las semanas son tranquilas. Espero. Pero de momento seguimos teniendo novedades. Como este Borderline (UK) que es una comedia de Channel 5 que parece tirar mucho de improvisación para hacer humor sobre los trabajadores de las aduanas de un aeropuerto, desde las fuerzas de seguridad a la sección burocrática pasando por los que trabajan con las maletas. El resultado no es gran cosa pero supongo que al menos lo han intentado.
¡Libros que Llegan! Verhoeven, «Finnegans Wake», Manchette y más
No nos habíamos despedido adecuadamente. Llevo todo el mes de julio esperando que saliera alguna obra más, algún libro que permitiera dar cerrojazo definitivo. Pero entre que los plazos de entrega se han ido volviendo perezosos y que las distribuidoras… bueno… sus cosas. Parecía que había aún libros sobrevolando. De hecho, que hoy haya decidido sacar este pequeño repaso es más porque se acaba julio y había que dar un cierto final más que por la manera en la que pudiera continuar arrastrándose. Así que, por última vez hasta el mes de septiembre…
¡Que entre la pila!
– Finnegans Wake de James Joyce, ed. Cuenco de Plata
Famoso sobre todo por ser la primera traducción completa al español, autoría de Marcelo Zabaloy, que ha servido para que la gente se entretenga discutiendo lo que es o no traducible y la calidad de la misma y todas esas cosas… Pero lo importante es… Bueno. Algo lo será.
– Jesús de Nazaret de Paul Verhoeven, ed. Edhasa

En serio. Y no es lo que uno podría esperarse en un primer momento. Se nota que Verhoeven -sí, el director- estuvo realmente interesado y se tomó el tiempo necesario en su investigación. Porque, al menos para mí, ha sido una sorpresa.
– Fatídica de J. P. Manchete, ed. Navona

Obra criminal de Manchette, en esta ocasión con asesina a sueldo de por medio y reflexión sobre el poder oligárquico. Breve pero no por ello menos logrado.
– Los restos del naufragio de VV.AA., ed. Salto de Página

Selección por partes de relatos en los que ilustres exiliados van hablando de la Guerra, el Exilio y Lo que allí encontraron. Un amplio abanico de obras y autores que permite hacerse al menos una pequeña idea de lo que aquello fue.
– La dueña del Hotel Poe de Bárbara Jacobs, ed. Navona

Juego de textos encadenados y paratextos definitorios, esta obra de Bárbara Jacobs sirve no solo para darle vueltas al concepto de narraciones picantes, también para ir desarrollándose entre géneros y posibilidades desarrollándose como una planta en crecimiento.
– Recetas para amar y matar de Sally Andrew, ed. Grijalbo
Asesinatos y trama amorosa leve y mucha cocina o amor por la misma. El tipo de libro que parece diseñados para sacar en este momento del año y leerlo cuando mejor te parezca que esto no son verduras de temporada.
– El café celestial de Stuart Murdoch, ed. Expediciones Polares
Otro clásico, la edición de los diarios de un músico -esta vez toca de Belle and Sebastian– contando su vida, las intimidades de la cosa musical, sus pensamientos y eso. Sólo faltan fotos de su instagram.
– Corazones de piedra de Simon Scarrow, ed. Edhasa

Lo que nos lleva a la Segunda Guerra Mundial. Eso pasa a veces. Historias de espías y militares con parte alemana y parte francesa y un intento de explicar las igualdades y diferencias entre ambos con la guerra como eso que les impide ser amigo y enfrentan y todas esas cosas. Además, tiene Nazis.
¡Hasta aquí! Dejamos -más colgada aún- la cosa hasta septiembre, a la espera de Potter, y su famosa Reentré. ¡Pasadlo bien -lo mejor posible- mientras tanto! Y ya sabéis… ¡Nos leemos!
Voy a empezar reparando un error. Estaba absolutamente convencido de haber hablado ya de Barracuda (AU), la nueva adaptación australiana de una novela de Christos Tsiolkas. Resulta que no. Y tampoco me extraña mucho. Si ya en La bofetada había poco que defender, y no voy a entrar en la versión americana, en esta como mucho la puedo recomendar a los que quieran ver nadadores. Porque todo el rollo de la competición, el esfuerzo, las relaciones de familia y las amorosas -que claro- suenan a más de lo mismo. La parte buena es que si queréis objetivizar hombres no creo que esta temporada vayan a salir con menos ropa en ningún lado. Juegos Olímpicos incluidos. Yo me quedo con la versión de Heart.
Como con estas cosas uno nunca sabe acabo de encontrarme esta semana con Escape the Night (USA), una de esas producciones solo para YouTube Red que podríamos resumir en Murder Mystery con más Murder que Mystery, de hecho es casi un ‘juegos de mesa y sociedad’, a dos pasos de ser como La noche de los castillos y solo un poco más allá de El secreto del talismán, pero vaya. Como los participantes/concursantes son YouTubers americanos su supervivencia nos interesa casi tanto como la de los jovenzuelos de un slasher, y por lo menos la historia está algo mejor pensada que la de Whodunnit – Iba a decir que no era difícil pero llevamos un año en la que Harper’s Island está brillando por contraste así que mejor no abrir mucho la boca- así que, bueno… no todo van a ser concursos de cocina. Desde luego no seré yo el que se queje si se ponen de moda los concursos de asesinatos.
A veces los del Smithsonian tienen ideas peculiares. Como esta Hell Bellow (USA) que es una serie de programas recreando diferentes momentos de la 2ª Guerra Mundial centrándose en las batallas navales de submarinos. Recreaciones, no documentales propiamente dichos. De modo que aunque el resultado es más bien curioso conviene ser consciente de lo que uno se va a encontrar. Ahora, los fanes de esto no creo que puedan estar más contentos. (Bueno, quizá si la producción tuviera más dinero, que eso siempre)
