Esta semana la serie de Netflix de Organización Criminal sale tempranera. Aunque quizá sea mucho llamar, porque este Crooks (O) (AU) se centra sobre todo en dos personajes y en una monera. Vale, también vemos un golpe, una organización criminal una de cuyas cabezas está en el final de su vida y todas esas cosas típicas de la vida de malhechores más o menos de tebeo -fiestas, violencia, iluminación deficiente- así que supongo que van a apostar por la pareja protagonista y su química tanto como por el teórico humor que tienen. Lamentablemente no es suficiente como para encontrarlo algo original. Pero supongo que dependerá del ánimo -y lo que busca- el espectador.

¿Cómo ha acabado Dinosaur (UK) -una serie británica que debería haber salido en BBC Three después de probar con el piloto en 2021- estrenándose primero en la estadounidense HULU? Misterios de las telecomunicaciones. La serie en es, eso sí, bastante recomendable. Una historia de dos hermanas, una de ellas dentro del espectro autista -que lo es en la vida real Ashley Storriel, también la co-creadora de la serie, co-guionista y etc- y que llevan unidas toda la vida. Al menos hasta que la otra hermana le anuncia que va a casarse. A partir de ahí la sorpresa por lo repentino y otra serie de asuntos alrededor la llevan a entender que el cambio es inevitable. Y supongo que al final abrazará que no siempre es malo. Tanto en su vida privada -está bastante claro que le van a poner algo así como un interés romántico- como en su vida profesional – paleontóloga, más o menos pero ese es el resumen, por si pensabais que el título no tenía más que un giro-. Y de esta manera Storriel, junto con la otra co-creadora, Matilda Curtis, montan una serie delicada, más graciosa de lo que podría parecer al principio, y también menos pesada de lo que uno podría haber llegado a pensar con ese inicio. Supongo que ayuda que las dos hayan crecido dentro de esto –Curtis es hija de la actriz Elizabeth McGovern, Storriel de la cómica Janey Godley– porque lo cierto es que para ser su primera serie parecen tener ya unas tablas notables. Pero quizá es cosa de los cómicos de UK -incluso de Australia- porque hay cosas aquí que pueden llevar a acordarse de dos obras tan distintas como Juice o Please Like Me. Y si eso no os parece una recomendación ya no sé, la verdad, qué deciros.

No sé a cuenta de qué viene el piloto de Fabricantes de OVNIs (O) (MX). Es decir, es bastante obvio por dónde van a ir los tiros, pero no te los presenta en el piloto, solo se dedica a demostrarte el tipo de persona que es el protagonista -espantosa, una especie de pícaro que se engaña a él más de lo que engaña a los demás- y sus alrededores. Además de presentarnos a los personajes cercanos y una idea: Unos parientes, unos OVNIs y un grupo de millonarios -o algo- que están dentro de una especie de secta pro-alienígena. Así que le llega la noticia de una herencia en su pueblo, en el que hay una historia con un OVNI y blablalbal. Así que ya sabemos que lo siguiente que toca es que llegue al pueblo, se encuentre con que la herencia es un desastre, decida fingir que hay avistamientos OVNIs para sacarle el dinero a esos millonarios, probablemente se pelee con el jefe de la secta que muy claramente está timando también a los millonarios, y por el camino se reencontrará a si mismo, aceptará que no es lo que finge ser, y se acercará a su familia. Probablemente incluso encuentre una novia. Pero una cosa es que lo veamos ver desde lejos y otra distinta que en este primer capítulo solo se nos muestre lo de los OVNIs al principio. Y, desde luego, no como parte de ningún tipo de ‘timo’. En fin. Podría haber sido peor. Podría haber sido una película de Santiago Segura, Florentino Fernández y Leo Harlem.

Pues aquí estamos otra vez, con otra versión del mismo de partida pero una nueva historia. Esta vez en Gisaengsu: deo geure-i (O) (CS) o  기생수: 더 그레이 o Parasyte: The Grey o como sea que lo llaman. En el cambio realizado, comenzando por el personaje protagonista, esta vez parece que han apostado más por el horror corporal y la nueva carne, frente a la apuesta más por el humor de versiones anteriores. El problema es que cuando usas unos efectos digitales guarrindongos como de película de The Asylum da igual las vueltas que le den a esto, o lo que intentes para evitar las partes de grotesco humorístico, que la cosa no compensa. Supongo que si no conoces ninguna de las versiones anteriores (el manga, el anime, las películas japonesas, de esta historia de parásitos extraterrestres llegando a la tierra para blablabla lo mismo puedes encontrarle algo de gracia por las diferencias. Si no… Pues bueno.

Me temía más historias del conejo en 3D aquel, pero resulta que Hop (USA) es una encantadora serie animada para peques en la que se habla de un grupo de jovencitos y sus particulares diferencias que les hacen más fuerte como grupo. Una serie tierna y realmente notable porque los personajes tienen limitaciones o diferencias notables -comenzando por el personaje central, una ranita con una pata más corta que la otra- pero en la que tanto las habituales aventuras infantiles como esas mismas maneras de superarlo convierten la serie en algo especial. Incluso aunque el estilo de dibujo y animación nos pueda parecer un tanto anticuado. Pero supongo que si pagas al creador de Arthur es para que la gente se acuerde de dónde viene esta serie.

Bueno, pues aquí estamos de nuevo con los francófonos canadienses, esta vez en Crave. Lo cierto es que In Memoriam (CA) recuerda un bastante a una temporada de Slasher… excepto por la falta de… asesinatos. Supongo que podría haber sido un drama si hubiera decidido jugar más por el lado empático en lugar de por lo que sea que es esto. Pero la parte melodramática está lo suficientemente desbocada y la premisa lo suficientemente ridícula como para considerar que la ‘etiqueta’ que mejor le ajusta es la de Psicodrama. La premisa es que un millonario va a dejarle su herencia a sus hijos si… Ah, ya, sí, efectivamente, está claro. El asunto es que el tipo era lo peor y decide hacer que compitan entre ellos. No, no, él ya está muerto -o eso se supone, a saber- pero les deja una serie de tareas que tienen que realizar para conseguir su parte de la misma. Una serie de tareas espantosas, degradantes y blablabla. Lo que de verdad me sorprende más es este no decidirse por uno u otro tomo. Pero bueno, ellos sabrán.

Decir que Parish (USA) es una serie a mayor gloria de Giancarlo Esposito es quedarse corto. Hay momentos en los que parece que es algún tipo de fetichismo sobre él que tiene que estar presente y llenando cada plano hasta niveles que pueden llegar a bordear lo ridículo. Es menos una serie que una cinta de audición para lograr que a Esposito le den alguna cosa. Quizá con un guión detrás podríamos saber exactamente para qué papel se está postulando, mientras tanto esto es solo para los mucho más que fans del actor.

Es una pena que Da Ponte Pra Lá (O) (BR) parezca una mezcla de tantas cosas, porque el entorno y algunas decisiones -el poner a un personaje trans masculino en el centro, lástima que sea para matarlo y mantenerlo solo en el pasado- daban para más juego. Pero rápidamente pasamos a ese momento en el que lo centran en un instituto de élite y en el que las relaciones sexuales dentro del mismo parecen ir acaparando cosas anteriores que tenían mejor pinta, no digamos ya el misterio central en sí. Hasta el punto de que los hallazgos, como esos toques de dibujo dentro de lo que es generalmente realista -o, al menos, una construcción que pretende que creamos que es realidad- resultan mucho más de agradecer que la iluminación Euphoria. En fin, quizá la próxima.

Ya era hora de que alguien se animara a adaptar el ciclo de novelas de Ripley (USA), total hasta ahora qué habíamos tenido, ¿dos películas, una con Alain Delon y otra con Matt Damon? Por supuesto: Hacerlo en blanco y negro. Mi sorpresa es que no sea una parodia del SNL o algo así. Noel’s lament pero con otro tipo de fijación. Esa sensación de tomarse muy en serio a si mismo, pero no ser capaz de crear algo que parezca real sino una suerte de parodia, como si fuera un proyecto de audiovisuales de instituto, y el desarrollo de este piloto no cambia mucho. Es a mayor gloria de Andrew Scott -que tiene a su favor que este papel lo pudo hacer Matt Damon, y en contra que también lo hizo Alain Delon– pero no le hace muchos favores, no vemos a su presa hasta pasados los 35 minutos de los 45 que dura el piloto (los otros 5 son de títulos de crédito), y ahí vemos que la interacción no es muy larga -desde de ser lo único en esta serie que no se hace largo- pero la química no está. Igual que no hay especial magnetimos o interés en el personaje, que parece llevar perpétua cara de disgusto antes… todo. Si me dijeran que Scott ha perdido una apuesta y le han obligado a protagonizar esta serie me lo creería. En fin.

Estoy seguro de que hay una serie interesante dentro de Sugar (USA), lo creo más allá de sus propias acciones. Con esa pretenciosidad de comenzar en blanco y negro -debe de ser parte de la semana- y la clara necesidad de Colin Farrell de demostrar que es más interesante de lo que parece creer que es su carrera. (Aunque precisamente su carrera se ha centrado en demostrarlo desde poco menos que se hizo un nombre interpretando a personajes fuera de sus casillas, como en busca de un reconocimiento actoral que no es tan fácil que logre porque no puede limitarse a usar un prostético, salir desnudo, aumentar de peso o hacer une película de guerra. Cosas todas que ya ha intentado, por otra parte.) Y así acabamos con un neo-noir como si estuviéramos al final de los noventa o principios de los dosmiles y el éxito (de reputación más que de taquilla) de Crepúsculo -la otra, la de Paul Newman-, o Brick o Kiss Kiss Bang Bang les hubiera llevado a intentar un subproducto con más pretensiones que fondo. Así que da un poco igual los trucos que utilicen (todos los que pueden. En serio. Incluso lo de ‘sacar a un personaje hablando filmando su reflejo en un espejo’) o el reparto del que tiren (de nuevo, calidad superior) porque el asunto está en lo que transmite (que no es bueno) y lo que cuenta (que aquí parece que nos está presentando cosas que nos puedan gustar en lugar de establecer rápido lo que necesitamos), y ahí es transparente el problema. No digo ya el sacarlo el mismo año -y con no tantos meses- que la magnífica Monsieur Spade. Así que… bueno… si uno se va a ver esta serie por lo menos que sea siendo conscientes.

Supongo que This Town (UK)  es la recompensa que Steven Knight ha sacado por Peaky Blinders, aunque quizá a partir de cierto punto los creadores británicos pueden proponer lo que les de la gana. Lo cierto es que esta historia, que se supone que habla de UK en los ’80s, con los problemas en Irlanda a la vez que nos muestra a una juventud con problemas y la promesa del surgimiento de un movimiento musical, al final es más de lo mismo pero como a cámara lenta. Ni los problemas de la juventud sin futuro, ni la violencia, ni -desde luego- esa importancia de la música que está más apuntada que mostrada en el piloto, nada de ello parece mostrar mucho interés. Incluso las interpretaciones, con gente que parece saber lo que se está jugando y querer tirar para delante con ellas, llegan hasta donde llegan. Así que supongo que hacen falta un -o varios- interés muy concreto para vérsela.


¡Libros que Salen! De Castro, «Pioneros en el espacio exterior», Halter y más

¡Que entre la pila!

Cosmo en el espacio de Javi de Castro, ed. Astiberri

El primer cómic infantil de Javi de Castro, que nos ofrece una historia de ida y vuelta con un joven cosmonauta, una deriva extraterrestre y una serie de encuentros sorprendentes.

La séptima hipótesis de Paul Halter, ed. WHO

Un autor francés que desde finales de los ochenta a mediados de los diez estuvo escribiendo mysteries, muchos de ellos con habitaciones cerradas, pero esta vez lo que Paul Halter nos trae, de la serie del Dr. Twist y el Inspector Jefe Hurst, es la sexta de esas historias, escrita en los noventa pero ambientada en el Londres de finales de los treinta. Asesinatos extraños, muertes posibles en situaciones imposibles y, sobre todo, una cierta sensación de juego. Porque aquí tenemos a un tipo disfrazado de Doctor de la Plaga, tenemos un juego con cubos de la basura llenos, vacíos o con un cadáver dentro, y tenemos a dos personas del teatro que parecen haberse retado a una competición mortal. Todo para nuestra diversión, por supuesto.

Pioneros en el espacio exterior de Javier Jiménez Barco, ed. Diábolo

Un repaso a los libros clásicos de ciencia ficción de autoría española creadas como colecciones, fundamentalmente como sagas con un protagonista recurrente, de Mari Pepa al Capitán Rido o Kabé pasando, claro, por los Aznar. Escrito, además, por el autor de títulos como Chicago-Marte por 15 centavos o Terror Tales y los pulp bizarros.

Marcus Pocus. Mágicos Misterios (1, El amuleto de oro) de Pedro Mañas y David Sierra Listón, ed. Destino

Lo de los investigadores infantiles parece que ya no da para mucho más, pero aún aparecen cosas. Como este spin-off del spin-off en el que vemos a Marcus Pocus dedicándose a hacer de detective. A ver.

Nos leemos.


Hay cosas para las que uno -yo- es más público, y otras para las que hay que reconocer que menos. La historia de dos personas que se conocen y tienen una conexión especial -amorosa, claro- pero se separan y no vuelven a verse hasta años más tarde, en la que tienen que decidir qué hacer ahora que se han encontrado, que es una historia que hemos visto mil veces y que la mil una es Un Amore (O) (IT), no me ofrece a mí mucho más de lo que tirar. Los actores están bien, intentan mostrarnos dos vidas distintas en la de él y la de ella, y tratan de trazar una diferencia entre el antes y el ahora contándote parte de la historia por separado. Pero, qué puedo decir, claramente no es lo mío. Espero, eso sí, que encuentre a su público.

Tengo tantas dudas con Bad Dinosaurs (USA), probablemente ni ellos saben quién es su público. Probablemente sean los menores porque es Netflix Jr., pero podría ser también más mayores o algo porque parece que el diseño y algunos chistes están más cerca de aquellos principios de los ’00s con la diseminación de webseries. Vamos, que a ratos parece más Ice Age, otras La Fiesta de la Salchicha. En cualquier caso son cortos con unos dinosaurios de diseño humorístico y gags sencillos. No hay mucho más -ni en animación o diseño ni de personajes ni de escenario-, tampoco creo que lo busque.

¿Quién lanza tres temporadas del tirón? En fin, supongo que en Semana Santa se estrenan cosas. Cosas. Como esta The Baxters (USA), una especie de drama familiar cristiano cuyo argumento resumiré en Una mujer descubre que su marido alcohólico está teniendo una aventura, así que su familia -su madre sobre todo- la ayuda a salvar su matrimonio. Como El séptimo cielo pero más. Todo más. Bueno, no, ni los actores ni los guiones son mejores que los de aquellos, aunque sí tiene pinta de que la idea de cristianismo que manejan es lo suficientemente estúpida como para justificar cualquier decisión familiar que en otra situación se resumiría en ‘huye en dirección contraria’. Y que aquí se reduce a esperar que Dios llegue a resolverte los problemas los días impares que te ha enviado los pares. Pero bueno, lo mismo alguien le encuentra sentido. O un actor de color. Aparecen más o menos en el mismo ratio.

Este Big Mood (UK) no es tanto que sea A mayor gloria de Nicola CoughlanLydia West debería de estar al mismo nivel, pero claramente la dejan detrás- como que tienes que aguantar mucho a Coughlan y su personaje para querer seguir viendo esto. Supongo que es otra de esas series de salud mental con protagonista más o menos joven. Y probablemente en algún lado podría haberme interesado, pero a saber dónde.

A veces se me olvida que los canadienses TAMBIÉN sacan series en francés. Como ha pasado con Dors avec moi (CA), en realidad más una webserie de menos de 10 minutos por capítulo, en este caso para equiparar a la culpa con un monstruo que ¿hechiza? ¿aterra? a la protagonista. Bueno, es algo que existe.

A veces hay cosas sueltas que brillan más que la suma de sus partes. Por ejemplo, A Gentleman in Moscow (USA) tiene hallazgos aquí y allá -no todos sacados del libro de Towles, a veces de actuación, casting, diseño o… ya me entendéis- pero la decisión de obviar todos los tonos de gris de la obra original a favor de una narrativa más clara para el público americano –los comunistas son malos, por si os lo preguntabais- unido a una pedestrización de la misma hasta puntos en los que parece que subestimar a sus espectadores es lo único que ha tenido sentido para el equipo creativo – como si hubieran decidido hacer suya la famosa cita atribuida a P. T. Barnum– llevan a la única conclusión posible: Si os llama la atención… leeros el libro.

¿Qué decía hace un rato de historias contadas mil veces? Pues vamos con la primera versión de una historia contada un millón de veces. Este High Country (AU) nos trae a una nueva policía en un pequeño pueblo pintoresco lleno de secretos, un crimen en la actualidad, un crimen en el pasado, circunstancias extrañas que casi parecen sobrenaturales y toda una serie de secundarios que entran tanto en la parte de pintorescos como en la de los secretos, cuando no en ambas. La parte buena es que está hecha con tanta solidez como originalidad le falta. Los personajes logran no ser demasiado planos ni caricaturescos, el misterios actual logra ser algo un poco distintos, el misterio del pasado es una de las dos versiones clásicas -aunque al menos no la más habitual- y la construcción de esa carcasa tiene al menos una mirada de interés. Así que una nueva demostración de que siempre hay quien se puede salir con la suya enfrentada a un clásico.

Aquí debería de ir una introducción similar a la anterior, aunque es cierto que Inspector Rishi (O) (IN) tiene más claro el no buscar lo de pueblo extraño, en su lugar tenemos una especie de seriedad, de sobriedad, que tampoco es que le haga mucho bien a la serie, incluso aunque los secundarios parezcan estar para intentar demostrar lo consciente que son de lo que están haciendo. Quizá con capítulos más cortos…

Lo que nos lleva a la primera serie de Organización Criminal de la semana, aunque al menos esta Ourika (O) (FR) busca conjugar varios puntos de vista diferentes, es cierto que el más importante es el del ‘heredero inesperado’ de la banda de turno. Pero también tenemos a su hermano y a un policía, y algo detrás tenemos a la novia del protagonista y el jefe de otra de las bandas, o algo así. La verdad es que es un poco lo de siempre: héroe reluctante forzado a cambiar su ‘inocencia’ por el bien de su ‘familia/etc’, organizaciones criminales más o menos brutales, policía más o menos inoperante, blalblabla. A mí no me ha dicho gran cosa, pero a saber, quizá si te gusta como suena querrás bailarla.

La tercera versión de la serie hecha un millón de veces -en serio, tres en una semana, ni siquiera yo creo estar exagerando- es esta Passenger (UK) que para mí se queda corta en todo… excepto en los tiempos de lo que nos van enseñando. Demasiado lenta tanto en las escenas como en lo que tardan en contar su historia. Sobre todo porque llega un punto en el que no podría darme más lo mismo lo que va, lo que viene y lo que pasa en medio. ¿Que hay un secreto secretoso en ese pueblo? Bien por ellos, no tiene pinta de que los guionistas sepan lo que es. ¿Que hay un misterioso juego de ordenador al que los jóvenes juegan? Bien por ellos, solo me sorprende que no sea una app. ¿Qué hay un montón de personaje excéntricos, el dueño de una fábrica de pan hace cosas raras y un joven no sabe cómo llegó a su casa después del accidente, sangró todo lo sangrable y tampoco parece que eso le preocupe o moleste? Pues si no le interesa a él imagínate para que me interese a mí.

No sé si llamarla la mejor serie de la semana -aunque probablemente lo sea- pero, desde luego, una que no esperaba encontrarme, menos aún en Disney, porque esta Renegade Nell (UK) es un batiburrillo de personajes y situaciones con un fondo histórico, tono humorístico a ratos, dramático otras, un fondo de acción, a ratos de fantástico, según el momento casi de superhéroes o, al menos, de superpoderes, pero lo cierto es que también hay magia, y el trasfondo histórico… Una joven vuelve a su casa tras haber estado en el ejército. Es finales del S XVIII, así que la joven iba disfrazada de hombre. Pero no solo eso, también tiene algo ‘especial’, que se muestra cuando unos bandidos se cruzan en su camino. Lo que pasa es que también tenemos melodrama familiar, intrigas en la corte, tres hermanas bien distintas entre ellas, magia de formas clásicas y no tan clásicas y una progresión de temas y personajes que, sinceramente, parece el resultado de ejecutivos muy preocupados llamando a la autora para saber por qué ha hecho ‘eso’ y si no podría ser más ‘Disney’ la serie. Porque hay una autoría detrás, la siempre sorprendente Sally Wainwright, que lo mismo te monta Happy Valley o Last Tango en Halifax que Gentleman Jack… o esta. Que cuenta, además, con un magnífico y variado reparto y una producción igual de peculiar. Hasta el punto de que no quiero contaros demasiado porque creo que parte de la gracia es darte de bruces con ella. Espero sinceramente que encuentre a su público, que no sé si será muy grande pero que estoy convencido de que la disfrutará… y pedirá una segunda temporada.

De nuevo no soy público para una serie, o al menos en parte no lo soy, porque esta Ronja rövardotter (O) (SU) o Ronja the Robber’s Daughter, o como hayan traducido el nombre del libro de Astrid Lindgren, no solo tiene una parte lógica de creación juvenil, casi infantil, propia de un libro que no sacó El Barco de Vapor porque ya había conseguido los derechos Juventud, también una serie de decisiones para explicar el mundo de fantasía que hace que no parezcan comprender que precisamente lo que mejor funcionan son los toques fantásticos, aunque ni vayan a ningún lado ni sean el centro de la historia, así que intentar explicar a quiénes robaban los bandoleros o qué organización había fuera de ese castillo partido por un rayo en mitad del bosque es, al menos para mí, contraproducente. Supongo que algo tenían que hacer para distinguirse del anime que hace una década realizaron en Ghibli sobre la misma historia pero, yo qué sé, este disparar en dos direcciones me deja fuera de juego.

Hablando de no tener muy claro lo que se cuenta, entiendo que esta Thī thịy thī mạns̄̒ (O) (TA) o ทีไทยทีมันส์ o The Believers o como lo hayan llamado en español busca contrarrestar el estreno en la misma plataforma de esa especie de docudrama de Testamento: La historia de Moises, con una historia sobre unos timadores -bueno, programadores de un juego respaldado por NFTs… así que sí, timadores- que al verse en apuros económicos deciden que la mejor forma de timar a la gente es con la religión. Así que sí, estamos ante otra serie de ‘organización criminal’, una en la que parece mentira la falta de ironía con la que se tratan todos los temas. Porque el asunto es que está ahí.

Esta no es la versión un millón uno porque en Veronika (O) (SU) prefieren otro clásico: La inspectora metida en un asunto misterioso que debe intentar sobrellevar los problemas de su vida familiar con los de su vida profesional. Aquí no hay un pueblecito curioso sino afición a las pastillas, vaya. ¿Significa eso que no hay elemento pseudofantástico? Jaja, qué cosas tenéis. Si ya os he dicho que la protagonista se excede con las pastillas, así que CLARO que ve cosas. Pero me temo que mucho te tienen que interesar estos policíacos de gente que está mal para aguantar lo lento y deprimentes que son los suecos. Estos suecos, al menos.

Terminamos con esta semana de historias que hemos visto mil veces con una de una familia judía que se encuentra con los nazis de frente y eso les lleva a separarse y repartirse por distintos países, aunque el paso del tiempo permitirá que algunos vínculos regresen y que visiten aún más sitios. Ah, sí, el nombre… We Were the Lucky Ones (USA) Podría haber sido un grandes relatos, pero no se ha hecho en la época del espacio contenedor de miniseries del mismo nombre, pero como en aquel momento se hicieron varios y nada parece indicar que haya más intención en esta serie que recordar la historia de esta familia y hacer ese combo de Novela Histórica y Varias generaciones de mujeres (bueno, y hombres), pues nada, se ve que este año no tocaba Barrabás. Otro año ya veremos.


¡Libros que Salen! Wells, «Linghun», Sōseki y más

Primero las amigas.

Niños del desamparo de Angela Porras, ed. Foscanetworks

A veces es complicado hablar de un libro de relatos porque hay mucha variedad o porque no está muy definido, en este caso se trata más de intentar transmitir que es un libro duro pero no hostil. Es duro porque estos niños que protagonizan las historias hacen sencillo empatizar con ellos. Y es muy fácil que hayas visto, o vivido, historias como las que se cuentan. A veces más cerca de un realismo sucio rural lindante con el género criminal, otras más cerca del drama que es casi terror, o del terror que es casi drama. No hay prácticamente ambigüedad sobrenatural en ellos porque, como tantas veces, lo más terrible puede acabar siendo el ser humano y sus redes que van apretando y asfixiando. Sobre todo a los más pequeños que no entienden por qué las cosas son así, o por qué tienen que serlo. Cinco relatos, distintos y con diferentes temas y circunstancias, pero en todos ellos una verosimilitud que quizá no haga sencilla su catalogación… pero te deja el cuerpo regular.

¡Que entre la pila!

Rey Brujo de Martha Wells, ed. Hidra

Efectivamente, vuelve Martha Wells a España. No lo hace -de momento- ni con MataBot, ni con Raksura, ni con Ile-Rien (La muerte del nigromante, vaya) aunque esperemos que si esta va bien (y está bien traducida y editada) el resto siga. Esta vez le toca a Rey Brujo, una historia de mágia y fantasía en la que un fallecido es despertado para usar su magia. El problema es que no está muy por la labor, que fue encarcelado y asesinado, y que el mundo que conoció ha cambiado. Pero… ¿cuánto podrá hacer desde el otro plano? ¿Y en quién puede confiar? Pero, sobre todo, ¿cuánto durará esa magia?

Nowaki de Natsume Sōseki, ed. Satori

Una obra de Sōseki que habla, de nuevo, en los puntos en común y divergencias entre generaciones, con un profesor con ideas revolucionarias dado de lado por la sociedad y un joven recién graduado al que la falta de contactos le mantienen en pequeños trabajos. Ambos están lejos de poder realizar grandes obras y mantienen un pasado común que el mayor desconoce. Y, sin embargo, se encuentran ambos ante el final de una época con todo lo que eso significa para ambos.

Linghun de Ai Jiang, ed. Dilatando Mentes

Aquí llega al fin la novela gótica de fantasmas sobre la inmigración por la que la autora Ai Jiang ea candidata al Stoker. La historia de una mudanza a un pueblo que permite contactar con los difuntos, en la que los lazos familiares y las emociones son casi tan importantes como los elementos góticos, y en los que el examen de el dolor, la muerte, la nostalgia o la inmigración hace que uno reciba un impacto distinto.

Yo navegué con Magallanes de Stuart Dybek, ed. Pálido Fuego

El autor de La costa de Chicago trae aquí lo más cercano a una novela que llegó a escribir. Incluso si la consideráramos una unión de relatos o una novela de relatos. Una historia sobre una familia de immigrantes polacos -a partir del hijo menor- que nos presenta el Chicago de los ’50s y ’60s, con sus partes más claras y más oscuras, algunas de las cuales parecen más una historia familiar -de amigos y parientes que, a veces, no son tan cercanos aunque podrían serlo- y que llegan a parecer las anécdotas a ratos encantadoras, entrañables, nostálgicas o humorísticas que escuchas mientras vas de un lado a otro de una sala en una reunión familiar.

La luz del norte de Hideo Yokoyama, ed. Salamandra

Nueva novela de intriga del autor de Seis Cuatro. Esta vez parece que lo han traducido del japonés y no del inglés, pero fíate de los peces de colores. En cualquier caso, es una historia particular. No una obra de Burocracia-Ficción como la anterior, sino la de un arquitecto al que dejan construir una casa impresionante, pero que años después descubre que está aparentemente vacía. Hay huellas de intrusos, pero no de la familia para la que la construyó. Así que decide ser él quien se ponga a descubrir qué se esconde tras este misterio y qué ha sido de ellos.

Appius y Virginia de G. E. Trevelyan, ed. Tránsito

Una obra tan particular como su propia autora, la historia de una científica aficionada que decide criar a un orangután como si fuera humano, algo para lo que se aíslan de la sociedad y en la que vamos viendo cómo este experimento se enfrenta al principal problema: La capacidad para entender al otro.

De un plumazo de Terry Pratchett, ed. Plaza & Janés

Pues sí, es cierto. Llega a España ‘esa‘ selección de relatos de Pratchett. Por supuesto no los del famoso disco duro destruido con tanta exhibición. Son obras publicadas a lo largo de los años, algunos de ellos bajo pseudónimo, que han podido seguir recuperando para su publicación porque… Bueno. Supongo que porque la explotación capitalista es así. ¿Y no va de eso la obra de Pratchett?

Se ha horneado un crimen de John Allison y Max Sarin, ed. Fandogamia

John Allison y Max Sarin se reúnen tras el final de Giant Days para ofrecernos una historia cerrada que sirve de homenaje al Great British Bake Off. En teoría también a los misterios clásicos, pero lo cierto es que el caos poco controlado está más cerca de una especialmente accidentada screwball comedy que del murder mystery.

¿Quién es ese pitufo? de Tebo, ed. Norma

Puede que no sea de Peyo pero esta historia de los pitufos tiene suficiente humor en un estilo un poco diferente, lo suficiente como para demostrar lo que puede dar de si cuando se permite a otros autores contar historias haciéndolas un poco más propias, aunque solo se puedan salir del fanfic corporativo de la explotación de derechos hasta cierto punto.

Nos leemos.


Al principio pensé que Ark: The Animated Series (USA) era fruto de alguna apuesta. Pero no. Por lo visto es un videojuego o algo y la serie lleva dando ni se sabe el tiempo vueltas hasta que ha acabado, de alguna manera, en Paramount +. A ratos parece recortes de cinemáticas de un juego, a veces parecen escenas de algo más largo, o más corto. Así que, en general, creo que esto es para fanses irredentos del juego. Como mucho.

¿Es mejor o peor este 3 Body Problem (USA) que la versión china que vimos el año pasado? Pues no es sencillo responder porque parece algo completamente distinto, aunque sea solo porque esta carga las tintas en la propaganda anti-comunista y anti-PCCH, supongo que para evitar que el senado intente cerrar Netflx, o algo. Pero bueno, ese prólogo de ‘comunistas malvados’ supongo que deja claras las intenciones de la serie desde el principio. Donde la china era aburridísima aquí logran… no hacerla menos aburrida, que milagros los justos, pero sí hacerla avanzar de americanada a americanada hasta la victoria final. Incluyendo el gusto en demostrar que se han dejado el dinero en cosas que no necesitaban ese dinero, un tic de nuevo rico sin gusto que en Netflix parece haberse desarrollado con ganas. Es notable lo desastroso que logran que resulte todo, como si fuera la primera vez que en Netflix se hiciera una serie, o tuvieran que demostrarle algo a alguien, y no llevaran 12 años, desde Lilyhammer, en estas cosas. La verdad es que es el tipo de cosa que esperaría en Prime -Aunque The Peripheal era mucho mejor que esto-. No exactamente un desastre, muy lejos de ser una serie apreciable. Tendrá su público y no seré yo. Ya me ha costado aguantar la hora y pico de estupideces de una serie que parece que lo único que tiene claro es que quiere demostrar el dinero y las capacidades, antes que ofrecer una historia o tener un estilo o tema. Hasta el punto de que llegué a considerar si tendría sentido comentar mucho más, como no creo que lo tuviera hacerlo de una demostración de imagen de un televisor.

La historia de Boku no Itoshii Youkai Girlfriend (O)(JP), o 僕の愛しい妖怪ガールフレンド, o My Undead Yokai Girlfriend, es particular. Por un lado hay una ‘novia a la carta’, por el otro hay una maldición. En realidad está todo relacionado, claro. Pero frente a otros inicios que podrían ser como Weird Science aquí parte de la magia y se presenta un interés al margen que, supongo, vertebrará alguna trama. Supongo que tendría que ver el segundo capítulo para ver cómo va a ser la relación entre los protagonistas, también con los secundarios, y a ver qué más tramas se ponen por delante. Pero quizá esa misma situación de haber contado solo la mitad de la historia puede hacer que decidamos que no tienen tantas ganas de contarlo. Ambivalencia.

La capacidad de los británicos de montarte una serie de la nada tomándose en serio lo que podría ser una excusa para un telefilme de Lifetime no dejará nunca de sorprenderme. Más aún cuando llega una como Coma (UK) en la que un hombre en crisis -magnífico Jason Watkins, como de costumbre- ve su vida caer por el habitual sumidero debido a circunstancias yo diría que fundamentalmente externas. Un estudio sobre el hombre de mediana edad asustado por el presente que podría tener algo de mitin electoral pero que, sobre todo, demuestra como una buena elección de actores puede ayudar a punto de partida ciertamente ridícula a seguir adelante. Todo un logro.

Una pequeña y agradable sorpresa esta Davey & Jonesie’s Locker (CA) que reúne parte de lo que podríamos llamar el estilo de Bill & Ted y lo aplica en lo que podría haber sido una serie ochentera/ noventera juvenil (Pensad en Sliders o en Otherworld). Un multiverso distinto entrando y saliendo de las taquillas. Todo ello reciclando espacios, con algún estilo de humor y poco dinero -quizá de manera discreta, quizá porque piensen que así tiene más gracias-, pero lo cierto es que el desparpajo y la desvergüenza logra hacer algo pequeño, consciente, pero memorable.

A veces las series solo aparecen, supongo que por acuerdos y similares. Pero así me he encontrado en Netflix con esta Da tang di gong an (O) (CH) o 大唐狄公案 o Judge Dee’s Mystery, una serie china histórica y de misterio -en ese orden, por cierto- que dice estar inspirada por los libros del holandés van Gulik. Cosa sobre la que, la verdad, tengo mis serias dudas. Mi problema principal es que los casos parecen durar demasiados capítulos. Me he visto tres y aún no han resuelto el primer caso. Que dice que serán 32 capítulos, pero no me puedo creer que vayan a dedicarle todo ese tiempo, así que imagino que irán, poco a poco y con tranquilidad. Sea como sea, una serie de esa de tener de fondo mientras haces otras cosas, no muy molesta, no muy emocionante, un tanto de cartón piedra.

Quizá lo mejor de la semana, Diarra From Detroit (USA) tiene como mayor problema un piloto en el que intenta demasiadas cosas a la vez. Con eso y todo, el humor de la protagonista y la decisión de hacer una serie de misterio distinta -aunque parezca una versión invertida de Search Party-. Una mujer recién divorciada tiene su primera cita tras todo el asunto, todo parece ir bien pero el chico no responde. A partir de ahí decide investigar porque está SEGURA de que algo ha tenido que haberle pasado. Mientras toda la gente a su alrededor la mira con desconfianza, y algo de pena. Con eso y todo logra mantener el humor, presentar a una -algo extensa, algo llena de eventos- galería de secundarios, y la trama de suspense -que podría serlo… o no- me parece interesante. Así que vamos con ella, a ver cómo sigue. Esperemos que no se desinfle.

Parece que la idea de hacer cosas juveniles con coreanos -¿sobre coreanos?- sigue adelante, esta vez con Gangnam Project (CA), que sigue la historia de una joven de de ascendencia coreana que viaja para allá para profundizar en ella y acaba en una academia de K-Pop porque por supuesto. Es algo relativamente sencillo, supongo, e imagino que tendrá su público. Pero me temo que de lo que llevamos visto últimamente no es muy…. No es.

En el lado bueno, esta Palm Royale (USA) no es lo peor que Apple ha estrenado en 2024. Y, además, tiene un reparto lleno de gente con talento. Un reparto femenino. Por algún motivo en el masculino han decidido tirar con decisiones… peculiares. ¿Por qué está intentando Apple hacer una serie de Ryan Murphy son contar con el propio Murphy o algún estrecho colaborador? A estas alturas creo que he dejado de intentar entender las ‘estrategias empresariales’ de Apple, la verdad. Pero contar con Ricky Martin en el centro, usar a Dominic Burgess sin darle con lo que jugar, o… bueno, casi todo lo demás… es casi tan ridículo como tener a Carol Burnett y dejarla en una cama tumbada todo el episodio. Quizá parte del problema es que está sobrepoblada, que muchos de los papeles parecen puestos al azar – Allison Janney está especialmente fuera de lugar, diría que lo más fuera de lugar que la he visto nunca… y eso que viene de The Creator– y que la historia central… no podría darnos más igual. El personaje de Kristen Wiig solo es patético, pero aparentemente no muy dañino, más bien digno de una cierta conmiseración. Probablemente por eso ella encarna esta serie.

Primero un manga en un solo volumen, luego una película y ahora este Sand Land (O) (JP) es algo así como la versión extendida de la misma, en teoría de manera nueva -incluidas escenas que no aparecían en la película- y luego unos episodios más con una historia nueva del ya difunto Akira Toriyama. La animación es mucho mejor de lo habitual en Netflix -incluso teniendo en cuenta que sin duda Toman Decisiones- y la historia, postapocalíptica y con temática de sequía -algo que sin duda puede dar para discutir si la obra original estaba adelantada o si nosotros hemos ido retrocediendo- puede llegar a aparecer algún tipo de introducción a un videojuego, y quizá le falte algo de humor, pero supongo que esto es lo que hay.

Supongo que habrá que pensar que lo bueno de The Trades (CA) es que ofrece un vistazo centrado en la clase obrera, aunque lo malo sería cómo la retrata. Bastante antigua. Y la sensación de que van a intentar imponer un ‘esa visión es anticuada y hay que ir a la novedad, pero tenemos que entendernos ambos’ o algo así. Por lo menos el personaje central, con todas sus cosas, parece un buen tipo. Que es, supongo, la idea detrás del movimiento. En fin, ojalá fuera graciosa.

A veces es difícil saber si estás ante una carta de amor a algo que ya no existe, o ante un caso de necrofilia. Esta X-Men ’97 (USA) toma tantas decisiones en seguir lo que hubo hace ya 27 años. La imitación es claramente una decisión, imitar el estilo… ahm… de calidad reducida de aquellos años, incluso más que la decisión de contar de nuevo con las voces de entonces como si no hubieran pasado… una vez más, 27 años. La parte buena es que el guión, obviando la necesidad de tener una cierta idea de dónde venían o en qué estaban, o conocer los personajes, incluso para apreciar los paralelismos que trazan entre Jubilation Lee y Roberto da Costa. O el giro final del piloto. En fin, que esto no sé si atraerá a gente que tenga menos de 30 años, o a los que tengan más pero no lo conociera, o no haya seguido mutantes, o no esté por la labor de los culebrones superheróicos nostálgicos retro. Pero seguro que al resto le gusta.


¡Libros que Salen! Hazelwood, «Cuerpos para odiar», Jackson con ilustraciones de Segovia y más

¡Que entre la pila!

Novia de Ali Hazelwood, ed. Faeris

Ella es la única hija del más poderoso consejero vampírico, él es el jefe de una manada de hombres lobo, ¿podría hacerlo más obvio? A ella se le ha acabado el anonimato entre los humanos, él busca gobernar con compasión, ¿qué más puedo decir? A partir de aquí un matrimonio de conveniencia en el que él no se fía de ella y ella… bueno, tiene sus propios motivos para este matrimonio de conveniencia. El resto, con humor y -en este caso- con fantasía, es parte de la nueva novela de Ali Hazelwood.

Cuentos oscuros de Shirley Jackson con ilustraciones de Carmen Segovia, ed. Libros del Zorro Rojo y Minúscula

Bienvenidas sean las novedades de Shirley Jackson incluso aunque se trate de obras como esta, que busca más la ilustración que el texto. Espero que sepamos pronto cuáles y cuántos relatos trae en sus 200 páginas, pero habrá que echarle un ojo al menos.

Cuerpos para odiar de Claudia Rodríguez, ed. Barrett

Un texto duro pero narrado desde el conocimiento. Claudia Rodríguez es una mujer trans chilena que ha militado en todo tipo de movimientos, ha realizado estudios sobre distintos temas, se ha formado en trabajo social y ha formado parte de una compañía teatral. Todo esto le ha ayudado para componer estas historias, hasta ahora autoeditadas en fanzines, en las que habla de la sordidez de la calle, la brutalidad policial, el hambre o el rechazo social. Y lo hace enfrentándose a todo, incluyendo las convenciones ortográficas. Y ofreciendo una obra en la que la mezcla del habla oral o la honestidad en el retrato no rehúye la agudeza o el humor.

McGlue de Ottessa Moshfegh, ed. Alfaguara

La primera novela de Ottessa Moshfegh, una obra sobre la memoria, en la que un marinero de mediados del S XIX despierta atado y sin recordar nada. Aparentemente culpable del asesinato de un compañero. Solo que no recuerda nada de haberlo hecho y, además, le caía bien. Pero, claro, su historial con el alcohol y la violencia -por no mencionar un feo golpe en la cabeza- hace que no pueda estar seguro. Una obra aún inicial, pero que ya va mostrándonos por dónde va a ir discurriendo el asunto.

Saltonautas de Hao Jingfang, ed. Nova

¡Milagro de los milagros! Nova publicando a una mujer, algo que llevaba sin pasar desde 2022. Pero bueno, habían publicado su anterior novela en 2020 y supongo que alguien pensó que ya iba tocando sacar el siguiente. Un thriller de ciencia ficción en un mundo futuro, con solo dos bandos repartiéndose la Tierra, la reaparición de un tercero y la inesperada llegada de una raza alienígena. Que hace que todos quieran ser los primeros en hablar con ellos, pero también que no sepan qué tipo de seres -o con qué intenciones- van a encontrarse.

Perros de Gendry-Kim Keum Suk, ed. Reservoir Books

La bien conocida autora de Hierbay La Espera se centra ahora en los Perros, un tema complejo en Corea del Sur, en el que -bien sea como comida o como mascota- se crían en demasiadas ocasiones sin normas, con violencia y maltratos. Lo hace usando a una joven esposa que decide adoptar un perro -y no será el último- mientras observa toda esta complicada circunstancia.

Nawashi. El maestro de la cuerda de Fuminori Nakamura, ed. Quaterni

Quizá recordéis que hace poco más de una década Quaterni publicó el thriller El Ladrón de Fuminori Nakamura; al año siguiente, pero en Satori, le publicaron la más literaria En una noche de melancolía. Y no habíamos vuelto a saber de él… hasta ahora. Con un nuevo thriller con mujeres casi idénticas, detectives poco parecidos y, en el centro, el kinbaku, una forma de atadura con cuerdas que puede ir de lo espiritual a lo erótico, con un maestro de este arte apareciendo muerto de manera misteriosa. Así que aquí tenemos una posibilidad de reconectar o, bueno, saber más de él.

El último ramo de flores y otras historias de Marjorie Bowen, ed. La Biblioteca de Carfax

Tras haber podido leer relatos suyos en algunas antologías de autoras de principios del S XX nos llega ahora un tomo completo de cuentos, con esa mezcla de gótico y toques históricos propios del momento, que ayudará a comprender cómo acabó convertida no solo en una figura del momento sino en alguien alabada como influencia por autores como Graham Greene o Fritz Leiber.

La bruja del oeste se ha muerto de Nashiki Kaho, ed. Hermida

La publicación de esta popular novela juvenil japonesa nos permite leer una historia que no es lo que parece. Porque de lo que habla es de ese periodo en el que los jóvenes no encuentran su lugar y en el que, además, los cambios se suceden. En el caso de la protagonista es la pérdida inminente de su abuela, la que le lleva a pasar con ella ese último verano en el que intentar conectar más, conocerla mejor, y aprender de ella no solo su relación con la naturaleza, también ese paso a una edad adulta.

Camelia y las Dragalácticas de Thalía Mendoza, ed. Bang

Un cómic dentro de la colección Picante de Bang que nos trae a una joven autora mexicana afincada en Barcelona para que nos cuente las aventuras de un grupo de drag queens intergalácticas comandadas por la humana Camelia. Viajes, aventuras, enfrentamientos, seres malignos y luchas para que no resurja en aquel momento del futuro el Viejo Orden Mundial Patriarcal Humanoide.

April Eye y los hermanos Manos de Diego Arboleda y Mol, ed. Anaya

Nueva serie de Diego Arboleda, esta vez con Mol ilustrando, en la que se nos presenta a April Eye (que es una especie de cíclope) y a los Hermanos Manos (que son… bueno, eso). En la Nueva York de principios del S XX. April es una periodista, los hermanos Manos son ladrones, y conviven con otras partes del cuerpo. Porque, además, están a punto de meterse en una carrera llena de problemas y humor.

Ergo de Alexis Deacon y Viviane Schawrz, ed. Birabiro

De los creadores que hace casi una década llevaron al álbum Soy Pepín Pinzón nos llega ahora algo que casi podría considerarse una precuela. Porque si aquella nos hablaba de un pollito en este Ergo tendremos a otro dentro de un huevo aún. Uno para el que todo ese huevo es su mundo, y él es ese mundo. Pero, quizá, se empiece a sentir aprisionado y considerando salir de allí.

Nos leemos.