«Historias del Otro Lado» (1991)

La época de Pilar Miró al frente de la Dirección General de RTVE fue cuanto menos convulsa. No es que fuera algo nuevo con ella, con la llegada al poder del gobierno socialista ocupó en 1982 el cargo de Directora General de Cinematografía, en donde estuvo hasta 1985. Sus iniciativas en ambos puestos la convirtieron en un blanco preferente de la prensa de derechas, sobre todo en su etapa en RTVE, de 1986 a 1989. Bien es cierto que sus cambios en la industria cinematográfica en búsqueda de una mayor calidad tuvieron un efecto negativo en la cantidad y que su estancia en Televisión Española incluyó un aluvión de críticas que acabaría causando su salida de la cadena. Como esto es España las críticas vinieron de AP y, sobre todo, el ABC, pero el origen de las mismas eran los movimientos internos dentro del PSOE, con el sector guerrista de su antecesor, Jose María Calviño, como centro de las fricciones. En apariencia su cercanía al sector Felipista y sus modos no fueron perdonados por la otra familia, pero  eso, incluyendo las quejas por que la cantidad de producción propia española había caído muchas veces tenía más que ver con la ruptura anterior y los problemas propios de desarrollo de esta.

De ahí que varios proyectos iniciados en su época acabaron estrenándose en la siguiente. Y con bronca, por supuesto. Por eso algunos proyectos -que veremos las próximas semanas- acabaron emitiéndose de manera irregular, aunque ninguno tanto como este. Uno de los mayores y, desde luego, más caros proyectos de la televisión en España que comenzó en 1987 con el rodaje de Mnemos, una de las historias que tenía que servir como piloto para ver si se encargaba la serie entera, teniendo en cuenta el presupuesto, solo el de ese capítulo se suponía en unos 60 millones de pesetas, cifra más que respetable incluso sin calcular el incremento que 28 años de inflación supondrían. La emisión logró el éxito suficiente en 1988 como para que se garantizara el resto de capítulos, hasta completar las 13 que estaban previstas, comenzando por unos 600 millones en total para los siguiente 7 capítulos sacando unos 80 por episodio. ¿En qué se había gastado Garci este presupuesto, teniendo en cuenta que él era el primero en decir que se trataba de una serie de misterio, rodada sin efectos especiales.

«El concepto del misterio es muy Amplio. Pueden aparecer cadáveres que se mueven por el depósito, pero también se puede profundizar en el misterio de la vida, el más religioso. Hoy día, en un mundo tan codificado como el nuestro, el misterio tiene una gran fascinación y puede llegar a atrapar», reflexiona Garci.El presupuesto de Historias del otro lado II, de 600 millones, es uno de los más elevados de TVE. El director considera razonable esta cantidad: «Reconozco que TVE ha puesto todos los medios económicos a mi alcance, pero algunas de las historias valen más de cien millones. No creo que sea un presupuesto escándaloso si tenemos en cuenta que están rodadas en cine, duran más de una hora y hemos tenido que recurrir a ayudas externas».

Tras múltiples problemas la serie acabó siendo estrenada en 1991. Con el apoyo a los guiones de Horacio Valcárcel y Juan Miguel Lamet, acompañado por su equipo técnico habitual: Manuel Rojas en fotografía, de operador Miguel Navarrete, montando Miguel González Sinde y actores de entre lo mejor de la escena española como Jesús Puente, Concha Cuetos, Manuel Aleixandre, Victoria Vera, Fernando Fernán-Gómez, Maribel Verdú o Josep María Pou entre otros. De ahí que Garci dijera a cada ocasión que había contado con toda la colaboración posible de TVE. Y hubo muchas, era el gran proyecto de la casa y el director fue dando entrevistas. En una extensa para el Blanco y Negro del ABC hablaba lo mismo del extraño olvido que la crítica dedicaba a los guionistas -algo que se ponía en demostración cuando se titulaba que era «su primer paso fantástico en TVE» obviando que en el mismo texto se hablaba de sus guiones para La cabina o La Gioconda está triste-, alababa la utilidad de la televisión para el espectador e incluso del vídeo, o las bondades de los decorados que tanto apreciaba poder utilizar. O explicando que buscaba algo ajeno al ordenador y comparar este proyecto con la Copa de Europa y el Scalextric. Su concepción y variedad de propuestas trataban de cubrir distintos estilos de lo que él definía como misterio. Por supuesto, dentro de los gustos y conocimientos propios. 

«Se trata de seis películas independientes unidas por la temática del misterio. He tratado de investigar en ellas el misterio de la muerte, el del más allá o el de las relaciones personales a través de la religión o del amor. No son historias de las llamadas del género de terror. Son más bien historias fantásticas, que se salen de los límites de la realidad, pero que probablemente podrían suceder», dice Garci. «Algunas de estas películas las he rodado en tres semanas e incluso en 11 días. Y no ha sido por exigencias de producción, sino simplemente porque me apetecía indagar en este modo. de rodar ultrarrápido, propio de las viejas series B de Hollywood» añade el director. «Para mí», prosigue Garci, «hacer esta serie para televisión ha sido como si me concedieran una beca. Me ha dado la oportunidad de aprender mucho.

La primera parte de la serie incluía episodios como la faustiana El que decide, la mezcla de tiempo y espacio de Delirium, el onírico homenaje a la Dimensión Desconocida de El Sueño, la antes citada Mnemos que prozundizaba en la posibilidad de las dimensiones alternativas, la cercanía con el cine negro estadounidense de El hombre medicina,  la aproximación romántica de El Gran Truco y, por último, el futurismo distópico de lo que Garci llamaba horror tecnológico en Semiosis.

El resultado tuvo buenas críticas aunque ningún premio, de inmediato se puso el director a rodar los últimos seis capítulos, una vez más intentado que estuvieran bien diferenciados hasta parecer de distintos directores,  solo que esta vez los episodios grabados se quedaron en un rincón a la espera de una oportuindad. Es difícil saber qué lo motivó, quizá la falta de un comprador exterior pese a la clara intención de venderla fuera -como el propio Garci reconocía tanto por el número de entregas como al doblar al inglés los títulos- o el coste que suponía más las diversas broncas de la oposición por los gastos de TVE, unidos a la crisis general pasado 1992 y el periodo de inestabilidad política, lo único claro es que los siguientes seis episodios se fueron retrasando. Él los fue moviendo, y llegó incluso a presentarlos en 1994 a la Seminci de Valladolid en donde se emitiría bajo el título de La serie del año, pero seguíamos sin noticias de ellos. En febrero de 1995, aún con gobierno socialista, comenzaba en La 2 la emisión de su programa de cine y debate ¡Qué grande es el cine!, y aún faltaría un año para que, también en La 2 y con mucho menos bombo, se acabara estrenando la segunda parte de la serie.

Sería en enero de 1996, en un ambiente complicado pero que no impidió que el director continuara con sus declaraciones agradeciendo a TVE y comparando medios.

«Para mí ha sido como tener una beca de Harvard, porque TVE me ha permitido experimentar dentro de mi oficio. Además, un trabajo en te levisión llega a más gente que en el cine»

De los seis episodios restantes cinco se emitirían a razón de uno por semana. Luciérnagas sería una nueva incursión en la serie negra, esta vez con ribetes de pulp; Eternamente mezclaría las películas de asesinatos -aunque es muy difícil que nadie llegara a calificarlo como slasher– con un cierto aire europeo de imposible ruptura; Regalo de Navidad que es la más espiritual de sus historias, con dos hermanos, uno cura y otro científico, que parecen intercambiar creencias; Mujer con violetas es no solo la historia de un cuadro maldito que podría remitir a Fritz Lang, también y sobre todo una obra de amor a Ray Bradbury y sus obras de fantástico melancólico; Dual sería una incursión en el suspense psicológico con una persona que no puede fiarse de sus recuerdos. Tras la emisión de esta pasarían un par de meses antes de la emisión del último, en abril ya, con El gabinete del Doctor Armengot, en el que además de su título de resonancias expresionistas está la historia de una persona que escucha una voz anunciando su muerte.

Tras esto, silencio. Quizá por tratarse como sus títulos decían de Una producción de Nickel Odeon para TVE, no se encuentra dentro de las que pueden verse en A la carta. Tampoco ha corrido la suerte de otras producciones de la época de ser editada en DVD, aunque lo que no parece es que esté desaparecida del todo. Diversos canales -sobre todo locales o regionales no oficiales- la emitieron a principios de los dos mil. Le queda a uno la esperanza de que sea parte del amplísimo fondo de catálogo de Enrique Cerezo y algún día alguien la encuentre y decida darle una nueva oportunidad, ponerla de nuevo a disposición del público para comprobar cómo esa producción de Garci intentaba ofrecer distintas propuestas en cada ocasión. Y cómo había sabido aprovechar esa gran oportunidad para el género que acabó convertida en problemas de diversos tipos como los de sus compañeras de las que hablaremos en breve.


¡Libros que Salen! De la Pava, «Memorias de un asesino», Bruce y más

Por un lado, la cantidad de lo aparecido no llega a despegar, por otro la calidad de esas pocas novedades compensa de sobra. Así que… ¿Con qué preferimos quedarnos? Sospecho que debe ser un alivio para algunas economías -no digamos ya montañas de pendientes– que el ritmo se haya relajado por fin. Pero esto no quita que aún pueda producir satisfacciones el decir…

¡Que entre la pila!

 Memorias de un asesino de Roy Horniman, ed. Reino de Cordelia

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La alegría que me produce la publicación de esta novela es difícil de transmitir. Estoy seguro de no ser el único en conocer y apreciar  la película de la Ealing Kind Hearts and Coronets, o como se llamó en España Ocho sentencias de muerte, del mismo modo que el musical que han hecho basado tanto en el libro como en la película, A Gentleman’s Guide to Love and Murder. Cierto es que parte de la gracia venía de Alec Guinness en la película y Jefferson Mays en el musical interpretando a los distintos miembros de la familia Tranquilos, Israel Rank, Memorias de un asesino logra con sus propios medios hacer memorable la lectura, incidiendo más en el asunto judío del problema y ofreciendo un estilo literario que trata de mantener la calma siendo airado tan propio de la prosa cómica eduardiana. En resumen, una gran lectura en la que el humor y el género compiten por ver cuál es más negro de los dos.

Personae de Sergio de la Pava, ed. Literatura Random House

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Que De la Pava es un magnífico narrador lo demostraba su anterior novela, Una singularidad desnuda, que con tan inmerecida tranquilidad pasó por las estanterías españolas pese al gran trabajo de Pálido fuego trayéndonoslo. Ahora aparece la siguiente en una editorial de uno de los grandes grupos y con la publicidad de que usa unos mimbres policiácos, los mismos que parece sugerir más una evaluación introspectiva con humor con una excusa argumental cercana al género. En cualquier caso, de este autor es imposible no esperar grandes cosas. Tocaremos madera.

Como ser grosero e influir en los demás de Lenny Bruce, ed. MalPaso

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Lástima la cantidad de sandías que parece traernos esta editorial porque los autores suelen ser como mínimo interesantes. Por ejemplo en el que hoy nos ocupa se recopilan las publicaciones autobiográficas que el gran Lenny Bruce realizó para Playboy ofreciendo acercamientos más o menos reales a su vida, es decir, más o menos ficticios pero con su particular sentido del humor. Decida cada cuál si hace pagarlo.

Todo lo que es sólido se disuelve en el aire de Darragh Mckeon, ed. Alba

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Por si alguien tenía dudas de las posibilidades literarias del accidente de Chernóbil -más allá de Purga o de magníficas crónicas como las de Svetlana Alexievitch– en esta ficción repleta de personajes y situaciones probablemente reales se encuentra una aproximación al drama que con una dimensión de horror golpeó a los ciudadanos soviéticos.

El último tren a la zona verde de Paul Theroux, ed. Alfaguara

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Un nuevo libro de viajes de Theroux, esta vez con. su regreso a África décadas después de su anterior incursión permitiéndole así no sólo narrar lo vivido sino comparar la evolución -o al menos los cambios- en el gran continente.

Sobre el deporte de Pier Paolo Pasolini, ed. Contra 

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Está peculiar colección de artículos recoge la opinión y vivencias de Pasolini sobre una gran cantidad de posibilidades -fútbol, pero también boxeo, ciclismo o los Juegos Olímpicos- rematados por una entrevista que permite descubrir su opinión sobre lo que podríamos considerar El hecho deportivo en sí.

Los felices Hollister de Jerry West, ed. Molino

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Una nueva recuperación de material clásico juvenil por parte de Molino/RBA que, por supuesto, saludamos.

Mamá ya viene de Zaza Pinson con ilustraciones de Laure Monloubou, ed. Takatuka

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Doble función la de este cuento, por un lado hablar de esos padres despistados que olvidan recoger a sus hijos, por el otro trabajar esa ansiedad causada por el temor a un abandono. Acompañados, además, por sus ilustraciones.

 

Como decía, poquitos pero interesantes. Al final es casi mejor, o lo sería si no fuera porque el volumen total de libros sigue siendo altísimo y solo parece bajar el de aquellos que merece la pena seleccionar. Menos mal que para la semana que viene siguen saliendo libros interesantes. Eso sí, mientras tanto… ¡Nos leemos!


A ratos uno sospecha que el verano es un cementerio de series que pudieron ser antes que una prueba de cosas nuevas, y de ahí el estreno de cosas como The Astronaut Wives Club (USA) que en teoría es una miniserie -ya veremos- y que no deja de ser una de esas series de ambientación histórica reciente que tanto abundaron cuando Mad Men parecía lo más de lo más. La adaptación del libro tiene los giros y personajes que cabría esperar y esa potencialidad para estar de fondo durante una tarde mientras te echas la siesta y vas echando un ojo de cuando en cuando para comprobar lo mucho que sufren, pobrecitas, sus protagonistas. Poco más.

Si la anterior parecía genérica en esta parece que ni se han molestado en intentarlo. Complications (USA) es la historia de un personaje que hace lo que dice su guionista, no existe mucha más explicación para este médico barra vigilante que lo mismo trata de salvar una vida que se pone a disparar contra un coche sin saber quién va dentro. Es difícil saber si la vaguedad misma se debe a que hacer una serie sobre un médico especializado en tratar a gente fuera de la ley ha tenido lamentables ejemplos recientes o porque al ser del equipo de Burn Notice tampoco se podía esperar que tuvieran muy claro el género. En cualquier caso, más que una serie estamos ante un esbozo. Quizá creado mientras hablaban por teléfono.

Nick Jr. sigue creando series por si alguna funciona, más por el mero hecho de poder hacerlo que porque haya alguien al otro lado. En este caso se trata de adaptar a animación la serie de imagen real Fresh Beat Band, y meterles en un contexto de espionaje además de darles una mascota graciosa y… ¡En serio! Mirad, se llama Fresh Beat Band of Spies (USA) y no es peor serie porque al menos la animación tiene un pase. Que ya es más de lo que podían decir cosas como The Fonz and the Happy Days Gang, eso sí no había tanto interés como para subir el trailer, aunque sí como para grabarlo:

Hay veces que los planteamientos son mejores que los logro. En el caso de Humans (UK) la estética, música y reparto tenían muy buena pinta, incluso aunque pareciera haber cierta vocación de heredar en lo posible de Utopia sin atreverse a llegar a tanto. Pero el resultado… tiene dos problemas. El primero es que es demasiado lento, el segundo es que pronto te das cuenta de que estás viendo una adaptación de Real Humans, la agradable serie sueca Äkta människor, que con los peros que podamos ponerle resultaba más interesante que su adaptación inglesa. Una lástima.

Cómo será I live with models (UK) que la semana pasada me olvidé de hablar de ella. Si os lo estáis preguntado realmente: Inane. Todos los tópicos sobre los modelos que ni en Zoolander se atrevieron a utilizar y además tramas secundarias vergonzantes. Esta serie para el Comedy Central inglés es tan absolutamente previsible, tan mal actuada y tan carente de cualquier interés que resulta complicado incluso entender no ya qué decidió su puesta en marcha sino cómo se ha llegado a emitir.

Una semana más tenemos aventuras espaciales, de nuevo con destino SyFy aunque en realidad sea canadiense de Space, y esta vez con la promesa de que hay productores de Orphan Black envueltos en esta Killjoys (CA) y no diré que no, digo que no es la misma serie, ni lo pretende. El resultado, por más que nos hablen de cazarecompensas galácticos, tiene su base en la interpretación de Aaron Ashmore, el más conocido del trío protagonista, que logra una vez más ser agradable y ya.  Algo que se podría aplicar a la propia serie. Pero, en fin, al menos nos quedará la esperanza de que mejore.

Por lo demás, si ha habido una serie mala esta semana, con permiso de la de los modelos, es Shimmer and Shine (USA) serie infantil que no me da vergüenza ajena porque ni siquiera sé si debería estar viéndola. ¿Es un conjunto de tópicos o la procedencia de su creadora permite que tanta cosa junta sea aceptable? Pero, sobre todo, una serie como esta que no ha logrado ni que haya una versión promocional de su trailer en internete, ¿merece realmente que se hable de ella?

Parece que no interesa a nadie
Como no todo iba a ser malo en el canal Dave estrenaron Undercover (UK) en la que Daniel Rigby hace todo lo que está en su mano para que esta mezcla e comedia y acción, sobre un policía que sin quererlo acaba infiltrado en una familia mafiosa, funcione. Y la mayor parte del tiempo logra un resultado más que aceptable. Quizá podría haber ido un poco más allá en algún campo pero la mezcla de acción y comedia, que por su cercanía temporal recuerda a The Wrong Mans,  está realizada con muchas ganas -posiblemente para establecer a Dave como un competidor también en comedia- así que esperemos que se limen las asperezas con el recorrido.


Lo iZombie

Terminada la semana pasada la primera temporada de iZombie, parece el momento adecuado para considerarla como un todo. No solo la parte que se nos ofrecía en sus inicios o ese final estupendo del otro día, sino el discurso y las partes porque, como otras tantas series, esta ronda inicial ha tenido problemas para ponerse en marcha y fricciones diversas.

Porque el juego que trata de poner en marcha es complicado, por un lado un misterio de la semana que cargue con la parte policíaca de la historia y que permite aprovechar las especiales características de la protagonista, por el otro, una trama que vaya explicando la situación de los zombies. Pero quizá conviene explicar un poco más la serie: iZombie trata sobre la doctora Olivia Liv Moore que tras un accidente pasó a ser un zombie. Cuando la conocemos -tras un brevísimo prólogo- trabaja como forense en su Seattle natal, aprovechando su empleo para proveerse de los cerebros que necesita para sobrevivir. Porque, y este es el primer asunto, si consume cerebros en una base regular puede seguir funcionando como una persona normal. Solo la delata la total falta de coloración de su cuerpo y un latido mucho más bajo. Por lo demás, se encuentra con contratiempos como que las uñas le crecen más rápido, o que tiene atrofiado el gusto, pero eso no es lo más relevante de su nueva situación zombie. Lo más relevante es que al ingerir esos cerebros de muertos recientes asume algunas de sus caracetrísticas y puede tener breves visiones de sus recuerdos, sobre todo de los más recientes. De ahí su uso para resolver esos crímenes, tras convencer a uno de los policías de la ciudad de que es medium y tiene visiones.

El problema es que ese truco es inevitablemente limitado. Frente al de Pushing Daisies de resucitar a los muertos,  el de Psych de tener falsas visiones o el de Medium de tenerlas auténticas aquí no existen muchas posibilidades alternativa a Muerto->Cerebros->Investigación de asesinato. No solo eso, exige además una capacidad interpretativa de la que su protagonista, Rose McIver, no anda precisamente sobrada. Cierto es que exigir la versatilidad de una Tatiana Maslany parece injusto, pero es que aquí estamos más lejos de los registros de Kristen Bell y sus falsos acentos y más cerca de los de Sarah Michelle Gellar, interpretando a dos gemelas en Ringer sin ser creíble ni en las escenas conjuntas. Aunque quizá el problema principal de la serie es la forma de conjugar las dos tramas.

Las dos series que sirven como referente a iZombie son Veronica Mars y Buffy. El caso de la primera es más claro dado que comparten un creador, Rob Thomas, además del hecho de que la otra creadora de la serie, Diane Ruggiero-Wright, fuera guionista de las aventuras de la detective de Neptune durante años, y la cadena que acabaría siendo su hogar final, la CW, aunque es cierto es que esta cadena saldría de la unión de la UPN (que emitió sus primeras temporadas) y la Warner (que emitió las últimas de Buffy) de modo que esa podría ser la conexión. Pero, por encima de ello, lo que toma de la segunda sobre la primera es la idea de unos bajos fondos sobrenaturales. Sí, en ambos casos existe una intencionalidad para crear un universo propio con referentes -y personajes- recurrentes, pero en el segundo hay, además, seres mágicos. Es difícil decidir si la divergencia principal entre las dos series, que en una sea un universo milenario y establecido mientras que en la otra parezca estar creándose en ese momento- es realmente un fallo, una muestra de los problemas para aceptar colocar al espectador en una premisa sobrenatural desde el primer instante, o bien un acierto, la oportunidad de mostrar cómo se crean esos tejidos que -al contrario de los superhéroicos- suelen mostrarse como ya creados.

Entramos aquí ya en un asunto que podría resultar destripe para quienes no hayan visto aún la serie. Les recomiendo, por tanto, que la vean antes de continuar o asuman que habrá cosas que podrían preferir no saber antes de verla.

Esta es una de las principales diferencias entre el cómic que lo inspira y la serie. No es hablar a la ligera dado que entre ambas casi no hay parecidos. El personaje central del cómic se llama Gwen Dylan, es enterradora, tiene una relación peculiar con estos muertos para los que realiza últimas voluntades o intenta descubrir la causa de su muerte, pero, sobre todo, vive en un mundo diferente. Un mundo en el que existen muchos seres fantásticos. Fantasmas, momias, criaturas, vampiros o were-terriers, todo es posible -y casi aceptado- allí. Precisamente este reparto mágico, que es la mayoría del reparto secundario de la serie, se pierde en su paso a televisión. Curiosamente también desaparecen las muestras de diversidad sexual -que no racial, algo es algo- del cómic. Pero, claro, Thomas aprovecha para crear su propia serie y echarle la culpa no tanto al -limitado- dinero de los efectos especiales como a la existencia de True Blood. Yo tampoco lo puedo entender más que de esa idea de construir una mitología desde el inicio.

Algo que puede tener que ver con los actores envueltos. La protagonista es, como decía antes, de recursos limitados. Su exnovio no va mucho más allá. El policía junto al que resuelve los casos -sí, en la tele necesita un policía, eso sí que no era de esperar del creador del Sheriff Lamb– no solo es el peor policía de la ciudad sino que es poco menos que un muro para resolver casos. Su familia es unidimensional hasta el punto de que de una aparición a otra pueden pasar varios capítulos sin que les importe la falta de sentido temporal, y su mejor amiga y compañera de piso es… en fin. De modo que solo su jefe-compañero-investigador de Lo Zombie y el GranMalo ponen algo de interés al elenco habitual.

En el caso de su jefe, el Dr. Ravi Chakrabarti, el motivo es fundamentalmente la gran interpretación que Rahul Kohli hace con lo poco que le dan.  En la de Blaine DeBeers, el gran villano de esta temporada, se une el interés del personaje con el buen hacer del actor David Anders, logrando componer al personaje más memorable de la serie. Precisamente el cerebro que va creando ese imperio criminal poco a poco. Algo que influye también en el problema que se invierte durante el desarrollo de la misma. De ser una serie de investigación con un toque fantástico en la que se mete con calzador las historias zombies de Liv o Blaine pasamos a una historia de fantasía urbana interrumpida inevitablemente por un caso de la semana que, además, repite una y otra vez el mismo esquema. Hasta que no llegamos a los últimos capítulos, en los que se entremezclan ambos y se prepara la próxima temporada con la aparición de un nuevo villano a manos del gran Steven Weber, la serie parece estar torpe al intentar conjugar ambas partes de la serie. Algo especialmente sorprendente teniendo Veronica Mars como referente, al menos hasta que ellos mismos reconocen que le dedican menos tiempo a la trama de misterio.

Esperemos que para la siguiente temporada hayan logrado armarlo de nuevo para que ambas cosas se conjunten porque el potencial está claro, cuando logran hacerla funcionar es realmente interesante y, aunque Thomas crea que los villanos que pasan al bando de los héroes es algo que se ha inventado ahora -¿cómo pueden inspirarse en Buffy y olvidar a Spike con lo mucho que lo canalizan? Otro misterio- el juego a tres bandas y esperemos que pronto más suena mucho más interesante que la trama de un posible antídoto que tiene incluso menos futuro que el de Las Tortugas Ninjas o tantas posibilidades como las de que El Fugitivo pillara al Hombre Manco.

Por suerte al margen de esto Thomas y Ruggiero-Wright nos dejan algunos ejemplos de su buen hacer en los fuertes paralelismos con su trabajo anterior. Si en los inicios de la temporada se nos dejaba caer que la imagen del zombie clásico y su finalidad como metáfora estaban superados ante el avance de la historia, poco a poco se nos va creando una situación metafórica nueva.

Los Zombies son Los Poderosos, los clientes adinerados de Blaine, esa clase a la que Liv pertenece de forma reticente y que se muestra cuando su madre compra en la boutique gastronómica de Blaine -porque solo Los Ricos se pueden permitir ese tipo de alimentación- y que tuvo su origen en una fiesta en un barco, una fiesta desmadrada por las drogas y el alcohol -al final sospecharé que Thomas tiene una fijación tras Veronica Mars, Party Down y ahora esto- que acabó con ella convertida en lo que es ahora y unida a un grupo que se nutre de la gente corriente. Es cierto que ella procura que esa nutrición tenga su impacto positivo en la comunidad, como si fuera la aproximación del Limousine liberal, mientras que el resto simplemente se alimenta sin pensar en la cantidad de niños sin hogar que están consumiendo. No solo eso, su corrupción zombie alcanza todas las ramas incluida la policía -aunque se nos trate de vender esa idea de Suzuki como alguien que fue un buen policía hasta que fue zombificado, algo fallido probablemente por los problemas para contar las historias y los frecuentes tijeretazos que se dan- permitiendo a los zombies manejar a sus anchas como si de los seres de Están vivos o de Society se tratara. Situación esta que permite que incluso músicos populares dentro de su universo como Lowell Tracy (un buen Bradley James) sean parte de esos zombies mientras puedan evitar pensar en aquello de lo que se nutren.  Por eso la empresa de Blaine tiene que zombificar a sus trabajadores para que sean útiles.

Veremos cómo evoluciona el símil cuando entre Weber en la trama, con su empresa amoral dispuesta tanto a vender productos que te zombifican como a quitarse las molestias zombies de por medio. Veremos también si se traza alguna línea entre su empresa y la fiesta, quizá en forma de oculto patrocinio de pruebas. En cualquier caso, tendremos que esperar a la próxima temporada para ello. Esperemos que para entonces hayan logrado poner a punto una serie con buenas intenciones pero claros problemas internos que impiden que se convierta en la gran obra que se atisba en ocasiones. Ojalá la próxima temporada podamos cerebrarlo.


¡Libros que Salen! Echenoz, «En el cielo no hay cerveza», Spanbauer y más

Uno de los años más tranquilos para las novedades durante la Feria del Libro de Madrid, pero esto es lo que nos toca ahora. No sé si por la continua bajada de ventas que tanto está haciendo por sacar a las librerías -y meter a las editoriales- o por motivos preternaturales que escapan a mi entendimiento. En cualquier caso, algo sí que hemos mejorado, como veréis en cuanto diga…

¡Que entre la pila!

En el cielo no hay cerveza de Carlos Salem, ed. Navona

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Salem regresa a su línea clásica, mezcla de fondo negro con aspectos entre lo fantástico y lo alegórico, más Pero sigo siendo el rey que Muerto el perro. Así que sobre todo para aquellos que busquen al Salem de los comienzos.

Capricho de la reina de Jean Echenoz, ed. Anagrama

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Las novedades de Echenoz siempre son bien recibidas aunque sean como esta: recopilación de relatos dispersos que el autor tenía publicados y que siempre arreglan la necesidad de publicar algo al cabo del año.

Yo te quise más de Tom Spanbauer, ed. Literatura Random House

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Minimalista, arriesgado y no siempre exitoso, a él le da igual lo que pienses de su escritura pero seguro que algo opina el lector de ella. Conocido sobre todo por su segunda novela, El hombre que se enamoró de la Luna, tras veintiseis años de carrera acaba de sacar la quinta. Por lo menos un tiento habrá que darle.

Ventanas y otros relatos de Stephen Dixon, ed. Eterna Cadencia

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Para los seguidores de los relatos de Dixon, como los de Calles y otros relatos, un nuevo recopilatorio. Hay que agradecer a Eterna Cadencia que nos siga trayendo la obra de este autor memorable aunque no tan conocido aquí, y animarles a que traigan alguna de sus novelas.

El lugar de los secretos de Tana French, ed. RBA

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¡Secretos en el internado femenino! Incluso aunque los últimos libros de Tana French no tuvieran la fuerza de su primera novela, y tenga una cierta tendencia a excederse en el número de páginas. Con este tema tan sugestivo esperemos que se haya puesto otra vez a ello.

– Esta oficina me mata de Viola Veloce, ed. Suma de LetrasSI59236

Un punto humorístico y actual, una autora italiana que presenta también una historia negra pero lo hace desde un punto de vista más ligero con los problemas dentro del puesto de trabajo como centro y motivo para el crimen. Algo distinto, menos mal.

Zumbido en la cabeza de Drago Jančar, ed. Sexto Piso
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Habitualmente duro, muy duro, Drago Jančar, autor esloveno que por su condición de denuncia de la represión autoritaria había sido publicado en España fundamentalmente en catalán, pero esta crónica de revueltas y represiones bien puede hacerle más conocido aunque su humor corte hasta la risa.

Irezumi Itai. Tatuaje tradicional japonés de Yori Moriarty, ed. Satori

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Terminamos con una rareza de Satori. Un repaso por los tatuajes tradicionales japoneses y su significado, con mucha ilustración y varios  textos explicativos. Una obra peculiar.

Así que hasta aquí, veremos si la semana próxima con la llegada de los libros que no llegaron a tiempo a la Feria empieza a haber algo más de movimiento. Mientras tanto, ¡nos leemos!


Es curioso como Another period (USA) se entiende solo dentro del contexto actual. La parodia de los realities se está convirtiendo en un género en si mismo con el paso del falso documental a algo más claro como en The Hotwives of Orlando. En esta ocasión la idea parece más propia de un sketch que ha acabado consiguiendo su propia serie aunque resulte dudoso que pueda estirarse tanto, la idea de lo que hubiera sido un programa de jóvenes ricas y tarambanas pero a inicios del S XX. Probablemente porque no han parado a pensar que en lugar de realities esas historias se contaban entonces en periódicos, libros y revistas. -Musicales o no-

Es difícil saber de dónde salen series como Clipped (USA), ¿tienen algún tipo de escenario rotatorio la TBS para ir dando vueltas a sus series con guiones de hace treinta años? Ahora un bar, luego una oficina y por fin ha llegado el turno de la barbería/ peluquería. Con éxito similar, claro.

Te venden Dark Matter (USA) como la nueva producción de los creadores de Stargate, lo podrían hacer también como una aproximación a las space operas de acción como Fyrefly, salvo que le añaden un componente de misterio porque parece que sin ese punto de partida a nadie le interesaría la vida de un grupo de gente en una nave espacial. La parte buena de todo esto no es tanto que parezca buscar al público de tumblr como que se hayan animado a seguir por los derroteros de una ciencia ficción espacial, algo más que una adaptación del cómic de Dark 59Horse -por lo visto el cómic era su idea de hacer el pitch-  aunque se le supone un grupo ingobernable y al borde de la ley porque ellos lo dicen. La verdad es que es otro de esos ejemplos del SyFy intentándolo duro para que al final el resultado sea lamentablemente menos Blake’s 7 y más Scavengers.

La televisión británica sigue buscando una serie de espías que llene el hueco de las que se han ido, de los éxitos críticos de The Hour o de audiencia de Spooks, de momento con The Interceptor (UK) tiran hacia el último modelo, aunque sea con un éxito moderado.

Cuando Bravo se pone a hacer series sabes que ya está en ello casi todo el mundo, mientras los del The Weather Channel se ponen a ello tenemos Odd Mom Out (USA), una serie basada en hechos biográficos sobre madres ricas y sus entretenimientos. Lo que tiene de cierto y el intento de reunir buenos actores no logran maquillar en exceso el proyecto de vanidad del que se trata.

Esta debía ser la semana de las premisas estúpidas y aún así Proof (USA) se las arregla para ofrecer la que probablemente sea la más estúpida de todas: Una brillante doctora cuya vida se fue al garete tras la muerte de su hijo -incluyendo divorcio y pelea con su hija- es ‘contratada’ por un billonario inventor tecnológico moribundo para que investigue casos con un componente sobrenatural de experiencias cercanas a la muerte, reencarnaciones y fantasmas para que demuestre que La muerte no es el final. El problema es que el resultado es algo así como hacer un Expediente X sobre si las piedras curan, el desarrollo es limitado y los puntos de partida y llegada poco van a ofrecer.

Por lo menos hemos tenido Stonemouth (UK), adaptación de uno de los libros no-fantásticos de Iain Banks, una historia de trasfondo negro con componentes románticos presentada aquí en una mini de dos capítulos. La estructura clásica de un hombre regresando a sus raíces de las que tuvo que huir por un lío de faldas en un pueblo controlado por dos bandas de gangsters rivales no logra capturar la escritura de Banks -por mucho que tire de voz en off– pero hace al menos un esfuerzo por ofrecer de manera simple y resuelta una narración completa. No es lo más brillante del año pero no tiene muchos problemas para serlo de la semana.