A veces uno ve las novedades que salen en esta época y se pregunta si el problema está en la época o en las novedades. Pongamos por caso Brotherhood (UK), una sitcom familiar británica que es difícil decir si lleva meses -¿años quizá?- en la nevera o si realmente alguien la ha elegido a propósito para emitirlo considerándolo apropiado para esta época. Quizá incluso ambas, lo que demostraría que dos errores no hacen un acierto.

Peor aún es Impastor (USA), por difícil que pueda parecer. A estas alturas comienzo a sospechar que en TVLand no tendrán jamás una serie buena. Pero es que esta, sobre un delincuente de poca monta que acaba haciéndose pasar por un pastor -sección curas- gay de una pequeña comunidad conservadora… ¡Es un espanto! El pobre Michael Rosenbaum debe estar deseando que hagan una tv movie especial veinte aniversario de Smallville, o algo.

De paso aprovecho para ponerme al día con cosas que no reseñe en su momento porque me olvidé de ellas. Dentro de unos meses me pasará con Future-Worm, de momento me pongo al día anotando por aquí K.C. Undercover (USA) a la que le gustaría ser Kim Possible si no estuviera tan ocupada siendo la misma serie Disney de siempre. ¿Cómo de baratos serán los decorados de instituto?

La otra pendiente de anotación es Resident Advisors (USA), en la que Ryan Hansen demuestra de nuevo que es mejor secundario que principal y que su rango de papeles es limitado. Esta vez tocan consejeros de una residencia unversitaria. Un desastre, claro.

Voy a hablar bien de Sense8 (USA), porque incluso de estas… cosas… hay cosas buenas que se pueden sacar. Sí, sin duda es una serie que empieza floja y luego tampoco es que mejore mucho. Sí, se empeña en mostrarse como Global y sacar muchas partes del mundo distintas sin que deje de parecer que todo son falsos decorados y poner (aleatoriamente) el nombre del lugar como si estuviéramos en un spionístico de los setenta. Sí, todo el mundo en todas partes hablan en inglés todo el rato, a veces metiendo palabras o expresiones en su lengua… Pero fuera de todos esos motivos para pensar que el tener a J. Michael Straczynski y sus limitados clichés pesa demasiado en una serie también hay cosas buenas que destacar. Vale, quizá parezca un acercamiento a Heroes con Cloud Atlas como modelo vertebrador y Dark Angel como meta. Pero aunque no llega nunca al nivel de esta última, por difícil que sea de creerlo, sí es un serie importante por lo que significa para el medio: Sus episodios no se aguantan por separado. Carecen de sentido o trama independiente como para poder verlos sin conocer lo anterior o lo siguiente e incluso su planificación parece pensada más por su posición en la temporada que para que las cosas se muevan. Es decir, estamos ante una espectáculo directamente pensado para el binge-watching, con muy pocas posibilidades de que alguien aguante viéndola con mucho espacio entre capítulos. Además de eso, hay un personaje transgénero interpretado por una actriz transgénero, así que pese a lo lamentable de su situación, personaje, guión, planos asociados y el male gaze con el que suelen filmarse sus escenas, también eso es un punto a su favor. Luego dirán que no sé verle el lado bueno a las producciones.

He aquí una de las mejores series del año. UnREAL (USA). Una mirada a la producción de un reality -sección exploitation de The Bachelor– con los personajes de dentro de la serie y del equipo técnico y artístico. Algo que, emitido como es en Lifetime, parecía llamar a una comedieta amable. Nada más lejos de la realidad. Con una co-creadora como antigua guionista de uno de estos programas -inesperadamente, The Bachelor– la capacidad de mostrar la miseria moral y la caña que se dan para hacer del programa un espectáculo lo aleja de estilos de creación como los de 30 Rock o la película Escándalo en el plató para acercarlo a las aguas profundas de Studio 60. Esperemos que esta no se hunda porque, visto el piloto, lo más difícil será lograr que aguante el tirón.

Aceptable Westside (NZ), precuela que es de la serie neozelandesa sobre una familia de los bajos fondos Outrageous Fortune. Bien, sin más. Recreación histórica y personajes más que razonables pero tampoco añade o gira nada, probablemente preocupada por enlazar lo uno con lo otro.

En cuanto a The Whispers (USA)… No le veo mucha salvación. De nuevo es difícil saber si se trata de una decisión estacional o de que nadie quería hacer su trabajo y acumular tópicos les salía más barato pero partir de un relato de Ray Bradbury para llegar a todo esto de niños con amigos invisibles y un tono ligeramente inquietante… Podrían haber adaptado a televisión Sinister o similar y dejarse de bobadas. Ahora, si la finalidad es poder dormirse la siesta mientras tanto, han acertado de pleno.


Pobreza Obliga: El auge del ‘poverty porn’ como arma y espectáculo

Las evoluciones televisivas siempre son interesantes. Como señalaba Roseanne hace años, es difícil encontrar en la ficción televisiva ejemplo de familias de clase baja o muy baja. Incluso cuando la familia es en teoría de clase media/baja el nivel de vida mostrado en pantalla no casa con lo que se podrían permitir en la vida real. Tampoco vamos a enfadarnos por eso, al fin y al cabo los creadores no suelen darse ni cuenta o inventan extrañas explicaciones -la renta antigua en Friends, por ejemplo- para justificarlo. Pero, claro, eso era en la ficción.

Cuando llegaron los realities empezaron a sacar todo tipo de personas, comportamientos, círculos socioculturales, sobre todo si eso podía dar audiencia y dinero. De modo que parte de ellos acabaron siendo de clase baja. Pero su presencia resultó tener dos movimientos detrás, por un lado demostrar que los que menos tenían se buscaban la vida, a veces de manera poco legales, permitiendo alienarles y demostrar la ineficacia del sistema de ayudas público convirtiendo la anécdota en norma; por otro ofrecía una visión miserable que servía para regodearse en ella desde esa bonita postura de pues podríamos estar peor de lo que estamos e, incluso, esta gente nos necesita y podemos cambiar sus vidas con nuestra caridad.  Que tampoco es que sea algo realmente novedoso. En el Siglo XIX se difundió en Inglaterra el término Slum Tourism para esos grupos que descendían a comprobar las pobres condiciones materiales en las que la gente vivía, generalmente con el enmascaramiento de hacer algo luego por ellos desde organizaciones parroquiales o civiles, algo que pronto se extendió a viajar a países en vías de desarrollo para poder comprobarlo de primera mano. A partir de ahí sacar la cara oscura es algo tan popular que parece inevitable incluso en películas que no tendrían por qué, como ocurrió con Slumdog Millonarie, adaptación por parte de blancos occidentales de la obra de un indio -bien que de educación anglo-europea y miembro del cuerpo diplomático- dando alas a esas quejas. La crítica habitual es que lo que se muestra parece hecho como si no fueran más que una curiosidad turística. Los pobres como atracción.

De modo que cuando en 2008 dio comienzo una nueva crisis lo que nuestras televisiones, que se habían perdido la oportunidad de 1929, empezaron a ofrecer programas recreándose más aún en este tipo de comportamientos. No había detrás de ellos la intención de denunciar un problema y reclamar una solución como la hubo en Las Hurdes, tierra sin pan de Buñuel o en las fotografías de Dorothea Lange, James Agee o Walker Evans. De hecho, en ocasiones parecía que la idea era que la gente percibiera que el problema eran ellos, los pobres, culpables de su propia situación o acostumbrados a forzar las ayudas para seguir malviviendo. Una explicación que descargaba la responsabilidad que el sistema tenía en la situación en que se encontraban para culpar a su víctima y reforzar la idea de que si el espectador no estaba en las mismas no era por su punto de partida o por las redes de apoyo que familia y amigos podían prestarle, ni por las dinámicas socioculturales en las que se hallaba. Del mismo modo que las historias de hombre hecho a si mismo parecían reforzar la idea de que con esfuerzo se podía conseguir todo y si no lo tenías era por no haberte esforzado, convirtiendo el Partir de la nada y las Empresas creadas en un garaje en dos de los tropos más exportables y tópicos para contraponer la riqueza alcanzada.

Si hace años eran los talk shows los que mostraban a gente de clase baja desatando sus pasiones o sus comportamientos como animales en un circo, alimentando a Jerry Springer, Geraldo, Trissha Goddard o Jeremy Kyle, y tras ellos llegó el momento para lavar la imagen de los ricos con docurealities como The secret millonaire en el que se disfraza y mezcla para luego donar dinero que ayude a la gente de la zona, es decir, dinero para aquello que ha conocido directamente siguiendo esa regla de la ficción audiovisual actual de que solo lo que nos ha afectado directamente es relevante para movilizarnos en una narración. Pronto los británicos, reyes de este tipo de ideas -el sistema de clases no se quita tan deprisa de uno- idearon pronto una vuelta de tuerca para ofrecer aún más del mismo discurso con Undercover Boss, en el que un jefazo se juntaba con los curritos para descubrir los problemas de base y -en teoría- empatizar un poco con sus trabajadores. En realidad la cosa tira más hacia un lavado de imagen para empresas en el que muestran que están compuestos por gente de verdad y tienen voluntad de mejorar. No vayas a mostrar problemas propios de la gestión o el modelo de negocio, ni a señalar de que los problemas por lo poco que cobran se debe a otra cosa que no sea lograr una empresa competitiva. Mucha gente con problemas familiares y a ser posible de salud, algo con lo que la empresa no tenga que ver. Gente que esté dejándose los cuernos y se le pueda dar un bonus o subir -un poco- el nivel, que la gente vea que esforzarse renta. Y los de Relaciones Públicas echen un ojo que luego se les escapa cosas como recompensar a una empleada con un aumento de pechos y aún hay bronca.

Pero aún podían ir a más los realities. Siempre pueden tratar de ir más allá. En 2009 comenzó en la BBC la emisión del espacio de crimen real Saints and Scroungers, centrado en investigaciones sobre personas que han solicitado ayudas del estado y que al ser investigadas son repartidos entre los Scroungers, Parásitos en español, y los Santos. Si esta separación no deja claras las cosas más allá de la tendenciosa elección de términos. No solo eso, los Santos son muchas veces no los que necesitan ayuda sino aquellos -amigos, vecinos, etc…- que se la prestan. Poco después Channel 4 se sumó con Benefit Busters que proponía echar un ojo a ese sistema tanto a los que los recibían como a las instituciones que lo entregaban. Pero que ponía como motivo el enorme gasto que suponía. Esto, que en principio podría haberse visto como un inicio de lo que ya entonces estaban considerando programas de superioridad moral en los que la gente puede juzgar las vidas de los demás que han necesitado ayuda de la televisión para mantener abiertos sus negocios, educar a sus hijos, adelgazar, vestir a la moda, reformar la casa o mantenerla limpia. Programas que con la excusa de la divulgación mostraban una poco disimulada tendencia a criticar desde la superioridad o a engancharse a las emociones sensacionalistas.

Pero la indignación alrededor del tema central de este programa, sobre todo de la gente que abusaba del sistema, hizo que un creativo perspicaz oliera el negocio. En 2010 la televisión escocesa emitiría The Scheme, docureality en 5 capítulos sobre la vida de seis familias de clase baja que permitía no solo que el publico se entretuviera con sus penurias sino, además,mostrar algunos de estos procesos para beneficiarse de las ayudas públicas. La repercusión fue lo suficientemente sonada como para que el periodista Pat Kane escribiera un artículo en el que aseguraba que el programa era una variedad de porno y pronto los medios discutían no solo sobre la serie sino, también, sobre el concepto que pronto ocuparía artículos discutiéndolo.

Fue el disparo de salida a otros programas similares, desde una versión irlandesa llamada The Estate a los que seguían el estilo de esos coachs de la vida como The Fairy Jobmother, que aseguraba querer ayudar a las familias a reintegrarse al mercado del trabajo. Mientras, iniciativas que buscaban dar publicidad a algo impreciso como SleepOut, en la que CEOs dormirían por una noche en la calle, en teoría para llamar la atención al problema de los sintecho, en la práctica también para ofrecer muestras de empatía de las clases altas y, finalmente, ha servido para que cada año que se realice arrecie una discusión sobre si es poverty porn y qué finalidad no solo se persigue sino, incuso, se logra.

Mientras Benefits Britain iba mutando en formas y aspectos -incluyendo su versión Benefits Britain: 1949, una suerte de teatrillo ridículo de la pobreza trasladada a otra época- otros programas se añadían en 2013. Channel 4 se pondría a la cabeza con How to get a Council House, un programa que no se preguntaba puntos tan básicos como por qué los que solicitaban estas viviendas de protección oficial no podían pagarlas, o Skint, programa que se suponía trataba la vida de los pobres, de las clases más bajas, pero que acababa convertido en una suerte de turismo de la pobreza similar al que en España realizaría el programa Callejeros. Pero eso no significaba que la BBC no pusiera su granito con la mezcla de docureality y coaching de We All Pay Your Benefits. El incremento fue tan notable que la mosca sonaba cada vez más fuerte tras la oreja de los periódicos. Y eso que lo más fuerte estaba por llegar.

En 2014 el documental Benefits Street se convirtió no solo en todo un fenómeno televisivo sino, sobre todo, social. Channel 4 presentaba a los que sobrevivían de las ayudas estatales con un tratamiento y una presentación que reunía todos los ingredientes tanto del sensacionalismo y el morbo como de las políticas que el partido Conservador estaba llevando a cabo con sus recortes, centrándose en aquellos casos que más podían desprestigiar la existencia de las ayudas. Un machaque constante y reiterado que venía muy bien en año pre-electoral y -sobre todo- a un partido que ante el auge del ultraderechista UKIP estaba centrándose menos en los problemas y necesidades creados con los empleos que en la existencias de estos sistemas o la existencia de una inmigración a la que culpaban de los mismos. La llegada de personas de países miembros de la Unión Europea era la excusa necesaria para intentar sacar a UK de las organizaciones europeas del mismo modo que la insistencia con esos abusos parecía facilitar el camino a una ruptura con el Acta de los Derechos Humanos, para poner su  versión propia. Algo que podría parecer una conspiranoia si no fuera porque el propio Secretario de Trabajo y Pensiones, Iain Duncan Smith, sugirió que el programa y sus chocantes revelaciones estaban facilitando estos recortes.

Sirvió, además, para que acabara siendo un término casi coloquial. Ya había pasado mucho desde aquellas menciones iniciales. Se habían publicado libros al calor de la crisis que analizaban no solo las situaciones económicas, también las sociales y culturales. Probablemente el más concreto -que no el que más impacto ha logrado, ese probablemente sería el Chavs de Owen Jones, que toca el tema de refilón- sea Narrating Poverty and Precarity in Britain, conjunto de ensayos con edición a cargo de Barbara Korte y Frédéric Regard, en la se analizan las construcciones de una articulación de la pobreza como espectáculo. No son los únicos que escribirían sobre el tema. El centro de investigación sociológica The Sociological Imagination publicó un artículo sobre la coincidencia en verano de 2013 de tantos programas sobre el tema, y diversas fundaciones decidieron también alzar su voz. Así, la Social Action Research Foundation relacionó clasismo y poverty porn mientras que la Joseph Rowntree Foundation se preguntaba por los beneficiados antes la multiplicación de estos programas.

Mientras tanto, la televisión no para. En Australia la llegada de su propia versión, Struggle Street, se recibió sabiendo ya lo que se podía esperar y para dónde iban a ir los movimientos, pero no por ello con menos debate. En Reino Unido la última creación es el reality-concurso Britain’s Hardest Grafter que pone a gente en trabajos malpagados o directamente en el paro a competir unos contra otros en diversas pruebas para demostrar su valía. De momento no piden que se maten entre ellos pero las inevitables comparaciones han aparecido con tanta rapidez como las peticiones para que el canal al que se presupone voluntad de servicio público elimine esto de su programación y cese en sus intentos de convertir la tragedia de la gente en entretenimiento.  En Estados Unidos aún están intentando procesar The Briefcase, reciente estreno de la CBS en el que una familias con problemas recibe cada semana un maletín lleno de dinero. Dentro está el historial de otra familia con problemas. Ellos deben decidir cuánto les dan y cuánto se quedan sin saber que esa familia ha recibido un maletín con idéntico contenido y un dossier sobre sus vidas. La perversidad de esta versión del Prisionero Español parece creada bien por sociólogos que quieran investigar alguna extraña teoría de juegos o por aquellos adinerados señores que buscan la manera de ir allanando poco a poco en televisión la posibilidad de poner a dos vagabundos a pelear por una botella de licor. Logrando, de momento, no solo una serie de críticas furibundas sino, por supuesto, comparaciones también aquí con Los juegos del hambre.

Es difícil saber si en estos tiempos en los que se trata de vender una recuperación los que necesitan ayuda son demonizados para poder mandarlos más allá de los márgenes del sistema o directamente no computarlos para que no estropeen las cifras. Lo que sí queda claro es que la utilidad de la televisión para contar historias y crear narraciones que refuercen un discurso no debe ser minusvalorada. Puede que a España no haya llegado aún un programa similar a estos pero dada la situación actual no creo que tarde demasiado. Mientras tanto recordemos que también se puede usar para mostrar una realidad y ofrecer soluciones. Otra cosa es lo que decidan hacer desde las cadenas. Mientras tanto tendremos que seguir realizando un análisis más allá del entretenimiento que produzcan, porque para diseccionar estas vertebraciones ideológicas, ponerlas de relieve, son imprescindibles los Estudios Culturales. Quizá así logremos ver en televisión menos poverty porn todo junto y más por separado.


¡Libros que Salen! Pedraza, «Justicia Auxiliar», Ligotti y más

Primer fin de semana de la Feria del Libro de Madrid y hay tranquilidad en las novedades, aunque salva los trastos la  aparición de varias novedades de género junto con las pequeñas editoriales, como casi siempre. Así que, aunque en versión reducida…

¡Que entre la pila!

 Lobas de Tesalia de Pilar Pedraza, ed. Valdemar 

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Menos conocida que otras áreas de su producción, la vertiente histórica de Pilar Pedraza es recordada sobre todo por La perra de Alejandría.  Eso no significa, por supuesto, que sea una obra histórica al uso, no lo era esa no lo es esta en la que la presencia de la historia de la brujería  y de varios tipos de misterios a la vez que persecuciones y viajes casi bizantinos ocupan la obra con el tradicional interés que la autora sabe crear.

Justicia Auxiliar de Ann Leckie, ed. Ediciones B

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Ganadora de los grandes premios de la ciencia ficción el año pasado,quizá tanta alabanza crítica sea la peor enemiga de esta obra en la que no es fácil entrar. En cualquier caso es una con la que merece la pena medirse aunque sea solo para poder opinar de primera mano.

– Grimscribe (Vidas y obras) de Thomas Ligotti, ed. Valdemar

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Tras sacar a inicios de año La conspiración contra la especie humana, el ensayo filosófico de Ligotti que ponía en relación la filosofía pesimista con el horror cósmico, vuelve Valdemar a recurrir al autor de Detroit para alegrarnos las lecturas. O al contrario porque esta nueva colección de relatos la desolación, el desasosiego, la podredumbre tras el universo se va colando para hacer saltar por los aires la apariencia de normalidad de nuestro mundo.

– Colección de arenas y piedras de Ichien Muju, ed. Cátedra

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En la intersección entre la literatura y la reflexión religiosa quedaba vacío un hueco en español a la espera de la traducción que por fin ha llegado y que nos ofrece una serie de visiones cortas a personas de todas las clases sociales vertebradas tanto por las opiniones de la doctrina budista para la que el autor era monje como de un sentido del humor y la cercanía que lo convierte en un clásico de la literatura japonesa.

– El amor brujo de Roberto Arlt, ed. Dracena el_amor_brujo

La última de las novelas de Arlt y quizá de las menos esperables en él, centrado en una historia de amor y con la familia, el sexo o el matrimonio como centro de reflexiones. Eso no significa que deje de lado la reflexión social, ni mucho menos, pero sí que se convierte en la obra larga en la que más trata las relaciones románticas, una peculiaridad en la obra de autor tan peculiar.

– Perros de paja de Gordon Williams, ed Mármara 

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Ahora podría pasarme un rato diciendo perrosdepajaperrosdepaja pero en lugar de eso -y de manera mucho más provechosa, sin duda- me limitaré a señalar por un lado lo obvio -que es la novela en la que se basaría la película- y que se trata de una obra no solo sobre la violencia sino de cómo convierte e invierte a un personaje que empezaba en el lado diametralmente opuesto a considerarla no ya útil sino incluso necesaria.

Ardenas 1944 de Antony Beevor, ed. Crítica

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El conocido historiador continúa dedicándose a despiezar la histórica bélica del Siglo XX narrando aquí una batalla fundamental de la Segunda Guerra Mundial. Ya sabéis lo que podéis esperar, incluso aunque este libro sea algo más corto que el que dedicara al Día D.

Manifiesto FEMEN de Internacional Femen, ed. Hoja De Lata

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He aquí, en este pequeño diminuto libro, la posibilidad de conocer la postura de primera mano de uno de los más controvertidos grupos dentro del feminismo actual. Puestos a criticarlas al menos hacerlo desde un conocimiento de las opiniones que defienden.

– Pronto será de noche de Jesús Cañadas, ed. Valdemar

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La nueva elección de Valdemar para su línea Insomnia es una curiosa aproximación alas obras de viaje, bebiendo de las road movies pero, a la vez, dándole un giro ominoso y asfixiante que permite aprovechar al máximo una obra tan centrada en el recorrido no por lo que se mueve sino, precisamente, por lo que queriendo moverse no logra sino quedarse quieto provocando frustración.

El hombre que fue Jueves de G. K. Chesterton con ilustraciones de Marta Gómez-Pintado, ed. Nórdica 8cf049911bee3bded5cf5f05915e2bc5

Una de las grandes obras de uno de los grandes convertida en cómic gracias a Gómez-Pintado, un movimiento realmente complejo dada la obra en sí que acaba saliendo dignamente del embrollo.

– Crímenes ejemplares de Max Aub con ilustraciones de Liniers, ed. Libros del Zorro Rojo

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Una nueva edición de uno de los libros más breves y memorables de Max Aub, que aunque no logre alcanzar la magnífica belleza serena de la edición de Thule si mejora con mucho la de Media Vaca. Las ilustraciones de Liniers acompañan los breves textos y al final uno deja de pensar en cómo será la próxima adaptación para meterse de lleno una vez más en los complejos juegos de la obra.

¿Quién es quién en Brujilandia? de Layland Perree con ilustraciones de Stuart McGhee, ed. Picarona

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Pequeño y gracioso libro con distintos tipos de brujas pensado no solo para perderles el miedo, también para ilustrar las diferencias y, a la vez, la igualdad entre los miembros de una comunidad. Incluso aunque como aquí se trata de brujas.

– Un mundo de colores de David Carter, ed. Bruño

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David Carter es uno de los más reputados creadores de pop up, su libro El punto rojo es todo un clásico, y aunque este Un mundo de colores esté pensado para niños más pequeños -tal y como el rescatado a la vez sobre la Cajita amarilla– que llama su atención y les ayuda no solo a conocer ideas básicas sino a interactuar con los libros y sus sorpresas.

Esta semana ya hemos acabado, veremos la próxima si hay más cantidad de novedades destacables, aunque tengan que venir como casi siempre de las editoriales pequeñajas. Hasta entonces… ¡Nos leemos!


Cuando uno ve la nueva serie que Nickelodeon estrena se pregunta de donde salen. En el caso de 100 Things To Do Before High School (USA) -si os lo estáis pensando, no, Perder la virginidad antes del Baile de Promoción no entra en la lista- el origen es una película pensada para probar la serie. Además de una serie de adaptaciones previas cercanas a esos diarios que tanto funcionan entre los pequeños lectores. Así que para ellos.

Estas ideas de la NBC funcionan como siempre, así que el Aquarius (USA) a mayor gloria de David Duchovny y con los crímenes -primeros- de Charles Manson de gancho se ha estrenado cuando -a efectos publicitarios- ya nadie mira ni le interesa a la audiencia. Claro que si la audiencia hubiera estado mirando tampoco es probable que le hubiera interesado mucho. Intentar una reconstrucción histórica de unos crímenes podría haber sido interesante, pero la verdad es que todo parece más fatigado que fatigoso e incluso mejor sabido de lo que realmente conocemos. No hay mucho mérito en una serie como esta de la que lo mejor que se puede decir es que no ofende.

Vamos con un documental (casi docuseries, pero no tanto) que últimamente los tengo un poco olvidados. En Armada: 12 Days To Save England (UK) la BBC dedica unos episodios a tratar de esa amenaza española desde su atemorizante punto de vista , porque como tal es tratada. Así que al menos podemos encontrar algo diferente.

Me niego a hablar de The Briefcase (USA).

Y de un tratamiento del crimen al otro, Catching Milat (AU) es una mini en dos capítulos de uno de los capítulos negros de la historia de Australia, los backpacker murders que a principios de los noventa ocuparon a las autoridades del país. Y fuera de las -inevitables- licencias y los relieves en busca de unos héroes entre los investigadores por aquello de que el público empatice, es una obra no muy brillante pero al menos sólida y bien llevada. Más para los aficionados al True Crimen que al público general, eso también.

La primera vez que vi el piloto de Mr. Robot (USA) pensé que era un desastre, la segunda vez pensé que era una comedia -aunque involuntaria- y me reí mucho. Las partes técnicas son un desastre más cercano a CSI: Cyber que a Scorpion, -mi parte favorita es cuando el superhacker paranoico investiga una organización supersecreta buscando en Google– pero todo lo demás… todo lo demás es una especie de indigestión pretenciosa adolescente con un protagonista central, Rami Malek, que parece un alumno de la Escuela de Interpretación Danidelcantodelloco en versión emo sobreactuado, un intento de acercarnos -narración mental dudosa incluida a la El club de la lucha– metido en una especie de Matrix muy de baratillo, tanto que parece buscar el estilo de las series sobre ordenadores y programación – Sillicon Valley o la más reseñable Halt and catch fire– mientras lanza personajes sin parar y sin sentido en un batiburrillo argumental que trata de hacer un Ellos Contra Nosotros con un nivel de sutileza cero que incluye que la empresa maligna se llame… Evil Corporation. En serio. Con un logo cercano al de Enron no se vaya a perder alguien -asumiendo que tengan la edad para recordarlo, claro, que tanta referencia noventera lo mismo pilla a los espectadores del USA Network en pañales- justificaciones de personajes que exceden lo ridículo y, sobre todo, con Christian Slater. ¡Pero de quién tiene fotos este hombre! My Own Worst Enemy, The ForgottenBreaking In -que le tuvo ocupado lo suficiente en 2012 como para que se perdiera la siguiente ronda de series a cancelar-, Mind Games y ahora esta. En esta ocasión trata de aparecer en el espacio mcconaughey de murmurar incoherencias con mucha gravedad llenándolo todo de conspiración oscura porque alguien debe pensar que así se consiguen los premios. Como insensatez tiene un pase, aunque quizá deberían darlo todo por perdido y meterle risas enlatadas, por lo demás… por favor, que alguien vaya a rescatar a Carly Chaikin de este espanto.

El humor australiano sigue intentando ponerse en forma, en Open Slather (AU) lo hace con sketches -quizá demasiado largos- centrados en parodias de asuntos de la cultural pop. Necesita trabajo, que hay más de intentos fallidos y alargados que auténticos aciertos. Quizá si la duración del programa o de los sketches fueran más cortos mejorarían las cosas. Pero, en fin, esto es lo que han hecho, tendremos que esperar.

Estoy intentando entender como lo que SunTrap (UK) quería ser ha acabado siendo. Repasemos: A una isla imaginaria española -se graba en Gran Canaria pero pasan de lo oficial- llega un ex-investigador y periodista que, nos informa, está siendo perseguido, para hacerse con un hueco investigando distintos casos gracias a lo que, él dice, es una enorme capacidad para disfrazarse que ayudaría a llevar el tono semi-cómico de la cosa. Es decir: Murder in paradise + Fletch, el camaleón + Burn notice. Con Kayvan Novak en el papel central, un actor tendente a la histronía pero que sabe todo lo que hace falta para la comedia y Bradley Walsh, que lleva años en Ley y Orden: UK. El problema es que es espantoso, los guiones no funcionan nada, el misterio da igual, la comedia directamente no existe, la idea de los disfraces de Novak es poco menos que ponerle un gorro divertido y su idea de los chistes es poco menos que ir leyendo una actuación de Robin Williams con toda la rapidez perno ninguna interpretación o sentimiento.  No sé en qué estaba pensando la BBC pero… ¡sospecho que no durará mucho!

Tratando de seguir con el éxito de sus anteriores miniseries pseudohistóricas, Texas Rising (USA) es el último intento pseudohistórico del canal -pseudohistórico- History Channel. El intento de reunir un gran reparto y de darle bombo funciona a ratos porque… bueno… tampoco lo que ofrecen es mucho. Pero si os queréis entretener viendo cómo tratan de vender la historia de USA a los americanos o jugando a ¿Dónde he visto yo esta cara antes? imagino que mal tampoco estará.


Más adaptaciones: «Cuentos y leyendas» (1968-1976), «Teatro de misterio» (1970), «El quinto jinete» (1975-1976)

El éxito de las antologías de terror continuó durante la primera mitad de los años setenta, si bien de diferentes maneras. Quizá la más clásica fuera la serie de 1970 Teatro de misterio, adaptación de nuevo de obras de teatro para televisión, una suerte de Estudio uno temático que empezó por una muy festejada versión de Luz de gas dirigida por Chicho Ibáñez Serrador con Berta Riaza y Jesús Puente en los papeles principales, recuperaciones de obras que muchas veces habían olvidado su origen teatral como El gato y el canario, con un plantel de actores y directores cambiantes pero de la mayor experiencia. Por ejemplo, El sello de lacre estaba dirigido por Pilar Miró y protagonizado por Simón Andreu y Fiorella Faltoyano. Duró solo una temporada, quizá porque ya había varias series centradas en estas adaptaciones, no desde luego por su falta de calidad.

Quizá la más conocida de la época sea Cuentos y leyendas, sobre todo por lo extenso que fue su existencia. Creada originalmente para reflejar obras de autores españoles, obras cortas sobre todo, adaptadas a la pantalla, pero tras su estreno en 1968 en la segunda candena pasó a ser complementada por ampliaciones en años siguientes, primero emitiéndose de nuevo esta vez por la primera cadena en 1972 y luego con nuevos episodios de 1974 a 1976, que ya incluían obras extranjeras -aunque no muy lejanas, autores sudamericanos y algún invitado más como Eça de Queiroz – y que tenía sobre todo un cambio de responsable. La primera temporada había estado al cuidado de Pio Caro Baroja, de la segunda se ocuparía Jesús Fernández Santos. Dentro de ella habría obras de corte fantástico, sobre todo las que tienden a ser más asociadas con esta obra como las de Gustavo Adolfo Becquer, -mezclándolas a veces, me atrevo a sugerir, con las tres historias incluidas en la película La cruz del diablo que John Gilling dirigió en 1975,  reuniendo en ella las historias de El monte de las ánimas, La cruz del diablo y El miserere– probablemente la adaptación de La promesa y, sobre todo, Maese Pérez el organista, son las más recordadas pero eso no significa ni mucho menos que fueran las únicas. El estudiante de Salamanca, El libro de los tesoros o La inocencia castigada también se ocupan de traer, bien desde la fuente original, bien por decisión del adaptador -de nuevo con una amplia cantidad de directores, guionistas y actores de gran calidad implicados- aún sin ser lo único que se tuvo en cuenta. Igual que también hubo adaptaciones de textos más extensos. En los ochenta se recuperaron algunos capítulos para una serie de reposiciones de material clásico. Posiblemente eso haya ayudado a que hoy puedan ser disfrutados en la web de RTVE dentro de la sección A la carta. Para un estudio de mayor profundidad de esta serie recomiendo echar un ojo a este estudio que realiza un despiece más detallado de la misma.

La última de estas series de los años setenta que adaptaron obras en formato antológico es una de las que, para quien esto escribe, resulta más inexplicablemente desconocidas. Me refiero a El quinto jinete que en 1975, recuperada también en los años ochenta pero menos recordada. En este caso se trató de un total de trece capítulos adaptando otras tantas historias de clásicos del terror universal o, al menos, occidental. Con los franceses Guy de Maupassant o Prosper Mérimée, los estadounidenses  Edgar Allan Poe, Henry James, los ingles Robert Louis StevensonWilkie Collins, el irlandés Sheridan Le Fanu, el alemán E.T.A. Hoffmann, los rusos Alexei Tolstoi y Leonidas Andreiev, e incluso un español. De nuevo Gustavo Adolfo Bécquer, esta vez con La bruja. Como veis una selección de los autores más clásicos tratados, además, con un estilo cercano al de las producciones de la Hammer, procurando limitar las… estridencias… y hacer que el buen gusto predominara. Al frente de este proyecto se encontraba Jose Antonio Páramo que hizo todo lo posible para llevarlo a buen término. Quizá no era el año más adecuado, pero cierto es que lograron sacarlo adelante entre el otoño de 1976 y la primavera del año siguiente. Quedaría un episodio suelto, Los dados, basado en un relato de Thomas de Quincey, que se emitiría al año siguiente. La prensa recibió con agrado la nueva propuesta pero no hubo continuidad. Por suerte hace unos años se reeditó al completo en DVD, dentro de un estuche para la serie completa -junto a una edición limitada que incluía un libreto de acompañamiento- propiciando además textos explicativos como este que repasa la serie.

Pero había empezado una época de cambios, casi todos para bien, pero parecía que ni el éxito del fantástico terror en el cine dentro de aquello que ha dado en llamarse el Fantaterror ni los ecos, alejándose ya, de esas Historias para no dormir apoyarían la transición a una televisión que dejaría los miedos mostrados en paráfrasis mediante aproximaciones situadas casi siempre en parajes extranjeros y abrazaría el realismo. Sin embargo aún quedarían batallas por delante para el fantástico español.


¡Libros que Salen! Bryson, «Los desafortunados», Lotz y más

La semana que viene comienza la Feria del Libro así que hoy tenemos la última semana pre-Feria. Tranquilos, eso suele significar que esta semana hay un último esfuerzo y que ya la primera de Junio, en plena Feria, se volverán todos locos para sacar una sartenada de apuestas para lo que queda de año. Sí, queda mucho pero es que el mundo del libro funciona de aquellas maneras. De todas formas hoy tenemos material muy recomendable y ya solo con los cuatro primeros hay calidad como para poder estar un mes al grito de…

¡Que entre la pila!

Los desafortunados de B.S. Johnson, ed. Rayo Verde

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¡Lo que hemos tenido que sufrir para ver publicado en español este libro! A ratos parecía que no iba a salir nunca. Pero por fin está aquí, y con la introducción de Jonathan Coe. B. S. Johnson es uno de esos genios poco conocidos cuya aparición por las librerías se da de tarde en tarde, cuando alguna de las arriesgadas pequeñas editoriales decide darle una oportunidad. Ver la edición es comprender parte de esa complejidad sobre un periodista deportivo que recuerda a un amigo cuando va a cubrir un partido. La presentación permite que esa aleatoriedad de pensamientos asociados que demuestra en el juego que propone el propio texto la capacidad rupturista de Johnson. Para mí es uno de los libros del año.

– 1927 (Un verano que cambió el mundo) de Bill Bryson, ed. RBA

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Bryson es uno de esos autores que de tan conocidos parece que la gente no los leyera, y es una lástima porque sus libros suelen tener sentido del humor además de ser informativos. Por ejemplo, este libro sobre algunas de las cosas que ocurrían en USA en verano de 1927, de Al Capone al cine sonoro pasando, por supuesto, por la travesía de Lindbergh. Hitos que marcaron el giro que la historia estaba preparándose para dar.

Los tres de Sarah Lotz, ed. RBA

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El fantástico sudafricano está en marcha a toda velocidad. Su expansión e hibridación hace que a ratos parezca terror y en otros thriller, pero sobre todo es una forma diferente de entender lo que tradicionalmente eran llamadas a un público mayoritario. Los tres nombres más destacables son los de Beukes, por supuesto, Human y Lotz. Esta última ocupa un puesto especial por el tratamiento que sabe darle a la historia logrando que lo que parecía un simple misterio como tantos otros en los blockbusters literarios vaya estrechándose hacia una situación asfixiante.

Maldito United de David Peace, ed. Contra

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Yo de esto de los deportes sé poco pero cuando gente de la que me fío me recomienda tan entusiastamente un libro como han hecho con este, asegurándome que es uno de los principales libros sobre deportes y quizá el mejor sobre fútbol yo hago caso y tomo nota.

Mis almuerzos con Orson Welles de Peter Biskind, ed, Anagrama

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He aquí una creación inesperada. Un libro de Biskind que no es tanto un libro suyo como algo que ha hecho. En realidad se trata más de la edición de unas conversaciones entre Henry Jaglom con Orson Wells en las que él ha tomado las riendas, y no por ello es peor libro -posiblemente al contrario- pero sí que es un poco distinto de lo que nos suele ofrecer. Advertidos estamos.

El misterio de Notting Hill de Charles Warren Adams, ed. Alba

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Obra que entra en concurso por la plaza de Primera novela de detectives de la época moderna -y el lado occidental- ofreciendo una serie de documentos que van siguiendo los intentos de un investigador de seguros por establecer la verdad en la muerte de la esposa de un investigador. Una obra más centrada en el descubrimiento que en la sorpresa que se incorpora a la nómina de precedentes del misterio a finales del S. XIX en Inglaterra.

Caza al asesino de Jean-Patrick Manchette, ed. AnagramaPN897_G

En el lado bueno del asunto, llega un nuevo Manchette. Vale, es uno que sacan de manera harto oportunista con foto de la película -teórica adaptación de este libro- y con una mancha en la esquina superior derecha. Pero es más importante lo primero que el resto de desventuras. Al fin y al cabo el interés que Manchette demostraba siempre por la situación del crimen real y su impacto político hace suficientemente importante su regreso a las estanterías aunque sea por los motivos, no diré equivocados pero sí propios del un sistema como este.

Himno a la picota de Daniel Defoe, ed. La Felguera

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Recupera La Felguera este texto más que curioso en tanto que habla más del Defoe persona antes que el autor, su parte como polemista y combativo que de tan escandaloso para la sociedad de su época vivió algunos episodios de pura algarada.

La hipótesis cibernética de Tiqqun, ed. Antonio Machado

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Ensayos sobre el impacto del mundo internetero, que el autor encuadra junto al trato con máquinas y redes en la cibernética, tratando de comprender y examinar cómo se relacionan con los ciudadanos y la política como el que este no-grupo propone.

La música en el castillo del cielo de John Eliot Gardiner, ed. Acantilado

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Esta monumental biografía de Bach, que de puro enorme casi parece vendida al peso, es una de esas mezclas de estudio del personaje con su obra que intenta explicar tanto lo que era como ofrecer una semblanza completa del hombre que la realizó.

Pasta fresca (al auténtico estilo italiano) de Margherita y Valeria Simili, ed. Libros con Migalibro-pasta-fresca-italiana-700x511

Si hace unos meses teníamos la posibilidad de ver el recetario de panes de las hermanas Simili ahora le toca el turno a su recetario de pasta. De pasta fresca, por supuesto, pero no por ello menos variado: Rellena, larga, corta, en planchas… De nuevo Libros con Miga nos ofrece un imprescindible recetario.

Rondó para Beverly de John e Yves Berger, ed. Alfaguara

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Recordatorio a dos voces de la mujer perdida, es una lástima que esta edición haya quedado como un pequeño recordatorio de un precio tan desproporcionado que solo puede ser llamado, si no una sandía sí un capricho.

Una mariposa en la máquina de escribir de Cory Maclauchlin, ed. Anagrama

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En cuanto al autor y su obra vemos que hay más aproximaciones de las que se podían esperar. John Kennedy Toole es un autor bien conocido con una corta obra, así que la posibilidad de extenderlo mediante un estudio del autor y su obra más conocida -y casi única-

Almanaque Dadá de Richard Huelsenbeck, ed. Tecnos

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Un repaso al dadaismo que recupera el almanaque que Huelsenbeck preparó en 1920 para una Feria en la que las colaboraciones de diversos países, algo que Tecnos recuperó en los años noventa y que ahora pone otra vez a nuestra disposición.

El patriarcado del Osito Teddy de Donna Haraway, ed. Sans Soleil

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El que haya respondido El que tengo aquí colgado que pase al siguiente libro. Este es una historia -y una reflexión- que examina tanto las motivaciones como las decisiones que llevaron a fundar y rellenar el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York en lo que la autora denomina como una manera de establecer y perpetuar la mirada cultural de un cierto tipo de personas -hombres blancos, heterosexuales y ricos- a la vez que se obviaban y minusvaloraban a lo que se salían de este patrón. Un ensayo cuanto menos interesante y, desde luego, que facilita reflexionar sobre la creación de la realidad sociocultural.

Los diarios de Adan y Eva de Mark Twain con ilustraciones de Sara Morante, ed. Impedimenta

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Esta obra siempre ha sido una de las pequeñas obras de Twain más interpretadas, ya teníamos alguna otra versión ilustrada en español así que la novedad aquí es la versión que la ilustradora Sara Morante ha decidido hacer de este corto aunque tan divertido como afilado texto.

Por esta semana ya estamos, y la semana que viene ¡La Feria del Libro de Madrid! Que, además, este año viviré con mucha más tranquilidad yendo de civil. Así que ya veremos lo que va llegando, lo que nos vamos viendo y lo que va saliendo. Mientras tanto, ¡nos leemos!