Un genérico de comedia romántica surcoreana es lo que nos tae este Gyeongdoreul Gidarimyeo (O)(CS) o 경도를 기다리며 o Surely Tomorrow o Tal vez mañana o…, en la que un periodista que ‘cubre’ la infidelidad de un señor con dinero resulta se el novio de la mujer del susodicho. Este punto de partida sirve para que nos cuenten el pasado, cuando se conocieron y bla, y también para algún pequeño punto en la actualidad en donde es de esperar que pasen más cosas si alguien es capaz de encontrarle la importancia o el interés al asunto. Que supongo que tendrá su público pero ese no soy yo.

Es sorprendente lo cerca que está Jasmine (O)(TU) de tener algo interesante que decir y la decisión clara y rotunda que que no lo haga. Cómo si alguien hubiera decidido que todas sus asunciones eran más importantes que lo que parecía tener la serie en su interior. Porque la vida de una trabajadora sexual que está buscando un trasplante de corazón tiene momentos en los que ofrece una mirada al interior de una profesión diferente, pero en la que se nos muestra de todo. Pero, claramente, no es eso lo que quieren sacar. Lo que quieren es sordidez, incluso aunque las escenas sexuales sean S en el mejor de los casos también tienen que rodarse cómo si fueran sórdidas cuando muchas veces no lo son. Algunas son costumbristas, otras son casi cómicas, hay incluso alguna con una mezcla de profesionalidad y ternura… Una variedad que en ningún momento se reconoce, como si hubiera una guerra abierta entre lo que se nos quiere contar y cómo nos lo quieren contar. Así que los momentos de la actriz principal, Reyhan Asena Keskinci dándolo todo, con sus clientes, sus amigas y su hermanastro -el otro centro de la acción, menos interesante y con una trama mucho más típica y (claro) sórdida sobre apuestas- no logran hacer valer esa cierta sensación de ir sobre raíles, de estar ya visto y, sobre todo, de querer agradar contando lo que se cuenta siempre y no lo que nos dejan entrever. Una lástima.

No sé si en Kasaba (O)(TU) se vieron Un plan sencillo y decidieron tirar, o si simplemente no estaban por la labor de trabajar. El caso es que la idea central -un hecho delictivo acaba mal, unos tipos ‘normales’ se cruzan con ‘los restos’ encontrándose enormes cantidades de dinero, deciden quedárselo, sale mal- ha sido hecha en enormes cantidades de ocasiones. Pero, generalmente, buscan justificarlo bien y darle un giro. Aquí no hacen ninguna de las dos cosas. Sí, nos dicen que los dos hermanos que están en el centro del asunto tienen ‘problemas de dinero’ y que están pensando en vender la casa de su madre. Y con eso se quedan tan tranquilos. En cuanto a quedarse el dinero… No parece la mejor de las ideas posibles. Porque el dinero es mucho y es muy complicado creer que realmente necesiten tanto. Hasta el punto de que a uno se le ocurren media docena de cosas distintas que podrían hacer que no sea llevárselo todo. En fin, que no, que esto es demasiado ‘relleno’ incluso para lo habitual en Netflix.

Uf. Man vs. Baby (UK) Supongo que en UK no tienen unas jubilaciones en condiciones, o que su nueva pareja (treinta años menor que él) le prefiere trabajando, lo que está claro es que los años buenos de Atkinson pasaron ya hace tiempo y ni las creaciones derivativas ni las posibilidades de una historia mínima logran levantar lo que, básicamente, es vivir de las rentas. Hacer eso intentando, además, apelar al espíritu navideño… Pues normal que el resultado acabara siendo este. Un genérico de historia con un bebé por medio y algunos intentos -cansados, mínimos- de recordar la gloria cómica de antaño, dejándonos algo claro: Con 70 años Atkinson no está para protagonizar series.

Una vez más nos ataca el ‘este piloto de una hora debería de haber sido el primer tercio, como mucho’. Porque Pro Bono (O)(CS) o 프로보노 o… bueno, creo que por esta vez nos entendemos… nos cuenta el cambio de rumbo de un juez que tiene un exterior de persona a favor de los débiles y, en su interior, una enorme ambición tras una promesa hecha a su madre (?), pero al que cuando le tienden una trampa -bastante tosca, por cierto- le acaba tocando cambiar de rumbo su vida… Y en eso se queda el piloto. Un error en mi opinión, porque aunque Jung Kyung Ho está sinceramente magnífico en un papel que logra ser a la vez contenido y sobreactuado -a ratos llega a parece que canaliza a Jim Carrey en Mentiroso Compulsivo– , el no ver qué va a ser realmente la serie -¿se dedicará a resolver un caso de la semana? ¿será una trama continua? ¿volveremos contra la gente que le hizo caer?- le quita bastante interés. Sí, probablemente le de la oportunidad a un capítulo más, pero no debería de haber hecho falta si este extenso piloto se hubiera manejado mejor. Sobre todo porque no sé tampoco durante cuanto tiempo será capaz de tirar el actor principal del carro. En fin.

Es curioso esto de los británicos. Supongo que por aquello de adaptar libros y hacer sus cosas británicas… pero son capaces de tener un buen punto de partida y un plantel de actores más que notables (en el que todos están bien, pero especialmente Sharon Rooney y Amit Shah) y que luego… parezca más de lo mismo. El problema de The Revenge Club (UK) parece ser el libro original. Demasiado cogido con pinzas y demasiado necesitado de que los actores lo carguen a hombros. Un grupo de personas que están dentro de un grupo de apoyo tras el divorcio, la creación de la camaradería, y una serie de ‘acciones’ contra sus ex-parejas. Por supuesto sabemos -de la manera más ramplona posible- que la cosa no ha ido bien y la poli ha acabado interviniendo. Sabremos, incluso, que hay un asesinato por medio y que el culpable parece ser alguien del grupo. El problema es que… bueno… El grupo en realidad son siete personas, el terapeuta interpretado por Amit Shah casi no parece ni tener el peso suficiente -aunque al menos sería un giro menos esperado, pero es muy poco probable-, y el resto parecen ser arquetipos. Arquetipos a los que, además, parece hacer poco bien la rápida introducción de una relación sentimental. Así que, al final, los actores no luchan tanto por defender el guión como por arreglarlo. Y, claro, tanto no se les puede pedir. Es una pena porque esto podría haber sido una buena serie, pero acaba siendo rancho.

He tenido que mirar que Single Papa (O)(IN) no estuviera basado en una de esas comedias europeas o hispanoamericanas que luego se adaptan en España a mayor gloria de Santiago Segura, Dani Rovira y los demás. De hecho, el padre del protagonista podría ser Leo Harlem sin tener que cambiar mucho. El resumen sería: Un treintañero recién divorciado (podemos decir que porque él quiere hijos y su mujer no, en realidad es porque él es un cretino infantil y su mujer mucho ha aguantado a que él mejore) acaba cruzando su vida con la de un bebé. A partir de ahí decide sublimar su deseo de ser padre. Lo hace en una casa de una familia de cierto éxito, con criada y alguna cosa más. Y acabamos viendo en el avance que contratará también a un mannyDayanand Shetty, nada menos, es de suponer que en el momento en el que salga en esto se comerá al resto del reparto- así que tampoco parece que lo vaya a tener que criar solo. Con eso y todo será una oportunidad de demostrar que blablabla y probablemente montarle una relación romántica con una mujer de servicios sociales que parece desconfiar LÓGICAMENTE de él. Hay veces que uno no sabe si el humor es patriarcal, machista o simplemente estúpido, pero se encuentra de nuevo actuando como si no lleváramos décadas con este tipo de historias de ‘padre por sorpresa’. En general con más sentido. Hasta cierto punto uno podría sospechar que ha sido el propio Kunal Kemmu el quese ha empeñado en sacar esto adelante tras el éxito de la saga de Golmaal. En realidad creo que sería más entretenido discutir si se escribe Kemmu o Khemu que seguir viendo la serie. Aunque, una vez más, supongo que no soy  yo el público para esto.

No tengo muy claro cómo ha acabado Russell T Davies haciendo esta The War Between the Land and the Sea (UK) de la que lo mejor que puedo decir es que marca el final de la colaboración de la BBC con Disney en cosas relacionadas con Doctor Who. La historia general, protagonizada por el siempre solvente Russell Tovey, va de algo que hemos visto tantas veces en los cómics y hasta en el cine que no tiene ni mucho sentido discutirlo: El mundo subacuático de los Sea Devils – a los que ahora llaman Homo Aqua para… bueno, supongo que para expandir un punto y también para diferenciarlos de los Silurios- surge ante la superficie para llegar a un acuerdo, o algo, con los humanos. Es algo bastante ridículo dentro de la continuidad, no solo el cómo deciden usar UNIT, también cómo deciden hacerlo AHORA tras tantos años y habiéndose tratado de otras maneras -por ambas razas- en situaciones anteriores. Pero en fin, que en eso se quieren centrar. No tiene mucho sentido a estas alturas -especialmente tras el estreno de películas de supes que hablan de ello hasta cierto punto como pueden ser las apariciones de Aquaman y de Namor– pero, sobre todo, no tiene mucho sentido hacerlo como si no hubiera una larga historia entre ambas especies. Así que lo más destacable acaba siendo que RTD tenga las santas narices de poner a un personaje a decir ‘Ellos estaban antes que nosotros aquí, ¿qué vamos a hacer si quieren su planeta de regreso?’ en un producto producido por Disney. Que nadie sugiera crear reservas en las que edificar casinos demuestra que no lo dicen ni con intención humorística, simplemente son lo suficientemente británicos por un lado y estadounidenses por el otro para que, con lo que tienen ahora mismo en el gobierno unos y otros, soltar esta historia tan setentera y fingir que se lo están pensando ahora. A ver si una vez librados de la Disney la cosa va a mejor, porque vaya tela.


¡Libros que Salen! McMurtry, «Patlabor», Nadel y más

¡Que entre la pila!

Patlabor de Masami Yuuki, ed. Planeta Cómic

En un mes en el que Planeta Cómic decide recuperar Yu-Gi-Oh! y X creo que podemos aprovechar para alegrarnos porque vuelven a traer Patlabor y porque, dicen, esta vez sí que de verdad que la van a publicar entera. Ya veremos. En cualquier caso, os recordaré que es un mundo con grandes robots civiles, que a veces son usados ‘para el mal’, así que hace falta montar una serie de patrullas policiales para encargarse de eso. Y de ahí centrarse en una división concreta, sus historias más o menos cotidianas, y algunos casos. Menos interesada en lo bélico que en mostrarnos a Noa Izumi y Alphonse, que una vez visto su mundo es algo más que comprensible.

Luna Comanche de Larry McMurtry, ed. Valdemar

Una novela suelta o una nueva historia de Gus y Call, los protagonistas de Lonesome Dove. La tercera de ellas en la que no son rangers novatos y las razias nocturnas entre bandas de jinetes indios en las que ellos intervienen mientras ven cómo los días de gloria de los nativos originales se iban terminando.

Crumb de Dan Nadel, ed. Es Pop

Pues ha tardado, pero lo han conseguido. Es Pop ha logrado sacar la -extensa, documentada, llena de ilustraciones- biografía que Dan Nadel ha escrito sobre Robert Crumb, uno de los padres del cómic ‘underground’. Y, como tal, si uno está interesado en él o en sus cómics es el libro perfecto para conocer sobre él. Incluso aunque ya se hubiera publicado en tiempos un libro de memorias (con un CD), otro de entrevistas y cómics, y uno de correspondencia. Y es que nunca hay que minusvalorar una visión externa y decidida a organizar la información.

El peso de la carne de Beverley Lee, ed. Dilatando Mentes

Casi sobre la campana nos llega esta novedad de Beverley Lee, uno con un pequeño pueblo que esconde horrores enterrados que empiezan a aflorar, a partir de lo sucedido a uno de sus habitantes. Dos de sus amigos y su hermano pequeño se verán metidos en una espiral de extrañas situaciones buscando respuestas, soluciones o, simplemente, acabar con ese pasado en el que el duelo y la culpa se mezclan. Porque los secretos guardados pueden ser mortales, y cuando se mezclan los elementos góticos y folclóricos el resultado puede remontarse más de un siglo. Amenazando a los personajes en la actualidad.

Glamour de osario de Mark Samuels, ed. Valdemar

Supongo que recordaréis que hace no tanto le publicaron La era del futuro degradado a Samuels en esta misma editorial. Pues bueno, aquí estamos de nuevo, probablemente por los elogios de Campbell y Ligotti. Nueve relatos con el fantástico, lo oscuro, lo paranormal y blablabla. Os podéis hacer a la idea de la serie de historias paranormales, con cultos paganos, leyendas y apariciones, que podemos esperarnos.

Gastroinforme de mi trastorno alimenticio de Kabi Nagata, ed. Fandogamia
Kabi Nagata está hecha un trapo. Da igual cuándo leas esto. Pero esta vez le toca hablar de sus problemas con la comida. Que teniendo en cuenta todo lo que lleva encima tampoco nos extraña. Pero bueno, que sepáis que este cómic sale para diciembre. A ver si hay suerte y el año que viene el que se anuncia es «Todo bien, descansada y tranquila«.

Kimba de Osamu Tezuka, ed. Planeta Cómic

La biblioteca de Tezuka llega a una de las obras más conocidas gracias al plagio. Porque, recordemos, este es el manga que salió ANTES de que Disney hiciera El Rey León. Por supuesto quizá plagio sea una palabra muy fuerte y sea mejor usar homenaje o taquiones, pero lo indudable es que esta es una obra memorable también por sus adaptaciones animadas… japonesas. Que hemos podido ver en varias ocasiones en España. Así que sí, historias de la jungla con un león blanco como protagonista.

Meigatas de Paula Chesire, ed. Fandogamia
Dos gatas, dos meigas, ¡dos meigatas! Las gatas brujas -una maestra, una aprendiz- con las que Paula Chesire hizo una serie de tiras ahora recopiladas, revisadas y extendidas. No hace falta decir más. Espero.

Nos leemos.


Contratar a Kurt Sutter para montarte The Abandons (USA) y que acabe siendo una mezcla entre Yellowstone y El Secreto de Puente Viejo con sombrerones en lugar de pelucones del que acabas echando a Sutter por ‘diferencias creativas’ pese a que tengas a Gillian Anderson para hacer de Doña Francisca Montenegro vda. de Castro, La Paca. Y a Lena Headey lenaheadeyiando. Pero el centro del piloto es el que es -una violación, a estas alturas-. Y la deriva general… claramente necesitaba más culebrón desvergonzado y menos ‘ruido blanco para planchar’. La ropa o la oreja, tanto da. En fin, otra oportunidad desperdiciada por Netflix.

Quiero presuponer que detrás de este Estado de fuga 1986 (O)(CO) hay un interés real por dar una vuelta y hacer algo diferente frente al ‘más de lo mismo’ que teníamos por delante. Porque el punto de partida invitaba a eso, un suceso criminal real como base: una masacre en un restaurante en Bogotá en 1986. La historia en sí no parece tener mucho que contar: Un veterano de guerra mató a casi una treintena de personas. La clásica cosa de la que se culpa a los problemas mentales sin pararse a examinar de dónde venían o qué lo causaron. El hecho serviría para que el escritor Mario Mendoza se fijara en él para una novela que cinco años después se adaptaría a película, como una década más tarde al cómic y que ahora, casi veinticinco años después de ambas, tiene una nueva vida como serie. En el libro Mendoza presentaba una visión personal sobre aquel suceso. Aunque con nombres cambiados y, por supuesto, ficcionalizada en todo lo ficcionalizable, cuenta cómo había conocido al asesino  cuando ambos eran estudiantes universitarios, él era un joven impresionable mientras el otro era ya un veterano de guerra tratando de readaptarse y que estaba escribiendo una tesis doctoral. Quizá por ello la forma de presentarla es también mezclando momentos, buscando una extrañez y una rareza que muestra no solo lo desagradable en la sociedad, también ese caldo de cultivo para que el otro estalle. La pena es que pese a eso no logre evitar

Es ciertamente sorprendente cómo los países fuera de UK han decidido abrazar el ‘murder mystery’ de la peor de las formas posibles. Si hace unas semanas hablábamos de la insufrible This Is Not a Murder Mystery hoy nos toca sufrir The Artist (USA), que sigue una premisa similar de personajes más o menos conocidos como Edgar Degas (Danny Huston), Thomas Edison (Hank Azaria), Evelyn Nesbit (Ever Anderson) y su marido Harry Kendall Thaw (Clark Gregg) o Delphin Delmas (Zachary Quinto) acompañados de otros personajes inventados -asumo- interpretados por Mandy Patinkin o Patti LuPone. Pero da igual, porque ni los personajes pasan de cartones recortables ni los actores parecen poder sacar mucho de donde no hay, ni Patinkin lo logra. Todo n ella es farragoso, excesivamente lleno de personajes y tramas y, a la vez, demasiado lenta en lo que se supone que quiere contar. Para cuando llega la muerte ya da igual la gente, sus líos y sus personajes. Y lo único que pides es que se centren en hacer las cosas bien, no solo en hacerlas.

A veces tengo mis dudas con los pilotos surcoreanos. No sé si será una diferencia cultural -aunque siempre me parecen más cercanos a los españoles de lo que uno consideraría probable- o si es porque incluso en esta época de streaming sigue haciendo falta capítulos dobles para presentar las situaciones. Sea como esa este Jabaekui Daega (O)(CS), o 자백의 대가 o The Price of Confession o El precio de una confesión o…, tiene exactamente ese problema. Vemos a un matrimonio, vemos una muerte, vemos a una mujer afirmar ser inocente mientras el proceso la lleva a la cárcel… y para el final del capítulo resulta que no va de eso. O no enteramente. Sino de otra reclusa y lo que parece algún extraño acuerdo que quizá no sea un Extraños en un tren pero sí que parece un acuerdo que no va a ninguna parte ni tiene sentido alguno. Si esto hubiera pasado a mitad del capítulo y hubiéramos seguido viendo hacia donde querían conducir la serie probablemente le encontráramos más sentido. O, al menos, podría decidir con más conocimiento de causa si darle una oportunidad a más capítulos. Que si estuviéramos hablando de una serie de 40 minutos y no de una de 60 con tendencia a irse por las ramas tendría un par más casi seguro. En fin, el mundo moderno.

Curiosas son las vueltas que ha dado Ripple (USA), originalmente una producción para Hallmark+ pero Lionsgate -después de todo lo que les ha pasado- lo ha acabado vendido en USA a Netflix. Y probablemente por eso ha acabado siendo una serie con ‘buenos sentimientos’ y algo más de chicha de lo que Netflix suele ofrecer, aunque no tan original como ella misma se crea. Porque la idea de montar una serie de vidas cruzadas que van influyendo de manera más o menos inesperada las unas en las otras, como una especie de efecto mariposa múltiple, es algo que hemos visto hacer antes… pero con menos interés por la idea como un todo. Y aquí parece lo que más les importa. Fuera de eso, los cuatro personajes principales y sus intersecciones son agradables, se enfrentan a dramas razonables -además de los esperables ‘problemas del corazón’ también se habla de muerte y de distintas enfermedades, por ejemplo- a los que parecen buscar solución. No es un drama por el drama sino como obstáculo a superar o asumir. Y, como ellos, el reparto es gente que está ahí, que es más o menos agradable, y que tampoco hace mucho más probablemente porque no lo necesita. Me queda la duda de si realmente serán capaz de mantener todos estos impactos cruzados y -sobre todo- el que sean cuatro personajes centrales y no una pareja y dos añadidos. Pero bueno, al menos es una serie que está por encima de lo que Netflix suele ofrecer.

Una cosa que me está sorprendiendo de este año es la abisal calidad de tantas interpretaciones protagonistas. En el caso de Spartacus: House of Ashur (USA) no es ni lo peor. Lo cierto es que cuatro minutos de introducción haciéndote un resumen poco claro de que lo que pasó, para llevarlo luego a que como el protagonist que da nombre a la serie murió en la versión anterior en realidad es otra línea temporal que se remata por el susodicho despertándose y diciendo que ‘fue todo un mal sueño’… No me parece ni la más interesante, ni la más formativa, ni-desde luego- la más lógica de las maneras de comenzar una serie. Por supuesto esto tampoco es lo peor. Y mira que parecía complicado. Pero todo ello parece el resultado de haber visto Gladiator II y pensar Esto lo puedo empeorar yo.Y vaya que si podían. Unos efectos digitales que parecen peores que los de la original, el clásico tetas, culos y pitos e innovaciones como que todo parezca más cutre, que el guión parezca centrarse en que el Imperio Romano es lo suficientemente interesante de por si. Y cuando no lo es… ponen una pelea con enanos. Ese es el nivel.

Tanto dar vueltas y al final resulta que lo más interesante de la semana acaba estando en Hallmark. Vivir para ver. Pero es que aunque Twelve Dates ‘Til Christmas (USA) parezca tener un público muy concreto en realidad es algo así como una comedia contemporánea sobre el  mundo de las citas, con buenos sentimientos y un reparto secundario que parece centrado en mostrar que, efectivamente, se puede escribir una obra que sea romántica y sea de navidad sin que tenga que ser lo mismo de siempre. Aunque esté la presión por emparejarse y tengamos el resto de… vamos a llamarlo inevitabilidades, lo cierto es que comenzar con unos zapatos de plataforma empedrados en brillis, sigue con un giro a la ruptura de la cuarta pared y mantiene un humor que logra algo tan difícil como andar la línea entre lo agradable y lo ácido… es una forma de demostrar el tono, tema y estilo que pretenden continuar. Y, sobre todo, que quieren ofrecer algo diferente pero no algo que rompa con lo que el canal ofrece. Así que tenemos un reparto relativamente compacto, un par de personajes que entran y salen en estas citas y la sensación general de que son conscientes de todo lo que significa lo que están haciendo, pero van a buscarle la parte amable. Así que logra una buena serie, que no es poco.

 


¡Libros que Salen! Sanxay Holding, «Tu utopía», Oates y más

¡Que entre la pila!

El Diablo entre nosotros de Elisabeth Sanxay Holding, ed. Aristas Martínez

¡Que alegría encontrarnos con más Elisabeth Sanxay Holding! Una de las grandes del misterio estadounidense, especialmente del ‘hardboiled‘, de la que vimos publicado por Lumen no hace tanto Nido de arañas, Miasma y especialmente la magnífica La pared vacía. Y aquí Aristas Martínez arranca -porque espero que haya más- publicando El Daiblo entre nosotros, la historia de una mujer que por una serie de circunstancias acaba trabajando en un hotel en una isla caribeña. Un hotel en el que pasan cosas extrañas, con un jefe inquietante y alegaciones sobre la persona que ocupaba antes su trabajo. HOSTELERÍA SINIESTRA (pero, ¿no lo son todas?) ¡Así que espero que tengáis tantas ganas como yo de leerla!

Tu utopía de Bora Chung, ed. Alpha Decay

¡Una nueva recopilación de relatos de Bora Chung! Ocho historias variadas que van de obras más fantásticas a otras más terroríficas, desde el humor más afilado a las emociones más entrañables, siempre con la condición de la humanidad -muchas veces en seres que no lo son- como centro.

Arroyo Flint Kill de Joyce Carol Oates, ed. Altamarea

Un recopilatorio de JCO, uno de historias de género criminal, de suspense sicológico, distintos textos recopilados -una docena en su edición original- y si bien ya sabemos cómo son los libros de relatos de la autora por los varios que hemos visto publicados antes, también podemos suponer que al menos alguno de ellos merecerán la pena.

Trilogía de Leenane de Martin McDonagh, ed. Punto de Vista Editores

No sé hasta qué punto la gente estará por la labor de leer las obras de teatro de McDonagh, más conocido por películas como Almas en pena de Inisherin, Escondidos en Brujas o Tres anuncios en las afueras. Pero supongo que conocer sus películas es saber el tipo de relaciones, de personajes y problemas que pueden encontrarse, con entornos rurales, fondos que buscan trascender, personajes difíciles de encuadrar y un humor y una violencia igual de negras en las que las expectativas de su irlandesidad buscan ser subvertidas.

Apariciones de Adam Pottle, ed. Dilatando Mentes

Una historia terrorífica… que bien podría haber sido un drama social. Un adolescente sordo escapa tras años de abuso paterno, acaba en un hospital psiquiátrico y allí cree haber hecho un amigo. Excepto… que esa nueva persona verá las posibilidades de manipulación y comenzará un nuevo ciclo de abuso al que poner fin. Buscando una voz propia y, desde luego, enfrentarse a unos fantasmas que, a veces, solo son las personas invisibles de la sociedad.

Tan flamencas de Valeria Vegas, ed. Aguilar

Los libros de Valeria Vegas suelen ser bienvenidos, aunque no sé si quedará mucho que pueda aportar a los textos sobre folclóricas llegando tras unos cuantos libros ya sobre el tema. Confiemos en que sí, en que siempre hay nuevos puntos de vista, reivindicaciones y algo que contar distinto de lo que han traído otros libros.

La victoria de Federica Montseny, ed. Oveja Roja

Cien años más tarde algunas cosas no han cambiado… si en aquel momento Montseny nos presentaba a una mujer decidida a denunciar el trato desigual, los estereotipos impuestos y la necesidad de emancipación. Dicen en la portada: «Novela sobre los problemas de orden social y moral que se le plantean a una mujer de ideas modernas», y para qué vamos a añadir más.

Wings de Paul McCartney, ed. Libros Cúpula

Pues sí, se ve que McCartney tiene que ir buscándose cosas que contar y aquí le ha tocado a la historia del grupo Wings. Que supongo que habrá una franja de edad a la que le apetecerá saber más sobre ello.

De ida y vuelta de Rosa Tovar Larrucea, ed. Col and Col

Un ensayo de cocina, uno sobre las huellas de la cocina hispanomusulmana en América y Europa, una forma de mostrar y demostrar la forma en la que se fueron influenciando preparaciones populares, creaciones antiguas, y cómo esa comunicación fue en ambas direcciones, sea para una sopa, un arroz o una patata rellena.

La historia real de Sergio Ruzzier, ed. Liana

Un encantador cómic infantil sobre un gato que pilla a un ratón junto a un tarro de galletas, roto y vacío. A partir de ahí una serie de historias llenas de imaginación pero poca realidad. Una divertida historia sobre cuando la verdad es la alternativa aburrida.

Nos leemos.


No tengo muy claras muchas cosas, pero en el caso de Gifted (UK) lo que más me sorprende es que alguien decidiera coger una serie juvenil de 2009 que se dejó inconclusa y adaptarla a serie. Lo cierto es que por idea y forma me ha parecido que es capaz de recuperar lo que eran las series infantiles… de aquella época. Una clase de chavales con capacidad extraordinarias, organizaciones secretas, malos malosos y la vida de instituto. No descarto que pueda durar pero lo cierto es que ha logrado parecer tan vieja que quizá ya lo haya hecho. O algo.

Supongo que esto es una ruta. Durante años han sido exitosos -o, al menos, exitosos dentro de su propia manera de medir los éxitos- lo que se ha conocido como BLs. Obras asiáticas románticas entre personajes masculinos. Boy’s Love, vaya. Las obras románticas de siempre pero con un giro queer. A veces dentro de contextos estudiantiles, otras de fantástico, o mezcladas, o de cualquier otro género, estilo y tono. Vamos, como las románticas de toda la vida. Por supuesto el que su público mayoritario fuera femenino, que habláramos de romance, y que tuviera un componente queer significó que aunque se pasaran luego a ampliarse de diversa manera los campos e influjos y que llegáramos a ver auténticos encajes de bolillos en países como China, en donde la situación de la comunidad queer no está claramente prohibida pero tampoco precisamente aceptada. Así que nos encontramos con que la china iQIYI tiene muy populares series de BL… que nunca -vamos, si hay tres en total ya son muchas- son Chinas. Son Tailandesas, sobre todo, o Taiwanesas, o Surcoreanas, o Japonesas… Porque las cosas funcionan así. Son suficientemente populares como para que existan -y no solo en esos países, claro, también las hay filipinas, vietnamitas o camboyanas. Otra cosa es que IQIYI las trabaje. Por supuesto esto -de manera que podemos discutir cómo de directa- ha ayudado también a popularizar las ficciones amorosas queer por el resto de la Tierra. Aquí podríamos hablar de cómics, que es una de las puertas de entradas, y de su paso a televisión en casos como el de Heartstoppers, o a libros como en el caso de White, Red and Royal Blue -igual de adaptados-, aunque alguno, como Young Royals, no pasó por ahí. Todo esto es para explicar que ha llegado una nueva. Este Heated Rivalry (CA), un éxito canadiense de Rachel Reid titulado Game Changers que se publicó en 2019 y dio lugar a una serie de 8 novelas en el mundo del hockey con esa idea de ‘Male Love Male’ o MLM, el segundo de los cuales llevaba por título ese Heated Rivalry. Que hace más fácil no confundirlo con un programa que ha estado ahí todo el tiempo. Dicho todo esto, vamos con la serie que los candienses de Crave -y, por lo visto, HBO Max en USA, dios sabrá quién si es que alguien en España- acaban de estrenar. La historia de un par de casi-guapos (un canadiense, un ruso) que compiten por ser el mejor del mundo. Cerca de aquellos dramas deportivos -más los estadounidenses que los ‘spokones‘ japoneses, la verdad. Aquí el deporte es… vamos a decir que está presente… pero los problemas personales lo son todo- en culos antes del cuarto de hora, liándose antes de los veinte, y extendiendo la parte ¿sexual?… poco más de cinco minutos. No será la única escena de índole sexual pero sin enseñar nada, con un pudor que roza lo hilarante. La verdad es que casi parece también deportiva. Le falta alguien narrándolo. Irónicamente el interés por la parte sexual es más importante que el drama que lo es más que el resto de cosas y blablabla. Así que, a ratos, parece algún tipo de vergonzante drama S. Sobre todo porque lo que hablan luego parece… bueno… un recopilatorio de clichés sobre padres que presionan, la importancia de la representación -el canadiense es racializado asiático-, los acuerdos comerciales, blalbla. Es sorprendente la cantidad de gente que está o fuera de cámara o de espaldas. Como si quisieran que nos quedara claro que esto va de ellos dos, de sus familias después, de sus compañeros de equipo ya si eso. Y poco más. Es sorprendente cómo algo que… vamos a decir ‘funciona sobre el papel’ por hacer un juego de palabras… al pasar a la pantalla parece carecer de esa idea para que los personajes parezcan reales. Y entiendo que la idea de las novelas es distinta a la de, digamos, el cómic Check, please!… pero es que ni lo han intentado. En fin, que supongo que todo esto son etapas y ya llegará la siguiente, porque esta se ha quedado a medio cocer.

Poco puedo decir de Prisoner 951 (UK) que no sea exactamente lo que uno esperaría de una ‘historia basada en hechos reales’. Más aún cundo tampoco se trata con exceso de drama sino con un, digamos, prototípico estilo de ‘uy, este país que malo es que ha secuestrado a un ciudadano de nuestro país, habrá que avisar a los diplomáticos y esperar’. De los cargos de espionaje no se nos dice nada, de la mayoría de temas se nos deja fuera, y solo vemos cómo van moviendo a la protagonista de un lado a otro y como el marido la espera en casa. Más aún teniendo en cuenta que la situación original también tenía un aspecto kafkiano -resumiendo mucho, fue escogida poco menos que como rehén por haber trabajado para el BBC World Service Trust, un programa de apoyo que fue acusado por los iraníes de esparcir propaganda contraria y tener lazos con el espionaje británico, luego quisieron cambiarla por un espía (bueno, un ‘inocente ciudadano iraní injustamente encarcelado’), y acabaron haciéndolo a cambio de casi 400 M£ por unos acuerdos comerciales -una historia que, explicada, sería mejor que esto-, pero bueno, que al final parece la versión más blanda posible de algo que podría haberse organizado de alguna manera porque, bueno, no hay más que lo que hay. Pero vaya.